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viernes, 22 de mayo de 2015

El Anarquismo de Rodrigo Quesada Monge


El ANARQUISMO 
de Rodrigo Quesada Monge

A propósito de sus dos libros: “La fuga de Kropotkin” (Chile: Editorial Eleuterio, 2013, 173 págs.), y “Anarquía: Orden sin Autoridad” ( Edición combinada de la Editorial Eleuterio de Chile y la Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2014, 448 págs.)

    A Rodrigo Quesada Monge lo hemos consentido en nuestro baúl de
aprecios de manera constante desde hace ya muchos años. Se acercó a nosotros con un trabajo de historia para la Revista EXÉGESIS, y desde entonces. Le hemos invitado a conferenciar en Puerto Rico, y hemos estado en el estudio-cueva de su casa en San José, Costa Rica. Hace un tiempo largo ya me envió su libro sobre Kropotkin, que leí entonces, y luego el libro titulado “Anarquía”, que terminé de leer hace poco. No he olvidado al amigo Quesada Monge. Simplemente otros deberes y ocupaciones impostergables del pasado año me impidieron proceder a reseñarlo.
    Habría que decir para comenzar que Quesada Monge, historiador y también novelista, con una obra impresionante y diversa, confiesa en estas obras una deuda de amor hacia el anarquismo que se hace contagiosa. Por lo menos en aquellos que priorizamos la solidaridad y soñamos con una sociedad igualitaria y justa. La tarea emprendida por Quesada Monge no ha sido de poca monta. Por una parte ha rescatado para el lector contemporáneo la obra de uno de esos autores que aparecen aludidos de paso y en notas al calce en el quehacer intelectual y revolucionario del siglo XX. Por la otra, Quesada Monge hace un estudio sobre el anarquismo en el que ilumina sus elementos, su aportación en el desarrollo de la historia, no solo rusa ni solo europea, sino latinoamericana, y sus repercusiones en muchas latitudes del planeta.
    Pero, además, Rodrigo Quesada Monge se aplica a iluminar cómo inciden las ideas anarquistas y su “legado ético” en partes significativas de lo que es nuestro mundo. Me refiero a aspectos como la libertad, el estado, la religión, el trabajo, y otros, que son de suponer, pero además, en el amor, la comida, la mujer, el arte, la tecnología,la sexualidad, el terrorismo y otros, que no son tan obvios ni de esperar.
    Una segunda parte del libro “Anarquía” se dedica a recordar y analizar los
héroes del anarquismo, así como la función que cumplió el anarquismo en la importantísima Comuna de París, y en Revolución Mexicana, en la Revolución Bolchevique, en la Guerra Civil Española, y aún se extiende hasta Seattle, a los conocidos sucesos de antiglobalización de 1999, mientras bucea y rastrea su presencia en la historia de nuestra América Latina y en Costa Rica, en particular. Eso explica que la bibliografía, impresionante, desborde los 300 títulos.
    “La fuga de Kropotkin”, en cambio (obra que incluye un “copyright” del 2004), relata, a modo de una biografía, la historia del príncipe ruso Piotr Alexéievich Kropotkin, nacido en el 1842 y fallecido en el 1921. Aunque miembro de la más selecta y rica aristocracia rusa, Kropotkin, geógrafo de profesión, se opuso a su misma clase y renunció a su riqueza y sus privilegios, luchó contra el zar, sufrió prisión en Siberia, de la que escapó para pasar 42 años de exilio, hasta que la revolución bolchevique le permitió el regreso e incluso encontrarse con el Lenin jefe de estado en el 1919.
    Tanto el libro sobre Kropotkin como el libro sobre la anarquía, adolecen de un defecto que es una virtud. Están escritos por un historiador que es un escritor talentoso y que no teme referir los eventos de estudio al mundo contemporáneo, ese en el que vivimos todos, y en el que luchamos. Eso convierte estas obras en herramientas de combate iluminadoras, y a la misma vez, deleitosas.



Marcos
Reyes Davila
¡Albizu seas!

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El Legado de los Imperios en América Latina


[Publicado en CLARIDAD, Versión Digital]


Un libro de Rodrigo Quesada Monge: 

El legado de los imperios en la América Latina





Perfil de Autor
Publicado: martes, 18 de diciembre de 2012
Rodrigo Quesada Monge (RQM) es un eminente historiador –y novelista– costarricense, ya retirado de la vida académica universitaria, no de la historia. Aunque nos ha dicho repetidamente que gracias a la Revista EXÉGESIS (UPR-Humacao) salió del aislamiento nacional al reconocimiento internacional, lo cierto es que el rigor académico y científico de una obra vasta lo hacen inopinadamente, acreedor del reconocimiento internacional. Por eso EXÉGESIS lo invitó hace algunos años a ofrecer una conferencia magistral en la Universidad de Puerto Rico en Humacao.

