miércoles, 26 de noviembre de 2014

sábado, 22 de noviembre de 2014

Hostos en el 175 Aniversario de su Natalicio / El Simposio de 2009


HOSTOS
Desconocido en el 
175 aniversario de su natalicio

y la Memoria del Simposio de 2009


HOSTOS, 175 Aniversario de su natalicio en el 2014...
El olvido total de un país desagradecido, a excepción de
un pequeño grupo de agradecidos que dictó varias
conferencias conmemorativas.
El “ilustre desconocido” sigue tal cual, gracias al desprecio
del gobierno colonial y la indiferencia del magisterio.
En el 2009, sin embargo, el asesinado Instituto de
Estudios Hostosiano de la UPR dio su canto de cisne, con
un magnìfico grupo de conferencias. Allí personalidades
como Juan Mari Bras, Vivian Auffant, Félix Córdova,
Carmen Vásquez y Alejandro Torres, entre otros, relanzaron
la obra de Hostos a nuevos horizontes.
Maravilloso el acercamiento que hizo el cubano
Pedro Pablo Rodríguez. Allí resalta la misión que Hostos se
autoimpuso en su viaje al sur, la idea de crear una universidad
internacional, la ruptura del mundo colonial que realiza en 
“La peregrinación de Bayoán”, la idea de que Hostos rompió
desde siempre con los cauces coloniales, y anticipó por
décadas los ejes del programa revolucionario de Martí, la
“abogacía del derecho”, inédita, con la que defiende al país
en el 98, y la concepción de un modelo superior de república.


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

Julia de Burgos: La Guerra Interminable


“Me llamarán poeta”: Julia de Burgos (El Simposio)

Julia de Burgos: 

la Guerra Interminable

El centenario del natalicio de Julia de Burgos ha vuelto a tirar sobre la mesa las contrapuestas interpretaciones que desde hace cerca de 80 años pugnan en torno a la visión que en torno a la vida de Julia, más que de la obra, habrá de prevalecer. Por un lado el mito de la lágrima y la fatalidad; del otro, la Julia creadora y militante. Quizás las aportaciones de este centenario ayuden a dislindar los caminos. Esa es una de las aspiraciones del Simposio Internacional, “Me llamarán poeta: Julia de Burgos” que se celebrará en la Universidad de Puerto Rico en Humacao en la primera semana de febrero de 2015 bajo el coauspicio de la Comisión Nacional del Centenario de Julia de Burgos y la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.
    Cuando Julia de Burgos salió de Puerto Rico en enero de 1940 llevaba consigo, victoriosamente, el aplauso de los más reconocidos poetas y críticos puertorriqueños, así como de un pueblo que cariñosamente la bautizó como “novia del nacionalismo”. Ese mismo año, ya en Cuba, recibe la noticia de que su segundo libro, “Canción de la verdad sencilla”, recibió el Premio del Instituto de Literatura de Puertorriqueña. Si bien puede observarse claramente el aplauso acumulado, también puede observarse sin dificultad la persecución constante. Julia de Burgos no sólo salió de Puerto Rico en pos de un amor que la deslumbró: también pretendió alejarse –no esconderse– del acoso constante de aquellos que la censuraban. Ese acoso le impidió, aun enferma, regresar a Puerto Rico, y la sigue persiguiendo en este año del centenario de su natalicio en la forma de unas biografías que podemos considerar con sazón amarillista. Entre el aplauso y la injuria se dio su vida y se da su muerte. Una guerra interminable que sólo terminará cuando la vergüenza sexista del que injuria sea más grande que sus afanes.
    En febrero de este año el Municipio de Carolina publicó una biografía escrita por Mayra Santos Febres titulada “Yo misma fui mi ruta”. En esa biografía se reproducen noticias no comprobadas que tienen su origen en chismes de pasillo. Pero la biografía no es un género de ficción. No basta con reunir a Minga con Petraca: exige disciplina científica y comprobación, discreción y altura. En días recientes, José Manuel Torres Santiago publicó otra biografía –“Julia de Burgos, poeta maldita”–  en la que los chismes de pasillo se magnifican y se expresan en términos de una certeza de la que carecen. Pero esta obra adolece además de dislates lógicos e inferencias infundadas que la desacreditan. Lástima que provenga de uno de los poetas del grupo Guajana que hace 50 años la exaltó en su revista. ¿De cuál lado estaría hoy Anjelamaría Dávila? ¿De cuál lado el sobrino y poeta guajano Juan Sáez Burgos?
    ¿Cuál es el origen de esta guerra?
    La propia Julia de Burgos estuvo consciente desde su juventud del carácter polémico de su naturaleza humana. Ello nada tenía que ver entonces con la propensión al alcoholismo que según parece la acosó más tarde, aunque Torres Santiago sostenga que Julia era dipsómana desde la primera adolescencia (42). Su primer libro de versos, “Poema en 20 surcos”, publicado en el 1938, cuando contaba con sólo 24 años, abre y cierra con dos poemas famosos que serán proféticos: “A Julia de Burgos” y “Yo misma fui mi ruta”. En el primero de ellos expresa una dicotomía entre la Julia doméstica, la que tenía amo y dueño, la “muñeca de la mentira social”, la “grave señora señorona”, la dama casera y “sumisa” atada a los “prejuicios de los hombres”, y la otra Julia, la verdadera, la de la humana verdad, la “Rocinante desbocada que olfatea horizontes de justicia”. El poema abre aludiendo precisamente a las murmuraciones que la acusan de ser su propia enemiga, por insumisa, por digna, por contestataria, por verdadera. Como mujer divorciada que persiguió las sinfonías del amor a la luz del sol y sobre las aguas, fue denostada. Por esa conciencia suya de ser su propia ruta, dice en el segundo poema, “el homenaje –de los que la querían vencida– se quedó esperándome”.
    Quizás sea Julia de Burgos el caso más claro de reivindicación de la mujer en la historia de la cultura puertorriqueña. Mujer de dos trincheras y “en la brecha”, como decía José de Diego. Mujer en la tradición de Luisa Capetillo, sufrió su propio martirio como Sor Juana Inés de la Cruz, aquella monja del siglo XVII que se atrevió defender a la mujer en sus famosas redondillas, y nos enseñó que no peca menos la que “peca por la paga” que el “que paga por pecar”.  Cayó, no precisamente como “poeta maldita”, según alega Torres Santiago. 

     La vinculación de Julia con los “poetas malditos” de Francia de fines del siglo XIX, como Verlaine, quien acuñó la expresión en el 1884, la había sugerido Josemilio González desde el 1975. Pero los poetas malditos fueron más víctimas de sus propios demonios internos que víctimas de la rebelión contra la moral burguesa. Eran rabiosos individualistas e irracionalistas. Julia, en cambio, fue mucha mujer, acosada rabiosamente por el machismo. Y, además, mujer muy consciente de su clase, de su deber social redentor, miembro de asociaciones y frentes políticos, no lobo estepario y solitario. Y llegó mucho más lejos que Verlaine, Rimbaud o Baudalaire, puesto que Julia vivió siempre, desde joven hasta sus últimos años, en abierto, coherente y constante desafío contra el poder imperial norteamericano, contra el capitalismo, y en favor del socialismo, del nacionalismo albizuista y del antiimperialismo. Esa doble militancia, de reivindicaciones de género y de reivindicaciones políticas, es una constante en la vida y en la obra de Julia de Burgos y fue parte de su destino trágico, como lo fue para Albizu Campos y muchos de sus seguidores.
     Pero lo peor de esta biografía es que se ensambla sobre el mito de la predestinación y la fatalidad. ¿Quién podría explicarnos cómo un poeta de Guajana, que se caracterizó por la militancia y el compromiso político, terminó afirmando en este libro lo contrario: una Julia anclada en esa fatalidad y predestinación, que si no niegan la grandeza poética de Julia, sí niegan su entrega inquebrantable a la doble lucha a que consagró su vida entera, en pro de la mujer y de la libertad?
    Sobre el presunto alcoholismo, Josemilio González, que la conoció muy bien y compartió con ella muchas veladas en su casa de Nueva York entre los años ¿1944?-1945 y 1948-1951, no lo menciona –el alcoholismo– sino como algo que le dice Juan Bautista Pagán en los últimos años,aunque sí menciona que la halló enferma y desmejorada (“Julia de Burgos: la mujer y la poesía”).     
    Le pregunté recientemente a mi madre, de 93 años, qué recordaba de Julia de Burgos, y me contestó que “decían que le gustaba estar con los hombres”. Le pregunté, entonces, qué sabía de Julia de Burgos, y me contestó, “que era poeta y que se hablaba mucho de Julia”. La sabia de mi madre demostró que podía distinguir entre el chisme y la certeza mejor que sus biógrafos recientes. No: la tierra no era plana después de todo, por más que decían las autoridades. Y se mueven planetas, como nos enseñó Galileo.
    José Manuel Torres Santiago edifica, en parte, su biografía a partir del “eso decían”, criterio de verdad acaso respetable cuando los que decían eran “autoridades” como Aristóteles y Santo Tomás. Pero este biógrafo llega al extremo de citar unas expresiones desafortunadas de Isabel Cuchí Coll. Según esta le dijera a él, “eminentes” poetas e intelectuales emborrachaban a Julia para pasar la noche con ella. Todavía no comprendemos cómo se le llama “eminente” a quien viola una mujer. Todavía no comprendemos por qué ese dato no aparece en las biografías de los “eminentes” delincuentes y sí en la de Julia. Cuchí Coll le decía a Chiqui Vicioso que Julia era “feísima”, que por fea la botó Juan Isidro, y que nuestros pintores la idealizaban en sus cuadros. Yolanda Ricardo me recuerda que Julia le comentó a su hermana Consuelo que Cuchí Coll no era su amiga. Vivió más del doble que Julia de Burgos, pero en la historia de la literatura puertorriqueña de Josefina Rivera de Álvarez solo alcanzó a merecer tres notas al calce.
    Todo lo anterior me recordó una película sobre Beethoven. En una escena aparece su hermano burlándose del músico, ya viejo, porque se la pasaba tatareando unos compases tontos, en su opinión. ¡Creía al hermano senil cuando tatareaba los compases de su magistral Novena Sinfonía! Me recuerda también que la crítica suele dudar de la capacidad de Eckerman, el último secretario de Goethe, para comprender el genio del poeta cuando redacta sus “Conversaciones con Goethe”. Los biógrafos deben ser muy cautelosos al hablar de gigantes y de cumbres. Quizás deberían considerar al escribir el “triple filtro” de Sócrates: ¿estás completamente seguro?, ¿es bueno?, ¿es útil?
    “Mienten, Julia de Burgos. Mienten”, escribió, proféticamente Julia, en el primer poema de su primer libro conocido. Cuidado con linchar, martirizar y empedrar la grandeza. Cuidado con dar una puñalada trapera con un beso como Brutus se la dio a César. Los que hoy la atacan, dizque para defenderla, son sus enemigos de siempre, ajenos a la vergüenza. Julia abandonó Puerto Rico acosada por los perros de la incomprensión de la moral doméstica y burguesa porque ella optó por el martirio al confrontar a los enemigos de la libertad y de la dignidad de la mujer. Julia vivió en Nueva York acosada por los mismos perros. Esos perros andan por ahí, perreando su guerra interminable, pero Julia canta mejor cada mañana. 



Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas! 



Una versión breve se publicó en EL NUEVO DÍA (Flash) el 22 de noviembre de 2014, págs. 64-65.

domingo, 19 de octubre de 2014

De cómo naciste mariposa



De cómo naciste mariposa

             
En memoria de Caneo Ah               
 
La primera vez que te vi
bajabas hecha bandera
acostumbrada al aire
a la batalla del pueblo
al rojo espléndido y purísimo
de los amaneceres
Hablabas de ese Chávez
hecho lluvia y hecho pueblo
Hablabas de un Bolívar encarnado
y de un pueblo que nunca acaba

La segunda vez que te vi
presentí los terciopelos
el hálito celeste del cariño
que mueve al sacrificio
y el metal
inquebrantable y dulcísimo
de la esperanza
Pero eras casi una niña

La flor de las fulanas

Anoche soñé con esos pitufos
que tanto te gustaban
Los que tienen antenas
y saltan entre sorpresas
Soñé con las crisálidas 

Crisálidas con grandes espejuelos
y grandes sonrisas
Soñaba que detrás de tanta tersura
habitaba una mariposa
hambrienta de cielo y de aire

Me dicen que te lanzaste
a los espacios abiertos
y no dudo que quedara sobre el piso
solo la parte más pesada
esa que se desprendió
cuando fuiste por fin solo de alas
en el aquelarre de las mariposas
Porque decías que eras 

de todas las praderas
mas solo parte de un enjambre 
y una colmena
tú          tan chavista
tan bolivariana
tan venezolana

Me quedé
tieso de noche
como una columna de piedra

que sueña con el vuelo del amanecer
Me dicen que no salía el sol
o acaso los primeros primores
enrojecidos como están hoy los ojos
de tantos tocados por tu gracia

En esta "partitura de la ausencia"

no hay espacio
para un "secreto regocijo"
ni hay espacio en la tierra
para abrigar tus alas
porque eres solo espacio para el abrazo
bandera al aire
amor de pueblo
belleza
y esperanza
Como las mariposas...

PD
Gracias a ti es solo mío
el canto finísimo
de las mariposas.



Marcos Reyes Dávila
¡Albizu seas!

jueves, 16 de octubre de 2014

"Julia de Burgos, poeta maldita" y barroca

Peregrinando al Simposio "Me llamarán poeta" - IV


JULIA DE BURGOS, 
“poeta maldita” y barroca
 A propósito del nuevo libro –póstumo– de José Manuel Torres Santiago, “Julia de Burgos, poeta maldita”, edición de Los Libros de la Iguana –con una aportación de la Colección Guajana– (San Juan, 2014, 202 págs.).

 
1. Introducción
    Julia de Burgos es una poeta barroca. En realidad ella no, que creó una poesía tan transparente, que flotaba sobre el agua el lirio, pero sí sus biógrafos. Esos que se han dado a la tarea de resaltar las partes oscuras de su vida –no de su obra– armados con una ética doméstica, con la especulación y con una imaginación afiebrada. Una “ética” desnaturalizada del amor y la comprensión, y acaso hasta invertida, que se resiste a morir, como la yerba, y que la pinta, en blanco y negro, como esas pinturas que se regodean en lo grotesco del siglo XVII, de reyes y arzobispos cadavéricos envueltos en ropajes de lujo y pintados con un marcado contraste de luz y sombra. Esa es la Julia que acosaron en la vida y en la muerte aquellos que a pesar de admirar las constelaciones admirables de sus versos –música de las estrellas–, se han comportado como enemigos de su lucha política, intolerantes con su práctica de mujer redimida, adoradores de la mujer burguesa doméstica, obediente y callada: “Yo fui la más callada”. Julia se vio forzada a emigrar, a pesar de su éxito como poeta en Puerto Rico, tanto entre las masas del pueblo que la leía en los diarios como en la élite intelectual que la premió repetidamente. Nunca pudo regresar.      

      Anoche me preguntaba Juanito, su sobrino, el poeta de Guajana, Juan Sáez Burgos, por qué su compañero de armas y versos, José Manuel Torres Santiago, había publicado un libro como “Julia de Burgos, poeta maldita”. No supe responderle. Cuando eran jóvenes estudiantes universitarios que recién habían fundado la revista Guajana al lado de Nietzsche y de otros poetas amigos, publicaron un quinto número dedicado a Julia, en un hermoso homenaje. Esa revista incluía un editorial presidido por versos que decían, entre otras cosas: “Julia eterna siempre canto”. Allí se dice en palabras que son poemas, que es “nuestra más grande mujer poeta” y que su “vida fue el poema más intenso”, “un milagro desprendido de la tierra al alba”. Allí se destaca su ser como “amanecida del amor”, y como mujer desafiante y contestataria que denuncia al pueblo esclavo y al arrabal, en defensa de la patria albizuista, y también, de los desamparados del planeta. Pensé que aunque esas palabras, según Vicente Rodríguez Nietzsche, las escribió su sobrino Juan, José Manuel Torres Santiago (JMTS) tuvo mucho que ver con ellas porque el homenaje olía a ensayo literario de poeta y crítico, y Juanito, aunque poeta, estudiaba leyes, pero JMTS letras. Además, es JMTS quien figura como editor de ese número. Entonces ¿por qué de tanta porcelana y amapola escribe después JMTS un libro como este?
    Al reseñar y criticar el libro de JMTS, como antes hicimos con la biografía de Mayra Santos Febres que cojea del mismo mal  (“Julia de Burgos: De la leyenda negra y el cántaro roto de su canto”, en www.lasletrasdelfuergo.com y en 80 GRADOS: http://www.80grados.net/julia-de-burgos-de-la-leyenda-negra-y-el-cantaro-roto-de-su-canto/), no pretendemos defender a Julia a ultranza, irreflexivamente. No nos detiene el hecho de ser JMTS un guajano publicado por una editorial directamente vinculada a
Guajana. Mentir es siempre una indignidad y la verdad está más alta que los afectos personales. Lo pertinente, pues, al caso que nos ocupa, es buscar esa verdad, la Julia verdadera. No se trata de que Josemilio González, por ejemplo, no hubiera oído los rumores tristes: se trata de que al caso y al propósito que lo ocupaba no había espacio, decoro ni pertinencia útil para ocuparse de esas astillas cuando manejaba tanto talento y tanta grandeza. Así lo comprendió también don Pedro Mir, “sin lágrimas”. Y Martí, lo recordamos todos muy bien, decía que los desagradecidos hablan de las manchas del sol, pero los agradecidos hablan de la luz.

