miércoles, 27 de julio de 2016

Rubén Darío y el Modermo puertorriqueño



Rubén Darío 
y el Modernismo puertorriqueño 
El presente texto es un compilación de tres alocuciones presentadas en la apertura del FIPPR-8, (2016) escritas, sin más aspiraciones, como homenaje del FIPPR al poeta con motivo de su centenario.

El modernismo dariano
 
Para hablar de Rubén Darío acaso no fuera imprescindible hablar de modernismo. Pero, en todos los sentidos, incluso el biográfico, el trabajo de su vida y lo que en vida fue no puede enajenarse de su obra más significativa para sí y para el porvenir. En las siguientes líneas repasamos algunos de los juicios conocidos sobre Rubén Darío y sus legado.   
    Darío, conocido con razón como el “Poeta de América”, vivió 49 años. Antes de los 21 había publicado ya la mayor parte de su obra en verso, anterior a Azul. Iván Schuman sostiene con razón que Darío es un fenómeno sociocultural, algo así como el mascarón de proa de esa modernidad que había arrancado desde el Martí que reclamara la necesidad de conocernos. Para Gutiérrez Girardot, el modernismo representa el espíritu que inicia la disolución del siglo XIX y el germinar del nuevo siglo. Juan Ramón Jiménez, el nóbel español que tanto debió a Darío y que editó para él en 1905 sus Cantos de vida y esperanza, opinaba que el modernismo iba más allá de lo estético para configurar una actitud de encuentro y libertad que diera la espalda al espíritu burgués del siglo XIX. Collentes de Terán sostiene que el libro citado oscila entre el horror ante “la mandíbula del yanki” y el angustioso enigma, meláncolico y nostálgico, de una existencia otoñal con algún brote de esperanza.
    La obra de Darío representa esa fuerza aglutinadora y sincrética que capturó las voluntades estéticas de ambos continentes y dejó su impronta a lo largo de varias generaciones. La difundida idea que lo encarcela en el exotismo, el preciosismo y el afrancesamiento, es un mito que recorre más como un iceberg que otra cosa su poesía y su prosa. Pues lejos de ser el modernismo una “grieta desnutridora”, como lo expresó Marinello, Max Henríquez Ureña vio en su exotismo y su galicismo más una técnica que una ideología. Schulman, como la fractura y convergencia de presencias antiguas y nuevas, cercanas y lejanas, es decir, como un haz de luz pleno de sensorialidad. Y, además, como una cultura fugitiva que pujaba por expandir sus perímetros y no un mero esteticismo decorativo. De ahí que podamos ver su exotismo como la concreción de afanes vedados por la realidad cotidiana. A fin de cuentas, nada hay más afín a la modernidad que la desorientación, la incertidumbre y la deconstrucción. El sincretismo dariano se nutrió de muy diversas fuentes, más imaginadas que vividas. No se explica la torre de marfil en función de los elefantes de la India. Detrás del preciosismo estaba la pobreza real de las comunidades, la ausencia de libertad y la marginación de un arte refugiado en el sueño. Su cosmopolitismo fue inducido por la expansión comercial e imperialista de la sociedad burguesa y las migraciones masivas a las grandes ciudades. Pero, en Darío, cada palabra tiene un alma. Aunque Darío represente para muchos la independencia de la literatura de Nuestra América, como lo demuestra la historia, no olvidemos que esa libertad tiene que lucharse cada día.

El legado

 
    Si como apunta Blas Matamoro, el modernismo fue una reacción de rechazo más que una afirmación de credo, entonces la cuestión es determinar si esa actitud se proyectó a lo largo del siglo convulso. Alguno ha sostenido que puede decirse qué poesía es anterior a Darío y cuál es posterior. En Cuadrivio, Octavio Paz afirma que, del escenario despoblado, roto o detenido, que azotó a la cultura desde el siglo 18, de repente, a fines del próximo siglo, el idioma español se puso de pie, reanimando el idioma de tal modo que la vanguardia misma y la poesía contemporánea quedaron íntimamente ligadas a él. Por eso puede decir Schuman, que Octavio Paz consideró al modernismo como el campo de entrenamiento de la poesía contemporánea.
    Partamos del hecho importante de que la poesía modernista de Darío se escribió en el exilio: Chile, España, Francia. Quizás por eso Anderson Imbert apunta que, así como su poesía se nutrió de diversas fuentes, así derivó también por muy diversas puertas. En efecto, la perdurabilidad de Darío estuvo siempre en esa libertad que le permitió absorber como antropófago toda suerte de tendencias. Y así como se alimentó de raíces plurales, así enfrondó en plurales ramas. Significativo, me parece, es que el Darío que se apropió de todo lo ajeno, no dejó de regresar los ojos a su América, ni de morir en su tierra.
    Aquello de “tuércele el cuello al cisne”, la tan exitosa imagen de González Martínez, no refleja el verdadero tránsito hacia la contemporaneidad. El poeta mexicano se refería a la secuela que pretendió imitar, desgastada, a Darío. Pedro Henríquez Ureña, por su parte, señaló que el modernismo se bifurcó, ya fuera en los fines puramente artísticos, o ya fuera en los fines de perspectivas sociales. En este último grupo colocó a Chocano; en otro al grupo de Borges. Otros derivaron a través del romanticismo exaltado de Miguel Ángel Osorio, e, incluso del primer Neruda, o del famoso cuarteto de primas: la Storni, la Ibarbourou, la Agostini y la Mistral. Aun otros, se nos dice, se atrincheraron en la predicación de un nuevo patriotismo, como Azuela en la narrativa y nuestro Corretjer en la poesía. Otro grupo, según Henríquez Ureña, llevó hasta el límite las tendencias modernistas, ya fuera la complejidad del preciosismo que puede observarse en Lugones, el barroquismo de Herrera y Reissig, el esoterismo de Alfonso Reyes, o la ternura cotidiana de López Velarde. De España, como sabemos, en Machado, Azorín y Unamuno, y en el Juan Ramón que apadrinó a la generación del 27. Hay quien compara su trascendencia con Garcilaso, Quevedo y Góngora. Acaso debamos convenir, pues, con Octavio Paz, en que Darío no solo está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos, sino que es el fundador de esa poesía.

