miércoles, 1 de julio de 2015

Crisis del Neoliberalismo en PUERTO RICO


La CRISIS CREADA POR EL 
                              NEOLIBERALISMO
--Aliado de la Corrupción 
de los empresaurios del gobierno colonial--
en Puerto Rico (Made in USA)







“Hemos creado un país en el que no quieren vivir nuestros hijos, que se van por miles.”
http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/quererespoder-columna-2067126/
 


¡¡FRASE TERRIBLE ESA !!
Pero VERDADERA: ES UN PAÍS QUE NO QUEREMOS VIVIR NOSOTROS PORQUE EN EL FONDO ES SOLO EXPLOTACIÓN, PILLAJE Y ESCLAVITUD:
CAPITALISMO CRUDO!


EUROPA ARDE DE IRA PORQUE GRECIA CONSULTA AL PUEBLO GRIEGO...

¿¿ Y POR QUÉ NO CONSULTAMOS AL PUEBLO DE PUERTO RICO
SI QUIERE MÁS IMPUESTOS,
DESPIDOS,
REDUCCCIONES DE SALARIOS
Y DEL RETIRO DE ANCIANOS,
POBREZA EN LAS CALLES,
EXILIO !!!!!!!!!!!????



http://www.telesurtv.net/opinion/No-a-la-imposicion-de-la-Troika-solidaridad-con-el-pueblo-griego-20150630-0040.html

martes, 16 de junio de 2015

Cervantes: La figura en el tapiz

En su aniversario cuatrocientos


Hablando de “Cervantes:
“La figura en el tapiz”

de Jorge García López

 

La historia de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” es un tema preferido de la cultura no solo hispana, sino mundial. Se acuñan baratijas con su efigie en Taiwán y en todas partes. Mas es, como Hostos para la inmensa mayoría, “un ilustre desconocido” a quien todos creen conocer pero pocos han leído.

Me dio curiosidad este año regresar a sus andanzas y decires, y deseo de volver a él, pues celebramos un nuevo centenario –el cuarto– de la publicación de la segunda parte (1615). Quise buscar una nueva biografía y escogí la publicada justamente este año por Jorge García López titulada “Cervantes: la figura en el tapiz” (Barcelona: Pasado y Presente, 2015, 282 págs.).
                   
Durante mi estancia de estudios graduados en la UNAM a principios de los setentas –seguramente en el 74–, un ruso de nombre Ludovic Osterc ofrecía un curso sobre el Quijote en el que me matriculé, y para el que preparé una monografía sobre el pensamiento político y social en “El Quijote”, si no recuerdo mal, tema que precisamente entonces trabajaba Osterc, y que tuvo como producto un libro que salió publicado muy poco después (1975). Recuerdo la larga y dificultosa, pero absorbente, lectura, y la tarde en que Alonso Quijano se me murió ante los ojos y en mis brazos... “Para mí sola nació don Quijote, y yo para él”, dice en su párrafo final, en la edición de Ramón Sopena repleta de grabados, particularmente, los fascinantes de Gustavo Doré. He sentido el deseo urgente de decir lo mismo en más de una ocasión, y he hecho mías las palabras citadas.  Me propongo releer “El Quijote” este año, pero ahora en la reciente edición de la Real Academia de la Lengua.

El libro de García López me interesó cuando advertí en la descripción el
enfoque privilegiado que hace al respecto de las diferentes versiones del humanismo que corrieron, metamorfeándose, a lo largo de los siglos de oro. García López insiste en explicar que el humanismo de comienzos del XVII es muy diferente de humanismo del Renacimiento, y no puede reducirse a Erasmo y Lutero. Ese fue parte de mi enfoque en aquella monografía inspirada en mis lecturas de estética marxista, pues tomaba además un curso con Adolfo Sánchez Vázquez, aunque desconocía entonces esta distinción entre el humanismo de un siglo y del otro. Pero ello no me impidió ver cómo en “El Quijote” Cervantes hace una crítica profunda de la España de inicios de siglo, conservadora y corrupta, a la luz de unas ideas –utópicas, por lo radicales– que me parecían revolucionarias. Siempre me pareció extraño, y relevante, el episodio al final de la segunda parte, cuando don Quijote se topa y convive con los bandoleros de la región de Barcelona liderados por Roque Guinart. Nunca comprendí por qué don Quijote, que se caracterizó por hacer justicia y desfacer entuertos, no la emprende contra el bandolero sino que, por el contrario, se siente acogido y a gusto en su compañía. Ello me movió a especular que Cervantes, que sí la emprende decidida y claramente contra el aparato estatal monárquico, la aristocracia y la iglesia institucional, simpatiza con una revolución social de hondo calado y compleja estructura utópica. No he encontrado ninguna explicación satisfactoria en la obra crítica sobre el episodio de Roque, que imagino que debe existir. Pero en los textos consultados, incluyendo este libro de García López, el episodio se mantiene entre la sombra y el silencio.

    Jorge García López es profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Girona, especialista en la literatura medieval y de los siglos de oro. Un cervantista muy leído, erudito, y un estudioso de Borges, entre muchas otras cosas. El libro se divide en siete partes determinadas, en principio, cronológicamente, más un anexo sobre la estética cervantista, un comentario bibliográfico de cada parte y un índice de nombres. En la introducción comienza por sus últimas días, cosa que al final nos sorprende no hallar. Pero es que a juicio de García López sus últimas decisiones iluminan la obra entera, los secretos de su entero discurrir. La clave la activa un joven que se encuentra en el camino y lo llama “el regocijo de las musas”, expresión que hace que Cervantes crea que su obra es leída como pura comedia que oculta o vela la intención audaz de su ironía y sus parodias. De allí García López parte a exponer los mitos construidos en torno a un vivir demasiado oscurecido por silencios, por la falta de información acerca de su juventud, su educación, y los años que pasó tras la época de madurez en que ocupó diversos puestos para la corona tras la publicación de la primera parte de “El Quijote”, y producto de pretender tomar por alusiones biográficas algunos sucesos y expresiones de la obra de ficción. De modo que el libro de García López se propone corregir especulaciones tomadas por ciertas, tal como ocurre con el famoso cuadro que se cree es un retrato de su época, y en realidad se trata de una pintura de principios del siglo XX. Es decir, que no hay otro retrato de Cervantes que no sea el hecho verbalmente por él mismo y otros por el estilo. En las rectificaciones, García López la emprende contra figuras principales como Unamuno y Américo Castro. No hay referencia, sin embargo, a José Antonio Maravall, autor de mi predilección que introduce en lengua española eso que conocemos como “historia de las ideas”, y autor del libro “Utopía y contrautopía en ‘El Quijote’” (Madrid: Visor-Libros, 2006, 250 págs.), libro de 1976, pero revisado por el autor que murió en el 1986. Para lograr esto, García López hace un estudio erudito de las fuentes bibliográficas e ideológicas de los siglos de oro, ciñéndose a la cronología, y ciñéndose a la documentación incontrovertible existente y consultable. Ni siquiera se permite el autor juzgar al autor por lo que “piensa” o expresa de sí mismo (25).

