lunes, 15 de octubre de 2012

UASD celebra Cincuentenario de GUAJANA

La Universidad Autónoma de Santo Domingo celebra el Cincuentenario de 
GUAJANA

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE SANTO DOMINGO
Y
FUNDACION ESPACIOS CULTURALES

SEMANA DE LA POESÍA
PROGRAMA


LUNES 15 DE OCTUBRE
6:00P.M.                   Inauguración de la Semana de la Poesía         
Homenaje al poeta Víctor Villegas. Conversatorio acerca de su vida y obra. Expositores: Tony Raful, Ángela Hernández, Federico Jóvine, Miguel Antonio Jiménez y Plinio Chahín. Participación de la Tertulia de Cacibajagua
Lugar: Colegio Dominicano de Artistas Plásticos

MARTES 16 DE OCTUBRE
10:00A.M.       Visita a la tumba del poeta Manuel del Cabral y lectura de poemas. Participación de poetas de diversas generaciones. Palabras de Alejandro Cabral en representación de la familia y del poeta Rafael Nino Feliz. Participación del Taller Literario Manuel del Cabral.

MIERCOLES 17 DE OCTUBRE
11:00A.M.       Recibimiento a los poetas puertorriqueños integrantes del Grupo Guajana, Wenceslao Serra, Marcos Rodríguez Fresse, Carlos Noriega, Marcos Reyes Dávila y Edgardo López Ferrer.
Lugar: Aeropuerto Internacional de Las Américas
6:00P.M.         Recital del Grupo Guajana a propósito de los 50 años de su fundación. Palabras del poeta puertorriqueño Edgardo López Ferrer. Este acto será presidido por el Rector Magnífico Mateo Aquino Febrillet, Vicerrector de Extensión Francisco Terrero Galarza, el Decano de la Facultad de Humanidades Rafael Morla de la Cruz, y el Director de Cultura Dagoberto Tejeda. Participación artística grupos de la UASD.
                        Lugar: Auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales

JUEVES 18 DE OCTUBRE
10:00A.M.       Visita tumba de Jacques Viau Renaud. Palabras del poeta Marcos Rodríguez Fresse y del escritor Antonio Lockward.
11:00A.M.       Lectura de poesía en homenaje al poeta Juan Sánchez Lamouth en el Liceo Ramón Emilio Jiménez de Los Mina. Palabras del poeta puertorriqueño Wenceslao Serra.
5:00P.M.         Ofrenda floral y recital poético en homenaje a los poetas de la UASD frente a la tarja con sus nombres. Participación de los poetas puertorriqueños y dominicanos. Palabras centrales a cargo del Decano de la Facultad de Humanidades, Rafael Morla de la Cruz. Palabras de Carlos Noriega del Grupo Guajana.
8:00P.M.         Encuentro poetas de Guajana con jóvenes poetas dominicanos. Coordina Taller Litervolución. Club Universitario de la UASD, Güibia.

VIERNES 19 DE OCTUBRE
9:30A.M.         Caminata desde el Altar de la Patria hasta el Panteón de la Patria
10:00A.M.       Ofrenda floral en las tumbas de Salomé Ureña y Eugenio María de Hostos. Palabras de José Mármol y de Marcos Reyes Dávila.
                        Lugar: Panteón de la Patria
11:30A.M.       Presentación de los poetas puertorriqueños en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Palabras centrales del Director de la Biblioteca, Dr. Diómedes Núñez Polanco y de Mateo Morrison, presidente de la Fundación Espacios Culturales
5:00P.M.         Recital de los poetas puertorriqueños y dominicanos en el Centro Universitario Regional de Bonao. 

SABADO 20 DE OCTUBRE
4:00P.M.         Visita a la tumba del poeta Pedro Mir. Lectura de poemas de poetas de varias generaciones.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Las presencias sibilinas





         Las presencias sibilinas

                                                                                                     Para Hilda


Me habitan presencias sigilosas
de ríos profundos
sibilinos
Desnudas como el agua
me asaltan las presencias desde niño
como un afán ungido
o un deseo signado
A veces es el recuerdo de un mar
–otro mar de ayeres olvidados
Los grandes barcos de madera
en puertos de contrabando
    Recuerdo también
un país con olor a tabaco
la calle alfombrada de caña,
y el viento perezoso
de la tarde entre las ramas
    Me enredo en el tejido de piedra
de los alminares España
esa que lleva
repleta de espacio la mirada
caricias en la piedra
aguas dulces en La Alhambra
muros húmedos en Ávila
y un Juan Ramón herido
bajo la lluvia de la tarde
en Salamanca
    La internacional me abraza
desde adentro en la guitarra
y los ríos y los puentes
el tren entre los bosques y los pinos
y el sóviet donde Lenin se levanta
   Me obsede el onix 
la obsidiana
la torre en la campana
la luz entre los pinos verdes
y el claustro de Sor Juana
Los volcanes y los lagos
las alpacas y la isla negra
el tren trasandino
y el cuzco transparente
y sibilino

en la montaña
    Pero la presencia constante
y más fuerte

llega como un pájaro que habla
en los jardines de tus manos
como un zumbador alegre
que sobrevive
inexplicablemente
mil y una noches
al sol
cada mañana.






Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

viernes, 5 de octubre de 2012

El alegado fin de la guerra fría y el socialismo real

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El alegado fin 
de la guerra fría 
y el socialismo real

Una de las más terribles herencias del régimen soviético que adulteró Stalin
fue la imagen del Socialismo como un régimen autoritario, ateo, represivo, sin corazón. Trotsky mismo lo anticipó en fecha temprana cuando se esforzó, al lado de Lenin, por frenar la burocratización de la revolución de 1917. La burocratización fue una de las herramientas fundamentales utilizada por Stalin para construir ese estado sin alma, la antítesis misma de la utopía revolucionaria que movió al partido bolchevique a tomar el poder.
 
    Lenin creó, cierto es, un partido centralizado, compuesto por miembros educados y entrenados en el marxismo para dirigir la fuerza revolucionaria de la clase obrera cuando ésta se desatara y evitar los errores y los peligros de retroceso a la restauración del sistema zarista. Pero él mismo advertía que la revolución no podía ser impuesta sobre la mayoría, de manera que instrumentó un sistema complejo que si bien, por una parte, imponía la autoridad desde arriba, por el otro, esa autoridad emanaba desde abajo a través de numerosos comités de trabajadores y de campesinos dispersos por todas partes.
 
    La “dictadura del proletariado” no se parece en nada a la dictadura unipersonal de un yo-supremo. Es una dictadura de clase –no personal– en cuyo seno se practica la democracia. Lenin decía que “no se toma nunca una decisión acertada sin antes haber sobrevivido a una batalla contra el error” 
 (A. Brien, “Lenin”, 580.) En una ocasión le comentó a un coronel de Estados Unidos:
 
    “Dudo que ningún otro dictador, en toda la historia, haya sido tan votado y tantas veces. No puedo hacer cumplir ninguna decisión que no haya sido ratificada por mis colegas. Debo tener detrás de mí la mayoría del Comité Central del Partido, del Comité Ejecutivo Central del Congreso Estatal de los Soviets, del Consejo de Comisarios del Pueblo, de los comités centrales del partido de la mayoría de las ciudades y de los soviets ciudadanos” (Ibid, 533). En infinidad de ocasiones se le cuestionó severamente y perdió las votaciones. No empece perder muchas batallas, ganó casi todas sus guerras sin crear una facción dentro del partido ni exigir lealtades a su persona.
 
    Sin embargo, no es extraño escuchar las voces que hablan, de espalda a la realidad, del fin de la “guerra fría”, como si el socialismo hubiera desaparecido del planeta con la desintegración de la Unión Soviética. Se diría que los graves conflictos que se viven en el medio oriente no contaran con este ingrediente, y que gran parte de la humanidad no viviera hoy día bajo sistemas socialistas. (No me hago de ilusiones: ni el Partido Socialista Obrero Español, ni el partido socialista francés, hoy en el poder, son en verdad partidos socialistas.)
 
    Trosky formuló también la idea de que del mismo modo que la burguesía creó diversas formas de gobierno y sufrió restauraciones y retrocesos, el estado obrero se vería forzado a crear diversos modelos ensayando sobre la práctica. Es imposible ignorar, respecto a la revolución leninista, que se dio en un estado semifeudal, con una clase obrera débil, y en medio de una guerra mundial imperialista que acosó salvajemente la revolución rusa, y que creó, para destruirla, el estado fascista, dando origen a una segunda guerra mundial. Por otra parte, ¿no sobreviven en pleno siglo XXI , y en muchos países, instituciones políticas casi medievales, aristócraticas, monárquicas, o sencillamente fundamentalistas?  
 
    ¿Qué ocurre hoy día en el mediano oriente? ¿De qué se trata la atroz destrucción del estado de Irak, de Libia, del Líbano, de Afganistán, de Palestina? ¿Qué ocurre hoy en Siria si no es el ataque de la jauría de perros de la OTAN imperialista? ¿Qué se cierne sobre el futuro de Irán? ¿Qué ocurrió en Honduras? ¿Qué pasa con Cuba?
 
    Algunos ingenuos piensan que Cuba es una dictadura que debe abrirse de conformidad a los modelos “democráticos” occidentales para que partidos como el de Rajoy en España tengan la oportunidad de restaurar la explotación capitalista y la oligarquía de empresaurios sin patria. No hay cabida en ninguno de esos países occidentales para nada que no sea la explotación neoliberal de las grandes mayorías, la restauración del capitalismo salvaje, la eliminación de las conquistas sindicales, la reducción de sueldos, la eliminación de permanencia y de los sistemas de retiro, etc. Cualquier partido que dé la espalda a la noción de clase, como si hablara por  toda la población de una nación, miente, pues en el capitalismo la igualdad NO existe. La Igualdad fue la principal promesa incumplida por la revolución burguesa, incluidas la de Estados Unidos y Francia. Esa triple promesa de IGUALDAD, LIBERTAD, FRATERNIDAD sólo es posible en el socialismo, en una sociedad que no esté dividida en clases, pues la posibilidad de cada una de esas tres promesas depende de la realización de la otra. El socialismo es el único sistema que puede ofrecer una democracia verdadera.
 
