sábado, 6 de octubre de 2018

Hostos y el presidente de Chile: a propósito de una renuncia





Hostos y el Presidente de Chile:
a propósito de una renuncia

 

Recientemente (escribo en el 2018) se ha difundido un “discurso” dictado el
11 de agosto de 2003 –año del centenario de la muerte de Hostos–  en el Salón de Honor de la Universidad de Chile  por el Rector, Luis A. Riveros Cornejo, titulado “Eugenio María de Hostos: educador y político”. La actividad fue organizada por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) y el Liceo Eugenio María de hostos de Santiago. La parte del discurso en “homenaje al educador”que ha llamado la atención es la aseveración que hace el autor en el sentido de que “el Consejo de Instrucción Pública había acordado solicitarle la renuncia” a Hostos a los cargos de Rector y profesor de Castellano del Liceo Miguel Luis Amunátegui, entre marzo y abril de 1898, renuncia que fue aceptada en abril de ese año mediante el Decreto 625.

En ese mismo Salón de Honor, en el año anterior de 2002, organizada también por la Sociedad de Escritores de Chile dentro del marco del “Segundo Encuentro Latinoamericano de Escritores - Siglo XXI”, dicté yo la conferencia inaugural titulada “Viaje a la semilla de Vieques: El proceso de una identidad nacional hostosiana en Puerto Rico”. Presidía la sesión el mismo rector Luis Riveros, y el presidente de la SECH, Fernando Quilodrán. Las peripecias de estas actividades están recogidas en el número 44 (2002) de la Revista EXÉGESIS de la Universidad de Puerto Rico en Humacao.

Aunque inicialmente lo di por agua pasada, el anuncio de la renuncia solicitada me ha acosado al saberla inexacta. Parece ser parte de la “novela de la vida” que se traza alrededor de la vida de Hostos, perfectamente comprensible, pues la bruma inmensa de una bibliografía inabarcable la posibilita.

Quien escribe no suscribe lo predicado, vaya eso por delante. Atizado por la incertidumbre de una posibilidad muy reducida y para mí improbable, acudí a la bibliografía utilizada por el señor rector:
    -“Eugenio María de Hostos: biografía y bibliografía” (1904)
    -“América y Hostos” (1939)
    -“Las ideas pedagógicas de Hostos” de Camila Henríquez Ureña (1929)
    -“Historia de la Universidad de Chile” (1992)
    -“Imágenes de la Universidad de Chile” (1972) 

En ninguno de los textos asoma esa afirmación.

Consulté además las textos pertinentes de las “Obras completas” (1969) de Hostos, y el estudio de Sonia Ruiz, “Eugenio María de Hostos: educador puertorriqueño en Chile”   (2006) en el que se repasan, resumen y reflexionan numerosos textos de y sobre Hostos vinculados estrechamente con su permanencia en ese país, y tampoco se hace mención a ese asunto. No conforme con eso llamé por teléfono a Ruiz para consultarle el dato, y manifiestó no haberlo visto en parte alguna.

Sí hubo, en efecto, una desavenencia con el Consejo de Instrucción Pública que se produce desde el 27 de marzo de 1898 a propósito de “defectos” en la redacción de certificados de exámenes de un joven estudiante. Antes, además, el 17 de agosto de 1892, se registra una reacción de Hostos publicada en “El Ferrocarril” a propósito de la imputación que dicho Consejo le ha hecho de haberse expresado en forma “irrespetuosa” ante el mismo.

En las “Obras completas”, se incluyen dos “memorias” del rector del Liceo Amunátegui dirigidas al señor Ministro de Justicia e Instrucción Pública. En la primera de ellas,  Hostos abunda en los problemas de orden administrativo, económico y pedagógico que abruman la reforma educativa que se pretende implementar en el liceo. La segunda memoria   tiene en cambio una tesitura muy diferente, pues en ella Hostos más protesta que reflexiona sobre los problemas en la implementación de la reforma pero a partir del caso concreto y específico de un estudiante que ha tenido un “mal éxito” en su examen para aspirar al bachillerato. En primer lugar, Hostos se hace cargo del fracaso del alumno. Lo asume como si fuera propio. Alega  “hostilidad” de parte de los examinadores; el estado sicológico del examinando ante la “impaciencia o descontento” del tribunal; los reglamentos de exámenes “hoscos” y de “extraño procedimiento”; y la “intrusión política en la enseñanza”. A tal punto se solidariza Hostos con el alumno que manifiesta la siguiente “categórica declaración: el alumno que salió mal en el examen –dice– sabe más de lo que el examen le pidió y lo sabe mejor de lo que suele exigirse a la enseñanza secundaria”.
   
El 28 de marzo se publica en “La Libertad Electoral” una nueva desavenencia entre Hostos y el Ministro para la cual acudió Hostos al Presidente Federico Errázuriz. Parece, según la nota periodística, que este no dio a lugar al reclamo del rector y en consecuencia “Hostos, alegando que no podía continuar en el puesto de Rector después de lo sucedido, solicitó al Presidente un consulado, petición que también fue denegada, entre otros motivos, por la parte activa que en favor de Cuba ha asumido el señor Hostos, lo que, en estos momentos, no le hace a propósito para desempeñar un cargo diplomático”.  Acto seguido, añade el periódico, Hostos renuncia y solicita pasajes para él y su familia con el objetivo de regresar a su patria.

Hostos había pasado por Chile como un aerolito o estrella fugaz en el 1872, con 32 años. Llegó muy en los muy postreros días de 1871. Entonces era presidente Federico Errázuriz Zañartu, con quien mantuvo amistad. Igualmente entra en relación estrecha con miembros de la más distinguida sociedad cultural y política de Chile, como lo fueron Lastarria y Matta. Para no seguir revoloteando por las fuentes, reproducimos una lista de sus obras y funciones concretas en Chile con Sonia Ruiz  . Esta informa la cronología de Hostos en Chile:

    !872-73:
    Socio de la Academia de Bellas Letras
    Socio del Círculo de Amigos de las Letras
    Primer Premio con la “Memoria de la Exposición Nacional de Artes e Industrias”
    Publica “Estimulantes”
    Publica “Palabras”
    Publica “La educación común”   
    Publica su famoso “Ensayo crítico sobre Hamlet”
    Publica “Biografía crítica de Plácido”
    Publica “”la abolición de la esclavitud en Puerto Rico”
    “Conferencias sobre la Educación Científica de la Mujer”
    “Reseña histórica de Puerto Rico”
    “La peregrinación de Bayoán”, segunda edición
    “En la tumba de Segundo Ruiz Belvis”
    “América en 1873"
    A su salida de Valparaíso a Buenos Aires a través del Estrecho de Magallanes escribe una serie de trabajos sobre la travesía recogidos luego en el volumen “Mi viaje al sur” de las “Obras Completas”.   

