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jueves, 29 de marzo de 2012

La Mogolla del Plebiscito es de TODOS


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La Mogolla*
en Encuesta del Plebiscito 
es de TODOS


Escucho con un poco de sorpresa los comentarios en torno a la encuesta que intenta anticipar o adelantar el sentir del pueblo de Puerto Rico sobre el "plebiscito" que no es tal cosa.

En esa primera oración, brilla ya la mogolla, si el plebiscito no es plebiscito. Entonces, ¿está confundido el pueblo encuestado o está confundido el gobierno, los partidos, y todo el mundo?

Pues si vota un 50 % por mantener al ELA como está y luego sale favorecido un ELA "soberano" con diez puntos por encima de la estadidad, ¿por qué la sorpresa?, me pregunto.

¿Por qué se siente ofendido Gallisá de que el pueblo de Puerto Rico vote a favor de la colonia si eso ha hecho desde hace más de medio siglo??

Quisiera ver con buenos ojos la alta votación a favor de un "ELA soberano", y no creo que haya manera de no ver eso así.
Ese resultado sorprende, de todas maneras, si se considera que durante más de medio siglo se diabolizó el concepto de soberanía y el PNP utilizó
elección tras elección el concepto como arma contra el Partido Popular.

Pero si el PPD insiste en que es al pueblo popular a quien le corresponde definir el nuevo ELA, ¿no está argumentando sin quererlo a favor de un ELA soberano ya? 
Pues ¿qué otra cosa es la soberanía que la capacidad de un pueblo para definir y decidir el estatus político y todo lo demás?

En Puerto Rico, insisto, no hay un problema de status. Esa concepción es un laberinto colonial impuesto por el poder dominador que no tiene solución y por eso es un pantano que ayuda a atar al país desviándolo de lo fundamental:

la lucha por la soberanía es la lucha por enseñarle al pueblo de Puerto Rico lo que nos intentó enseñar Hostos en el 1898.


La autonomía es un régimen colonial.
La estadidad es la destrucción del pueblo de Puerto Rico, su historia y su porvenir, el genocidio de nuestros padres, abuelos y tatarabuelos y el de nuestros hijos, nietos y tataranietos.

Puerto Rico tiene el derecho inalienable, reconocido en toda constitución y en toda democracia, de decidir su porvenir.
Eso es la soberanía.
Y eso es lo que nunca, desde 1898, y durante más de 114 años nos ha reconocido el Congreso ni el gobierno de Estados Unidos.




                                                            Marcos Reyes Dávila

                                                                  ¡Albizu seas!
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*Mogolla en Puerto Rico es una mezcla confusa 

lunes, 9 de enero de 2012

El Exilio permanente de Hostos



El exilio permanente 
de Eugenio María 
de Hostos
 

Decir que Eugenio María de Hostos fue un exiliado es una perogrullada. Nacido en el 1839, salió a estudiar a Bilbao en el 1852 con solo trece años, de modo que al morir en el 1903 había vivido en Puerto Rico entre quince y dieciocho años, a lo sumo, si se cuentan las breves temporadas que vivió en la isla y la estadía de casi dos años tras la invasión norteamericana de 1898. No obstante, el “ilustre desconocido” fue reconocido en las asambleas que se celebraron en Puerto Rico para elegir a los comisionados que representarían al país ante el gobierno de Wáshington.

Aunque Hostos sí reconoció a las organizaciones antillanas de la emigración, es interesante observar que, en cambio, al regresar a Puerto Rico en el 1898, Hostos no apeló a los partidos políticos existentes en el país sino a los poderes civiles con los que intentó organizar la Liga de Patriotas para reclamar el derecho del pueblo de Puerto Rico a la celebración de un plebiscito. En Mayagüez intentó fundar un instituto municipal de educación. La Ley Foraker de 1900 y la inercia política de los puertorriqueños que nos ha impedido exigir y realizar en más de 113 años de coloniaje norteamericano un solo  plebiscito verdadero, lo puso de regreso en el exilio.

Sabido es, por otra parte, que en el 1874, ante el encargado de pasajes en un puerto de Brasil, Hostos contesta que no tiene pasaporte porque no tiene nacionalidad: “Estoy creándola”, responde. Tomando en cuenta todo lo anterior uno se pregunta sobre el sentido del exilio en Hostos.

Martí dijo que no habría literatura hispanoamericana hasta que no existiera Hispanoamérica. En el espíritu de esa expresión late implícita la idea de que bajo la vida dependiente, colonial no existe verdaderamente un país. Hostos sentenció como principio de los “Independientes”, que “la Libertad era un modo absolutamente indispensable de vivir”. Y es que Hostos no concebía la vida fuera de la libertad. Por eso su proyecto educativo era irrealizable en un medio colonial. 




En la biografía-estudio sobre “Plácido”, Hostos apuntó, en un boceto publicado en la edición crítica de las obras de Hostos, que “en las épocas de esclavitud no hay hombres. Hay a lo sumo tentativas de hombres”; que “los pueblos esclavos no tienen historia”; que “los pueblos que no se pertenecen a sí mismos, como los hombres que no se pertenecen, no tienen conciencia de su vida”; que, citando a un español, “Puerto Rico es el cadáver de un país que no ha nacido”. (I.III: 444)

Hablábamos la otra noche en Radio Isla, en el programa de Gustavo Rodríguez, “Sálvese quien pueda”, de la necesidad o conveniencia de implantar en Puerto Rico un programa educativo hostosiano. Es imperativo concluir que no es posible hacerlo. El anuncio por parte del Departamento de Educación de que no se celebrará más la Semana de la Puertorriqueñidad es consistente con un gobierno que reduce a la indigencia los programas y las instituciones culturales, y se pinta a sí mismo como el "patito feo" de Llorens.