El modernismo puertorriqueño

 
    “¡Levántate, revuélvete, resiste / haz como el toro acorralado: muge; o como el toro que no muge: embiste!”, exclama José de Diego. Y es que no puede pasarse por alto que el modernismo, en todo el mundo hispano, pero de manera muy concreta y específica en las Antillas y en España, tuvo que atravesar el campo minado que abrió el “minotauro americano” con su guerra imperialista de 1898.  Pronto estremecieron el planeta, amén de la revolución mexicana de 1910 y de otras fracturas semejantes en otras latitudes, toda esa cola de reivindicaciones traicionadas que derivaron hacia el indigenismo, criollismo y afroamericanismo. De la guerra del 1914, y de la revolución de 1917, no hay que decir más. No obstante, para Puerto Rico –muy especialmente–, la fractura del 98, o la generación del tránsito y el trauma, como la denominó uno nuestros primeros historiadores de la literatura puertorriqueña, trató de colocar este país ante el abismo de “la suprema definición”.  Así lo expresó nuestro mártir nacionalista de mayor trascendencia, Pedro Albizu Campos. El abismo de esa fractura coincidió en Puerto Rico con la entrada del modernismo.
    En Puerto Rico se publicaban versos de Darío desde el 1890. Rubén Darío se detiene en Puerto Rico en el 1892 cuando fue entrevistado para un periódico del país.  José Santos Chocano pasó por Puerto Rico en el 1913 y se presentó en teatros. Cesáreo Rosa Nieves, un impenitente trabajador de la cultura patria de esas décadas, dedicó todo un volumen, el segundo, de una antología en tres tomos de nuestra poesía, de unas 450 páginas cada uno, a nuestra poesía modernista. Sobre ella hay diferentes visiones. Hay quien comienza esta historia con un poema de 1878 del poeta romántico José Gautier Benítez –autor, dicho sea de paso, de la hermosa imagen que se refiere a Puerto Rico como “perla que el mar de entre su concha arranca / al agitar sus ondas placenteras / garza dormida entre la espuma blanca / del níveo cinturón de tus riberas”... Otros comienzan la historia con otro poeta, José de Jesús Domínguez, quien compuso en 1886 un poema de 816 versos titulado “Las huríes blancas”.  Algunos otros críticos incluyen a poetas de entresiglos como José de Diego, autor de los versos que cité antes, con una obra juvenil, titulada “Jovillos”, libro escrito antes de 1890, y en los cuales el propio Darío observó “los resplandores de la nueva lírica”.
    No obstante, es a Luis Llorens Torres al que se suele señalar como el poeta modernista de mayor rango. Estudió en España, y compuso versos “Al pie de La Alhambra”. Mas fue modernista principalmente desde sus Sonetos sinfónicos y luego en los versos publicados en su Revista de las Antillas de 1913: “Somos islas. Islas verdes. Esmeraldas en el pecho azul del mar”. Llorens articuló en su obra un sabroso maridaje de lo culto y popular que pudo echar flores como esta: “Ya está el lucero del alba / encimita del palmar / como horquilla de cristal / en el moño de una palma”. La marejada de la poesía modernista se extendió en Puerto Rico a lo largo de muchas décadas, de modo que aún hoy, en los pueblos y, en la cultura popular, se siguen oyendo sus voces incesantemente. El modernismo tocó el alma en la juventud ya vieja de nuestros poetas más importantes del siglo XX, como Corretjer, Matos Paoli y Chevremont, e incluso de nuestro poeta más conocido internacionalmente, por sus versos afroantillanos, Luis Palés Matos: “Allá entre las palmeras / está tendido el pueblo –Mussumba, Tombuctú, Farfangana– caserío irreal de paz y sueño. Mirad la luna, pez plata. Traedla a un anzuelo prendida”.
              
                                                                                       
                                                                                                         Marcos 
                                                                                                       Reyes Dávila
                                                                                                       ¡Albizu seas!    





   



lunes, 4 de julio de 2016

La mujer de repelillos




La mujer de repelillos


La mujer de repelillos
me alcanzó por el camino y
me compró con un pesito
cuando abrían los jacintos.

 






Puso un dedo en un anillo
un noviembre con destino
Y a pesar del repelillo
ahí vinieron dos chiquitos


 







Mas ya son cuarenta y pico
lo que dura aquel pesito
con osito y conejito
jugando en un anillo. 













Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!


sábado, 11 de junio de 2016

Puerto Rico: la colonia abandonada



Puerto Rico: 
la colonia abandonada


Eugenio María de Hostos, la figura de mayor proyección y altura intelectual, moral y revolucionaria en la historia de Puerto Rico, decía en la aduana de Brasil, en 1873, que no tenía patria, que estaba creándola. En ese entonces, de 1870 a 1874, peregrino por Colombia, Perú, Chile, y Argentina reclamando el apoyo de los países de la América Nuestra para la Cuba en armas en la guerra de independencia que se desarrolló entre 1868 y 1878. Reclamó a los bolivarianos de la gesta de independencia continental, aun vivos, y a sus sucesores en el poder, que se comprometieran con la proclama de Bolívar en Ayacucho, y con el compromiso del Libertador con la independencia de TODA Nuestra América. Sarmiento le contestó que era importante su comercio de tasajo con La Habana.  Tras su muerte, Cuba y Puerto Rico quedaron abandonados a su suerte. Empero, el más desdichado, el más humilde hijo de la colonia más pequeña, dio su sangre y su creatividad para la construcción de la “segunda independencia” del continente. Impulsó la construcción de una red de ferrocarriles por toda América, en general, y del tren trasandino en particular; creó una pedagogía para liberar pueblos que aplicó en Dominicana y en Chile; reclamó la igualdad absoluta de la mujer y aplicó el principio en sus sistemas educativos; defendió a cholos, chinos peruanos, esclavos negros, el pueblo inca, araucano, los gauchos; la creación, desde entonces, de un mercado común latinoamericano; la unidad confederada del continente que le permitira defenderse de los ataque imperialistas, incluidfo EEUU; al pueblo paraguayo; la neutralidad del futuro canal de transoceánico, en fin, tantas cosas. Por ello la Sociedad de Estados Americanos lo proclamó en la víspera del centenario de su natalicio –Perú, 1938–
“Ciudadano Eminente de América”.
    Este Hostos, que murió en el 1903, sufrió la agonía terrible de ver pasar a Puerto Rico de colonia española a colonia norteamericana.  Abandonó en el 1898, a los 58 años, cargado de hijos, su cómoda posición en Chile, para intentar desviar y evitar, con todos sus recursos intelectuales, jurídicos y morales, que Estados Unidos convirtieran a Puerto Rico en colonia. No lo logró. La Ley Foraker de 1900 estableció la definición de Puerto Rico que sigue vigente hoy, en el 2016, a 118 años de la ocupación: “Puerto Rico pertenece, pero no es parte de, Estados Unidos”. “La Libertad es un modo absolutamente indispensable de vivir”, dijo. Regresó a su exilio.
    A pesar de la llamada Constitución del Estado Libre Asociado –“status” fantasma– establecido en el 1952, tras décadas de resistencia armada de la puertorriqueños, tras la “guerra fría”, tras la caída del bloque soviético, tras el arranque vigoroso del neoliberalismo, Puerto Rico ya no le es útil. Por eso, a pesar del constante saqueo, lo han abandonado a su suerte sin disimulo y sin máscaras. El Tribunal Supremo de Estados Unidos, ahora, en el 2016, el 9 de junio, resolvió que Puerto Rico es una colonia sujeta a los poderes plenarios del Congreso y que carece de menos soberanía que sus comunidades indígenas: un gueto, como el de Varsovia.
    El Presidente así lo ha declarado en vistas congresionales desde el primer gobierno de Bush, y repetidamente, incluso Obama. El Congreso acaba de aprobar de manera coincidente, el 9 de junio, una ley, que llaman irónicamente “promesa”, y que crea una “junta de control fiscal”, cuyos integrantes serán nombrada por el presidente de EEUU, pero pagada –sobre 300 millones– por el “gobierno” de Puerto Rico, y compuesta por norteamericanos que no saben dónde está Puerto Rico en el mapa, para gobernar al país, en inglés –jeringonza en Puerto Rico–, cuyo propósito es pagarle a los bonistas buitres
una deuda imposible de pagar que, siendo ellos los soberanos, ellos mismos crearon. La junta privatizará todo, todo lo vendará o lo entregará como pago a los bonistas...
    ¿Quién se conduele de Puerto Rico? ¿Donde habrá un dolor parecido al
nuestro?, como decía Hostos. Hoy he mirado muchos periódicos del mundo. Venezolanos, mexicanos, españoles, RT... Desde Telesur, La Jornada, El PAÍS, incluso Granma, y no hallo una nota relativa a la Junta colonial o a la decisión del Supremo. Quedamos a nuestra suerte frente al poderío norteamericano que destroza a Siria, como antes a Libia, que aplasta gobiernos en Haití, República Dominicana, Chile, Perú, Bolivia, Panamá, Guatemala, Honduras, Brasil, Argentina, Uruguay, TODOS.
    Es difícil. Seguimos “creando patria”. Hemos resistido e intentaremos seguir resistiendo, en español, en el seno de la América Nuestra, a pesar de todo. 



