sábado, 11 de junio de 2016

Puerto Rico: la colonia abandonada



Puerto Rico: 
la colonia abandonada


Eugenio María de Hostos, la figura de mayor proyección y altura intelectual, moral y revolucionaria en la historia de Puerto Rico, decía en la aduana de Brasil, en 1873, que no tenía patria, que estaba creándola. En ese entonces, de 1870 a 1874, peregrino por Colombia, Perú, Chile, y Argentina reclamando el apoyo de los países de la América Nuestra para la Cuba en armas en la guerra de independencia que se desarrolló entre 1868 y 1878. Reclamó a los bolivarianos de la gesta de independencia continental, aun vivos, y a sus sucesores en el poder, que se comprometieran con la proclama de Bolívar en Ayacucho, y con el compromiso del Libertador con la independencia de TODA Nuestra América. Sarmiento le contestó que era importante su comercio de tasajo con La Habana.  Tras su muerte, Cuba y Puerto Rico quedaron abandonados a su suerte. Empero, el más desdichado, el más humilde hijo de la colonia más pequeña, dio su sangre y su creatividad para la construcción de la “segunda independencia” del continente. Impulsó la construcción de una red de ferrocarriles por toda América, en general, y del tren trasandino en particular; creó una pedagogía para liberar pueblos que aplicó en Dominicana y en Chile; reclamó la igualdad absoluta de la mujer y aplicó el principio en sus sistemas educativos; defendió a cholos, chinos peruanos, esclavos negros, el pueblo inca, araucano, los gauchos; la creación, desde entonces, de un mercado común latinoamericano; la unidad confederada del continente que le permitira defenderse de los ataque imperialistas, incluidfo EEUU; al pueblo paraguayo; la neutralidad del futuro canal de transoceánico, en fin, tantas cosas. Por ello la Sociedad de Estados Americanos lo proclamó en la víspera del centenario de su natalicio –Perú, 1938–
“Ciudadano Eminente de América”.
    Este Hostos, que murió en el 1903, sufrió la agonía terrible de ver pasar a Puerto Rico de colonia española a colonia norteamericana.  Abandonó en el 1898, a los 58 años, cargado de hijos, su cómoda posición en Chile, para intentar desviar y evitar, con todos sus recursos intelectuales, jurídicos y morales, que Estados Unidos convirtieran a Puerto Rico en colonia. No lo logró. La Ley Foraker de 1900 estableció la definición de Puerto Rico que sigue vigente hoy, en el 2016, a 118 años de la ocupación: “Puerto Rico pertenece, pero no es parte de, Estados Unidos”. “La Libertad es un modo absolutamente indispensable de vivir”, dijo. Regresó a su exilio.
    A pesar de la llamada Constitución del Estado Libre Asociado –“status” fantasma– establecido en el 1952, tras décadas de resistencia armada de la puertorriqueños, tras la “guerra fría”, tras la caída del bloque soviético, tras el arranque vigoroso del neoliberalismo, Puerto Rico ya no le es útil. Por eso, a pesar del constante saqueo, lo han abandonado a su suerte sin disimulo y sin máscaras. El Tribunal Supremo de Estados Unidos, ahora, en el 2016, el 9 de junio, resolvió que Puerto Rico es una colonia sujeta a los poderes plenarios del Congreso y que carece de menos soberanía que sus comunidades indígenas: un gueto, como el de Varsovia.
    El Presidente así lo ha declarado en vistas congresionales desde el primer gobierno de Bush, y repetidamente, incluso Obama. El Congreso acaba de aprobar de manera coincidente, el 9 de junio, una ley, que llaman irónicamente “promesa”, y que crea una “junta de control fiscal”, cuyos integrantes serán nombrada por el presidente de EEUU, pero pagada –sobre 300 millones– por el “gobierno” de Puerto Rico, y compuesta por norteamericanos que no saben dónde está Puerto Rico en el mapa, para gobernar al país, en inglés –jeringonza en Puerto Rico–, cuyo propósito es pagarle a los bonistas buitres
una deuda imposible de pagar que, siendo ellos los soberanos, ellos mismos crearon. La junta privatizará todo, todo lo vendará o lo entregará como pago a los bonistas...
    ¿Quién se conduele de Puerto Rico? ¿Donde habrá un dolor parecido al
nuestro?, como decía Hostos. Hoy he mirado muchos periódicos del mundo. Venezolanos, mexicanos, españoles, RT... Desde Telesur, La Jornada, El PAÍS, incluso Granma, y no hallo una nota relativa a la Junta colonial o a la decisión del Supremo. Quedamos a nuestra suerte frente al poderío norteamericano que destroza a Siria, como antes a Libia, que aplasta gobiernos en Haití, República Dominicana, Chile, Perú, Bolivia, Panamá, Guatemala, Honduras, Brasil, Argentina, Uruguay, TODOS.
    Es difícil. Seguimos “creando patria”. Hemos resistido e intentaremos seguir resistiendo, en español, en el seno de la América Nuestra, a pesar de todo. 



Marcos
Reyes dávila
¡Albizu seas!
Publicado en REBELIÓN, el 11 de junio de 2016
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213323

viernes, 10 de junio de 2016

Puerto Rico: una colonia llevada al matadero




Puerto Rico:
Una colonia es un pueblo llevado al matadero



Todavía hay quien dice en la prensa que la decisión del Supremo “abre una
controversia”. Todavía hay quien cree que esto se resuelve con la “estadidad”, incorporación de Puerto como un nuevo estado de la federación. Se diría que no han tomado conciencia, la cabeza en el hoyo del avestruz, de que los tres poderes constitucionales –no los fácticos– de EE.UU., es decir, el presidente, el Congreso y el Tribunal Supremo, han declarado sin diplomacia alguna, sin pelos en lengua, que Puerto Rico es una colonia sujeta a los poderes plenarios del Congreso. Eso, y no otra cosa. Nunca nos han amado. Nunca nos han tenido respeto desde la rebelión de Pedro Albizu Campos.
    No se abre una controversia: se cierra. No queda margen alguno para darle vuelta a la cosa. A pesar de la llamada Constitución del Estado Libre Asociado –“status” fantasma– establecido en el 1952, tras décadas de resistencia armada de la puertorriqueños, tras la “guerra fría”, tras la caída del bloque soviético, tras el arranque vigoroso del neoliberalismo, Puerto Rico ya no le es útil. Por eso, a pesar del constante saqueo, nos han abandonado a nuestra suerte sin disimulo y sin máscaras. En realidad no nos han abandonado. Han abandonado solo el disimulo, la sonrisa. Seguimos. Más sujetos. Más abiertamente exprimidos y aplastados y saqueados.
    El Tribunal Supremo de Estados Unidos, ahora, en el 9 de junio, resolvió que Puerto Rico es una colonia sujeta a los poderes plenarios del Congreso y que carece de menos soberanía que sus comunidades indígenas. Prácticamente un gueto dentro de Estados Unidos, como el de los judíos de Varsovia cuando la ocupación nazi.
    El Presidente así lo ha declarado en vistas congresionales desde el primer
gobierno de Bush, y repetidamente, incluso Obama: pueden vender a Puerto Rico a China.
    El Congreso acaba de aprobar de manera coincidente, el 9 de junio, una ley, que llaman irónicamente “promesa”, y que crea una “junta de control fiscal”, cuyos integrantes serán nombrados por el presidente de EE.UU., pero pagada –sobre 300 millones– por el “gobierno” de Puerto Rico;  compuesta por norteamericanos que no saben dónde está Puerto Rico en el mapa, para gobernar al país, en inglés –jeringonza en Puerto Rico–, cuyo propósito es pagarle a los bonistas buitres una deuda imposible de pagar que, siendo ellos los soberanos, ellos mismos crearon. La junta privatizará todo, todo lo vendará o lo entregará como pago a los bonistas...

