viernes, 22 de mayo de 2015

El Anarquismo de Rodrigo Quesada Monge


El ANARQUISMO 
de Rodrigo Quesada Monge

A propósito de sus dos libros: “La fuga de Kropotkin” (Chile: Editorial Eleuterio, 2013, 173 págs.), y “Anarquía: Orden sin Autoridad” ( Edición combinada de la Editorial Eleuterio de Chile y la Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2014, 448 págs.)

    A Rodrigo Quesada Monge lo hemos consentido en nuestro baúl de
aprecios de manera constante desde hace ya muchos años. Se acercó a nosotros con un trabajo de historia para la Revista EXÉGESIS, y desde entonces. Le hemos invitado a conferenciar en Puerto Rico, y hemos estado en el estudio-cueva de su casa en San José, Costa Rica. Hace un tiempo largo ya me envió su libro sobre Kropotkin, que leí entonces, y luego el libro titulado “Anarquía”, que terminé de leer hace poco. No he olvidado al amigo Quesada Monge. Simplemente otros deberes y ocupaciones impostergables del pasado año me impidieron proceder a reseñarlo.
    Habría que decir para comenzar que Quesada Monge, historiador y también novelista, con una obra impresionante y diversa, confiesa en estas obras una deuda de amor hacia el anarquismo que se hace contagiosa. Por lo menos en aquellos que priorizamos la solidaridad y soñamos con una sociedad igualitaria y justa. La tarea emprendida por Quesada Monge no ha sido de poca monta. Por una parte ha rescatado para el lector contemporáneo la obra de uno de esos autores que aparecen aludidos de paso y en notas al calce en el quehacer intelectual y revolucionario del siglo XX. Por la otra, Quesada Monge hace un estudio sobre el anarquismo en el que ilumina sus elementos, su aportación en el desarrollo de la historia, no solo rusa ni solo europea, sino latinoamericana, y sus repercusiones en muchas latitudes del planeta.
    Pero, además, Rodrigo Quesada Monge se aplica a iluminar cómo inciden las ideas anarquistas y su “legado ético” en partes significativas de lo que es nuestro mundo. Me refiero a aspectos como la libertad, el estado, la religión, el trabajo, y otros, que son de suponer, pero además, en el amor, la comida, la mujer, el arte, la tecnología,la sexualidad, el terrorismo y otros, que no son tan obvios ni de esperar.
    Una segunda parte del libro “Anarquía” se dedica a recordar y analizar los
héroes del anarquismo, así como la función que cumplió el anarquismo en la importantísima Comuna de París, y en Revolución Mexicana, en la Revolución Bolchevique, en la Guerra Civil Española, y aún se extiende hasta Seattle, a los conocidos sucesos de antiglobalización de 1999, mientras bucea y rastrea su presencia en la historia de nuestra América Latina y en Costa Rica, en particular. Eso explica que la bibliografía, impresionante, desborde los 300 títulos.
    “La fuga de Kropotkin”, en cambio (obra que incluye un “copyright” del 2004), relata, a modo de una biografía, la historia del príncipe ruso Piotr Alexéievich Kropotkin, nacido en el 1842 y fallecido en el 1921. Aunque miembro de la más selecta y rica aristocracia rusa, Kropotkin, geógrafo de profesión, se opuso a su misma clase y renunció a su riqueza y sus privilegios, luchó contra el zar, sufrió prisión en Siberia, de la que escapó para pasar 42 años de exilio, hasta que la revolución bolchevique le permitió el regreso e incluso encontrarse con el Lenin jefe de estado en el 1919.
    Tanto el libro sobre Kropotkin como el libro sobre la anarquía, adolecen de un defecto que es una virtud. Están escritos por un historiador que es un escritor talentoso y que no teme referir los eventos de estudio al mundo contemporáneo, ese en el que vivimos todos, y en el que luchamos. Eso convierte estas obras en herramientas de combate iluminadoras, y a la misma vez, deleitosas.



Marcos
Reyes Davila
¡Albizu seas!

Así empieza lo malo de Javier Marías



Así empieza lo malo 
       de Javier Marías

Javier Marías: “Así empieza lo malo”. México: Alfaguara, 2014, 534 págs.

    Un querido amigo, andaluz puertorriqueño, me recomendó con mucho entusiasmo las novelas de Javier Marías. Así emplazado, me embarqué primero en la lectura de “Así empieza lo malo”. Ignoro si esta novela caracteriza el lenguaje de Marías. La nota de presentación refiere los innumerables premios recibidos por Marías por una obra principalmente novelística y de muchos títulos.
    Admito que empezó con lo bueno, no con lo malo. Los primeros segmentos me recordaron a Saramago, pero españolizado y quizás más ameno. Me atraparon. Un tal Juan de Veres narra la historia, según la recuerda. Se refiere a sucesos ocurridos en su juventud al inicio de la época posfranquista. La trama no encadena un torbellino de sucesos sociopolíticos que involucren a una comunidad de personajes, sino que parece reducirse a un conflicto de naturaleza íntima, de pareja, de su jefe, Muriel, un cineasta, atrapado, con una mujer que no puede perdonar, en un país, católico, en el que no está legalizado el divorcio.
    Dije “parece” porque poco a poco la novela expande, aquí y allá, sus aristas hacia atrás, a la guerra civil y su secuela de dictadura. Ya muy adelantada la lectura notamos con sorpresa cómo Marías novela un aspecto marginal, colateral, de esa terrible historia de la posguerra. De modo que la novela se retrotrae y luego se proyecta mucho más allá de su tiempo de base.
    Marías pudo construir una novela mucho más reducida, más de la mitad, sino dependiera la narración de la exposición de las infinitas posibilidades que cada paso dado presenta. Además se redeleita en exceso con películas y actores que pocos de sus lectores conocerán. En esa indagación de las infinitas posibilidades está parte del atractivo del novelar de Marías, pero también parte de un peso en alguna medida superflúo.
    El título de la novela parte de una expresión de Shakespeare: “Así empieza lo malo y lo peor quedó atrás” (393). Se refiere a que nos ocurren cosas que inicialmente tomamos como explosivas, tanto en mal sentido como en el bueno, pero que con el tiempo se atenúan y se borran. Según el narrador, “la verdad” “tiene un lugar y en él se queda; y tiene un tiempo y en él se queda también. Se queda encerrada en ellos y no hay forma de reabrirlos” (34). “Solo nos restan tanteos y aproximaciones”, añade.
    Para mí fue novedoso el particular enfoque que se hace sobre ciertas secuelas de la guerra civil que se proyectaron no solo hacia los años 80, tiempo en el que se ubica la historia, sino hasta nuestros días, con todo ese afán de desenterrar muertos de hace 75 años. Marías desenmascara indignaciones y falsas inocencias. Entre el atractivo comenzar y el sorpresivo final, y entre el debate de unos valores de época entre los mayores y los jóvenes, en gran medida sexuales, la novela se deja disfrutar.

 Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!


 

jueves, 21 de mayo de 2015

Julia a la carta: su propia voz



Julia a la carta: 
            su propia voz

A propósito de “Cartas a Consuelo”, por Julia de Burgos (San Juan: Folium, 2014, 232 págs.)

Pocas semanas después del Simposio celebrado en la Universidad de Puerto Rico en Humacao a principios de febrero de 2015, “ Julia de Burgos: Me llamarán poeta”, sale el tan anunciado volumen con las cartas de Julia a su hermana Consuelo de las cuales solo tuvimos, por décadas, referencias aisladas hechas por algunos estudiosos de Julia que tuvieron acceso a los originales. La edición incluye 136 cartas de Julia a Consuelo transcritas por Marisol Figueroa, un iluminado prólogo de Lena Burgos Lafuente, una presentación, previa a todo, de la sobrina María Consuelo Sáez Burgos, y como sorpresa, tres cartas de Juan Isidro Jiménez Grullón dirigidas también a Consuelo en el 1942 a propósito de la crítica ruptura entre Juan y Julia. El libro lo presentarán este jueves 28 de mayo, a las 7 de la noche, en La Tertulia del Viejo San Juan, Efraín Barradas y Sylvia Molloy. 
    En efecto, como bien apunta María Consuelo, las cartas, en cierto sentido, escriben la “verdadera biografía” de Julia de Burgos. Estos textos, que son evidencia irrefutable, ponen en tela de juicio especulaciones de sus biógrafos dadas por hechos sobre la vida de Julia. Es cierto que, como dice Burgos Lafuente, la correspondencia recoge una “ficción del yo”, es decir, nuestra interpretación de nosotros mismos. Mas, no obstante, el lector de este epistolario tiene la sensación de estar frente a Julia, de oír sus razones, de apreciar su manera de interpretar los acontecimientos, con hondura y fineza. Es decir, de estar frente a la Julia que fue, y en cierto modo es, una Julia viva.
    Las cartas comienzan en agosto de 1939, poco antes de su salida definitiva de Puerto Rico, y se extienden hasta el 28 de junio de 1953, es decir, poco antes de su muerte. La mayor parte de ellas, están escritas en Cuba. Tras la ruptura con Juan Isidro, se reduce marcadamente la frecuencia de estas entre el 1943 y el 1946. De este último año hay solo tres, del 47 solo una, del 48 no hay carta, del 49 solo una, ninguna entre el 1950 y 1951, dos en el 52 y ocho en el 53.
    Observaciones que podemos anticipar:
    1. La Julia que emigra es una mujer enamorada que, por una parte, huye de la maledicencia que la persigue, y por la otra parte, aborda con determinación la experiencia mágica del amor que vive. Esa maledicencia, según puede inferirse, se debe principalmente a su abierta relación amorosa de mujer divorciada con un hombre casado. Con seguridad su activismo político también jugó un papel preponderante.
    2. La Julia cubana es una mujer deseosa de educarse y de hacer obra, una mujer ansiosa de crecer intelectualmente. Aparte de varios doctorados que comenzará realizar, proyecta, aparte de “El mar y tú”, otros tres libros: “Campo”, de temas sociales y proletarios, “El cielo de Julma”, seguramente sobre su amor por Armando Marín, su segundo esposo, y “Autobiografía de una bala”.   
     3. Se trata de una Julia siempre comprometida con la patria y con la clase proletaria. Las alusiones al comunismo, su simpatía con connotados escritores comunistas, sus defensas de la Unión Soviética en guerra contra el fascismo, son constantes y no ocasionales o marginales. Asimismo, su censura hacia el capitalismo “salvaje”, el imperialismo y las tiranías centroamericanas y del Caribe.
    4. Las dificultades económicas que tienen raíces en la niñez pobre la persiguen constantemente. Del mismo modo su interés por su familia. Pretendió vivir durante mucho tiempo de sus libros.
    5. Las dificultades con Juan Isidro no tardan en asomarse. La principal es la relación de Juan con sus padres, que no quieren a Julia. Pero también está constantemente la queja de un Juan que la quiere sometida a una vida doméstica.
    6. La cartas a partir del 8 de junio de 1942 delatan con claridad que la ruptura acontece cuando, tras el divorcio de Juan Isidro, este le niega a Julia la posibilidad de matrimonio. Julia hace mención de una enfermedad mental en Juan Isidro que consiste en acusarla de faltas morales por celos. A mi juicio, las cartas de Juan Isidro incluidas, así como las previas quejas que desde mucho antes hace Julia al respecto de que Juan Isidro la quiere mantener encerrada en la casa, confirman el punto de vista de Julia. Otro tanto hará Juan Bosch, quien convive con ellos. 
    7. A pesar del profundo dolor de esta ruptura, el epistolario sugiere que Julia se repone y continua su viuda productivamente. Su matrimonio con Armando Marín luce verdadero y feliz.
    8. Hay numerosas alusiones amorosas sobre el padre, a quien apodaban cariñosamente, Papotito.
    9. Hay varias alusiones a la persecución sufrida por sus ideas políticas. (En la revista “Centro Journal” se publicó recientemente un interesante artículo sobre la carpeta del FBI de Julia.)
    10. Es claro que Julia no es espiritista ni es creyente: “completamente materialista” (207).
    11. Desde el 1949 hay alusiones a sus crisis de salud y sus hospitalizaciones. Pero Julia se ve a sí misma como una mujer valiente, atrevida y luchadora, incapaz de rendirse.
    12. La enfermedad la hace enmudecer. Hay muchas referencias a quiebras emocionales.
    13. Solo en la penúltima carta, del 17 de mayo de 1953, Julia habla de su alcoholismo y del interés de vincularse con Alcohólicos Anónimos. Está próxima la muerte, pero Julia busca constantemente la ayuda médica.
    14. En la última carta, del 28 de junio, Julia dice que espera la llegada de su hermana Consuelo. Ocho días después fallece, repentinamente.
    15. Concurro con las observaciones ponderadas y sugestivas hechas por Lena Burgos Lafuente en el prólogo.




Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

viernes, 17 de abril de 2015

He de decir tus ojos



He de decir tus ojos

     
   “descubrir el misterio del agua...
        como besar un poema que comienza en tu mirada”
                    Anamaría Fuster

                       
E
n tus ojos 

está el riesgo de la seda
Así te dije entonces

y así te dije siempre
El riesgo ese que sorteo
de ser preso nuevamente
Tejido --dulcemente--
en sus sorpresas
El riesgo
de un gusano empedernido                    
que se enrosca
en un verso monosílabo
Un verso que se hiciera luz
tenue mar
o ese sol
en el que se pierde la mirada
Que se hiciera
o pie de ti
o tul
en el ras fiel
de un dios
anclado eternamente en tu pupila
           

He de decir tus ojos
que me miran

inmensos y profundos
como un lago
de otoño y primavera
Decir fervor
Insomnio
Evanescencia
Decir beso del agua
Decir que esa mirada
me embiste
como un toro de espuma
Y con la transparencia
de ese pecho que te empina
delatando sus tambores
y el rumbo decidido
de las brújulas
Decir que se tiende sobre la piel
la huella muelle de su paso
los moluscos de su beso
y ese rocío ardiente 

del amor  que se encabrita.
 




Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

lunes, 13 de abril de 2015

Hay un sol detrás de cada eclipse



Hay un sol 
            detrás de cada eclipse

              
    
Para Eduardo Galeano:
In Memoriam

 





No cabe duda
La asfixia tiene la leche agria
y el pecho deshecho
Cómo decirle que NO
que todavía tengo mucho corazón
si el aire se te quemó dentro del pecho
persiguiendo pajaritos
de historias marchitas y olvidadas
de esos cuentos tuyos que irrumpían
como asalto en el camino
porque no eran para dormir ingenuos
sino para sacudir trapiches
y un abrazo de azúcar para ingenios

Cuentos hay que son historias
y hay historias que son cuentos

Sobre tu cabeza
despejada de nubes
aterrizaban pichones
de cinco y dieciséis siglos
Y aviones transatlánticos
con gritos de aldeas negras
Y con esos tiros en la nuca
en los que ensartabas
un índice acusador y justiciero

Nunca nadie fue nadie para ti
Quién se desveló más que tú
por los desguarnecidos y oprimidos
que veías hasta en sueños
con esos ojos verdes
de olivos del monte
que llevaban semillas en su centro
y alas zumbadoras en las cejas

Te escribo con la mano izquierda
como debe hacerse
para decirte
que van 500 años del gobierno
del campesino Sancho
y solo segundos
de tus hechos de apóstol
Pero las venas de América y del mundo
están abiertas por ti
esta mañana de abril 
en que solloza la memoria
de un eclipse que no pudo ser
Un sol brinda luces y euforias
detrás de este eclipse

Las lágrimas se hacen pajaritos
Y América despierta.                

Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

viernes, 27 de marzo de 2015

Noche revuelta


Noche revuelta



      
         “... a atrapar
                  el resplandor
                  de las estrellas
                          a atraparlas
                  con las manos
                  en el agua”. Gabriel Chávez Casazola

               

Me persiguen tus ojos
como dos cucubanos
unas veces alegres
y otras tantas airados.

Mientras más yo me acerco

más son orbes lejanos
Colibrí que está tieso
cuando quiere tocarlos

Esa mirada deja
en el alma un abrazo
una ermita en el puerto
de miradas y magos
No hay quebranto en el sueño   
si me hubieras mirado

En la noche revuelta
de horizontes lejanos

se dibuja un sendero
por el cielo de astros

Si recorro su talle
se me embruja el zodiaco   
y el horóscopo dice
los secretos alados
del viñedo en la cumbre
de tu boca y su canto

Ni eclipse ni mordaza
pueden con esos salmos
si la muerte se abrasa

de tan solo intentarlo.   



                                           (27-03-2015)


                                                     Marcos
                                           Reyes Dávila
                                           ¡Albizu seas!


lunes, 23 de marzo de 2015

Francisco Matos Paoli: Las Dos Alocuciones en la APERTURA del FIPPR


Francisco Matos Paoli: 
Las Dos Alocuciones 
en la APERTURA del FIPPR (2015)*

1.
“Ya está transido, pobre de rocío,
este enorme quetzal de la nada.”

Así comienza el célebre “Canto de la locura” de Francisco Matos Paoli. Su obra más emblemática y aplaudida.
   
Queridos amigos y amigas (o, como diría el SubComandante Marcos, el de Chiapas, amigoas. Para que conste: los 43 de Ayotzinapa, también nos faltan aquí esta noche. Puerto Rico, también es, Nuestra América).

Hablar de Francisco Matos Paoli no es cosa sencilla. Carlos Alberty nos alerta de que perdemos a Matos Paoli tan pronto intentamos atraparlo en un resumen, pero también nos alerta al decir que el poeta vive en su obra, se hace presente en el acto de leerlo, que es diálogo vivo, casi encarnación. Es como querer retratar, de un solo tiro de cámara convencional, uno de esos paisajes panorámicos de 360 grados.
Por una parte, abruma la inmensidad oceánica de sus obras. Pero, por otra parte, abruma esa impronta que deja la lectura de sus versos en el alma. Ese eco que no cesa...
¿Cómo decir a don Paco? ¿Cómo, siquiera, nombrarlo?