Marcos
Reyes dávila
¡Albizu seas!
Publicado en REBELIÓN, el 11 de junio de 2016
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213323

viernes, 10 de junio de 2016

Puerto Rico: una colonia llevada al matadero




Puerto Rico:
Una colonia es un pueblo llevado al matadero



Todavía hay quien dice en la prensa que la decisión del Supremo “abre una
controversia”. Todavía hay quien cree que esto se resuelve con la “estadidad”, incorporación de Puerto como un nuevo estado de la federación. Se diría que no han tomado conciencia, la cabeza en el hoyo del avestruz, de que los tres poderes constitucionales –no los fácticos– de EE.UU., es decir, el presidente, el Congreso y el Tribunal Supremo, han declarado sin diplomacia alguna, sin pelos en lengua, que Puerto Rico es una colonia sujeta a los poderes plenarios del Congreso. Eso, y no otra cosa. Nunca nos han amado. Nunca nos han tenido respeto desde la rebelión de Pedro Albizu Campos.
    No se abre una controversia: se cierra. No queda margen alguno para darle vuelta a la cosa. A pesar de la llamada Constitución del Estado Libre Asociado –“status” fantasma– establecido en el 1952, tras décadas de resistencia armada de la puertorriqueños, tras la “guerra fría”, tras la caída del bloque soviético, tras el arranque vigoroso del neoliberalismo, Puerto Rico ya no le es útil. Por eso, a pesar del constante saqueo, nos han abandonado a nuestra suerte sin disimulo y sin máscaras. En realidad no nos han abandonado. Han abandonado solo el disimulo, la sonrisa. Seguimos. Más sujetos. Más abiertamente exprimidos y aplastados y saqueados.
    El Tribunal Supremo de Estados Unidos, ahora, en el 9 de junio, resolvió que Puerto Rico es una colonia sujeta a los poderes plenarios del Congreso y que carece de menos soberanía que sus comunidades indígenas. Prácticamente un gueto dentro de Estados Unidos, como el de los judíos de Varsovia cuando la ocupación nazi.
    El Presidente así lo ha declarado en vistas congresionales desde el primer
gobierno de Bush, y repetidamente, incluso Obama: pueden vender a Puerto Rico a China.
    El Congreso acaba de aprobar de manera coincidente, el 9 de junio, una ley, que llaman irónicamente “promesa”, y que crea una “junta de control fiscal”, cuyos integrantes serán nombrados por el presidente de EE.UU., pero pagada –sobre 300 millones– por el “gobierno” de Puerto Rico;  compuesta por norteamericanos que no saben dónde está Puerto Rico en el mapa, para gobernar al país, en inglés –jeringonza en Puerto Rico–, cuyo propósito es pagarle a los bonistas buitres una deuda imposible de pagar que, siendo ellos los soberanos, ellos mismos crearon. La junta privatizará todo, todo lo vendará o lo entregará como pago a los bonistas...