García López explora bastante la infancia de Cervantes y el contexto familiar y comunitario en el nace. Colige que la fecha exacta de nacimiento pudiera ser el 29 de septiembre de 1547, puesto que conforme a la costumbre, ese es el día de san Miguel. Descarta que pueda tomarse con certidumbre que hubiese estudiado con los jesuitas, explica lo que significaba ser entonces un cirujano, ocupación de su padre, y repasa lo que era entonces la corte peregrina de la España imperial de Felipe II. Cervantes demuestra su temprana afición por las letras, puesto que hay ya obra –un soneto– a su nombre de 1567. Además, García López estima con certeza que en el caso de Cervantes no puede hablarse de un autor “lego” o autodidacta, puesto que salta a la vista desde su juventud que tiene una formación cultivada. Destaca la aportación que en ello hubiese podido realizar Juan López de Hoyos, quien le pide a Cervantes poco después, hablándole con familiaridad y afecto, varios versos para una publicación de la Corte. López de Hoyos era rector del Estudio de la Villa de Madrid que preparaba los alumnos para la educación universitaria.

Abruptamente, no obstante, Cervantes aparece en la navidad de 1569 en Roma y Nápoles, cuna y centro de la cultura humanística y renacentística donde estará al servicio de un cardenal, y donde se enrolará poco después en la milicia mediterránea (“los tercios”, 1571), desde la cual participará en la batalla de Lepanto contra los turcos, y a propósito de la cual, como resultado de acciones heroicas, resultará herido de tres tiros de arcabuz y perderá el uso de su mano izquierda. Luego de una prolongada convalecencia en Messina, Cervantes intentará regresar a España para pedir a la corona nombramiento en reconocimiento de su servicio, y es entonces que será apresado en alta mar y llevado a Argel como cautivo de alta categoría, para pedir rescate.   Entonces se inicia su largo infierno en el cual logrará sobrevivir a pesar de intentar fugarse en cuatro ocasiones (1575-80). Una vez la familia conoce de esto, toda ella toma parte en reunir el dinero necesario, hecho que no culmina hasta el año 1580.

García López nos cuenta que Cervantes quiso ser antes que nada dramaturgo. Su amor a las tablas está presente desde su juventud. Pero no logró destacarse en un mundo dominado por el arte nuevo de hacer comedias de Lope de Vega, y el desarrollo técnico que toma impulso con las nuevos corrales que se construyen durante los años de cautiverio de Cervantes. No obstante, García López va a destacar en la obra de Cervantes parte considerable de ese teatro, y particularmente los entremeses. Estos, junto a las "Novelas ejemplares" y "El Quijote", constituyen el grueso innovador de la obra cervantina.

    Mas a Cervantes lo acecha además la necesidad de trabajar para vivir. Las concesiones que obtiene de la corona lo obligan a vivir en los caminos como recaudar de impuestos, comisario del rey y juez ejecutor. La proliferación de documentos que implican sus labores, permite seguirle la pista a Cervantes en esta época. Esa andanza le hará factible trabajar piezas menores, pero no la novela, que tendrá que esperar su momento. No obstante, esa vida por todo el centro castellano y el sur andaluz lo pondrá en contacto con innumerables experiencias y personajes que poblarán las obras por venir. Además, vendrá su casamiento con Catalina Palacios, su residencia establecida en Esquivias, entre Toledo y Madrid.

    Según García López, Cervantes va planteándose problemas estéticos que resuelve de manera inesperada a partir de esas obras menores, los entremeses y las novelas ejemplares que va cuajando. Es tesis de mucha probabilidad, que el mismo Quijote tuviera su origen como novela corta ejemplar. A fin de cuentas, la primera parte está preñada de varias de ellas. Lo que le falló a Cervantes fue el marco literario envolvente, pues este se convirtió inesperadamente en el atractivo principal del texto, efecto que evitó y resolvió en la novela de 1615. La mayor parte del análisis sobre Cervantes de García López se nutre, más que del propio "Quijote", de los entremeses, las comedias y las novelas ejemplares. 


Hay demasiadas repeticiones, y a la luz de mi pobre juicio, algunas contradicciones. Por ejemplo, en la página 183 García López dice que “‘El Quijote’ no está influido por Erasmo”, pero añade en la misma oración, inmediatamente, lo siguiente: “pero es sin duda algo muy parecido a lo que soñaron humanistas como Erasmo o Juan Luis Vives”. De igual modo señala que la vida de Cervantes “fue de lo más normal en la época, ni heroica, ni mostrenca”, para declarar inmediatamente después que sí “tuvo momentos de heroicidad en la juventud, sin duda, en Lepanto y durante su cautiverio” (245).  ¿Entonces?
    García López apunta a que Cervantes descubre al final de su vida un tema inédito: la fama, y también un nuevo personaje: él mismo. Son múltiples sus ensayos estéticos, nos dice. Va del “somnium” humanista, la sátira menipea, la novela picaresca, la novela italiana, la novela corta de apotegmas, el realismo literario a través del uso de procedimientos dramáticos, la ironía, el “neocinismo” y la parodia. Todo palidece, a su juicio, ante la majestuosidad del nuevo Quijote que sale en noviembre del 1615. La supresión de novelas intercaladas permiten desarrollar la complejidad sicológica y pasar del terreno de la comicidad a la melancolía y la tragedia.

    García López había opinado en la introducción del libro que la obra de Cervantes es “una respuesta extraordinaria a los retos del humanismo finisecular del último Quinientos” (22), es decir, que se erige en burla del humanismo de Erasmo de Rotterdam por considerarlo un conjunto de “dogmas inútiles” (150). Para García López el barroco del siglo 17 es, lejos de la alegada “palabrería hueca”  un “humanismo de nueva planta, menos inocente, más científico y riguroso”.

    Sin poder hacer juicios de tal calado, alcancé a ver en mi monografía sobre Cervantes de hace 40 años una novela en la que se hacía la crítica del mundo social ante sus ojos a la luz de las aspiraciones y las utopías forjadas al calor del renacimiento, tanto a través de las alegadas locuras del Quijote, como de las también alegadas simplezas de Sancho. El gobierno de Sancho es inaudito, y virtuoso, a pesar de carecer Sancho por completo de sangre noble, aristócrata, y a pesar de ser el más simple villano. Los nobles, en cambio, son corruptos de alma. El bandolero Roque usa las armas contra la monarquía para hacer justicia a la gente común.

    ¡Qué extraordinario es “El Quijote”! Feliz cumpleaños.


                                                                                                                             Marcos
                                                                                                                             Reyes Dávila
                                                                                                                             ¡Albizu seas!
  




   
           

sábado, 13 de junio de 2015

"El tren pasa primero" de Elena Poniatowska



Para llorar de gozo

en un Tren de México:
Elena Poniatowska
 


Para Maru y Rubén Alvarado,
y en el entrañable recuerdo de doña Meche Fajardo, Jorge Niño y Ofelia Castillo.


No sé si a cuarenta años de distancia se puedan argumentar prejuicios a favor. Pero acabo de terminar la lectura de la novela “El tren pasa primero” (España: Punto de lectura, 2008, 553 págs) de Elena Poniatowska, Premio Cervantes, y he quedado tan conmovido como cuando murió el Quijote ante mis ojos una noche mexicana de hace casi cuarenta años. Eso a pesar de que un libro que cayó en mis manos interrumpió su lectura de súbito, una biografía de Cervantes que reseñaré en otro momento. Y es que la novela de Elena tiene tanta fuerza de unidad que nada se pierde con la interrupción.


