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sábado, 18 de junio de 2022

Vicente Rodríguez Nietzsche

 

In memoriam


Vicente Rodríguez Nietzsche:

La poesía como salmo de faustos*
Marcos Reyes Dávila
                                                                 
               "...lo eterno femenino siempre arriba
                                                                                            con potente acicate nos aguija".
                                                                                                                            Goethe, Fausto.

Si algún crítico no hubiese despachado con prisa a la poesía de Guajana --y con ella a la poesía toda de la generación del sesenta-- como "poesía mesiánica" --o lo que vale decir, panfletismo político socialista-- no nos extrañaría constatar que un repaso de la obra poética del eviterno director de Guajana, Vicente Rodríguez Nietzsche, nos obliga a proclamarlo inopinadamente, poeta del amor.
La crítica literaria en Puerto Rico (y mucho más cuando la brevedad impone el juicio somero) generalmente etiqueta la poesía de la generación del sesenta como panfletaria --no sólo mesiánica--, politizada, socialista o sencillamente militante. En el mundo de las realidades virtuales posmodernas --esa nueva torre de marfil de quintacolumnistas tan popular entre los pesimistas derrotados de este fin de siglo--, trataríase de un relato totalitario, de un imaginario paternalista. Los calificativos, que se refieren al mismo conjunto de rasgos, suponen ligeras variaciones semánticas, distinto baldón que hinca espada sobre el mismo asunto, excepción presupuesta, claro está, de esos antivalores posmodernos que pretenden definir al Subcomandante Marcos como un nuevo modelo de Batman. Ello resulta menos huidizo aún --es decir, más pertinente-- si hablamos de los poetas del grupo de Guajana, revista abanderada de esta verdadera generación de poetas que anidaron al menos en otras tres trincheras de importancia: Palestra, Mester y Versiones, cada una de ellas promotora de variantes generacionales y punto de tiro de poetas de valor incuestionable.
En el caso de Guajana ya expresamos nuestro juicio acerca de esta militancia/politizada/ socialista/panfletaria y mesiánica, al concluir nuestro examen de la obra de treinta años de su grupo más claramente distintivo, en nuestro estudio preliminar a la antología que titulé Hasta el final del fuego (Editorial Guajana, San Juan, 1992). Decíamos allí que si bien esta militancia puede argüirse desde una perspectiva diacrónica como uno de los denominadores comunes más claros y diferenciales del grupo, no es exclusivo ni excluyente, ni permite establecer una visión monocromática uniforme de su universo lírico, ni siquiera en su Segunda época (1966-1968), esa época precipitada en ascuas tras la muerte de Pedro Albizu Campus. Si bien pudo ser ése su rasgo más notable o el rasgo más evidente de ruptura con la poesía anterior --sobre todo para la sensibilidad que la aplaudía y para la que la repugnaba-- no necesariamente era el más comúnmente atendido por la mayor parte de los miembros de la generación, ni siquiera de Guajana. Antes bien, decíamos en ese estudio preliminar titulado "Guajana, las líneas de su mano. Treinta años de poesía", que la poesía de este grupo era, más que un monolito o un coro unánime, un pedregal. De esta manera pretendíamos subrayar las diferencias profundas de voz y sustancia entre ellos, diferencias que quiebran incluso a primera vista sus obras en individualidades recias, testimonian la autenticidad de voz de cada uno y, más que continente y color sólido, nos imponen la imagen de un archipiélago. En nuestra caracterización individualizada de los poetas de Guajana, describimos allí específicamente la poesía de Vicente Rodríguez Nietzsche como "la ternura armada entre el fusil y la flauta". Ello, precisamente, porque la voz amorosa emerge reina sobre sus otras voces. No debería extrañarle, pues, al lector, constatar con este libro, como indicamos al inicio de estas líneas, que Rodríguez Nietzsche es, ante todo, un poeta del amor.
Vicente Rodríguez Nietzsche (1942) fue miembro fundador de la revista Guajana, el único miembro constante de su junta editora, y el eviterno director de sus destinos. Autor de más de trece libros u opúsculos, algunos de los cuales aparecieron en ediciones conjuntas con libros de otros autores --y otros virtualmente inéditos--, su obra dispersa en libros y revistas del país y del extranjero bifurca su raigambre desbordada de pasión amorosa y de ternura tantas veces armada en dos surcos a menudo entrelazados y nunca enfrentados: la patria y Eros, esa vieja dicotomía de dialécticas sutiles tan preñadas de sorpresas que frecuentaron los románticos. Poeta de fibra religiosa que se apresta a transformar el mundo con la óptica nutrida de oposiciones dialogantes, no deja nunca atrás ni desplaza definitivamente, aunque lo aparente, salmo y liturgia, ni en la trinchera de la patria ni en el surco húmedo de sus amores. Hemos considerado para esta antología de su poesía de amor ocho de sus libros publicados entre el 1965 y el 1995, pues esos ocho de sus trece libros-cuadernos publicados orbitan en torno a los apremios de sus experiencias amorosas. Rodríguez Nietzsche se presenta en ellos anclado en sí mismo y anclado en el amor de turno, pero no obstante, desanclado, a la deriva, sometido y sin voluntad a la manera del amor que lo lleva y que lo trae, como un Fausto de insaciable sed. Dos de ellos se publicaron en la década de los fogosos 60; uno en los refluyentes 70; tres, en el detente casi soterrado de los ochenta, y dos en el autoexilio de la posmodernidad fraudulenta de los 90.
