jueves, 12 de febrero de 2015

JULIA Vs JULIA: La controversia con la "Julia maldita" de Torres Santiago



JULIA Vs JULIA
La controversia con la 

“Julia maldita” de Torres Santiago

Por Marcos Reyes Dávila
Coordinador del Simposio “Julia de Burgos: me llamarán poeta”

El título de estas líneas es un equívoco intencional que se abraza con el propio
discurso poético de Julia que en tantas ocasiones habló de sí misma de manera conflictiva. Ese discurso no es ajeno al propósito de estas líneas, pero no es el punto principal de enfoque. Con “Julia Vs Julia” queremos aludir a lo que llamamos hace algunos meses la “guerra interminable” que en torno a su figura histórica, siempre huidiza e inatrapable en última instancia, se ha tejido a lo largo de varias décadas, agudizada en el año de su centenario por la publicación de dos nuevas biografías: la de Mayra Santos Febres (“Yo misma fui mi ruta”, Municipio de Carolina) y la de José Manuel Torres Santiago (“Julia de Burgos, poeta maldita”, Los Libros de la Iguana y Colección Guajana), ambos del 2014.
    El presente texto se ofrece como una disculpa pública de quien escribe a un semanario del país, por razón de unas expresiones de naturaleza destemplada y en parte inmerecida que hiciéramos a nuestros contactos de correo electrónico y en las páginas de Facebook, de donde las retiré horas más tarde de colocarlas. La disculpa se ofrece de dos formas: un mea culpa por una destemplanza que habría apenado a mi padre, cosa ante lo que soy sensitivo; y por otra, por medio de una reflexión a la que me apena recurrir porque este debate sería estéril e infundado si no mediara lo que me interesara más: la idea que sobre Julia prevalezca en nuestra juventud y en el país.
    Mi incorporación a la Comisión Nacional del Centenario de Julia, y la posterior designación de que fui objeto como organizador del Simposio “Julia de Burgos: Me llamarán poeta” celebrado en UPR-Humacao hace unos días, y la gestión que hice durante casi un año en la promoción, me convirtieron en portavoz de la Comisión y del Simposio. En esas funciones hice numerosas expresiones públicas sobre diversos temas y asuntos durante todo el año. Entre estos, destacaron, como es natural, la publicación de ambas biografías. Durante el Simposio no solo me abstuve de hacer comentario alguno sobre lo que hablamos ahora, sino que proyectamos imágenes de ambos libros y destacamos, entre las raíces de las que surge el simposio, el Congreso de 1992 organizado por Martínez Masdeu y celebrado en el Ateneo Puertorriqueño.
      A pocos días de publicarse la biografía de Santos Febres ya reaccionábamos a ella. Tal era nuestro interés. En esa reacción, publicada con el título “A propósito de un libro de Mayra Santos Febres. Julia de Burgos: De la leyenda negra y el cántaro roto de su canto” publicada en la revista cibérnética 80 GRADOS (http://www.80grados.net/julia-de-burgos-de-la-leyenda-negra-y-el-cantaro-roto-de-su-canto/)
expresamos nuestra desilusión por ver reproducidos en su libro, en boca de mujer, los prejuicios que algunos le atribuyen al libro “Julia en blanco y negro” de Juan Antonio Rodríguez Pagán. Este libro que tiene el mérito de ser el fruto de una tenaz y amplia investigación, adolece por reproducir expresiones hechas a lo largo de muchas décadas en torno a Julia que se han convertido en una leyenda negra: la Julia alcohólica, la Julia promiscua, la Julia que fue víctima de su amor por Juan Isidro Jiménez Grullón, la Julia borracha en la cuneta de la que abusaban todos. Algunas de las fuentes de Rodríguez Pagán eran altamente cuestionables. Si bien algunas fuentes tenían nombre y apellido, otras eran anónimas, o reservadas por el autor. Casi todas hechas en entrevistas a destiempo, a muchas décadas de los hechos.  Menos mal que en algunos casos se presentaban lo que Ivette López llama “historietas” con un “se decía”, esa plaza pública del chisme oscuro. Mi propia madre, y los poetas de Guajana, oyeron de ellas según alcanzaron a decirme. Pero esa Julia de Rodríguez Pagán era vista además, desde su niñez, en términos fatalistas, frecuentemente víctima, y con ojos de la moral pública, casera y marcadamente machista, de los años cuarenta, a pesar de que el libro se escribe y publica en el año 2000. Todos los que tenemos algunos años, y toda mujer en particular, sabe el sambenito que caía hace décadas y aun cae sobre toda mujer divorciada. Si esa mujer divorciada se va detrás de un amor a otras tierras, solo Dios hubiera podido salvarla.
    Para nuestra sorpresa, Santos Febres, académica más joven y mujer, incurrió en la misma visión de la leyenda negra de Rodríguez Pagán. Como remedo de esa obra que es su biografía, en cuya escasa bibliografía apenas figuran alguno que otro título nuevo que no parecen haber sido consultados, pues los puntos de vista no lo reflejan, la biografía sucinta de Santos Febres recala en los mismos errores de Rodríguez Pagán. Si hubiera leído como alega el libro de Ivette López, “Julia de Burgos, la canción y el silencio”, mucho debió torcerle el juicio la reflexión que esta hace de la construcción del sujeto femenino en esa época.