    Conocí a Elena Poniatowska desde esa época de mi juventud, cuando era tan flaco como el rocín de don Quijote o como el Quijote mismo. (Perdón, pero me sigue interrumpiendo esa lectura.) Aparecían textos suyos en las páginas de “Excélsior” y de “Siempre”, siempre con su hermosa sonrisa, y además era la autora temeraria del libro “La noche de Tlatelolco”, tema del que se hablaba entonces en voz baja y con una seriedad que agrietaba el rostro. El recién entregado Premio Cervantes a esa Elena de apellido polaco tan extraño me la recompuso en la cabeza al verla recibirlo en Madrid con su sonrisa feliz y su deslumbrante vestido de típica señora de Oaxaca. (No sé si el estilo del vestido es de Oaxaca, pero Oaxaca aparece, como tantísimas otras comunidades, en la novela, y de inmediato recordé a Maru diciendo ese nombre de su región natal –¡hace 40 años!– para invitarme a conocerla. Rubén –véase la dedicatoria a este artículo– fue uno de los primeros en hablarme en voz baja y agrietado rostro –él tan humorista y feliz–  de la matanza de Tlatelolco.)


    Nunca monté en un tren mexicano –aunque sí esos modelos de  primo lejano
que son los del metro de Nueva York, el metro del DF, los trolebuses de ruedas metálicas, el Ave de España, o el tren guagua que tomé para llegar a Granada una noche muy larga, o el hermosísimo que me llevó a San Sebastián al norte de España–,  pero los trenes son partes de los unicornios fascinantes de mi niñez. Ya fuera el transiberiano que atraviesa los bosques de Siberia, o el trasandino que unió con cremallera, a través de los Andes, el Atlántico y el Pacífico, los trenes atraviesan mis sueños desde siempre.
    “Princesa de Polonia ” a su pesar, aunque nacida en Francia en el 1932 de madre
mexicana, la gran guerra de los cuarenta trae a Elena a México donde echa raíces de ríos profundos. En esta ocasión Elena rescata para nosotros la historia de Demetrio Vallejo, nombrado en la novela Trinidad Pineda Chiñas, auténtico oaxaqueño que a fines de los años 50 protagonizó la huelga de los ferrocarrileros que puso en jaque al gobierno corrupto del pri-eño Adolfo López Mateos. Por ello nada más, por referir desde los andenes, los rieles y las máquinas, desde el centro de las asambleas de los trabajadores, desde sus pasiones y su ignorancia, desde la fuerza de sus luchas y reivindicaciones y de sus miedos y traiciones, la novela de Elena, que de hecho entrevistó a Vallejo-Pineda en la prisión de Lecumberri, es extraordinaria. (La primera edición es de 2005.)
    Pero la novela de Poniatowska es extraordinaria por muchas otras razones. Su extraña estructura gira en el tiempo de aquí a allá como si la construyera con bloques de lego, pero sin sufrir en nada, curiosamente, su portentosa unidad y fuerza. La primera parte arranca con las incertidumbres de la víspera de la huelga que culmina victoriosa ante el propio presidente de México pasando por el acecho de los caciques asesinos. Allí se pone a la vista toda la explotación del sistema ferroviario de mano con la pasión de un personal que ama esas vías, esas locomotoras, esa vida. La segunda parte nos refiere cómo el protagonista mantiene invicta su dignidad en su larga temporada en la prisión de Lecumberri. La tercera parte se remonta a los orígenes, al niño Trinidad que emerge de la tierra y el nopal, y cómo se hace quien llega a ser movido por la pasión de saber, a impulso de su voluntad, hasta enfrentar su destino final.


    Poniatowska toma un conocimiento inusitado de los trenes, de su
funcionamiento, de su realidad histórica, vista desde el punto de vista de sus trabajadores, lo mismo que desde los andenes de los usuarios, del mundo de arrimados que viven de él, del mundo de sus sindicatos, de los “charros” corruptos –los líderes sindicales entregados a los dueños y al gobierno–, denso y complejo, tan compacto que el lector tiene la experiencia de vivirlo entre el sueño y la realidad. El lector asiste al mundo de camarillas rebeldes, los líderes auténticos, con sus fuerzas y sus flaquencias, así como asiste al universo satélite en el que ellos viven, es decir, sus comunidades, sus familias y sus mujeres. No se limita a las ciudades y la capital, pues añade numerosos espacios del campo basto y diverso del México infinito. No se limita a los años de la huelga de fines de los 50, sino que anda por los orígenes, trepa en el tren de don Porfirio, en los de los héroes de la revolución mexicana de 1910, y de toda la cadena de acontecimientos que lleva al medio siglo, y lo desborda.

    Pero lo más interesante e importante es cómo Poniatowska entra en las mentes de estos personajes nacidos en el abandono y el silencio total de una ignorancia remota como los confines del universo. Entra en sus mentes y recrea su lenguaje y su conciencia con toda esa riqueza inaudita del México de carne y hueso, ese de raíces profundas y ancestrales, ese que está muy lejos del folclore. Allí se vive una experiencia comparable solo al realismo mágico de García Márquez, pero en formas y esencia que no vienen de él, que no le deben nada a Macondo porque México tiene una fuerza primigenia de identidad única. Allí me emociono, y lloro de felicidad.

    La novela trata detalladamente aspectos interesantes de la organización y de lucha sindical. Las huelgas escalonadas –por ejemplo, dos horas más de paro cada día–, las diferencias de táctica y estretegia, la teoría comunista teñida con anarquismo, la educación sindical, la necesidad de asambleas, coordinación y preparación, la ocasión oportuna. También asoman elementos realistas-maravillosos que no dependen exclusivamente de la visión de espantos y creencias sobrenaturales, sino de cosas tan concretas como la construcción de un enorme barco de cemento que se hundió inmediamente tras la botadura con bombos y platillos en el golfo de Veracruz. 

    Leo de Juan Carlos Cena en la red:
    “Elena Poniatowska grafica como nadie toda la épica de los ferrocarrileros mexicanos. Nunca dejó estar al lado de ellos, en todas las épocas, en tiempos tormentosos y en los días calmos. Su libro no es una simple calificación descriptiva del ferrocarrilero mexicano, más bien trató de ir a buscar y graficar esa identidad. A cada paso halló lo real maravilloso de esa unidad. Como decía Julio Cortázar: lo fantástico hay que encontrarlo no saberlo. Elena fue en su búsqueda, lo encontró luego lo retrató en su obra: El tren pasa primero.” (En “Latitud Periódico”, 2014.)

