martes, 12 de marzo de 2019

El XI Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico





La sed del agua: 

XI Festival Internacional de Poesía ´

en Puerto Rico

PUBLICADO EN 80


 




















El Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico (FIPPR) se ha destacado a lo largo de sus once años por rescatar los grandes poetas sepultados en la memoria desvencijada, rota, del país. 
Nos referimos a los poetas amortajados por las hojas que vinieron después y cayeron sobre ellos. 

En el Puerto Rico colonial no hay tesoros a la vista. Parecería que carecemos de héroes. Todo está oculto por un muro descolorido de olvido. Pero para quien camina por los renglones de los libros, para quien escucha lo que el ruido esconde, de pronto sucede una sorpresa que se yergue donde parecía no haber nada. Una ciudad oculta por el manto de la selva. Una sorpresa que se levanta del barro, que corre como el agua por todos los jardines, que luce cielo verde como una atalaya, o como una campana que trina en una sola torre. De pronto descubrimos que hay cien, mil, sin cuenta tesoros que un día pudieran ser cobija y escudo de nuestro pecho. Redivivos. Un aliento renovado de lázaros, ellos y nosotros, que convierte esta tierra en País Poesía.

Este año, la “sed del agua” del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico rescata “el agua fugitiva” del poeta manatieño Manuel Joglar Cacho. Agua y transparencia que en busca de surco, de raíces y destino sueña con levantar los lázaros dormidos hacia la transparencia del cielo. 

Joglar Cacho es un poeta nacido en el año traumático de 1898, y, rescatado por la poesía, vuelto a nacer en 1925 con la publicación primeriza que llamó con aire modernista pero de aliento neorromántico, Góndolas de nácar
 La góndola no era una imagen parnasiana vana: era la pujanza vital del joven henchido de erotismo. Sin embargo, en los años por venir, el poeta, por una parte asediado por “el carro de los muertos” de la revolución nacionalista, y, por la otra parte, por un pájaro que canta su faena íntima a los ángeles en voz baja, próxima al misticismo, encauza la sed del agua de un “poema inconcluso” que culmina con Cien campanas en una sola torre

En la pertinaz vena religiosa que alienta al poeta se asienta una ruta de perfección humana disuelta, sin embargo, en aromas y agua. 
Es la vocación espiritual de quien se bautiza cada día con el cielo y las rosas. Con la sencillez siempre difícil de un verso libre de ruido, y un canto transparente que fuera música, Joglar Cacho le ofrece a su país un grano de oro que acaricia el río.

La undécima edición del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico se difundirá como cada año a través de todo Puerto Rico, desde San Germán y Aguadilla hasta Humacao, y desde Vega Baja y Manatí hasta Ponce. En esta ocasión el FIPPR ha invitado a veinte poetas de la América Nuestra, un poeta de Canarias y otro de Portugal, que acompañarán a cerca de cien poetas puertorriqueños a lo largo de toda la semana que va desde el sábado 16 de marzo próximo, hasta el sábado 23.

La Apertura del Festival se celebrará el sábado 16 de marzo a las 7:00 PM en el Teatro de la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano, abierta al público. En esa ocasión contaremos con la participación de los 22 poetas internacionales invitados, además del poeta ganador del Premio Internacional Vicente Rodríguez Nietzsche que auspicia el FIPPR, el Coro de la Universidad de Puerto Rico en Humacao y del trovador boricua Roberto Silva acompañado de Troventud. En hora buena.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Presentación de EXÉGESIS, segunda época




Presentación de 
EXÉGESIS
Segunda época


26 de febrero de 2019

Queridos amigos: 

Yo no sé si Carlos Roberto Gómez estaba consciente de lo que hacía al invitarme para hablar hoy aquí. Sé que él sabe que tengo algunas ideas y costumbres que pueden considerarse atávicas por aquello de ser fiel a los principios. Por otra parte, quiero advertirles de entrada: En presencia de lo amado muchos vivimos el temor de vernos cursi.

Vamos a lo que nos ocupa que es lo que… queremos.

