miércoles, 25 de diciembre de 2019

Las ideas jurídicas de Eugenio María de Hostos



Las ideas jurídicas 
de Eugenio María de Hostos


Prólogo al libro de



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Ramón Antonio Guzmán Rivera: “Derecho y derechos fundamentales: la propuesta hostosiana. (Estudio de la obra jurídica de Eugenio María de Hostos).” (Tesis doctoral presentada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, en el 2016.) Madrid: Fundación Universitaria Española, 2019.



 

Al entrañable recuerdo de don Pepe Ferrer Canales



Eugenio María de Hostos es tanto un monumento de la inteligencia más audaz concebible, como es un monumento inmarcesible a la dignidad humana. Vivió, además, con la purificación del fuego. No obstante, y a pesar de ello, continua siendo al día de hoy lo que desde hace demasiado tiempo se repite. Es decir, ese “ilustre desconocido” que hace un siglo describió con esa afortunada paradoja Antonio S. Pedreira. No obstante, y pesar de lo estipulado, la bibliografía sobre la obra de Hostos es seguramente la más nutrida en las bodegas de las bibliotecas de Puerto Rico. A pesar de que oleadas intermitentes de críticos y estudios lo asedian con denuedo desde diversas latitudes del planeta, cabe estimar que parte considerable de su obra continúa perdida en esquinas oscuras de bibliotecas y archivos, o sin ser recopilada y editada o reeditada. Otro tanto debe decirse de un gran número de sus interlocutores cuyos archivos siguen sin escrutarse del todo y que podrían aclarar, muchas veces, el verdadero sentido, no siempre obvio, de lo predicado y actuado por el Hostos que sí conocemos. En este sentido, como en otros, el cierre del Instituto de Estudios Hostosianos que le fue confiado a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras –creado por, y fundado con, motivo del sesquicentenario del natalicio de nuestro mayagüezano (1989) –, es una tragedia que pone en evidencia nuestras centenarias precariedades coloniales.

            La oportunidad que con este prólogo nos obsequia el autor del presente libro, Ramón Antonio Guzmán Rivera, nos remonta a un puente ubicado en un tiempo remoto de la memoria de ambos. Hace treinta y cinco años, más o menos, ofrecíamos en enero, y en una de esas universidades periferiales de nuestro país, conferencias simultáneas con motivo de los natalicios de Hostos y de Martí. De Martí se ocupaba quien escribe; de Hostos, nuestro colega y amigo Ramón. Desde ese entonces crece en ambos la indeleble impronta de las huellas hostosianas con la visita, renovada y persistente, a la tumba abierta en la que vive la palabra labrada en la piedra con el fuego de una voluntad nunca derrotada.

            Tras bambalinas se aparece, entre oportuna e inoportuna, una cuestión a tener en cuenta: ¿qué puede aportar en este prologar un fiador lego en la materia jurídica?  Me atengo, apurado, a dos puntos de apoyo. El primero es el constante recorrido nuestro, de más de cuatro décadas, por la obra de Eugenio María de Hostos que, en su momento, movió al entonces rector del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico a extendernos, tras la previa recomendación de Julio César López y José Ferrer Canales, un nombramiento como director en propiedad del Instituto de Estudios Hostosianos. Ello sería acaso piedra de poca monta sino mediara un apoyo que fuera licencioso en ausencia de la rúbrica, reiterada, del propio Hostos. Y esto es que las “Lecciones de Derecho Constitucional” de Hostos no existirían como tales si no fuera porque sus propios estudiantes “prepararan por sí mismos la publicación”, que Hostos “se resigna a publicar”, a pesar de que “falto de tiempo, no lo ha tenido el autor ni aun para revisar las lecciones que siempre ha dictado de improviso y que sus estudiantes tomaban de oído”. Tal capacidad para ofrecer por dictado una disciplina de tanto orden y complejidad, asombra. No obstante, como hemos dicho, es hazaña repetida, pues otro tanto ocurrió con la “Moral social”, libro publicado en el 1888 por sus estudiantes. Así, ya sea a modo ex officio o de estudiante, estas observaciones quizás licencien a un semilego.

            Digamos, ya entrando a nuestro asunto, que Martí fraguó el destino de su patria con la palabra que funda y con la acción urgente. Hostos no se quedó a la zaga porque, en la urdimbre de los acontecimientos de mediados del siglo XIX, fue vanguardia. Nacido catorce años antes que Martí, le fue imposible a ambos predicar y caminar en la simultaneidad de sus tiempos. No obstante, los paralelismos de las ideas y de los esfuerzos son, como sabemos, casi gemelos. Las diferencias entre uno y otro no son sustantivas. Son, más bien, de oportunidad y tiempo, de modo y circunstancias. Hostos, más joven, desbrozó los caminos, trazó mapas de ruta y estableció pautas. Martí fue la fuerza generadora tanto de la independencia formal como de la definitiva de Cuba. Hostos debiera ser, y acaso lo sea llegado el tiempo, cimiento de la nuestra.  