2. De la edición

    Se trata de un edición muy lucida, amorosamente trabajada, de unas 202 páginas acompañadas de numerosas fotografías, algunas prácticamente desconocidas, en formato pequeño, con una tapa encarnada, color vino, en la que aparece una de esas fotos de Julia poco frecuentadas, pero coloreada. Se trata de un biografía escrita con un formato cronológico, que incluye un prefacio elogioso de Edgar Martínez Masdeu y una introducción de JMTS en la que explica el sentido del título de la obra, es decir, el carácter “maldito” de la vida –y también de la obra– de Julia. Sale este libro como parte de una trilogía de Los libros de la Iguana –casa editorial manejada gracias al esfuerzo titánico y el sacrificio abnegado de Reynaldo Marcos Padua y Margarita Maldonado Colón–, trilogía dedicada a Julia, y en su homenaje, con motivo del centenario. Los otros dos libros son el “Diario” de Julia, en una edición de Edgar Martínez Masdeu, y un libro de Carmen Lucila Quiroga sobre “el desarrollo de la conciencia femenina en la expresión poética” de Julia de Burgos.
    Para Martínez Masdeu, el libro de JMTS  “representa una labor minuciosa, iluminadora, contundente, honesta, sincera...”, y aunque no la considera la biografía definitiva, sí la califica como “la biografía más honesta e intelectualmente válida que se ha realizado hasta ahora” (9), incluyendo, desde luego, la de Santos Febres (“Yo misma fui mi ruta”) publicada en febrero pasado por el Municipio de Carolina, pues sus palabras están fechadas en abril de 2014. A juicio de Martínez Masdeu, JMTS no incurre en las mentiras y los subterfugios que han caracterizado las biografías previas, que han mentido mucho, inventado más y especulado demasiado (10). Destaca algunas “revelaciones” –a nuestro juicio muy dudosas– que hace JMTS, como que Julia participó del asalto al Capitolio de 1932, realizado por los nacionalistas, y que “los últimos años de Julia fueron un continuo y fatigoso deambular por las calles de Nueva York” como pareja de los bums y los vagabundos (11). JMTS afirma, además, que Julia fue violada por su padre (43) y que “ya para los primeros años de la adolescencia, la primogénita novia del río era dipsómana” (42). Todo le parece bien al Martínez Masdeu que juró no decir jamás ciertas cosas que se le confiaron (12) y que parece haber leído aquí, según lo sugiere su nota última.
    Lo del carácter “maldito”, expuesto en la mencionada “introducción” de JMTS (13-32), es una de las partes de mayor interés, en mi opinión, en esta biografía. Se trata de la adscripción de Julia al grupo de “poetas malditos” o decadentes, que floreció a fines del siglo XIX en Francia, representados por poetas de gran señorío como Verlaine y Baudelaire, o de otros espacios como Poe, pero de la misma época. JMTS define el malditismo como el de un poeta de vida turbulenta, rechazado por su conducta liberacionista y su alcoholismo, marginado del mundo oficial y la sociedad civil, vagabundo de conducta individual tormentosa, suicida en potencia y de muerte trágica. Se le llama también el “mal del siglo”, y Darío se refirió a ellos como los “raros” (20). No dudo de que algo de esto hay en Julia, a pesar de algún reparo de anacronismo, pero se trata de un modo o estilo con evidentes convergencias en la trayectoria vital de Julia que permiten hacer la extrapolación. Ello, en el fondo, no adelanta gran cosa la comprensión debida a la obra de Julia, solo enmarca una perspectiva comparada dentro de una porción de la modernidad occidental.
     El libro de JMTS me recuerda la historia –quizás de Arreola, quizás de Carlos Fuentes– de una empleada doméstica que, empeñada en conservar la imagen adorada de Porfirio Díaz, la limpió continuamente hasta borrarla. Y es que, a pesar de que dice que pretende defenderla, y aunque nutre el texto con abundantes referencias y testimonios poco conocidos, la “Cronología” de JMTS está repleta de expresiones desafortunadas y, me obligo a decirlo, infundadas. En mi opinión, y a pesar de sus abundantes aciertos, este libro no se sostiene muy bien. No se trata de defender a Julia a ultranza, como alega pretenderlo el propio JMTS, contra sus críticos de moral doméstica y burguesa, sino de mostrar una Julia verdadera hasta donde eso sea posible hacerlo, y siempre en función de estudiar su talento, sus aportaciones, su arte. Lamentablemente JMTS se hace eco de las partes más oscuras de la biografía “en blanco y negro” de Juan Antonio Rodríguez Pagán, solo que magnífica algunos de sus más desafortunados defectos. En lugar de defender a Julia remueve la mugre de la denostación acumulada durante casi un siglo en esta figura que tiene dos rostros: uno de sol y otro de sombra.
    Una cronología suele estar compuesta de hechos y datos comprobados, y nunca por la especulación, el cálculo, la argumentación, la interpretación, modos que predominan en la obra. Puede contribuir a la confusión, tanto del autor como del lector, el hecho de que en esta cronología las consabidas columnas que suele poseer una cronología, ubican en tres columnas separadas los datos biográficos, los hechos históricos del país, y las referencias de acontecimientos internacionales, de manera que el lector pueda establecer correspondencias. Pero en la cronología de JMTS todo se da junto, mezclado. De esta suerte, Julia resulta ser nuevamente mancillada con los mismos viejos reclamos de moral doméstica oídos mil veces, pues en realidad, aparte de las argumentaciones y los “cálculos” erróneos, esta cronología carece en el fondo de datos nuevos, si bien se apoya en testimonios menos conocidos y más rebuscados, y en argumentaciones y teorizaciones muy de Josemanuel. Mas el fondo grueso de su contenido depende mucho, como es razonable que así sea, de las muy conocidas biografías de Yvette Jiménez y de Juan Antonio Rodríguez Pagán, las Actas del Congreso del Ateneo de 1992, y en algunas entrevistas hechas muy a destiempo, treinta, cuarenta años después de los acontecimientos, pues Julia murió en el 1953. Cierto es que aparecen referencias a muchos de los 48 trabajos incluidos en la bibliografía, más de cuatro veces más extensa que la utilizada por Santos Febres: 11. Pero, y esto es muy importante razonarlo, si Julia no hubiese sido una mujer del Caribe, sino Paul Verlaine o Edgar Allan Poe, muchos de los “hechos” que protagonizan esta obra acaso hubieran estado solo en notas al calce.