A fines de 1993, don José Ferrer Canales me pidió que lo acompañara a ver al rector de Río Piedras, Efraín González Tejera. En el punto de encuentro estaba también Julio César López, fundador paradigmático del Instituto de Estudios Hostosianos, que había renunciado recientemente como director por motivos de salud. Como Pedro por su casa, Ferrer Canales llegó a la oficina del rector, y tras constatar que no estaba reunido con nadie, pasó sin más a su oficina haciéndome acompañarlo junto a Julio César. Ferrer Canales le hizo a rajatabla al rector una proposición de esas que nadie puede renunciar. Como aprendimos muchos de nosotros en “El Padrino”, la película, la propuesta que se hace no es irrenunciable solo por ella, en sí misma, sino por quién o quiénes la proponen. De modo que, acompañado de Julio César, le dice Ferrer Canales al rector: Aquí está el nuevo director del Instituto de Estudios Hostosianos. El rector, tras titubear solo por un segundo con evidente desconcierto, respondió que sí, que cómo no, y que… cómo se llama este joven. De eso hace veinticinco años.

La anécdota para mí es buena en sí misma, pero la traigo a colación porque pocas semanas después determiné, ya director, reiniciar las publicaciones de la revista Bayoán, que había publicado y rápidamente suspendido el Instituto. La transición entre Julio César y este pobre servidor era de tal magnitud que había que dar la mala nueva con cuidado y comenzar a pavimentar el nuevo rumbo. Al lado de Julio César López a todos nos quedaban grandes no solo sus zapatos, sino su chaqueta y otras cosas. Le añadí al nombre Bayoán, un sobrenombre que estimé necesario: “Nueva época”. Ni en Bayoán ni en Exégesis el calificativo “nueva época” tiene el sentido de ruptura. Todo lo contrario. Lo que sugiere es renovación, pero afincada y afirmada en una raíz en la que pervive su identidad. Por eso me da tanto gusto aparecer como autor en este número inaugural.

Carlos Roberto Gómez, de todos conocidos, y a quien intenté reclutar en una ocasión para la Junta Editora de Exégesis, pero no aceptó, me ha pedido, en cuanto nuevo director de Exégesis, que presente, en cuanto viejo director, el primer número de esta nueva época. Y yo no puedo estarle más agradecido.
Exégesis fue la cúspide de mi vida académica. En toda la vida productiva que dediqué a esta universidad Exégesis estuvo presente. Aun cuando fui destacado al Recinto de Río Piedras para dirigir el Instituto de Estudios Hostosianos, separé en los martes y jueves algunas horas de la tarde para dar un curso ad honorem en Humacao y seguir asistiendo a las reuniones de la revista y diseñando los tres números que se publicaron.

Apenas obtuve en el 1986 una plaza probatoria, la nueva rectora, Elsa Berríos me nombraba a la Junta Editora de una revista que no existía, y que solo era un sueño sin nombre. La Junta Editora, dirigida entonces por Andrés Candelario, dedicó numerosas semanas a concebir, inventar, crear, una revista que, siendo académica, fuera distinta a las otras. Para el tamaño trajo consigo la revista “Plural” de México y la de “Vanidades”, y preguntó si nos gustaba. Para ello redactamos incluso un Reglamento al que nos acogimos siempre con calculada liberalidad. Esa Junta Editora fue el cimiento fundamental. El nombre, elegido en votación, nunca me gustó: tantas veces tuve que explicar qué significa y cómo se escribe. De modo que Exégesis no fue la revista de fulano o sutano: fue la creación colectiva de un grupo de profesores de los más diversos departamentos, determinados a crear una publicación a imagen y semejanza de nosotros mismos. Una revista de, para, y por, la facultad de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. De ahí la muy ardua tarea de compilar trabajos provenientes de todas las disciplinas.

La revista tuvo un éxito inmediato porque se abrió a todas las comunidades académicas del país y del extranjero, y porque tuvo el acierto de constituir su listado de envíos del de la Revista Sin Nombre de Nilita Vientós Gastón. La revista se distribuyó, gratuitamente, y a lo largo de toda su vida, a más de un millar de destinos en todo el país[1], y también en numerosas bibliotecas, centros de estudios y estudiosos de Estados Unidos, Europa y la América Latina, sin dejar de llegar a África, el Medio Oriente e incluso Japón. Más de un millar de ejemplares por número, suma alrededor de 100,000 que llevan impresas, orgullosamente, por todo el mundo el nombre de Universidad de Puerto Rico en Humacao.