    1885:
    Participa como delegado de Chile en el Congreso Histórico de Colón en Santo Domingo.
    El presidente Domingo Santa María le extiende una invitación para que colabore con la educación pública de Chile.

    Invitado por el Presidente José Manuel Balmaceda, como tres años antes lo hizo así mismo el Presidente Santa María, Hostos regresa a Chile en el 1889 para hacerse cargo del Liceo de primera clase de Chillán , y más tarde, “deseando darle más campo de acción, el presidente Balmaceda y el ministro Bañados crearon en Santiago, especialmente para él, el Liceo de primera clase Miguel Luis Amunátegui a cuyo frente lo pusieron en mayo de 1890".  Balmaceda se suicidará dos años más tarde,  inesperadamente, tras lo cual da inicio en Chile una guerra civil con triunfo de la oligarquía y un periodo prolongado de inestabilidad política que le disgustará profundamente a Hostos, lo mismo que la latente amenaza de guerra entre Chile y Argentina.

Seguimos con la cronología.

    1889:
    Es nombrado Rector del Liceo de primera clase de Chillán
    Presidente Honorario de la Academia Carrasco Albano en Chillán
    Escribe “Reforma de la enseñanza en Chile”
    y “Reforma del plan de estudios de la Facultad de Leyes en Santiago”
    Colabora en la redacción de “La reforma en la enseñanza del Derecho”
    1890:
    Dirige el Liceo de Primera Clase Miguel Luis Amunátegui hasta 1898
    Primer premio del Certamen Varela del Club del Progreso
    Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chile
    Participa en el Congreso Pedagógico de Chile
    Director del Ateneo de Santiago
    1891:
    Cofundador de “La Societé Cientifique du Chile”
    Escribe “Crisis Constitucional de Chile”
    1892:
    Miembro Honorario de la Academia Literaria Diego Barros Arana de Santiago
    1893:
    Confecciona los “Programas de Castellano e Historia y Geografía para enseñanza media”
    Escribe “Estudio sobre Manuel Antonio Matta”
    1894:
    Director del Congreso Científico de Chile
    Escribe “Ensayo sobre la historia de la lengua castellana”
    Escribe “Historia de la civilización antigua”
    1895:
    Director del Centro de Profesores de Chile
    Hijo adoptivo del Ayuntamiento de Santiago
    1897:
    Miembro Honorario de la Academia de la Ilustración
    Inicia sus “Cartas públicas acerca de Cuba”
    1898:
    Renuncia a la Rectoría del Liceo Amunátegui

Riveros y otros comentaristas sobre esta renuncia de Hostos no entran de lleno a considerar dos factores que sin duda son de la más alta importancia. El primero es el creciente disgusto de Hostos con la realidad política de Chile observable desde 1890. El segundo, es el inicio de la guerra de independencia que inicia en el 1895 Martí en Cuba–y, para Hostos, en las Antillas, desde luego. Ambos asuntos están presentes en la relación de los hechos alegados que vimos antes.

Auscultamos en el “Epistolario” recogido en el volumen “España y América”  sobre esta segunda estancia de Hostos en Chile.  Ya desde las cartas de enero de 1890 Hostos comienza a lamentarse con Fidelio Despradel de que Chile “está mal”. Califica de “insufrible” la situación en 1891. En el primero de junio de 1895 se muestra impaciente con la revolución de Cuba y expresa también su “impaciencia” por dejar el país para regresar a Quisqueya  puesto que se haya incapaz de hacer nada en Chile por la revolución antillana en marcha. El 27 de septiembre se queja de que el gobierno prohíbe manifestarse en apoyo a Cuba a jóvenes estudiantes. El 26 de octubre expresa su deseo de buscar dónde establecerse en un mejor “clima” para sus “dominicanitos”, considerando la posibilidad de establecerse en Costa Rica. “De aquí me iré de todos modos”, dice, porque se pretende prohibirle a él manifestarse a favor de Cuba.  Las expresiones acerca de volver a Santo Domingo se repiten en el 1896 y 1897. Por otra parte, Hostos se queja del espíritu imitativo que prevalece entonces en Chile, y porque el “sistema que con el nombre “concéntrico” que improvisó con la ayuda “de Henríquez, Prud’homme, Dubean, Zafra, Castro y otros” no logra arraigarse porque los que “dirigen la enseñanza no saben en realidad el por qué, el cómo, y lo que han de hacer” . Parte de la culpa de estre fenómeno se adjudica a la población alemana recién emigrada.

En los textos biográficos de su hijo Eugenio Carlos, y de autores de la categoría de Juan Bosch, Carlos Carreras y Antonio Pedreira, también figuran apreciaciones muy distintas de la ofrecida por Riveras. Carlos Carreras, en su libro “Hostos, apóstol de la libertad”,  señala que Hostos decide a principios de 1898 su partida de Chile, y que el gobierno y los amigos hacen por retenerle. “El gobierno de Chile, para no perderlo, le comisiona para estudiar en Estados Unidos los institutos de Psicología experimental”, del que debe rendir informe. Además, se toma “el acuerdo de no considerar vacante su posición por un término de seis meses”.   Así se indica también en la página 20 de la “Noticia biográfica” (redactada seguramente por Eugenio Carlos de Hostos) que preside el volumen “América y Hostos” , Edición Conmemorativa del Gobierno de Puerto Rico, respaldada por las Comisiones del Centenario de Puerto Rico –presidida por el gobernador B. Winship–, Cuba –presidida por Emilio Roig–, Argentina –presidida por Ramón Castillo, Vicepresidente del país–, República Dominicana –presidida por Federico Henríquez y Carvajal–, Estados Unidos –presidida por Charles Chapman–, Chile –presidida por Luis Galdames–, y México –presidida por Aurelio Manrique.

Juan Bosch, editor de sus “Obras completas”, apunta en su célebre biografía “Hostos, el sembrador”  que “como no tenía con qué enfrentarse a los gastos del viaje, debía conseguir apoyo del Gobierno. Chile respondió bien: le nombró Delegado para el estudio de los Institutos de Psicología experimental en los Estados Unidos”.

