sábado, 25 de febrero de 2017

Ojo de cenote


 
Ojo de cenote 

        A doña Meche, in memorian.

El ojo del cenote

A ras de su faz
sus ojos resplandecen todo el día.
Su transparencia
en cambio es aparente.
El ojo del cenote es un abismo ciego
que simula la muerte.
Oscuro como todo lo profundo,
abodega los secretos
del tiempo infinito.
Por sus ojos
transitan multitudes calladas,
casi penitentes.
Algunas quizás tiernas y expectantes,
pero muchas van hambrientas de ira,
de rencor y de sangre.




El lago de soslayo

Los edificios del centro de México
se aferran a la tierra.
Hunden en ella sus raíces
como buscando el agua,
ese fantasma del lago
que oímos pasar.
Caban su trinchera
en ese pasado sin olvido
que es el agua de antaño.
De ese pasado ausente
que mira desde entonces de soslayo.
El palacio se yergue
en el oculto zócalo de Teonochtitlán.
Y allá lejos acaso se desliza todavía,
como serpiente emplumada,
la guerrilla de Oxaca,
o siembra la comuna libre
en la indiada de Chiapas.




México pasa primero

Aunque cante corrida una ranchera
México tiene corazón de cenote.
Se escurre oculto entre las hojas duras
del viaducto y las calzadas
y sorprende de pronto
cuando yergue sus ciudades de piedra.
Todo en apariencia está asusente en ella.
Pero hablan y se regodean
juntos en el viento
el abrazo y la puñalada,
la puñalada en el abrazo
y el abrazo en la puñalada.
Entre la limosna y la mordida
se cuecen en el caldo del cenote
lo mismo sapos que gorriones.
En ella todo está
como la columna de un susurro
como la estela de un grito
como el friso de un jaguar que habla.
El mexicano es tantas veces
un tamal abrigado
hecho camote.
Mas donde quiera que se mire
México pasa y pasará primero.





El ejido entre mis barbas

Viví sobre la pirámide del sol.
En el ancho valle
que derrotó mi mirada impertinente.
Creí que la plaza de las tres culturas
yacía en la calzada de Teotihuacan,
que el Popo velaba el sueño de Itztaccihualt
y que el ángel bendecía la reforma.
Que acaso vería cantar a Sor Juana
en el convento de San Jerónimo
su oda al dios del maíz,
más allá de Tlalpan.
Y que el caballito en la glorieta
tenía alma.
Entre la Viga e Insurgentes
crecí mis barbas.
Es cierto que en mi ciudad
tuve una hija,
y que inflamó mi alma
el espacio libre de la unam,
pero también es cierto
que en la avenida de Plutarco
la muerte me sopló a la cara
e imprimió mis pies
sobre la tierra.

Mucho después viví rodante
en la larga raíz de sus mercados.
La mirada del cenote aun me persigue.
El mismo cenote que se alegra
en el lago de Patzcuaro

pero se recoge endurecido
en el desierto de Sonora.
Allá se levanta aun Villa,
Juárez benemérito,
Zapata en la plaza
y Marcos huidizo
entre los pueblos mayas.
En su arena
su selva
su oníx
y su piedra volcánica
está mi raíz de plata.
Allí levanté mi ejido
con techo de tejas y de flores.
Allí, repito, creció el escuincle,
y el nombre de un hombre.





Despierto en los ojos de Meche


En México todo anda
a la vera de las cruces.
En la catedral y en cada vela
México es devoto de la Guadalupe.
Yo, en cambio, de aquella Meche
calientita y artesana,
apegadita al sol remiso
que siempre vuelve.

América despertó su sangre nueva
con los ojos mexicanos
y con sus flores de piedra,
a la vez duras y tiernas
que hallan siempre su jalisco.
Yo desperté
en medio de los murales de Diego
y por los ojos cenotes de Meche.
Y sigo despierto.



Comemos con los judas muertos

México se burla de la muerte.
La indiada transparente e invisible
que camina descalza
por la tierra del ejido
a veces es solo un hueso huérfano,
o un 43 perdido.
A veces es el carnaval
de calaveras y difuntos
de un sol negro.
A veces es el lago de soslayo
ahogado en sangre.
A veces es un rencor
que nos sorprende
en medio de una noche fugitiva.
A veces es el salto al vacío
del que se desprende y emigra.
Con amor hasta en el odio
México persiste
en el auxilio del shamán,
y en bailar en la calle
con sus cementerios.
Arma con pólvora,
con chile pulque y pozole
sus fetiches de año viejo.
Esas máscaras de piñata
hechas para ajusticiar
a palos o con fuego
a los traidores y a los judas de siempre.
A los muertos con pólvora.
A los muertos con fuego.
Con el relámpago lázaro
de su sangre mexica.
En México comemos
con los judas muertos
y los escarabajos.
Y aunque no llevamos nunca
gafas oscuras de sol
llevamos con alegría
un pasamontañas negro...





