viernes, 16 de mayo de 2014
Los Nuevos ESTADOS UNIDOS CORPORATIVOS
Los NUEVOS
ESTADOS UNIDOS CORPORATIVOS.
Aquel de 1776,
de Jefferson y Lincoln,
de una persona - un voto,
falleció.
MRD
¡Albizu seas!
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El Nuevo Fascismo Europeo
El NUEVO FASCISMO EUROPEO
En efecto, cada día se oye más y más
denunciar la presencia del FASCISMO en Europa.
Cualquiera sabe el vínculo de sangre
entre el FASCISMO
y el CAPITALISMO.
Por eso el GRAN ENEMIGO DEL FASCISMO ALEMÁN
LO FUE LA UNIÓN SOVIÉTICA,
a la que le costó la suma de 30 millones de muertos.
Pero hoy el Fascismo va de la mano de la OTAN y de EEUU. En el centro, ALEMANIA OTRA VEZ,
portavoz de la Unión Europea.
MRD
¡Albizu seas!
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miércoles, 14 de mayo de 2014
Marcos Rodríguez Frese - In Memoriam
Marcos Rodríguez Frese:
para llorar tu nombre
“Para llorar mi nombre”, MRF
Pido disculpas, antes que nada, a Marcos Rodríguez Frese, porque aunque él
previera, en unos versos, que tendría con el asuntito de su propia muerte “un pacto de silencio”, nos sentimos, todos, en la necesidad de romperlo. Porque el duelo que se guarda en silencio quiebra el cántaro del pecho; porque el dolor, como el amor, no puede contenerse; porque Marcos fue palabra peregrina; y porque, como bien dijo el propio Marcos: “no nos consuela el llanto”... A Marcos, hay que cantarlo.Recuerdo que, en algún momento de 1990, Vicente Rodríguez Nieztsche se comunicó conmigo para pedirme que hiciera una antología de la poesía de Guajana. Quería publicarla en el 1992 con motivo del trigésimo aniversario de la revista. En ese momento, hace casi 25 años atrás, no estaba definido aún con certeza quiénes constituían el grupo Guajana. En la antología que preparé, redacté un prólogo, producto de una investigación que me fue necesaria realizar para poder concebir los límites y el contenido del trabajo. Era imprescindible definir con la mayor exactitud posible quiénes constituían el grupo Guajana y a quiénes tenía que antologar, pues en la revista publicaron casi un centenar de poetas. El número final de Guajana se publicó en septiembre de 1982, como un número extraordinario preparado con motivo del vigésimo aniversario. Aunque desde fechas muy tempranas muchos de ellos comenzaron a publicar sus propios libros, hubo siempre una voluntad muy firme de mantener una identidad de grupo. De manera que era imperioso definir ese grupo. Ese es parte del motivo que dirigió la investigación que se refleja en el prólogo.
Desde entonces, es decir, desde ese libro, titulado Guajana, hasta el final del fuego, nadie discute ya quiénes constituyen el grupo fundador de Guajana. Una docena, sin pretensiones apostólicas, a las que se han ido sumando nuevas voces, mientras otras han hecho mutis por el foro. Don Manuel de la Puebla me había entrenado para poder realizar esa tarea, pues desde la fundación de la revista de poesía Mairena colaboré con él de manera bastante cercana. Incluso me hizo leer y evaluar todos los libros de poesía publicados en Puerto Rico durante la primera década de Mairena, esto es, de 1979 a 1989. Gracias le doy por ese esfuerzo titánico, pues eso me permitió realizar, sin extraviarme, la antología de los 30 años de Guajana.
La fecha de nacimiento promedio del grupo se ubica en el 1942. Marcos Rodríguez Frese nació en el 41. Fue compañero de pantalones cortos y de juego de canicas de Vicente Rodríguez Nietzsche, amigos y cómplices desde la primaria. En el primer número de Guajana Marcos publica nada menos que un soneto, lo que pone en evidencia que no era ya, a su corta edad, un poeta turista, de visita o de paseo por la poesía, y también pone de manifiesto en él un afán de superación y de perfección que fue una característica perdurable.