    Por la puerta que abra Cuba entrarán las fuerzas del imperialismo para desestabilizar el gobierno y colocarlo dentro del redil, así sea necesario intervenirlo con un ejército de mercenarios entrenados y armados como ocurre en Siria. Ninguna revolución tiene la opción de la ingenuidad ni la obligación de poner al alcance del mercenario la yugular. De frente a Estados Unidos, ¿qué otra opción de vida independiente –es decir, libre–  tiene el pueblo cubano?
 
    Fuera del socialismo, no hay otro futuro posible.  
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

jueves, 4 de octubre de 2012

Mundo Nuevo




Mundo nuevo II


No era el mundo virginal
pleno de pájaros
Ya no era el oro
en la fuente

Tan callando
subieron las aguas del río
la marea atribulada
De los resquicios
donde se esconde lo que sobra
de los rescoldos del ayer
brotaron millones
de colibríes negros
en bandas compactas
hambrientos de pesares
de pechos deshechos por el lastre
de desahucios y desempleos
de esperanzas quebradas
       como pedregales
de sueldos comidos
por el hambre y la moneda
de garabatos compuestos
de rostros rotos
       y rancios huesos
y ojos llenos de arena
y de silencios
en la ilusión falaz
de las pantallas...
Este es el mundo nuevo.


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Mundo nuevo 1

       
En memoria de Starik, Lenin.


Debías ser luz
no fuego
rebelión revelada

no espejo
Debías estar
solo en agenda
Fuera de los mapas
Ser sólo la quilla
y la vela                   
pura sorpresa
pura ansiedad
y puro viento
La arteria
en la contienda
O un colibrí
detrás de un sueño.


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

lunes, 1 de octubre de 2012

El hombre que amaba a los perros

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Leonardo Padura 
y Trotsky: 
una novela dura
   
“El hombre que amaba a los perros”. Leonardo Padura. Barcelona, Tusquets Editores, 2009, 573 págs.

Una novela dura. A pesar de que la historia la conocía bastante bien y desde
hace mucho tiempo. A mediados de los setenta, duramente mis años de estudios posgraduados en México, adquirí los tres volúmenes de la biografía de Trostky, “el profeta”, escritos por Isaac Deutscher, traducidos por nuestro José Luis González. Mi compañera tomaba un curso sobre la revolución rusa en la UNAM y había comprado la biografía escrita por Víctor Serge. La biografía de Deutscher es una obra minuciosa y  prácticamente inexpugnable, anotada de manera muy erudita. Cada tomo tiene cerca de 500 páginas. Además, con frecuencia pasábamos cerca de la casa de Trotsky en Coyoacán, ya fuera de ida o de vuelta de la UNAM.     


     Nada más al comprar la novela de Padura sabe el lector que se trata sobre Trotsky. Aparece una foto de él en la portada acompañado de dos perros. Lo que desconoce el lector es cómo Padura convertirá en novela una historia tan conocida. Su truco es abordarla desde tres ángulos diferentes: la historia de Trotsky a partir de su exilio; la historia del autor del texto que leemos, un cubano agobiado por la revolución cubana con afanes frustados de escritor, y la historia del asesino, Ramón Mercader. Con estas tres líneas de acción, Padura va trenzando la trama que se desarrolla en espacios y periodos no coincidentes, pues la de Trosky parte del exilio iniciado en 1929, la de Mercader, catalán, parte en el 1937, y la de Iván, el autor cubano, en 1977.
 

    El cubano, Iván Cárdenas Maturell es un inadaptado que resiente la estrechez política que se vive en Cuba bajo la revolución. Varias críticas se plantean en su discurso, particularmente la homofobia, la política stalinista de censura, la penuria económica que se hace casi insostenible a principio de los noventa, con la caída del mundo soviético, y el dirigismo estético intolerante que impone el realismo socialista. La ubicación en Cuba de un conflicto que obviamente se circunscribe fundamentalmente al mundo soviético, la guerra civil española y México, parece obedecer al propósito de incrustar el drama dentro de la realidad cubana de un autor cubano. Cuba también padeció, y padece aún, según parece, la pesadilla impuesta por Stalin en todo el mundo socialista que hizo de la verdadera historia de Trotsky un tema clandestino en Cuba.
 

    La novela arranca con heraldos negros. Al comenzar la lectura asistimos al funeral de la compañera de Iván, ya en el 2004, hecho que lo decide a escribir la historia “del hombre que amaba a los perros”, referido por este último, no Trotsky, sino Ramón Mercader, durante encuentros celebrados en la playa desde los años 70. No lo había hecho, dice, “por miedo”. Este miedo, que se remite a la atroz represión política estalinista de la que fueron víctimas millones de personas, es, referida al personaje de Iván, uno de los puntos débiles, no logrados a mi juicio, de la narración.
 