Ahora bien, ¿quién o quiénes, de los que ganan $7.25 la hora, endeudó a Puerto Rico? ¿Por qué entonces tiene él, los jubilados, los enfermos de cáncer, los niños prematuros, los jóvenes, tienen que pagarla?
    Hoy he mirado muchos periódicos del mundo. Venezolanos, mexicanos, españoles, RT... Desde Telesur, La Jornada, El País, incluso Granma, y no hallo una nota relativa a la Junta colonial o a la decisión del Supremo. Quedamos a nuestra suerte frente al poderío norteamericano que destroza a Siria, como antes a Libia, que aplasta gobiernos en Haití, República Dominicana, Chile, Perú, Bolivia, Panamá, Guatemala, Honduras, Brasil, Argentina, Uruguay, etc. Si alguien duda que pueden hacer en Puerto Rico algo parecido, que no lo dude: hace mucho está ocurriendo. Mírese la historia.
    En el 1950 usaron su ejército y su aviación contra la rebelión que defendió
con armas ligeras la soberanía de la nación en Jayuya. Encarcelaron a Albizu toda su vida y lo sometieron a tortura para vergüenza nuestra. Encarcelaron a todo el liderato nacionalista. Pusieron bombas para culpar y encarcelar a otros. Asesinaron al hijo de Juan Mari Bras. Asesinaron a los dos muchachos del Cerro Maravilla. Persiguieron y encarcelaron puertorriqueños amantes de la libertad en EE.UU. Han introducido drogas durante décadas. Experimentos biológicos y sicosociológicos. Han exprimido las fuerzas económicas del país con instrumentos tan absurdos como las leyes de cabotaje. Han arruinado la economía del país para introducir sus capitales. Han bombardeado y contaminado durante décadas. Amedrentaron a todo el país con su fuerza. Asesinaron a Filiberto Ojeda delante de las cámaras de televisión. Ahora “imponen” la Junta de Control Fiscal con la anuencia del gobernador y los congresistas puertorriqueños en el Congreso con excepción de Luis Gutiérrez. En la red se consigue a Gutiérrez cantando en el hemiciclo de la Cámara los versos de Rafael Hernández: “No importa el tirano te trate con negra maldad”.
    Sí. Puerto Rico es una colonia llevada al matadero. Igual que
Auschwitz. Hay otras colonias en el mundo. Pero ninguna con 3.5 millones de habitantes y 4 millones en el exilio. No obstante, el presidente Obama reclama la aplicación de la “Carta democrática” de la OEA a Venezuela. ¿Y por qué no la aplica a Puerto Rico?
    ¿Cómo debía votar un puertorriqueño, como Sonia Sotomayor, en la reciente decisión del Supremo? ¿En contra de la mayoría, como nuestra jueza Sotomayor, para legitimizar la alegada "soberanía" del ELA, o a favor, para negar esa soberanía?
    El Supremo, a fin de cuentas, solo dijo LA VERDAD. No hay tal Soberanía. Nunca la hubo: el ELA es una colonia. Eso han dicho por más de un siglo los independentistas. Eso dijo Hostos en el 1900 cuando el Congreso aprobó la Ley Foraker, aun vigente. Allí se dijo y se dice que “Puerto Rico pertenece a, pero no es parte de, Estados Unidos.”
    Si Puerto Rico es una colonia, como finalmente se admite, entonces, ¿a quién le pertenece la deuda? La deuda es cosa chica al lado de la compensación que el gobierno colonial le debe a Puerto Rico por más de un siglo de explotación, abuso, coloniaje, privación de nuestro derecho universal a la autodeterminación y coloniaje.   
    
      Quizás todo esto podría, finalmente, ayudar a resolver nuestra definición. Porque ahora urge definirla. Lo del Supremo se puede usar para impugnar la ley de la “Yunta” del Congreso porque la Constitución de EE.UU. le impide tener colonias, como lo rechaza la ONU. ¿Por qué se lo impide? Pues porque el poder de toda república descansa en el consentimiento de los gobernados, y porque el derecho a la autodeterminación es inalienable. También lo dijo Hostos en el 1900 inspirado en su idea de que “la Libertad es un modo absolutamente indispensable de vivir”. ¿Que qué dijo?:
    “Ni hoy ni mañana ni nunca, mientras quede un vislumbre de derecho en la vida norteamericana, está perdido para nosotros el derecho de reclamar la independencia, porque hoy ni mañana ni nunca dejará nuestra patria de ser nuestra”.
     Entonces la “Yunta” Fiscal –como dice el poeta Marioantonio Rosa– sería ilegal como lo es todo el dominio de EE.UU. sobre Puerto Rico. Pero para lograrlo hace falta algo más que un pleito de abogados. Hay que ir a la calle. Hay que hacer desobediencia civil. Eso destruiría la deuda.