Más aun. Carreras informa que el Ayuntamiento de Santiago le declara “hijo adoptivo”, y “para grabar su recuerdo imperecederamente en lo más alto, los exploradores alemanes Stange y Krüger, comisionados por el Gobierno de Chile para estudiar la región del Palena, en la Patagonia chilena, dan a uno de sus montes descubiertos en su nombre, vinculándolo así, en el Monte Hostos, a la geografía del país”.

De lo que no cabe duda alguna es del compromiso sin límite de Hostos con la revolución iniciada en el 1895, ante el cual se estrellaron las amenazas del Ministro y del propio presidente de la república Federico Errázuriz Echaurren, instándole a no irritar al gobierno de España. Así consta en otras dos cartas dirigidas Fidelio Despradel con fechas del 26 de octubre y 4 de noviembre de 1895, incluidas en “España y América”.   En la primera asegura que “de aquí me iré de todos modos, hoy más que nunca, porque un Ministro de Relaciones Exteriores ha tenido la debilidad de oír al Ministro español, que pretendía se me prohibiera manifestarme partidario de Cuba”. En la segunda, de noviembre, casi tres años antes de la alegada renuncia solicitada, Hostos le narra a Despradel que el agente de la revolución de Cuba iba a llegar y los partidarios le rogaron que él presidiera la comisión que lo recibiría. El Ministro español acude nuevamente al Ministerio de Relaciones Exteriores quien envió un jefe de sección a convencer a Hostos de que no tomara parte en “manifestaciones desagradables para una potencia extranjera ‘como empleado público’”. “Yo no lo dejé seguir –añade Hostos–, y dije con viveza: Aunque yo no me tengo por empleado público, porque no pensé en ninguna dependencia cuando asentí al llamamiento de Chile, ahí está el empleo, ya está entregado; pero, eso sí, que vengan a quitármelo, porque yo, al defenderlo, defiendo la Constitución de Chile”.

Hostos añade en la misma carta que “ha habido conatos de expulsión, que no se han llevado a cabo, porque el Gobierno que la intentara, si la intenta alguno, sabrá a su costa que si los explotadores de la oligarquía que ha corrompido el país me odian con franqueza o con hipocresía, el pueblo y la gente sana, que aun queda en Chile, expresaría entonces su adhesión al extranjero que más a estimado a Chile y que mejor enseña a amarlo”.

Bayoán Lautaro de Hostos –otro de sus hijos– relata una anécdota de su padre en su libro titulado “Eugenio María de Hostos, íntimo”  . En ella da cuenta de un discurso ofrecido por Hostos en la Alameda de las Delicias ante el Presidente, el Ministro de Instrucción Pública y numeroso público. “A la sazón era ministro de Instrucción Pública un ilustrado profesor y, este haciéndose eco del disgusto del Presidente de la República, trató de molestar a Hostos, interpelándolo por los programas de instrucción pública que, mejorándolos, había impuesto Hostos, en el Liceo Miguel luis Amunátegui. De este modo empezó el gobierno chileno a molestar a Hostos...” Así, dice Bayoán, se entabló una controversia entre el Ministro y el Rector. El Ministro cedió eventualmente a la razón, pero no el Presidente. La guerra hispanoamericana se cernía ya, inevitable, dice. Es entonces que Hostos fue llamado a entrevista con el Presidente. Así concluye la anécdota: “Hostos no se rindió, mortificado el Presidente por su actitud y, fijándose en que los zapatos de Hostos no eran de moda. Insistió en mirárselos atentamente, casi al terminar la entrevista llegó el momento de despedirse, Hostos, mirando fijamente al Presidente, le dijo: ‘Cuando yo tenga que volver a hablar con un Presidente de Chile, deseo que hable más con Eugenio María de Hostos, y menos con sus zapatos’”.

Mantener, pues, en conclusión, la idea de que Hostos sale de Chile en el 1898 porque el gobierno de Chile le pidió la renuncia por un incidente particular con un estudiante, es descabellado. La evidencia, contundente, de las expresiones de Hostos retrotraídas a ocho atrás, reiteradas en múltiples ocasiones, y heridas en su corazón por la determinación inquebrantable de su deber perpetuo con la libertad de Cuba, Puerto Rico, las Antillas todas, no da margen ni espacio para otras interpretaciones. Así lo manifestó repetidamente a partir del inicio de las hostilidades entre Cuba y España en el 1895, y así lo agravó la inminencia de la intervención del imperialismo norteamericano. Los hechos subsiguientes así lo evidencian. Y sin necesidad de exagerar las interpretaciones, lo evidencia incluso su muerte.



Marcos Reyes Dávila
                                                                                                                              Albizu seas!


Foto superior primera, el autor al lado del busto de Hostos ubicado en el patio interior del Liceo Amunátegui, Chile.
Conferencia Inaugural Encuentro Letinoamericano de Escritores, Chile 2002. 
En la foto superior el rector Luis A. Riveros está en el centro. M. Reyes a la extrema derecha. 

Notas

1. http://www.uchile.cl/portal/presentacion/historia/luis-riveros-cornejo/discursos/5563/eugenio-maria-de-hostos-educador-y-politico

2. Ibid.

 3. Hostos, Eugenio María de. “Obras completas”. La Habana: Editorial Coqui, 1969.

4. Ruiz, Sonia. “Eugenio María de Hostos: Educador y político.” San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2006.

5. Hostos, XII.1.

6. Ibid., 315-326.

 7. Ibid., 327-332.

8. Ruiz, Op. Cit., 89.

9. Ibid., xi-xiii.

10. Ibid., 5.

11. Hostos, “España y América”, 391-505.

 12. Ibid., 453.

13. Ibid., 464.

14. Ibid., 470.

15. Carreras, C. “Hostos, apóstol de la libertad”. San Juan, Editorial Cordillera, 1971.

16. Carreras 242.

17.  Edición Conmemorativa del Gobierno de Puerto Rico. La Habana, Editorial Cultural, 1939.

18. Bosch, “Hostos, el sembrador”. Santo Domingo; Fundación Juan Bosch, 2003.

19. Ibid., 218.

20. Carreras 237.

21. Hostos, “España y América, 463-467.

22. Santo Domingo: Librería La Trinitaria, 2000, 87-93.

lunes, 17 de septiembre de 2018

El ojo de cristal


"El ojo de cristal"
de Marcelino J. Canino Salgado


 Presentación
 

Muy buenas tardes, tengamos todos.