            De todas las áreas que integran la obra de Hostos, y de todos los abordajes posibles a la obra de aquél a quien José Ferrer Canales calificó como figura “poliédrica”, y que Ramón Antonio Guzmán llama en este libro, con certeza, “polígrafo”, la obra jurídica es de las menos visitadas.

            En el volumen que recoge las treinta y nueve ponencias presentadas en el congreso internacional celebrado sobre Hostos con motivo del sesquicentenario (1989), solo tres –de las 39– se ocupan del tema del “Derecho”. Una de ellas, de Elio Gómez Grillo, se limita a su pensamiento “penitenciario”; otra, segunda, de Carmelo Delgado Cintrón, define el perímetro de la “etapa española” de sus textos jurídicos. La tercera es de nuestro autor, Ramón Antonio Guzmán: “los orígenes doctrinales de su obra jurídica”.

            Empero, tanto los predios más visitados, como los marginados, guardan sus sorpresas. Y es que el Derecho, así como todas las otras disciplinas, sea de estudio o sea de ejecución concreta, mantiene infinitos vasos comunicantes entre sí. De modo que la filosofía lógica y formal, la ética, la sociología, la pedagogía, la política misma, y aun el autoestudio que se enhebra con instrumentación sicológica, constituyen, sean juntos o sean separados, elementos de una misma estructura que, gracias a la enorme capacidad de compactación y sistematización de Hostos, se revelan extraordinariamente coherentes ante nuestros ojos.

            Aunque Guzmán sostiene que “su formación jurídica no fuera ni intensa ni extensa”, sino la de un “autodidacta”, sí reconoce que Hostos fue un “polígrafo” que se expresó en un amplio haz de luces. No olvidemos que ya el joven Hostos parecía considerar la vocación jurídica como un sacerdocio. Ese joven Hostos era –ya–  autor de alrededor de sesenta diferentes artículos publicados en la década de 1860 –entre los veinte y los treinta años de edad– , entre los cuales encontramos temas como la libertad de expresión en países regidos constitucionalmente, la doctrina militar constitucional, los fueros, el poder contra la libertad, el jurado en materia criminal, la política, soberanía, elecciones, insurrecciones, la estadística criminal de Puerto Rico, la constitución de 1837, un proyecto de ley contra el tráfico negrero, la esclavitud, la organización politicosocial de Canadá, las leyes de la sociedad, entre otros asuntos. Nosotros podemos afirmar que, asombrosamente, el joven Hostos buscaba y encontraba, a los veintitantos años, argumentos y fundamentos en el plano jurídico para definir y encauzar el trabajo político que iniciaba ya en pos de la libertad de las Antillas.

            El pensamiento y la acción concreta del mayagüezano se nutrió desde entonces de una rica pluralidad de fuentes. El derecho en Hostos no era ni mera teoría ni mera ciencia, pues Hostos, por otra parte, vivió conforme a los imperativos de los deberes y de lo justo que reconoció, con una voluntad a prueba de fuegos. No fue Hostos, pues, un apéndice, un epígono, un rabo de león. Hostos fue un forjador de ópticas, de vida y de estrategias. Su obra se distingue por su carácter ecléctico y sincrético, no reducible a doctrina alguna. La catalogación de la obra de Hostos que hizo Ferrer Canales al calificarlo como figura poliédrica adquiere de este modo dimensiones aun más sorprendentes, pues no se reducen al pensador: incluyen al maestro del vivir en el deber, con plena voluntad. Ese es el sustento acertado del abordaje que  Ramón A. Guzmán hace en este libro de las ideas jurídicas de Hostos.   



            En  “Algunas palabras”, que a modo de prólogo aparece en sus “Lecciones de Derecho Constitucional”, Hostos se refiere aspectos de este tema del siguiente modo:



“El estudio de las ciencias todas, y especialmente el de las sociales, no da el fruto que contienen si el resultado final no es una noción del contenido de la ciencia, tan clara, que se perciba distintamente la relación de las partes con las partes; tan completa, que se abarque el todo científico en su naturaleza, en sus aplicaciones y en su objeto; en su naturaleza, para conocer el orden de que ella es manifestación; en sus aplicaciones, para conocer el modo de utilizarla; en su objeto, para conocer positivamente la porción de verdad que a la ciencia estudiada corresponde”.