                                                                                                                                Marcos
                                                                                                                      Reyes Dávila
                                                                                                                      ¡Albizu seas!





jueves, 26 de mayo de 2016

Presentación de "Más allá del tiempo: Julia de Burgos"



Presentación de 
Más allá del tiempo: Julia de Burgos
 

UPRH, 28 de abril de 2016

Yolanda Ricardo Garcell es muy conocida entre los académicos de Puerto Rico, y en este recinto en particular, porque nos ha hecho el obsequio de numerosas visitas, desde aquella remota mañana –hace 20 años– en la que llegó intempestivamente a leer en nuestro teatro, y hombro con hombro, la misma conferencia que nosotros sobre Hostos y Martí, solo que ella miró el tema como cubana y antillana –y con espejuelos rotos–, y yo, como un puertorriqueño-antillano... sin espejuelos. Desde entonces la hemos recibido en otras ocasiones, entre ellas, para la presentación de su libro sobre “Hostos y la mujer”, y la del simposio dedicado a Julia de Burgos celebrado aquí en febrero de 2015.
    Yolanda es profesora titular de la Universidad de La Habana, investigadora y ensayista sobre el pensamiento caribeño en general, y sobre la creación literaria de la mujer en el Caribe en particular. Es doctora en Filosofía y en Ciencias del Arte de la Universidad de Praga; miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y de la Academia de Ciencias de Cuba; Directora del Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba, y por si fuera poco, amiga mía. Favor que me hace.  
     Ahora, poco después del simposio de Julia, y a solo dos años del centenario de su natalicio, Yolanda nos trae de regalo este libro sobre nuestra poeta nacional, Julia de Burgos, que presentamos esta mañana, y que coincide otra vez, hombro con hombro, como parto de gemelos, con la publicación en EXÉGESIS de las Actas de nuestro Simposio dedicado Julia. El libro de Yolanda, publicado por la Editorial Patria, está oloroso todavía a recién nacido de imprenta. Se titula “Más allá del tiempo: Julia de Burgos” –título como de película o novela– y tiene 321 páginas. Tras las dedicatorias, el libro incluye tres largos epígrafes, uno de Virgilio López, de la Academia de Ciencias de Cuba; otro de Vivian Auffant, catedrática del Recinto de Río Piedras, y de Marcos Reyes Dávila, segura errata.
    El índice demarca 14 partes, que incluyen, tras los agradecimientos, un prólogo de Virgilio López, antes mencionado; una introducción de la propia autora; nueve capítulos. Además una bibliografía de 284 entradas; una
antología de poemas segregados según varios criterios como, por ejemplo, aquellos de tono lírico y de resistencia, los intensamente líricos, los poemas comprometidos con causas sociales o políticas, los de inspiración cubana. A eso añade una iconografía con 20 fotos, y encima de todo, además, un índice onomástico –de nombres–, temático y toponímico. El arte y diseño de portada es de Alí Francis García, miembro de la Comisión del centenario de Julia. Un libro más abarcador y completo que este es muy difícil de esperar.
    Los nueve capítulos, conforme a lo que anticipa en su introducción la propia autora, tratan somerante  los siguientes temas. El primero, ofrece el germinar de la escritora que fue Julia de Burgos. En el segundo, le sigue los pasos por su estancia en Cuba. En el tercer capítulo analiza su obra poética. El cuarto se ocupa de su producción en los años estadounidenses. El quinto se adentra en ese gran y largo movimiento en favor de la liberación de la mujer, en cuerpo y conciencia. El sexto capítulo se ocupa de su poesía militante. El séptimo, explora sus nexos con la historia literaria de Puerto Rico. El octavo, pretende definir una poética en Julia desde el punto de vista teórico. Y en el noveno, demarca su legado para la cultura puertorriqueña, caribeña y universal. Se trata de un cuerpo de exégesis de alrededor de 165 páginas. Tarea de gigantes.
    El libro de Yolanda tiene como uno de sus muchos méritos sobresalientes el hecho de que coloca la obra de Julia dentro de un contexto mucho más amplio que el nuestro –es decir, el de la literatura puertorriqueña–, para proyectarse al ámbito caribeño particularmente, hispanoamericano en segundo plano, y por vía de sus recursos de análisis, al ámbito universal. Tamaña amplitud la encontramos muy pocas veces porque requiere de una vasta erudición, que pocos poseen, y de un trabajo muy riguroso y arduo.
    Entre sus méritos sobresalientes se destaca, en segundo lugar, el bagaje crítico, es decir, el muy diverso y rico uso de recursos críticos que incluyen las perspectivas y enfoques más recientes de la teoría literaria del mundo occidental, sin olvidar la crítica y los enfoques canónicos, tradicionales y nuestros, del Caribe.
    En tercer lugar, Yolanda recoge, hace uso y resume una gran porción de la crítica y los puntos de vista que desde su adolescencia han comentado, analizado y valorado la obra de Julia, incluido el simposio celebrado aquí el pasado año, que, aunque no estaba publicado aun cuando se redactó el libro, se mantuvo en la memoria de quien estuvo presente durante el mismo, y desde luego, tuvo también, la oportunidad de oír muchas de las presentaciones y de conversarlas con sus autores.
    Por otra parte, cuarto mérito, Yolanda no solo recopila y trabaja con gran parte de la obra crítica existente hasta el momento sobre Julia, sino que también aporta datos nuevos producto de sus investigaciones en los archivos de Cuba, principalmente.
    Por si todo lo anterior fuera poco, repito, queda aun por señalar el mérito
mayor –quinto– de este libro. Me refiero al análisis de por sí que hace Yolanda, realizado con lupa y con microscopio, lo mismo que con telescopios, es decir, minucioso y detallado, pieza por pieza, lo mismo que generalizado, deductivo e inductivo, y por raptos, argumentativo. Un análisis que parte de la crítica previa y ajena, la repasa y recuerda en cada paso, para luego matizarla y corregir con nuevos tintes, los puntos de vista, y también los datos.
    Yolanda hace uso de un discurso –un lenguaje– particularmente riguroso y científico, sólido y denso, aunque se levantan con harta frecuencia las apreciaciones que solo la más franca admiración, y el ojo y la voz de un poeta, puede articular. Es decir, que el cariñito se le escapa travieso a la catedrática. Así como en su novedoso intento de definir una poética de la obra de Julia, dentro del contexto amplio de la literatura caribeña y de la latinoamericana, así en el análisis de los poemas de Julia, los versos que toca Yolanda con su palabra, quedan, ante el lector, iluminados, resplandecientes, como palabras de encantamiento.
    Es imposible comentar cada señalamiento que a lo largo del libro hace Yolanda y que en cada caso nos parecen provocaciones sugestivas que quisiéramos conversar. Por razones tiempo y para no aburrirlos nos limitaremos a arar solo unas pocos.
    Yolanda comenta, al principio y al final, porque es ineludible hacerlo, esa controversia desafortunada que ha girado en torno a Julia, controversia asida a una nota propia de las "chismosas" peruanas. Me refiero a aquellos que ‘desvirtúan el sentido de su vida’ (31) y ‘cuestionan sus rumbos de vida y letras’ (190). Yolanda Ricardo no esconde nombres y apellidos, en ambas ocasiones. Recuerda incluso el equívoco que provocó una pieza teatral de Manuel Méndez Ballester titula “Julia de Burgos y su amante secreto” (68), puesto que la obra alude como amante al Río Grande Loíza, protagonista de uno de sus más recordados y celebrados poemas, aunque surja en efecto de la controversia suscitada por su relación con Juan Isidro Jimenes Grullón. Indudablemente Julia sufrió en carne propia, con la fatalidad de un heroína de tragedia, su determinación de tener vida propia y de realizarla a la altura de los hombres, y más allá. Fue una joven divorciada, con todo el estigma que ello suponía entonces, que vivió un amor intenso con un hombre casado. Se dio a la bebida y se alcoholizó en algún momento durante su estadía en la ciudad de Nueva York. Pero ni siquiera eso apagó la llama de su creatividad. Que si su padre, esto, o si su padre aquello... no dejó huella. En cambio, sí dejó huella cómo le alimentó la imaginación y acaso le enseñó a vivir al aire libre. Papotito lo llamaron todos. Por Papotito pregunta en sus cartas, y por Papotito se preocupa. El Rocinante de los mitos y leyendas que jugaba con su padre, aparece idealizado en sus poemas, sin el menor asomo de resentimiento.