Yo conocí a don Paco probablemente en el 1972, hace 43 años. Lo había visto muchas veces en su casa, cercana al Recinto de Río Piedras de la Universidad, pues casi invariablemente pasaba gran parte del día en su balcón del segundo piso leyendo y escribiendo. Me recibió con la mayor amabilidad y apertura del mundo. Era un ser jovial, afectuoso, hecho de ternura y cariño. Mantuve una relación constante con don Paco y toda su familia, hasta su muerte. Pero aunque muchas veces me sintiera tratado como un hijo por él, y por doña Isabelita, su compañera, eso  nunca fue, necesariamente, un privilegio personal, pues me consta el amor y cariño de ambos por muchas otras personas.
   
El protocolo de esta actividad me exige ser breve, así que intentaré explicar a don Paco como Einstein explicó, con una fórmula, qué es la energía. Don Paco -es el cruce imposible e inagotable de tres devociones elevadas al infinito: nación, misticismo y poesía. Si pudiéramos pasar por un prisma el haz de luz de su poesía, veríamos salir del prisma la Patria, Dios y, siempre, la Poesía. Hablamos de devociones elevadas prácticamente al infinito por el caudal torrentoso de una obra que no tuvo más límite que el tiempo de su vida.
Luis de Arrigoitia publicó en el 2006 una antología de su obra publicada que quiso limitar a unos diez poemas por libro. La antología, titulada “Raíz y ala”, le salió en 973 páginas.

Según los cálculos de Arrigoitia, don Paco publicó en vida 54 libros de poesía, sin contar once antologías y las prosas. (En mi biblioteca, lucen más o menos así: (-------), y no están todos. Pero don Paco dejó inéditos 210 libros de poesía, para un gran total de 264 poemarios, ninguno folleto u opúsculo. En una ocasión, se dispuso a escribir diez libros corridos de sonetos, de 150 poemas cada uno, a la que siguió otra serie de diez libros de antisonetos de la misma extensión. Don Paco alternaba la escritura en formas estróficas tradicionales y en verso libre. Fue maestro genial en ambos ejercicios. Aparte de ellos, hay un diario poético de varios tomos y una obra en prosa de trabajos de apreciación crítica, que su inseparable compañera, Isabelita Freire, educadora y poeta que también cumple este año su centenario, recogió en 3 volúmenes de cerca de 500 páginas cada uno, a maquinilla.

“Isabel, en ti llevo mi mirada”, le dice el poeta a doña Isabelita.               
Nuestro poeta nació un 9 de marzo en el pueblo heroico de Lares, pueblo emblemático de nuestra historia por haber sido la cuna del Grito de independencia encendido en el 1868. Grito como el de Yara en Cuba o el de Dolores en México, o el de Quito. De alguna manera, esa cuna fue en don Paco semilla que encendió su encuentro con el líder del movimiento nacionalista de Puerto Rico, don Pedro Albizu Campos, mártir heroico de esta patria. Por eso puede don Paco decir en su Canto de la locura: “Pedro se llama el Dirigente. –Piedra de Puerto Rico, Piedra fluvial y alada / con el aroma de la sangre mártir / de un Domingo de Ramos. / Delante de él la fuerza es imposible. / Por más que agitamos las manos / no podemos coger el rocío”.

Pero de cuna también, le brotó el ala de la poesía por la muerte prematura de la madre, hecho que fragua su primer libro de versos, a los 15 años. La censura y represión que trajo consigo el desafío que el nacionalismo albizuista planteó al imperialismo norteamericano tumbó en la oscuridad de la prisión, siempre oprobiosa, a un poeta acusado tan sólo de dar cuatro discursos en la tribuna de la libertad. Eran los tiempos de la “Ley de la Mordaza”, creada por el gobierno de Puerto Rico para aplastar el auge del nacionalismo. La prisión -quebró la salud mental del poeta, y le produjo una locura clínica, una psicosis, de esas de electroshocks.

Mas, victorioso siempre, la locura solo disparó su canto, incontenible, escrito en las paredes y en todas partes. Y la locura se transfiguró, de algún modo milagroso, en una experiencia mística que le permitía ver y oír a la madre muerta y a la misma Virgen María, y que volvería a experimentar con frecuencia. Don Paco, pues, no es entonces menos “beatiful mind”, que John Forbes Nash, aquel Premio Nóbel de Economía de 1994.
   
Yván Silén, se propuso analizar en un libro cómo “la religión, la locura y la política se cruzan y entrecruzan en el acontecer mismo de la poesía”, para producir un “misticismo político que Silén considera la gran innovación de Matos Paoli (“FMP o la angustia de Dios”, EdUPR, 2009, vii y 367). Ciertamente, el carácter místico de la poesía de don Paco es innegable. Él dio continuo testimonio de ello, en verso, prosa y entrevistas. También es innegable su profesado espiritismo.

Quien les habla no cree ni en espiritismos ni en misticismos –excepto cuando está muy oscuro y alguien dice de pronto BUU–, pero eso nunca me impidió fascinarme con la poesía de don Paco, como no le ha restado un ápice a mi aprecio inmenso de la poesía de san Juan de la Cruz, o los frescos de la Capilla Sixtina, por ejemplo. Y es que, en mi opinión, la fortaleza del discurso de uno y de otro está en la fragua de una lengua prístina, enormemente evocadora y fascinante: pura poesía. Don Paco trabajó en pos de “una palabra trascendida” que hiciera “el menor ruido gramatical”. Es decir, en perpetua lucha de fablar lo inefable. A través de la poesía logró liberarse de los barrotes de la prisión y de la locura, como “el viento y la paloma”.

Arrigoitia dice que la poesía de don Paco no es anecdótica ni narrativa, sino asombro, sorpresa, deslumbramiento, arrobo, y exclamación, expresados en imágenes y símbolos. Javier Ciordia ha identificado en su poesía alrededor de un centenar de símbolos fundamentales, por lo que, según su opinión, su lírica se enmarca dentro de las directrices del simbolismo y del surrealismo. Ello  lo lleva a calificar la poesía de don Paco como neosimbolista.