El erotismo es tema infranqueable precisamente por su absoluta inclusividad. No hay cultura que sea --o haya sido-- en la que el amor no hincara sus banderas. A despecho de su eternidad de esencia, aunque atomizada en la infinitud difícilmente historiable de sus maneras, el amor metamorfosea sus formas pespunteado por el carácter siempre distinto de cada quien, lo que vale decir: el amor tiene rostro, un rostro único y distinto en cada persona.
Hecha esta salvedad que impone la relatividad de su experiencia, el estudio del erotismo en la poesía de Rodríguez Nietzsche sólo puede ser propuesto como un registro personal de inmanencia intransferible, mas sin embargo, modelo auténtico de un comportamiento singular de este autor: en el amor, exhaustivo como pocos; penitente, pero atolondradamente persistente; abroquelado entre extremos de cielo y tierra, de agua y fuego, en un campo minado marcado por ángel y por diablo. Su ritmo aventurero afinado en un contraste alternado de emociones antitéticas, ofrece al lector --amén de la narración de sus peripecias-- las estancias pausadas de sus estaciones en un lenguaje que propende al aliento de pétalos, generalmente breve, de tono menor y confesión musitada. Nada hay de golpazo o fuerza bruta. Como la energía cósmica, el amor en esta poesía recicla una y otra vez mediodía y crepúsculo y, seguro de la eternidad de cada instante, goza o sufre, siempre en plenitud, su periplo ciego.
Curiosamente la producción poética en libro de Rodríguez Nietzsche abre con un cuaderno de esta estirpe. Domingo, lunes y martes fue publicado en el 1965 por la Unión Internacional de Estudiantes en Checoslovaquia, como fruto del primer certamen literario de la Federación de Universitarios Pro Independencia (FUPI) y en edición conjunta con Exposición de la sangre de Guillermo Rosado Haddock. De verso libre, palabra sin modismo, dicción clara, moderna, auténtica, la imagen oportuna, suave y redonda, sin estridencia, como la de Pedro Salinas, es un extenso poema en tres días, cada uno de ellos dividido en cuatro partes, de lenguaje y tempos diferentes: el primer día es pasional y pretendiente; el segundo es meditativo y satisfecho; el tercero es más grave y sombrío. Tres actos que ciñen el registro de un amor que nace, alcanza plenitudes y muere. Con la aparición de las flores como símbolo hegemónico de su metaforización, el cuaderno establece el patrón de desarrollo en dos vertientes que serán reasumidas continuamente en esta poesía: el éxtasis y la agonía.
A ti, criatura natural, es el cuaderno poético de Rodríguez Nietzsche publicado en el volumen titulado Estos poemas de 1967. Es un discurso extenso de una riqueza extraordinaria de imágenes, vibrante de sensorialidad y emoción en estallido. Rodríguez Nietzsche muestra aquí ya un dominio pleno del decir, madurez en el desarrollo de la imagen, cadencia de ritmo, y luz total sobre el sentido. En nuestras "notas de viaje" por la poesía de este autor publicadas --en el volumen citado Hasta el final del fuego-- como presentación a la antología de poemas de Rodríguez Nietzsche ("Vicente Rodríguez Nietzsche: la ternura armada", 267-270), comento que este libro emula la delicadeza de voz del Cantar de los Cantares o de la poesía de San Juan de la Cruz. Sus símiles son abundantes, y los motivos del amor están recreados con la sensualidad nerudeana de la naturaleza y una acostumbrada interpelación que ratifica la voluntad comunicadora. La fuerza de estas ternuras aflorará recurrentemente en libros muy posteriores al paréntesis impuesto por el politicismo.