Acabamos de dar lectura a una de sus últimas obras, sobresaliente y provocadora como todas las otras. Se titula: “América Latina 1810-2010, El legado de los imperios” [Costa Rica, EUNED, 2012, 410 págs.] En la portada hay una imagen que agrupa a seis de los grandes protagonistas de la historia latinoamericana. Desde la izquierda: Francisco de Miranda, Benito Juárez, José Martí, Ramón Emeterio Betances, José de San Martín, y, naturalmente, Simón Bolívar. Todos ellos protagonistas de las luchas decimonónicas de la emancipación, pues el libro está concebido en conmemoración de los bicentenarios que se celebran en estos años por toda Nuestra América. Si bien la presencia de la imagen de Betances ya salva a Puerto Rico de la ausencia casi perpetua en este tipo de libros, para nuestra sorpresa el epígrafe es de Eugenio María de Hostos. Se trata de un texto en el que Hostos llama al lector a comprender las profundas diferencias en el desarrollo entre el norte y sur de las Américas estudiando a fondo las diferentes fuerzas de la historia que actúan en ambos hemisferios.

Pero, en rigor, no se trata de un libro de historia convencional. El objetivo del libro es la indagación de la historia de los procesos político-económicos latinoamericanos insertados en la dinámica de las diferentes fuerzas imperiales que han saboteado y torcido nuestras luchas por la libertad. [Me disculpo por hablar como latinoamericano.] Ese objetivo lleva a RQM a explorar la política de los poderes imperiales, particularmente los de Occidente, destacando, como es perentorio hacerlo, los casos protagónicos del imperialismo británico y del norteamericano.
Son numerosas las cosas que se aprenden en este libro escrito con carácter docente, es decir, para ser utilizado en un curso universitario. El libro es rico en provocaciones conceptuales, en puntos de vista, en el sondeo de los fenómenos históricos, como es de esperar en un historiador consumado que atesora una bibliografía de alrededor de 350 títulos.
Quesada Monge divide el libro en siete capítulos:

  1. América Latina: la economía política del imperialismo;
  2. América Latina. El Imperialismo Histórico. El Libre Comercio o la Diplomacia de Dios (1810-1850);
  3. América Latina. El Imperialismo Histórico. La Acumulación por Despojo (1850-1898);
  4. América Latina. El Imperialismo Permanente. La era de las intervenciones (1898-1933);
  5. América Latina. El Imperialismo Permanente. La Era de las Dictaduras (1933-1961);
  6. América Latina. El Imperialismo Permanente. La Era de las Revoluciones (1961-1991); y
  7. América Latina. El Imperialismo Permanente. La Era del Neoliberalismo, la Globalización y la Nueva Izquierda (1991-2010).

Como se ve, el primer capítulo está dedicado a definir conceptos. Los dos siguientes, a lo que RQM llama “Imperialismo Histórico”, y los últimos cuatro capítulos, a lo que llama “Imperialismo Permanente”. Al final, un capítulo no señalado de “Conclusiones”. Un libro de estas pretensiones no puede darse el lujo de ignorar las decisivas aportaciones que al respecto del tema hizo el marxismo, particularmente, Lenin y Trostky, pero RQM, que es un estudioso tenaz y actualizado, no se reduce, como es de esperar, a eso.

RQM llama “Imperialismo Histórico” el imperialismo con colonias que efectuaron en toda la América Latina (Brasil incluido) las potencias europeas durante todo el periodo de emancipación y de constitución de los estados nacionales, iniciado en el 1810 hasta el 1898. Ese imperialismo estuvo dominado por Inglaterra, en competencia desde entonces con los norteamericanos que muy tempranamente manifestaron en la Doctrina Monroe (1823) sus “derechos” de explotación de los países latinoamericanos. El “Imperialismo Permanente”, según RQM, es aquel instrumentado en la América Latina por Estados Unidos a partir de la Guerra Hispano-antillana-norteamericana de 1898 como parte de un proceso de dominación imperial mundial que se aceleró, en todo el planeta, tras la Primera Guerra Mundial. En este imperialismo juegan un papel central las compañías transnacionales y las estructuras financieras y corporativas, acompañadas siempre, claro está, del uso de la fuerza militar. RQM llega a afirmar que, “el imperialismo permanente es la globalización de nuestros días” (46).