    Más que de las manchas del sol, hablar debemos de la luz, nos enseñó Martí y nos lo recuerda Yolanda. Y añade, que “no es serio mostrar solamente la cara externa de lo acontecido. Un análisis riguroso –y sobre todo humano– requiere hurgar –nos dice– en las motivaciones, en las presiones, en la herencia acumulada de infortunios, desamparos, rivalidades, humillaciones, discriminaciones”. ¿Es que no sabemos que varios hermanos de Julia murieron en la infancia de desnutrición?
    En la historia de la literatura, y muy bien lo desentierra de las distancias del  olvido Yolanda, las mujeres tuvieron una época de despegue, ardua y sufrida, en sus luchas emancipadoras. Julia pertenece a ese grupo de mujeres que escala cumbres bastante solitarias en el inicio del siglo veinte; de mujeres decididas a quebrar la ‘sexualidad colonizada’. Comienza, y comienzan aun, a escribir una literatura que se resiste a seguir, servilmente, el canon de los hombres. Comienza a escribir desde su propio cuerpo para descubrir su propio rostro, ese que acaso descubriera en las aguas de su río. Ese es uno de los sentidos que articulan su primer libro: “Poema en veinte surcos”.
    Recordamos que el libro comienza con ese poema de remembranza whitmaniana, “A Julia de Burgos”, y termina con otro de la misma estirpe que atrapa como un magno paréntesis el libro todo. Me refiero a “Yo misma fui mi ruta”. Con esa determinación proclamada, y con esa “tea en la mano”, inicia Julia su vida de poeta.
    Muchos sugieren que tuvo amoríos con Luis Llorens Torres porque él la proyectó a la cumbre de la ciudad letrada apenas iniciaba su carrera literaria. Otros la vinculan con Juan Antonio Corretjer porque este la acogió en Nueva York incorporándola al grupo editorial del semanario “Pueblos Hispanos” que dirigía él. Otras atribuciones de mujer irresistible se le han hecho, mas no creo que incluya, muy a su pesar, a Josemilio González, el destacadísimo crítico y poeta más o menos de su edad, que quedó prendado de ella con solo verla pasar. Tal parece que, en efecto, Julia era altamente atractiva, quizás por su belleza física, o quizás por su carácter indomable y su espíritu de sueño. Si no asusta o irrita, seduce. Lo que al respecto de estos atributos se pasa por alto es que Julia pasó por la vida con una incandescencia que deslumbró a todos. No es Llorens, no es Corretjer, ni ninguno en particular o en específico. Julia fue celebrada de manera casi unánime. Por todos. Aun la “Renacuajo” de sus pesadillas tuvo que reconocer que algunos poemas de Julia estaban destinados a aparecer en todas las antologías. Apenas publica sus primeros textos en diarios y seminarios, ya ofrece discursos de rebeldía desde la tribuna y participa en la directiva de organizaciones patrióticas. Y ya la llaman “la novia del río” o “la novia del nacionalismo”. Allí, a su lado, casi niña aun, estuvo el cerebro mágico de Luis Muñoz Marín: don Vicente Géigel Polanco. Allí, y entonces, inicia sus trabajos en defensa de los presos políticos. No es, pues, solo Llorens el deslumbrado con sus versos. Lo estuvo también Francisco Matos Paoli, también preso nacionalista, aunque no llegó a conocerla, personalmente. Lo estuvo Juan Antonio Corretjer. Lo estuvieron todos. Ellos y ellas. Y lo seguimos estando.
    En el empeño de su rigor, Yolanda lamenta no haber podido hallar un artículo de José Antonio Dávila, publicado, según Julia, en la revista “América” y en “Alma Latina”. Ignoramos si se publicó o no en “América”, pero sabemos que sí en “Alma Latina”. En la versión que conocemos, incluida en el volumen “Prosa”, edición de la Sociedad de Autores Puertorriqueños de 1971, José Antonio da cuenta de haber escrito en el 1939 un artículo sobre “Canción de la verdad sencilla” de Julia, de ese mismo año, que se extravió en la redacción de uno de nuestros diarios, según dice. En el 1941 lo reconstruye, y gracias a eso podemos conocer cómo valora el famoso poeta bayamonés la poesía de Julia de Burgos. Traemos el caso a propósito porque pone en evidencia ese deslumbramiento en un texto generalmente olvidado por la crítica.
    Bellísimo e iluminador es este texto de José Antonio. Comienza apuntando que el libro de Julia, aunque tiene mucho de verdad, no tiene casi nada de canción y ninguna sencillez, Verdad, canción y sencillez son los elementos que sustentan el título, nos dice. A su juicio, es “uno de los libros más consistentemente abstractos e intuitivos que tiene el verso universal”, cito, “y uno de los más armónicos con la esfera, adelantado a la velocidad con que se mueven nuestros estados mentales”. Añade, ahí mismo, esta curiosa observación: “Se queda uno a veces –dice– un
poco rezagado al seguir las imágenes. La velocidad es en ellas, lo que el tiempo es en la primera teoría de la relatividad einsteniana: una cuarta dimensión” (166). Dávila queda asombrado ante lo que llama “el milagro de la imagen”, intentando esclarecer la naturaleza de sus metáforas surrealistas. En “el mundo que se ha creado Julia”, dice José Antonio, “el cuerpo sube al celeste aposento del espíritu”, de modo que –añade luego– “se deriva la sensación de que si Julia se le quedara mirando fijamente a una cebolla de Bermuda, sería muy capaz de transformarla en una rosa de Jericó” (169). Concluye Dávila lo siguiente: “Será ella una de las grandes iluminadas, en la más biológica, la más antigua, y la más respetable de las experiencias humanas” (170). Y que conste que José Antonio, entonces, vivía aislado y agobiado por la tuberculosis.
    Como se ve, Julia pasó como una estrella por dondequiera que fue mientras vivió dentro del contexto del mundo caribeño. Como ocurrió en Puerto Rico, ocurrió en Cuba. Juan Bosch, ex presidente de la República Domicana, Juan Marinello, Raúl Roa, Nicolás Guillén. Incluso el Nóbel chileno Pablo Neruda, y muchos más. Si se tiene en cuenta que esos libros de Julia fueron escritos por una joven de entre 24 y 27 años de edad, mujer mulata, nacida en un hogar rural empobrecido, el asombro camina sobre una cuerda floja. Camina.
    El asunto de sus amores con Juan Isidro Jimenes Grullón es otro de los aspectos preferidos en los novelones, pues algunos críticos y biógrafos han querido adjudicarle al rompimiento entre ellos el final trágico de Julia de Burgos. Fue Julia quien, por el contrario, rompió con Juan Isidro. Una lectura atenta a los trozos de sus cartas publicadas en el libro de Yvette Jiménez de Báez –“Julia de Burgos. Vida y poesía”, de 1966– debió bastar para despejar desde entonces  esas inferencias. La lectura de las “Cartas a Consuelo” confirman sin lugar a duda el aserto. Julia rompió con Juan Isidro, y no al revés. Lo hizo a pesar del amor, movida por la dignidad. Jimenes, tras el divorcio, desprovisto de esa excusa, se negó a formalizar su relación sentimental con Julia... mientras vivieran sus padres. De modo que, tanto por negarse, después del divorcio, a poner a Julia en la posición que le correspondía, como por la pretención de celar y reducir a la vida doméstica a una mujer rebelde, un ser humano excepcional que ya había aportado, aportaba, y aspiraba a aportar aun más a un destino más justo para la humanidad, la determinación de Julia era final y firme. Así consta en las cartas a Consuelo escritas en el momento mismo de los sucesos. Yolanda aporta el dato de que Julia aparece matriculada nuevamente en la Universidad de La Habana tras el suceso. De modo que es indudable que Julia pretendía continuar su vida. Eso intentó hacer en el ambiento inhóspito, poco hospitalario para una mujer divorciada, mestiza y pobre, de Nueva York.     
    “El mar y tú”, ese libro póstumo que Julia escribe en Cuba, nació enraizado en su amor vivo por Juan Isidro. Pero ya incluía a principios de 1941 un grupo de “poemas torturados y trágicos”, le dice Julia a su hermana Consuelo. Esos poemas recogen seguramente la experiencia de las dificultades y tropiezos ya emergentes, en su relación con Juan Isidro. Quizás por los periodos en los que él la dejaba sola para ir a dar conferencias por regiones de Cuba, pero también, muy seguramente, por las crisis ocasionadas por los celos de él, por su empeño de disfrazarla de mujer “puritana”, por su afán de mantener encerrado lo que nació viento, y por la indecisión de un hombre débil, incapaz de resolver con dignidad y valor su situación de pareja con Julia. Pienso, creo, que su decisión de posponer, ¡por más de diez años!, la publicación de “El mar y tú”, para terminar y publicar antes “Campo”, libro de poemas de tema social y proletario que ya nada debe al mar ni al río, obedece, en parte, al despego, quizás herido aun, quizás defraudado, de algo que quería dejar atrás, abandonado. Quizás por eso “El mar y tú” resultó ser a la larga, un libro póstumo. V