    En su “Luz de los héroes”, libro escrito en la tormenta de la locura y que salió de la prisión escondido en un saco de azúcar, don Paco escribe poseído de gloria:
        “Patria, ¡qué sol entre los árboles se alegra!
        Bebido de pitirres encendidos,
        de loma en loma es huella
        de aquellos que se dieron a la honra
        enardecida de la primavera.
        Patria, mientras el total de tus sueños
        nos hace la madeja
        de unirnos a los lirios
        más altos de tu sierra,
        nosotros invocamos desde el cielo
        la energía de todos los silencios
        sobre el horror de las cadenas...
        Somos el porvenir de las espadas.

        Somos el sándalo de la noche ciega.
        Somos, como nunca, una alegría secreta.”




2.


Queridas amigas y amigos: 
Cuando pienso, y cuando digo, el nombre de Francisco Matos Paoli, siento, claramente, como los pájaros se alborotan...   
    Y es que a pesar del misticismo, y a pesar de ese hermetismo del neosimbolista del que tanto intentó alejarse siempre, nada hay en Francisco Matos Paoli de torre de marfil, de elitismo y de aristócrata. Todo lo contrario. Don Paco fue un místico sembrado en la cuna heroica de Lares, un nacionalista atraído por el clamor obrero y socialista, por la “unción de la tierra”. Poeta del “viento y la paloma”, y de la “locura de la cruz”, pero honró siempre sus hondas raíces. Fue un poeta profundamente solidario y abierto. No era extraño que en respuesta a un libro obsequiado respondiera, ya fuera con los suyos propios, de aquellas muy conocidas ediciones Juan Ponce de León en la que acostumbraba editar sus libros, o que respondiera con una reseña o un artículo sobre el libro obsequiado, si no lo hacía con un poema.
    Una anécdota. En la Universidad de Puerto Rico en Humacao celebramos en el 1991, un simposio dedicado a don Paco para promover en todo Puerto Rico su candidatura al Premio Nóbel de Literatura. Mientras almorzábamos, un compañero se allegó a don Paco para leerle unas décimas compuestas por él sobre Albizu Campos, alusivas a su frase sobre el valor y el sacrificio. Una vez terminó el amigo de leer sus décimas, don Paco se puso de pie y comenzó a glosar, espontáneamente, décimas suyas, improvisadas allí mismo, con serenidad al principio, pero ganando ímpetu, verso tras verso, hasta estremecerse en el aire de tal manera que creí que iba a quebrarse o estallar.
    Don Paco se dolía continuamente de que su misticismo le enajenaba el apoyo y el aplauso de la generación joven de poetas militantes y revolucionarios que el creía que eran ateos. Muchos de ellos del grupo Guajana. Sin embargo, dos de esos poetas se casaron con sus hijas y le dieron el obsequio insuperable de varias nietas.
    Una de sus hijas se llama Susanita. Y don Paco le escribe desde la cárcel:
        “La primera descansaba en el polen.
        Y yo dije: fiat lux de mi semblanza.
        Nadie pudo saber en el último ser
        cómo la miel hacía su intacta llamarada.
        Sé que un nombre forjé para su estrella.
        Y Susana Isabel...
        Oh hija, cuando el árbol se lamenta
        en su vieja constancia, y los nudos recuerdan
        la savia detenida por los astros,
        ¡cómo quisiera entrar en tu morada,
        con los pies - ya descalzos de tanto sollozar
        en la arena fluyente del desierto!

De María Soledad, Marisol, su otra hija, escribe también desde la cárcel:
        “Marisol, la alondra gime
        bajo el árbol de la lluvia.
        Y en los párpados del cielo
        la mirada se desnuda.
        Hija de Borinquen eres.
        Salvada, como ninguna.
        Floración que me penetra
        hasta mi sangre tan última.
        Vengo a despertar contigo.
        Paso a paso, el cielo muda
        su rostro, pero en tu roca
        el agua siempre se azula...



Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!



* Estas dos alocuciones se leyeron, separadamente, como parte de la Apertura del 7mo Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, dedicado a Francisco Matos Paoli, el lunes 16 de marzo de 2015.

sábado, 14 de marzo de 2015

Francisco Matos Paoli: Místico de la Patria y de la Poesía



A propósito del Festival Internacional 
 de Poesía en Puerto Rico
 
FRANCISCO MATOS PAOLI: 