    La parte más novedosa, a mi juicio, es la historia de Mercader, del asesino, reclutado durante la guerra civil en la Sierra de Guadarrama por el aparato político estalinista. De Mercader sabía muy poco. Recordaba algunas fotos que aparecen en la biografía de Serge, la manera como se acercó a Trotsky, el arma con que lo asesinó de un golpe, y la condena a prisión. Esta parte de la historia de Padura es de las más terribles y oscuras, pues Mercader aparece como víctima de los engaños y las manipulaciones del aparato de espionaje soviético-estalinista, descrito aquí de manera horrible, sin que el horror pueda adjudicarse exclusivamente al hecho de estar en guerra. No obstante, para Mercader, es la crisis española, el terrible drama de esa guerra civil, el anzuelo principal que se usará al reclutarlo para el asesinato. Poco antes de cometer el crimen, Mercader ya sabía que había sido engañado y manipulado por los soviéticos estalinistas, pero su destino era ya la tragedia ineludible.
 

    La parte de la vida en el exilio de Trotsky es la de una asfixia asumida también como lo haría un héroe trágico. León Trotsky es una de las grandes figuras protagónicas del siglo XX. Fue la mano derecha de Lenin durante los grandes acontecimientos de la Revolución Rusa de 1917 y de los hechos que le sucedieron en plena guerra mundial. Esto es, no sólo la secuela de la guerra civil que sucede a la revolución, sino la invasión simultánea de 15 ejércitos de países diferentes, no sólo el alemán, sino el de los franceses, ingleses, estadounidenses, checos, turcos, japoneses y otros. Es entonces que la figura de Trotsky asume proporciones míticas al crear de la nada el Ejército Rojo, en una situación verdaderamente desesperada, ¡y vencer!
 

    Lo inexplicable es la actitud de indefensión que asume Trotsky tras la enfermedad de Lenin, y la manera como, a pesar de las advertencias que Lenin le hace, Trotsky permite que Stalin se haga poco a poco dueño de todo el poder. Asistimos, por esta vía, a una de las escabrosas y truculentas historias del siglo XX. Stalin es, a mi juicio, la encarnación misma de la traición. Es imposible imaginar un personaje que pueda traicionar de una manera tan absoluta y aplastante, una revolución, una idea, una “utopía”, como se dice en la novela. Pues Stalin no sólo eliminó a Trostky, sino que, poco a poco, asesinó a toda la línea dirigente que hizo la revolución bajo las órdenes de Lenin, todo el Comité Central del partido, todo el Politburó, toda la elite del Ejército Rojo, sin detenerse siquiera ante la familia del propio Lenin ni su viuda. Llevó las cosas mucho más allá, pues asesinó también a familiares y allegados, cónyuges, hijos, hermanos de muchos de ellos. La suerte de la propia República española, y de las revoluciones en varios países de Europa están en su lista inabarcable de víctimas.      
 

        Padura es un gran narrador. La trama está dispuesta con gran acierto a lo largo de sus tres partes y treinta capítulos. Me desconcertó la manera con que, tras tanto posponer y lentificar el momento del asesinato, la narración se detiene con el golpe, y sigue con un capítulo totalmente anticlimático que yo suprimiría si pudiera, para volver más tarde sobre este momento culminante en un todo menor y más reflexivo. Contrasta con García Márquez cuando, en una demostración inaudita de prodigio, narra el asesinato de Santiago Nasar en la Crónica de una muerte anunciada, cinco veces, y cada vez con mayor intensidad.
 

    Lamento que la destrucción a manos de Stalin de la utopía revolucionaria, enarbolada en el 1917 por Lenin, con la participación de un contingente extraordinario en el que se destacó sin duda Trotsky, se quiera trasladar a la Cuba castrista. Padura lo hace por inferencia y entrelínea, al colocar una historia junto a la otra. Olvida que se trata de dos mundos muy diferentes sometidos al embate de fuerzas también diferentes y con resultados muy distintos.

Marcos 
 Reyes Dávila
¡Albizu seas! 
.
 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Grupo Guajana - 50 Aniversario

De izquierda a derecha, Wenceslao Serra, Ramón Felipe Medina, Reynaldo Marcos Padua, Antonio Cabán El Topo (atrás), Carlos Noriega, Vicente Rodríguez Nietzsche al centro, tras él Juan Mestas, Marcos Rodríguez Frese, Marcos Reyes Dávila (atrás), y Edgardo López Ferrer. Cuadro en acrílico de Hiram Collazo.






miércoles, 19 de septiembre de 2012

GUAJANA, cincuenta años después

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Publicado en EN ROJO (Claridad)