3. La “cronología” de Julia

según José Manuel Torres Santiago
    JMTS comienza su “cronología” hablando de Hostos. Quizás tenía en su mente el libro de Günter Grass, “Mi siglo", que anota pasajes particulares vinculados a cada año del siglo, pues la alusión a Hostos nada tiene que ver con Julia, sino simplemente, con el comienzo del siglo y las profecías de su famoso ensayo “El siglo XX”. Ello pone en evidencia la inclinación, aquí, de JMTS de sentar cátedra sobre muchos asuntos marginales a la biografía, digresiones en algunos casos, aunque de interés y bien fundados. Salta al 1912 con el presidente Taft y su declarado afán de poner algún día la bandera de EUA en el polo norte, Panamá y el polo sur. Entonces, finalmente, el 1914: llegamos a Julia, al hambre familiar y los desmanes de la colonia.
    Tras hablar de las circunstancias familiares en que nace y del “espíritu de las aguas” que según su madre habitaba en en el fondo del río, apunta que el padre la inició en el uso de alcohol, de modo que era “dipsómana”, ya, “en los primeros años de la adolescencia” (42). ¿Y cuál es la fuente que acredita el dato, JMTS, que no sea fruto absoluto de la especulación? Pero el poeta de Guajana no se detiene ahí, pues poco después, producto de un chisme dado a Juan Antonio Rodríguez Pagán por alguien cuyo nombre prometió no revelar, dice, citando a Pagán, que su padre “la inicia en las experiencias eróticas”. Por algún motivo extraño y transfigurador, JMTS lee en ello muchísimo más: que “Julia fue víctima de incesto” y que “fue abusada sexualmente por el padre” (43), tras de lo cual añade, una larga lista de preguntas retóricas que remiten, a este dato revelado, los infortunios todos de su vida “maldita”. De este modo se da como fatalidad la vida futura de Julia, y da por ciertas las cosas antes de referirlas.
    Usted puede especular a partir de datos y expresiones aquellas cosas que la entrelínea sugiere, pero no puede hacer pasar la especulación como hecho. La especulación pertenece al mundo de las hipótesis y a la ensayística estética, no al de la tesis y la crítica científica. Contrario a la idea que la vida de Julia de Burgos le define a JMTS, yo pienso en una Julia insumisa, completamente ajena al rencor, fuerte, segura de sí misma, y de una dignidad sin abolladuras, de una sola pieza, sin un ápice de víctima antes de su rompimiento con Jimenes Grullón. Una mujer al frente de todos y de todas, “con la tea en la mano”, que es una imagen suya de ruptura y de urdimbre revolucionaria.
    JMTS hace muchos más esfuerzos por demostrar el carácter maldito de Julia. Con fecha del 28 de junio (1914) JMTS añade a la “desventura” juliana el haber nacido en el año en que inicia la Segunda Guerra Mundial, pues según él, nace “bajo el terrible signo”.  (¿Incluirá en su fatal horóscopo a todos los nacidos ese año en el planeta?) En el año 1920, JMTS anota la mudanza familiar a Río Grande que JMTS ve como signo de su futura emigración a Nueva York, Cuba, Washington, D. C., y ya, desde los seis años de Julia, ve además en esa mudanza a Río Grande el punto de partida de “su vida de dipsómana y desamparada entre los bums y los homeless.
(¿Josemanuel ve o se alucina?) En el regreso de la familia a Carolina de 1925, JMTS ve el presagio temprano del “destierro radical al que la empujarán más tarde las circunstancias conflictivas de su vida” (51). Luego, la nueva “emigración” al arrabal El Monte de 1927, prefigura ya, para JMTS, que Julia termine sus días en “la desesperación, la depresión, el nomadismo, la miseria de la existencia y su inmerecida muerte en el abandono, la soledad y el anonimato” (52).
    En agosto de 1931, JMTS apunta que según Doel López Velázquez “Julia
milita en el Partido Nacionalista como secretaria, a veces, del Dr. Don Pedro Albizu Campos”. La cita está tomada de una ponencia publicada en las Actas del Congreso del Ateneo de 1992 (49). En ese entonces Julia tenía apenas 17 años, estudiaba en la escuela superior de la Universidad de Puerto Rico y entrenaba para competencias deportivas. Juan Antonio Rodríguez Pagán, autor de una de las biografías más documentadas y extensas sobre Julia, que Torres Santiago usa como fuente, conjetura que Julia se incorpora al Nacionalismo en el 1934, tras graduarse de la Escuela Normal y tras conocer a Albizu durante el ayuno sanjuanero de Clemente Pereda. Juan Antonio Corretjer lo apunta así también, pues indica que es durante el ayuno público de Pereda en la plaza de San Juan que conoce a Julia, y que esta observaba con asombro a Albizu Campos (“Julia en blanco y negro”, San Juan: Sociedad Histórica de Puerto Rico, 2000, 90). 
    El hecho de que en el 1934 Julia llame en un poema “hermano” a un joven nacionalista caído cuando el asalto de este grupo al Capitolio en el 1932, hace afirmar a JMTS, fruto incuestionable de sus “cálculos”, que ¡“Julia participó en el asalto al Capitolio”! (57-59). Según Rodríguez Pagán, en cambio, Julia pasa a formar parte de la Directiva, como secretaria, del Frente Unido Femenino Pro Convención Constituyente de la República de Puerto Rico en el 1936, y luego se integrará en otros instrumentos de lucha política (Ibid, 121).
    En el 1936, como Luis Llorens Torres la elogia enormente, del mismo modo que muy poco después harán muchos más, JMTS afirma que Julia tiene “un affair” con Llorens, y que ello sería un factor en el divorcio de su primer matrimonio. ¿Dónde está el fundamento más allá de la especulación y la maledidencia? JMTS también le adjudica a Julia la práctica indiscriminada del “amor libre” (104), sin señalar tampoco la fuente o el fundamento. Me pregunto cómo puede afirmar o conocer nadie, más allá del morbo, de la conjetura y el quizás, de la vida sexual de otras personas, si esas cosas solo las conocen, o creen conocerlas, los que las realizan en la intimidad compartida. 
    José Antonio Dávila escribe párrafos luminosos y agudos sobre la primera poesía de Julia (112). Nilita, sin embargo, le critica que pueda leerse en su primer libro, de manera tan clara y directa, su ideología política, su credo, cosa que un poeta no debe hacer en su opinión. Pero la opinión de Nilita, según JMTS carece de fundamento, pues, según anota el chisme, lo que está detrás es un ataque de celos contra Julia por haber captado el interés romántico de Juan Isidro Jiménez Grullón (71). El chisme que desacredita las razones de Nilita basado en las motivaciones que se le adjudican, es de Rodríguez Pagán, pero JMTS las reacredita.  Las razones de Nilita no se sopesan: se recurre al ataque del portador de la idea, al argumento ad hominem.
    Las relaciones amorosas que se establecen desde diciembre de 1938 entre Julia y Juan Isidro Jimenes Grullón, no son relaciones amorosas según los biógrafos que ya conocemos: son de “amantes”. Cualquiera conoce la connotación peyorativa inoculada en el significado de esa palabra elegida y que inclina la balanza con el dedo. Pero además, acto seguido, el dato viene otra vez acompañado de la larga secuela de hechos nefastos que “aceleran el alcoholismo” y “conducen a la muerte” (107). De esta suerte, Jimenes es otra vez el culpable de la muerte de Julia una década después. ¿¡Cuántas veces se habla de alcoholismo y se tacha a Julia de dipsómana en un libro que pretende celebrarla y reivindicarla?!
    La visión de JMTS sobre la relación amorosa entre Julia y Jimenes es la usual: Juan Isidro es su amor, y la culpa de la tragedia futura de Julia recae sobre su abandono. Lo cierto es que, al contrario, todo sugiere que es Julia quien rompe con Jimenes por celoso, por estrecho, por pretenderla reducida a la vida doméstica, y por no querer casarse con ella tras culminar el divorcio con su anterior esposa. Durante este periodo según declara Jimenes, logró que Julia no probara una gota de alcohol. Bosch que vivía con ellos o muy cerca, declara maravillas en torno al comportamiento de Julia y le reprocha a Jimenes algunas mentiras y ofensas. Lo de que “ella no podía concentrarse en un amor” (110) no debe leerse en términos de promiscuidad sexual, sino de que no podía reducir su vida a la función de esposa a la sombra del marido... aunque lo intentó. Eso de que la ruptura con Jimenes “significa, sin lugar a dudas, la muerte espiritual de Julia” (palabras de Yvette Jiménez que JMTS hace suyas, 152) es una falacia que desmiente su obra posterior, su obra para “Pueblos Hispanos”, su premio de Periodismo otorgado por el Instituto de Literatura en el 1946, e incluso sus versos de 1953, año de su muerte.
    La leyenda negra se apodera del libro de JMTS a partir de la página 157, es decir, del 1942, cuando Julia regresa de Cuba a Nueva York. En este sentido, el libro de JMTS lamentablemente pertenece al bando oscuro de sus biógrafos más ácidos, incluidos Rodríguez Pagán y Santos Febres. Llamo “leyenda negra” a la visión fatalista, apocalíptica y esperpéntica de una Julia drogada por un alcoholismo severo, sexualmente abusada, deambulante y acosada por el delirium tremens.
    A lo largo de todo su exilio, aún en los años felices de su “verdad sencilla”, Julia se muestra en sus cartas a su hermanita Consuelo muy dolida por la difamación de que era víctima. Si consideramos que Julia era mujer divorciada ya en 1937, a los 23 años, algo puede especularse con base en tierra firme.
            Yo recuerdo que en mi temprana adultez, en los años 70, se presuponía que casi toda divorciada era una mujer fácil, deseosa de ser poseída. Si a eso se le suma su no muy oculta devoción por Juan Isidro, hombre casado, aunque separado y en vías de divorcio; si se le suma su fama como “novia del nacionalismo”, y su militancia política desde el liderato y la tribuna; si se le suma su moral antiburguesa, de clase, encontrada con la fe católica y la aburguesada concepción de la mujer doméstica y domesticada; si consideramos que Julia fue una mujer segura de sí misma, contestataria, retadora, que no le bajaba la vista a nadie y se sentaba a beber junto a los obreros en los cafetines y bares; y si consideramos que hasta el final de sus días Julia fue una simpatizante, al menos, de la revolución comunista, preñada de ardores y utopías, y que se describía a sí misma como “materialista” en el sentido marxista, ¿cómo, entonces, no habría de ser Julia víctima de un escarnio que seguramente fue alentado por los agentes del imperio norteamericano? Esta, seguramente, es la base de su leyenda negra. La misma que anticipó cuando con fingida postración y derrota decía en el primer poema de su primer libro lo siguiente:
        “Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
        en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
        el cura, el modista,, el teatro, el casino,
        el auto, las alhajas, el banquete, el champán,
        el cielo y el infierno, y el qué dirán social”.
Es un poema liminar de autodefinición –“A Julia de Burgos”– que termina con una rotunda rebelión social, más que política, y la “tea en la mano” contra la moral burguesa que la acosó hasta su muerte y la sigue acosando aun hoy. Ese
qué dirán social es justamente lo que persigue a Julia aquí.  
    La seriedad del asunto de la conducta sexual y la adicción al alcohol debería imponerle a un biógrafo mayor discernimiento y exactitud, puesto que la historia de esa última década de Julia está repleta de acontecimientos de carácter muy diferente. Aparte de su premiado trabajo periodístico en “Pueblos Hispanos”, coincide, el último lustro, con los numerosos internados en hospitales como el Metropolitan Hospital, Mount Sinaí, San Lucas, Harlem, Lincoln, Loeb Memorial, Bellevue Hospital, New York Hospital–, finalmente en el Goldwater Memorial Hospital en Welfare Island. Lo cierto es que la cirrosis que padece desde el 1947 pudo ser causada, además del alcoholismo, por la hepatitis B o C, trastornos autoinmunitarios, trastornos de las vías biliares, medicamentos y otras causas. No obstante, Julia trabaja también con la Junta Nacionalista de Nueva York, contrae matrimonio (con Armando Marín) en el 1943, trabaja en Washington, D,C., aun en 1951 trabaja como directora del “Álbum Literario Puertorriqueño 1950-51" de la ciudad de Nueva York (“Cronología”, Actas del Congreso del Ateneo de 1992). Además, Julia participa en un programa radial dedicado a Luis Llorens Torres, ya fallecido, poeta y amigo al que Julia alentó en Nueva York (en el 1944) antes de su muerte. Poco antes de la muerte de Julia, en el 1953, aun escribe versos, algunos en inglés, y participa en el hospital de las reuniones con Alcohólicos Anónimos. Es indiscutiblemente que una aureola de muerte la rodea como a una heroína de tragedia griega. Pero esa aureola está presente desde su primer libro, ciertamente, como una fatalidad que solo puede explicar razonablemente su conciencia de sí misma, en choque abierto y franco con el mundo colonial y burgués que su dignidad rechaza.
    Aparte de la adscripción de Julia como poeta maldita, muchos otros comentarios de JMTS, como estudioso de raíz marxista de la historia y de la literatura puertorriqueña, tienen interés. Hay una fotografía de Julia (101) en la que aparece en ropa de montar a caballo –con pantalones, por tanto– al lado de Llorens y otras mujeres, lo que nos recuerda que JMTS vincula a Julia al principio del libro con la tradición feminista y proletaria de Luisa Capetillo (19). El temprano elogio, en toda su extensión, de Trina Padilla de Sanz (103), hecho en el 1938, contrasta con los inútiles chismes en torno a Nilita Vientós Gastón (116-117). La bifurcación ocurrida en Nueva York dentro de las filas del Partido Nacionalista, por la acción divergente del grupo marxista de Corretjer y Soto Vélez, al que Julia pertenece (133). La visión de Julia como precursora de la poesía comprometida (134) de los años sesenta es muy importante. JMTS piensa que nadie en Puerto Rico, ni siquiera Corretjer, hace en Puerto Rico una poesía nacionalista de inclinaciones proletarias a mediados de la década de 1930 como la hizo Julia. (En esa época, añado, tampoco la hacía Pablo Neruda en Chile.)
    Me preguntaba yo hace unas semanas cómo habría impactado a Julia la excarcelación de Albizu en el 1943, que vino a coincidir con su regreso a Nueva York donde viven ambos (“Julia de Burgos: Más allá de su pausa para e amor”, www.lasletrasdelfuego.com). JMTS se pregunta más: ¿cómo impactó a Julia la revolución nacionalista de 1950? Especula el poeta, con relativa certidumbre esta vez, que quizás no
hay registro de ello porque para esa época ya Julia se hallaba en un estado de salud muy comprometido, de desamparo y errancia (180).
    La recapitulación, muy breve, que JMTS hace al final de la obra, no alcanza a dejar en el ánimo del lector otra cosa sino una imagen polémica, contrariada, lastimosa, y barroca. De desear hubiera sido que JMTS dejara en el ánimo del lector el hálito de grandeza que deja Octavio Paz en su biografía “Sor Juana Inés de la Cruz, o las trampas de la fe”. En este libro Sor Juana cae vencida, pero sin embargo triunfa por la fuerza de su creatividad, y porque sus enemigos aparecen en el libro como fuerzas oscurantistas. Otro caso de comparación a desear hubiese sido la trágica vida de Frida Khalo.