Pero se me pidió presentar el número. Tomémosle el pulso. Estamos indudablemente ante un nuevo concepto de revista. Cambiaron sus tamaños, largo por ancho, pero sobre todo el espesor. (La vieja Exégesis se diseñó para el envío postal, esta no.) Abrimos sus páginas y nos encontramos con un diseño más uniforme, y una presencia más acorde con la elegancia y el buen gusto que cada vez acompaña más los proyectos editoriales. Téngase en cuenta que en aquel entonces no contábamos al principio ni con Page Maker, Photoshop o In Design. Eso vino después. Las columnas e ilustraciones se cortaban con cuchilla, literalmente, y se pegaban sobre hojas que luego se fotografiaban. Era la magia de las manos de Ángel Vega, artista gráfico del recinto. En esta nueva época, todo el proceso está digitalizado. La intercalación de imágenes contrasta entre aquellas en las que luce una obra a página completa del artista argentino Pablo Santin, la serie “Tango”, y otras que muestran imágenes que responden a las necesidades del texto en las que se incluyen. Es una revista que muestra un formato uniforme de espacios más abiertos, siempre a dos columnas, y un tipo de letra mayor, que resulta en menos economía de espacios, y por eso mismo, una apariencia más cómoda a los ojos.

El contenido está dispuesto en cinco secciones que parecen pretender abarcar el universo cultural con un afán totalizador que va más allá del que aspiramos en la primera época definida en conformidad con los materiales que recibíamos. Inicialmente pretendíamos publicar ensayos, artículos de opinión, investigaciones, creación, reseñas y bibliografías. Luego, distinguimos los trabajos por materias. En este primer número de la segunda época nos encontramos con 36 títulos, número comparable a aquellos que publicamos en la primera época como monográficos “extraordinarios”. En todos los casos, estos números extraordinarios respondieron a los materiales recopilados en cada uno de los cinco simposios que organizamos. El número tiene alrededor de 275 páginas, y el tamaño promedio de los artículos es de poco más de siete páginas. Aquí y ahora, es imposible reseñar estos 36 trabajos uno a uno, y menos con ojo crítico. Tomamos nota tan solo de la variedad de redacciones y enfoques.

Bailemos el tango juntos: ensayos autobiográficos referidos a la experiencia estética, ficción narrativa, crítica de artes y crítica literaria, memorias, metapoesía, economía política, administración de empresas, historia política e historia deportiva, antropología, crónica periodística y de viajes, sicología, música, teatro, matemática, sociología de la literatura, antillanismo, Hostos –a dios gracias–, literatura comparada, artes plásticas, y tanatología. La nuestra era una revista multidisciplinaria. Carlos Roberto propone hacer ahora una revista transdisciplinaria. Probablemente a eso responde la clasificación intrincada de cada trabajo con tres y hasta cuatro etiquetas. Por ejemplo: “memoria-antropología-artes”; o “biografía-música-historia-religión”. Eso sí es bailar tango, no se confundan, pero responde a una realidad en el quehacer cultural de nuestro tiempo que a devenido desde aquello que en mis mejores años era el producto de una entonces llamada, “educación general”, que fue el bachillerato donde me formé.