En efecto, once años más tarde publica Amor como una flauta (1978) con un prólogo de Marcelino Canino. Abre el libro con un poema en arte menor que llama Dedicatoria. Con tres libros acumulados, el lector constata que Rodríguez Nietzsche utiliza un lenguaje de amor inusual. Aunque la dicción se amolda a las construcciones sintagmáticas del poeta colombiano Germán Pardo García (1902), se sensibiliza de todo, y por eso ronda hermetismos, pero no incurre. Tiende a construir un mundo diferente del real; propende a buscar, subrayar y dar relieve a la diferencia. El verso breve, a veces muy corto, hace inventarios mientras deja fluir la conciencia libremente entre los andamios de sus alegorías y sus símbolos. La anécdota y los referentes concretos se diluyen en lo incierto. Casi siempre una idea, una emoción detonada, un suceso rompe-cuadros, recogido en los primeros versos, precipita el poema, lo desenrolla. Por eso Rodríguez Nietzsche, aunque tiende al poema largo, respira a tramos cortos, dividiendo el poema como una escalera. La repetición, gradante o enumerativa, pone en evidencia la retórica del énfasis, de la porción aguda, de la caída alucinante, del vértigo y del frenesí. La pérdida se quiebra como desesperación que deja entrever diálogos ocultos. Es decir, que se asiste con el oído en la pared del verso o de la página a la voz que clama tras los cuartos oscuros. En las notas de viaje a su poesía, antes mencionadas, sugiero que en este libro su autor se vierte ahora sobre la ternura que antes asomó pero con la delicadeza de un amor que desde la dedicatoria en verso ancló en la copla tradicional madrigalesca. Otra vez nos hallamos ante un interlocutor presente pero mudo que descubre en la palabra la función priorizada de la comunicación en la forma de una confesión de amor, fragmentada por momentos. Libre de clichés se muestra el hombre entero en un amor pleno, un amor en el cual lo material y lo espiritual se equilibran y confunden en un recinto íntimo, definidos y aislados de la otredad --social, política-- que se entrevé como acción difícil y fuente de dolor.
Del dulce pie tu caminar tranquilo, cinco años después (1983), es un libro con indudables paralelos. Abre también con una "Dedicatoria" en verso que se regodea en la plenitud amorosa. La palabra busca puentes de comunicación, vínculos que transfieran sus razones, en un tono madrigalesco de una intensidad afectiva que suele faltarle al madrigal. Aunque asoma en el contexto de fondo la posición políticosocial de su autor, la ternura del tono, la intimidad de la interlocución, el medio ambiente que se hermosea, adquieren sentido referentes a la emoción, y a través de la palabra el lector se siente apostrofado, testigo mudo, participante oculto de una ternura torrencial, de mundo límite. A diferencia del cuaderno anterior, este testimonio de amor no es crónica de un amor perdido. Tal vez por eso hay aquí más balance, tranquilidad y paz, menos sombras, menos presencia de la otredad y de lo otro, menos invasión de lo social, a tono con la poética dominante en los ochenta.
El Decimario es de 1988. Parece un libro facturado a posteriori con décimas recogidas de muchos años de versificación. La forma, no obstante, robustece la unidad del libro dividido en tres partes, tres unidades temáticas: Isla-hombre (siete décimas); Patria (cinco décimas); Amor (trece décimas), los motores vitales de su poesía. El lector se siente en estas décimas menos aludido, pues en general tienden estos versos a distanciarse de la experiencia concreta, de la autobiografía, para tornarse más conceptuales. Así incurre Rodríguez Nietzsche en tópicos como el desdén del cuerpo y elogio del interior puro, el amor y la espina, el madrigal, la naturaleza, etc.
Será en Vuelvo a enhebrar la musical costura (1989) que Rodríguez Nietzsche regrese, como lo anticipa el título, al libro refractor de una experiencia concreta en el que se perciben el tránsito, las épocas, los momentos. Nuevamente, la "Dedicatoria" como poema de apertura, establece las coordenadas de la vivencia que reproduce --nuevamente-- la simbología floral, esta vez, en arte mayor, endecasílabos. En general se tiende a la economía, la elipsis de los poemas breves, pero nutrido de experiencias, de las referencias más variadas y ciertas. La frase, más controlada, depurada, barnizada, asume muy pronto en su conjunto un dejo de elegía, expresión de una pérdida que evoca alegrías previas. Después del ritmo y equilibrio del Decimario, los versos polimétricos de este cuaderno se sienten caóticos, duros y ásperos como todo lo quebrado. Reconcentrado lamento, cerrado el sentido muchas veces, sus vértebras transitan entre el cielo y el infierno, anidada la palabra en la amada, desde cuya atalaya se ve el mundo, y en una anécdota oscura, casi hermética, vivida siempre, no literaria. Esta sensibilidad auténtica, esta palabra-verdad que busca sintonía con el oído huidizo de la amada, crea un mundo de realidades transformadas por la pasión que equivoca inadvertidamente sus referentes y que por eso emerge en un mundo teñido de extrañamientos, como una pintura de Roberto Fabelo. Un recorrido por la experiencia del amor altera, perfila, talla su rostro, o sobre su rostro, sus aleteos, sus peripecias. Parece girar, en péndulo espiral, en torno a pasiones que oscilan entre la gratitud beatificante y la desolación postradora. A Rodríguez Nietzsche lo avasalla la delicia del amor, y por eso agoniza en sus renuncias.
