lunes, 11 de septiembre de 2023

Aniversario 50 del Golpe a Salvador Allende

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.-Hostos y Allende: 

de la derrota a la victoria

Homenaje a Salvador Allende a propósito del cincuentenario del golpe de estado de 1973. Placita Hostos, UPR, 11 de septiembre de 2023, 10:00 AM.

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Cuando recibí la invitación para hablar hoy aquí sobre Hostos y Allende me sentí inicialmente perplejo, pero enseguida hallé los rieles por dónde encaminarme. Creo que fui invitado con motivo de la publicación reciente de esta biografía mía de Hostos (la muestro). Yo siento desde niño una fascinación tan especial por el mundo andino que me alimentó el deseo de conocerlo, y eso me llevó a leer la poesía de Neruda. Es de los pocos autores de los que creo haber leído la obra completa. Cuando fui por primera vez a Chile en 1997, llegué al aeropuerto y vi carabineros con armas largas. Algo se heló en mi pecho hasta que los niños de San Felipe siguieron a los invitados extranjeros a un encuentro de escritores hasta el hotel, haciendo preguntas con evidente curiosidad. Fui invitado en otras ocasiones a otro encuentro de escritores, y en una de ellas se me pidió que ofreciera la ponencia inaugural en el Salón de Honor de la Universidad de Chile. De esa actividad surgió esta edición de la revista Exégesis dedicada a Chile, preparada en combinación con la Sociedad de Escritores (la muestro). Creo que soy de los pocos que tienen un ejemplar de la edición original de este libro de poemas de Pablo Neruda: "Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena". También se me incluyó en la edición de esta Memoria", una antología de escritores latinoamericanos preparada para conmemorar el centenario del Partyido Comunista dfe Chile. Finalmente confieso que mi llegada a México para estudiar en la UNAM, y fui testigo de la rotunda expresión de solidaridad que tuvo México con Chile. Llevé conmigo una colección de música chilena que escuchaba con tanta frecuencia que aun en 1986, cuando me mudé a mi casa, los vecinos estaban seguros de que yo era chileno. Entre esas canciones estaba la "Cueca de la Central Única de Chile": 
"Central Única de Chile, 
maciza como el acero, 
que vela por las conquistas
del trabajador chileno." 

Voy al discurso. 
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Saludos


Quiero darles las gracias a todos los presentes, y al Movimiento Independentista Nacional Hostosiano por la oportunidad que me brinda para dirigirme a ustedes

Nos han convocado hoy aquí con motivo del aniversario quincuagésimo del golpe de estado ocurrido en Chile hace 50 años y del asesinato de su entonces presidente, Salvador Allende. Por una –para mí— inesperada asociación, esta actividad se celebra justo frente al icónico busto de Eugenio María de Hostos que acaba de celebrar el 120 aniversario de su muerte. Estoy consciente de que dije celebrar porque hay vidas que no mueren mientras su recuerdo perdure, y lo que es más importante, nos hagan evocar utopías, que aunque parezcan perdidas, nunca deben dejar de ser la estrella polar que ordena un rumbo… que aunque sabemos nunca se alcanza…, ordena, clarifica y define los pasos a seguir. El rumbo es más importante que la meta, porque es en el rumbo donde se realiza y toma cuerpo, ilusión y sentido nuestra vida.

Me exigen que sea breve, y lo seré. El compañero Carlos Weber nos hablará de la trágica experiencia suya con la represión de la dictadura militar en Chile que al menos yo acabo de conocer, de modo que le cedo absolutamente la palabra en ese aspecto. Respecto a Hostos, eludiré los temas de todos conocidos, como la primera parada de Hostos en Chile en su periplo suramericano, las conferencias en defensa de la educación de la mujer, su regreso a Chile a fines de la década del 80 como rector de los liceos de Chillán, y de Luis Miguel Amunátegui. En su primera parada en Chile, Hostos hizo grandes amigos… de amigos grandes en prestigio. Entre ellos, José Victorino Lastarria, Guillermo Matta, Benjamín Vicuña Mackenna, e incluso el presidente entonces de Chile, Federico Errázuriz Zañartu, (con Errázuriz Echaurren, hijo de aquel, la historia fue muy distinta). A tal grado estuvo feliz entonces Hostos, que poco faltó para que anclara allí el resto de sus días, no solo por los grandes afectos y camaraderías, sino porque allí tuvo el primer gran amor de su vida, Carmela, una de las hijas de Lastarria. Según Bosch, en Chile disfrutó en ese entonces uno de los más plácidos periodos de su vida. Fue época de grandes triunfos intelectuales y políticos. No obstante, cosa muy distinta ocurrió a su regreso a Chile tres lustros más tarde.