Exégesis marcó pauta en el desarrollo de las revistas académicas de Puerto Rico. Recibimos en nuestra oficina a profesores de otros recintos y universidades que querían saber cómo lo hacíamos. La vicepresidenta de la Universidad de Puerto Rico, más tarde presidenta interina, nos citó en una ocasión para discutir qué tipo de revistas académicas debía patrocinar la universidad. Exégesis era novedosa de formato, quizás desconcertante entre las revistas académicas, acaso un tanto “zarzuelera”, nueva en contenido, con una presencia de distribución retadora amplia. Fue la primera revista académica de la Universidad de Puerto Rico que tuvo una versión digital interactiva. Más o menos así: Usted le hacía click a campaña del PNP y le respondían “me gusta, me gusta Ferré”. O le hacía click a campaña PPD, y decía “jalda arriba va cantando el popular”. Exégesis publicó libros, distribuyó discos compactos, publicó en dos ocasiones su propio índice general, publicó números especiales en edición combinada con instituciones de otros países como Paraguay (con el Primer Encuentro Hispanoamericano de Escritores), Cuba (la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba), Chile (la Sociedad de Escritores de chile), incluso España (Consorcio de Comunicación Social de las Ciencias). Y, además de organizar simposios dedicados a don Francisco Matos Paoli, a la Generación de poetas del Sesenta, o a Julia de Burgos, celebró a nivel nacional, pero con un simposio internacional, el centenario de la muerte de Eugenio María de Hostos, e invitó a su casa, nuestra casa, a todas las revistas académicas y culturales de Puerto Rico en otro simposio internacional dedicado a la memoria de Nilita Vientós Gastón.

Exégesis tuvo además la osadía, en un gesto seguramente impropio en revistas académicas, de defender unas pocas causas, quizás meta académicas, como la del español vernáculo como lengua oficial del gobierno de Puerto Rico, la causa de Vieques contra la Marina de Guerra Norteamericana, la excarcelación de Oscar López y la defensa del Instituto de Estudios Hostosianos. Esta política, sin duda agresiva para algunos desafectos, tuvo sus consecuencias, como los tiene todo acto de afirmación. Hubo querellas presentadas hasta al gobernador Carlos Romero Barceló, y un rector llegó a presentar una querella formal contra su propia Junta Editora que fue evaluada por un agente legal externo. Triunfamos. Aquí estamos, sin arrepentimiento alguno. En un país devaluado, tan en precario, tan acorralado por poderes que le amputan a la universidad sus brazos, la defensa del quehacer y de la naturaleza misma de la universidad es un deber ineludible e impostergable con el país.

El Rafael Aragunde que conocemos, catedrático del Recinto de Cayey, Catedrático de Honor Eugenio María de Hostos y ex Secretario de Educación, dice en un artículo publicado recientemente en 80 Grados, que la crisis que vive la UPR, proviene no solo de la alegada crisis financiera que azota al país, sino de un proyecto puesto en marcha desde antes para desarticularla, con el propósito de desinflar la inteligencia. Coincide con las afirmaciones de la periodista canadiense Naomi Klein que habla de la globalización, la política del shock y la batalla por el paraíso. Si la universidad, y con ella el país entero, se avecina a un corto circuito, que entonces estalle luminoso. Que lo estudien y lo digan los libros y revistas. Porque estamos aquí para navegar contra esa corriente. Porque una revista, como hemos visto, no es una muchedumbre de páginas. Porque hay que llevar aún más decencia a la docencia. Y porque cuando en tiempos de Jaime Benítez se hablaba de la “casa de estudios”, atributo entonces bastante denostado, no se dirigía el atributo solo a los estudiantes, sino a una facultad que no puede frenar la necesidad de indagar la verdad y compartirla, juntos, como en estas páginas.

Me dirijo, para terminar, a estas profesoras distinguidas y hermanas que tanto admiramos y a las que tenemos tanto que agradecer.[2] ¿Sabían ustedes que ninguna de las dos es ajena a la vieja Exégesis? Apenas plantaba la revista sus primeros pasos en el mundo nos atrevimos a reseñar –perdona, Mercedes— el libro de Luce titulado “San Juan de la Cruz y el Islam”. Con Mercedes –perdóneme Luce—he intimado un poco más, con su permiso desde luego, particularmente en el tiempo del simposio que dedicamos a Julia. Ahora, cuando esta revista abre sus páginas con trabajos de ustedes, dedicados, ambos, de manera autobiográfica a “schubertiadas”, “arrebatos”, y el “síndrome de Stendhal” de sus propias experiencias estéticas, voló por mi memoria como pájaro chogüí aquella misteriosa canción del Conde Arnaldos: “Yo no digo esta canción / sino a quien conmigo va”. “En la vida todo es ir / a lo que el tiempo deshace”, dice Corretjer, pero, de un arrebato, queda siquiera la impronta indeleble de su olvido.