Místico de la Patria y de la Poesía

                       
El Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico celebra su Séptima Edición del 16 al 21 de marzo de 2015, por todo Puerto Rico. Este año el festival se le dedica a Francisco Matos Paoli, poeta lareño nacido el 9 de marzo de 1915, fallecido el 10 de julio del 2000, y proclamado por numerosas entidades culturales de Puerto Rico como candidato al Premio Nóbel de Literatura.
    Si, por luminosa, pudiéramos pasar la poesía de Matos Paoli por un prisma, tal como se hace con la luz, veríamos indefectiblemente los colores que representan la Patria, la Poesía y Dios. Matos Paoli fue un poeta torrencial, autor de más de cincuenta libros de poesía publicados y más de 200 poemarios inéditos. Vinculado desde su temprana juventud con el nacionalismo albizuista y con el espiritismo, Matos Paoli cultivó una poesía encendida en la luz de los héroes de Lares, en la semilla del nacionalismo, lo mismo que en el “canto de la locura” que le causó el encierro en prisión, sólo por pronunciar cinco discursos en los tiempos de la “ley de la mordaza”. Allí, en el calabozo y el aislamiento, tuvo su “noche oscura del alma”, y la poesía desbordada de su espíritu se le convirtió en un misticismo escrito en las paredes, en el piso y el techo: “la locura de cruz”.
    Sin embargo, el misticismo de Matos Paoli nunca fue el del hombre aislado en el rezo, reconcentrado en sí mismo, enajenado del mundo sufriente, porque Matos Paoli fue ante todo un hombre comprometido, toda su vida, con la “unción de la tierra”, con el bienestar de los suyos, con la redención de la patria y de la humanidad entera. A pesar del “jardín vedado”, fue “testigo de la esperanza”, “criatura del rocío”, “el viento y la paloma”. La imagen y el verso manaban de su ser, incontenibles, como el agua de la fuente, “hacia el hondo vuelo”. Gran parte de ese tesoro quizás se hubiera perdido de no haber contado con la complicidad de su compañera inseparable, doña Isabelita Freire, educadora y también poeta, cuyo centenario también se conmemora este año. 
    Francisco Matos Paoli fue un hombre cordial y generoso, consagrado a una poesía que nunca redujo al mero esteticismo, pues la entendió siempre como diálogo con un Dios que amaba al mundo y a sus hijos. De ahí su extraordinaria pasión, su amorosa relación con toda la poesía del mundo, su complicidad de antemano con las luchas por la justicia, su devoción insobornable con don Pedro, “el Dirigente”. Numerosas instituciones culturales de Puerto Rico, particularmente los recintos de Mayagüez y de Humacao de la Universidad de Puerto Rico, lo nominaron repetidamente al Premio Nóbel de Literatura.
    El Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico que lo recuerda en su centenario, ha invitado este año a alrededor de 21 poetas de muy diversos países del mundo de habla hispana, muy particularmente, de Nuestra América. Esperamos poetas de Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, República Dominicana, Venezuela y de España.
    La Apertura se celebrará en el Recinto Metropolitano de la Universidad Interamericana, sede del Festival, el lunes 16 de marzo a las 6:30 de la tarde, con la participación d
e Los Pleneros de la Cresta y de Roy Brown. Y la Clausura, en el Teatro Priscila Torres del pueblo de San Lorenzo, el sábado 21 de marzo a las tres de la tarde, con la participación de trovadores. Entre una y la otra, habrá actividades cada día, tanto en universidades, escuelas públicas y colegios privados, la comunidad de La Perla, el Viejo San Juan, Caguas, Humacao, Ponce, San Sebastián, Vega Baja, Carolina, Hato Rey, Dorado, Arecibo, Cayey, Bayamón, Loíza, y San Lorenzo.
    Los poetas internacionales compartirán el micrófono con cerca de un centenar de poetas nacionales de Puerto Rico. Además de los recitales y conciertos, habrá varias conferencias magistrales sobre Francisco Matos Paoli, una Mesa Redonda que tratará el tema de “La poesía como documento histórico” en la Universidad InterAmericana, el Laudo del Premio Internacional Guajana, como homenaje póstumo a Marcos Rodríguez Frese, y otro homenaje a la poeta venezolana Caneo Arguinzones, recientemente fallecida.
    El Festival, que está en su séptima edición, es el resultado del trabajo voluntario de un grupo de poetas comprometidos con el país. Ellos creen que la poesía, como todo arte, fortalece el espíritu de cada quien y abre camino
al porvenir.            
    El Programa podrá adquirirse en el acto de apertura, o en la página electrónica del Festival: http://www.festivalpoesiapr.com, o en la página del Festival en Facebook. (2015)


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
 

jueves, 12 de febrero de 2015

JULIA Vs JULIA: La controversia con la "Julia maldita" de Torres Santiago



JULIA Vs JULIA
La controversia con la 

“Julia maldita” de Torres Santiago

Por Marcos Reyes Dávila