    Leo en la web sobre Demetrio Vallejo:                       

    “Demetrio Vallejo fue un oaxaqueño inolvidable. Hombre de riel y luchador social, nacido en  El Espinal en 1910 con la Revolución, impulsó como presidente de la Gran Comisión Pro Aumento de Salarios la huelga ferrocarrilera que paralizó al país primero en 1958 y luego en 1959.
    “Cursó hasta el tercero de primaria y su idioma materno fue el zapoteco. Sus padres iban de Espinal a Mogoñe y párenle de contar. Allá sólo había dos opciones: trabajar en el campo o ser chícharo en la estación. Vallejo escogió el tren. Al aprender a leer en castellano, Demetrio estructuró todo un sistema de pensamiento para comprender al mundo al que quería acceder. De niño que comía quelites con huevo, como Benito Juárez, hoy tan injustamente olvidado, Demetrio Vallejo escogió la crítica, el análisis de los acontecimientos, la reflexión, la lectura, la disciplina, para volverse un hombre moderno y llegar a líder. Aprendió muy joven a razonar y se desesperó porque a la estación de tren llegaban pocos libros, y los que pedía por correspondencia le resultaban de muy difícil lectura, como el significado de plusvalía en El Capital, de Marx.
    “Aunque su base fue la cultura zapoteca, él pensaba que siempre hay una razón social y política tras los mitos y las leyendas. Nunca perdió esa cultura esencial, la de la tierra, la de su pasado prehispánico. Se supo y se declaró indígena. Pero tampoco fue eso lo que más le importó. Quería ante todo cambiar la suerte de los trabajadores, depurar el sindicalismo, acabar con los líderes vendidos. Su indignación lo sostuvo. Su indignación fue su moral. Y su amor. Amaba al ferrocarril por sobre todas las cosas.
    “Fue en el año 1958 que surge entonces, como un dirigente seccional, en su
natal Oaxaca desde donde salta al ámbito nacional a partir del Plan del Sureste y de encabezar los paros ferrocarrileros de julio y agosto de 1958, fue así como se ganó la simpatia de la mayoría de los trabajadores ferrocarrileros quenes lo eligieron como Secretario general del Sindicato Ferrocarilero (1958-1959) y está considerado como un defensor de la democracia sindical. Fue encarcelado por el gobierno del presidente Adolfo López Mateos después de romper la huelga que paralizó al país en 1959 recluyéndolo el régimen por más de once años, en el tristemente celebre Palacio de Lecumberri.
    “Después de salir de prisión fundó el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) al lado de Heberto Castillo. Otros integrantes de ese instituto político fueron el general Lázaro Cárdenas, Heriberto Jara, el escritor Carlos Fuentes y Octaviano Silva Barrera.
    “Años más tarde fue expulsado del PMT por sus ideas de liberación del pueblo en general; los puestos públicos no fueron de su interés. En 1985 resultó electo diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).
    “Pocos hombres como él, imposibles de doblegar. Once años de cárcel y una larga huelga de hambre no lo cambiaron. Murió en 1985, él, el incorruptible.
    “La novela El tren pasa primero de Elena Poniatowska narra su biografía bajo el nombre de Trinidad Pineda Chiñas.” (http://demetriovallejo.jimdo.com/sobre-demetrio-vallejo/)

    Leo de Lucía Melgar en sus “letraslibres.com”:
    “En El tren pasa primero, Elena Poniatowska combina los recursos del testimonio, la narrativa histórica y la biografía novelada para entrelazar la historia de un movimiento social con la vida pública y privada de su líder. Los hechos narrados se apegan con fidelidad a los acontecimientos históricos: la gran huelga de 1958 y la de 1959, violentamente reprimida por el gobierno; el encarcelamiento de los líderes y su liberación a principios de los años setenta. El protagonista, Trinidad Pineda Chiñas, inspirado en la figura de Demetrio Vallejo, es en cambio una creación literaria a través de la cual se explora la vida privada de un personaje público.
    “Retrato de una época y relato de una vida, El tren pasa primero explora no sólo los espacios públicos de la historia sino también ámbitos menos visibles: el mundo laboral y la vida de las mujeres; las motivaciones, relaciones familiares y amores de un líder. Si bien el entrelazamiento de historia y ficción –historia social y privada– permiten configurar a Pineda Chiñas como un personaje complejo, alejado del esquematismo o de la idealización acrítica, el atractivo de la novela reside más en su recreación de la lucha social de los ferrocarrileros que en la biografía sentimental de su líder.”


    Algunas citas:
 


“Hay que recomenzar siempre, se gana, se pierde, se gana, se pierde, se vuelve al principio.”

“Algún día la acumulación de capital será considerada un crimen contra la humanidad.”

“No fui ardilla, ni tuza, ni conejo, ni lagarto, yo fui locomotora.”

“La primera palabra de Saturnino Maya fue ‘tren’.”

“Los ferrocarrileros enamoraban a sus locomotoras.”

“Estamos forjando una nación de criados.”

“La certeza de que la conciencia no surge de la fe sino de la duda.”

“La huelga templaba elcarácter.”

“No es la preparación la que te hace revolucionario sino la conciencia.”

“Yo soy mi propio viaje.”


    Sí, el tren pasa primero a través del corazón de Pineda. Él es una de sus piezas, una de sus máquinas, toda su vida. Cada uno de los 44 capítulos distribuidos en tres partes, tiene bajo el número una viñeta diferente de tren. Desde el tren se ha escrito esta historia asombrosa. Sí, es un Premio Cervantes.   
                                                                                                                              Marcos
                                                                                                                              Reyes Dávila
                                                                                                                              ¡Albizu seas!

viernes, 29 de mayo de 2015

Cuba: la lucha por la libertad



“Cuba: La lucha por la libertad.”
(Hugh Thomas. Barcelona: Debolsillo, 2012, 1283 págs.)


    Sí: mil doscientas ochentaitrés páginas! 

    Ya conocía a Hugh Thomas por su historia en dos tomos de “La Guerra Civil Española” (México: Grijalbo, 1976) que estudié hace más de 30 años como parte de la preparación de mi tesis sobre León Felipe. El libro sobre Cuba, amén del alusivo título sobre la libertad, me interesó porque parte de 1762, cubre toda la lucha antillana que se particulariza y distancia de la de tierra firme, y se extiende a lo largo de todo el siglo XX, es decir, que incluye la revolución cubana castrista. Thomas, inglés, es un graduado de Cambridge y La Sorbona, miembro de las academias de Historia de España y de Inglaterra. Tengo recuerdos muy gratos de su historia de la guerra civil española. 


    El libro no es decepcionante, pero tampoco es todo lo que esperé de él. Comenzó a escribirlo en el 1961. Fue publicado en el 1971. Tiene 109 capítulos y un “postcriptum” que actualiza el libro, escrito 30 años después. La edición lleva fecha de 2010. Thomas ordena sus análisis a partir de los aspectos económicos, es decir, del desarrollo de los medios de producción. Sin embargo, no parece sacar todo el partido y consecuencia de esa óptica que, en principio, es materialista. El mismo autor anota en la introducción que la primera mitad del libro “es historia”, y la segunda mitad “política contemporánea”, juicio que no es justo en realidad. Los análisis socioeconómicos extensos continúan incluso en la era de Castro. Sin embargo, de vez en vez asoman expresiones en las que luce una franca incomprensión de la cultura latinoamericana.       Digamos, para ilustrar esto con un ejemplo elocuente, que no simpatiza con José Martí. Dice de él que “parece más un contemporáneo de Rousseau que de Marx” (232), y que “no encontraba ninguna norteamericana a la que poder seducir” (220). Esta última expresión me asombró en el cuidadoso historiador, así como algunas otras, por su caracter gratuito, impertinente e irrelevante. Thomas se retrata como un autor de valores liberales que es incapaz de comprender la sustancia de una revolución de clases como la que dirigió Fidel. Y por más que detalla las infinitas intervenciones norteamericanas a todo lo largo de la historia de Cuba, su afán de absorberla, poseerla y dominarla, la presencia de miles de agentes de la CIA en los primeros años de la Revolución Castrista, los ataques, los sabotajes, los asesinatos, la corrupción, la invasión, el bloqueo, la historia de dominio de los procónsules bajo la enmienda Platt, la ocupación de Guantánamo, su tolerancia con los regímenes dictatoriales y los asesinatos diarios, todavía tiene la desfachatez de acusar a Cuba de haber dado fin a unas relaciones muy prolongadas con Estados Unidos, y de haber constituido una dictadura que además del voto entregó un fusil a cada cubano. Es como si pudiera en verdad hablarse de las “relaciones” entre aquel que secuestra, viola y somete a la trata a una mujer, y su violador.
    No empecé lo objetable, el libro posee basta información y su lectura resulta fascinante. Mencionemos algunas de las cosas que me llaman la atención.