    Los Libros de la Iguana, que dirige con un tesón increíble nuestro amigo Reinaldo Marcos Padua, miembro del Grupo Guajana, publicó el libro póstumo del también guajano José Manuel Torres Santiago. Ese libro se publicó acompañado del sello editorial de Guajana y con inversión económica del Grupo Guajana. Del mismo se habló en varias reuniones en las que solicité en más de una ocasión que se me permitiera verlo, inútilmente. Tenía temor de lo que se diría allí porque Padua respondía que “lo dice todo, todo”, y eso me olía a leyenda muy, muy negra.
    Si bien se me acusó de opinar sobre Santos Febres por tener alguna supuesta agenda personal en contra de ella (siempre el argumentum ad hominem), también hubo quien me acusó de opinar en contra del libro de Josemanuel por odiarlo, ya fuera a él o ya fuera a Guajana, sin atender al hecho de que ese libro se publicó bajo los auspicios de un grupo del que formo parte –aunque sin que lo viera–, y de que desde los años ochenta los invité a Humacao varias veces, en el 1992 hice una antología y un estudio del grupo Guajana, en el 2007 hice un Simposio en su honor y lo he representado en muchas ocasiones dentro y fuera de Puerto Rico, entre otras cosas.
    Pero el libro de Josemanuel se atrevía a mucho más, e incurre en errores de juicio imperdonables. Lo que Rodríguez Pagán y Santos Febres atribuyen a fuentes anónimas o no reveladas, Torres Santiago lo da por hecho, y lo lleva más lejos. Si los primeros dos dicen que “hay quien dice que” su padre inició a la Julia niña en el sexo, Torres Santiago dice que de hecho fue víctima de incesto y que su padre la hizo alcohólica en la temprana adolescencia. He pedido las pruebas, las fuentes, porque la información que hay disponible no pasa de la “historieta” (Ivette López) o del chisme. ¿Dónde está el análisis que corrobora o sugiera siquiera hechos tan graves? Porque Julia no exhibe rasgo alguno de violación e incesto. Su desempeño en la escuela superior de la universidad no dio motivo de sospecha a pesar de su origen pobre. Por el contrario: muestra un alto desempeño, tanto académico, como de liderazgo y en los deportes. Su relación amorosa fue franca. Tan ausente de traumas que amó en completa libertad y con el más elevado decoro humano. Tan hermosamente que deslumbra.
    Pero Torres Santiago insiste en hacer atribuciones sin fundamento: como que Julia adolescente, estudiante de Escuela Superior, era Secretaria de Albizu, o que atacó el Capitolio porque en un poema posterior al referirse a una víctima del ataque utiliza determinado tono en su expresión!  Para Torres Santiago no son chismes, es que Julia fue “amante” de Llorens Torres, como luego lo sería de Juan Isidro y de otros. No se trata de historiar los alegados amores de Julia, sino de trazar la ruta de sus múltiples “amantes”, expresión tan preñada de esa carga erótica morbosa y degradante. Las fuentes más serias y completas de Julia ubican el encuentro de Julia con Albizu y Corretjer años más tarde, cuando el ayuno de Clemente Pereda. Y de lo que sí fue secretaria Julia, fue de una organización de mujeres adscrita al nacionalismo que defendió más tarde a los presos políticos nacionalistas.
    La idea de Torres Santiago, extraída otra vez del libro de Pagán, es la de la Julia víctima de Juan Isidro, abandonada por este y ya por siempre destruida por ese amor. Las cartas de Julia de la época, las entrevistas hechas a Juan Isidro y Bosch, la historia posterior de Julia, sugieren que la verdad es muy distinta. En los textos aparece, en blanco y negro, que es Julia la que rompe con Juan Isidro y es Julia la que se niega a volver con él.
    La época de Nueva York es tan confusa en las biografías que parece como si fuera todo la misma cosa. Mas se trata de un periodo bastante extenso, de alrededor de una década. En esa década Julia vuelve a casarse, Julia escribe versos, crece como poeta según Juan Varela, y se vincula como primera figura en la publicación de Corretjer “Pueblos Hispanos”, en la que publica muchos trabajos. Uno de ellos le merece el Premio de Periodismo del Instituto de Literatura.
    Durante esa época neoyorkina vive allá Josemilio González, autor que merece para nosotros absoluta credibilidad, y que cuenta de que se veía en su casa con Julia en muchas ocasiones y compartían. No hace observación alguna sobre el alegado alcoholismo de Julia ni sobre su alegada promiscuidad. El testimonio sobre todo esto coincide totalmente con el de Bosch que vivió con Julia en los años de Cuba y que solo habla de la elegancia e inteligencia de Julia, matriculada en numerosos cursos en la Universidad de La Habana y resuelta a doctorarse. Es muy al final de la vida de Julia que Josemilio menciona que alguien le habla de la dependencia al alcohol de Julia, y de que la vio en una ocasión muy desmojarada y enferma. Pero esa época es también la de las numerosas y prolongadas hospitalizaciones de Julia. Este tránsito hay que registrarlo con cautela y minuciosidad, cosa a lo que quizás contribuya la inminente publicación de las “Cartas a Consuelo”.