    Quizás –nuevamente sea dicho– sea correcta, esencialmente, la interpretación de la exégesis de Ivette López Jiménez, recogida por Yolanda, sobre el tema del silencio en la “Canción de la verdad sencilla”. “En ti me he silenciado”, dice Julia. En efecto, este repetido silencio, este callarse, bien puede obedecer no solo al silencio autoimpuesto o impuesto a la mujer en el mundo de los hombres, sino también a las circunstancias políticas de mordaza, de persecución, tanto de nacionalistas como de comunistas en un país en guerra y de un imperio colonial que aun hoy nos aplasta y amordaza. Sabemos que Julia tenía carpeta en el FBI, y que era vigilada, y que le traducían sus poemas.
    Pero aun cabría pensar que ese silencio pudiera responder a otros motivos. Quizás, la intención de reducir, no presionar, las circunstancias tirantes de una relación próxima al naufragio. Pero ni una ni la otra explicación concuerdan, en mi opinión, con el tan señalado carácter rebelde, la irrenunciable dignidad de una mujer que se lanza a la vida con la tea en la mano.
    “En ti me he silenciado”, dice el verso, con sublime armonía. Con la más sublime entrega.  Y es que me seduce otra interpretación plausible. Quizás en varias ocasiones el silencio pudo ser provocado por una situación de éxtasis, esa del amor cuando deviene divino, extasiado, el “quedéme y olvidéme entre las azucenas olvidado” que decía Juan de la Cruz, pero en sentido humano. Quizás, sencillamente, una sensación de plenitud que solo el amor puede producir. ¿Quién no lo sabe?

    Termino estas palabras citando a Yolanda: “Su obra posee –nos dice– lo que le pertenece por entero, lo realmente imperecedero, la condición de la perennidad en la memoria del arte y del mejoramiento humano de savia puertorriqueña, caribeña y latinoamericana, y también martiana. Entonces es válido decir que, desde este punto de vista, no cuentan los que han cuestionado sus rumbos de vida y letras que –si no han quedado– quedarán en el camino” (190).      
    En el epígrafe del libro, dicho ahora aquí como sentencia final, Yolanda coloca estos versos de Julia:    
        “No vengo del naufragio que es ronda de los débiles:
        mi conciencia robusta nada en luz de infinito”.
    Gracias infinitas, Yolanda, por este beso de hermanos.


Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

martes, 24 de mayo de 2016

Pereira Propone la Renuncia del Gobierno como hizo Hostos en el 1900



Eugenio María de HOSTOS
le Propuso a la Cámara de Delegados en el 1900
lo mismo que el Senador Miguel Pereira propone hoy
respecto de la Junta Fiscal:
 

La RENUNCIA DE TODOS 
como respuesta de Dignidad
ante la Ley COLONIAL Foraker
.








https://audioboom.com/boos/4602805-senador-aboga-por-renuncia-masiva-de-legisladores-si-se-confirma-llegada-de-junta-de-control-fiscal-federal-a-la-isla

domingo, 22 de mayo de 2016

Los cuentos de mis barbas



Los cuentos de mis barbas

                  “Rip van Winkle”, Washington Irving

                   “Me he dormido con un cuento...
                     Y me he despertado con un sueño”
                                                        León Felipe

Esta mañana un colibrí
se asomó por la ventana
y se posó sobre mis barbas
Soñaba un cuento
anidado entre palabras
O quizás
simplemente
despertaba en el azul

Traía ensartados en su pico
los duendes de los bosques
y el desamparo del zapatero
que mató
siete de un golpe
Y a bordo de un antílope
traía el retrato
de la voz del horizonte

En cada día
había ochenta mundos
una muchedumbre de historias
que caen como hojas
de los cielos
y un teatro de luz
en el obstinado pincel
del aguacero

Esta mañana un colibrí
se posó sobre mis barbas
Allí alborean lentamente
los desvelados cuentos de la Alhambra
las princesas tristes del estanque
las margaritas del mar
y el aroma de arrayán y de azahar
que aún sube derechito hasta el alma

Con los trenes descarriados
la caravana siempre pasa

con su faquir
su conde Arnaldo
el Garcilaso



que apellidó la piedra cansada
el flautista y la campana

Muchos otean solo príncipes
Pocos el verdadero
acecho de los lobos
o los pechos desalmados
Quizás fui yo
quien durmió
por veinte años.


Marcos Reyes Dávila
¡Albizu seas!


viernes, 13 de mayo de 2016

El Tribunal Supremo de Brasil y el Golpe de Estado



Foto de Marcos Reyes Dávila.

E
TRIBUNAL 
SUPREMO 
DE 
BRASIL 
COOPERÓ, 
y FUE PARTE DE, 

POR OMISIÓN YYYYY COMISIÓN, 

en el GOLPE DE ESTADO.
 No hay Vergüenza más Grande, 

para un TRIBUNAL SUPREMO, 

que ser parte de un GOLPE DE ESTADO, 

que es la Violación MÁS GRANDE 
AL ORDENAMIENTO CONSTITUCIONAL. 

Su Acción Debería ser IMPUGNADA 
por los Organismos IINTERNACIONALES de Justicia.

Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

miércoles, 4 de mayo de 2016

El Festival de Poesía de Lima - FIPLIMA 2016




El festival de poesía de Lima: 
la poesía en el viento
 
Sí. Los pájaros cantan quechua. En Lima, por lo menos.
    Es que del 13 al 16 de abril de 2016 se celebró el Tercer Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLIMA). El mismo contó con 105 poetas de 30 países –incluyendo Perú. En veinte sedes, con ingreso libre, se ofrecieron 27 recitales, diez actividades, principalmente musicales, y cinco talleres. ¿El lema?: “Todo lo imaginable es posible”, bien cumplido.
    El FIPLIMA es un magno acontecimiento cuya idea original y dirección principal es de Renato Sandoval, de la Editorial Nido de Cuervos, con la coordinación de Roxana Peramás, con Javier Llaxacondor como gerente y una batallón de colaboradores.
    Invitados por Puerto Rico estuvimos presentes Mayrim Cruz Bernal y quien escribe estas líneas. Estuvieron presentes, además, poetas de la más connotada reputación como los candidatos al Nóbel, Cees Nooteboom, de los Países Bajos, y el ruso Yevgeny Yevtushenko, a quien conocimos hace poco más de 40 años cuando visitó la Universidad de Puerto Rico. Lo saludamos, recordó esa visita, y sin mediar palabra preguntó qué íbamos a hacer con la crisis que vivimos. Yevtushenko estaba al tanto de la penosa coyuntura de Puerto Rico.
    Junto con estos, una orquesta de representantes de Argentina, Austria, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Ecuador, EEUU, España, Estonia, Finlandia, Irak, Israel, Italia, Luxemburgo, Marruecos, México, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana, Suecia, Suiza, Uruguay y Venezuela. Los poetas peruanos, como es de esperar, encabezados por Leoncio Bueno, constituyeron la delegación más numerosa.
    Al respecto de la participación en las actividades principales, esto es,
apertura y clausura, hubo un total de 48 turnos, pero participaron solo 22 países, pues de algunos de estos se presentaron varios representantes. El grupo mayor –Perú, y fuera de ellos, claro–  fue de Argentina, con cinco turnos, y EEUU con cuatro. Muchos países, pues, no fueron incluidos ni en la una ni en la otra, incluyendo a Puerto Rico. (Lloro por eso.)
    La apertura se celebró en un parque-auditorio, acompañado con la música andina de Manuelcho Prado. Con música también, y nada menos que con la salsa de sabor cubano-puertorriqueña de Marco Campos, y del español Paco Ibañez, fue la clausura, esta vez en un auditorio grande, cerrado.
    Los organizadores incluyeron, como quedó dicho, espacios abiertos –parques y plazas– y espacios cerrados, como el muy interesante anfiteatro del “Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social”, dedicado a la crisis que hubo en Perú con motivo de la guerra de guerrillas de los años 80. Algunos espacios iban dirigidos a un público más instruido, como centros culturales, institutos y universidades, y otros a la comunidad en general.
    Los poetas de países de habla no española, leyeron generalmente en sus vernáculos, ya fuera el estoniano, el italiano, el árabe o el hebreo, como ejemplos, aunque algunos lo hicieran en inglés.  Los poemas de este grupo eran traducidos al español. La suiza-brasileña Prisca Agustoni, y el ruso, Yevtushenko –que escribe a veces en español–, en español leyeron.