    1. Jefferson expresó, desde el 1808, el deseo de EUA de comprar Cuba.
    2. La lucha por la libertad de Cuba comenzó en el 1809 bajo la dirección del masón Ramón de la Luz.
    3. El gran freno que impidió que se repitiera en Cuba lo que ocurría en el continente a partir de 1810 fue el temor a Haití, es decir, a que se constituyesen en las Antillas otras repúblicas de esclavos. Caracas invitó a la junta superior cubana a unírsele, cosa que Cuba rechazó. Entonces, la oleada de inmigrantes incondicionales proespañoles inundó las islas.
    4. No obstante, las Antillas jugaron papeles importantes en el proceso.
Bolívar amenazó con marchar sobre Cuba y Puerto Rico si no se reconocía la independencia de Colombia.
    5. EUA vetó toda iniciativa en ese sentido pues prefería que las islas continuaran como colonias españolas. También temía EUA que las revueltas de esclavos del Caribe animaran el fuego en los estados esclavistas del sur  (108).
    6. En la historia de la esclavitud suele quedar al margen el papel que desempeñaron los reyes africanos. Ellos era quienes vendían los esclavos a los traficantes europeos (141) que salían principalmente de las poblaciones entre Bissau y Luanda.
    7. Durante la primera mitad del siglo XIX Cuba tuvo una ligera mayoría poblacional negra-mulata (147), Hubo pocas “granjas de crianza de esclavos”como las de Virginia (148). Dormían apenas cuatro horas al día.
    8. Cuba gozó una extraordinaria riqueza como la principal productora de azúcar del mundo (163). Hubo una temprana inclinación al comecio con EUA. En 1826, de 964 barcos que entraron a puerto en La Habana, 783 eran norteamericanos (164).
    9. Antes de fin de siglo arreció la campaña en EUA para absorber a Cuba. En esa gesta se destacó Narciso López.
    10. La propuesta de abolir la esclavitud que hicieran en España los delegados puertorriqueños en el 1866 horrorizó a los cubanos (191).
    11. Los rebeldes de Céspedes y Gómez llegaron a contar con un ejército de entre 10 y 20 mil hombres (200). Si bien en ocasiones se menciona a Puerto Rico, en realidad Thomas ignora, como si no se hubiese documentado, las aportaciones de los puertorriqueños en el proceso cubano.
    12. Martí, dice, dejó en Guatemala a la hija de un ex presidente “por una chica que le convenía más, Carmen Zayas Bazán” (219). En otra ocasión dice que aunque Martí afirmaba poner el pueblo delante de todo, “quien le apoyaba en todo era un rico exiliado, Rafael Serra” (221).          
    13. Weyler intentó convertir toda la isla en un inmenso campo de concentración (245). Eso significaba sacar a la población de sus casas y propiedades para colocarlos en zonas militares abastecidas por zonas de cultivo.
    14. De la Améria Latina, solo Eloy Alfaro, de Ecuador, prestó algún apoyo a los cubanos.
    15. Thomas relata las muchas ocasiones en que Hearst y Pulitzer pregonaban la guerra contra España en Cuba con mentiras (254). Incluso financiaban por su cuenta y ordenaban acciones militares pagadas por ellos y de su propia iniciativa.
    16. España esperaba ganar la guerra contra los insurgentes para dar paso a reformas que hubieran dado a Cuba un estatus similar al de Canadá (259). (Ese estatus fue objeto de estudio por Hostos en el 1865.)
    17. Le guerra entre EUA y España fue una comedia de equívocos. España quería “perder la guerra en el tiempo más corto posible” (283). Pero el ejército de EUA era de blancos y los insurgentes cubanos negros. De modo que los soldados de EUA preferían confraternizar más con su enemigo español que con su aliado cubano (290).
    18. La “enmienda Foraker” prohibió concesiones comerciales a Cuba para impedir que EUA no quisiera retirarse nunca de la isla (315).
    19. Curiosamente, la inversión española aumentó tres veces tras la guerra. La mitad de los 50 mil comerciantes eran españoles (364).
    20. “Al igual que el hueso al cuerpo humano y el eje a la rueda y el canto a un pájaro y el aire al ala, así es la libertad la esencia de la vida. Cualquier cosa que se haga sin ella es imperfecta”: José Martí (447).
    21. EUA intervino militarmente en países extranjeros 20 veces entre el 1898 y 1920. En Nicaragua, de 1912 a 1927; en Dominicana, de 1916 a 1930; en Haití, de 1915 a 1934. (En Puerto Rico, de 1898 hasta hoy.)
    22. Había un anarco-sindicalismo desde 1880 y núcleos socialistas desde el 1905. Desde el 1925 había un Partido Comunista de Cuba (423). A ese partido perteneció Julio Antonio Mella.
    23. La historia cubana del primer medio siglo XX es una cadena interminable de golpes de estado, asesinatos políticos, cambio infinito de alianzas que involucró a todas las fuerzas políticas. Es increíble ver cómo surge Batista de la nada al frente de un grupo de militares de bajo rango y él mismo se asciende de rango una y otra vez hasta tomar el control del ejército y del país. Es muy curioso su devenir entre las fuerzas progresistas y las conservadoras. Todo un caos y continuo cambio de alianzas y asesinatos. Batista fue apoyado y apoyó al Partido Comunista, incluso, en ocasiones, y en otras ocasiones lo tuvo de enemigo. Se fundaron grupos muy interesantes. Por ejemplo, el ABC, sociedad secreta constituida por jóvenes profesores y abogados organizados en células relacionadas por medio de enlaces cuyos verdaderos nombres no se conocían (438). La comunidad universitaria también jugó papeles a gran escala. En todo, hasta la revolución, la intervención continua del embajador de EUA gracias a la constante amenaza de intervención militar norteamericana que permitía la famosa Enmienda Platt vigente entre el 1903 y el 1934.
    24. Interesante la manera cómo se hizo la rebelión del 26 de julio y se constituyó el movimiento ecléctico que le siguió, constituido por fuerzas diversas. Es interesante la desvinculación del movimiento con el Partido Comunista que  fueron incluso enemigos políticos durante gran parte del proceso anterior a la victoria. Es interesante la situación extremadamente precaria en la que quedan los compañeros del Granma tras el desembarco y cómo logran estabilizar la situación y sobreponerse. Gran parte de la estrategia fue de imagen y proyección. En ello jugó un rol importante la prensa internacional.
    25. Fidel Castro no era marxista, aunque Raúl parece que sí lo era entonces. Atacó el Cuartel Moncada en el 53 e inició la guerra en el 56 como seguidor del liberal Chibás y por la restauración de la Constitución de 1940. El Partido Comunista no apoyó a los revolucionarios del movimiento ni a los de Sierra Maestra y Fidel no los incluyó. 
    26. En algunas ocasiones Batista envió contra Fidel hasta 17 batallones, alrededor de 17 mil hombres, con compañía de tanques y apoyo aéreo para combatir a Fidel que entonces contaba apenas con 300 hombres. Es interesante cómo estos pocos revolucionarios lograron capturar a centenares de soldados batistianos que invariablemente eran liberados sin maltrato alguno por los revolucionarios (786).
    27. El Ché Guevara salió a liberar la región de Santa Clara con menos de 150 hombres, región que Batista había reforzado con 10 compañías de 100 hombres y tres batallones de 400. De un ejército de apenas 300 hombres que tenía Fidel  a mediados del 58, creció a unos tres mil a fines de ese año.
    29. Ya triunfante, frente a la multitud que lo espera en el Palacio de La Habana, Castro “pide que abrieran una fila para dejarle pasar sin necesidad de soldados que le ayudaran a hacerlo” (820). Más tarde, en el campamento militar dio otro discurso y “volvía a tener la impresión de que José Martí había reaparecido realmente. Cuando Castro empezó a hablar, alguien entre la multitud soltó dos palomas; una de ellas se posó en el hombro de Castro: símbolo y presagio de paz” (820).
    30. Fidel no asumió el poder político, aunque era suyo. Inicialmente estuvo el juez Urrutia y posteriormente se nombró presidente a Dorticós. Millones de cubanos desfilaron en enero del 59 en apoyo al gobierno y las ejecuciones de los asesinos del régimen de Batista (868).
    31. Aun bajo la presidencia de Eisenhower se comenzó a entrenar a cubanos para derrocar a Castro, en Florida y en la Nicaragua del dictador Somoza. La batalla de Bahía de Cochinos la organizó la CIA. Comenzó con un bombardeo de 8 aviones B26, una flota que transportó 6 batallones de 200 hombres cada uno, paracaidistas, cañoñes lanza cohetes, tanques. Vieques, desgraciadamente, participó en esto. Se radicalizó el régimen de Castro.
    32. La crisis de los cohetes soviéticos terminó con la promesa de no invadir nunca a Cuba nuevamente. Más radicalización del gobierno cubano.
    33. En la última parte, el “Epílogo”, Thomas explora en capítulos separados temas de la Cuba revolucionaria tales como “Los utopistas”, “La zafra de los diez millones”, “Los hombres nuevos”, "Los guardianes” –se refiere a cómo el partido guarda y trata de promover la utopía comunista–, “Nuevos y viejos amigos”, “La búsqueda de la libertad”. Esta es la parte en la que se margina el historiador y se entrona el analista político... liberal. Thomas admite los enormes progresos de la revolución en salud, educación, pero no puede perdonar que se haya suprimido la libertad de prensa y el voto estilo sociedad liberal con la democracia socialista y la construcción de organizaciones armadas en defensa de la revolución. En el fondo Thomas no comprende que capitalismo y socialismo no pueden coexistir en  una misma sociedad porque son sistemas excluyentes y contradictorios, igual que lo fue la sociedad aristocrática y la burguesa. La antigua sociedad jamás renunciaría a sus privilegios, tal como ocurrió en Francia. A pesar del intento de borrarla con la guillotina s
e coronó emperador Napoleón. ¿Cómo podría coexistir la Rusia de los zares con el estado bolchevique? Aún después de casi un siglo de revolución, tras la caída de la Unión Soviética, los herederos de príncipes y duques reclamaron a la nueva Rusia la devolución de sus propiedades y riquezas. Exactamente eso pasaría en Cuba, aún después de más de medio siglo de revolución.
    El problema cubano es la inmediatez a Estados Unidos, tal como le ocurre a México. Que se vean los cubanos en el espejo de México, corrupto, entregado al crimen, los asesinatos masivos, y el narcotrafico que es, como ha dicho Evo Morales, una industria capitalista. No hay tintas medias para Cuba: o mantiene su independencia con una política de arduo resguardo ante los poderes inmensos del imperio, o sucumbe. Es precisamente esa política combativa la que ha permitido a F
idel y su revolución permanecer en el poder por más de medio siglo e influir en muchas partes del planeta como si fuera una gran potencia. ¿Acaso no ha enfrentado exitosamente Cuba a los poderes de los imperios europeos en muchas partes de África? ¿Acaso no posee los índices más altos de salud y educación del hemisferio? Fidel Castro es la figura más grande del siglo XX para las Américas todas, así como Lenin –por la Revolución Rusa– es la figura más importante del planeta entero en el siglo XX.
    34. El libro de Thomas tiene una bibliografía de 23 páginas y alrededor de 600 fichas.