Como sabemos, el crítico, investigador, músico y maestro, Marcelino Canino Salgado, dorado por los años, estudioso del folclor puertorriqueño y, desde hace poco, novelista y poeta, incursiona ahora en la narración breve con un libro de cuentos que lleva por título “El ojo de cristal”. Comencemos por una digresión perentoria, en el plano del oficio que me ocupa, pero aún más importante, en el plano de los afectos más puros, señalando que se trata de una edición a cargo de Los libros de la iguana, que dirige con estricto celo el Reynaldo Marcos Padua con la asistencia, sin duda mayor, de Margarita Maldonado Colón. La editorial, fundada en el 2008, hace ahora 10 años, tiene publicados a esta fecha, y justo es apuntarlo, 74 libros. Cantidad asombrosa, digna de un magno décimo aniversario que bien merece nuestro aplauso.
Regresamos con dos notas al calce.

Nota al calce número 1: A partir de este momento llamaré al doctor Marcelino Juan Canino Salgado sencillamente, Marcelino, solamente en honor a la ley del menor esfuerzo. (Fin de la nota.)
Nota al calce número 2: de adolescente yo también tomé clases de violín. Menciono esto porque en el libro la sensibilidad se asocia casi invariablemente con el conocimiento y la práctica con instrumentos de la música, piano y violín principalmente. Fin de la nota.) 


De impromptu, confesemos que cuando recibí de Marcelino la orden, que no el pedido... (Me dijo, perdonen la digresión, y lo cito con su permiso: “Apreciado: Tan pronto salga de imprenta mi libro de cuentos “El ojo de cristal”, te lo enviaré. Pues tú serás el que lo presentarás en la Librería Mágica.”

Regreso y repito: que cuando recibí la orden de Marcelino para presentar su libro, sentí primero un muy ingenuo conato de júbilo, seguido, un segundo después, de una indefinida aprensión. Me dije: ¿Qué interés podría tener Marcelino para honrarme con la presentación de su libro? Y es que, amén de mantener a perpetua la relación de maestro-discípulo que inicié en su curso sobre la literatura folclórica puertorriqueña, Marcelino es como Cervantes.
Su palabra tiene más capas de significación que una cebolla. De modo que, sin necesidad de mirar al cielo, hay que saber, para andar seguros, que con Marcelino sus designios son como los del señor, inescrutables. Siendo pues la cosa a ciegas, me dije que seguramente obraba así como el maestro que pone a sus discípulos a leer su informe de lectura frente a la clase. Mas, habida cuenta de que hoy presentamos un libro, y no una crítica literaria del mismo, me voy, por la libre y de soslayo, a campo cubierto.


Digámoslo ahora con sencillez, que no es lo mismo que superficialidad. Si tuviera que presentar a Marcelino, la persona, que no a su libro, llovería ante cualquier público medianamente educado sobre mojado. Nadie hay en la ciudad letrada de Puerto Rico, y puedo decirlo con absoluta certeza, que haya estado alguna vez en una sala donde él estuviera, que pudiera decir luego, y menos jurarlo en un tribunal, que no sabía si él estaba o no estaba allí. Porque Marcelino, lo sabemos todos, tiene sabor de especia, más sal y pimienta que canela. Es decir, que el “yo no sé nada, yo llegué ahora mismo” no le serviría de escapatoria a ningún testigo, pues la presencia o ausencia de Marcelino no levantaría duda ni sospecha en ningún thriller policiaco. 

Pero, por otra parte, hay que poner sobre el tapete que Marcelino siempre dirige la orquesta. Con afecto, me ha puesto en el gozoso aprieto de presentar su libro, pero me ha hecho el trabajo. La estructura del libro es una obra maestra de transparencia. La información que se incluye en sus entornos nos ahorra el trabajo de esta presentación. Así, pues, notemos que conforme con la contraportada del libro, a cuyas verdades me acojo, para ir a la segura, el autor posee dos doctorados, uno de la Universidad Complutense de Madrid –hoy día de calidad dudosa, entonces no– y otro de la Universidad de Puerto Rico donde dictó cátedra por 35 años. En el 2013 publicó su novela gótica “El arcón secreto”, que mereció el premio de novela del Instituto de Literatura Puertorriqueña de ese año. Lo de Yale y otras jarandas léalo allí el interesado.
Por la parte que nos incumbe, se añade allí mismo que: “El ojo de cristal –cito de la contratapa– es la primera colección de cuentos de Marcelino (...) quien se dio a conocer como narrador con su novela premiada El arcón secreto. Algunos –de los cuentos– habían sido publicados
en una que otra revista desde hace décadas. El conjunto es ingenioso, con una variedad de temas y tonos desde lo grave a lo humorístico. La galería de personajes es vasta y el mundo social resulta igualmente diverso desde lo pueblerino a lo citadino. Hay diversas técnicas de narrar de las cuales el autor en su prólogo, de alguna forma, deja entrever su concepción del género. Los juegos narrativos están, y lo dramático y lo patético permean esta novedosa narrativa que habrá de gustar al lector por su capacidad conmovedora”. Fin de la cita... Concurro totalmente.


Pero la ayudita que me da Marcelino no se queda ahí. En la solapa frontal, hablado en primera persona, el autor revela lo siguiente: (cito)
“Estos cuentos los escribí en diferentes épocas de mi ajetreada vida. Los redacté sin pretensiones, solo para entretenerme, ejercitar la memoria y la imaginación. El más viejo de los que presento data de principio de la década de los ‘70. El resto son más recientes. Están escritos con poca literatura, quiero decir, sin artificiosidad. Siempre me inclino por lo más sencillo, por lo que me emocione, y tal vez también al lector. Mas no se equivoque el amigo lector, la sencillez no tiene nada que ver con superficialidad. Bien leídos, por sencillos que sean, en cada uno de ellos está el fondo ético que descubrí cuando comencé a madurar y a tener conciencia del bien y del mal, sobre todo del mal metafísico. Gracias a Dios que me percaté de esas polaridades a tiempo porque si no hubiera acrecentado mi acervo de estupideces.” Fin de la cita. Y nuevamente concurro, pero no me atrevo a decir que en todo. 

Y para que no quede cabo suelto ni gabote loco, Marcelino añade un prólogo de su propia sazón, de 4 páginas, que por ser relativamente extenso no pretendo leerlo aquí. No obstante, el párrafo que leí hace un momento es el primero de él, y lo restante ahora lo resumo.