Ahora bien, ¿quién o quiénes, de los que ganan $7.25 la hora, endeudó a Puerto Rico? ¿Por qué entonces tiene él, los jubilados, los enfermos de cáncer, los niños prematuros, los jóvenes, tienen que pagarla?
    Hoy he mirado muchos periódicos del mundo. Venezolanos, mexicanos, españoles, RT... Desde Telesur, La Jornada, El País, incluso Granma, y no hallo una nota relativa a la Junta colonial o a la decisión del Supremo. Quedamos a nuestra suerte frente al poderío norteamericano que destroza a Siria, como antes a Libia, que aplasta gobiernos en Haití, República Dominicana, Chile, Perú, Bolivia, Panamá, Guatemala, Honduras, Brasil, Argentina, Uruguay, etc. Si alguien duda que pueden hacer en Puerto Rico algo parecido, que no lo dude: hace mucho está ocurriendo. Mírese la historia.
    En el 1950 usaron su ejército y su aviación contra la rebelión que defendió
con armas ligeras la soberanía de la nación en Jayuya. Encarcelaron a Albizu toda su vida y lo sometieron a tortura para vergüenza nuestra. Encarcelaron a todo el liderato nacionalista. Pusieron bombas para culpar y encarcelar a otros. Asesinaron al hijo de Juan Mari Bras. Asesinaron a los dos muchachos del Cerro Maravilla. Persiguieron y encarcelaron puertorriqueños amantes de la libertad en EE.UU. Han introducido drogas durante décadas. Experimentos biológicos y sicosociológicos. Han exprimido las fuerzas económicas del país con instrumentos tan absurdos como las leyes de cabotaje. Han arruinado la economía del país para introducir sus capitales. Han bombardeado y contaminado durante décadas. Amedrentaron a todo el país con su fuerza. Asesinaron a Filiberto Ojeda delante de las cámaras de televisión. Ahora “imponen” la Junta de Control Fiscal con la anuencia del gobernador y los congresistas puertorriqueños en el Congreso con excepción de Luis Gutiérrez. En la red se consigue a Gutiérrez cantando en el hemiciclo de la Cámara los versos de Rafael Hernández: “No importa el tirano te trate con negra maldad”.
    Sí. Puerto Rico es una colonia llevada al matadero. Igual que
Auschwitz. Hay otras colonias en el mundo. Pero ninguna con 3.5 millones de habitantes y 4 millones en el exilio. No obstante, el presidente Obama reclama la aplicación de la “Carta democrática” de la OEA a Venezuela. ¿Y por qué no la aplica a Puerto Rico?
    ¿Cómo debía votar un puertorriqueño, como Sonia Sotomayor, en la reciente decisión del Supremo? ¿En contra de la mayoría, como nuestra jueza Sotomayor, para legitimizar la alegada "soberanía" del ELA, o a favor, para negar esa soberanía?
    El Supremo, a fin de cuentas, solo dijo LA VERDAD. No hay tal Soberanía. Nunca la hubo: el ELA es una colonia. Eso han dicho por más de un siglo los independentistas. Eso dijo Hostos en el 1900 cuando el Congreso aprobó la Ley Foraker, aun vigente. Allí se dijo y se dice que “Puerto Rico pertenece a, pero no es parte de, Estados Unidos.”
    Si Puerto Rico es una colonia, como finalmente se admite, entonces, ¿a quién le pertenece la deuda? La deuda es cosa chica al lado de la compensación que el gobierno colonial le debe a Puerto Rico por más de un siglo de explotación, abuso, coloniaje, privación de nuestro derecho universal a la autodeterminación y coloniaje.   
    
      Quizás todo esto podría, finalmente, ayudar a resolver nuestra definición. Porque ahora urge definirla. Lo del Supremo se puede usar para impugnar la ley de la “Yunta” del Congreso porque la Constitución de EE.UU. le impide tener colonias, como lo rechaza la ONU. ¿Por qué se lo impide? Pues porque el poder de toda república descansa en el consentimiento de los gobernados, y porque el derecho a la autodeterminación es inalienable. También lo dijo Hostos en el 1900 inspirado en su idea de que “la Libertad es un modo absolutamente indispensable de vivir”. ¿Que qué dijo?:
    “Ni hoy ni mañana ni nunca, mientras quede un vislumbre de derecho en la vida norteamericana, está perdido para nosotros el derecho de reclamar la independencia, porque hoy ni mañana ni nunca dejará nuestra patria de ser nuestra”.
     Entonces la “Yunta” Fiscal –como dice el poeta Marioantonio Rosa– sería ilegal como lo es todo el dominio de EE.UU. sobre Puerto Rico. Pero para lograrlo hace falta algo más que un pleito de abogados. Hay que ir a la calle. Hay que hacer desobediencia civil. Eso destruiría la deuda.


                                                                                                                                Marcos
                                                                                                                      Reyes Dávila
                                                                                                                      ¡Albizu seas!





jueves, 26 de mayo de 2016

Presentación de "Más allá del tiempo: Julia de Burgos"