 4. Consideraciones finales        
     “Julia de Burgos, poeta maldita” es un libro que pone de relieve una dedicación muy intensa. Si pensamos que JMTS vivió también sus últimos años acosado por el Parkinson, e intentando tratamientos diversos en varios centros hospitalarios, incluyendo alguno de Cuba, entonces, quizás, pensó o sintióse, él mismo, poeta maldito, en la misma brecha de Julia.
    Sin embargo, Juan Bosch le reprocha a Jimenes su falta de delicadeza al hablar de Julia, recordándole que Martí aleccionaba, como norma moral inquebrantable, que no manchemos nuestra vida “diciendo mal de mujer”. Y que si hemos de hablar mal de una de ellas, nunca sea en cuanto mujer. Hablar de Martí, y recordar nuevamente de inmediato su lección sobre los desagradecidos con el sol que hablan sólo de sus manchas en lugar e hablar, agradecidos, de su luz, está a solo un paso.   
    Juan Sáez Burgos me preguntaba anoche, repito, cómo el “milagro desprendido de la tierra al alba” que era Julia para Guajana en el 1964 vino a reducirse a esta alegada dipsómana deambulante que nutre su leyenda negra... Yo no lo sé, Juan. Yo no sé. El editor me recuerda, con razón, que JMTS se caracterizó toda su vida por una visión muy particular de las cosas, siempre polémico y controversial. Pero me duele que un siglo después aun sea víctima de todos nosotros. Mas a la larga y a la corta, lo verdaderamente indefectible y exacto, es que unos y otros, en la luz y en la sombra, la llamamos, entrañablemente, poeta. 
                                                                                     
                                                                                     Marcos
                                                                                     Reyes Dávila
                                                                                     ¡Albizu seas!

PUBLICADO EN  80 GRADOS: http://www.80grados.net/julia-de-burgos-poeta-maldita-y-barroca/
y también en EL PostANTILLANO: http://www.elpostantillano.com/pagina-0/316-resena/12287-jose-manuel-torres-santiago.html