En las tres décadas de vida de la vieja Exégesis, vivimos también algunos momentos de luminosa transparencia. Recuerdo cómo, durante el Simposio dedicado a Francisco Matos Paoli, en el receso para el almuerzo, alguien se acercó a la mesa donde estábamos para ofrecerle a don Paco unas décimas propias dedicadas al tema albizuista del valor y el sacrificio. Oídas las décimas, don Paco se puso suavemente de pie. Allí, sin más, comenzó a glosar unas décimas, improvisadas, sobre Albizu, y el valor y sacrificio. Y según avanzaba hilvanando los octasílabos, don Paco comenzó a estremecerse que parecía que iba a quebrarse ante nuestros, hasta llegar al paroxismo. No se confundan: don Paco no había llegado al éxtasis solo como producto de sus propias décimas, sino por el recuerdo de Albizu Campos.

Leyéndolas ahora recordé además el deslumbramiento, enmudecido, por los misterios inexplicables del Cusco y de Machu Pichu. Pero sobre todo, ah, La Alhambra. “Si tú quisieras, Granada”… Yo le había escrito mucho antes a la ciudadela roja, no sé por qué, lo siguiente:

Subo a los cerros
y contemplo la tierra de canaán.
Ya sé que moriré tras vivir todos tus espejos
y todos tus inciensos,
de cara a cara contigo
y a tus ojos
con unas pocas flores rosadas de almendro
en las ramas de mis barbas.[3]

Cuando años después fui a Granada, apenas llegar, y antes de acomodar las maletas, subí varios pisos del hotel para mirarla de lejos, y de soslayo, con el vivo temor de morir al contemplarla.

Mas al leer ahora sus ensayos comprendí rápidamente que esa fruición que ustedes llaman “éxtasis” no se refiere en realidad ni a Schubert ni a Casals sino a la propia revista Exégesis. No puedo estar más embromado, como dicen los dominicanos, con este juego de máscaras. Y es que una revista es el espacio sagrado para un diálogo interminable entre experiencias y verdades, intuidas o conquistadas, que se buscan en la “noche oscura”. Pocas cosas causan un arrebato más grande que el abrazo entre amantes que no se habían visto. Y el éxtasis: “amada en el Amado transformada!” Al mirar ahora la revista, levantada de lo que creí sepulcro, y donde tantas ideas y experiencias comparten el calor de su sangre, comprendo y experimento ese mismo arrebato, vuestro.

Y es que la verdad tiene su belleza, tiene tangibilidad porque es capaz de estremecerse como si tuviera luz y cuerpo, aroma. “El amor se da y se tiene”, decía nuestro Luis Palés Matos, porque como el amor, la belleza está en nosotros, los ojos que miran. Para el poeta, en la palabra, suele decirse. Pero la palabra evoca y convoca realidades y verdades que dejan el rostro y el corazón tocado por ellas, iluminado. ¿No llena la palabra en árabe, de cantos y belleza, los ojos de los que contemplan La Alhambra?

Y es que, cuando hace años –durante el fortuñato– se me anunció el cierre de la revista, se me cayó el cielo. Durante cinco años luché por sacarla a flote, con toda la impertinencia de que fui capaz. Durante todo un año la rectora Carmen Hernández me preguntaba que cuándo me mudaba de oficina, y yo le respondía como Miguel Ángel al Papa cuando este le preguntaba cuándo terminaría de pintar la Capilla Sixtina: cuando termine. Un día, al regresar de las vacaciones de verano, todo se había ido en cajas con su música a otra parte. Yo me fui detrás. Y a pesar de ello, sin recursos y casi sin apoyo institucional, celebramos el simposio dedicado a Julia de Burgos, que fue todo un canto de cisne.
Pero yo ya le cantaba a la revista desde el 2010 un réquiem enamorado que titulé “Como el mar de El contemplado”:

Si a tu mañana le quiebran
los huesos de su sueño
--puro cristal de cielos
y es echada al fuego
dará luz.
Mucha luz.
No cabe duda…
Si a tu cristal de cielo
le quiebran su mañana en la víspera
allí estará la plaza abierta a los colores
como el mar de El contemplado…
Página en blanco eras,
como un vientre de cera.
Y en cada letra dibujé o teñí
un trozo de la huella que urga
la impronta indeleble que ama
y la leyenda absorta de un lienzo
ungido de una luz extraña.
Aunado a un soviet de hermanos
alma te di
en suma
del puro cristal del cielo
que transita en mi mirada.[4]

Envío.

