miércoles, 15 de diciembre de 2010

En la UPR se lucha el futuro del país

 
En la UPR se lucha el futuro del país

 
El Supremo desacredita la UPR


Las asambleas estudiantiles que se celebran en los recintos siguen enfocadas en el problema de la cuota, del mismo modo que los profesores se enfocan aún en la alegada crisis fiscal –más provocada con intención que verdadera–.

Olvidan que una cosa es la crisis para el sector estudiantil y otra la tormenta venenosa que sufre la facultad universitaria que ve atropellada la autonomía, la participación docente, las actividades educativas, e incluso, la libertad de cátedra.

La prensa cree que hay un solo conflicto en la universidad, y que los profesores y los no docentes solamente apoyan los reclamos estudiantiles respecto a la cuota, y ahí se acaba el conflicto. Es necesario hacer que se entienda que los docentes tenemos nuestros propios motivos de lucha y nuestras propias demandas. 

Se olvida que la decisión del Tribunal Supremo declarando a la UPR como un foro público “por designación” le permite al Estado restringir la libertad de expresión en las universidades. Un foro público “por designación” es un foro “no público” en realidad, en el cual puede el Estado abrir un espacio para la actividad expresiva. Puede, pero no tiene. La Universidad es en virtud de esta determinación menos que un foro público tradicional, como lo son las calles y las plazas, donde la restricción a la expresión pública es más difícil, pero puede ser, y con frecuencia es, reglamentada y limitada.

La situación absurda de declarar una universidad un foro público por designación niega el caracter especial y único de los espacios universitarios donde el debate es instrumento medular de su quehacer, incluso, su vida misma.

El problema es que la decisión del Supremo es el marco legal actual de la UPR, de modo que cualquier reforma a la ley universitaria, o cualquiera nueva ley que se esté gestando, se construirá dentro de los parámetros fijados por el Supremo porque no puede legislarse en contra de lo dispuesto por el caucus del tribunal.

Si la Middle States rechaza la intromisión política en las universidades y sentencia que en las universidades ha de prevalecer “la exposición libre y plena a la información y a las ideas”, entonces el Tribunal Supremo y el gobernador Fortuño, que como lo vió ayer claramente la prensa del país, rige directamente desde el palacio de gobierno a la universidad, han desacreditado a la UPR disparándole un tiro a su corazón.

En la Universidad de Puerto Rico se da, hoy por hoy, la batalla por el futuro del país, pues lo que ocurre en ella es parte crucial del proyecto neoliberal –de clara tendencia fascista–  que comenzó desarticulando el Colegio Abogados y continuó destrozando la legislación laboral y los derechos adquiridos de los trabajadores todos del país.

Como enfrentamos, todos, una práctica fascista y antidemocrática en el gobierno, el diálogo sólo consigue un efecto francamente nimio. El fascismo sólo lo detiene la fuerza. Y esa fuerza sólo logrará articularla la unión de todos los sectores detrás de un frente unido. APPU y CONAPU están por fortuna, actuando de manera coordinada. Pero el Claustro de los once recintos necesita un poco más: un instrumento verdaderamente unido que lo represente.       

 




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