El profundo rostro del cenote

Cuando conocí a Meche
tenía quizás los años que hoy tengo.
Yo era aun

un joven imberbe.
No tuvimos prefacios ni preámbulos.
No hubo amanecer ni hubo poniente.
Desde el principio me ofreció
un tantito de esto
y un tantito de aquello,
un lugar calientito,
un caballo de ónix para mamá,
un paseo por el fantasma del lago
que se escucha
como un tren de agua subterráneo
en Chapultepec.
50 años después
Meche no puede ya ir al mercado
ni merece una elegía.
Por encima del rencor,
de la sangre y de la ira
Meche me ofrece aun un lirio de amor
sobre el rostro profundo 

de ese calendario azteca sin despedidas
que poco por poco emerge del cenote.
Y todavía me sonríe.




Marcos

Reyes Dávila
¡Albizu seas!






Un Festival para Klemente




Un Festival para 
Klemente
El Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico (FIPPR) dedica su novena edición, este año,
al poeta lareño Klemente Soto Vélez, baluarte fundamental de la poesía puertorriqueña del siglo XX, es decir, la nuestra.
    El FIPPR se fundó con la misión de promover en el país una cultura literaria dirigida a las comunidades del país entero. Entre los objetivos secundarios y las estrategias para desarrollarlos gozó de prioridad estimular la presencia de representantes de los países hispánicos hermanos, desde Argentina a México, incluyendo en esa presencia a España. Y para no desmerecer el factor internacional, el FIPPR ha invitado repetidamente a algún autor de otros países y lenguas, desde el Kurdistán hasta Japón. Este año acudirá un poeta portugués.
    Los poetas invitados no llegan por vocación propia, sino por invitación personal del FIPPR. Se pretende siempre elegir poetas premiados en sus países, reconocidos internacionalmente. Algunos son jóvenes, otros maduros. La mayor parte de ellos poseen una obra amplia, son profesores o catedráticos –algunos eméritos– e incluso miembros de la academia de la lengua de sus países. Algunos trabajan con revistas o periodismo, o talleres de creación literaria. Ellos traen la cultura y poesía de sus países: los conocemos y nos conocen. Ellos llevan a sus países su experiencia profunda de realidad cultural y social puertorriqueña, pues el FIPPR los lleva por todas partes del país, desde Mayagüez a Humacao, y a un público muy diverso, desde niños escolares hasta las égidas, universidades y plazas públicas. El concurso de poetas invitados comparte toda la semana su diálogo creador con los poetas nacionales puertorriqueños. Nuestras actividades son, todas, totalmente gratuitas.
    Año tras año, cada edición del FIPPR se le dedica a algún poeta puertorriqueño importante. Entre los titulares han pasado poetas como Luis Palés Matos, Francisco Matos Paoli, Clara Lair, Julia de Burgos y el grupo de poetas de Guajana. El año pasado se eligió a Rubén Darío. El centenario de su muerte nos llevó a comprender que Puerto Rico y la poesía es un enmarañado de voces y presencias, y que el FIPPR, que auspicia este encuentro internacional con los poetas de Nuestra América y España, no puede desentenderse de voces que han refundado la poesía moderna de todos los países de habla hispana como lo fue Rubén Darío y el modernismo. El FIPPR auspicia además un certamen internacional de poesía que lleva el nombre de Vicente Rodríguez Nietzsche. Este año la dedicatoria regresa a las letras patrias con un festival dedicado a Klemente Soto Vélez.
    Klemente fue uno de los capitanes del grupo atalayista. El grupo atalayista acuñó una modalidad original en el abanico de tendencias de la vanguardia de principios de siglo. Pero Klemente, y con él su poesía, abrió su cursó dentro de la lucha revolucionaria del nacionalismo albizuista. De modo que, adscrito con abnegación a la causa de la libertad patria sufrió prisiones que solo consiguieron reforzar su abnegación y afilar su vocación por la libertad creadora. Vivió gran parte de su vida en las entrñas del monstruo neoyorkino, y allí continuó su reclutamiento de voluntarios para su ejército de patriotas.
    Klemente nació en Lares en el 1905 y murió en el 1993. Parte de su poesía ha sido musicalizada y difundida por voces como la de Roy Brown.
    El FIPPR depende para su realización de donativos generalmente menudos. Vendemos incluso camisetas (“Yo leo poesía”, o “#abesossepuede / aversostambién”). Vendemos cuadernos individuales con poesía de cada uno de los poetas invitados. Algunos aportaciones nos llegan en especie, o simplemente, almuerzos. De vez en vez, recibimos algún donativo empresarial o municipal.   
    El Festival de este año, novena edición, se celebrará del lunes 27 de marzo al primero de abril. La apertura, como de costumbre, se realizará el lunes 27 en la noche en el teatro de la Universidad InterAmericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano. Está el país, quiero decir que todos nosotros, fraternalmente invitados.

"A la hora del relámpago
muchas son
las flores que cuando azota
el huracán,
no dejan libar
a la abeja perseguida,
pero yo guardo
con la mía la espada tuya,
y esto lo puedes escribir
con tu K de Clemente."




Marcos 
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
* Publicado en : http://www.80grados.net/un-festival-para-klemente/


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