Carlos Roberto:

Confieso que yo no creí posible este renacer, de modo que desde que lo supe cierto habito en el arrebato de mi asombro. Y es que, repito, una revista no es una muchedumbre de páginas.

Como un padre, te entrego la novia. Detrás de su faz colorida está, como bien lo sabes, la tramoya de una red de cuerdas que la sostiene. Exégesis fue, porque así lo quiso, un retrato vivo de la facultad de la Universidad de Puerto Rico en Humacao: realidad y ansias. Ese retrato renace hoy gracias a tu creatividad y tu perseverancia, y a una administración que parece saber lo que debe ser una universidad. Observé que no anotaste tu nombre como director, sino como miembro de la Junta Editorial, editor y responsable del “diseño general”. Te recuerdo que Exégesis siempre mantuvo su independencia y libertad de cátedra, y nunca fue un vocero de la administración universitaria, pues su compromiso primario fue con la facultad de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, como debe y solo puede ser. Defiéndela así.

Hecho el convite, los invito a bailar, con júbilo, su tango. Y reciban mi aplauso.

Marcos Reyes Dávila

Notas


[1] La tirada era de 1,500 ejemplares.
[2] Nos referimos a Luce y a Mercedes López Baralt.
[3] Lo de Canaán es una alusión oblicua a Moisés, al que solo se le permitió ver de lejos la tierra prometida.

[4]  Exégesis 67-68: 15-17.

jueves, 14 de febrero de 2019



martes, 15 de enero de 2019

Quién sostiene la estrella




miércoles, 9 de enero de 2019

HOSTOS 2019: en Clave de Sol




Hostos, 
en clave de sol


En el 180 aniversario de su nacimiento



Para la HEEND

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Desde Mayagüez, pero para todo Puerto Rico, se organizó hace unos meses un
comité nacional convocado por el 180 aniversario del nacimiento de Hostos. "Ardiente y luminoso" lo clasificó Pedro Henríquez Ureña, miembro de una destacada familia dominicana que gozó la inmensa fortuna de ser su amiga entrañable. La "clave de sol" que encabeza estas palabras tiene la encomienda de apuntar al hecho de que Hostos fue una personalidad maestra tanto para los tiempos que le tocó vivir como para los tiempos que hoy vivimos. Desde su ayer dice a nuestro hoy su palabra ardiente con voz fresca de manantial.

 
El gobierno de Puerto Rico arrincona su recuerdo, pero le es muy difícil borrarlo como ha borrado tanta historia, porque Hostos es figura cenital, cimera, en muchos escenarios fuera del país. La acción constructiva de Hostos acompañó todos sus pasos. Estuviera donde estuviera, estudió sociedades y países, y no conforme con eso, recomendó, alertó y persuadió. La Unión Panamericana lo proclamó en el 1938 como "Ciudadano Eminente de América", y exhortó a las repúblicas todas de América a conmemorar el centenario de su nacimiento. Siendo suscribiente de esa "unión" el gobierno de Estados Unidos, el gobierno colonial de Puerto Rico tuvo que insertarse en la conmemoración del natalicio.

Infinitos son los temas y asuntos que abarcaron su quehacer y los que, para nuestro presente, ese quehacer nos permite extraer hilos que pudiéramos utilizar hoy como armas y herramientas. Ello es así porque el eje rector de su pensar y de su obrar lo constituyó la búsqueda de una verdad dirigida a la construcción de amplios ámbitos de libertad. Ese eje rector nunca tiene acabamiento, y menos para un país que no ha podido escapar de la “charca” de una colonia empantanada. A ese eje rector lo subordinó todo, es decir, todos los espacios que tuvo a su alcance. Ya fuera la educación, el aspecto más comentado, como las luchas políticas todas que tomaron por rumbo sus afanes de construcción de mundos posibles.