Propongo tomar como orden el siguiente principio: la lucha de clases constituye el motor de la historia. En nuestros días, como en cada distinto momento de la historia… o de la geografía, la lucha de clases ha tomado formas muy diversas, formas que no anulan el concepto básico de la diferencia entre los pobres que trabajan y producen, y los ricos que se apropian del trabajo de los primeros, que son… fatalmente… muchísimos más. Como ustedes saben, los más poderosos se han enriquecido con la presente crisis económica mundial en una proporción mucho mayor que antes… a costa de nosotros.  

Es por esta vía que podemos comenzar a vincular de manera directa la experiencia del presidente Salvador Allende y la de Eugenio María de Hostos. Para muchos, Allende fue un presidente de auténtica raigambre socialista. (Verdadera raigambre en cuanto se puedan armonizar, como hemos dicho, las muy diferentes versiones de lo que llamamos socialismo.) Pues hablamos de un modo muy diferente a los de los partidos socialistas europeos que, aguando, a más no poder, lo rojo hasta el rosita tibio, han rendido o corrompido sus principios históricos. Tan verdadera fueron las raíces y los frutos de Allende, que pudieron encontrar sin dificultades mayores vínculos de fraternidad y solidaridad no sólo con el fuerte Partido Comunista de entonces, sino también con Fidel Castro.

No digo que Allende fuera comunista, o que fuera compinche de los comunistas chilenos o cubanos. Digo que supieron reconocer, no solo hallar, puntos suficientes de convergencia para no antagonizar unos con otros. Como es sabido, Pablo Neruda, el enorme poeta que iba ser el candidato a la presidencia del partido comunista chileno en 1970, pudo definir suficientes compromisos con Allende como para que el poeta cediera su candidatura en apoyo a Allende. Se aventuraron a lo que mundialmente se conoció como la vía chilena al socialismo: un experimento político novedoso que fue capaz de llegar al poder, no a través de las armas, sino de la lucha política, usando las mismas reglas fijadas tradicionalmente por la burguesía. Y usando también, y desde luego, el voto. Su gobierno promovió una nueva Constitución política, la creación de una Asamblea del Pueblo, el desarrollo de una economía planificada, la nacionalización de las riquezas básicas en manos de capitales extranjeros y monopolios internos, la creación de un Área Mixta, de un Área Privada y de un Área de Propiedad Social (APS), entre varios puntos. Degollada la alianza y la iniciativa, con el desmedido impulso del capital extranjero, Chile no ha logrado aún desprenderse totalmente de las redes pinochetistas.

¿Cuál fue el enemigo mordaz del gobierno de Allende? La oligarquía tradicional, que por conservadora tiene que por definición ser apropiadora. La derecha chilena, en asociación y dependencia con los poderes fácticos del capitalismo imperialista, hizo con éxito una tarea de sabotaje que se realiza siempre con el frío talante de los iceberg: más fríos y fuertes en lo oscuro y por lo bajo, que a la luz del día: favorecer los privilegios de la burguesía, el control y sometimiento de las organizaciones obreras, la explotación de las comunidades indígenas, hasta el litro de leche que dispuso el gobierno de Allende para cada niño chileno.  

Y Hostos, cabe dilucidar, ¿qué tiene que ver con esto? Pues ocurre que Hostos no fue, ni en su primer viaje a Chile a principio de los setenta, ni en su segundo viaje a Chile a fines de los 80, una figura inerte, de esas que no producen reacciones químico-políticas. Llegó a Chile la primera vez promoviendo no solo una revolución de independencia antillana, sino también una revolución social de la cual el triunfo y la existencia misma de la primera dependía. Hostos llegó a todos los países del sur de las américas que visitó apelando al legado de Bolívar, y puntualizando su deber de completar su agenda.