    Nos horrorizó al leerlo por primera vez y nos horroriza ahora otra vez: Torres Santiago llega al extremo de citar una entrevista que hizo a Isabel Cuchi Coll en el 1966, en la que según él, ella le contaba “de eminentes poetas e intelectuales que se aprovechaban de Julia de Burgos en su alcoholismo usándola de pareja sexual para después del pasajero affair abandonarla con una botella de licor que le dejaban” (157). Aquí se está hablando sin recato ni propiedad alguna de violaciones que realizaban “eminentes poetas e intelectuales”. ¡Cuánto me gustaría saber sus nombres, si esto fuera cierto, para borrarlos del santoral de las letras puertorriqueñas como Josefina Rivera de Álvarez borró a Cuchi Coll!
    Horror mayor aun que este me causa comprobar que este libro, que pretende, después de llamar borracha (“dipsómana”, “alcohólica”) y puta (“promiscua” que practica el “amor libre”) a Julia cien veces, erigirse como un homenaje, vaya a parar a manos de maestros y estudiantes con sus falacias y disparates, y con una base tan nociva y funesta como es la construcción y la edificación de esa fatalidad que tanto aborrecía Hostos. Porque este libro se construye sobre la premisa de la predestinación y el fatalismo. Según él, el incesto sobre Julia prefiguró su destino, como también lo predeterminó el hecho de nacer en el 1914, año de la Primera Guerra Mundial, y de que sus padres se mudaran de casa, lo que la hizo nómada y “homeless”. Conforme a esta visión se construye la idea inadecuada y torcida de la Julia “maldita”.
    La Julia que atesoramos los demás es producto, según Josemanuel, de su victimización continua. No hay espacio entonces para atribuirle a Julia autogestión, autodeterminación, esa voluntad fuerte de resistirse y combatir “con la tea en la mano”, esa obra creativa que asombró a tantos por su fuerza y su belleza. Esa convicción de afirmarse como mujer en la plenitud de derechos y de embestir al machismo y la opresión, tanto social y de género como la política, anticolonial, antifascita, nacionalista y socialista.
    A todo lo largo del 2014, hasta hace solo unas semanas, intentamos publicar artículos y notas en un semanario afín a nuestras ideas sobre el Simposio de Humacao. Un Simposio en el que colaboraron más de medio centenar de escritores de Puerto Rico y del extranjero de la altura de Luis Rafael Sánchez*, Mercedes López Baralt, la dominicana Chiqui Vicioso, la cubana Yolanda Ricardo, el español editor de Julia, Juan Varela Portas, y tantos más. El
semanario no nos dio una sola oportunidad en un año. Publicó en la semana del simposio que Idalia se presentaría en Humacao, punto. Muchos otros medios del país, comerciales, no políticamente afines, sintieron el llamado del país por Julia y publicaron muchísimas cosas. Solo el semanario guardó silencio renuente. Finalmente, terminado un Simposio al que acudió un público tan masivo que muchos no hallaron entrada al teatro, el semanario publica nuevamente sobre el libro de Josemanuel, reseñado hace meses en sus páginas por un columnista habitual en términos muy elogiosos, pero esta vez, el prólogo de Martínez Masdeu en el que se señalan sus horrorosas virtudes. Eso rompió nuestra templanza, cosa de lo que nos disculpamos al principio, pero no de toda la verdad aquí descrita.
    Si nosotros faltamos a la verdad en nuestro juicio de este libro, que se nos explique, que se nos ilumine. Háganos el favor de enseñarnos, compañeros y compañeras del semanario, los editores del libro, los guajanos guardianes. Si es cierto que Julia fue víctima de incesto, que se nos diga dónde está la prueba. Si es cierto que Julia fue Secretaria de Albizu o que atacó al Capitolio que se nos pruebe. Pero aún así el libro será culpable de su fatalismo reaccionario, y antirrevolucionario. Y la Julia de sus páginas carecerá de todo esa “hembría insurgente” –palabras de Luis Rafael Sánchez– que generó la grandeza de su obra y de la admiración de tantos. De esa multitud que acudió al histórico Simposio celebrado en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, y la que no pudo acudir pero la guarda en el guardapelo de sus querencias entrañables. La Julia de Ánjelamaría Dávila y la Juanito Sáez Burgos. La Julia de la Comisión Nacional del Centenario. Esa Julia, para nosotros, no tiene mancha, ni tiene muerte: la “llamarán poeta” no tiene fin: es puro futuro.