Destaco, para no alargar mucho esta exposición, unos pocos señalamientos que me llamaron la atención:

  1. El imperialismo contra la América Latina y el Caribe es “permanente” porque es permanente la guerra contra estos pueblos. El imperialismo –capitalista, claro está– no puede subsistir sin esa expropiación forzada o ese despojo constante. (41)
     
  2. Nunca ha cristalizado el imperialismo / colonialismo sin la “cohabitación” con los funcionarios de los países intervenidos. (54)
     
  3. El imperialismo saboteó y anuló todos los proyectos de integración latinoamericana, desde el Congreso de Panamá al que convocó Bolívar, hasta la Unión Centroamericana, pasando por mantener la estabilidad del dominio colonial español en Puerto Rico y Cuba.
     
  4. La explotación capitalista en diferentes países, alcanzó niveles de explotación y genocidio solo comparables a los de la Alemania nazi. (85)
     
  5. Cita de Michel Beaud: “El capitalismo no es una persona ni una institución. Ni quiere, ni elige. Es una lógica actuando a través de un modo de producción: lógica ciega, obstinada, de acumulación.” (86)

  6. El dominio del istmo jugó siempre un papel protagónico en la historia del imperialismo y de las rivalidades entre el imperialismo inglés y el norteamericano que determinó la mala suerte de toda la región. Más allá de la United Fruit Company, los afanes de construcción de un canal interoceánico trazaron, junto a la política de las compañías de ferrocarriles, las sucesivas, e incesantes intervenciones militares norteamericanas en todos los países centroamericanos y la permanente presencia de los dictadores y caudillos instalados como mayordomos del imperio.
     
  7. Asombra comprobar, en una tabla sobre los regímenes dictatoriales en América Latina desde el 1930 hasta el 1990, que hayan padecido de dictaduras por periodos tan prolongados países como El Salvador (52 años), Guatemala (45 años), Bolivia y Ecuador (40 años), Argentina (38 años), y esa tabla no incluye ni a Puerto Rico (todos esos años), Nicaragua, Cuba, Haití, Dominicana. (175)
     
  8.  Los ingredientes “naturales” de las dictaduras latinoamericanas son tres: el apoyo de Estados Unidos, el control sobre el ejército y la burocracia estatal, la alianza con un sector de la clase dominante local. (183)
     
  9. La Cubana es la única revolución triunfante en la historia de la América Latina. Según RQM, Cuba puso a la América Latina en la conciencia política y cultural de las universidades y el corazón de los pueblos oprimidos del planeta. (210) El bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos es una de las acciones “más infames de que se tenga memoria en la historia política y diplomática de este hemisferio”.
     
  10. La estrategia de penetración y control imperialista contó con instrumentos de camuflaje diseñados con las máscaras de la ayuda militar, tecnológica, científica y económica [también educativa] a través de instituciones como la AID, el NED, el NRI, la IFES, la CFD, el FTUI y el ILKS, constituidas, supuestamente, para promover el desarrollo, la democracia, los sistemas electorales, la libre empresa, la cooperación y entrenamiento militar, e incluso la solidaridad laboral.
     
  11.  El Neoliberalismo es un proyecto dirigido a la reorganización del capitalismo internacional con el fin de restablecer las condiciones de acumulación de capital y restaurar el poder de las élites económicas (D. Harvey, 242).
     
  12. Cuba es el único proceso verdaderamente revolucionario vigente en la América Latina, puesto que los procesos en desarrollo en países como Uruguay, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, e incluso Venezuela, están articulados en una plataforma más afín al neopopulismo. Su carácter revolucionario es más de lenguaje democratizador que de práctica transformadora de la economía, ya que en ninguno de esos casos se ha roto con la legalidad burguesa ni con el capitalismo mundial, como sí hizo Cuba en los primeros años de la revolución. Sí hay en esos países un afán de atender las necesidades de las grandes mayorías desfavorecidas, pero ello sin romper con las instituciones financieras del imperialismo mundial, ni transformar de manera irreversible las relaciones de producción (330).

Muchísimas otras reflexiones pueden extraerse de un libro tan rico como éste. Mas, esta última aclaración (la número 12), es la que le agradezco más a Rodrigo Quesada Monge. Me evitaré –si los desarrollos de los próximos años no avanzan más allá– la desilusión de ver regresar en esos países modelos políticos más acordes con la política imperialista del neoliberalismo. Su voracidad nunca se sacia ni termina.



Marcos Reyes Dávila
¡Albizu seas!

viernes, 3 de septiembre de 2010

La Aurora Cáceres de Rodrigo Quesada Monge

RESEÑA

.
"El poema perdido 
              de Aurora Cáceres"
de  
Rodrigo Quesada Monge*

(Costa Rica: Editorial Universidad Estatal a Distancia -- EUNAD, 2010.)