Contra lo afirmado por muchos, es imperativo subrayar que Hostos no cupo, nunca, dentro de los límites estrechos de las diversas formulaciones del colonialismo. Insinuarlo es ofenderlo. Que es uno de nuestros más importantes escritores. Que es iniciador en la América Latina de varias disciplinas científicas, como la Sociología y la Economía Política. Que es uno de los más notables moralistas y constitucionalistas. Que es uno de los educadores cimeros de la América nuestra. Que fue uno de los más encarnizados, abnegados y constantes luchadores por la libertad de Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana.



Hostos no fue seguidor ciego de ninguna doctrina, pero alimentó su pensamiento con las más radicales y diversas doctrinas que circulaban en la segunda mitad del siglo XIX. En medio de un arsenal de teorías y pensamientos, y equipado con armas de muy diferente origen, Hostos sostuvo y mantuvo a lo largo de toda su vida, con una extraordinaria coherencia, los principios que formuló por sí mismo. Y hay que añadir que, para nuestro asombro, pudo sostener y mantener esos principios de manera creadora ante los retos que le planteó su paso por la vida. Como promotor de formas radicales para la democracia, no dudamos de que miraría con simpatía los reclamos que se hacen en Francia para “restaurar” la soberanía del pueblo francés mediante la implementación constitucional de referendos (“Referéndum de Iniciativa Ciudadana”) sobre todos los asuntos de interés nacional. Detengámonos un momento a observar cómo se enhebran en Hostos la moral, el arte y la libertad.

La crítica tradicional catalogaba la obra de Hostos como la de un escritor malogrado por sus propias concepciones morales. Sin embargo, Hostos fue un escritor fundamental: ensayista, poeta, dramaturgo, novelista, cuentista, incursionó todos los géneros literarios conocidos, e incluso los linderos de la música. Como crítico de literatura alcanzó notoriedad internacional. La confusión al respecto proviene del hecho de que Hostos, dicho sea solo como metáfora, se autoflagelaba continuamente para incentivarse, mejorarse y mantenerse fiel a los principios, antes mencionados, a los que él consideraba que debía someterse. Algunos han visto en esas  autocríticas debilidad y flaqueza. Nosotros vemos en ese insobornable empeño de mejoramiento fortaleza.

Conforme con algunas concepciones de la época, Hostos, examinando la cuestión del arte desde el plano de una moral dirigida a la construcción de la justicia y la libertad, criticaba aquellos devaneos de la literatura que se enajenaba de la realidad y del deber de escrutarla o indagarla. La idea la ilustra no con El Quijote, pero sí con la locura del personaje que, como se sabe, alocado con la lectura de las novelas de caballería, no alcanzaba a ocuparse de sus problemas concretos y prácticos por no dar la espalda a las evasiones ilusionistas. Dedicado a la lucha por la libertad, Hostos sometió a esa urgencia toda actividad humana. Pero eso no le evitó reconocer, como lo hace en el estudio del poeta cubano Plácido, mártir de la lucha por la independencia, que en el poeta entrampado entre Ala fuerza vencedora y el derecho no vencido@, surge precisamente Ala vocación poética de la realidad, hecha carne, hecha hueso, hecha hombre, hecha individuo en el poeta lírico@.



En la búsqueda por la libertad, y entregado al deber ineludible de promoverla y gestarla en hombres y pueblos como Auna manera absolutamente indispensable de vivir@, Hostos acometió todos los frentes de su realidad. Estudió y formuló sus principios y las condiciones que hacen posible lo imposible. Su concepto de la república democrática es radical, y desborda nuestras concepciones contemporáneas. Para Hostos justicia y libertad van de la mano, y se instrumentan desde las estructuras básicas de la sociedad, es decir, desde la familia, el barrio, el municipio, la comunidad. Ejes de toda sociedad civilizada, la libertad y la justicia, se materializan con el cumplimiento de los deberes y con el ejercicio de los derechos. Hacia esa finalidad debe encaminarse la educación, y desde luego el arte.