Presentación de 
Más allá del tiempo: Julia de Burgos
 

UPRH, 28 de abril de 2016

Yolanda Ricardo Garcell es muy conocida entre los académicos de Puerto Rico, y en este recinto en particular, porque nos ha hecho el obsequio de numerosas visitas, desde aquella remota mañana –hace 20 años– en la que llegó intempestivamente a leer en nuestro teatro, y hombro con hombro, la misma conferencia que nosotros sobre Hostos y Martí, solo que ella miró el tema como cubana y antillana –y con espejuelos rotos–, y yo, como un puertorriqueño-antillano... sin espejuelos. Desde entonces la hemos recibido en otras ocasiones, entre ellas, para la presentación de su libro sobre “Hostos y la mujer”, y la del simposio dedicado a Julia de Burgos celebrado aquí en febrero de 2015.
    Yolanda es profesora titular de la Universidad de La Habana, investigadora y ensayista sobre el pensamiento caribeño en general, y sobre la creación literaria de la mujer en el Caribe en particular. Es doctora en Filosofía y en Ciencias del Arte de la Universidad de Praga; miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y de la Academia de Ciencias de Cuba; Directora del Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba, y por si fuera poco, amiga mía. Favor que me hace.  
     Ahora, poco después del simposio de Julia, y a solo dos años del centenario de su natalicio, Yolanda nos trae de regalo este libro sobre nuestra poeta nacional, Julia de Burgos, que presentamos esta mañana, y que coincide otra vez, hombro con hombro, como parto de gemelos, con la publicación en EXÉGESIS de las Actas de nuestro Simposio dedicado Julia. El libro de Yolanda, publicado por la Editorial Patria, está oloroso todavía a recién nacido de imprenta. Se titula “Más allá del tiempo: Julia de Burgos” –título como de película o novela– y tiene 321 páginas. Tras las dedicatorias, el libro incluye tres largos epígrafes, uno de Virgilio López, de la Academia de Ciencias de Cuba; otro de Vivian Auffant, catedrática del Recinto de Río Piedras, y de Marcos Reyes Dávila, segura errata.
    El índice demarca 14 partes, que incluyen, tras los agradecimientos, un prólogo de Virgilio López, antes mencionado; una introducción de la propia autora; nueve capítulos. Además una bibliografía de 284 entradas; una
antología de poemas segregados según varios criterios como, por ejemplo, aquellos de tono lírico y de resistencia, los intensamente líricos, los poemas comprometidos con causas sociales o políticas, los de inspiración cubana. A eso añade una iconografía con 20 fotos, y encima de todo, además, un índice onomástico –de nombres–, temático y toponímico. El arte y diseño de portada es de Alí Francis García, miembro de la Comisión del centenario de Julia. Un libro más abarcador y completo que este es muy difícil de esperar.
    Los nueve capítulos, conforme a lo que anticipa en su introducción la propia autora, tratan somerante  los siguientes temas. El primero, ofrece el germinar de la escritora que fue Julia de Burgos. En el segundo, le sigue los pasos por su estancia en Cuba. En el tercer capítulo analiza su obra poética. El cuarto se ocupa de su producción en los años estadounidenses. El quinto se adentra en ese gran y largo movimiento en favor de la liberación de la mujer, en cuerpo y conciencia. El sexto capítulo se ocupa de su poesía militante. El séptimo, explora sus nexos con la historia literaria de Puerto Rico. El octavo, pretende definir una poética en Julia desde el punto de vista teórico. Y en el noveno, demarca su legado para la cultura puertorriqueña, caribeña y universal. Se trata de un cuerpo de exégesis de alrededor de 165 páginas. Tarea de gigantes.
    El libro de Yolanda tiene como uno de sus muchos méritos sobresalientes el hecho de que coloca la obra de Julia dentro de un contexto mucho más amplio que el nuestro –es decir, el de la literatura puertorriqueña–, para proyectarse al ámbito caribeño particularmente, hispanoamericano en segundo plano, y por vía de sus recursos de análisis, al ámbito universal. Tamaña amplitud la encontramos muy pocas veces porque requiere de una vasta erudición, que pocos poseen, y de un trabajo muy riguroso y arduo.
    Entre sus méritos sobresalientes se destaca, en segundo lugar, el bagaje crítico, es decir, el muy diverso y rico uso de recursos críticos que incluyen las perspectivas y enfoques más recientes de la teoría literaria del mundo occidental, sin olvidar la crítica y los enfoques canónicos, tradicionales y nuestros, del Caribe.
    En tercer lugar, Yolanda recoge, hace uso y resume una gran porción de la crítica y los puntos de vista que desde su adolescencia han comentado, analizado y valorado la obra de Julia, incluido el simposio celebrado aquí el pasado año, que, aunque no estaba publicado aun cuando se redactó el libro, se mantuvo en la memoria de quien estuvo presente durante el mismo, y desde luego, tuvo también, la oportunidad de oír muchas de las presentaciones y de conversarlas con sus autores.
    Por otra parte, cuarto mérito, Yolanda no solo recopila y trabaja con gran parte de la obra crítica existente hasta el momento sobre Julia, sino que también aporta datos nuevos producto de sus investigaciones en los archivos de Cuba, principalmente.
    Por si todo lo anterior fuera poco, repito, queda aun por señalar el mérito
mayor –quinto– de este libro. Me refiero al análisis de por sí que hace Yolanda, realizado con lupa y con microscopio, lo mismo que con telescopios, es decir, minucioso y detallado, pieza por pieza, lo mismo que generalizado, deductivo e inductivo, y por raptos, argumentativo. Un análisis que parte de la crítica previa y ajena, la repasa y recuerda en cada paso, para luego matizarla y corregir con nuevos tintes, los puntos de vista, y también los datos.
    Yolanda hace uso de un discurso –un lenguaje– particularmente riguroso y científico, sólido y denso, aunque se levantan con harta frecuencia las apreciaciones que solo la más franca admiración, y el ojo y la voz de un poeta, puede articular. Es decir, que el cariñito se le escapa travieso a la catedrática. Así como en su novedoso intento de definir una poética de la obra de Julia, dentro del contexto amplio de la literatura caribeña y de la latinoamericana, así en el análisis de los poemas de Julia, los versos que toca Yolanda con su palabra, quedan, ante el lector, iluminados, resplandecientes, como palabras de encantamiento.
    Es imposible comentar cada señalamiento que a lo largo del libro hace Yolanda y que en cada caso nos parecen provocaciones sugestivas que quisiéramos conversar. Por razones tiempo y para no aburrirlos nos limitaremos a arar solo unas pocos.
    Yolanda comenta, al principio y al final, porque es ineludible hacerlo, esa controversia desafortunada que ha girado en torno a Julia, controversia asida a una nota propia de las "chismosas" peruanas. Me refiero a aquellos que ‘desvirtúan el sentido de su vida’ (31) y ‘cuestionan sus rumbos de vida y letras’ (190). Yolanda Ricardo no esconde nombres y apellidos, en ambas ocasiones. Recuerda incluso el equívoco que provocó una pieza teatral de Manuel Méndez Ballester titula “Julia de Burgos y su amante secreto” (68), puesto que la obra alude como amante al Río Grande Loíza, protagonista de uno de sus más recordados y celebrados poemas, aunque surja en efecto de la controversia suscitada por su relación con Juan Isidro Jimenes Grullón. Indudablemente Julia sufrió en carne propia, con la fatalidad de un heroína de tragedia, su determinación de tener vida propia y de realizarla a la altura de los hombres, y más allá. Fue una joven divorciada, con todo el estigma que ello suponía entonces, que vivió un amor intenso con un hombre casado. Se dio a la bebida y se alcoholizó en algún momento durante su estadía en la ciudad de Nueva York. Pero ni siquiera eso apagó la llama de su creatividad. Que si su padre, esto, o si su padre aquello... no dejó huella. En cambio, sí dejó huella cómo le alimentó la imaginación y acaso le enseñó a vivir al aire libre. Papotito lo llamaron todos. Por Papotito pregunta en sus cartas, y por Papotito se preocupa. El Rocinante de los mitos y leyendas que jugaba con su padre, aparece idealizado en sus poemas, sin el menor asomo de resentimiento.
    Más que de las manchas del sol, hablar debemos de la luz, nos enseñó Martí y nos lo recuerda Yolanda. Y añade, que “no es serio mostrar solamente la cara externa de lo acontecido. Un análisis riguroso –y sobre todo humano– requiere hurgar –nos dice– en las motivaciones, en las presiones, en la herencia acumulada de infortunios, desamparos, rivalidades, humillaciones, discriminaciones”. ¿Es que no sabemos que varios hermanos de Julia murieron en la infancia de desnutrición?
    En la historia de la literatura, y muy bien lo desentierra de las distancias del  olvido Yolanda, las mujeres tuvieron una época de despegue, ardua y sufrida, en sus luchas emancipadoras. Julia pertenece a ese grupo de mujeres que escala cumbres bastante solitarias en el inicio del siglo veinte; de mujeres decididas a quebrar la ‘sexualidad colonizada’. Comienza, y comienzan aun, a escribir una literatura que se resiste a seguir, servilmente, el canon de los hombres. Comienza a escribir desde su propio cuerpo para descubrir su propio rostro, ese que acaso descubriera en las aguas de su río. Ese es uno de los sentidos que articulan su primer libro: “Poema en veinte surcos”.
    Recordamos que el libro comienza con ese poema de remembranza whitmaniana, “A Julia de Burgos”, y termina con otro de la misma estirpe que atrapa como un magno paréntesis el libro todo. Me refiero a “Yo misma fui mi ruta”. Con esa determinación proclamada, y con esa “tea en la mano”, inicia Julia su vida de poeta.
    Muchos sugieren que tuvo amoríos con Luis Llorens Torres porque él la proyectó a la cumbre de la ciudad letrada apenas iniciaba su carrera literaria. Otros la vinculan con Juan Antonio Corretjer porque este la acogió en Nueva York incorporándola al grupo editorial del semanario “Pueblos Hispanos” que dirigía él. Otras atribuciones de mujer irresistible se le han hecho, mas no creo que incluya, muy a su pesar, a Josemilio González, el destacadísimo crítico y poeta más o menos de su edad, que quedó prendado de ella con solo verla pasar. Tal parece que, en efecto, Julia era altamente atractiva, quizás por su belleza física, o quizás por su carácter indomable y su espíritu de sueño. Si no asusta o irrita, seduce. Lo que al respecto de estos atributos se pasa por alto es que Julia pasó por la vida con una incandescencia que deslumbró a todos. No es Llorens, no es Corretjer, ni ninguno en particular o en específico. Julia fue celebrada de manera casi unánime. Por todos. Aun la “Renacuajo” de sus pesadillas tuvo que reconocer que algunos poemas de Julia estaban destinados a aparecer en todas las antologías. Apenas publica sus primeros textos en diarios y seminarios, ya ofrece discursos de rebeldía desde la tribuna y participa en la directiva de organizaciones patrióticas. Y ya la llaman “la novia del río” o “la novia del nacionalismo”. Allí, a su lado, casi niña aun, estuvo el cerebro mágico de Luis Muñoz Marín: don Vicente Géigel Polanco. Allí, y entonces, inicia sus trabajos en defensa de los presos políticos. No es, pues, solo Llorens el deslumbrado con sus versos. Lo estuvo también Francisco Matos Paoli, también preso nacionalista, aunque no llegó a conocerla, personalmente. Lo estuvo Juan Antonio Corretjer. Lo estuvieron todos. Ellos y ellas. Y lo seguimos estando.
    En el empeño de su rigor, Yolanda lamenta no haber podido hallar un artículo de José Antonio Dávila, publicado, según Julia, en la revista “América” y en “Alma Latina”. Ignoramos si se publicó o no en “América”, pero sabemos que sí en “Alma Latina”. En la versión que conocemos, incluida en el volumen “Prosa”, edición de la Sociedad de Autores Puertorriqueños de 1971, José Antonio da cuenta de haber escrito en el 1939 un artículo sobre “Canción de la verdad sencilla” de Julia, de ese mismo año, que se extravió en la redacción de uno de nuestros diarios, según dice. En el 1941 lo reconstruye, y gracias a eso podemos conocer cómo valora el famoso poeta bayamonés la poesía de Julia de Burgos. Traemos el caso a propósito porque pone en evidencia ese deslumbramiento en un texto generalmente olvidado por la crítica.
    Bellísimo e iluminador es este texto de José Antonio. Comienza apuntando que el libro de Julia, aunque tiene mucho de verdad, no tiene casi nada de canción y ninguna sencillez, Verdad, canción y sencillez son los elementos que sustentan el título, nos dice. A su juicio, es “uno de los libros más consistentemente abstractos e intuitivos que tiene el verso universal”, cito, “y uno de los más armónicos con la esfera, adelantado a la velocidad con que se mueven nuestros estados mentales”. Añade, ahí mismo, esta curiosa observación: “Se queda uno a veces –dice– un
poco rezagado al seguir las imágenes. La velocidad es en ellas, lo que el tiempo es en la primera teoría de la relatividad einsteniana: una cuarta dimensión” (166). Dávila queda asombrado ante lo que llama “el milagro de la imagen”, intentando esclarecer la naturaleza de sus metáforas surrealistas. En “el mundo que se ha creado Julia”, dice José Antonio, “el cuerpo sube al celeste aposento del espíritu”, de modo que –añade luego– “se deriva la sensación de que si Julia se le quedara mirando fijamente a una cebolla de Bermuda, sería muy capaz de transformarla en una rosa de Jericó” (169). Concluye Dávila lo siguiente: “Será ella una de las grandes iluminadas, en la más biológica, la más antigua, y la más respetable de las experiencias humanas” (170). Y que conste que José Antonio, entonces, vivía aislado y agobiado por la tuberculosis.
    Como se ve, Julia pasó como una estrella por dondequiera que fue mientras vivió dentro del contexto del mundo caribeño. Como ocurrió en Puerto Rico, ocurrió en Cuba. Juan Bosch, ex presidente de la República Domicana, Juan Marinello, Raúl Roa, Nicolás Guillén. Incluso el Nóbel chileno Pablo Neruda, y muchos más. Si se tiene en cuenta que esos libros de Julia fueron escritos por una joven de entre 24 y 27 años de edad, mujer mulata, nacida en un hogar rural empobrecido, el asombro camina sobre una cuerda floja. Camina.
    El asunto de sus amores con Juan Isidro Jimenes Grullón es otro de los aspectos preferidos en los novelones, pues algunos críticos y biógrafos han querido adjudicarle al rompimiento entre ellos el final trágico de Julia de Burgos. Fue Julia quien, por el contrario, rompió con Juan Isidro. Una lectura atenta a los trozos de sus cartas publicadas en el libro de Yvette Jiménez de Báez –“Julia de Burgos. Vida y poesía”, de 1966– debió bastar para despejar desde entonces  esas inferencias. La lectura de las “Cartas a Consuelo” confirman sin lugar a duda el aserto. Julia rompió con Juan Isidro, y no al revés. Lo hizo a pesar del amor, movida por la dignidad. Jimenes, tras el divorcio, desprovisto de esa excusa, se negó a formalizar su relación sentimental con Julia... mientras vivieran sus padres. De modo que, tanto por negarse, después del divorcio, a poner a Julia en la posición que le correspondía, como por la pretención de celar y reducir a la vida doméstica a una mujer rebelde, un ser humano excepcional que ya había aportado, aportaba, y aspiraba a aportar aun más a un destino más justo para la humanidad, la determinación de Julia era final y firme. Así consta en las cartas a Consuelo escritas en el momento mismo de los sucesos. Yolanda aporta el dato de que Julia aparece matriculada nuevamente en la Universidad de La Habana tras el suceso. De modo que es indudable que Julia pretendía continuar su vida. Eso intentó hacer en el ambiento inhóspito, poco hospitalario para una mujer divorciada, mestiza y pobre, de Nueva York.     
    “El mar y tú”, ese libro póstumo que Julia escribe en Cuba, nació enraizado en su amor vivo por Juan Isidro. Pero ya incluía a principios de 1941 un grupo de “poemas torturados y trágicos”, le dice Julia a su hermana Consuelo. Esos poemas recogen seguramente la experiencia de las dificultades y tropiezos ya emergentes, en su relación con Juan Isidro. Quizás por los periodos en los que él la dejaba sola para ir a dar conferencias por regiones de Cuba, pero también, muy seguramente, por las crisis ocasionadas por los celos de él, por su empeño de disfrazarla de mujer “puritana”, por su afán de mantener encerrado lo que nació viento, y por la indecisión de un hombre débil, incapaz de resolver con dignidad y valor su situación de pareja con Julia. Pienso, creo, que su decisión de posponer, ¡por más de diez años!, la publicación de “El mar y tú”, para terminar y publicar antes “Campo”, libro de poemas de tema social y proletario que ya nada debe al mar ni al río, obedece, en parte, al despego, quizás herido aun, quizás defraudado, de algo que quería dejar atrás, abandonado. Quizás por eso “El mar y tú” resultó ser a la larga, un libro póstumo. V