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

   







   

sábado, 23 de mayo de 2015

Memoria de Comala


.
Memoria de Comala

                                           “Así empieza lo malo.”
                                                          Javier Marías   

.
1. T
e equivocaste, Jorge
en tus coplas

por la muerte de tu padre
No somos el río
que va a dar a la mar
sino solo un barquito
en el inmenso río
Una ola sola
que
sobre la arena  
sube y se derrota
El relámpago fugaz
que impugna la noche
Una nube roja del alba
Es decir, solo un ademán

Quizás somos
la foto de un recuerdo
que se esfuma
en el álbum ingrato

y agraz de la memoria
O un dolor perdido
en la gaveta de tereques
O el júbilo de olvidarme
en la marea de tu vientre
Igual que una llave
que se halla
olvidada ya la puerta que guardaba
Quizás somos tan solo
los fantasmas del pueblo de Comala

 .

2. “Así empieza lo malo
y lo peor queda atrás”
dice Marías con Shakespeare
apuntando con la pluma de su dedo
a la bruma de los días despejados
Y es cierto

Es muy cierto
Todo dolor
y todo júbilo
se queda callado y encayado

en los resquicios de piedra
de la memoria
Todo lo vivido
se recuerda como se puede
se quiere o se quisiera
pero siempre fijado
en su tiempo y en su lugar
Allí se queda
como esa mano o esos ojos
angustiados
pero perdidos
en el fondo milenario
de una cueva
Allí se diluye
según los pasos nos alejan

y el tiempo mana
Allí se difumina y se borra
Se atenúa
y se pierde
Y sin embargo...
Hay también caídas erguidas
como hay besos perennes
Erguidas y perennes
como las columnas
de un partenón tenaz
Caídas y besos
que traspasan el tiempo

y el espacio
–la vida entera–
como esta flecha
–de luz y sangre– 
que atraviesa el pecho
con sorpresa
Así lo recuperó Gabriel
el día que regresó a Macondo
en el tren
Y es que hasta Comala arde
de fiesta algunas tardes.



Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!


viernes, 22 de mayo de 2015

El Anarquismo de Rodrigo Quesada Monge


El ANARQUISMO 
de Rodrigo Quesada Monge

A propósito de sus dos libros: “La fuga de Kropotkin” (Chile: Editorial Eleuterio, 2013, 173 págs.), y “Anarquía: Orden sin Autoridad” ( Edición combinada de la Editorial Eleuterio de Chile y la Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2014, 448 págs.)