A pesar de la hermandad de Marcos con Vicente, Marcos nunca integró la junta editora de la revista. Pero entre ellos estaba, y estuvo siempre. Sí fue editor del “rincón poético” de una revista anterior, en la Escuela Superior Central, llamada El Palacete, entre el 1959 y el 1960. El alegado comefuego del grupo, José Manuel Torres Santiago, comienza sus publicaciones en la revista, curiosamente, con poemas de tema amoroso, nanas repletas de diminutivos, versos ceñidos a las formas tradicionales como el soneto, y un tono neorromántico y lastimero, de palomas, flores, barcarolas y lágrimas. No es sino cuatro años más tarde, con el número dedicado a don Pedro en la segunda época de la revista, que Torres Santiago toma el giro que habrá de caracterizar su “paloma asesinada en las manos del pueblo”. Curiosamente, es Marcos quien desde el principio aborda el tema patriótico, “la ruta herida”, con actitud firme y redentora. Marcos parece haber sido quien primero aleccionó políticamente a los miembros del grupo. Desde muy joven, perteneció a la Fupi, y siempre, participó y colaboró, hasta ayer, con las agrupaciones políticas independentistas. De hecho, Wenceslao Serra Deliz cuenta en su maravillosa Memoria que no cesa que Marcos lo tomó del brazo un día de 1960 y le dijo a boca de jarro: Vamos a una reunión de la Fupi. Marcos llegó a presidir esa organización. Por eso puede, o necesita decir, en su temprano “Manifiesto”, de 1961, antes de la fundación de Guajana, lo siguiente:

Contra quienes detienen tu mañana
tengo el gesto de rayo...
Ya derramado,
ya... Patria en la espina,
Patria en el copo blando
y en la nada,
ya traigo mi palabra,
rosa ruda...
Por saberte exaltada hasta ti misma,
vengo dispuesto a herir todas mis rutas.
Marcos, tocayo mío, fue siempre un poeta cuidadoso, de un verso trabajado con amor artesano. Esa cuidadosa búsqueda de la palabra lo alejó siempre del ripio y de la imagen manida, la más fácil. En eso, Marcos recuerda la excelencia en la dicción de grandes poetas, como Luis Palés Matos, o de poetas importantes de hoy, como José Luis Vega, Vanessa Droz y Edgardo López Ferrer. En el 1971 publicó los dos libros que habría de llevar bajo el brazo durante muchas décadas: Todo el hombre, premiado por el Ateneo Puertorriqueño en el 1968, y Árbol prohibido, también premiado por el Ateneo Puertorriqueño al año siguiente (1969). En ambos libros predomina una voz de autenticidad plena que bucea las interioridades del alma. Afortunadamente, poco antes del golpe que lo abatió, sacó a la luz, instigado por el grupo de guajanos para celebrar el cincuentenario de Guajana, una recopilación de unas obras que deben ser casi completas, y que tituló Redor. Ese título es evidencia de ese decir cuidadoso y exigente de Marcos. Este libro recoge los previos, junto con poemas no recogidos en libro hasta ahora.
Pocos meses antes del golpe que lo abatió sin misericordia, como solo puede hacerlo la naturaleza anónima, tuve la oportunidad de ir con Marcos, tocayo, a la República Dominicana. Fue una jornada maravillosa, divertidísima, en la que Marcos estuvo deslumbrantemente jovial. Me alegra saber que disfrutó tanto ese momento. Creo que puedo contar, sin cometer una indiscreción, la anécdota siguiente.
Una mañana nos despertamos todos, fuimos a desayunar, regresamos al hotel, y Marcos no aparecía. Nos empezamos a preocupar y llamamos a la puerta de su habitación, sin respuesta. Nos alarmamos tanto que obligamos al administrador a que nos abriera la puerta y, para nuestra sorpresa, no estaba allí. Alguien dijo con un poco de sorna y divertimiento, que la noche anterior lo habían visto “tirándole maíz a unas pollitas”, una ancestral aficción suya, incorregible. Mas la verdad, revelada más tarde, fue que habían ido a buscar temprano a uno de nosotros para hacerle una entrevista por televisión, y encontraron a Marcos, que había madrugado antes que los demás, y que se fue sólo y sin desayunar para no despertarnos.
Oí en la funeraria, la noche en que velamos su sueño, que Marcos era un poco difícil, algunas veces, un poco hosco. Hosco es una palabra que podría irle bien si recordamos que es el nombre de un ícono nacional hecho célebre por Abelardo Díaz Alfaro, quien nombra de esa manera al toro puertorriqueño, de nación, que no nació para tolerar el yugo. El mismo toro de ese José de Diego que tenía, según Marcos, “la lengua de fósforo”, el toro que no bala como el cordero, sino que, cuando se ve en la brecha, muge y embiste. Y a la verdad que Marcos, mi tocayo, era incorregiblemente disidente y protestón, casi tanto como parrendero, y cantante a dúo o en trío. Pero para mí que era hosco sólo de gesto, de la manera externa, porque podía ir seguida inmediatamente de esa sonrisa de sus ojos chicos, y porque Marcos aceptaba las decisiones tomadas en contra de las suyas, y luego era el primero que defendía lo acordado. Marcos, mi tocayo, era un hombre extraordinariamente solidario, y un grandísimo amigo, en las buenas y en las malas. Alguien en quien se podía confiar a ojos cerrados.
Me llama la atención el hecho de que en el poema que aludí al principio, “Un pacto de silencio”, Marcos, tocayo, certificó en verso ante el notario de la poesía, que moriría “una tarde plena, / si es posible, de abril”. Y fue posible.

Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
7-5-14
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martes, 6 de mayo de 2014
ELISYUM
ELISYUM
Una Lección de Democracia
entre el Presente y el Futuro
Dicen que ELISYUM es una película de ciencia-ficción que se ubica en el 2154. En esa época el planeta Tierra está superpoblado y altamente contaminado. Los ricos y poderosos han construido un espacio en órbita, separado –un apartheid–, donde viven a todo lujo en un lugar edénico. Ellos son los ciudadanos de Elisyum. Los pobladores de la Tierra, en la película, hablan, muchos de ellos, español.
La película, se me antoja decirlo, refleja un proceso que estamos viendo realizarse poco a poco. El dominio de los grupos corporativos es tan grande, mucho más grande, que el de los pueblos. Ellos han tomado el poder, pues la democracia, en manos de una muchedumbre “prescindible” de pobres y de latinos, no es para ellos.
Por eso el Tribunal Supremo decide permitir que gobiernen las Grandes Corporaciones a Estados Unidos, por eso el retroceso de los Derechos Civiles que permiten a ese gobierno corporativo vigilar a todo el mundo, por eso las millonarias deportaciones de latinos de Obama y de inmigrantes en Europa, por eso el empobrecimiento creciente de los pueblos.
No es difícil concluir que hacia un mundo así vamos. La película refleja el sentir de los poderosos en Estados Unidos y sus aliados ante el incremento de la población latina, en Estados Unidos, y de los inmigrantes africanos y asiáticos en Europa. La idea de que una mayoría latina permitirá anticipar un un Imperio latino en Estados Unidos y un estado latino en Puerto Rico, se cae de bruces.

Quienes creen que el grupo blanco de ricos macpatos permitirá que los latinos, chicanos y spicks, tomen el poder tranquilamente, se equivocan absolutamente. “Lo que ha sido es lo que será”, dice la Biblia, cuando no media una revolución que termine con la sociedad de clases.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
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jueves, 24 de abril de 2014
GGM
GGM
Pero si usted era tan solo
–querido Gabo
un cuento del camino
por qué se me ha quedado
naufragando elegías y nostalgias
y hablando entre los libros
Dígame de paso
cómo se dice adiós
sin exilio ni olvido
si usted se aferra al arrebol
de los barriles de abril
y a sus correos de octubre
Dígame cómo se dice adiós
a ese galeón anclado en mi pradera
si usted circula en mi sangre
y hunta artritis en mis huesos
Dígame cómo le digo adiós
a este diluvio de flores amarillas
si su nombre viene como un tren
desde el mar de los sargazos
cargado de esos trabajadores revividos
que reclaman otra vez
aliento sobre el surco
y un jornal
en la alegría de las madrugadas
Y cómo le digo adiós a la hojarasca
si lo llevo aureliano en el costado
enredado de brazos y de eréndiras
y un racimo de palabras
llenas de sudor y de angustias
y llenas de caminos
de otro arcadio
Si aún llueven en el recuerdo los gabrieles
si los gallinazos llegan detrás de los bananos
si las almendras no han perdido su olor
de amores contrariados
cómo decirle adiós al laberinto del otoño
si espero un pescadito cada viernes
si lo llaman esteban los ecos del acantilado
si el viento del caribe se impacienta
cada tarde en el recuerdo de un castaño
si ríes escondido por la casa tras los marcos
y la soledad se te hace comadreja
Dígame cómo
coronel sin soledades
si alborotas como una úlcera sin remedios
por los manuscritos
más leídos del milenio
que declaran otra vez la revolución
de un coronel que siempre espera
un milagro de gitano frente al hielo
Cómo te digo adiós
sin espantar este payaso
en la trompa de elefante
estas mariposas amarillas
de la melancolía
y esta joven virgen de oro
en el camello triste
Cómo te digo adiós
Gabriel García Márquez
con esta enorme piedra en el zapato
si te llevo en mi pecho
aturdido y desplumado
y más pollito que gallo.
MRD
23 de abril, 2014
¡Albizu seas!
CHIQUI VICIOSO: Los Mitos, A propósito de Julia de Burgos y Mayra Santos Febres
A propósito de Julia de Burgos y la biografía de Mayra Santos Febres
CHIQUI VICIOSO
LOS MITOS
Recuerdo que una vez me acerqué al maestro Oviedo a invitarlo a una obra de teatro de mi autoría y un conocido “promotor” de las artes, me dijo con lascivia que estaba “sorprendido”… Sorprendido de qué si usted no me conoce, le repliqué a este horroroso tipo que proyectaba en mí sus fantasías, o sus desinformaciones.Recuerdo también en Casa de las Américas, cuando un tipo larguirucho y seco se me acercó con una joven y le dijo “esta es la viciosa más grande que hay”. No tomo ni coca cola, le repliqué y entendió que había metido las cuatro patas. Era otro que proyectaba en mí sus fantasías, o retorcimientos, esta vez a partir de mi apellido,el cual me ha hecho sujeto de múltiples chistes y malentendidos.