    De lengua española, como era de esperar, estuvo el tronco más grueso, y de este, la rama más robusta, la peruana, naturalmente, encabezada por Leoncio Bueno. Desde España, se presentaron poetas como Rafael Soler y Beatriz Russo, y hasta la Patagonia suramericana, con poetas tan conocidos como Leopoldo Teuco Castilla, de Argentina y Juan Cameron de Chile. Ni Uruguay, ni Paraguay, ni Bolivia estuvieron ausentes. De estos países participaron los hermanos poetas, respectivamente,  Roberto Fernández, Fernando Pistilli –con quien hemos compartido muchas veces, desde Chile a Puerto Rico–  y Gabriel Chávez –también presente en el Festival de Puerto Rico. En el norte, pasando por Ecuador, hubo además representantes de Colombia y Venezuela, de Dominicana y México, naturalmente. La ausencia más notable fue la de Cuba y Centro América, a excepción de Francisco de Asís de Nicaragua. En realidad, aunque se intentara, no todo es posible.
    La poesía brilló por su excelencia. Hubo una variedad de formas estéticas, tonos y temas. Aunque estuvimos presente en un número pequeño de las lecturas, por lo que observamos, predominó una poesía que se expresaba en tono menor, inicialmente descriptiva o reflexiva, y que terminaba con un giro sorpresivo. La visión de las cosas encubría o remontaba alguna ironía o una extrañeza, un desacomodo o una distancia que pudiera dirigirse a un desconcierto o una imagen audaz, y al final un hallazgo feliz en términos de nostalgia o encantación. En general era una poesía próxima a lo expositivo, alguna vez argumentativa, de un lirismo asordinado, en forma de coloquiales y poco dada a ritmos tradicionales. Estas parecen ser las modalidades prevalecientes en estos tiempos. En algún caso, no obstante, el performance, el espectáculo de gestos y música. En otro, la presencia dominante del humor, del franco humor como motivo del poema, y con barniz erótico, como lo hizo el colombiano Jotamario Arbeláez . Algunas veces los asuntos se referían a eventos de naturaleza dramática o herida. Pocas veces se recurrió una lectura impetuosa y a caballo, es decir, desenfrenada y de alta voz . Las sorpresas no faltaron, motivos de ruidosos aplausos como la poesía solidaria, apelativa y entusiasta de Jack Hirschman. La obra de todos los participantes quedó registrada en una voluminosa antología recogida en la revista-libro FÓRNIX.
    La sede del evento fue en un hotel de rico acomodo con cenas de chef, manteles blancos y mucho vino, en San Isidro y frente al parque de los olivos, lleno de aves azules y colibríes rojos. El embajador de Holanda nos recibió con un coctel y música gentil. La prensa cubrió muy bien las actividades, con notas diarias y entrevistas, algunas de radio y televisión.
    Durante tres días espléndidos, la poesía quedó prendada de las calles de Lima. Bajó por toda ella suavemente y amplia, como la célebre garúa. Los
organizadores colgaron de cables, en hojas de papel, poemas de los poetas participantes y de otros, para ser leídas por todos y para llevar la voz montada en el viento.  Y todo así como dice Yevtushenko: “más o menos”






Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!  

Publicado en 80 GRADOS 6 de mayo de 2016:
http://www.80grados.net/festival-internacional-de-poesia-todo-lo-imaginable-es-posible/

sábado, 27 de febrero de 2016

Hablan quechua los pájaros


Hablan quechua los pájaros
(Runa chucchu, es decir, con la gente en el pecho)  

         Para el aliento de piedra de un renato de sándalo
 


El Cusco
no tiene apuros

ni Lima
la piel de seda
Es vida que se levanta
    con sol de agua
        con sol de piedra


Los pájaros cantan quechua
en la ola de los cerros
Y en la morada del hambre
alhaja de alas
palomas blancas
                  
Las torrecillas de piedra
las brujas a son de quena
hacen de pizarro arena
coca de sangre

boca de estambre          

El tiempo es flor de arena
caricia dura
en la garúa
Y en los penachos del cóndor
las letras de oro
cántaros rotos  
          
En las ciudades de plata
la sangre arcana
cantera de almas
van enredados en quipus
templo del agua
luna de alpaca

En las campanas del Cusco
susuros duros
lamentos puros
deletrea en cada pecho
del Titicaca
pradera de agua


Por el espacio sin tiempo
puente de piedra
gema de sedas        
va Renato va Vallejo
como va un verso en
cuadros de Rembrandt.


El Cusco no tiene apuros
ni Lima la piel de seda.
Son pueblos
de mar y sierra
que van cantando
por la vereda. 
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