GUAJANA, 

cincuenta años después




Perfil de Autor
Publicado: lunes, 17 de septiembre de 2012
La familia de poetas hermanados que fundó en septiembre de 1962 la revista GUAJANA está compuesta por un grupo de poetas de la generación del sesenta. Aunque participaron muchísimos escritores en los veinte años de publicaciones continuas de la revista, su núcleo fundamental quedó definido para la historia en el estudio preliminar que incluimos en la antología de su trigésimo aniversario titulada Hasta el final del fuego. Guajana: treinta años de poesía, 1962-1992 (1992). En ese estudio, que titulamos “Guajana: las líneas de su mano” y que abarcó la obra publicada en la revista, en libros y en otras publicaciones, limitamos a doce poetas el núcleo fundamental –de poetas de la revista– a partir de un caudal mucho más amplio, tras conversaciones con los poetas mismos y el estudio del registro histórico de las publicaciones. Éstos son, como se sabe ya, pues se ha repetido muchísimo desde entonces: Marina Arzola, Antonio Cabán Vale, Andrés Castro Ríos, Ángela María Dávila, Edgardo López Ferrer, Ramón Felipe Medina, Edwin Reyes, Marcos Rodríguez Frese, Vicente Rodríguez Nietzsche, Juan Sáez Burgos, Wenceslao Serra Deliz y José Manuel Torres Santiago. Seis de ellos, han ido a morar con los dioses de la poesía. Sus fechas de nacimiento giran alrededor del 1940. En ese estudio, decíamos entonces para comenzar, y “a modo de armisticio”, lo siguiente:
“Pocos periodos de nuestra historia literaria han generado la acritud o la exultación, la vehemente adhesión o el vehemente enfado, como la llamada generación del sesenta. Su aparición fue la célebre irrupción de una juventud transida de una agonía apasionada y de una vocación ígnea tal vez sin parangón. Lejos de atrincherarse en la cómoda modalidad del testimonio, su discurso osciló entre el desafío y la predicación a viva voz. Y lejos de difundir un rostro unívoco, las luces de sus teas y sus jachos incendiaron variados bosques, abrigaron innumerables desamparos, orientaron a más de una generación de persistentes nómadas y alertaron a los más ateridos sonámbulos con su decidida voluntad de simiente.”
Y eso, que afirmamos con la vista puesta en la fundadora Generación del Treinta, sigue siendo aún más cierto hoy, veinte años después.

En esta ocasión, más que repasar otra vez la historia de este grupo –que asume su identidad definitiva ante la historia en su “segunda época, justo tras la muerte de Pedro Albizu Campos, y que goza de una extensa bibliografía crítica–, me parece pertinente hacer unas breves reflexiones sobre Guajana, cincuenta años después de su comienzo, toda vez que en Puerto Rico algunos poetas de las generaciones más jóvenes tienden a subestimar y devaluar las aportaciones de las generaciones anteriores –“adanismo”, lo llamaba Francisco Matos Paoli– y a descalificar la producción de los escritores de mayor edad, olvidando, quizás, que Cervantes, por ejemplo sublime, escribió la primera parte de El Quijote a los 58 años, y publicó la segunda, superior a la primera, a los 68 años, poco antes de morir. Aparte de la sospecha de que algunas expresiones ofensivas son exabruptos de un país que se descompone en el ejercicio de una violencia suicida que no se detiene siquiera ante íconos como Betances, Hostos y Albizu, pensamos que pueda existir en algunos una posible brecha o ruptura generacional que, sino es pura soberbia cainita de adolescente, podría esconder discrepancias tanto estéticas como ideológicas que deberían pensarse. A ello van dirigidas estas líneas.


La Guajana cincuentenaria

 
Lo primero que debe observarse es que la obra de Guajana excede, con mucho, a la revista. Si bien la importancia de la misma quedó registrada desde sus inicios por la crítica, unánime, más autorizada, los poetas comenzaron a producir los primeros libros desde fechas tempranas en esa primera década de los sesenta, ya fuera en su carácter individual, en ediciones compartidas, o ya fuera en “antologías”. El número total de publicaciones no lo conocemos, aunque sí sabemos que son muchas docenas. Más de una treintena se publicaron tan sólo en la Colección Guajana, pero muchos otros, por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, Huracán, Edil, la Editorial de la UPR, Cordillera, y muchas más, dentro y fuera de Puerto Rico. La legendaria revista ha editado además, a partir del 2000, varios números de manera digital.

Lo segundo, es que el grupo Guajana ha merecido la atención y el aplauso de críticos y creadores de primera línea desde sus inicios. Los reconocimientos en el extranjero y los premios nacionales han llovido sobre mojado, ya fueran, estos últimos, otorgados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Ateneo Puertorriqueño, el PEN Club, y otros. Del mismo modo, los principales diarios del país les han dedicado infinidad de páginas, particularmente, CLARIDAD. Además, los más importantes artistas plásticos del país reconocieron con las aportaciones de sus propias obras la labor creadora del grupo.