-------------




*Sánchez no pudo finalmente asistir, pero aceptó hacerlo, nos alentó y nos dio el nombre del Simposio.      
  
 

lunes, 19 de enero de 2015

sábado, 17 de enero de 2015

Charlie HEBDO, 80 Grados, la Fundación de Nuevo Periodismo: LOS LOCOS SOMOS OTRO COSMOS


Charlie HEBDO, 
80 Grados, 
la Fundación de Nuevo Periodismo: 
LOS LOCOS SOMOS OTRO COSMOS



http://www.80grados.net/charlie-hebdo-galeria-de-imagenes/#disqus_thread

Me duele que 80 GRADOS y la Fundación de Nuevo Periodismo que fundó García Márquez publique una declaración tan simplona y acrítica como esta.

¿Quién dice que hay derecho a la burla? Esa cosa que hoy día se censura como "bullying"?

Una cosa es el elogio de la risa y el humor, y otra la humillación o el reírse de las ideas y modos ajenos.
Una cosa es la sátira contra los poderosos y otra la sátira contra la gente común, los desposeídos de la tierra, los oprimidos, las minorías, los esclavos, los negros, los spicks puertorriqueños.

¡De Galileo se rieron tanto! De Colón y del Buendìa que descubrió que el mundo era redondo. De Darwin.

En el mundo que vivimos la inmensa mayoría de los medios reproducen una ideología prepagada y dirigida desde el poder.


La cultura demuestra que la humanidad consiste de modos infinitos, y que en esa infinitud de maneras de la otredad está la riqueza de la condición humana y la relatividad del ser.

¿Alguien leyó "LOS LOCOS SOMOS OTRO COSMOS" de OSCAR DE LA BORBOLLA?

¡No, no es, no puede ser tan fácil andar de la mano de un imperialista como Hollande, Netanyahu, Cameron, el presidente de Ucrania, Obama, etc. !!  Así se linchan negros en Alabama y se destruyen con bombas países enteros en el medio oriente.
Voltaire, lo que quiso decir con "Los VIAJES DE GULLIVER", ES QUE LA CULTURA ES RELATIVA Y LOS MODOS HUMANOS DE SER SON INFINITOS. Y LOS VALORES, Y EL LENGUAJE Y LAS SEÑAS, Y LAS MANERAS DE HACER PAN, Y DE COMER, Y DE AMAR, Y DE MIRAR EL HIELO O EL BOSQUE, DE CANTAR O DE BAILAR, DE ADORAR AL DIOS QUE SEA.

DEJEN LIBRE A MARCO POLO Y GALILEO, POR FAVOR.

LA CARICATURA NO FUE LO QUE HIZO DARWIN, NI GALILEO NI MARCO POLO, SINO LO QUE HABÍA EN LA MENTE DE LOS QUE LOS ENCARCELARON, QUE SON LOS MISMOS PODEROSOS DE LA EUROPA IMPERIALISTA QUE BOMBARDEA Y DESTRUYE PAÍSES A SU PLACER.

¡Cómo se burlaron de Mandela, de Ghandi, de Albizu encarcelados !! 
¡Cómo se burlaron de Chávez, y se burlan de Fidel  los mismo que vendían en Europa colitas de pelo de chinos descabezados a principios de siglo XX!!

Marcos
Reyes Dávila


¡Albizu seas!
 