No supe enamorarme de azucenas es el libro que aparece en el 1994. Rodríguez Nietzsche regresa al lenguaje de las flores superando su dialéctica simbólica en un metalenguaje del pétalo y la especie que genera su propio código poético. De ahí el título, y el significativo subtítulo: Biografía de amor. El poeta se sitúa a distancia de la experiencia y contempla su pasado en transparencias. Contrario a los versos que viven y sufren, en este predomina el arte mayor endecasílabo. Garcilasiano a veces, evoca cuadernos previos o los intertextualiza, como los ¨miércoles" que se refieren a la experiencia de Domingo, lunes y martes, antes mencionado, y las "cuerdas" y las "flautas", se enhebran a los otros cuadernos previos. Más aire clásico, a soneto, a siglo de oro, a pesimismo barroco, más quevedesco al fin que garcilaso. Algunos poemas breves resultan instantáneas más nombradas que predicadas. Cuando rompe el estilo, apostrofa, interpela directamente a una de sus flores amorosas, y, pudoroso, escribe el poema entero entre paréntesis. El conjunto parece haber superado la dialéctica de abismos, en reposo al fin; una oportunidad en ocio de recapitular en sosiego. Por eso la altura reflexiva. Las "azucenas" es un lance hacia San Juan, aquel hermoso final de la Subida al Monte Carmelo:
"dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado".
A lo mejor es doble nuestro sueño (1995) es una antología, trozos de un libro mayor. Comienza con el poema "III", de Domingo, lunes y martes... Como toda antología --con algunos inéditos-- el todo resulta ecléctico, desigual. Aunque el autor ha dejado de lado otros opúsculos, como Para tocar la música de tu amor (1988) --libro en el que se enaltece el sentir religioso-- y los once sonetos de De la maternidad (inédito), Rodríguez Nietzsche regresa a los embelesos de una poesía de amor celebratoria en Para volar los azules de tu aire (también inédito). Es éste un extenso conjunto al estilo del Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández o del Cancionero de Miguel de Unamuno. Todo un mundo, vasto, minucioso, diario de un amor vivido, latido y página en proceso, involucrador, confidente. Los treinta años de pasiones y agonías se reciclan aquí en otra altura, en una palabra desteñida más aún de adherencias anecdóticas y concesiones al lenguaje de época, en una palabra más suya, hermética de los referentes que la concretan en versos, abierta a la promiscuidad de sus sugerencias y probabilidades.
Como en la poesía de Rodríguez Niezsche, la plástica de Roberto Fabelo (1950) que la acompaña descubre como el amor talla su impronta camaleónica en el rostro del que ama. Apenas un puñado del total de obras de Fabelo que esconden sus sorpresas entre estas páginas, fueron concebidas y creadas al calor del estímulo directo de este proyecto editorial. Sin embargo, imposible negar diálogos ocultos, porque entre Vicente Rodríguez Nietzsche y Roberto Fabelo una larga y estrecha amistad se ha abonado, echando raíces y ramas en el tiempo paralelas al obrar creador incesante de ambos. Por eso no puede extrañarnos que en la poesía de Rodríguez Nietzsche, como en la plástica de Fabelo, el amor sea inconcebible sin el juego inédito de los cuerpos, sin la comunicación de las intimidades impudorosas, sin la anormalidad gozosa de lo que nace espontáneo y sin dueño, sin la sexualidad inescrupulosa que se apareja a los duendes que emergen de las sombras cuando las emociones fuertes verdaderas detonan sus luces. En ese Fabelo, pintor cubano de realidad alucinante, del encantamiento maravilloso que edita esta nueva versión de realismos mágicos, la metáfora se concretiza en trazos, cobra vida entre aves y mariscos, ala y escama resbaladizas. Como si los rostros emocionados tuvieran atributos insospechados, extraños, que rompen los sistemas, y que, no obstante, encuentran en el erotismo puente, salvación, salmo. Como si el erotismo incursionara en lo extraño y concretara duendes, y como si entre los duendes que en verdad habitan las experiencias auténticas de la vida, e imbuido en el misterio, el hombre se angelizara.
La prolongada incursión de Vicente Rodríguez Nietzsche en la poesía amorosa evidencia un modo de existir, una necesidad imperiosa, una infranqueble ley centrípeta, una fuerza de gravedad harto demostrada, que ata de este modo a nuestro poeta con la vida. Verso y vida en este peregrinaje penitente e impenitente se funden para hacer de la vida de Rodríguez Nietzsche un transcurrir perdido entre renglones de versos, y para hacer de sus versos un palpitar de vida, recio lance al vacío como una piedra lanzada por la honda de David. El salmista cantó orando, toda una vida, versículos tejidos entre delirios apasionados y ternura tensa. Y como un insaciable Fausto, Fausto incorregible, Fausto indescarrilable, vivir para amar, amar para cantar, cantar para vivir, y viceversa, ¡y ser salvado por ello!, ¡salvado precisamente por su amor, su "eterno femenino"! Esto es la poesía vivida desde adentro, vivida en honradez, auténticamente, como un salmo redentor, un salmo de faustos, un salmo de Vicente Rodríguez Nietzsche, afortunado, fausto.