Alega Marcelino, con su sobresabida modestia, que estos cuentos, acaso menudeo sacado de su arcón secreto, fueron escritos “sin pretensiones” –dice él–, solo para entretenerse y ejercitar la memoria y la imaginación. Esta aseveración debe recordarle a muchos aquella respuesta de Sor Juana Inés de la Cruz a Sor Filotea en la que se refería a su obra como unos “papelillos” escritos a solicitud de otras personas. A solo un paso de esta afirmación, Marcelino revela, además, algunas aristas de lo que llama su “ropero de ideas”. En su inventario destaca en primer lugar las ideas clásicas aristotélicas, luego los conceptos cervantinos, los teóricos y narradores norteamericanos, rusos, españoles, franceses, así como hispanoamericanos. Y otros... (Como puede verse, pura sencillez.) Sus cuentos, añade, son pura guerra contra la nostalgia y la melancolía, que Marcelino culmina citando en griego: brublabrublabla. Para mí, que no leo griego desde niño, como se nota, la palabra es solo una jitanjáfora del término griego referente a la melancolía, entendida para ellos como “bilis negra”, es decir, esa tristeza vaga pero profunda que hace que no halle quien la padece, gusto ni diversión en nada. De las 4 páginas que conforman el prólogo, en tres hace referencia enfática a una nostalgia que se ubica en la esquina de la melancolía. La nostalgia, en suma, prevalece en este prólogo sobre la sabiduría, lo que no quiere decir que Marcelino se desarrope en momento alguno ni de una ni de la otra, ni, mucho menos, de esa ironía tan suya que tanto despista pero que nunca se arrima sin embargo al sarcasmo.

En dos terceras partes de estos 18 cuentos, escritos en intermitencias a lo largo de 45 años, el punto de visto recae sobre una primera persona, a veces protagonista y a veces observadora. La experiencia religiosa atraviesa de una manera más o menos perceptible la mayor parte de ellos. Los cuentos se ubican al principio en un tiempo remoto, a veces in situ, y otras veces como retrospecciones o rememoraciones. Por su naturaleza, parece evidente que el origen de sus asuntos desembarcan de experiencias personales vividas que el narrador rescata y recrea, pues la mayoría de los cuentos coincide con las vivencias de cada época del autor, lo que tiñe los relatos con una aureola de verdad personal o vivida. Algunas como evocaciones de otras épocas que se recuerdan con nostalgia y reflexivamente. Otras, como experiencias autobiográficas de su vida como docente. Sin embargo, en algunos casos, la imaginación nos ubica en tiempos casi fuera del tiempo, ya sea hacia el pasado o hacia dimensiones del tiempo imaginadas como futuros alternos ceñidos a derroteros sociopolíticos. La narración es el discurso predominante en ellos, como cabe esperar, pero en algunos el diálogo caracterizador repunta en exploraciones sicológicas externas y también internas. Los nombres de los personajes, según costumbre al uso en otras épocas que el autor recrea con algo de sorna divertida, sugieren sin mucho disimulo su intención caracterizadora. En cierto sentido el fuerte acento puesto en la evocación de tiempos idos nos remite sin querer al “Pueblito de antes” de Virgilio Dávila, con su veta de costumbrismo moralizador y de la sabiduría popular recogida en los refranes y en los cantos del folclor. Mas aquel “Pueblito de antes” era un todo, una cosmovisión orgánica y cerrada. Si aceptáramos el vínculo quizás un poco forzado entre don Virgilio y don Marcelino, habría que señalar que el pueblito de nuestro autor dorado, es mucho más amplio en tiempo y espacio y más dinámico y reflexivo. 

Demos una mirada célere al inventario de los 18 cuentos.
El primero lo titula “Evening in París”. En este cuento el narrador se remonta, en cuanto niño de cinco años, al recuerdo de su abuela. Con la más delicada ternura, el protagonista persigue a lo largo de su vida el recuerdo del olor de su perfume, que se la devuelve persistentemente.
En el segundo relato, “Mis memorias de Abraham”, narrado en primera persona como el anterior,
el personaje se remonta otra vez a la niñez escolar para referir las consecuencias de un caso de lo que hoy conocemos como “bullying”.

En “Silencio amoroso” nos dirige la mirada hacia un maestro de sexto grado, durante la época de la segunda guerra mundial acorralado con la experiencia amarga de la muerte.
“El ojo de cristal”, relato homónimo de esta colección de cuentos, remite por su parte al lector a la sacrosanta costumbre católica de nuestra niñez relacionada con las procesiones del Viernes Santo. Poco tiene que ver este ojo con visiones mágicas de otros tiempos, ni textos fantásticos, ni siquiera religiosos, y mucho revela en cambio de la actitud festiva e iconoclasta –dicho sea con perdón– característica del autor.
En el cuento titulado “Ventana hacia el futuro o el lector de cartas”, el autor evoca jocosamente a aquellos personajes de circos y ferias trashumantes, enanos, adivinos y ladinos.
En el cuento nombrado “Palinodias sobre mi traje de dril 100" (de hilo blanco, eh), el narrador hace uso de su extraordinaria capacidad para recrear y servirse a su antojo de un lenguaje socarrón a propósito de un narcisista sin propósito y de la propensión a considerar como vestimenta criolla del buen gusto y elegancia la ropa de hilo blanco.
(Gesto.) Un magistral revoltillo de nostalgia y comicidad.

