sábado, 17 de julio de 2010

Arqueología del verde de tu nombre -Poesía


Arqueología del verde 

de tu nombre
                                   

No sé si descubrí tus ojos
al despertar
o si me llevó a ellos
el colibrí peregrino de un sueño

No sé si fuiste jade
o eres quetzal
No sé si eres
o si eras
quien rondaba mis espacios
y mi tiempo sibilante
como lo hiciera
una sombra de luz enharinada
Pero si sé
que te anunciaba el tucán en lo alto
y el aleteo del agua en el embarcadero

Te presentía el río en la frontera
y la niebla entre las rocas
cuando te trajo el viento
Todo en mi entorno
   –todo– 
era tu huella

 

Para llegar a ti
y para enredar tu sombra
para desempolvar tus huellas
y recobrarte aguas
tuve que recorrer abismos
atravesar la mar incógnita
laberintos de sombra
laderas que no se hicieron para una sandalia
azote de ventiscas
deglutirme en el intestino mismo
de los truenos
trazar desnudo
y descalzo
la ruta de las sedas
Más te hallé encandilada
en medio de la selva
Más allá del río y las cascadas
Alto donde el aire encanece de frío
y acurruca las cabañas
En las ruinas de piedra
estabas escondida
y muda como estás
detrás de las ventanas
En la inquietud del aire
En el vino de la nostalgia
En el espejo invisible
donde te encontré
coloreada por la brocha
casi soplo de flor
casi ese fósil de luz
que tocaba luminoso mis espátulas
Ese fósil de tu gracia
y tu alegría
atrapado en el espectro de un vitral
pigmentado en cantos
y escrito en sangre
es decir, en sánscrito
el sánscrito de mi huella dolorida
notariada igual que una partitura 
                       

 
No sé si eres
mas sí sé que fuiste
Quedas ciudad
en medio de la selva
quedas templo
en medio de la ciudad
quedas cúspide
en medio del templo
quedas piedra
en la cúspide del templo
La piedra roja
de mis sacrificios
sangre y agua de las quebraduras
quebradura del cántaro
que le cantó ayer
y cantará siempre
La piedra milenaria en la palabra
Esa palabra que unge
todas las frutas y las flores
del mercado
para esa mujer emplumada
y no acaba nunca

 

Quise ser astrólogo para tus ojos
y arqueólogo
del bermejo mohíno de tu boca
Quise ser el ornítologo capaz
de rastrear las plumas de tu cuerpo
para regresarte los pasos
la avenida grana de tu ocaso
el frescor del despertar
la noche que cobija
el saludo en la avenida
los pájaros de la calzada
el agua de la fuente
las frutas del mercado
el canto interminable
del ruiseñor de aquella tarde
la rosa roja de un deseo
Y grabar sobre aquel
trazo encarnado del turpial
un poco de mi sangre
como sobre una hoja de nogal
escribí el verde de tu nombre
Ese turpial que me acaricia
      siempre
            e interminablemente
como el mar a la playa
                   
 
Tú traes las velas, amor
que engrandecen el cuerpo
con el cielo
Traes los maderos
y el combustible presto
Yo pongo sólo el fuego.

Marcos 
Reyes 
Dávila

1 comentario:

Julia Maria dijo...

Me parece que tiene que haber amado mucho e intensamente para poder lograr esas imgenes tan bien logradas en Arqueologia...

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