Marcos Reyes Dávila
¡Albizu seas!
*Prólogo a su libro: “Que canten en verdad lo que te quiero”, 1999

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Premio Internacional de Poesía Vicente Rodríguez Nietzsche




BASES DEL CERTAMEN

1. Podrá concursar todo y toda poeta que lo desee, sin importar su nacionalidad, siempre que sus obras se presenten en español.

2. Cada participante presentará un (y solo uno) conjunto de poemas de no más de 300 �versos de tema libre en total. La participación con más de un conjunto de poemas o mayor �extensión conllevará la descalificación de él o la participante.

3. Todos los poemas serán originales e inéditos, escritos en lengua española que no hayan participado en otros certámenes.

4. El o la participante deberá certificar por escrito que la obra presentada es inédita y que no ha sido premiada en otros certámenes o concursos, declaración que estará incluida en el archivo de datos personales del participante.

5. Los poemas estarán escritos en letra Arial o Times New Roman, tamaño 12 a doble espacio.�

6. Los poemas se enviarán mediante correo electrónico a la dirección:

premiovrn@yahoo.com

7. El asunto del correo dirá claramente PREMIO VICENTE RODRÍGUEZ-NIETZSCHE

8. El correo contendrá dos archivos distintos y separados.

9. El primer archivo llevará como título el seudónimo del autor o autora y al abrirse deben aparecer los poemas concursantes con sus respectivos títulos y el seudónimo con el que participa. No podrán usarse seudónimos previamente utilizados en otros certámenes o concursos.

10. El segundo archivo llevará como título el seudónimo de el o la participante y la palabra Autor o Autora, según aplique. Al abrirse deben aparecer los siguientes datos:

Nombre del poeta y
Dirección física
Número telefónico
Datos biográficos resumidos

En este mismo archivo se adjuntará la carta certificando que la obra es inédita y que no ha sido premiada en otros certámenes o concursos.

11. La fecha límite para el envío de obras será el 30 de noviembre de 2016.

12. Se concederá un solo premio. Si el o la poeta a quien se le adjudique el premio viviera fuera de Puerto Rico se le notificará vía correo electrónico tan pronto el Jurado emita su fallo pero sin derecho a divulgar la noticia hasta la lectura del Laudo. En caso de vivir en Puerto Rico será notificado en la Ceremonia del Laudo.

13. El Premio consistirá de una placa que llevará el nombre del o la poeta a quien se le adjudica el premio y la distinción de haber ganado el Premio Vicente Rodríguez Nietzsche. Asimismo, el o la poeta premiada podrá optar por participar del Noveno Festival Internacional de Poesía, bajo las mismas condiciones que los y las poetas del exterior. Esto es, que se le ofrece hospedaje, comidas y transportación terrestre, no así la transportación aérea, en caso de vivir fuera de Puerto Rico.

14. La obra premiada podrá ser publicada de forma virtual o impresa, en una colección que reunirá una muestra de la obra de los poetas participantes del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico.

15. El Laudo se llevará a cabo en el contexto del Noveno Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico del 27 de marzo al 01 de abril de 2017.

16. El participar en este Certamen implica que la obra premiada así como el nombre del autor o de la autora pueden ser utilizados para propósitos promocionales y o publicarse en aquellos medios de comunicación escrita o electrónica que el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico (FIPPR) estime pertinente.

17. Se honrarán los derechos de autor de los participantes.

18. El jurado estará compuesto por poetas de reconocida trayectoria. No se revelarán los nombres hasta el día del Laudo.

19.El jurado podrá declarar desierto el Premio, así como descalificar cualquier participación en la que, a su entender, se haya incurrido en plagio o faltado a las reglas aquí expuestas.

20. No podrán concursar los miembros de la Junta del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, el Jurado, ni las personas relacionadas con la coordinación de este Premio ni sus familiares.