El cuento “Alter, Vallejo y yo” se vale del truco de juegos de identidad a propósito, esta vez, de un profesor universitario, de Estudios Hispánicos, que dialoga con un estudiante que es su “alter ego” aprovechando el análisis solicitado por este del conocido soneto del poeta peruano César Vallejo que comienza con aquel “Me moriré en París con aguacero” ... La sencilla explicación, sin complicaciones, que le hace el personaje no descarta la “homoteleusis asociativa” de Roman Jackobson. “¿Comprendes?”
“Monsieur Joseph”, por su parte, se remonta más atrás, a la época de los boticarios, los reales y las novelas de entrega. Es un cuento de soledad, de amor y sexo que experimentan personajes de raíces culturales muy diversas, pues en nuestro país solemos destacar como si fuera de oro el origen hispano o simplemente extranjero de nuestro concierto humano.
En la “La tía Carmela” el cuento nos remonta nuevamente atrás, esta vez a la época de los borbones, las haciendas y hasta del seminario conciliar. Con aromas evocados del sesgo persistente del romanticismo hispanoamericano, la tragedia se enreda con el pintoresco personaje de una negra nigromante de los otrora esclavos, y de los rencores de clase.
Con un giro brusco de timón, la línea de cuentos del autor nos lleva en “Pompeya y la invención de Roma” a los tiempos de la Pompeya imperial, justo antes de la célebre explosión del Vesubio.
Con “El oro de Palestina” asistimos, no sin algo de un retribuido sarcasmo, a la recreación de un tipo de habla y conciencia de carácter que más que popular es vulgar y soez.
En “Conversación con el móvil” encontramos como narrador a un estudiante universitario enredado en pensamientos en los que los conceptos giran sin pertinencia ni contexto.
“Autoestima de locura”, por su parte, explora con buceo sicológico detrás de las etiquetas que, como se supone, tipifican.
La “Entrevista por reporteros latinoamericanos al presidente de la Unión de Profesores Universitarios” imagina el futuro alterno de un Puerto Rico que sufre la dictadura de un gobierno paramilitar. Amén de la denuncia, amén de la parodia, amén de la sorna.
En el relato titulado “Emanuel” Marcelino nos presenta a un chico bueno, amante de la música, que evoluciona hasta el envejeciente convertido, más por azar y destino que por voluntad propia, en un sabio consejero de su comunidad.
En “Manuscrito encontrado” estamos otra vez ante un profesor universitario que halla en su propia biblioteca un manuscrito de origen desconocido, y que aparenta ser del siglo XVI. El cuento parece representar con sorna la sabiduría de pacotilla y presuntuosa de algunos académicos.
“María de los espejos” parece ser uno de los relatos emblemáticos y acariñados de este conjunto.
Un profesor universitario, nuevamente, pero que esta vez es, precisamente, un investigador del folclor, que además hace un inventario de tipos y costumbres, se encuentra en un campo con esta mujer afectada de sus facultades mentales, pero graduada de estudios superiores, a la que se le atribuye la capacidad de ver, en espejos rotos, ventanas a otras “dimensiones”. De cuatro espejos que “son un símbolo” se habla. El primero es el del terror a Dios y los pecados. El segundo es una ventana a las dudas que sin embargo responde a las preguntas. El tercero, el de la Esperanza, con mayúscula, explica qué no hay que hacer para no sucumbir en todos los sentidos. Y el cuarto, el más importante de acuerdo a la narración, “manifiesta la luz inescrutable, el fulgor que ciega” y da no obstante la verdadera visión que vence al mal.
“El mal –dice– es un espectro metafísico y el hombre lo materializa por la dureza de su corazón”.

Resta finalmente, el cuento titulado “Enardo y Rosael”, relato de los amores imposibles de dos jóvenes que se buscan a lo largo de los años perseguidos por fuerzas adversas y la fatalidad. El relato nos evoca las historias y leyendas anónimas más antiguas.

Digamos para recapitular, que el maestro Marcelino... se juzgó bien. Los cuentos en este libro de 187 páginas, oscilan entre relatos de solo dos páginas a 23, con un promedio de 9 páginas por cuento. Caracteriza al conjunto el uso de un lenguaje exquisito, a veces francamente poético, que revela, como cabe esperar desde luego, un dominio absoluto del instrumento lingüístico y que le acredita una narración que se desliza suave, sin sobresaltos ni tropiezos. Se percibe de inmediato, además, y como quedó dicho, un fondo ético. Y sobretodo, el placer de narrar que hoy muchas veces se confunde con la incursión de técnicas narrativas no asimiladas bien, y muchas veces, francamente imprudentes. Quiero decir, que su narración se lee con gusto.
Marcelino se aventura por los puertos del ingenio, la sensibilidad, la curiosidad y el amor asumido en función de universos alternos, en tipos y costumbres, ambientes, épocas y éticas, y también técnicas de narración y lenguajes, incluso románticos y costumbristas, aunque asumidos con otros ojos, ojos críticos, irónicos, reflexivos y desde luego contemporáneos. Un marcado dejo de desilusión y nostalgia lo aproxima también a Cervantes, en quien lo grave y lo ético se atraviesa con socarronería y desenfadado humor.

¿Por qué elige el autor el título de su cuento para bautizar el libro? No creo que “El ojo de cristal” sea el caballo a apostar entre estos relatos, ni por su tema ni por su tono. Un ojo de cristal, contrario a lo que sugiere a la inmediatez del sentido, no es transparente. Con un ojo de cristal nada se ve, como no sea una realidad deforme. En realidad, estamos ciegos. En todo caso es ojo que con su apariencia embauca a los incautos, como el manuscrito escrito al revés de uno de los relatos. Pero en el cuento “Alter, Vallejo y yo” Marcelino utiliza como epígrafe dos citas de Jorge Luis Borges, el visionario ciego.
En la primera cita, Borges se refiere a que el arte debe ser como el espejo que “revela nuestra propia cara”. Y ante esa realidad, nos asegura Borges en la segunda cita, “es inútil estar ciego”. En ese cuento, precisamente, el protagonista toma café en la cafetería de la universidad y ante el joven estudiante que se llama Mialter, le parece que se mira “en un espejo un poco empañado”. El protagonista había hecho al comienzo del relato una exégesis, improvisada como ya vimos, del poema de Vallejo que comienza con aquello de “Me moriré en París con aguacero / un día del cual tengo ya el recuerdo”. El cuento termina con la alusión a, cito, “los miles de reflejos que entre dos crepúsculos del día mi rostro fue dejando en los espejos” ... Recordemos que este libro se ha escrito a lo largo de 45 años. “¡Ay, turulete!”

Para terminar un Apóstrofe indiscreto.

Marcelino:
No fue por ceñirme a ley del menor esfuerzo, como dije al principio, que decidí referirme a ti por tu primer nombre. Contrario a la costumbre en la UPR, donde la docencia se ejercía imponiendo una distancia estamental altiva, y un dejo indefinido de jactancia –de la que por cierto no estabas exento–, ejerciste una docencia que no se limitó al aula. Fuera de ella compartías con nosotros en un plan que desbordaba la academia formal. Vale decir, que eras, como eres, una persona capaz de compartir con otras personas. De modo que en nuestro ánimo vacilaba, indeciso y difícil, el respeto, no al Padrino, pero sí al Don, y la camaradería. Igual que hoy.

Doquier estabas, como mencioné al principio, no podías pasar desapercibido. Con tu guayabera –gesto– blanca, eras, y eres, como una aceituna en un plato de arroz blanco.
“Uno no pregunta a nadie el motivo de sus afectos”, dice la mujer alucinada de “María de los espejos... Marcelino Canino Salgado, no me pregunte usted el motivo de mi afecto.
Para todos los demás, muchas gracias por su atención


*15 de septiembre de 2018
Marcos Reyes Dávila

jueves, 21 de junio de 2018

LOS DIOSES SIN ADIOSES



Los dioses sin adioses
          
   
   Los dioses no tuvieron más sustancia
                         que la que tengo yo
”, JRJ.