En tercer lugar, cada poeta de este grupo de doce, ha merecido de manera individual el reconocimiento más espléndido por obras particulares publicadas. En los últimos años, La querencia de Ángela María Dávila, así como las obras póstumas de Marina Arzola, Juan Sáez y Edwin Reyes. Andrés Castro Ríos dejó una enorme obra inédita que pronto saldrá parcialmente a la luz en un volumen enorme, así como saldrán ahora también obras inéditas de Juan Sáez Burgos. José Manuel Torres Santiago, quien publicó en fechas tempranas libros emblemáticos del grupo como La paloma asesinada y En las manos del pueblo, murió recientemente con obras recién publicadas. Los poetas vivos, todos, están publicando nuevas obras, algunas de las cuales han merecido ya reconocimientos, como es el caso de Edgardo López Ferrer. Marcos Rodríguez Frese está dando a la luz un volumen de nuevos poemas para celebrar el cincuentenario del grupo. La obra del grupo desborda el marco nacional, como mencionamos antes, pues los poetas han tenido una presencia persistente en toda el área del Caribe, la América Nuestra y otras partes del mundo. Incluso en Francia se ha recogido de manera antológica parte de la obra de la generación. La antología reciente publicada en Chile con motivo del centenario del Partido Comunista de Chile, por ejemplo, titulada Voces de la memoria, incluye a dos autores puertorriqueños: Vicente Rodríguez Nietzsche y Marcos Reyes Dávila.


Una de las características sobresalientes del grupo es un sentido de solidaridad que no atenúa la muerte. Por eso durante décadas el grupo se ha dedicado a conservar, publicar y redifundir la obra de los que se fueron más temprano, comenzando con Marina Arzola, fallecida en el 1976. La muerte no ha sido lo suficientemente poderosa para apartar a ninguno del grupo. Este factor ha hecho posible, en buena medida, que el grupo se haya mantenido durante más de cincuenta años haciendo un trabajo conjunto. Como no es un grupo cerrado, otros poetas que no están en el núcleo fundamental original de los doce se han integrado al grupo. De esa manera ha podido constituirse el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, y la incorporación, al grupo Guajana, de poetas como Juan Mestas, Carlos Noriega, Reynaldo Marcos Padua, Marcelino Canino y este servidor. El grupo Guajana tiene, en cuanto persistencia y prolongación, el récord olímpico de salto en la literatura de la América Nuestra, cuando menos.


El asunto de la posible brecha generacional

 
En nuestro estudio de 1992 anotamos lo siguiente:
“Josemilio González destacó con acierto hace veinte años que la poesía del sesenta se imponía por su agresividad y su dinamismo. Como hemos visto su estética torció el rumbo y transformó el carácter de la poesía puertorriqueña. Los intensos debates y polémicas que generó particularmente Guajana durante décadas son testigos de que toda la literatura posterior se definió a sí misma en función –en pro o en contra, positiva o negativamente– de sus proclamas generacionales. De algún modo la obra de los sesenta se había convertido en el eje, en las vértebras ocultas, del trabajo posterior.”
Lo anterior es válido, especialmente pero no exclusivamente, para las promociones siguientes, particularmente la del setenta. En los ochenta el cuadro ya había evolucionado significativamente. Cualquier estudioso de la literatura puertorriqueña ha podido comprobar cómo se desarrollaron los cauces del quehacer literario a partir del sesenta hasta la obra finisecular y la de la primera década del siglo XXI. Ese cauce no descarriló al Grupo Guajana, pues los propios poetas del sesenta participaron del proceso histórico, ya que no podía ser de otra manera. Nosotros tuvimos la oportunidad de hacer el registro de ese proceso gracias a la Revista Mairena y a su director Manuel de la Puebla, cuando éste nos encargó el estudio de la poesía puertorriqueña publicada en la primera década de esa revista, esto es, entre 1979 y 1989, que titulamos Los lazarillos videntes y que se publicó en la revista Mairena, número 27. Posteriormente hemos continuado el examen y la reflexión a partir de las propuestas de autores de estudios y de antologías prologadas como las de Rubén González (Crónica de tres décadas [1960-1990], 1989), Ángel Rosado (El rostro y la máscara,1995), Mayra Santos Febre (Mal(h)ab(l)ar, 1997), Alberto Martínez y Mario Cancel (El límite volcado, 2000, que reseñamos en Claridad), la antología antillana en dos volúmenes titulada Los nuevos caníbales (segundo volumen, 2003, que presentamos en la Librería Borders, presentación publicada en Cuadrivium 7, 2007), y las reflexiones que nos impuso hacer en dos ocasiones el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico al programar una sesión para “jóvenes poetas” (en la Fundación Nilita Vientós Gastón, 2009) y otra para discutir las “propuestas y horizontes” de la literatura hispanoamericana del siglo XXI (en la Casa de España, 2011). En otras oportunidades hemos abordado también el tema, como lo hicimos en la Conferencia Inaugural del Encuentro de Escritores celebrado en Chile en el 2002 (Viaje a la semilla de Vieques, publicado en EXÉGESIS 44), o al examinar la obra de poetas particulares, como Etnairis Rivera (Cuadrivium 6).