La preocupación de Hostos siempre estuvo en el día siguiente a la independencia. Eso es lo que explica la estrategia que utilizó en España, porque si usted busca, por ejemplo, cuáles diferencias existían entre los reclamos de Hostos y los de Betances, se encuentra con que las demandas expresadas por este último, incluso después del Grito de Lares, son prácticamente los mismos. Ahí están consagrados en los famosos Diez Mandamientos de los Hombres Libres. Cumplidos esos mandamientos, dice el propio Betances, pero solo si se cumplen esos mandamientos, seremos españoles, y si no se cumplen, entonces: Antillanos. (Desde luego, anoto al margen, no podemos dejar de recordar hora con pena inmensa el fallecimiento de Félix Ojeda Reyes, y digo estas palabras en su homenaje.) La diferencia entre Hostos y Betances, pues, estaba en la estrategia a seguir.  

Hostos trabajó en España no solo porque vivía en España, sino porque había establecido contactos cercanos con los que serían líderes de los movimientos y fuerzas revolucionarias antimonárquicas y republicanas. Fueron condiscípulos, fueron colegas en las redacciones de prensa, camaradas en organizaciones antiesclavistas y sociales, ateneístas. Hablaban de republicanismo, de federación, de derechos para las provincias, de derechos civiles y humanos, de autonomía e incluso soberanía para las Antillas en condiciones de federalización. Hablaban hasta de socialismo, y traducían a Proudhon. Esto es, del capital y de la clase obrera, del producto del trabajo y de la distribución de la riqueza, de igualdad, democracia, república, y derechos humanos. Tan pronto se produjeron los gritos de Lares y de Yara, Hostos defendió los motivos de las revoluciones en ambas Antillas, cara a cara con los jefes del gobierno revolucionario. Algo que pasa más o menos inadvertido, es que, si Hostos polemiza, le reclama y demanda al gobierno revolucionario español que llegó al poder con bandera antimonárquica, bandera republicana y bandera federalista, es que para Hostos, lo que ocurría no le era suficiente, o que desconfiaba del proceso revolucionario y las promesas recibidas y de sus banderas.

Cuando los españoles traicionaron sus promesas y principios, incluso los de republicanismo, Hostos rompe, como sabemos, y opta por la revolución armada. El detalle de interés es que el 2 de enero de 1870, recién llegado a NY en pos de armas y balas, Hostos fantasea una noche e imagina la estrategia que utilizaría de ganar un día suficiente dinero que le permitiera alquilar y armar vapores para conquistar la independencia con armas, dice. Y añade inmediatamente, en la misma oración, con armas… y con libros, porque solo con armas y con libros puede alcanzarse y sostenerse la independencia. Solo unos días más tarde, el 26 de enero de 1870, habla de cumplir con su deber, que es revolucionar militarmente a Puerto Rico--, para, añade inmediatamente otra vez, “ordenarla y, aplicando a su vida mis teorías, verla entrar (la primera) por la vastísima senda de un nuevo ideal político y social, ese es mi sueño”. (Oc39, I, p. 240) 

En el Programa de los Independientes que Hostos publica en 1876 en Nueva York, lo dice literal y claramente:

“Próxima ya la hora en que combatientes activos y pasivos de la Independencia han de ser llamados a una obra de razón más larga, ningún patriota de razón puede resignar la responsabilidad que ha de tocarle en la tarea de constituir en la libertad la sociedad desorganizada que dejará la guerra y deja siempre la educación mortífera del coloniaje.” Esa, justamente, era la tarea que agigantó el carácter histórico de Hostos, y la que un siglo más tarde, Salvador Allende intentó emprender.

Hostos llegó a Chile imbuido de los principios revolucionarios que sacudían a Europa. Principios de republicanismo, de democracia, de derechos humanos y civiles para todos, de una economía política que buscaba cómo articular los principios socialistas referentes al trabajo y la distribución de la riqueza. Hostos llegó a Chile armado de luchas antiesclavistas que estaban dirigidas no solo contra la esclavitud africana, sino contra la esclavitud de los pueblos originarios y de los chinos. La segunda independencia que Hostos reclamó indispensable desde entonces, iba dirigida contra el control no solo cultural, sino político y económico tanto de los países europeos como de Estados Unidos. Iba hablando de una segunda independencia, porque la primera, la independencia política formal no era suficiente, la fundamental, la verdadera.