21.El simple hecho de enviar trabajos a este certamen supone la aceptación de todas y cada una de sus bases. El incumplimiento de cualquiera de las reglas aquí expresadas será motivo para la descalificación automática del trabajo sometido.

martes, 6 de octubre de 2015

El Premio de Poesía Vicente Rodríguez Nietzsche



El “Premio de Poesía 
     Vicente Rodríguez Nietzsche” 
                                   del FIPPR


La Junta de Directores del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico
(FIPPR) decidió recientemente rebautizar su Premio de Poesía –producto de un certamen internacional que realiza cada año para poemas en español–  con el nombre de Vicente Rodríguez Nietzsche.
    De conformidad con el hecho, el Premio de Poesía “Vicente Rodríguez Nietzsche” se instaurará el jueves 15 de octubre, a las siete de la noche, en el Ateneo Puertorriqueño. Para ello, el FIPPR ha invitado al hermano poeta de la hermana República Dominicana, Premio Nacional de Poesía, Mateo Morrison, como orador principal. 
    No es ni contradicción ni menoscabo decir que el reconocimiento a Rodríguez Nietzsche no pretende señalarlo como el mejor poeta de los últimos cincuenta años. No es siquiera menoscabo ni contradicción afirmar que Nietzsche no es tampoco el mayor poeta del grupo Guajana. Si miramos a los poetas que incluye tanto el grupo como la generación, y las obras de tan alto grado y excelencia como las que hay en todo su haber, nadie puede determinar al margen de incertidumbres e imponderables quién es ese mejor poeta.
    Por otra parte, alguien podría argüir, con razón, que sembrados justo en el año del centenario de Francisco Matos Paoli, lo propio fuera ponerle su nombre al premio. De seguro no faltará quien sostenga que Julia de Burgos lo merece más, por ser poeta mujer, marginada y subestimada invariablemente por su sexo, y, sobre todo, por haber demostrado, tras un centenario extraordinario, estar anidada en el corazón de los puertorriqueños. Otros, más clásicos quizás, preferirán a “cenitales” como Luis Palés Matos, Juan Antonio Corretjer, Luis Llorens Torres. La lista podría extenderse.
    No obstante, según lo entendemos, la Junta de Directores seleccionó a Vicente para este honor por varias posibles razones, o por la suma de algunas de ellas.
    En primer lugar, el premio que se instituye ahora existe desde hace varios años con el nombre de Premio Guajana de Poesía, es decir, desde mucho antes de los centenarios mencionados.
    En segundo lugar, Vicente Rodríguez Nietzsche fue el presidente fundador del FIPPR.
    En tercer lugar, Vicente posee una trayectoria literaria de más de medio siglo que se ha proyectado internacionalmente como lo han logrado pocos poetas
puertorriqueños.
    En cuarto lugar, Vicente ha sido, siempre, el portavoz y capitán del grupo Guajana.  La revista y sus autores constituyeron el núcleo de lo que la crítica ha llamado “generación del 60". Esa generación impactó el quehacer literario en Puerto Rico, con su militancia y de manera tan rotunda, que sus efectos se sintieron a lo largo de varias décadas y generaciones.
    En quinto lugar, Vicente es, sin duda, uno de los poetas más representativos y excelentes de su generación, y el representante más visible del grupo Guajana.
    Pero Vicente representa, además, quizás mejor que todos, un valor particular imponderable, estrechamente vinculado con su trayectoria literaria. Me refiero, específicamente, a lo siguiente. Una generación de escritores, como lo es la del 60, la constituye un grupo cohesivo, unido, de camaradas. Es en ese sentido que la figura de Vicente es insoslayable. Vicente ha sido toda su vida, a pesar de su militancia y compromiso, un símbolo de unidad, de consenso, de diálogo y entendimiento, no solo entre los poetas de su grupo y de su generación, sino con las generaciones sucesivas. Su poesía revolucionaria nunca logra desentonar la “musical costura” de sus “flautas”.
    La Junta de Directores del FIPPR le debe a Vicente esa piedra fundamental de su constitución. Ese invaluable legado. Enhorabuena.



Marcos Reyes Dávila   

¡Albizu seas!

viernes, 28 de enero de 2011

Poetas proclaman estudiantes poema mayor


.
Poetas proclaman estudiantes 

el poema mayor de la nación
con una ovación


Mientras fuera del Colegio de Abogados de Puerto Rico se reunía un grupo de estudiantes que procuraba ayuda legal para los arrestados por desobediencia civil en la tarde de ayer, jueves 27 de enero de 2011, en un salón de actos del segundo piso se reunía una gran cantidad de poetas puertorriqueños con ocasión de la presentación del libro publicado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela titulado “Poesía de Puerto Rico: Cinco décadas (1950-2000).

En el salón atestado de público, exhorté a eludir por un momento el tribalista ñam-ñam palesiano que nos caracteriza para rendir un homenaje de solidaridad a los estudiantes que luchan heroicamente, a solo unos pasos de distancia, por una universidad pública y autónoma, por la libertad de expresión, por la libertad ciudadana, por barrer la práctica fascista en el uso del poder público contra miles de ciudadanos.