    Quizás –nuevamente sea dicho– sea correcta, esencialmente, la interpretación de la exégesis de Ivette López Jiménez, recogida por Yolanda, sobre el tema del silencio en la “Canción de la verdad sencilla”. “En ti me he silenciado”, dice Julia. En efecto, este repetido silencio, este callarse, bien puede obedecer no solo al silencio autoimpuesto o impuesto a la mujer en el mundo de los hombres, sino también a las circunstancias políticas de mordaza, de persecución, tanto de nacionalistas como de comunistas en un país en guerra y de un imperio colonial que aun hoy nos aplasta y amordaza. Sabemos que Julia tenía carpeta en el FBI, y que era vigilada, y que le traducían sus poemas.
    Pero aun cabría pensar que ese silencio pudiera responder a otros motivos. Quizás, la intención de reducir, no presionar, las 
circunstancias tirantes de una relación próxima al naufragio. Pero ni una ni la otra explicación concuerdan, en mi opinión, con el tan señalado carácter rebelde, la irrenunciable dignidad de una mujer que se lanza a la vida con la tea en la mano.    “En ti me he silenciado”, dice el verso, con sublime armonía. Con la más sublime entrega.  Y es que me seduce otra interpretación plausible. Quizás en varias ocasiones el silencio pudo ser provocado por una situación de éxtasis, esa del amor cuando deviene divino, extasiado, el “quedéme y olvidéme entre las azucenas olvidado” que decía Juan de la Cruz, pero en sentido humano. Quizás, sencillamente, una sensación de plenitud que solo el amor puede producir. ¿Quién no lo sabe?
    Termino estas palabras citando a Yolanda: “Su obra posee –nos dice– lo que le pertenece por entero, lo realmente imperecedero, la condición de la perennidad en la memoria del arte y del mejoramiento humano de savia puertorriqueña, caribeña y latinoamericana, y también martiana. Entonces es válido decir que, desde este punto de vista, no cuentan los que han cuestionado sus rumbos de vida y letras que –si no han quedado– quedarán en el camino” (190).      
    En el epígrafe del libro, dicho ahora aquí como sentencia final, Yolanda coloca estos versos de Julia:    
        “No vengo del naufragio que es ronda de los débiles:
        mi conciencia robusta nada en luz de infinito”.
    Gracias infinitas, Yolanda, por este beso de hermanos.


Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

Publicado en 80 GRADOS: http://www.80grados.net/julia-de-burgos-mas-alla-del-tiempo-por-yolanda-ricardo-garcell/

martes, 24 de mayo de 2016

Pereira Propone la Renuncia del Gobierno como hizo Hostos en el 1900



Eugenio María de HOSTOS
le Propuso a la Cámara de Delegados en el 1900
lo mismo que el Senador Miguel Pereira propone hoy
respecto de la Junta Fiscal:
 

La RENUNCIA DE TODOS 
como respuesta de Dignidad
ante la Ley COLONIAL Foraker
.








https://audioboom.com/boos/4602805-senador-aboga-por-renuncia-masiva-de-legisladores-si-se-confirma-llegada-de-junta-de-control-fiscal-federal-a-la-isla

domingo, 22 de mayo de 2016

Los cuentos de mis barbas



Los cuentos de mis barbas

                  “Rip van Winkle”, Washington Irving

                   “Me he dormido con un cuento...
                     Y me he despertado con un sueño”
                                                        León Felipe

Esta mañana un colibrí
se asomó por la ventana
y se posó sobre mis barbas
Soñaba un cuento
anidado entre palabras
O quizás
simplemente
despertaba en el azul

Traía ensartados en su pico
los duendes de los bosques
y el desamparo del zapatero
que mató
siete de un golpe
Y a bordo de un antílope
traía el retrato
de la voz del horizonte

En cada día
había ochenta mundos
una muchedumbre de historias
que caen como hojas
de los cielos
y un teatro de luz
en el obstinado pincel
del aguacero

Esta mañana un colibrí
se posó sobre mis barbas
Allí alborean lentamente
los desvelados cuentos de la Alhambra
las princesas tristes del estanque
las margaritas del mar
y el aroma de arrayán y de azahar
que aún sube derechito hasta el alma

Con los trenes descarriados
la caravana siempre pasa

con su faquir
su conde Arnaldo
el Garcilaso



que apellidó la piedra cansada
el flautista y la campana

Muchos otean solo príncipes
Pocos el verdadero
acecho de los lobos
o los pechos desalmados
Quizás fui yo
quien durmió
por veinte años.


Marcos Reyes Dávila
¡Albizu seas!


viernes, 13 de mayo de 2016

El Tribunal Supremo de Brasil y el Golpe de Estado



Foto de Marcos Reyes Dávila.

E
TRIBUNAL 
SUPREMO 
DE 
BRASIL 
COOPERÓ, 
y FUE PARTE DE, 

POR OMISIÓN YYYYY COMISIÓN, 

en el GOLPE DE ESTADO.
 No hay Vergüenza más Grande, 

para un TRIBUNAL SUPREMO, 

que ser parte de un GOLPE DE ESTADO, 

que es la Violación MÁS GRANDE 
AL ORDENAMIENTO CONSTITUCIONAL. 

Su Acción Debería ser IMPUGNADA 
por los Organismos IINTERNACIONALES de Justicia.

Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

miércoles, 4 de mayo de 2016

El Festival de Poesía de Lima - FIPLIMA 2016




El festival de poesía de Lima: 
la poesía en el viento
 
Sí. Los pájaros cantan quechua. En Lima, por lo menos.
    Es que del 13 al 16 de abril de 2016 se celebró el Tercer Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLIMA). El mismo contó con 105 poetas de 30 países –incluyendo Perú. En veinte sedes, con ingreso libre, se ofrecieron 27 recitales, diez actividades, principalmente musicales, y cinco talleres. ¿El lema?: “Todo lo imaginable es posible”, bien cumplido.
    El FIPLIMA es un magno acontecimiento cuya idea original y dirección principal es de Renato Sandoval, de la Editorial Nido de Cuervos, con la coordinación de Roxana Peramás, con Javier Llaxacondor como gerente y una batallón de colaboradores.
    Invitados por Puerto Rico estuvimos presentes Mayrim Cruz Bernal y quien escribe estas líneas. Estuvieron presentes, además, poetas de la más connotada reputación como los candidatos al Nóbel, Cees Nooteboom, de los Países Bajos, y el ruso Yevgeny Yevtushenko, a quien conocimos hace poco más de 40 años cuando visitó la Universidad de Puerto Rico. Lo saludamos, recordó esa visita, y sin mediar palabra preguntó qué íbamos a hacer con la crisis que vivimos. Yevtushenko estaba al tanto de la penosa coyuntura de Puerto Rico.
    Junto con estos, una orquesta de representantes de Argentina, Austria, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Ecuador, EEUU, España, Estonia, Finlandia, Irak, Israel, Italia, Luxemburgo, Marruecos, México, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana, Suecia, Suiza, Uruguay y Venezuela. Los poetas peruanos, como es de esperar, encabezados por Leoncio Bueno, constituyeron la delegación más numerosa.
    Al respecto de la participación en las actividades principales, esto es,
apertura y clausura, hubo un total de 48 turnos, pero participaron solo 22 países, pues de algunos de estos se presentaron varios representantes. El grupo mayor –Perú, y fuera de ellos, claro–  fue de Argentina, con cinco turnos, y EEUU con cuatro. Muchos países, pues, no fueron incluidos ni en la una ni en la otra, incluyendo a Puerto Rico. (Lloro por eso.)
    La apertura se celebró en un parque-auditorio, acompañado con la música andina de Manuelcho Prado. Con música también, y nada menos que con la salsa de sabor cubano-puertorriqueña de Marco Campos, y del español Paco Ibañez, fue la clausura, esta vez en un auditorio grande, cerrado.
    Los organizadores incluyeron, como quedó dicho, espacios abiertos –parques y plazas– y espacios cerrados, como el muy interesante anfiteatro del “Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social”, dedicado a la crisis que hubo en Perú con motivo de la guerra de guerrillas de los años 80. Algunos espacios iban dirigidos a un público más instruido, como centros culturales, institutos y universidades, y otros a la comunidad en general.
    Los poetas de países de habla no española, leyeron generalmente en sus vernáculos, ya fuera el estoniano, el italiano, el árabe o el hebreo, como ejemplos, aunque algunos lo hicieran en inglés.  Los poemas de este grupo eran traducidos al español. La suiza-brasileña Prisca Agustoni, y el ruso, Yevtushenko –que escribe a veces en español–, en español leyeron.

    De lengua española, como era de esperar, estuvo el tronco más grueso, y de este, la rama más robusta, la peruana, naturalmente, encabezada por Leoncio Bueno. Desde España, se presentaron poetas como Rafael Soler y Beatriz Russo, y hasta la Patagonia suramericana, con poetas tan conocidos como Leopoldo Teuco Castilla, de Argentina y Juan Cameron de Chile. Ni Uruguay, ni Paraguay, ni Bolivia estuvieron ausentes. De estos países participaron los hermanos poetas, respectivamente,  Roberto Fernández, Fernando Pistilli –con quien hemos compartido muchas veces, desde Chile a Puerto Rico–  y Gabriel Chávez –también presente en el Festival de Puerto Rico. En el norte, pasando por Ecuador, hubo además representantes de Colombia y Venezuela, de Dominicana y México, naturalmente. La ausencia más notable fue la de Cuba y Centro América, a excepción de Francisco de Asís de Nicaragua. En realidad, aunque se intentara, no todo es posible.
    La poesía brilló por su excelencia. Hubo una variedad de formas estéticas, tonos y temas. Aunque estuvimos presente en un número pequeño de las lecturas, por lo que observamos, predominó una poesía que se expresaba en tono menor, inicialmente descriptiva o reflexiva, y que terminaba con un giro sorpresivo. La visión de las cosas encubría o remontaba alguna ironía o una extrañeza, un desacomodo o una distancia que pudiera dirigirse a un desconcierto o una imagen audaz, y al final un hallazgo feliz en términos de nostalgia o encantación. En general era una poesía próxima a lo expositivo, alguna vez argumentativa, de un lirismo asordinado, en forma de coloquiales y poco dada a ritmos tradicionales. Estas parecen ser las modalidades prevalecientes en estos tiempos. En algún caso, no obstante, el performance, el espectáculo de gestos y música. En otro, la presencia dominante del humor, del franco humor como motivo del poema, y con barniz erótico, como lo hizo el colombiano Jotamario Arbeláez . Algunas veces los asuntos se referían a eventos de naturaleza dramática o herida. Pocas veces se recurrió una lectura impetuosa y a caballo, es decir, desenfrenada y de alta voz . Las sorpresas no faltaron, motivos de ruidosos aplausos como la poesía solidaria, apelativa y entusiasta de Jack Hirschman. La obra de todos los participantes quedó registrada en una voluminosa antología recogida en la revista-libro FÓRNIX.
    La sede del evento fue en un hotel de rico acomodo con cenas de chef, manteles blancos y mucho vino, en San Isidro y frente al parque de los olivos, lleno de aves azules y colibríes rojos. El embajador de Holanda nos recibió con un coctel y música gentil. La prensa cubrió muy bien las actividades, con notas diarias y entrevistas, algunas de radio y televisión.
    Durante tres días espléndidos, la poesía quedó prendada de las calles de Lima. Bajó por toda ella suavemente y amplia, como la célebre garúa. Los
organizadores colgaron de cables, en hojas de papel, poemas de los poetas participantes y de otros, para ser leídas por todos y para llevar la voz montada en el viento.  Y todo así como dice Yevtushenko: “más o menos”






Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!  

Publicado en 80 GRADOS 6 de mayo de 2016:
http://www.80grados.net/festival-internacional-de-poesia-todo-lo-imaginable-es-posible/

Related Posts with Thumbnails