            Al referirse concretamente al estudio del Derecho, Hostos, parte del carácter multidisciplinario de las ciencias para derivar hacia la necesidad de poder vislumbrar todo su andamiaje y la coherencia de su organización.



“Hasta ahora, si la Filosofía política y las aplicaciones de la Sociología al examen de las organizaciones políticas, nos presentan como un todo bastante congruente la ciencia de la organización jurídica, los tratados didácticos no han conseguido darnos más que análisis inconexos de las partes que reunidas forman la ciencia constitucional. La insuficiencia del conocimiento así adquirido resalta a la vista del comprometido a transmitir a otros la idea de una organización jurídica, tal como la transmitida por los libros didácticos, en que todo se ve menos el todo.” 

            En su estudio del vasto tema, Guzmán traza, con pespunte de perito e hilo fino, las líneas de un perímetro que escudriña el tránsito de Hostos a través de los acontecimientos históricos más relevantes que vivió, y al respecto de los cuales Hostos reaccionó. Guzmán no se limita a la reseña: dialoga y debate, y pone los temas en perspectiva histórica y sincrónica, remitiéndolos a sus orígenes conocidos o probables para aclarar su sentido.

            Guzmán inicia su instrucción con criterio cronológico para reconstruir cómo se va configurando la acción y el pensamiento de Hostos. Comienza, pues, con la etapa que llamamos del “joven Hostos” para deslindar las fuentes concretas y las probables de su formación, así como los pinitos de su militancia en cuanto “propagandista”. Le sigue el paso a la crítica etapa del conspirador en Nueva York, con los conflictos y las disidencias de las organizaciones del exilio antillano. Luego le sigue los pasos a su deambular por el cono sur del continente. Y a las fuentes de su pedagogía. Y a la amarga experiencia de la ocupación norteamericana de Puerto Rico y Cuba.

            Guzmán se ocupa lo mismo de examinar a nueva luz los vectores y las aristas del pensamiento filósofico que nutre su pensamiento en búsqueda minuciosa, según hemos dicho, de sus fundamentos y orígenes verosímiles, aunque a veces con un margen de riesgo. Tras demarcar el marco de referencias a su juicio imprescindibles, Guzmán emprende, entonces el estudio de los trabajos jurídicos y de los “derechos fundamentales” en los que se apoyan tanto sus nociones de Derecho Constitucional como de su Derecho Penal. De interés, por ejemplo, son sus notas sobre la presencia en Hostos de Juan Bautismo Vico, Kant y John Stuart Mills. En Hostos encontramos también, dicho sea al margen, el impacto del socialismo y el anarquismo francés bebido en parte durante los años revolucionarios de Francia o en las traducciones del revolucionario anarquista Proudhon.

            Ramón A. Guzmán analiza componentes de la materia jurídica que no podemos ponderar.  No obstante, Guzmán explora además, en su libro, facetas para nosotros entrañables, como lo es el estrecho e intenso vínculo entre derecho y moral. Así mismo el diálogo enriquecedor entre libertad e independencia, a propósito del importantísimo “Programa de los Independientes”, escrito por Hostos en el 1876 y celebrado poco después por José Martí. O la importantísima deontología, o estudio de los deberes, que fue objeto fundamental de su propia vida en su aspiración a “hombre completo”. O los derechos de libertad y los derechos de igualdad. O la medular vivencia del antillanismo forjado por él como ningún otro. Además, la celebrada e internacionalmente distinguida construcción y práctica de su pedagogía. Y la dialéctica entre individuo y sociedad. O las intuiciones novedosas de su geografía política. O la moral y la industria que esclaviza la libertad. O el imperialismo y la colonización del planeta.

            Guzmán pondera también la impronta en Hostos no solo del estudio de la constitución de los Estados Unidos, sino de la exposición que sobre el tema hicieran el colombiano Florentino González y el constitucionalista estadounidense Frederick Grimke. Aunque Guzmán apunta la marcada dependencia de las lecciones hostosianas en el derecho de la constitución norteamericana, también apunta el hecho de que estas lecciones “son básicamente un libro de texto en las mencionadas conferencias que Hostos dictó en Mayagüez”, dentro del marco, pues, del objetivo básico de su Liga de Patriotas que intentó enseñar al pueblo puertorriqueño –como un modo de resistencia– los derechos que lo amparaban a la luz de la constitución del país mismo invasor.