El programa educativo hostosiano parte del reconocimiento propio, del círculo concéntrico más cercano del estudiante que es el yo propio, y luego, el núcleo familiar inmediato. Cualquiera sabe que en Puerto Rico el sistema niega, rechaza y repugna de la propia identidad y que la educación huye del reflejo de su propio rostro en un espejo. La colonia corroe, mina, carcome, desarticula la identidad propia porque la identidad individual ampara sus columnas en la zapata o zócalo de la nacionalidad. La vida política en una colonia es colonial, invariablemente, del mismo modo que lo es la vida cultural. Lo que se levanta en el país es un garabato, una parodia, un remedo.  Es por eso –aparte de la horca y el componte– que Hostos no pudo vivir en Puerto Rico ni pudo levantar exitosamente la Liga de Patriotas y el Instituto Municipal.  La vida colonial hay que romperla: nada se construye con ella.

Sus restos, que descansan con fuego eterno en el Panteón de los Héroes de la República Dominicana, viven un exilio que seguramente él supo que sería permanente.

Marcos 
Reyes 
Dávila

lunes, 2 de mayo de 2011

El Plebiscito de la Zanahoria de Puerto Rico


 Puerto Rico:
un pueblo detrás de la zanahoria



Grima da ver cómo disputan en los medios el asunto fútil del plebiscito.


El gobernador Infortunio, de Puerto Rico, ha propuesto para fines de año la celebración de varios plebiscitos dirigidos a encuestar en el pueblo puertorriqueño la preferencia de estatus político. Y todos se alborotan en Puerto Rico.

Se alborotan los que saben que Infortunio recurre al viejo truco del plebiscito porque el país lo odia a él, pero no a la posibilidad de obtener la estadidad, es decir, la incorporación a Estados Unidos como estado 51.

Un grupo inter-agencial recomendó a Obama no actuar en el Congreso norteamericano sobre el estatus de Puerto Rico. El Congreso es quien posee bajo llave, metralletas, bombas, bombardeos y misiles, hurtada, la soberanía del pueblo de Puerto Rico. Pero ese grupo inter-.agencial recomendó también que los puertorriqueños se entretuvieran con varios plebiscitos que ellos no se comprometen a respetar de forma alguna. Todos en Puerto Rico, saben esto. Todos saben que el plebiscito o los plebiscitos serán inútiles para modificar un ápice el estatus político colonial de Puerto Rico, del mismo modo que las rutinarias elecciones coloniales de cada cuatro años. Sin embargo los partidos políticos insisten, empecinada y absurdamente, en definirse por la preferencia de estatus.

No obstante, Infortunio está decidido a lanzarse al terreno de ese juego a pesar de administrar un país quebrado, fracturado y carcomido que se hunde inevitablemente en el fango. El desarrollo económico de Puerto Rico es sólo inferior, en el mundo entero, al de Haití.

Infortunio cree que una campaña a favor de la estadidad hará que la gente olvide las penurias y las afrentas, y vote nuevamente por él en las nuevas elecciones que se efectuarán el año próximo, creyendo que votan para obtener una estadidad por la que no pueden votar, pues le pertenece, no al pueblo de Puerto Rico, sino al de Estados Unidos.

Puerto Rico es un país saturado por los medios y los controles informativos, educativos, políticos, publicitarios, etcétera, de Estados Unidos. Ese poder colonial mantiene en la más absoluta miseria y enajenación un país que carece de capital propio, pues todo ha sido incautado y hurtado por los norteamericanos. La política oficial mantiene a un país que casi no trabaja ni produce riqueza alguna que no vaya a parar a Wall Street. Grandes muchedumbres viven de cupones de alimentos y otros subsidios que desalientan cualquier iniciativa productiva. Puerto Rico ya casi no produce ni café, ni piñas, ni frutos menores, ni azúcar, ni pescado, a pesar de ser isla. ¿Quién, en su sano juicio, votará contra los cupones para alimentos que distribuye mes tras mes el gobierno colonial? ¿Quién morderá la mano del amo que alimenta a medias?


Todos sabemos en Puerto Rico que los plebiscitos son una agenda estratégica de Infortunio para mantener en el poder su gobierno de empresaurios. Todos sabemos en Puerto Rico que los plebiscitos son absolutamente inútiles.

Sin embargo, vea usted la prensa, vea los telenoticiarios, oiga a los analistas políticos, carcomiendo la palabra “plebiscito” como roedores, embelesados con el plebiscito como se embelesan ante la “boda real” inglesa, cegados por la fastuosidad; fortaleciendo una monarquía de truco y falsedad, parasitaria; fortaleciendo la existencia de una comunidad aristocrática, de duques de sangre azul ante los cuales todos se postran, reverentes, y besan la mano avasallados, como ante un obispo. ¿Para eso proclamaron la “Igualdad” las revoluciones norteamericana y francesa? “¡Qué linda es mi princesa!”

El mundo sigue corriendo, estúpidamente, detrás de una zanahoria.

 

 
Marcos 
Reyes 
Dávila
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