viernes, 10 de octubre de 2014

Julia de Burgos: Más allá de su pausa para el amor




Peregrinando al Simposio “Me llamarán Poeta” - III

JULIA De BURGOS:
Más allá de su pausa para el amor       
   


No le plagio el título al libro de Juan Antonio Corretjer: “Pausa para el amor”.
Es imposible. El título alude de manera palpable y casi ardiente no solo a su amor constante por su compañera esposa Consuelo Lee Tapia, sino a su dedicación, abnegada e inquebrantable, con la lucha por la libertad de Puerto Rico y la construcción de una patria socialista. Para la Patria es la entrega de la vida; para el amor es la pausa.
    Al aludir al libro de Corretjer en el título de este trabajo, pretendo establecer el vínculo que lo hermana con Julia, a la vez que construyo, con la trayectoria vital de Julia, la imagen, así corregida, del verdadero carácter de su vida que tanto la potencia. Porque Julia de Burgos guarda muchas convergencias con el poeta de Ciales, y porque, con “la tea en la mano”, despejamos algunas de las muchas sombras que falsifican la obra de Julia de Burgos asistidos principalmente, en esta ocasión, por algunas de las ponencias presentadas en el importantísimo “Congreso Internacional Julia de Burgos” que se celebró en el Ateneo Puertorriqueño en el 1992 por iniciativa del Edgar Martínez Masdeu. Nuestro Simposio, “Me llamarán poeta”, a celebrarse en la Universidad de Puerto Rico en Humacao en febrero de 2015, se inspira en aquel Congreso y aspira a prolongar su egregia estirpe.
    Digamos, conforme a lo ya expresado, que no, que con Julia no es posible celebrar “la ruta que hemos elegido como país”, como dice Mayra Santos Febres en su biografía titulada “Yo misma fui mi ruta” (Edición del Municipio de Carolina, 2014, 189), porque, en primer lugar, este país-nación –Puerto Rico– no ha tenido nunca la libertad de elegir su ruta, y porque, por lo contrario, y en segundo lugar, Julia combatió con todas las fibras de su ser el régimen colonial de Puerto Rico a lo largo de toda su vida. Afirmar lo que se afirma en esta biografía niega su vida y su obra. Así lo apunta, sin lugar a dudas, Iris M. Zavala, en la ponencia incluida en las Actas del mencionado Congreso Internacional (ACI-JB) publicadas por el Ateneo Puertorriqueño en el 1993: “debería quedarnos claro –señala Zavala– que Julia de Burgos es una poeta anticolonial” (380).  Y es que, contrario a la esperanza expresada por el organizador del Congreso, Edgar Martínez Masdeu, lamentablemente aun no están “vencidos los puritanismos absurdos que hipócritamente se ensañaron con ella” (13), probablemente alentados y sembrados por las agencias coloniales norteamericanas. Por eso, a un siglo de su nacimiento, apena constatar a la luz de la biografía antes citada, que, como dice, por otra parte, Martínez Masdeu, “la biografía auténtica está aun por escribirse” (15).
    La visión lacrimosa de una Julia doliente, víctima del escritor y político dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, falsifica la figura real de Julia, aunque la proclamen así con velas encendidas a la luz de la luna aquellos que sueñan con pesadillas. Esa, con ligeras variantes, es la visión predominante entre los biógrafos. Un poco se parte de la fuerza expresiva de Julia, “amanecida del amor”,  y del posterior desengaño de su “verdad sencilla”, al
que se vincula con una prolongada y fatal caída en el alcoholismo que cubriría los últimos diez años de su vida. La evidencia disponible por los más importantes biógrafos –desde Yvette Jiménez hasta Mayra Santos, pasando por Juan Antonio Rodríguez Pagán– pudo, y debió, haberles permitido ver las cosas de otra manera.
    En primer lugar, porque Juan Isidro, de acuerdo al testimonio testigo de Juan Bosch, sometía a Julia al ataque de celos constantes que lo llevaron al extremo de escribirle a la hermana de Julia, Consuelo, que esta lo engañaba con los jóvenes estudiantes de la universidad (ACI-JB., 21-22). Se desprende del epistolario, así como de los textos poéticos, que Juan Isidro quería tener a Julia sometida a un absurdo puritanismo, dependiente y reducida al ámbito doméstico, sin poderse maquillar siquiera en la casa. De esa pretensión de hacerla vivir, encerrada, “cosiendo, oyendo la radio y hablando con las damas”, como “la más puritana de las momias femeninas”, se queja Julia en carta a su hermana Consuelo en esos días de La Habana (Yvette Jiménez, “Julia de Burgos: vida y poesía”, Río Piedras: Editorial Coquí, 1966, 53). Juan Isidro no esconde mucho sus motivos cuando todavía muchos años después, en entrevista que le hiciera Chiqui Vicioso (“Juan Jimenes Grullón: el rival del Río Grande de Loíza”, En En Rojo, “Claridad”, 12 al 18 de febrero de 1988, 19-21) dice que a pesar de su devoción por él, Julia “no podía concentrarse en un amor”, porque era “torrente”. Añade que fue un error suyo “llevarla a la universidad de La Habana donde podía reunirse con otros jóvenes bohemios”, y que quizás, de haber llegado un hijo, ella hubiera permanecido a su lado “en forma de lealtad total”.  
    En segundo lugar, cuando Juan Isidro se niega a echar adelante la relación con Julia tras el divorcio, alegando que no podría hacerlo mientras vivieran sus padres, la situación se hace insostenible para la propia Julia, que es quien, según parece, rompe la relación con Juan Isidro: “le escribí un profundo, desgarrador, pero inaplazable adiós”, le escribe su hermana Consuelo (Ibid., 60). En tercer lugar, Julia es capaz, después de eso, de abrirse a otras relaciones que concluyen en el matrimonio. En cuarto lugar, Julia nunca deja de crear, lúcidamente, hecho en cierta medida incompatible con la visión de la vida de beoda que se le atribuye. Y en quinto lugar, Julia fue la encarnación más elocuente y transparente de una mujer rebelde, comprometida, militante, contestataria, revolucionaria, toda su vida. El episodio con Juan Isidro no da la medida de su verdadero carácter, y se reduce al periodo que va entre el 1939 y el 1942. Antes, y después, lo que tenemos es la Julia de “la tea encendida”. El episodio de Juan Isidro bien puede verse, entonces, como una “pausa para el amor”, título del cuaderno de versos de Juan Antonio Corretjer, nacionalista, socialista, y luchador revolucionario, de toda la vida, como Julia.
    Nacida en febrero de 1914, Julia era apenas mayor de edad cuando se inserta en las luchas políticas del nacionalismo que bajo el liderato de Pedro Albizu Campos logró retar y poner en jaque al régimen colonial de Puerto Rico. De acuerdo a Juan Antonio Rodríguez Pagan (“La hora tricolor: cantos revolucionarios y proletarios de Julia de Burgos”, Humacao: Editorial Cundeamor, 1992), Julia es miembro de la directiva del Frente Unido Femenino Pro Convención Constituyente de la República de Puerto Rico desde junio de 1936.  Julia se inserta justo en medio de la guerra que el régimen colonial norteamericano desata contra el Partido Nacionalista que dirije Pedro Albizu Campos a través del gobernador Winship y el Coronel Riggs. Para la fecha en que Julia es electa en esa directiva, ya ha ocurrido la masacre de cuatro nacionalistas en octubre de 1935, vengados luego con el asesinato de Riggs, y seguida de la ejecución inmediata de sus dos ejecutores nacionalistas en febrero de 1936. El liderato nacionalista ha sido sometido a juicio en la corte “federal” o colonial, y se ha condenado, en un segundo juicio –pues en el primer juicio el jurado no halló culpa–, a Albizu y otros líderes, a prisión en Atlanta. La “Masacre del Domingo de Ramos”, en la que la policía asesinó a sangre fría a 19 nacionalistas e hirió a un centenar, está por ocurrir en marzo de 1937. En el 1939 Julia es electa a la directiva del Congreso Nacional Pro Liberación de los Presos Políticos, y de la Liga Pro Democracia que presidirá Vicente Géigel Polanco, el independentista. La joven Julia escribe proclamas y versos revolucionarios que denuncian esos crímenes, y arenga con discursos desde la plaza de la Revolución de Lares desde 1936, a los 22 años, lo que le merecerá el apelativo de “la Novia del Nacionalismo”. Algunos de los poemas de estos años pasarán a formar parte de su libro de 1938, “Poema en veinte surcos”.

    Tras la “pausa para el amor” de 1939 a 1942, los años de su idilio con Jimenes, y en los que nuestra poeta sale de Puerto Rico a Nueva York, luego a Cuba y nuevamente a Nueva York, Julia se dedica en cuerpo y alma nuevamente a la batalla. Mas, ni aun esa “pausa para el amor” fue absoluta, pues si bien siguió los alientos de su corazón detrás de Jimenes Grullón, continuó escribiendo su obra y reaccionando a los acontecimientos nacionales e internacionales. Pues no fue Julia solamente una poeta anticolonial y nacionalista: fue también una poeta antiimperialista y antifascista, comprometida con la República Española, con la tradición libertaria de Bolívar y de la América Nuestra mestiza. Comprometida, además, con las causas democratizadoras que la hacían incompatible con las dictaduras latinoamericanas, fuera en la República Dominicana de Trujillo, la Nicaragua de los Somoza o la Honduras de los Carías. En Cuba se une a Martí, al Pablo Neruda ya revolucionario del Canto general, al Nicolás Guillén de la redención negra y caribeña, al Juan Marinello del Partido Comunista Cubano, a la Revolución Rusa comunista en guerra contra el fascismo alemán. Su ideario revolucionario y libertario es amplio, coherente y completo.
    Tras la “pausa” y de regreso a Nueva York, Julia se une desde el 1943 al grupo editor del semanario “Pueblos Hispanos”, publicación de orientación comunista publicada en Nueva York en plena Segunda Guerra Mundial. El semanario era dirigido por el poeta nacionalista Juan Antonio Corretjer, quien tras la experiencia carcelaria había evolucionado hacia la ideología socialista. El semanario alcanzó a publicar 87 números, a la altura de octubre de 1944, y en él Julia publicó, de acuerdo a Rodríguez Pagán, 29 trabajos, entre poemas, ensayos reseñas y entrevistas, todos de corte político.
     Se suele pasar por alto una circunstancia de importancia excepcional. En junio de 1943 sale también de prisión Pedro Albizu Campos, el líder indiscutible del nacionalismo puertorriqueño, quien permanecerá en Nueva York –donde radica Julia– cuatro años, de acuerdo a los términos de su libertad condicional. No conocemos de entrevistas entre ellos, aunque que son de esperar.
    Pero para junio de 1946, Julia se convierte en directora de la sección de
Cultura de “Pueblos Hispanos”, aunque ya en agosto se traslada a Washington D. C., con su nuevo esposo, Armando Marín. Allá trabaja en la oficina de Inter-American Affairs, y publica en el “Semanario Hispano” un artículo que le permitirá ganar el Premio de Periodismo del Instituto de Literatura en el 1946 (“Cronología”. Cuadernos del ACI-JB).
    Desde el 1947 se agudizan sus males físicos: la cirrosis (que puede ser causada por la hepatitis B o C, trastornos autoinmunitarios, trastornos de las vías biliares, medicamentos y otras causas), nerviosismo y un presunto alcoholismo que frecuentemente se señala, aunque Jimenes alegue que en los años vividos con él en La Habana consiguió que Julia no probara una gota de alcohol (Entrevista de Chiqui Vicioso, Op. Cit.). Entonces se inicia la secuela de hospitalizaciones que la conducirá a la muerte. No obstante, aun en 1951 trabaja como directora del “Álbum Literario Puertorriqueño 1950-51" de la cuidad de Nueva York (“Cronología”). Además, participa en un programa radial dedicado a Luis Llorens Torres, ya fallecido, poeta y amigo al que Julia alentó en Nueva York (en el 1944) antes de su muerte. Poco antes de la muerte de Julia, en el 1953, aun escribe versos, algunos en inglés, y participa en el hospital de las reuniones con Alcohólicos Anónimos. Ha salido del hospital presuntamente curada, vive con familiares, y sale a una actividad literaria el día de su muerte.
    Si nos detenemos en su obra poética, nos sorprenderá descubrir que más de un 22% de la misma tiene o participa del tema político. Su primer libro conocido, “Poema en veinte surcos”, de 1938, contiene alrededor de un 40% de poemas con tema político. Y entre los poemas sueltos, no recogidos en libro, el tema político está presente en alrededor de un 37%.
    Como se sabe, Julia vivió estrechamente vinculada con su hermana menor Consuelo. Si bien Julia no padeció de encarcelamiento, su hermana Consuelo en cambio sí, y hasta en tres ocasiones, entre el 1950 y el 55, por alegadas violaciones a la “Ley de la Mordaza”, aprobada en el 1948 tras el regreso de Albizu a Puerto Rico, para encarcelar y aplastar al liderato del Partido Nacionalista (Masdeu, ACI-JB 107), puesto que la ley penalizaba la mera expresión de la deseabilidad de derrocar el gobierno colonial. Solo por pronunciar cinco discursos, por ejemplo, se condenó a prisión al poeta Francisco Matos Paoli.