    A Rodrigo Quesada Monge lo hemos consentido en nuestro baúl de
aprecios de manera constante desde hace ya muchos años. Se acercó a nosotros con un trabajo de historia para la Revista EXÉGESIS, y desde entonces. Le hemos invitado a conferenciar en Puerto Rico, y hemos estado en el estudio-cueva de su casa en San José, Costa Rica. Hace un tiempo largo ya me envió su libro sobre Kropotkin, que leí entonces, y luego el libro titulado “Anarquía”, que terminé de leer hace poco. No he olvidado al amigo Quesada Monge. Simplemente otros deberes y ocupaciones impostergables del pasado año me impidieron proceder a reseñarlo.
    Habría que decir para comenzar que Quesada Monge, historiador y también novelista, con una obra impresionante y diversa, confiesa en estas obras una deuda de amor hacia el anarquismo que se hace contagiosa. Por lo menos en aquellos que priorizamos la solidaridad y soñamos con una sociedad igualitaria y justa. La tarea emprendida por Quesada Monge no ha sido de poca monta. Por una parte ha rescatado para el lector contemporáneo la obra de uno de esos autores que aparecen aludidos de paso y en notas al calce en el quehacer intelectual y revolucionario del siglo XX. Por la otra, Quesada Monge hace un estudio sobre el anarquismo en el que ilumina sus elementos, su aportación en el desarrollo de la historia, no solo rusa ni solo europea, sino latinoamericana, y sus repercusiones en muchas latitudes del planeta.
    Pero, además, Rodrigo Quesada Monge se aplica a iluminar cómo inciden las ideas anarquistas y su “legado ético” en partes significativas de lo que es nuestro mundo. Me refiero a aspectos como la libertad, el estado, la religión, el trabajo, y otros, que son de suponer, pero además, en el amor, la comida, la mujer, el arte, la tecnología,la sexualidad, el terrorismo y otros, que no son tan obvios ni de esperar.
    Una segunda parte del libro “Anarquía” se dedica a recordar y analizar los
héroes del anarquismo, así como la función que cumplió el anarquismo en la importantísima Comuna de París, y en Revolución Mexicana, en la Revolución Bolchevique, en la Guerra Civil Española, y aún se extiende hasta Seattle, a los conocidos sucesos de antiglobalización de 1999, mientras bucea y rastrea su presencia en la historia de nuestra América Latina y en Costa Rica, en particular. Eso explica que la bibliografía, impresionante, desborde los 300 títulos.
    “La fuga de Kropotkin”, en cambio (obra que incluye un “copyright” del 2004), relata, a modo de una biografía, la historia del príncipe ruso Piotr Alexéievich Kropotkin, nacido en el 1842 y fallecido en el 1921. Aunque miembro de la más selecta y rica aristocracia rusa, Kropotkin, geógrafo de profesión, se opuso a su misma clase y renunció a su riqueza y sus privilegios, luchó contra el zar, sufrió prisión en Siberia, de la que escapó para pasar 42 años de exilio, hasta que la revolución bolchevique le permitió el regreso e incluso encontrarse con el Lenin jefe de estado en el 1919.
    Tanto el libro sobre Kropotkin como el libro sobre la anarquía, adolecen de un defecto que es una virtud. Están escritos por un historiador que es un escritor talentoso y que no teme referir los eventos de estudio al mundo contemporáneo, ese en el que vivimos todos, y en el que luchamos. Eso convierte estas obras en herramientas de combate iluminadoras, y a la misma vez, deleitosas.



Marcos
Reyes Davila
¡Albizu seas!

Así empieza lo malo de Javier Marías



Así empieza lo malo 
       de Javier Marías

Javier Marías: “Así empieza lo malo”. México: Alfaguara, 2014, 534 págs.

    Un querido amigo, andaluz puertorriqueño, me recomendó con mucho entusiasmo las novelas de Javier Marías. Así emplazado, me embarqué primero en la lectura de “Así empieza lo malo”. Ignoro si esta novela caracteriza el lenguaje de Marías. La nota de presentación refiere los innumerables premios recibidos por Marías por una obra principalmente novelística y de muchos títulos.
    Admito que empezó con lo bueno, no con lo malo. Los primeros segmentos me recordaron a Saramago, pero españolizado y quizás más ameno. Me atraparon. Un tal Juan de Veres narra la historia, según la recuerda. Se refiere a sucesos ocurridos en su juventud al inicio de la época posfranquista. La trama no encadena un torbellino de sucesos sociopolíticos que involucren a una comunidad de personajes, sino que parece reducirse a un conflicto de naturaleza íntima, de pareja, de su jefe, Muriel, un cineasta, atrapado, con una mujer que no puede perdonar, en un país, católico, en el que no está legalizado el divorcio.
    Dije “parece” porque poco a poco la novela expande, aquí y allá, sus aristas hacia atrás, a la guerra civil y su secuela de dictadura. Ya muy adelantada la lectura notamos con sorpresa cómo Marías novela un aspecto marginal, colateral, de esa terrible historia de la posguerra. De modo que la novela se retrotrae y luego se proyecta mucho más allá de su tiempo de base.
    Marías pudo construir una novela mucho más reducida, más de la mitad, sino dependiera la narración de la exposición de las infinitas posibilidades que cada paso dado presenta. Además se redeleita en exceso con películas y actores que pocos de sus lectores conocerán. En esa indagación de las infinitas posibilidades está parte del atractivo del novelar de Marías, pero también parte de un peso en alguna medida superfluo.
    El título de la novela parte de una expresión de Shakespeare: “Así empieza lo malo y lo peor quedó atrás” (393). Se refiere a que nos ocurren cosas que inicialmente tomamos como explosivas, tanto en mal sentido como en el bueno, pero que con el tiempo se atenúan y se borran. Según el narrador, “la verdad” “tiene un lugar y en él se queda; y tiene un tiempo y en él se queda también. Se queda encerrada en ellos y no hay forma de reabrirlos” (34). “Solo nos restan tanteos y aproximaciones”, añade.
    Para mí fue novedoso el particular enfoque que se hace sobre ciertas secuelas de la guerra civil que se proyectaron no solo hacia los años 80, tiempo en el que se ubica la historia, sino hasta nuestros días, con todo ese afán de desenterrar muertos de hace 75 años. Marías desenmascara indignaciones y falsas inocencias. Entre el atractivo comenzar y el sorpresivo final, y entre el debate de unos valores de época entre los mayores y los jóvenes, en gran medida sexuales, la novela se deja disfrutar.

 Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!


 

jueves, 21 de mayo de 2015

Julia a la carta: su propia voz



Julia a la carta: 
            su propia voz

A propósito de “Cartas a Consuelo”, por Julia de Burgos (San Juan: Folium, 2014, 232 págs.)