            El debate en torno a la penetración en Hostos del krausismo español y del positivismo comtiano tiene marcada prominencia, respecto a otras fuentes, en el estudio del pensamiento de Hostos que hace Guzmán. En ello se coloca un poco apartado de los entendimientos de otros autores como el del filósofo Carlos Rojas que sugiere un balance más ecléctico y una sistematización distintiva y propia de Hostos. No obstante, Guzmán no margina de su estudio la visiones alternativas de ese eclecticismo, de raíces variopintas, nutridas desde el pensamiento clásico grecorromano, pasando por la imprescindible Ilustración, e incluso por Simón Bolívar, figura esta de la que no basta murmurar, al hablar de Hostos, pues en Bolívar está presente la génesis de aquellas ideas cenitales acogidas tras la independencia, tanto por los pensadores como por los actores políticos. Me refiero, por ejemplo, a la función libertaria de la educación, a la distinción entre libertad e independencia, a la igualdad de los géneros, a la abolición de la esclavitud de negra e india, a la función política fundamental del federalismo, y hasta el concepto de la creación de hombres nuevos para nuevos pueblos.

            Guzmán, en suma, aporta en este libro una infinidad de perspectivas inestimables respecto a aspectos vitales de la obra jurídica hostosiana, acompañada de una bibliografía amplia. Pero el libro, además, provoca nuevas exploraciones, indagaciones y revisiones. ¿Cómo no considerar este libro una aportación fundamental al estudio de los derechos fundamentales, al objetivo de nuestras normas penales, y a la comprensión de lo que somos a través de lo que fue, y es, figura cumbre de la historia puertorriqueña?  

                                                                                                Marcos Reyes Dávila

domingo, 1 de diciembre de 2019

Hostos: un anarcosocialista puertorriqueño del siglo XIX



Archipiélago

Eugenio María de Hostos: 
un anarcosocialista puertorriqueño 
del siglo XIX


Marcos Reyes Dávila

"Hostos y la Teología de la liberación"




A propósito de un libro de Samuel Silva Gotay


HOSTOS y 
la Teología de la liberación: 
contra el canon de otro mito biensonante


Por Marcos Reyes Dávila



Conozco la Teología de la Liberación desde 1971 a través de Samuel Silva Gotay, uno de los más prestigiosos estudiosos de esa corriente religiosa, política y revolucionaria. No se aprovecha de este tema, pues, un neófito que se sirve de un libro reciente suyo (El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y El Caribe), ni de un conocedor que ha hecho una lectura célere del mismo. Silva fue mi maestro desde mis años de estudiante universitario, y compartió conmigo en los años en que él escribía en México la tesis que dio base a su libro La Teología de la Liberación: implicaciones para la Iglesia y para el Marxismo, y para el libro recién reeditado. De modo que, con ese conocimiento sólidamente convertido en acervo propio, acompañado del estudio de las obras de Eugenio María de Hostos que he mantenido de manera ininterrumpida durante cuarenta años, puedo señalar hoy, no sin algo de audacia acaso temeraria de la que estoy consciente, que podemos hallar en Hostos una cierta convergencia con esa teología revolucionaria capaz de cohabitar amable y fraternalmente, como sabemos, con propuestas del socialismo marxista.


Estas ideas que sostenemos contravienen una parte del canon sagrado que ha configurado otro tipo, muy diferente, del “mito biensonante” predicado por la escuela hostosiana mayagüezana que tanto hemos combatido desde que se articuló. Este otro canon es tan difundido, tenaz y sordo, que ni siquiera puede diferir con indiferencia contra nuestra tesis, porque no solo se niega a discutirla, sino incluso a oírla. La hemos expuesto oralmente ante un público discreto a lo largo de este 2019 en Cuba, República Dominicana y Mayagüez, y por escrito en las páginas de 80 Grados y ahora en Archipiélago, de México. Solo hemos recibido un muy limitado eco. Mas es importante establecer que no se trata de una breve intuición nuestra, como la hemos expuesto en los casos antes mencionados, sino el producto de un estudio y análisis amplio que esperamos publicar en un libro.


En cuanto a Hostos, pareciera que le ocurre aun aquello que lo persiguió, y de lo que se quejó, su vida entera: la incomprensión de sus contemporáneos, tantas veces plasmada en circunstancias muy diferentes, como cuando la encumbrada clase política puertorriqueña se negó a oírlo y discutirlo a su regreso a Puerto Rico en 1898. Todo el que se vuelve contra un canon se ve condenado al ostracismo. No obstante, reconocidos autores que gozan del aprecio de la élite intelectual sobre Hostos, han sostenido, por ejemplo, que se pueden señalar importantes aspectos de las  ideas económicas de Hostos que no coinciden con el capitalismo (por ejemplo, J. C. López, y C. Rojas Osorio); o que Hostos compartió innegables puntos de vista con el socialismo anarquista de Proudhon (por ejemplo, W. Samot, Luisa Navarro); o que Hostos demostró a las claras sus simpatías con los revolucionarios franceses que defendieron sus posiciones de clase obrera, temprano en la década de 1870 (por ejemplo, C. Vázquez, F. Córdova Iturregui).