Ellos constituyen, dije, el más hermoso poema puertorriqueño del siglo XXI. Acto seguido, los poetas de Puerto Rico, de cinco generaciones le rindieron una ovación a nuestra juventud. La sangre, el sudor, el esfuerzo, la tenacidad, la voluntad, la abnegación, la bravura, el valor y sacrificio, en suma, de los estudiantes conmovían una vez más a los poetas mayores del país.

Otra ovación se le ofreció, a petición de Julio César Pol –poeta de la generación más joven– al artífice incansable de esta magna obra, el Capitán de la generación del sesenta, el portavoz perpetuo del grupo Guajana, Vicente Rodríguez Nietzsche, ausente por motivos de salud. Nietzsche, desde el refugio de una cama en la Unidad de Intensivo, le pidió a sus amigos y colaboradores la presentación de un libro que le costó hacer realidad un enorme esfuerzo. La presentación se realizó, además, en saludo al Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico que habrá de realizar en marzo una nueva edición.

Grandiosa resultó la actividad por el numeroso público presente, y la atmósfera de solidaridad, camaradería y poesía que prevaleció inmaculada hasta el final.





Marcos 
Reyes
Dávila

domingo, 14 de febrero de 2010

Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico

A propósito del
Festival Internacional de Poesía 

en Puerto Rico

Poesía:
en la luz veremos tu luz

           “En tu luz veremos la luz.”
                     Ernesto Cardenal    


Ernesto Cardenal lo toma de los almos salmos:
         “En tu luz veremos la luz”.
Pero yo prefiero por hoy hallar en los versos de Consuelo Tomás, del Libro de las propensiones, ese eco colorido de la luz que me trae la vida de vuelta cada día:
           “Me he estrellado contra el cielo esta mañana.” 
Y hallo la palabra, plena y viva, en la luz de la poesía, único sentido que nos da la vida que permite, más allá del color y del olor, del olfato y del gusto, del gusto y del equilibro, revelar esa nueva realidad de lo que nos sobrecoge.
    Decía uno de los más grandes de los poetas de la lengua española, San Juan de la Cruz:
             “Que bien sé yo la fonte que mana y corre, 
                aunque es de noche”,
porque la poesía, como el “dios deseado y deseante” de Jiménez, es un caudal infinito, semioculto y transparente, cuyas aguas vienen corriendo desde los orígenes del ser humano y, pura pasión, como la poesía de Miguel Hernández, mana y corre, y no termina nunca.
        Tiene la poesía, entre las casas editoriales, fama de cenicienta desvalida. Pero no hay género que se cultive más ni que goce del respeto de las grandes multitudes. Los burócratas del presupuesto la creen inútil, olvidando aquellas palabras que José Martí escribiera a propósito de Walt Whitman:
    “Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida.”
    Mas, la vida, como dijo el Pablo, busca siempre la libertad de todos, el pleno desarrollo de todos, el bien de todos, porque si no es así, «cantaría en vano».
    Enrolada en esa rosa náutica del poeta cubano,  se celebró en marzo de 2008 la primera edición del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico (FIPPR) organizada por un grupo de compañeros que encabezó el capitán de la generación de poetas del sesenta y director-editor de la legendaria revista de poesía Guajana, Vicente Rodríguez Nietzsche. Incorporada su Junta Directiva, y reglamentada, el grupo celebró en octubre de 2009 una segunda edición bajo la presidencia, esta vez, de Wenceslao Serra Deliz. La primera edición el festival se le dedicó a Juan Antonio Corretjer y a Francisco Matos Paoli. La segunda edición se le dedicó a Vicente Rodríguez Nietzsche.   
       En marzo de 2008, catorce poetas invitados de toda Centroamérica y las Antillas aunaron sus voces a un amplio coro de poetas puertorriqueños, para llevar a numerosas regiones del país la palabra que llama, y a un público diverso de centenares de poetas, estudiantes, profesores y, especialmente, la gente de nuestras comunidades.
    Este año, otro grupo semejante de poetas (15) provenientes de toda Nuestra América y de España, se unió a cerca de un centenar de poetas puertorriqueños para regar, como semilla, una palabra que anuncia un nuevo porvenir americano en medio de las celebraciones de la Emancipación de una América Nuestra que, por otra parte, también nos llama.
    Quien escribe, editor de esta revista, participó en la organización de ambos festivales y se desempeñó como vice presidente del segundo consciente de la magnitud y la importancia de un evento cultural de esta categoría, que tiene entre sus objetivos, en primer lugar, la búsqueda de un espacio permanente en el cual converjan solidariamente los mejores talentos poéticos de todas las latitudes; en segundo lugar, sentar las bases para un intercambio literario y cultural sostenido; y asimismo, en tercer lugar, incentivar y fortalecer los valores estéticos como uno de los pilares de la vida comunitaria y como instrumento indispensable de la vida ética, la libertad y la plenitud del desarrollo humano.