Pocas semanas después del Simposio celebrado en la Universidad de Puerto Rico en Humacao a principios de febrero de 2015, “ Julia de Burgos: Me llamarán poeta”, sale el tan anunciado volumen con las cartas de Julia a su hermana Consuelo de las cuales solo tuvimos, por décadas, referencias aisladas hechas por algunos estudiosos de Julia que tuvieron acceso a los originales. La edición incluye 136 cartas de Julia a Consuelo transcritas por Marisol Figueroa, un iluminado prólogo de Lena Burgos Lafuente, una presentación, previa a todo, de la sobrina María Consuelo Sáez Burgos, y como sorpresa, tres cartas de Juan Isidro Jiménez Grullón dirigidas también a Consuelo en el 1942 a propósito de la crítica ruptura entre Juan y Julia. El libro lo presentarán este jueves 28 de mayo, a las 7 de la noche, en La Tertulia del Viejo San Juan, Efraín Barradas y Sylvia Molloy. 
    En efecto, como bien apunta María Consuelo, las cartas, en cierto sentido, escriben la “verdadera biografía” de Julia de Burgos. Estos textos, que son evidencia irrefutable, ponen en tela de juicio especulaciones de sus biógrafos dadas por hechos sobre la vida de Julia. Es cierto que, como dice Burgos Lafuente, la correspondencia recoge una “ficción del yo”, es decir, nuestra interpretación de nosotros mismos. Mas, no obstante, el lector de este epistolario tiene la sensación de estar frente a Julia, de oír sus razones, de apreciar su manera de interpretar los acontecimientos, con hondura y fineza. Es decir, de estar frente a la Julia que fue, y en cierto modo es, una Julia viva.
    Las cartas comienzan en agosto de 1939, poco antes de su salida definitiva de Puerto Rico, y se extienden hasta el 28 de junio de 1953, es decir, poco antes de su muerte. La mayor parte de ellas, están escritas en Cuba. Tras la ruptura con Juan Isidro, se reduce marcadamente la frecuencia de estas entre el 1943 y el 1946. De este último año hay solo tres, del 47 solo una, del 48 no hay carta, del 49 solo una, ninguna entre el 1950 y 1951, dos en el 52 y ocho en el 53.
    Observaciones que podemos anticipar:
    1. La Julia que emigra es una mujer enamorada que, por una parte, huye de la maledicencia que la persigue, y por la otra parte, aborda con determinación la experiencia mágica del amor que vive. Esa maledicencia, según puede inferirse, se debe principalmente a su abierta relación amorosa de mujer divorciada con un hombre casado. Con seguridad su activismo político también jugó un papel preponderante.
    2. La Julia cubana es una mujer deseosa de educarse y de hacer obra, una mujer ansiosa de crecer intelectualmente. Aparte de varios doctorados que comenzará realizar, proyecta, aparte de “El mar y tú”, otros tres libros: “Campo”, de temas sociales y proletarios, “El cielo de Julma”, seguramente sobre su amor por Armando Marín, su segundo esposo, y “Autobiografía de una bala”.   
     3. Se trata de una Julia siempre comprometida con la patria y con la clase proletaria. Las alusiones al comunismo, su simpatía con connotados escritores comunistas, sus defensas de la Unión Soviética en guerra contra el fascismo, son constantes y no ocasionales o marginales. Asimismo, su censura hacia el capitalismo “salvaje”, el imperialismo y las tiranías centroamericanas y del Caribe.
    4. Las dificultades económicas que tienen raíces en la niñez pobre la persiguen constantemente. Del mismo modo su interés por su familia. Pretendió vivir durante mucho tiempo de sus libros.
    5. Las dificultades con Juan Isidro no tardan en asomarse. La principal es la relación de Juan con sus padres, que no quieren a Julia. Pero también está constantemente la queja de un Juan que la quiere sometida a una vida doméstica.
    6. La cartas a partir del 8 de junio de 1942 delatan con claridad que la ruptura acontece cuando, tras el divorcio de Juan Isidro, este le niega a Julia la posibilidad de matrimonio. Julia hace mención de una enfermedad mental en Juan Isidro que consiste en acusarla de faltas morales por celos. A mi juicio, las cartas de Juan Isidro incluidas, así como las previas quejas que desde mucho antes hace Julia al respecto de que Juan Isidro la quiere mantener encerrada en la casa, confirman el punto de vista de Julia. Otro tanto hará Juan Bosch, quien convive con ellos. 
    7. A pesar del profundo dolor de esta ruptura, el epistolario sugiere que Julia se repone y continua su viuda productivamente. Su matrimonio con Armando Marín luce verdadero y feliz.
    8. Hay numerosas alusiones amorosas sobre el padre, a quien apodaban cariñosamente, Papotito.
    9. Hay varias alusiones a la persecución sufrida por sus ideas políticas. (En la revista “Centro Journal” se publicó recientemente un interesante artículo sobre la carpeta del FBI de Julia.)
    10. Es claro que Julia no es espiritista ni es creyente: “completamente materialista” (207).
    11. Desde el 1949 hay alusiones a sus crisis de salud y sus hospitalizaciones. Pero Julia se ve a sí misma como una mujer valiente, atrevida y luchadora, incapaz de rendirse.
    12. La enfermedad la hace enmudecer. Hay muchas referencias a quiebras emocionales.
    13. Solo en la penúltima carta, del 17 de mayo de 1953, Julia habla de su alcoholismo y del interés de vincularse con Alcohólicos Anónimos. Está próxima la muerte, pero Julia busca constantemente la ayuda médica.
    14. En la última carta, del 28 de junio, Julia dice que espera la llegada de su hermana Consuelo. Ocho días después fallece, repentinamente.
    15. Concurro con las observaciones ponderadas y sugestivas hechas por Lena Burgos Lafuente en el prólogo.




Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

viernes, 17 de abril de 2015

He de decir tus ojos



He de decir tus ojos

     
   “descubrir el misterio del agua...
        como besar un poema que comienza en tu mirada”
                    Anamaría Fuster

                       
E
n tus ojos 

está el riesgo de la seda
Así te dije entonces

y así te dije siempre
El riesgo ese que sorteo
de ser preso nuevamente
Tejido --dulcemente--
en sus sorpresas
El riesgo
de un gusano empedernido                    
que se enrosca
en un verso monosílabo
Un verso que se hiciera luz
tenue mar
o ese sol
en el que se pierde la mirada
Que se hiciera
o pie de ti
o tul
en el ras fiel
de un dios
anclado eternamente en tu pupila
           

He de decir tus ojos
que me miran

inmensos y profundos
como un lago
de otoño y primavera
Decir fervor
Insomnio
Evanescencia
Decir beso del agua
Decir que esa mirada
me embiste
como un toro de espuma
Y con la transparencia
de ese pecho que te empina
delatando sus tambores
y el rumbo decidido
de las brújulas
Decir que se tiende sobre la piel
la huella muelle de su paso
los moluscos de su beso
y ese rocío ardiente 

del amor  que se encabrita.
 




Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

lunes, 13 de abril de 2015

Hay un sol detrás de cada eclipse



Hay un sol 
            detrás de cada eclipse

              
    
Para Eduardo Galeano:
In Memoriam

 





No cabe duda
La asfixia tiene la leche agria
y el pecho deshecho
Cómo decirle que NO
que todavía tengo mucho corazón
si el aire se te quemó dentro del pecho
persiguiendo pajaritos
de historias marchitas y olvidadas
de esos cuentos tuyos que irrumpían
como asalto en el camino
porque no eran para dormir ingenuos
sino para sacudir trapiches
y un abrazo de azúcar para ingenios

Cuentos hay que son historias
y hay historias que son cuentos

Sobre tu cabeza
despejada de nubes
aterrizaban pichones
de cinco y dieciséis siglos
Y aviones transatlánticos
con gritos de aldeas negras
Y con esos tiros en la nuca
en los que ensartabas
un índice acusador y justiciero

Nunca nadie fue nadie para ti
Quién se desveló más que tú
por los desguarnecidos y oprimidos
que veías hasta en sueños
con esos ojos verdes
de olivos del monte
que llevaban semillas en su centro
y alas zumbadoras en las cejas

Te escribo con la mano izquierda
como debe hacerse
para decirte
que van 500 años del gobierno
del campesino Sancho
y solo segundos
de tus hechos de apóstol
Pero las venas de América y del mundo
están abiertas por ti
esta mañana de abril 
en que solloza la memoria
de un eclipse que no pudo ser
Un sol brinda luces y euforias
detrás de este eclipse

Las lágrimas se hacen pajaritos
Y América despierta.                

Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
Related Posts with Thumbnails