Coordinador del Simposio “Julia de Burgos: me llamarán poeta”

El título de estas líneas es un equívoco intencional que se abraza con el propio
discurso poético de Julia que en tantas ocasiones habló de sí misma de manera conflictiva. Ese discurso no es ajeno al propósito de estas líneas, pero no es el punto principal de enfoque. Con “Julia Vs Julia” queremos aludir a lo que llamamos hace algunos meses la “guerra interminable” que en torno a su figura histórica, siempre huidiza e inatrapable en última instancia, se ha tejido a lo largo de varias décadas, agudizada en el año de su centenario por la publicación de dos nuevas biografías: la de Mayra Santos Febres (“Yo misma fui mi ruta”, Municipio de Carolina) y la de José Manuel Torres Santiago (“Julia de Burgos, poeta maldita”, Los Libros de la Iguana y Colección Guajana), ambos del 2014.
    El presente texto se ofrece como una disculpa pública de quien escribe a un semanario del país, por razón de unas expresiones de naturaleza destemplada y en parte inmerecida que hiciéramos a nuestros contactos de correo electrónico y en las páginas de Facebook, de donde las retiré horas más tarde de colocarlas. La disculpa se ofrece de dos formas: un mea culpa por una destemplanza que habría apenado a mi padre, cosa ante lo que soy sensitivo; y por otra, por medio de una reflexión a la que me apena recurrir porque este debate sería estéril e infundado si no mediara lo que me interesara más: la idea que sobre Julia prevalezca en nuestra juventud y en el país.
    Mi incorporación a la Comisión Nacional del Centenario de Julia, y la posterior designación de que fui objeto como organizador del Simposio “Julia de Burgos: Me llamarán poeta” celebrado en UPR-Humacao hace unos días, y la gestión que hice durante casi un año en la promoción, me convirtieron en portavoz de la Comisión y del Simposio. En esas funciones hice numerosas expresiones públicas sobre diversos temas y asuntos durante todo el año. Entre estos, destacaron, como es natural, la publicación de ambas biografías. Durante el Simposio no solo me abstuve de hacer comentario alguno sobre lo que hablamos ahora, sino que proyectamos imágenes de ambos libros y destacamos, entre las raíces de las que surge el simposio, el Congreso de 1992 organizado por Martínez Masdeu y celebrado en el Ateneo Puertorriqueño.
      A pocos días de publicarse la biografía de Santos Febres ya reaccionábamos a ella. Tal era nuestro interés. En esa reacción, publicada con el título “A propósito de un libro de Mayra Santos Febres. Julia de Burgos: De la leyenda negra y el cántaro roto de su canto” publicada en la revista cibérnética 80 GRADOS (http://www.80grados.net/julia-de-burgos-de-la-leyenda-negra-y-el-cantaro-roto-de-su-canto/)
expresamos nuestra desilusión por ver reproducidos en su libro, en boca de mujer, los prejuicios que algunos le atribuyen al libro “Julia en blanco y negro” de Juan Antonio Rodríguez Pagán. Este libro que tiene el mérito de ser el fruto de una tenaz y amplia investigación, adolece por reproducir expresiones hechas a lo largo de muchas décadas en torno a Julia que se han convertido en una leyenda negra: la Julia alcohólica, la Julia promiscua, la Julia que fue víctima de su amor por Juan Isidro Jiménez Grullón, la Julia borracha en la cuneta de la que abusaban todos. Algunas de las fuentes de Rodríguez Pagán eran altamente cuestionables. Si bien algunas fuentes tenían nombre y apellido, otras eran anónimas, o reservadas por el autor. Casi todas hechas en entrevistas a destiempo, a muchas décadas de los hechos.  Menos mal que en algunos casos se presentaban lo que Ivette López llama “historietas” con un “se decía”, esa plaza pública del chisme oscuro. Mi propia madre, y los poetas de Guajana, oyeron de ellas según alcanzaron a decirme. Pero esa Julia de Rodríguez Pagán era vista además, desde su niñez, en términos fatalistas, frecuentemente víctima, y con ojos de la moral pública, casera y marcadamente machista, de los años cuarenta, a pesar de que el libro se escribe y publica en el año 2000. Todos los que tenemos algunos años, y toda mujer en particular, sabe el sambenito que caía hace décadas y aun cae sobre toda mujer divorciada. Si esa mujer divorciada se va detrás de un amor a otras tierras, solo Dios hubiera podido salvarla.
    Para nuestra sorpresa, Santos Febres, académica más joven y mujer, incurrió en la misma visión de la leyenda negra de Rodríguez Pagán. Como remedo de esa obra que es su biografía, en cuya escasa bibliografía apenas figuran alguno que otro título nuevo que no parecen haber sido consultados, pues los puntos de vista no lo reflejan, la biografía sucinta de Santos Febres recala en los mismos errores de Rodríguez Pagán. Si hubiera leído como alega el libro de Ivette López, “Julia de Burgos, la canción y el silencio”, mucho debió torcerle el juicio la reflexión que esta hace de la construcción del sujeto femenino en esa época.