sábado, 13 de febrero de 2016

En busca de Francisco Matos Paoli



Francisco Matos Paoli: 
candor y fuego


Francisco Matos Paoli fue, quizás, el poeta puertorriqueño que más vivió imbuido de poesía. Suya la consagración de un oráculo y demiurgo de la poesía. Otros grandes poetas dedicados en cuerpo y alma al oficio del verso hemos tenido, como Evaristo Ribera Chevremont. Pero don Paco vivió desde la adolescencia en un coto de encantamiento del que apenas salió, pues lo llevaba consigo. Era, más que su sombra, puro halo.
    Yo conocí a don Paco desde los 19 años, aproximadamente. El Bachillerato en Estudios Generales requería la presentación de una tesina para otorgar el grado universitario, y recurrí a don Paco para que me auxiliara. Desde entonces, y hablo de 1971, lo visité con frecuencia. Durante mi residencia en México, a donde me llevó el afán de realizar estudios posgraduados en la UNAM, nos escribimos con muchísima frecuencia. Don Paco era un comunicador incansable y generoso.  Todo libro que le obsequiaban recibía de vuelta una reseña suya. Su día a día era leer una pila de libros en un sillón de madera en el balcón del segundo piso de su casa. Allí escribía en libretas sus poemas diarios que doña Isabelita le pasaba a máquina.
    En esas numerosas visitas y conversaciones lo oí quejarse con frecuencia de que los poetas jóvenes lo rechazaban por su devoción cristiana, su predilección por la Virgen, y su inclinación espiritista al misticismo. Entendí que se refería a los entonces jóvenes poetas del sesenta, dueños entonces del circo de los equilibrios y desequilibrios literarios, y portavoces de una poesía comprometida y militante. Curiosamente un par de ellos se habían casado con sus hijas y le habían dado nietos.
    La Revista “Guajana” publicó varios números en homenaje a poetas puertorriqueños. Julia de Burgos fue uno de esos poetas, así como Palés Matos, Margenat y Llorens Torres, entre otros. Es cierto que nunca publicaron un número en homenaje a don Paco, pero tampoco publicaron nunca un número en homenaje a Juan Antonio Corretjer, entonces el decano de la poesía comprometida y militante en Puerto Rico.
    Don Paco tuvo una época, en la década del cuarenta principalmente, en la que predominó en su quehacer una poesía que se catalogó repetidamente como hermética, en función de su predilección de entonces por el simbolismo francés y la poesía de Mallarmé. Posteriormente vino la represión política contra el nacionalismo y don Paco fue condenado por violar la “ley de la mordaza”, es decir, pronunciar cinco discursos en la tribuna nacionalista. La prisión lo enloqueció. Aunque sufrió pocos años de prisión, los efectos en su espíritu se prolongaron. Entonces nació de la locura un canto iluminado, destilado de candor lírico. Mas ni siquiera entonces don Paco perdió el norte telúrico con que nació al mundo y a la poesía. En el centro de su “Canto a la locura” sigue afincado “Don Pedro, el Dirigente”.
    Aun adolescente, Matos Paoli da a estampa libros de temas labriegos. Su amor a la tierra patria lo encarrilará en su devoción inquebrantable por la figura maestra de Pedro Albizu Campos, líder del nacionalismo. Mágicos, audaces y sobrecogedores son sus libros “Canto a Puerto Rico”, “Luz de los héroes”, “Canto nacional a Puerto Rico”. Aún en su época postrera, en los años noventa, la figura de Betances y, desde luego, la eterna de Albizu, lo hará estremecer.
    Recuerdo que estando en la Universidad de Puerto Rico en Humacao por esos años de los noventa, un empleado vino a mostrarle unas décimas que había escrito en honor a Albizu, alusivas a “el valor y el sacrificio”, tema predilecto del albizuismo. Don Paco se puso de pie,cuando el otro terminó su lectura, y comenzó a improvisar una glosa de varias décimas en respuesta. Como hiciera siempre en sus discursos, su inicio fue lento, como quien agarra energía de los lados, pero poco a poco se enaltece, y vibró terminando en un acelerado estremecimiento como una antena que fuera a quebrarse.
     Durante décadas, las últimas décadas de sus 85 años, se esforzó por desprenderse del hermetismo en un afán de acercarse y abrazar con su palabra a todos. Incluso se nota un desplazamiento de lo meramente nacionalista hacia el socialismo revolucionario con el que creyó no poder comulgar nunca plenamente, pues concebía al socialismo como ateo. No es extraño hallar en sus diez “cancioneros” de los años setenta, compuestos cada uno por 150 sonetos, y en los posteriores diez libros de “antisonetos” de los ochenta, poemas de tema social y político, contra la corrupción y los esbirros, contra el imperialismo y la colonia, la oda al obrero y la utopía redentora. No es extraño hallar en casi todos sus libros poéticos –más de 250– la temática social, el tono de denuncia o de censura, la diatriba amarga y fuerte.
    Para el crítico que pretende estudiar la poesía de don Paco la tarea es titánica, pero nunca ingrata. Luis de Arrigoitia editó en el 2006 una antología –“Raíz y ala”– de la obra poética de don Paco, pero se limitó a la obra publicada. Aún así, le salió la antología en dos tomos y casi mil páginas.
    Por carecer del abundante tiempo para hacer una tarea meritoria y justa indagando sobre el terreno, me concentré en un libro que por fortuna se editó en el 1997. En esa fecha doña Isabelita, su esposa y cómplice, seleccionó más de 100 poemas de Don Paco para componer un volumen poético que tituló “Verbo proletario”. Don Paco dio de este modo muestra inequívoca de una inclinación constante por el tema del obrero. No faltan ni las atribuciones que hace de su propio padre como campesino y proletario. Tampoco la visión del poeta como un obrero. De hecho, en la contratapa del libro dice el propio Matos Paoli lo siguiente:
    “La antología poética Verbo proletario, cuya determinante es la exaltación del trabajo manual en el obrero, se realiza hoy en día a base de la gestión hecha por Isabel Freire, mi esposa, que se inquietó maravillosamente por el tema y luego fue seleccionando de mi obra poética cien utilidades rítmicas. Se ha querido expresar no solamente el fervor del mundo, sino también la vivencia creadora del poeta-obrero que soy yo.
    “Íntimamente entrelazada a un cúmulo de experiencias vitales de primer orden, esta poesía busca la identificación del trabajo explotado para llamar la atención a los capitalistas. Deben entender la urgente necesidad de aclamar al obrero y elevarlo a la categoría justa que se merece como ente civilizador.
    “Tengo que hacer un reclamo público por medio del cual identifiquemos el arte poético como una trasmutación de la justicia social. Al mismo tiempo quiero hacer posible otra identificación que merece reconocimiento por nuestra parte: el hecho tácito de que no hay diferencia alguna entre el trabajo manual y la dedicación perenne del poeta a traer luz de los mundos imposibles”.
    De esta manera Matos Paoli reivindica en la misma plaza de la revolución proletaria su fervor cristiano y espiritual. No ve contradicción entre la fe y el compromiso patriótico y humano que aboga por la redención de los humildes explotados. A pesar de sus rencillas agridulces con los nerudeanos, suya es también la convicción de que la poesía nunca debe “cantar en vano”.
    Curiosamente este libro sale a la luz en el 1997. Para esa fecha la generación de poetas comprometidos y militantes había evolucionado significativamente desde las posturas más intransigentes de la juventud. Pero el 1997 no es la fecha de composición de los poemas. Como se ha dicho, es una selección hecha de libros publicados e inéditos, a partir del inicial “Cardo labriego” de 1937. Sin embargo, de los 49 libros representados, treinta estaban entonces inéditos.
    La poesía proletaria de don Paco se congrega en diferentes formas, a veces las clásicas, a veces el verso libre. La noción de la explotación de que es víctima el obrero en la sociedad capitalista es una constante. De ahí la imperiosidad de las redenciones y la demanda de revolución. Con ello va de la mano la noción de patria esclava de tiranos. Don Paco reivindica conceptos caros al marxismo como el poder creador del trabajo, la plusvalía y la enajenación; caros a la poesía como la imagen del sudor; caros al humanismo socialista como la hermandad de la clase que comparte como camaradas. La mujer proletaria está presente, así como la evocación martiana que alude a la solidaridad “con los pobres de la tierra”. Piquetean en estos versos términos rituales en este tipo de poesía como pan, masa, nuevo hombre y nueva mujer, himno al trabajo, el látigo del campesino, las trabajadoras domésticas, la denuncia del capitalismo, la noción de clase, la idea de que el obrero transforma el mundo, y, naturalmente , un “Cristo proletario”.
         Me consta la enorme simpatía que sentía don Paco tanto por las luchas patrióticas como por las luchas de clase. No era extraño verlo un marchas multitudinarias convocadas en defensa de la patria o en defensa de los derechos de los trabajadores. Su misma queja de abandono expresada hacia el sector más radical y comprometido es evidencia de que en su fuero íntimo don Paco no consideraba incompatible su espiritualidad religiosa y la causa social. Grabadas como estigmas en las palmas de sus manos estuvieron siempre ambas señas de identidad. Eran las semillas heroicas de su tierra natal: las semillas de Lares.


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
 

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