En muy resumidas cuentas, observamos un tránsito hacia la interiorización de un sujeto privilegiado y desconectado progresivamente del contexto social y de sus compromisos con la otredad. Ello se dio unido al afán de profesionalizar al escritor que tanto impulsaron revistas como Zona Carga y Descarga. Se construyó una trinchera de resistencia armada de una visión crítica al margen de los llamados “metarrelatos” del nacionalismo y del mesianismo socialista que tanto propulsó una ideología posmoderna en deuda con la tesis del “pensamiento único” que ayudó a consolidar el mundo neoliberal en casi todo Occidente. De modo que se instaló un sentido de renuncia, de ausencia, de “memoria rota”, de nomadismo, dispersión, de desterritorialidad, extrañamiento, y la fragmentación y el aislamiento en un mundo de desencanto, deficitario, con un futuro suspendido que se vive de manera casi virtual por el auge de la nueva cultura massmediática impuesta por las corporaciones multinacionales. Entre la ironía y la parodia, la alegría de sentirse liberada de la responsabilidad de forjar una conciencia nacional y de clase. Santos Febre llegó a hablar de “una ausencia casi total de referentes geográficos y lingüísticos evidentemente puertorriqueños” (Mal(h)ab(l)ar, 1997).


Lo anterior, es lo que dicta, grosso modo, el registro histórico, si colocamos en paréntesis casos excepcionales como el de Iván Silén, y obviamos las dificultades de la obra de la emigración. No obstante, al hablar de la poesía puertorriqueña finisecular y de entresiglos, nos pareció justo expresar lo siguiente:
“Tras la lectura de este libro –me refiero a Los nuevos caníbales–, y ante nuestro parecer, la nueva poesía puertorriqueña incorpora como recursos de expresión nuevas perspectivas tanto ante los problemas sociales y políticos como ante los elementos que definen la identidad propia. No vemos que predomine la virtualidad posmoderna al uso por nuestros lares que deshace, deconstruye, disuelve y nadifica tanto las raíces de la tradición como los íconos y emblemas nacionales y las urgencias sociopolíticas del aquí y del ahora, acaso porque no es perentorio hacerlo para ser posmoderno. Creemos que esta nueva poesía explora, crítica, el mundo heredado de sus mayores, tanto en el plano de la calle y de la estructura social como en el plano de las relaciones afectivas y de las contradicciones del sujeto. Confíamos en que, en consecuencia, no ha habido en verdad esa ‘suspensión en la continuidad’ que se ha proclamado, y que los temas y la estética tradicional mantienen, por el contrario, lazos constatables de continuidad, acaso no tan evidentes, pero tan ciertos como los manantiales que corren debajo de la tierra, lazos que hacen, en efecto, sobre la mar, como quería Martí, lo que la cordillera de fuego andino hace debajo de las aguas. Creemos que esta literatura nunca ha sido en verdad, ‘soterrada’ porque bríos y energía creadora ha demostrado y demuestra tener. Y creemos, que aunque acaso haya sido convencida de que su destino era proclamar un individualismo adánico, ciega a sus referentes concretos y al contorno de su nacimiento, desterritorializada, nunca ha dado en verdad la espalda a su país, sencillamente porque no es posible hacerlo, pues la poesía no puede ir contra la naturaleza humana que es, por definición inexcusable, comunitaria, devota de su entorno natural, flor de los suyos.”
Desde el 1962 al 2012 mucho ha cambiado en Puerto Rico (y en el mundo). En el remoto entonces comenzaba a desmantelarse el aparato económico que instrumentó el ELA en medio de una “guerra fría” terrible y de un asedio criminal al nacionalismo. Hoy, vivimos en un país acosado por las bestias autoritarias de un fascismo sembrado por el neoliberalismo imperial que se yergue en medio de la ruina y la bancarrota. Esa ruina y bancarrota gestadas por la empresauriocracia, son, en el plano moral y espiritual, mucho más profundas. Entonces, me decía Josemilio González, no eran tiempos de cantarles a “pajaritos preñados”. La “verruga violácea” en la frente de la que hablaba hace mucho León Felipe nos impone, a todos, hoy, un compromiso urgente que no puede ser evadido sin incurrir en conducta criminal. Por eso es imperativo traer a primer plano el ejemplo sublime de Albizu Campos y su consigna imperecedera del valor y el sacrificio. Eso hace del legado de GUAJANA una trinchera de un valor sin precio.

En cuanto al grupo Guajana, señalamos en el 1992 algo que nos parece correcto hoy, veinte años después:
“El discurso de la resistencia que domina la poética de estos últimos años contrasta todavía con cierta contemporización y cierta ideología derrotista –afín con los años cincuenta– de la sobrevivencia que ha reculado entre ahogos en este mismo espacio. No obstante la poesía, para los poetas de Guajana, conserva su valor instrumental de siempre. Lo importante en ellos sigue siendo su conciencia de clase ideologizada, la proclamación a primer plano de una actitud política que se define y proyecta desde el plano de la ética, comprometiendo la poesía y la vida misma. Llevan aún en la sangre una vocación contestataria, una brújula para sus certezas, una certidumbre impermeable contra toda propaganda, un optimismo unívoco, determinado, iterativo, capaz de distinguir lo real en medio del discurso incierto de la fenomenología televisiva. El paso del tiempo le inseminó la perspectiva de lo insondable, y le relativizó las inminencias, pero nunca logró hacerle retroceder un ápice su radical ruptura contra todo avasallamiento. Éste es el legado heroico de Guajana, de pie aún sobre la gesta nacionalizadora del treinta y sobre todo, en la noción del tiempo bolívar que no acaba aprendido en Corretjer.”
Constelación –como los llamó en UPR-Humacao, Félix Córdova Iturregui– de supernovas, pongo al frente, ante las críticas cainitas y absurdas de falsos adolescentes, un título de Edwin Reyes, de José Manuel, de Andrés, de Juan Sáez, de Ángela María, de Marina Arzola, y me acuesto a dormir. Si a ellos “se les fue la guagua”, ¿cómo han quedado entonces en la leyenda sublime e imperecedera de la caña brava? ¿Eh?