Deseo pensar que no incomodo a alguno de los presentes si afirmo que, en rigor, Hostos no fue fundamentalmente un independentista. Su meta última era la libertad, una libertad, bien sabía, que TENÍA, TENÍA, enfatizo, que vivirse y practicarse cada día, en un ejercicio que nunca termina. Todos los países reconocidos como tales en el planeta eran independientes. Lo era Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador y el Perú, países liberados por Bolívar del control de la monarquía española. Pero, ¿vio o entendió él que eran libres esos pueblos? No. Lo que vio, y bien sabía desde su época española, era que la colonia había sobrevivido a la independencia. Por eso habló de la necesidad de luchar por una segunda independencia, como décadas después lo hizo Martí. Si luchó contra la monarquía en España fue por la misma razón. País independiente si lo era, pero no un pueblo libre. Entonces sabía que el patriotismo con el que luchaba en pro de la independencia antillana, era un derecho del pueblo puertorriqueño, del cubano, del dominicano, pero también del español. El patriotismo es un derecho de toda mujer y hombre de cada pueblo del planeta. Por eso, decía, que se esforzaba también por ser patriota como el mayor patriota colombiano, peruano, chileno, etcétera, y asimismo lo quiso ser con el patriota español.

En su segunda visita a Chile, invitado por el presidente Balmaceda, Hostos se encontró con una sociedad muy diferente. Hubo que vivir entonces con el más hondo pesar, con arrepentimiento y deseos de regresar a la República Dominicana. La derrota política del presidente Balmaceda que lo llevó al suicidio, fue a manos de un congreso dominado por una oligarquía que respondía principalmente a los intereses ingleses. Puede avistarse, en ambas épocas, cierto paralelismo entre la situación de Chile y los destinos trágicos de ambos presidentes. Los partidarios de Allende sufrieron torturas y vieron correr sangre de hermanos y hermanas. Hostos, vio, ante sí, carretillas, calles y campos repletos de cadáveres en Cuba y Santo Domingo. Pero como nunca se amilanaba, hizo cuanto pudo por llevar adelante sus ideas revolucionarias en los planos de la educación y de las ideas, sufriendo la hostilidad de la clase gobernante. Fue el inicio de la revolución cubana comandada por José Martí, y el derrotero que pudo vislumbrar que esta revolución tendría, lo que le impuso la necesidad de regresar al ruedo militante de las Antillas. La posibilidad de adelantar la libertades de las Antillas es lo que, en definitiva y última instancia, define toda su gesta histórica.

En dos tiempos históricos diferentes, separados casi por un siglo, las luchas de Allende y la de Hostos lucen a mis ojos paralelas, convergentes y hermanas: la segunda independencia. La independencia de los regímenes coloniales que impulsan imperios extranjeros con la complicidad de las oligarquías nacionales. Y ambas luchas advierten de la necesidad de tomar con cautela la adopción de modos y fines que pretendan darse el lujo de dejarse magnetizar por los guiños seductores del poder y las veredas sinuosas, y en el fondo estériles, que convierten lo rojo en rosa. Si no estamos alertas ni tenemos claridad y fuerza suficiente, una virtual independencia en Puerto Rico pudiera, lejos de resultar hostosiana, caer con facilidad en manos de los actuales líderes de los partidos coloniales, es decir, otra versión del paraíso de la explotación y la servidumbre. El armazón político, social y cultural solo puede construirse a través de una democracia radical, verdaderamente anclada en la igualdad social, que solo produce el ejercicio irrestricto, permanente y sin pausa, de los derechos civiles y humanos. Esa es la independencia hostosiana… la misma que anheló también Salvador Allende. Allende murió de un balazo. Hostos, de la agonía prolongada de beber ríos de sangre.

Ambos, Allende y Hostos, reclaman de nosotros, sus herederos, asumir como propia una herencia de libertad e igualdad… para todos… que siempre es de futuro y está por venir. No se trata de gozar de días radiantes, dijo, sino de contribuir a que esos días lleguen.

Allende nos alentó asegurando que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor". Y por su parte, Hostos, nos alentó asegurando que…

Cito: “La libertad es un modo absolutamente indispensable de vivir”;

cito: “lo importante no es disfrutar de ese día radiante, sino de contribuir a que llegue el día”;

cito: “la revolución permanente”.

Juan Antonio Corretjer, hostosiano profundo, nos alentó con esta sentencia que vale igual respecto a las experiencias de Allende y de Hostos: (cito)

“Porque hay un tiempo infinito.

El tiempo triunfador.

Tiempo Bolívar que no acaba”. Que nunca acaba.

Esa lucha, el legado invencible de una lucha permanente, es su victoria y la nuestra.

Muchas gracias.  


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