domingo, 11 de enero de 2015

Hostos, hombre de todos los eneros

Hostos,
Hombre De Todos Los ENEROS




La noche del   28 de abril de 1875, con 36 años de edad, Eugenio María de Hostos vive uno de los momentos más intensos de su vida. Es su último día en Nueva York, pues parte al día siguiente a la manigua cubana como parte de una expedición y con el propósito de luchar con las armas en mano por la independencia de las Antillas: Cuba y Puerto Rico. Pasa, pues, el día escribiendo cartas a familiares y amigos, y hace una relación de sus impresos y escritos. La razón es evidente. Martí hizo lo mismo cuando se disponía a ir a Cuba con una pistola en mano veinte años más tarde. Ambos enfrentaban la posibilidad de la muerte. 
    La dramática escena que refiero aparece en términos templados y sobrios en las páginas de su Diario (“Obras completas”, II, págs. 208). Hostos nunca llegó a Cuba: el bergantín naufragó a los pocos días. Pero en ese momento, y en otras ocasiones en la década de los setentas, Hostos estuvo dispuesto a luchar con las armas por la libertad de cubanos y puertorriqueños. Había nacido en las montañas de Mayagüez el once de enero de 1839 y desde los trece años había sido enviado a España para hacer estudios preparatorios y universitarios. Involucrado desde la adolescencia con la vida española, no tardó en discernir el trato tiránico de Madrid contra las Antillas. Armado de las ideas liberales de la Ilustración que forjaron la federación norteamericana en el 1776, el joven Hostos quiso luchar contra la tiranía monárquica en España para convertir a las Antillas en estados de una federación hispánica. Muchos defendían esas ideas entre los españoles, pero el liderato liberal que llegó al poder en el 1868 se negó a que las Antillas participaran de ellas. Por eso Hostos rompe con sus correligionarios españoles y se va a Nueva York a fines de 1869 para luchar contra ellos con las armas. No obstante, alcanzó a defender ante el mismo jefe del gobierno a los insurrectos de Lares y de Cuba, como antes, con su novela “La peregrinación de Bayoán”, defendió la lucha de la independencia dominicana..
    Ya en Nueva York Hostos descubre que el liderato de la emigración busca la independencia de España para solicitar la anexión a Estados Unidos. Hostos nunca favoreció la anexión porque esa fórmula significa el “exterminio” de sus pueblos. La utopía más acariciada de su espíritu era construir una Confederación de las Antillas. Es por esa razón que abandona la ciudad para emprender una peregrinación por varios países de la América del Sur.
    El viaje transformó nuevamente su visión del mundo. Antes de atracar en Colombia ya se sentía hijo de Bolívar y del proyecto de la Gran Patria Latinoamericana. Estudió profundamente los países que visitó sin sentirse nunca extranjero. Allí conoció muchos pueblos y culturas, la situación política y económica de cada país y los proyectos de desarrollo. Hostos se percató, por
ejemplo, en Perú, de que el mundo colonial había sobrevivido a la revolución de independencia. Y proclamó la necesidad de realizar una segunda independencia. Defendió las poblaciones autóctonas marginadas y esclavizadas de indios, negros, chinos y cholos. En Chile defendió la igualdad absoluta de los sexos y los derechos de la mujer. Defendió proyectos inmensos como el tren trasandino que unió, en efecto, durante décadas, a Buenos Aires con Chile. Defendió la integración de los países del Cono Sur en un Mercado Común Latinoamericano, pensando en fortalecer las economías, la libertad política y la defensa común frente a los continuos ataques y acosos de las potencias imperialistas del norte. Esa visión integral del mundo latinoamericano, así como la composición de los principios que debían regir la lucha de los pueblos que aspirasen a construir pueblos libres, fueron las bases del pensamiento latinoamericanista y libertario de José Martí. Hostos es un precursor de Unasur y de la CELAC.
    El fin de la guerra de independencia en Cuba es el factor que convierte al Hostos revolucionario en uno de los cincuenta educadores más importantes en la historia de la humanidad. Hostos fue un observador tenaz, poseedor de una curiosidad infinita. En la peregrinación por los países del hemisferio sur estudió tanto la historia, como las sociedades, la organización política, la vida cultural, los latifundios, e incluso levantó datos de los recursos de producción de las diversas comunidades. Desde joven, se dedicó diariamente al estudio de su carácter. Todo ello le permitió años después crear el primer “Tratado de Sociología” latinoamericano y formular una nueva Pedagogía. Aunque en diversos países le pidieron que se quedara a enseñar, no lo hizo hasta el fin de la guerra en Cuba, ocasión en que además aceptó contraer matrimonio. En la etapa de su vida como educador invirtió veinte años: diez en la República Dominicana, donde tuvo que partir de cero y crearlo todo, y diez en Chile, donde construyeron un liceo especialmente para él en la capital, y donde pudo enseñar, entre otros  cursos, Geografía y  Derecho Constitucional. La ausencia de textos científicos para las más diversas materias, lo obligó a redactarlos él mismo. Otra de sus obras maestras fue el “Tratado de moral”.
    A pesar de que habían transcurrido ya casi veinte años desde que abandonó la lucha armada para buscar la libertad de los pueblos a través de la educación, y a pesar de haber constituido una familia con muchos hijos, una vez José Martí reinicia la guerra de independencia antillana en Cuba, Hostos vuelve a la carga. Ni siquiera el presidente de Chile pudo persuadirlo de dejar de atacar a España. Y cuando se percató de que Estados Unidos intervendría en la guerra, abandonó su trabajo y su casa y regresó a Puerto Rico. Era el 1898 y la intención de declarar a Puerto Rico botín de guerra para continuar la colonia con nuevo amo le era evidente tanto a él como a Betances.
    Hostos, que se reinventó cuando abandonó la lucha por una república federal en España para iniciar la lucha independentista con las armas, que volvió a reinventarse cuando abandonó las armas para buscar la libertad a través de la educación y la forjación de su ideal de un ser humano “completo”, se reinventa
nuevamente en el 1898 cuando pone sobre la mesa las armas del Derecho y del poder de la sociedad civil. Fundó la Liga de Patriotas para intentar despertar al pueblo de Puerto Rico de modo que reclamase su derecho a la autodeterminación, y reclamó ante la prensa internacional, el Congreso y el mismo Presidente que la posesión de Puerto Rico era una violación profunda de su propia Constitución como república. Pero los tiempos para esas ideas aun no habían llegado, y tardarían más de medio siglo en constituirse en elementos de fuerza en el planeta. Al percatarse de la inutilidad de su llamado, opta por regresar a la República Dominicana donde muere en el 1903, como maestro de maestros. Allí descansa, con fuego   eterno, en el Panteón de los Héroes de la República Dominicana.
    Hostos, hombre de todos los eneros, es la personalidad más compleja y sublime de la historia de Puerto Rico.  (2015)    



Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

(Publicado en EL NUEVO DÍA el 11 de enero de 2015, págs. 62-63.)

viernes, 9 de enero de 2015

Corretjer en la voz de Brunilda García: TIEMPO BOLÍVAR

Poema: Tiempo Bolívar Autor: Juan Antonio Corretjer Música: Brunilda E. García y Carlos Lazarte. La interpretación es de la Compañía músico teatral Cimarrón...

sábado, 3 de enero de 2015

Las caras de Julia



Las caras de JULIA 
         de Dennis Mario
            Por Marcos Reyes Dávila, Coordinador del Simposio