¡Albizu seas!

MRD
 

martes, 11 de septiembre de 2012

La Iguana en la GUAJANA -el cincuentenario

















domingo, 2 de septiembre de 2012

Voces de la memoria

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También desde Chile y por toda Nuestra América,
GUAJANA
en las Voces de la memoria

                                  



Se trata del libro Voces de la  memoria (Centenario en el Bicentenario. Antología de poetas y narradores latinoamericanos en los 100 años del Partido Comunista de Chile.) , publicado por la Editorial Cuarto Propio (Santiago, 2012, 381 págs.)

Isabel Gómez y Ángel Pizarro han compilado en un volumen entrañable y extraordinario obras de cerca de 150 escritores latinoamericanos para conmemorar el centenario del Partido Comunista de Chile, fundado, cinco años antes de la Revolución Rusa, en el 1912, en Iquique, por Luis Emilio Recabarren junto a un grupo de obreros salitreros. Vinculan el centenario con el bicentenario de la independencia de Chile, porque de los 200 años de vida independiente, cien los ha vivido de manera ininterrumpida y pertinaz el Partido Comunista de Chile, y, acaso también, presumo, porque estos últimos cien años han pretendido hacer realidad vivida por el pueblo de Chile lo que el bicentenario cumplió al nivel formal de la promesa, de la promesa incumplida.  

La antología combina el verso y la prosa de alrededor de 115 escritores chilenos a los que acompañan cerca de treinta voces del ¿extranjero? Es decir, españoles, canadienses (en realidad chilenos), mexicanos, cubanos, uruguayos, nicaragüenses, peruanos, brasileños, argentinos, bolivianos, algún nacido en Estados Unidos (en realidad colombiano), y dos curiosos puertorriqueños: Vicente Rodríguez Nietzsche, capitán del Grupo GUAJANA, y Marcos Reyes Dávila.

Está dividida en dos secciones: fallecidos y por fallecer, pero todos igualmente presentes. Incluye un índice de autores que da noticia detallada de cada uno, y una nota de presentación, suscrita por los antólogos, que es una joya.

Gómez y Pizarro, abren su presentación con aquel Marx que afirmaba en sus tesis juveniles la necesidad de “transformar” el mundo, y lo cierra con un Marx poeta que contempla cómo los sueños nacen de la lucha y de la libertad. Entre cita y cita, el registro somero de un caudal de luchas y de esfuerzos que sin ninguna dificultad vincula el dolor con la esperanza, la derrota con el cambio, la ceniza con la vida que brota. Tras remontarse a los orígenes en Iquique, los antólogos contemplan con gratitud la lucha y los relevos que a lo largo de cien años han forjado una tradición de solidaridad derrota pero nunca vencida, renacida, con mayor fuerza y vigor, de las persecuciones, del rehacer de los cuadros, de la restauración de los archivos, de la reconstrucción de las imprentas y las sedes.  Y contemplan, con gratitud, según decimos, porque han visto cómo toda esa lucha ha sido acompañada, acuñada en y fraguada por, el arte. El arte de lucha, el arte solidario, el arte que no pudo marginarse de su compromiso con la libertad de los seres humanos, el arte que ha forjado en la trinchera la identidad de un mundo futuro posible, hijo de sus mejores sueños. El arte y la literatura despejan caminos, dispersan la niebla, enfocan, definen, codo a codo y mano a mano con la lucha en la calle, en el sindicato, en el taller.

Asombra la inclusividad, no hija de intenciones gratuitas, sino del reconocimiento de las muy disímiles aportaciones, infinitas casi, que desde muy diversos sectores y acciones, desde una pluralidad de maneras, han contribuido al gran propósito principal de construir un país de ciudadanos verdaderamente libres. Por eso no está ausente Hostos, el Hostos forjador de conciencias libres y el Hostos que reivindicó con su palabra y su ejercicio pedagógico el derecho de la mujer. Tampoco está ausente, como tantas veces ocurre, Puerto Rico, ya sea por Hostos, por los dos poetas del Grupo Guajana incluidos, como por el poema de Ángel Pizarro dedicado a Lolita Lebrón con motivo de su muerte.

Gracias por el compromiso irreductible de Isabel, de Ángel, del PCC, de Chile.


                                                                    Marcos 
                                                                    Reyes Dávila
                                                                   ¡Albizu seas! 
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sábado, 1 de septiembre de 2012

Del fuego sobre el agua

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En Saludo al
Cincuentenario de
               GUAJANA




MRD
¡Albizu seas!
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