Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de mayo de 2015

Memoria de Comala


.
Memoria de Comala

                                           “Así empieza lo malo.”
                                                          Javier Marías   

.
1. T
e equivocaste, Jorge
en tus coplas

por la muerte de tu padre
No somos el río
que va a dar a la mar
sino solo un barquito
en el inmenso río
Una ola sola
que
sobre la arena  
sube y se derrota
El relámpago fugaz
que impugna la noche
Una nube roja del alba
Es decir, solo un ademán

Quizás somos
la foto de un recuerdo
que se esfuma
en el álbum ingrato

y agraz de la memoria
O un dolor perdido
en la gaveta de tereques
O el júbilo de olvidarme
en la marea de tu vientre
Igual que una llave
que se halla
olvidada ya la puerta que guardaba
Quizás somos tan solo
los fantasmas del pueblo de Comala

 .

2. “Así empieza lo malo
y lo peor queda atrás”
dice Marías con Shakespeare
apuntando con la pluma de su dedo
a la bruma de los días despejados
Y es cierto

Es muy cierto
Todo dolor
y todo júbilo
se queda callado y encayado

en los resquicios de piedra
de la memoria
Todo lo vivido
se recuerda como se puede
se quiere o se quisiera
pero siempre fijado
en su tiempo y en su lugar
Allí se queda
como esa mano o esos ojos
angustiados
pero perdidos
en el fondo milenario
de una cueva
Allí se diluye
según los pasos nos alejan

y el tiempo mana
Allí se difumina y se borra
Se atenúa
y se pierde
Y sin embargo...
Hay también caídas erguidas
como hay besos perennes
Erguidas y perennes
como las columnas
de un partenón tenaz
Caídas y besos
que traspasan el tiempo

y el espacio
–la vida entera–
como esta flecha
–de luz y sangre– 
que atraviesa el pecho
con sorpresa
Así lo recuperó Gabriel
el día que regresó a Macondo
en el tren
Y es que hasta Comala arde
de fiesta algunas tardes.



Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!


viernes, 22 de mayo de 2015

Así empieza lo malo de Javier Marías



Así empieza lo malo 
       de Javier Marías

Javier Marías: “Así empieza lo malo”. México: Alfaguara, 2014, 534 págs.

    Un querido amigo, andaluz puertorriqueño, me recomendó con mucho entusiasmo las novelas de Javier Marías. Así emplazado, me embarqué primero en la lectura de “Así empieza lo malo”. Ignoro si esta novela caracteriza el lenguaje de Marías. La nota de presentación refiere los innumerables premios recibidos por Marías por una obra principalmente novelística y de muchos títulos.
    Admito que empezó con lo bueno, no con lo malo. Los primeros segmentos me recordaron a Saramago, pero españolizado y quizás más ameno. Me atraparon. Un tal Juan de Veres narra la historia, según la recuerda. Se refiere a sucesos ocurridos en su juventud al inicio de la época posfranquista. La trama no encadena un torbellino de sucesos sociopolíticos que involucren a una comunidad de personajes, sino que parece reducirse a un conflicto de naturaleza íntima, de pareja, de su jefe, Muriel, un cineasta, atrapado, con una mujer que no puede perdonar, en un país, católico, en el que no está legalizado el divorcio.
    Dije “parece” porque poco a poco la novela expande, aquí y allá, sus aristas hacia atrás, a la guerra civil y su secuela de dictadura. Ya muy adelantada la lectura notamos con sorpresa cómo Marías novela un aspecto marginal, colateral, de esa terrible historia de la posguerra. De modo que la novela se retrotrae y luego se proyecta mucho más allá de su tiempo de base.
    Marías pudo construir una novela mucho más reducida, más de la mitad, sino dependiera la narración de la exposición de las infinitas posibilidades que cada paso dado presenta. Además se redeleita en exceso con películas y actores que pocos de sus lectores conocerán. En esa indagación de las infinitas posibilidades está parte del atractivo del novelar de Marías, pero también parte de un peso en alguna medida superfluo.
    El título de la novela parte de una expresión de Shakespeare: “Así empieza lo malo y lo peor quedó atrás” (393). Se refiere a que nos ocurren cosas que inicialmente tomamos como explosivas, tanto en mal sentido como en el bueno, pero que con el tiempo se atenúan y se borran. Según el narrador, “la verdad” “tiene un lugar y en él se queda; y tiene un tiempo y en él se queda también. Se queda encerrada en ellos y no hay forma de reabrirlos” (34). “Solo nos restan tanteos y aproximaciones”, añade.
    Para mí fue novedoso el particular enfoque que se hace sobre ciertas secuelas de la guerra civil que se proyectaron no solo hacia los años 80, tiempo en el que se ubica la historia, sino hasta nuestros días, con todo ese afán de desenterrar muertos de hace 75 años. Marías desenmascara indignaciones y falsas inocencias. Entre el atractivo comenzar y el sorpresivo final, y entre el debate de unos valores de época entre los mayores y los jóvenes, en gran medida sexuales, la novela se deja disfrutar.

 Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!


 
Related Posts with Thumbnails