Con fecha de marzo de 1996 aparecen publicadas en la revista “A Propósito”,
que dirigía Beatriz Navia desde Ponce, los tres rostros de Julia que componen un tríptico del músico-pintor, artista, Dennis Mario. Ampliamente conocido por su obra monumental “Don Pedro y los pitirres” que se exhibe en su Museo sin Techo en una pared de la calle San Sebastián del Viejo San Juan, Dennis Mario es quizás, como Hostos, un “ilustre desconocido”. Ilustre porque todos conocen su celebrísimo Don Pedro y otras obras suyas de gran impacto. Pero pocos quizás conocen a su autor, muy poco dado a entrar en los grandes salones con bombos y platillos, un poco huidizo y anarquista, un rebelde absolutamente refractario al halago vacío y la prensa amarilla. Dennis Mario es un artista comprometido hasta el hueso con las causas más urgentes de los pueblos. Es un músico “cromático”, pero también un pintor “affannoso”.

    Las imágenes de Julia de Burgos de Dennis Mario las conocí ese mismo año del 96, en la revista de Navia, y jamás las olvidé. A pesar de que Julia es un motivo frecuentado por la plástica puertorriqueña, son simplemente impactantes. En este año de su centenario hemos visto una infinidad de obras de muy diversos autores, aunque no abundan las imágenes fotográficas. La preferida parece ser una foto de estudio tomada en Nueva York en la que Julia coloca su mano sobre el rostro y abre como plumas de ave los dedos meñique y anular de su mano izquierda. 


    Algunos artistas han ilustrado libros, poemas y versos de Julia, casi siempre atada al agua de su río o del mar de sus amores y sus distancias. En otros países también se ha trabajado el tema de Julia, y con otras artes, como la escultura y la música. José Manuel Sánchez-Darro Pérez, por ejemplo, es un pintor y escultor español que traerá obras inspiradas en Julia a una exposición que formará parte del Simposio “Me llamarán poeta - Julia de Burgos”, simposio
que se celebrará en la Universidad de Puerto Rico en Humacao en la primera semana de febrero de 2015. Las obras se exhibirán en el Museo Casa Roig.


    Rafy Trelles, puertorriqueño, ha realizado, para el cartel oficial de la Comisión Nacional del Centenario, una hermosísima obra a plumilla del retrato de Julia rodeada de esas esferas celestiales que sugieren aquella sinfonía de estrellas de la que hablaban los antiguos. A través de esa obra, Julia, celestiada de azul, se convierte en el émulo de una de esas figuras de los mitos clásicos que pusieron nombre a las constelaciones del cielo como Perseo y Orión. La obra de Trelles, más que metáfora, es encarnación de la poesía misma. Elizam Escobar ha producido varias obras impresionantes para una antología preparada por Judy García Allende y publicada por Ediciones SM.


    Dennis Mario optó por una visión quizás inversa a la de Trelles y marginal a las de Escobar. Menos etérea y celestial que la de Trelles, pero más encarnada y más telúrica. Ante los intentos de plasmar contenidos cerrados y específicos de Escobar, la relación de tres imágenes totalmente diferentes en la línea del dibujo, el color y la expresión, pero interrelacionadas e interdependientes, ofrecen la visión de una Julia más compleja, quizás fragmentada sin perder su organicidad, quizás conflictiva consigo misma, quizás realizada de maneras diferentes a lo largo de su corta vida. El tríptico, de 1992, se exhibió en el Congreso del Ateneo de ese año, dedicado a Julia de Burgos. Por esa multiplicidad de julias, y por el vínculo que une de esta manera a este simposio con el Congreso del Ateneo de 1992, hemos elegido como imagen oficial para el Simposio del 2015 el tríptico de Dennis Mario.


    La primera y la segunda julia de Dennis Mario, si leemos el tríptico de izquierda a derecha –como debe hacerse, pues cada pieza incluye una porción del nombre de la poeta– están en agudo contrapunto. La primera Julia, es la más afín a la conocida criatura del agua. Versos alusivos al poema “Río Grande de Loíza” aparecen al pie de la imagen, casi de color natural, pero rosada. La expresión sonriente y la mirada elusiva, le añaden algo de complacencia a una figura que sugiere evocación y ensueño, deseo y esperanza, en una Julia joven, pero dueña de sí. 


    La segunda imagen sorprende por el tono blanco de la piel. La línea de expresión del rostro es grave, adolorida, a tono con el rojizo colocado en los ojos, fácilmente vinculable al corazón tatuado en la frente, sobre el ojo izquierdo. Afloran signos de negritud en el semblante adusto, austero, como si esta Julia fuera la imagen de una negra albina. Es una imagen de severidad y desafío, claramente contestataria, presta a la batalla en su palidez de luna. No es lucha del que odia, sino la lucha de quien ama.


    La tercera imagen es ya el mito redimido. Pura encarnación de anaranjados muy saturados. La segunda Julia miraba desafiante hacia adelante. La tercera, como la segunda mira al vacío. La esperanza y la complacencia del primer rostro ha desaparecido, así como severidad beligerante del segundo. El rostro de esta Julia, a pesar de la encarnación, luce en paz, como quien remonta en los espacios insondables de la mente el camino recorrido y, desde la paz, las tormentas vividas. Es la Julia postrera acuñada en la eternidad. Hija del sol. Y ardiente.