    Para quien acudió a su llamado de más allá de las aguas del Caribe, se trataba de acudir a una isla despojada de su alma, cuyo puerto y capital se llama San Juan, la ciudad amurallada y multicentenaria en cuyos lares adoquinados anidó por unos días la palabra de fuego de la poesía que es ofrenda de luz. Los países todos de la América Nuestra conmemoran en estos años el bicentenario de sus luchas por la libertad, es decir, de independencia. Puerto Rico, sumido en una de las crisis más graves de su historia, está al margen de la efeméride que hermana una veintena de pueblos. En nuestras manos, en la palma de todas nuestras manos, está escrito el futuro de la patria puertorriqueña. Y de igual modo, el futuro de este festival que pide que lo trabajen. No olvidemos que es el trabajo, y nunca el desempleo, el instrumento que forja todo tipo de riqueza.
    Ambos festivales fueron exitosos en todo sentido. Llevaron la poesía por todo el país y a un público diverso de miles de personas. La segunda edición, celebró sesiones simultáneas en la Universidad de Puerto Rico, ya fuera en Río Piedras, Humacao, Bayamón, Utuado, Cayey, o Carolina, en la Universidad InterA-mericana en Cupey y en Barranquitas, en la American University de Manatí, en la Universidad Metropolitana y la del Turabo, en la Universidad Católica de Ponce, en escuelas superiores de San Lorenzo, en los municipios de San Juan, Caguas, Cayey, Vega Alta, Utuado, Carolina, Hatillo, Toa Baja, Dorado, Manatí, en la Casa de España y en la Fundación Nilita Vientós Gastón. El cierre se efectuó en la Plaza de Recreo de Mayagüez. Incluso los estudiantes de la Universidad de California en Fullerton de la narradora puertorriqueña Lydia Vélez, participaron con el análisis de un poema de Vicente Rodríguez Nietzsche.
    Aparte de los recitales, celebró coloquios, entrevistas y programas de radio, un foro sobre la poesía de Miguel Hernández a propósito del centenario de su natalicio, y otro sobre creación estética en el Seminario Federico de Onís en Río Piedras. La primera edición incluyó un taller de poesía con los niños de Cantera; la segunda, abrió también una sesión para poetas jóvenes o noveles.
    Alrededor de 80 poetas boricuas se sumaron, en la segunda edición, a los poetas del extranjero, concretamente, de Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Paraguay, Perú, México, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela, Panamá, Honduras y de Islas Canarias, España. Estos poetas fueron seleccionados cuidadosamente para garantizar la calidad de los mismos. Gran parte de ellos son poetas con una obra abundante, premiada nacional e internacionalmente, y varios distinguidos como “profesor emérito” en su respectiva universidad
    Una lección cabe inferir: a pesar de la crisis fiscal del país y del caldeado ambiente político y laboral, a pesar de los recortes, a pesar del desmantelamiento del Instituto de Cultura, a pesar de la censura, se logró montar un enorme festival de poesía con participación de poetas de esos pueblos hermanos porque fue ésa la voluntad de este pueblo y porque así lo deseó mucha gente que colaboró y aunó sus escasos recursos. En el programa aparece una larga lista de auspiciadores –encabezada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Universidad InterAmericana, Recinto Metropolitano, y el Municipio de Mayagüez– y otra de colaboradores que bien podría duplicarse en realidad. Dentro del contexto de entusiasmo y endoso casi unánimes, sorprendieron solamente los intentos de boicotear la actividad por parte de la presidenta del PEN Club de Puerto Rico. Derrotada por el caudal de apoyo y entusiasmo, se presentó, sin embargo alguno, en la clausura para celebrar la presencia de los que no respondieron su llamado al boicot. En lugar de ello, los poetas le dieron una lección al suscribir, a petición de Ricardo Alegría, un endoso a su petición para el ingreso de Puerto Rico en la Unesco.   
    La poesía, flor de lumbre, fuego y luz que augura la mañana, nunca nunca canta en vano.
Del equipaje de libros de los poetas invitados del extranjero escuchamos estas voces hemisféricas –a veces de selva, o de cumbres y lagos, a veces llenas de aires atlánticos, a veces palabra filtrada por la piedra precolombina, y otras veces, vislumbre, sorpresa, solidaridad, amor, o simplemente, queja– que flotan sobre las aguas, sobre el barro, sobre el aire, sobre el fuego, sobre la luz y la transparencia.
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