Nuestra tesis parte de la interpretación, que desde hace muchos años sostenemos, sobre la política desarrollada por el que hemos llamado “joven Hostos”, es decir, el de la época española. Hemos sostenido como parte de ese desarrollo, que no solo cabe apuntar, como lo hace Germán Delgado Pasapera, cuán diferente era para él --Delgado Pasapera-- el mal alegado reformismo autonomista del joven Hostos, que, a su juicio, tenía “un tono distinto” y un “estilo” diferente al de “los tímidos pronunciamientos de otros reformistas”, sino que esa etiqueta, afirmamos por nuestra cuenta, nunca le ciñó al punto, porque era parte del vestuario colonialista que a Hostos siempre le repugnó. Que “no tenía Hostos los complejos coloniales de otros políticos puertorriqueños”, se apura a decir Delgado Pasapera del joven estudiante en Madrid. Nada apartó a Hostos, y nunca se apartó, de sostener la necesidad de la libertad de Puerto Rico y Cuba. La libertad para todos los pueblos era una condición sine qua non de la misma existencia.  Para ganar la independencia de Puerto Rico, Hostos reservaba su propia vida. Mas ese Hostos, antimonárquico y republicano, absorbió además, aquellas ideas claramente vinculadas con la revolución proletaria propuesta por la Primera Internacional de los Trabajadores, haciéndolas suyas desde su juventud, al menos desde 1868.


Esos prolegómenos no fueron ideas pasajeras como las del socialismo del joven Unamuno, pues nunca lo abandonaron. Aunque Hostos no llegó a extenderse en ellas en ningún texto o tratado, sí las introdujo como pieza de su visión de mundo, y se sirvió de ellas, y lo expresó de manera intermitente pero constante, hasta su muerte. Por eso pudo, repetidamente, buscar en bases materiales fundamentos de la libertad, y de una audaz vida democrática inopinadamente vinculada con los derechos inalienables del individuo que es la base social. Por eso también pudo aconsejarle a José M. Mestre en 1870 --representante de Cuba en Nueva York-- fundar la aspiración a la independencia y a la libertad de Cuba, en las bases materiales que gestionó con ese fin durante su estadía en Colombia en 1870, centrando en ellas “el futuro de la independencia”. Así lo reconoce el historiador cubano Emilio Godínez Sosa.


El vínculo que atrevidamente establezco entre Hostos y la Teología de Liberación se basa en la naturaleza moral y materialista en que Hostos enraíza su doctrina revolucionaria para el proletariado y los oprimidos. Es decir, Hostos señala algunos fundamentos, al respecto de la necesidad de esa revolución, inferidos de una economía política que no le fue ajena. Empero, su fundamento más original, lo formula a partir de los corolarios ineludibles del profundo y complejo desarrollo que hizo de la “moral social”. Es eso lo que lo distingue y aparta de la teoría socialista --marxista-leninista-- que conocemos. Y es, precisamente, por los imperativos inducidos de su moral social, no por los religiosos --de los que se mantuvo al margen, pero no ajeno--, que Hostos entronca con esa teología de la liberación que predicó la justicia y el socialismo humanista, en “el reino de este mundo”.


A fin de cuentas, la defensa de los oprimidos y explotados, los descamisados y pobres de la tierra, de “la mujer, de los indios, de los chinos, de los huasos, los rotos, los cholos y los gauchos, otros tantos esclavos de la desigualdad social” (Obras completas, II, p. 121), es parte fundamental de esa teología, como lo fue de Hostos. En la defensa de esas reivindicaciones, abnegada hasta el martirio, estriba en parte la actualidad y el valor revolucionario de Hostos. Mas esa agenda social de libertad, Hostos la reservó, como tenía que hacerlo, para activarla tras la independencia. Esa, precisamente, es la doctrina que predicó en el “Programa de los Independientes” de 1876.


El “mito biensonante” del Hostos autonomista, adherido al capitalismo clásico, tiene, temprano o tarde, que insertar y conciliar, en su lectura canónica, textos que no desaparecerán de sus Obras completas

Albizu seas
Marcos Reyes Dávila

(Publicado en "80 GRADOS" el 6 de diciembre de 2019. )
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