    Dennis Mario nos ofrece tres lecturas nuevas, no arrimadas a las imágenes consabidas y trilladas. La selección del tríptico de Dennis Mario como representación del Simposio “Me llamarán poeta” pretende comunicar que Julia no es reducible a la imagen de víctima que se propaga popularmente. Mas a ninguna otra, tampoco. Que se trata de una Julia múltiple y enriquecida. Julia fue una mujer de profundas raíces y convicciones inclaudicables. Y aunque el tríptico habla de “tres tiempos”, el sentido de estos no debe reducirse al tiempo cronológico sino a una triple naturaleza, o quizás al
tránsito del paraíso al infierno, inverso a “La divina comedia” de Dante, pues Julia, más que llevada y traída, agenció su propia ruta –tal como lo proclamó en sus versos–,  y su destino fue asumido por voluntad propia. 


    Julia sí fue esa mujer de ensoñación en su juventud temprana, ensoñación que le permitió vivir toda su vida en una dimensión al margen de la cotidianidad rústica; que evolucionó con el corazón en la mano hacia el amor, tanto por la libertad de su pueblo como de todos los seres humanos, por igual, sin distinción de razas, nacionalidad, y por encima de los géneros; que amó intensamente como podía hacerlo una mujer que se atrevió a ser libre a pesar de piedras e injurias, y que se expresó en versos que vuelan como colibríes, y que a veces queman y se graban, entrañables, en la sensibilidad de públicos inmensos. 

 
    En la selección de textos incorporados a las imágenes convergen, en cierta manera, Trelles y Mario. Trelles cita el verso que dice: “¿Cómo podrán callarme / cuando todos los ecos del universo sean / sinfonías en mi frente?”; Mario, en cambio, cita el verso que dice: “Estarás en las ramas del universo entero.” Cielo en la tierra o tierra en el cielo. Es que por donde pasa Julia, se revuelven siempre tanto las palomas como las estrellas.



MRD
Este artículo se publicó el sábado 3 de enero de 2015 en El Nuevo Día, págs. 60-61.

     

jueves, 1 de enero de 2015

Todo llevará su nombre



“Todo llevará su nombre” 
de Fermín Goñi: 
               bueno, no todo.

 

Una vez supe, gracias a María Zamparelli, que Fermín Goñi, periodista español primero, según parece, y novelista después, presentaría en Puerto Rico, hace unos días apenas, una novela titulada “Todo llevará su nombre”, sobre los últimos días de Bolívar, no pude resistir la tentación que el Libertador me provoca siempre, y la pedí como regalo navideño.
            La novela, de unas doscientas páginas, está publicada por Rocaeditorial, de Barcelona, 2014, y tiene por portada la imagen de un león moribundo y sufriente, pues tiene una lanza enterrada en un costado. Se trata de una escultura del siglo XIX que se exhibe al aire libre en Lucerna, en homenaje a los caídos.    
    Aparte del tema del Libertador, me sedujo el título, para mí, tomado de un poema de Pablo Neruda, “Un canto para Bolívar”. Según Goñi, sin embargo, la expresión es de Marcelo Sierra, pronunciada cuando se develó en Nueva York la estatua ecuestre de Bolívar en el 1921. Sierra era descendiente de los músicos que tocaron en el funeral de Bolívar.
    No he de decir que la novela carece de interés. Su primera dificultad es la de ocuparse del triste derrotero de esos últimos días del Libertador moribundo que noveló, magistralmente, Gabriel García Márquez en la novela “El general en su laberinto”. La segunda dificultad es que Goñi no ha podido desprenderse de los modos como un periodista toma y refiere la información.
    La novela se construye dentro de la cronología, seguida al día a día, de la agonía de Bolívar. En algún momento casi desaparece, pues el Libertador apenas hace o dice nada, de modo que el espacio lo ocupan los personajes que lo acompañan. Estos se refieren a diversas anécdotas y momentos de la vida luminosa y heroica del Libertador, a menudo a instancias del médico francés, Reverend, que lo asiste, puesto que no ha sido testigo de sus hazañas. Sin embargo, estos momentos no pueden desplazar del primer plano los horrores de la agonía, de modo que luzca, como prometen lo editores en la contratapa, la “novela triunfal”, el retrato de “la figura imponente del gran general”. Ese propósito, a mi juicio, al que se refiere precisamente el título, queda fallido. Y justamente eso quería.
    Fíjese el lector si esto es así, que la novela refiere de manera minuciosa el examen post mortem del cuerpo sin vida de Bolívar y su embalsamamiento, incluyendo “el manantial de pus marrón” de su pulmón derecho.
    Hay varias referencias a Puerto Rico, pues, como es sabido, estuvo entre los proyectos no realizados de Bolívar, liberar de la tiranía colonial monárquica a las Antillas. La novela incluye varios momentos posteriores, de 1842, 1921, un colofón, el inventario de sus bienes que se hizo en el 1830, y las subastas de los herederos. En el de 1921, referente a la estatua develada en Central Park en presencia del presidente Harding, este habla del “destino manifiesto”, de una unión de las américas que el imperialismo del norte hace imposible y que nunca se puede confundir con la utopía de la Gran Patria Latinoamericana, la de la América Nuestra que no incluye al minotauro del norte, y de la lealtad latinoamericana a su bandera que, según el presidente, es el caso del Puerto Rico colonial. Mucho me hubiera gustado que esa información se refiriese de otra manera.
    Yo, sin querer colocarme como ejemplo para otros, no me hubiera atrevido a tratar el mismo asunto que trató antes García Márquez. Aun cuando “El general en su laberinto” no sea su mejor novela, el nóbel colombiano es genial siempre. La novela de Goñi no pasa de ser, considerada de este modo, un anexo suyo.  