Posado sobre una butaca mullida levanta, como un asta, una espada,
mientras con la mano izquierda recoge hacia sí un libro que lee en voz alta, como quien convoca y alienta vida con la palabra. En torno suyo, princesas suplican, caballeros embisten con su lanzada, mozos y escuderos vociferan en una mascarada, mientras los hechiceros contemplan la algazara. Pudiera ser Alonso Quijano el Bueno, lo mismo que Miguel de Cervantes, el verdadero motivo del inolvidable dibujo de Gustave Doré. Mas yo tengo para mí que se trata de Rodrigo Quesada Monge.
 
    Tuve la oportunidad de conocer, ha poco, la cueva de sus alquimias solitarias en San José. Al lado derecho de su casa, una puerta estrecha da lugar a un espacioso salón, profundo más que alargado, campo de innumerables batallas de la palabra, en cuyo centro hay una mesa, y al fondo un escritorio para una computadora y sus aditamentos. A la derecha de la puerta de entrada se esconde una butaca mullida de espalda a la luz. Todo el espacio circundante queda rodeado de un ejército de libros en guardia, y al acecho. Si se hace un poco de silencio, se oye a los libros murmurar sus historias. Este parece ser el origen de este libro de Quesada Monge.
 
    Cualquiera que conozca su obra historiográfica sabe que a nuestro autor le late con fuerza la vena de una palabra de alquimias que trasciende academias y trashuma poesía. La preocupación por el hombre y la mujer de carne y hueso se manifiesta de inmediato en cualquier libro suyo, hable del capitalismo inglés, de las peripecias del 1898, de las historias por la libertad en Nuestra América, o de Oscar Wilde, la mujer, la canción popular proletaria costarricense o la nostalgia.
 
    Y es que, más que un curioso impertinente cervantino, Quesada es un curioso impenitente. Un ser curioso que de manera casi incontrolable explora los infinitos mundos de la condición humana. Por eso no puede extrañarnos encontrarnos de repente ante un libro como éste: El poema perdido de Aurora Cáceres.
 
   Se trata, en verdad, de una muy curiosa narración que pone en evidencia un manejo del idioma que inflama la frialdad arqueológica que suelen presentar los textos de historia. Aurora Cáceres es una novelista limeña (1872-1958) cuya prosa narrativa osciló entre el modernismo y el indigenismo. Sin embargo, Quesada Monge no nos la trae como personaje, sino que la indaga de la mano de otros personajes que mucho más tarde la toman como objeto de sus obsesiones.       

Desde el comienzo nos percatamos de cuánto reflejan estas páginas de la persona de su autor, e incluso de lo que creemos son abundantes reminiscencias autobiográficas recreadas con la paleta de una ficción que acentúa o difumina los rasgos. Abundan los hallazgos expresivos y las ideas novedosas. Esa alucinación por el libro y la lectura parece tan fuerte como el líbido que ha sobrepoblado el mundo a pesar de tantos holocaustos. Los poemas que le atribuye a Cáceres y que incluye en el texto son en verdad fascinantes. Sin embargo, o quizás por ello mismo, la lectura aturde.  Produce algo de ese extrañamiento que se percibe en las películas de Fellini. Hay como un regodeo cíclico que parece llevar la trama de esta quizás antinovela a ningún sitio concreto pues, más que social, sociológico, externo, la trama bate reflexiones, impresiones, percepciones, un mundo interno riquísimo que a veces conforma un laberinto de espejos distorsionado y compuesto por personajes disfrazados y extravagantes. Es como perderse entre las páginas de sus miles de libros, saltando entre ellos a través de sus tapas. De esta suerte, el conciliábulo de libros de Rodrigo Quesada Monge conforma su propio aquelarre, su propio aleph.

    Tiene razón Quesada Monge: la vida es siempre un laberinto. Y un carnaval de máscaras. Como dice el autor:
    “...descubrí que los libros también tienen sus ordalías y sus Apocalipsis. Llegan a ser personalizados de tal manera que les otorgamos el privilegio de contar con su propia piel, sus propios olores y sabores, así como les reconocemos el derecho a tener vida propia. En sus éxodos y escapadas, cambios de manos, robos y extracciones inconsecuentes, un especioso regodeo, un regusto por la melancolía que nos dejan sus pérdidas los hacen más inaprensibles y necesarios”.
    Rodrigo, como Quijano el Bueno en El Quijote, se nos perdió en este libro. Mas como fue siempre previsor, nos advirtió al final de este libro, con la magia del verso:
                “Si te quedas a mi lado
                Ya no querré morirme”.
    A tu lado me quedo, Rodrigo. ¿Y cuántos de ustedes, lectores, querrán quedarse con nosotros? 

___________
* El presente texto se escribió como prólogo a la novela. Lamentablemente, no pudo ser incluido.


Marcos
Reyes
Dávila
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