    Si bien se alega, por otra parte, que Julia no había hecho lecturas marxistas o comunistas, sí está demostrado que hizo alguna –“Freud and Marx” de Reuben Osborn, en, Y. Jiménez, 46–, y su hermana Consuelo –casi su alter ego– se desempeñó como Secretaria de Educación del Partido Comunista de Puerto Rico (Ibid.). Las vinculaciones de Julia con organismos políticos de reto al poder imperial norteamericano son, pues, vastas. Ello no prueba, sin embargo, que Julia fuera víctima del acoso y del ataque criminal solapado del poder norteamericano, como lo fue Albizu, pero plantea con fundamento suficiente esa posibilidad.     
    La aportación de Julia de Burgos a la cultura del mundo excede con mucho los reclamos de las reivindicaciones feministas que, irónicamente, resultó ser la clave de su romance con Jimenes y que, irónicamente, Julia pareció haber previsto proféticamente, desde el primer poema de su libro de 1938: “A Julia de Burgos”. El desdoblamiento psicoanalítico entre la mujer que realmente es y la que socialmente se pretende sea, definida de manera burguesa, es una constante en su obra. Julia se orienta toda su vida de manera revolucionaria devorada por su hambre de niña –hambre física y mental–, por su amor por los pobres de la tierra y por su amor irresistible por la libertad de personas y de los pueblos.

    Según Juan Bosch, aunque abundan las mujeres poetas en la América Latina, “la calidad poética a que llegan los versos de Julia no había sido alcanzada por ninguna de las mencionadas –la Mistral, la Storni y la Ibarbourou– ni por otra mujer poeta en nuestra lengua” (ACI-JB, 18). Según Efraín Barradas, Julia “vivió a destiempo”. Suyo era el reino del porvenir y la agenda de las utopías. Todo tiempo anterior al porvenir y la utopía es, ineluctablemente, campo de combate. En esa “brecha”, resurge, alienta, resiste, ruge, embiste y resplandece, como quería José de Diego, Julia de Burgos, la nuestra. 







Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

sábado, 27 de septiembre de 2014

JULIA en el Partenón de Puerto Rico, la malquerida y la teoría de la conspiración



Peregrinando al Simposio 
   “Me llamarán poeta” - II       

JULIA en el PARTENÓN VIVO 

del Corazón de Puerto Rico,
la malquerida 

y la teoría de la conspiración federal
                                   


Recientemente, y a propósito del más reciente Baquinoquio, expresamos lo siguiente:
    “El Boquio y Julia de Burgos murieron jóvenes, pero dejaron como legado un recuerdo sembrado en veinte surcos que se levanta en la memoria, como un Partenón imperecedero, construido paradójicamente con materiales aparentemente volátiles y efímeros, como lo son el verso cadencioso en un suspiro y el color pincelado en ala de colibrí. La obra recia, aquella que resiste los golpes tan fuertes del vivir, del temporal furioso del tiempo inapelable, de la mano ahogada y apagada de la muerte que sofoca tan callada, en cualquier calle o esquina del planeta, la obra que resiste la fecha de caducidad de nuestros pasos, esa obra recia sólo pueden producirla almas también recias, de ausubo, acaso estradivarius. Es muy curioso que la sensibilidad capaz de percibir las esencias del aire, de la piel, del corazón, de los encuentros, de lo que se silencia, tenga, o sea capaz de producir, efectos tan resistentes e imperecederos con un si, un do re mi en bemol.” ¿O es que recordamos al Partenón sólo por las columnas aun levantadas y no como el símbolo de un apogeo cultural quemado entre asombros?
    Al hablar de JULIA como un Partenón Vivo sembrado en el corazón de Puerto Rico, no puedo evitar recordar la obra, y el Centenario próximo, de Francisco Matos Paoli. Salas prominentes en ese Partenón merecen también, indudablemente, Luis Palés Matos y Juan Antonio Corretjer. Pero JULIA tiene un matiz de seducción profunda que no es posible apagar nunca ni arriarla de los cielos. Releyendo a JULIA, releyendo la extraordinaria biografía de Yvette Jiménez de Báez, las Actas del extraordinario Simposio del Ateneo de 1992, el libro de Juan Antonio Rodríguez Pagán “La Hora Tricolor: cantos revolucionarios y proletarios de Julia de Burgos”, las entrevistas –que conservo–  hechas por Chiqui Vicioso a Juan Isidro Jiménez y a Juan Bosch publicadas en CLARIDAD en el 1988, le tomo nuevamente el pulso a la JULIA viva de esas páginas y me asombro de cómo las biografías dejan escapar la esencia de sus desvelos, que aunque envueltos en el tul de un silencio elusivo, no por eso no dejan de tener un sentido, lo suficientemente transparente, como para descartar esas visiones equivocadas cuyo eco se repite inexplicablemente.
    JULIA, en efecto, tuvo un problema con la bebida que quiso superar con tenacidad sometiéndose a toda clase de tratamientos, incluyendo la asistencia a la recién fundada organización Alcohólicos Anónimos. Pero una cosa es eso y otra la imagen inverosímil de una JULIA ebria en calles y sótanos. Los hechos pintan un cuadro muy diferente del que narran biógrafos... y biógrafas.
    La información existente narra que Julia, el día de su muerte (1953), salía de participar de una actividad cultural. El dato no es inverosímil pues hasta el final de sus días JULIA participó, incluso, en programas de Radio (1951) y en homenaje póstumo a Luis Llorens Torres, poeta al que acompañó en su agonía (1944), y escribió poemas extraordinarios, incluso en inglés, días antes de su muerte. Sin embargo, fue encontrada inconsciente y sin identificación. ¿Sufrió un asalto, un ataque cualquiera? ¿O fue la recaída en la condición médica tratada en numerosos hospitales durante años, y luego despojada de sus papeles?
    Es cierto que, según algunos biógrafos, Juan Isidro se quejó en alguna ocasión de la propensión de JULIA a la bebida, pero en las entrevistas de aquellos que la conocieron más íntimamente y que vivieron con ella, como el mismo Juan Isidro y Juan Bosch, el cuadro es muy diferente. De hecho, Juan Isidro declara que había logrado que JULIA no bebiera una gota de alcohol en Cuba.
    Los hechos que desembocaron en el rompimiento no son del todo claros,
como nunca lo son, pero también apuntan en una dirección muy diferente a la lectura que aparece en las biografías. En varias oportunidades Juan Isidro sugiere un comportamiento no esperado en JULIA, que se agudiza en la época en que ella intenta hacer cuatro doctorados simultáneamente en la Universidad de La Habana, y toma hasta doce asignaturas a un tiempo, entre ellas: griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, higiene mental didáctica (Yvette Jiménez, Julia de Burgos: vida y poesía, 1966, 56). Y aún eso no la colma, pues se hace miembro de la Universidad Espiritual de Artes Dramáticas y participa en seminarios por la independencia de Puerto Rico y la redención del mundo. Aun entonces sigue siendo premiada JULIA, en Puerto Rico y en La Habana, como lo sería más tarde, en el1946, por el Instituto de Literatura de Puerto Rico por su labor periodística en Pueblos Hispanos.
    Pero Juan Isidro le reprocha a JULIA que se arregle y se maquille, incluso en la casa. Es agobiada, según testimonia Bosch, por sus celos intensos en esos mismos años en los que además, es elogiada por poetas de la altura de Pablo Neruda y Nicolás Guillén, entre muchos otros de Argentina y República Dominicana, e incluso Jorge Mañach. No obstante, JULIA intentó convertirse, para Juan Isidro, en la mujer burguesa que, proféticamente, como una condena perpetua, vislumbró en su juventud, aquella del célebre poema “A Julia de Burgos” de su primer libro Poema en veinte surcos: la del ropaje falso, la muñeca de la mentira social, la grave señorona, la dama casera de su marido. En las cartas parecen abundar quejas como esta: “Hago la vida más puritana que la más puritana de las momias femeninas. Paso el día cosiendo, oyendo la radio y hablando con las damas, que me rodean en la casa de huéspedes” (Jiménez, 53), para mantener la posición de “esposa” que Juan Isidro nunca le reconoce públicamente, y que llegado el caso de su liberación definitiva con el divorcio, se niega a realizar arguyendo que no podrá hacerlo mientras vivan sus padres. JULIA parece ser la que rompe la relación entonces. Juan Isidro, despechado, le entrega el pasaje de regreso a Nueva York.
    Mas para JULIA, “dejarse vencer por la vida es peor que dejarnos vencer por la muerte”, de modo que no claudicó y prosiguió su lucha. A JULIA le era imposible mantener esa vida reducida a la sombra porque era tea viviente que vivía en el aire como las mariposas cuando no la comía la indignación de la injusticia y el coloniaje. JULIA llega a la vida pública en el momento de crisis del nacionalismo albizuista, en los años 30. Al lado de Albizu, de Corretjer, enfrenta la represión de Winship y de Riggs, los hechos de sangre, los asesinatos, la guerra abierta del régimen colonial que usó todo el poder imperial para aplastar al nacionalismo. Lo de JULIA no fueron comunicados producidos en el mundo mullido de los estudios, sino en la calle, en la tribuna, en la protesta, en el enfrentamiento (Rodríguez Pagán, La Hora Tricolor, 1992). Esa JULIA nunca dejó de existir, aunque pretendiese inútilmente ponerse a la sombra de Juan Isidro. La luminosidad, la fuerza vital, la delataba, como a un Partenón incandescente.
    ¿Por qué entonces ese triste derrotero que desemboca en su muerte? JULIA estuvo enferma. La cirrosis del hígado es una enfermedad que sufren muchos propensos al alcohol, como también algunos visitadores de ocasión que nunca llegan a convertirse en ebrios de la calle. Se conoce del papiloma en las cuerdas vocales que le fue operado, pero no si era canceroso o no. El parte médico en el hospital de Harlem indica que, si no hubo negligencia, la muerte fue causada por una pulmonía lobular, hecho que quisiéramos lo corroborara una autopsia. Pero lo indudable es que su genio creador nunca la abandonó. Los “ecos del universo”, como “sinfonías en su frente”,  la acompañaron hasta el final de sus días.
    Durante años JULIA pasó temporadas en diferentes hospitales –Metropolitan Hospital, Mount Sinaí, San Lucas, Harlem, Lincoln, Loeb Memorial, Bellevue Hospital, New York Hospital–, finalmente en el Goldwater Memorial Hospital en Welfare Island. Las biografías hablan de crisis físicas y mentales, y del famoso tratamiento experimental. Se queja del encierro y del frío –pero regaló a una viejecita enferma su abrigo– del que a veces escapa por horas, pero testimonia su progreso, y de estar preparada para que la den de alta.  En la última temporada en hospital, dice que no recibe medicamento alguno ya.
    JULIA sí fue una revolucionaria nacionalista, simpatizante de la Rusia soviética y apologista del comunismo del que sí leyó algo. En La Habana era amiga de Nicolás Guillén, de Raúl Roa, de Juan Marinello, además de Juan Bosch. A su regreso a Estados Unidos desde La Habana, la CIA la despojó de sus papeles. A Albizu, sin duda aparente, se le martirizó en prisión. ¿Pero eso es suficiente para sostener la idea de que JULIA fue víctima intencional, asesinada, por el imperio? Acaso indirectamente... Sí. Igual que todos los puertorriqueños.
    Al margen de “la tentativa morbosa” que a juicio de Luis Rafael Sánchez (El Nuevo Día, 16 de febrero de 2014) desembucha “cuanto mucho importa al chisme literario y nada al hecho literario”, en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, donde la doctoramos Honoris Causa en el 1987, la llamaremos en el Simposio de febrero de 2015, tal como lo quiso y tal como lo merece, en el corazón del Partenón puertorriqueño: ¡Poeta!
           