Para Hostos, "ardiente y luminoso", la libertad en el arte depende, pues, de la libertad individual que se construye en el cumplimiento de deberes y el ejercicio de los derechos. En una sociedad colonial, que desde luego es también capitalista --aunque les parezca a algunos que no hay relación entre sociedad colonial y sociedad capitalista-- , no se practican ni derechos y ni deberes. Luego no hay libertad, ni tampoco patria, sino para los que practican a su riesgo los derechos que otorga la libertad imperativa y los deberes que la misma impone.

Clave de sol en la música de piano. 

Clave de sol:



Desde que Hostos nace en la historia con personalidad propia individual, consagró su vida a la lucha por la libertad de Puerto Rico. De esa meta nunca se desvió. Pero la libertad de Puerto Rico la entendió desde el principio acompañada de la libertad de Cuba y de República Dominicana. Así se constituye como un todo casi inarticulable su ambición central de una Confederación de las Antillas que él, más que utopía inalcanzable, la creía realizable. Sin embargo, su lucha por la libertad de las Antillas la canalizó a lo largo de su vida por distintas vertientes y con distintas estrategias. Eso le ha enajenado favores porque la obra de Hostos no puede definirse con la etiqueta casi única de la independencia obtenida con las armas.



Esa independencia buscada a través de las armas se idealiza en Puerto Rico como la única que merece considerarse heroica, sea la vía factible o posible, o no lo sea. El caso es que Hostos no se limitó a intentar esa vía. Pero sí intentó buscar la independencia y la libertad con las armas, y junto a Betances. Antes, cierto es, lo intentó con la lucha política, pero también armada, en España, a través de una vía indirecta, que él creyó era la que tenía más posibilidades: la revolución republicana de provincias españolas federadas. Pero no se llame por eso al Hostos joven como autonomista o reformista, sin más, que eso es considerarlo colonialista. Y eso es ofenderlo. Hostos siempre rechazó la “asimilación” de las Antillas con España.



La vía educativa, la de formar auxiliares como lo hicieron muchos otros líderes políticos en otros países, incluidos Mandela y Fidel Castro, también la trabajó durante dos décadas. Pero esa vía educativa no era una limitada a la paz. Esa vía educativa, cosa que no siempre se comprende, también incluía las armas. No podía ser de otra manera. Es decir, que la Escuela Normal tenía un “propósito” que él reveló en público, y frente a los poderes del Estado, en su discurso de graduación de los primeros maestros normalistas. Se trataba de educar para, como decía él, formar los auxiliares para alcanzar su idea de libertad. Recuérdese, además, que Hostos no dejó de incluir en su Tratado de Moral el deber moral de usar la fuerza y las armas, nunca para la conquista, pero sí para defender la libertad.



Hoy, y aquí, acaso sea lo más apropiado mencionar las vías que intentó instrumentar a su regreso a Puerto Rico, en el 1898, justo en el instante en que las tropas de Estados Unidos invaden el país. Como ustedes saben Hostos instrumentó, con sede aquí, en su Mayagüez natal, una vía política jurídica que canalizó en dos vertientes principales: la educación de los derechos que cobijaban a los puertorriqueños dentro de un régimen republicano constitucional, y el reclamo del derecho a plebiscito. Puede afirmarse con certeza que el propio Betances concordaba con esa estrategia. Con esa finalidad creó la Liga de Patriotas. Ese camino, no lo olvidemos, ha sido la vía principal utilizada a lo largo del siglo por muchos de nuestros luchadores más reconocidos, incluido Juan Mari Brás. Entiéndase que no decimos que ese haya sido el único camino emprendido a lo largo del siglo.



Finalmente acoto lo siguiente: una unión de trabajadores lucha, en principio, por reivindicar una porción considerable de nuestros derechos, en tanto personas y en tanto pueblo, y además por practicar los deberes. Que los que defienden una idea o un principio se equivoquen o se desvíen por la razón que sea, no invalida ni le resta mérito alguno a esa idea o a ese principio. Por eso proclamo con voz hostosiana, que con los trabajadores, ¡siempre!




Marcos Reyes Dávila
¡Albizu seas!


Publicado en 80 GRADOS el 19 de enero de 2019.





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