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015


lunes, 29 de diciembre de 2014

La importancia de llamarse LUIS RAFAEL SÁNCHEZ



A propósito del Simposio dedicado a Julia de Burgos

La importancia de llamarse 

Luis Rafael Sánchez   



No sé si al pensarlos juntos –a Luis Rafael Sánchez y a Julia de Burgos– me suena del corazón al cielo un sublime vals de aniversario o la música de las esferas celestiales de Pitágoras.

    Luis Rafael Sánchez, el escritor egregio que congrega entre su corazón y su escritorio una central azucarera para procesar y refinar palabras, no se olvidó –no podía olvidarse– de celebrar el centenario de Julia de Burgos, y justo en la víspera, el 16 de febrero de 2014, para mayor impacto, en las páginas de El Nuevo Día, con un título que no podía tener más propósito: “Me llamarán poeta”. Recordamos que varios años antes, poco antes de comenzar nuestro simposio de 2007 dedicado a Guajana y la Generación del Sesenta, Luis Rafael Sánchez publicó también un artículo en homenaje a esa generación tan afín en varios sentidos a sí mismo. Ese espaldarazo, como de quíntuples, me hizo pensar en la importancia de llamarse Luis Rafael Sánchez.  


    En su columna sobre Julia, Luis Rafael disolvió, acaso con jarabe de palo, su reticencia contra los que “dan pie a desembuchar cuanto mucho importa al chisme literario y nada al hecho literario”. A su juicio, “dichas noticias inciden en el disparate al equiparar el desamparo íntimo y el genio póetico”. (Igual desatino expresó Pedro Mir al escribir sobre su Julia “sin lágrimas”.) 


    Y es que tanto Mir como Luis Rafael Sánchez parecen celebrar, ante todo, la “hembría insurgente” de Julia –como dice este último–, inclinado, por completo, del lado de aquellos que “festejan la poesía del amor que se vive sin tregua y sin disculpa, enroscada en los labios de quienes guerrean contra lo injusto y lo inhumano”. La poesía del amor –repito– que se vive sin tregua y sin disculpa –subrayamos–, es una exacta, feliz y luminosa interpretación de la vida y obra de Julia. 


    Luis Rafael Sánchez es el escritor puertorriqueño de obra más trascendente y de mayor proyección universal. Lo conocí apenas entré en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Pioedras, cuando participaba en un foro de notables cuentistas entre los que estaban René Marqués, Abelardo Díaz Alfaro y él. En realidad, solo guardo el recuerdo de René y de Luis Rafael. De René, porque la fama de “La carreta” me carreteaba desde mis años escolares y, en esa ocasión del foro, no paraba de mover sus piernas. De Luis Rafael, porque a todos asombra su pronunciación perfecta y su dominio del lenguaje. Esa proyección de figura cenital que debe tener tanto de innata como de nonata, pues Sánchez es un dedicadísimo trabajador de orfebrería.       


En mi segundo año universitario tuve la oportunidad de tomar con Luis Rafael un curso de Literatura Española en el que no fui tan exitoso como deseaba. En cambio, secretamente, tomaba simultáneamente un curso que en mi imaginación llamaba “Luis Rafael Sánchez”. En ese curso su pupilo obtuvo A, aunque Luis Rafael no lo haya sabido nunca.

    Por todas estas razones le habíamos pedido a Luis Rafael Sánchez una participación en la Apertura del Simposio internacional “Me llamarán poeta - Julia de Burgos” que se celebrará en la Universidad de Puerto Rico en Humacao del 4 al 6 de febrero. Para nuestro júbilo, Luis Rafael aceptó, gustoso. Sin embargo, recientemente, me llamó para anunciarme, con pesar evidente, que no podría cumplir con el compromiso.


     Algunas ausencias delatan demasiada presencia. De modo que, habiendo anunciado a Luis Rafael Sánchez, entendemos necesario anunciar ahora su ausencia, por ser demasiado ostensible como para pretender que pase desapercibida, y para evitar desconciertos y desilusiones. 


        De todos modos, celebramos la puerta al recuerdo que nos abrió Luis Rafael, nuestro candidato al Premio Cervantes. Recuerdo que enaltece el alma porque, como dice Sánchez, “sentimos” a Julia, y “nos deslumbra su universo hecho de verso”.
                             

Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

Related Posts with Thumbnails