    Los Libros de la Iguana, que dirige con un tesón increíble nuestro amigo Reinaldo Marcos Padua, miembro del Grupo Guajana, publicó el libro póstumo del también guajano José Manuel Torres Santiago. Ese libro se publicó acompañado del sello editorial de Guajana y con inversión económica del Grupo Guajana. Del mismo se habló en varias reuniones en las que solicité en más de una ocasión que se me permitiera verlo, inútilmente. Tenía temor de lo que se diría allí porque Padua respondía que “lo dice todo, todo”, y eso me olía a leyenda muy, muy negra.
    Si bien se me acusó de opinar sobre Santos Febres por tener alguna supuesta agenda personal en contra de ella (siempre el argumentum ad hominem), también hubo quien me acusó de opinar en contra del libro de Josemanuel por odiarlo, ya fuera a él o ya fuera a Guajana, sin atender al hecho de que ese libro se publicó bajo los auspicios de un grupo del que formo parte –aunque sin que lo viera–, y de que desde los años ochenta los invité a Humacao varias veces, en el 1992 hice una antología y un estudio del grupo Guajana, en el 2007 hice un Simposio en su honor y lo he representado en muchas ocasiones dentro y fuera de Puerto Rico, entre otras cosas.
    Pero el libro de Josemanuel se atrevía a mucho más, e incurre en errores de juicio imperdonables. Lo que Rodríguez Pagán y Santos Febres atribuyen a fuentes anónimas o no reveladas, Torres Santiago lo da por hecho, y lo lleva más lejos. Si los primeros dos dicen que “hay quien dice que” su padre inició a la Julia niña en el sexo, Torres Santiago dice que de hecho fue víctima de incesto y que su padre la hizo alcohólica en la temprana adolescencia. He pedido las pruebas, las fuentes, porque la información que hay disponible no pasa de la “historieta” (Ivette López) o del chisme. ¿Dónde está el análisis que corrobora o sugiera siquiera hechos tan graves? Porque Julia no exhibe rasgo alguno de violación e incesto. Su desempeño en la escuela superior de la universidad no dio motivo de sospecha a pesar de su origen pobre. Por el contrario: muestra un alto desempeño, tanto académico, como de liderazgo y en los deportes. Su relación amorosa fue franca. Tan ausente de traumas que amó en completa libertad y con el más elevado decoro humano. Tan hermosamente que deslumbra.
    Pero Torres Santiago insiste en hacer atribuciones sin fundamento: como que Julia adolescente, estudiante de Escuela Superior, era Secretaria de Albizu, o que atacó el Capitolio porque en un poema posterior al referirse a una víctima del ataque utiliza determinado tono en su expresión!  Para Torres Santiago no son chismes, es que Julia fue “amante” de Llorens Torres, como luego lo sería de Juan Isidro y de otros. No se trata de historiar los alegados amores de Julia, sino de trazar la ruta de sus múltiples “amantes”, expresión tan preñada de esa carga erótica morbosa y degradante. Las fuentes más serias y completas de Julia ubican el encuentro de Julia con Albizu y Corretjer años más tarde, cuando el ayuno de Clemente Pereda. Y de lo que sí fue secretaria Julia, fue de una organización de mujeres adscrita al nacionalismo que defendió más tarde a los presos políticos nacionalistas.
    La idea de Torres Santiago, extraída otra vez del libro de Pagán, es la de la Julia víctima de Juan Isidro, abandonada por este y ya por siempre destruida por ese amor. Las cartas de Julia de la época, las entrevistas hechas a Juan Isidro y Bosch, la historia posterior de Julia, sugieren que la verdad es muy distinta. En los textos aparece, en blanco y negro, que es Julia la que rompe con Juan Isidro y es Julia la que se niega a volver con él.
    La época de Nueva York es tan confusa en las biografías que parece como si fuera todo la misma cosa. Mas se trata de un periodo bastante extenso, de alrededor de una década. En esa década Julia vuelve a casarse, Julia escribe versos, crece como poeta según Juan Varela, y se vincula como primera figura en la publicación de Corretjer “Pueblos Hispanos”, en la que publica muchos trabajos. Uno de ellos le merece el Premio de Periodismo del Instituto de Literatura.
    Durante esa época neoyorkina vive allá Josemilio González, autor que merece para nosotros absoluta credibilidad, y que cuenta de que se veía en su casa con Julia en muchas ocasiones y compartían. No hace observación alguna sobre el alegado alcoholismo de Julia ni sobre su alegada promiscuidad. El testimonio sobre todo esto coincide totalmente con el de Bosch que vivió con Julia en los años de Cuba y que solo habla de la elegancia e inteligencia de Julia, matriculada en numerosos cursos en la Universidad de La Habana y resuelta a doctorarse. Es muy al final de la vida de Julia que Josemilio menciona que alguien le habla de la dependencia al alcohol de Julia, y de que la vio en una ocasión muy desmojarada y enferma. Pero esa época es también la de las numerosas y prolongadas hospitalizaciones de Julia. Este tránsito hay que registrarlo con cautela y minuciosidad, cosa a lo que quizás contribuya la inminente publicación de las “Cartas a Consuelo”.
    Nos horrorizó al leerlo por primera vez y nos horroriza ahora otra vez: Torres Santiago llega al extremo de citar una entrevista que hizo a Isabel Cuchi Coll en el 1966, en la que según él, ella le contaba “de eminentes poetas e intelectuales que se aprovechaban de Julia de Burgos en su alcoholismo usándola de pareja sexual para después del pasajero affair abandonarla con una botella de licor que le dejaban” (157). Aquí se está hablando sin recato ni propiedad alguna de violaciones que realizaban “eminentes poetas e intelectuales”. ¡Cuánto me gustaría saber sus nombres, si esto fuera cierto, para borrarlos del santoral de las letras puertorriqueñas como Josefina Rivera de Álvarez borró a Cuchi Coll!
    Horror mayor aun que este me causa comprobar que este libro, que pretende, después de llamar borracha (“dipsómana”, “alcohólica”) y puta (“promiscua” que practica el “amor libre”) a Julia cien veces, erigirse como un homenaje, vaya a parar a manos de maestros y estudiantes con sus falacias y disparates, y con una base tan nociva y funesta como es la construcción y la edificación de esa fatalidad que tanto aborrecía Hostos. Porque este libro se construye sobre la premisa de la predestinación y el fatalismo. Según él, el incesto sobre Julia prefiguró su destino, como también lo predeterminó el hecho de nacer en el 1914, año de la Primera Guerra Mundial, y de que sus padres se mudaran de casa, lo que la hizo nómada y “homeless”. Conforme a esta visión se construye la idea inadecuada y torcida de la Julia “maldita”.
    La Julia que atesoramos los demás es producto, según Josemanuel, de su victimización continua. No hay espacio entonces para atribuirle a Julia autogestión, autodeterminación, esa voluntad fuerte de resistirse y combatir “con la tea en la mano”, esa obra creativa que asombró a tantos por su fuerza y su belleza. Esa convicción de afirmarse como mujer en la plenitud de derechos y de embestir al machismo y la opresión, tanto social y de género como la política, anticolonial, antifascita, nacionalista y socialista.
    A todo lo largo del 2014, hasta hace solo unas semanas, intentamos publicar artículos y notas en un semanario afín a nuestras ideas sobre el Simposio de Humacao. Un Simposio en el que colaboraron más de medio centenar de escritores de Puerto Rico y del extranjero de la altura de Luis Rafael Sánchez*, Mercedes López Baralt, la dominicana Chiqui Vicioso, la cubana Yolanda Ricardo, el español editor de Julia, Juan Varela Portas, y tantos más. El
semanario no nos dio una sola oportunidad en un año. Publicó en la semana del simposio que Idalia se presentaría en Humacao, punto. Muchos otros medios del país, comerciales, no políticamente afines, sintieron el llamado del país por Julia y publicaron muchísimas cosas. Solo el semanario guardó silencio renuente. Finalmente, terminado un Simposio al que acudió un público tan masivo que muchos no hallaron entrada al teatro, el semanario publica nuevamente sobre el libro de Josemanuel, reseñado hace meses en sus páginas por un columnista habitual en términos muy elogiosos, pero esta vez, el prólogo de Martínez Masdeu en el que se señalan sus horrorosas virtudes. Eso rompió nuestra templanza, cosa de lo que nos disculpamos al principio, pero no de toda la verdad aquí descrita.
    Si nosotros faltamos a la verdad en nuestro juicio de este libro, que se nos explique, que se nos ilumine. Háganos el favor de enseñarnos, compañeros y compañeras del semanario, los editores del libro, los guajanos guardianes. Si es cierto que Julia fue víctima de incesto, que se nos diga dónde está la prueba. Si es cierto que Julia fue Secretaria de Albizu o que atacó al Capitolio que se nos pruebe. Pero aún así el libro será culpable de su fatalismo reaccionario, y antirrevolucionario. Y la Julia de sus páginas carecerá de todo esa “hembría insurgente” –palabras de Luis Rafael Sánchez– que generó la grandeza de su obra y de la admiración de tantos. De esa multitud que acudió al histórico Simposio celebrado en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, y la que no pudo acudir pero la guarda en el guardapelo de sus querencias entrañables. La Julia de Ánjelamaría Dávila y la Juanito Sáez Burgos. La Julia de la Comisión Nacional del Centenario. Esa Julia, para nosotros, no tiene mancha, ni tiene muerte: la “llamarán poeta” no tiene fin: es puro futuro.

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*Sánchez no pudo finalmente asistir, pero aceptó hacerlo, nos alentó y nos dio el nombre del Simposio.      
  
 
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