                                                                                        

                A mi madre, Sarah

Los
dioses no tuvieron más sustancia
que la que tienes tú
Ni más cuerpo de prado
Ni memoria de la vega florida
y del manantial
libre de ahogos
Tú tienes
como ellos
alborozo de flor
Espacio de oceano
Ímpetu de tallo y de raíz
Aliento de arcilla
Vida para dar
Y efervescencia

No. Los dioses no tienen más sustancia
que la que tienes tú
que supiste verdearte
como musgo entre las piedras
Los dioses del desierto
y de los bosques
los dioses de los ríos
y las sabanas
Los dioses sin adioses
Los que nunca terminan

Tú eres como ellos
fuga raudal de cabo a fin
Allí estabas allá
Allá estabas aquí
Mas siempre abeja entre las flores
O la pura tibieza de un abrigo
O el puro bodegón
de ese pecho que apuramos
como un pollito
El puro sostén
en el aire de los pájaros
El puro apurar
de un vientre siempre verde
La memoria arcana
y encarnada
de lo que no se agota
ni consume

Aunque seas memoria del fuego
no fuiste testamento de ceniza
sino el soneto en carne viva
y ese soplo que revuelve
las hojas caídas
Fuiste semilla de la aurora
La floresta al mediodía
repartida en diez cauces y caminos
Y ese pino inmenso
en el otoño de la noche
que atiza con su dedo las estrellas
En el recuerdo de tu mirada
ensemillada siempre
nacen en tus manos las reinitas
que te buscan los retozos
y colmenas
Pasas a sotavento
como una danza en la plaza
Pasas a barlovento
como un salón de baile
Pasas al norte
como una feria de libros
Pasas al sur
como un festival para la canción
y la poesía
Y pasas
en todas partes
como delirio en el agua

Háblame mamá del viejo lago
De cómo se torna cristalina
la adolescencia en las mañanas
y de cuánto reposa su tersura
en la mejilla virgen de las aguas
Háblame
de aquella muchedumbre de reinitas
que jugaban con azúcar
por las mesas de la infancia
Y cántame cielito lindo otra vez
que el llanto se me exprime
en el pecho sin olvidos
mientras se disuelve
como un paso de baile
en la sonrisa

Mi madre conoce el salmo de David
y la danza de seda de la sulamita
Recita el salmo de Manuel
lo mismo por la ruta del sol
que de la luna
Dime mamá de los pájaros
del lago de Cidra
Dime como danzan
en la neblina
los rojos y los verdes
en tus hojas de pascua
Cuéntame otra vez
la historia de la flauta
y las cabritas
la crónica sombría en las bodegas
la crónica de las bahías
y los puertos
de los valles del mar abierto
en lontananza
Háblame del vestido y del calzado
de los lápices sobre la mesa del pan
del ascenso y la caída
del impulso y la derrota
del amor y sus racimos
del puente y de la alcoba
de la espera y la llegada

No, los dioses no han tenido más sustancia
ni más tiempo
ni más memoria altiva
ni más cuerpo

que los que tienes tú
desatada de adioses y de olvidos
Mi madre es vientre
y colmena de semillas en la brisa
que van desde la oruga
hasta la mariposa.
Hacia ella vuelan siempre
retozando las reinitas
“en el recuerdo de tu mirada”.



           

 ____
* Mamá (18 de septiembre de 1921, 17 de junio de 2018) murió el mismo día que papá difunto hubiera cumplido 101 años.

miércoles, 13 de junio de 2018

ISLA - JULIA





Isla julia*
 
                   En el centenario de Julia de Burgos y de Pedro Mir
           
        1- (Apenas nacida de las aguas)

No hay un país en el mundo
    como tú
tan pedacito de alma

Oriundo del viento negro
y la colilla encendida
eres esa migajita de pan
relamida en la mesa del mar
de las antillas
Tan quebradiza
como el cristal
de una ilusión ingrata
Tan contemplada
       
Apenas nacida de las aguas
ya eras el fósil de un coral
que se encabrita
Algo así como el recuerdo
de un jardín vedado al beso
Y un unicornio en la isla.


                2- (Eres Isla julia)

Por más que retozaran
frente a ti
los querubines,
por más que te cepille las palmas
el sueño de un deseo
o el vedado sol de las caricias,
no fuiste la venus de cabanel,
apenas posadura sobre el mar
     –tan coralina,
sino la julia sin nombre
la de los espejos rotos
la novia abandonada
sin rostro
en una calle helada
de nuevayork.

Tu padre fue un carimbo
fraguado en las calles de sevilla
Y tu madre
      –sin nombre
violada al sol
y amordazada en mortajas
por el señor
de los desahucios
y el uranio reducido
en wallstreet.

Eres la Isla julia
Gazapo del mar de los sargazos
en la promesa incumplida
de un desfalco
Isla julia eres
en las pompas de tus ruinas
huérfana de ti misma
y del amor armado que te olvida
Eres Isla vieques
Herida y penitente
y nunca tuya
Eres Isla fugitiva y refugiada
Como un trapo
en el versículo de un salmo
Eres Isla de la luz que el sol desecha
en los muros de piedra
cercada de alambradas
y lanzada por el navy
a-la-caída.

                    3- (No hay país saturno como tú)

No hay un país en el mundo
como tú
tatuado de sales y de sangre
por tus cuatro costados marheridos
Isla de aguas bucaneras
y tiburones en la orilla
Isla roída en la carroña
de las águilas del norte.

Desprendida del orinoco americano
te llueve aún
ese oropel de sol
seducido y encrespado
en los ríos de tus cielos
y te riza ese dolor
tatuado de cicatrices en la tierra.

Por eso
no me digas Isla Julia que te quiere
arrobado de tules en la ausencia
quien te ve de noche sola
desposeída de ti misma
consumida y sumida
como el agua entre las piedras
Porque no hay patria
en la falacia
Ni en la celda
Ni bautismo de sangre
en una tierra sin puertos
ni avenidas
No hay un país tan garabato
Como aquellos pies
de las mujeres chinas
No hay un país
tan deseado por el trauma
y por los ortopedas
Y tan presto a la estampida.

Isla aura que apenas nace
se la come el sol trunco
en las auroras
No.
No hay un país saturno
     –como tú
que devore a sus hijos.