 
         




Marcos Reyes Dávila
Coordinador

miércoles, 27 de agosto de 2014

Julia Eterna Siempre Canto


Peregrinando al Simposio 
           "Me llamarán poeta"

Julia eterna siempre canto 

                - Guajana -


Julia la del eterno río,
Julia la del eterno llanto,
Julia eterna siempre río,
Julia eterna siempre canto
”.
GUAJANA, 1.5, 1964.

 

Aunque haya quien afirme que Julia fue olvidada por los puertorriqueños, el cotejo histórico  –sin necesidad de recurrir a las corrientes subyacentes de los amores íntimos, callados–  proclama lo contrario. Unánime fue en vida el aprecio por su obra entre los poetas y los académicos del país (como Josemilio González y Margot Arce de Vázquez), los poetas más grandes de los países hermanos (como Pablo Neruda y Juan Ramón Jiménez), y el pueblo patriota de Puerto Rico, entonces mayoría, que la llamaba en la flor de sus cariños “novia del nacionalismo”. Es imposible ofrecer en estas breves líneas la evidencia documentada. Me remito tan solo a la efervescencia febril que se ha podido constatar en lo que va del centenario. Me remito al rebautizo de la Revista Mairena, dirigida durante veinte años por Manuel de la Puebla, con el nombre de Julia, en el año 2000.  (El número 20 de Mairena, de 1985, se le dedicó a Julia.)  Me remito al Congreso Internacional Julia de Burgos celebrado por el Ateneo Puertorriqueño en el 1992 bajo la dirección de Edgar Martínez Mazdeu, generador de frutos notables. Me remito al Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad de Puerto Rico en el Recinto de Humacao en el 1987. Me remito, finalmente, al homenaje que el grupo de jóvenes poetas le dedicó a Julia en el número 5 de su célebre revista GUAJANA en el 1964.
    Cuando Guajana publica este número de su revista, incipiente aún, sólo habían dedicado números a Luis Palés Matos, Luis Llorens Torres, y a Hugo Margenat, precursor de su generación. En la sexta tirada, tras el número dedicado a Julia, se publicaría el número dedicado a Pedro Albizu Campos que ungió a Guajana con el carácter definitivo que se imprimiera en la historia. Desde el segundo número de la revista, de 1962, ya publica en ella su sobrino, Juan Sáez Burgos. Pero no es Juanito quien ofrece el homenaje, según los créditos de la publicación, aunque pudiera haber sido su precipitante. La revista la dirige Vicente Rodríguez Nietzsche, y José Manuel Torres Santiago figura como editor. Es por esta circunstancia que nos luce que sea Torres Santiago el autor del editorial –de cinco páginas, no numeradas– que se publica en “Homenaje a Julia de Burgos”, seguido de otros textos, uno de Francisco Manrique Cabrera, que también la enaltece. Justamente de José Manuel Torres Santiago, saldrá muy pronto un libro biográfico sobre Julia, hasta ahora inédito, bajo el sello de Los Libros de la Iguana, titulado Julia de Burgos: poeta maldita.
    El editorial de Guajana es un homenaje poético desde la entrada : “1914:
Madrugada”. Tras aclarar que el homenaje que le debe un poeta ya lo rindieron antes cuando fundieron –ellos, los poetas de Guajana– su propio ser con la poesía de Julia, la califican como “nuestra más grande mujer poeta”. A su juicio, “su vida fue el poema más intenso”, “un milagro desprendido de la tierra al alba”, de quien fue, antes que nada, “una amanecida del amor”. El autor apunta que hablar de Julia en el amor “es pretender decirla toda ella”. Por eso la leyenda la preside, “casi mito”, “como novia del río”. Y de ahí la adscripción que le atribuyen a Julia dentro de la tradición de Jorge Manrique, puesto que desemboca en la muerte.
    Pero estos poetas ven a Julia “sin lágrimas”, como lo hará luego Pedro Mir.
Están muy conscientes de que Julia tuvo que vivir luchando contra la “estrechez” y la “mediocridad” del país, y de que su voluntad le advirtió, según ella misma lo expresara, que “dejarse vencer por la vida es peor que dejarse vencer por la muerte”. Por eso a los futuros poetas comprometidos y militantes no se les escapa la Julia desafiante y contestataria que denuncia al pueblo esclavo y al arrabal, en defensa de la “patria” y de los oprimidos del planeta.
    En el editorial se lamenta la pérdida de gran parte de la producción poética de los años neoyorkinos de Julia. Pero tras repasar el acopio de los males que la acechan, terminan el editorial con un cuarteto en el que evocan a Julia como la del eterno río, la del eterno llanto, la Julia siempre río, la “Julia eterna siempre canto”.

 

Marcos Reyes Dávila
Revista EXÉGESIS - UPRH
Comisión Nacional del Centenario
“Me llamarán poeta” - El Simposio

   
   
   
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