                4- (Amén de pitirres)

En el oeste
casi fuiste Ramón
Y casi Eugenio
En la torre de Lares
también estuvo
Don Pedro el dirigente
con aquel amor profundo
que sólo gozó gautier en los turpiales
Sembrando juramentos por la vega
y clamando dianas de trompeta
en asomante

Has vivido como has muerto
De siglo en siglo
De sangre en sangre
Entre el beso sin descanso de tu río
y el rasgado velamen
del naufragio y del exilio
Cada día
has huido de esa muerte
certificada hueso a hueso
entre la morfina
y la heroína
Cuánto duele tu paloma asesinada
Cuán poco te hemos dado

Mas otro Filiberto
tocará como josué
un día
esa trompeta
para derribar el muro de lamentos
y ofrecerte la ciudadanía
de la poesía
Y amén de pitirres
no quedará un peñón ya
para estas lágrimas

         *

Renacida de tu muerte
persiste imperturbable
la estrella que fulge
Por eso Isla julia
te bautizo:
¡albizu seas!




____


* Tomado de AGENDA DE EUCALIPTOS (2018)

martes, 29 de mayo de 2018

Décimo Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico


Xmo FESTIVAL INTERNACIONAL 
DE POESÍA EN PUERTO RICO (2018)
............................................


Dedicado a JOSÉ DE DIEGO
Palabras del Moderador.







(LA  VELA)
(Entro con teatro a oscuras, vela y toro de fondo.)

Buenas noches nuevamente. No tenemos que decirles, a ustedes, que la poesía le pone alas a la ostra, que cantamos porque el grito no es bastante, o que la poesía es un arma cargada de futuro, que la poesía es vaticinio y la sangre del alma, que cada palabra dicha es el eco de una muchedumbre que se dispersa a lo largo de los siglos y a su vez nos proyecta, que la poesía nombra lo que no tenía nombre, que abre caminos de solidaridad, que oscila entre la oda y la elegía, o que ilumina en la noche más oscura.
¿Qué debemos decir entonces en la apertura de esta noche?...
Pues lo que quedó expresado simbólicamente en la entrada que hicimos hace un momento con una vela en las manos...
Me explico.
 
El pasado domingo en la entrega de los oscares, José Andrés, un famoso chef asturiano, desplegó una bandera de Puerto Rico que desprendió inesperadamente del calor de su corazón durante la actuación del rapero estadounidense Common.
Esta edición, edición de décimo aniversario del festival internacional de poesía en Puerto Rico, se produce y llega aquí hasta ustedes --detrás de acontecimientos inimaginables. Preciso es decirlo. Como ustedes saben, Puerto Rico atraviesa la devastación más atroz de la que tengamos memoria. En cosa de pocas horas el país que teníamos -y que muchos de ustedes recuerdan - desapareció. La oscuridad reinó absoluta entre nosotros. Si bien cataclismos de naturaleza similar ocurren en todos los países, la diferencia es que en Puerto Rico el estrago abarcó el país entero. No hubo región alguna que pudiera auxiliar a otra. El otrora país señalado por el verde de su nombre tomó colores de ceniza y piedra. El país que ya había naufragado y había sido tomado hasta entonces de manera disimulada y encubierta, fue tomado a fines del año anterior, a cielo abierto, por el Congreso de Estados Unidos a sueldo de los bonistas. En esa situación de quiebra colonial y de saqueo financiero, llegaron los huracanes Irma y María, esta última de categoría cinco.

            Aunque el verde siempre generoso renace a la primera provocación de la lluvia, al día de hoy, seis meses después del azote, medio país continua sin luz eléctrica. En esas circunstancias, y a pesar de todos los rigores, celebramos esta décima edición de aniversario de este festival. Quien les habla alcanzó la luz huidiza hace apenas unos días. El comité organizador no pudo reunirse durante tres meses. Encontramos que las sedes de algunas actividades estaban o están aun devastadas. Algunas cerradas, otras en reparación, todos sin recursos económicos que emplear en cosas que no sean urgencias de agua y de caminos, de líneas eléctricas y alimentos. Los apagones nos sorprenden y nos pueden sorprender en cualquier momento. Incluso en este momento. Las dificultades acechan.

           Pero con luz o sin luz, con caminos abiertos o cerrados, con patrocinios o sin ellos, el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico ha llegado, como ningún otro, a cerca de cuarenta pueblos del país, de este a oeste, de norte a sur, por toda la costa, sin olvidar la sierra del centro. Este Festival seguirá vinculando y hermanando nuestros países con su arte, y seguirá llegando a distintas comunidades y públicos: niños, jóvenes, universitarios, plazas públicas, égidas, comunidades marginadas o ateneos, con el arte de la palabra iluminada que sobrecoge y despierta.

            La presente edición de este festival de aniversario revela de este modo, con relieve encancaranublado y  sangrigordo, la condición de precariedad con la que siempre hemos lidiado. Solo la perseverancia, la capacidad para resistir las adversidades, la fe inquebrantable en que la poesía, que es aliento de vida, genera fortaleza como la lluvia en el surco, ha podido abrir y hacer camino durante estos diez años. Pero por encima de eso, le debemos este aniversario al apoyo -también inquebrantable -de tantos poetas de países hermanos que han respondido con un ahora más que nunca a esta invitación de lazarillos. Para ustedes, (SEÑALARLOS) que representan a cerca de dos centenares de poetas amigos que nos han visitado en estos diez años, nuestra gratitud y nuestro aplauso.

..........

            El Comité organizador había decidido desde hace un año dedicar este festival a José de Diego, uno de los poetas más objeto de cariño en Puerto Rico. Algunas de las principales avenidades que atraviesan la capital y muchos pueblos como arterias, así como numerosas escuelas e instituciones, llevan su nombre. Mas aunque lo determinante entonces era que este año se conmemora el centenario de su muerte, Concha Meléndez nos recordaba su decir: "El triunfo es un azar; la lucha un deber". Por eso tenía su "frente acostumbrada a la tormenta". De modo que no hubo esfuerzo alguno en atar a De Diego con los estragos del huracán. Sus endecasílabos afloraron, solos, sin pretenderlo:

"De la tormenta al iracundo empuje
no has de balar como el cordero triste 
sino rugir como la fiera ruge",  

 se lee en uno de los sonetos más extraordinarios de la lengua española, que culmina con este deslumbrante terceto: 

"¡Levántate! ¡revuélvete! ¡resiste! 
Haz como el toro acorralado: muge. 
O como el toro que no muge: embiste."   

Esa idea precisamente es la que expresa Antonio Martorel en el cartel oficial de este Festival: el verbo imbatible del poeta que embiste como un toro y rompe la cerca en trozos disparados.
Que qué debemos decir entonces en esta apertura? Pues, sencillamente, que el eclipse es impotente ante el sol.  Y, desde luego... ¡CUMPLEAÑOS FELIZ !
(Desplegar la bandera.)

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