En otra ocasión, vi a hombres jóvenes, exitosos y atractivos intentando evitar por todos los medios que sus también exitosas y bellas mujeres sostuvieran una extensa conversación conmigo. Pude haber reaccionado como hay que reaccionar frente al irrespeto, pero lo que hice fue mirarlos con compasión. Dios mío, pensé, cómo pueden ser tan inseguros bajo esa fachada de autosuficiencia del hombre burgués, en todas partes.
Creo poder decir, sin equivocarme, que ninguna mujer desata las especulaciones y fantasías eróticas de todo tipo en la población como las artistas. Mientras es difícil encontrar datos biográficos de los grandes escritores que tengan que ver con sus amores, públicos o clandestinos, sus prácticas sexuales, o sus preferencias afectivas, las biografías de las mujeres están plagadas de ese tipo de inuendo, con los cuales pseudo biógrafos intentan explicar su obra literaria, estableciendo de facto una conexión entre sus textos y sus vidas, como si la obra fuese una fotografía de la intimidad de sus autores.
En este año del Centenario de Julia, siguen abundando los mitos sobre esta mujer que murió estando casada, desde hacia una década con Armando Marín, músico y contable, compatriota suyo, dos semanas después de salir de un hospital y como resultado de la experimentación científica a la que se sometió para la cura de la cirrosis hepática, no de un trágico amor que la llevó a dar tumbos de basurero en basurero “derrotada por el alcohol” y el trágico desamor de un dominicano.
Escandalizados porque conoció y siguió a un hombre que la deslumbró con su intelecto, pocos recuerdan que al encontrarse con él ya Julia se había divorciado de su primer esposo Rubén Beauchamp, a quien conoció no en un Bar sino en las luchas nacionalistas.
Según los mitos que abundan, producto de mentes que proyectan en ella sus propias perversiones estructurales, a Julia Juan Isidro la “drogaba con morfina para que practicara sexo grupal con otras mujeres”, calumnia que ponen a circular “las malas lenguas”, pero que repite sin ningún respeto por su memoria una mujer escritora que se supone independentista: Mayra Santos Febres, con pretensiones de biógrafa.
Yo que conocí a Don Juan Isidro, y tuve el honor de ser depositaria de su confianza en lo que se refiere a su relación con Julia, sé no solamente que Don Juan Isidro era un caballero de su época, sino también que amaba a Julita, como le llamaba, hasta el delirio. Y cuando uno ama así no comparte al que ama ni con su sombra. La otra falacia, fácil de corroborar a partir de los archivos del Departamento de Corrección de la ciudad de Nueva York, es que a Julia, que solo media 5.8, es decir que era más bajita que yo, “le cortaron las dos piernas porque no cabía, como un fenómeno de circo, en el ataúd”. Tanto los rércords de defunción, como el ataúd que finalmente albergó sus restos y fue velado en Puerto Rico, evidencian un sensacionalismo barato que nada contribuye a obras de ficción, o pretendidas biografías, de una poeta que es bandera de lucha de su indomable país, y como tal no merece que lo que se legue al estudiantado de borinquen sean especulaciones, o baratos chismes, de quienes la utilizan y han utilizado, para ganar notoriedad.
A Mayra Santos Febres y a Diógenes Valdez, les remito a las palabras de Don Juan Bosch: “Julia era una mujer muy discreta y muy equilibrada. De unos modales muy correctos. Siempre muy limpia, elegante, alta, de muy buena presencia, y una lectora y estudiante muy buena, porque pasaba horas enteras leyendo allá en la casa, los libros que traía de la Universidad”. “Nunca le oí cotidianidades, o expresiones fuera del buen tono”.
A Julia, afirmo, se le puede aplicar lo que le dijo un sacerdote peruano a Bolívar: “Vuestro nombre crecerá con los siglos, como crece la sombra cuando el sol declina”.
Chiqui VICIOSO
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Mayra Santos Febres,
Yo misma fui mi ruta
viernes, 11 de abril de 2014
Revista ÓMNIBUS
(España), Número 46
https://sites.google.com/site/omnibusrevistainterculturaln46/

Puerto Rico es la Antilla Mayor más oriental del Mar Caribe. Contigua a la antigua isla Española, hoy República Dominicana, donde se estableció el primer enclave de la conquista española de América, Puerto Rico vivió las mismas vicisitudes de los tres siglos coloniales comunes a toda Nuestra América, mas quedó, igual que Cuba, fuera del proceso emancipatorio hasta que Estados Unidos se decidió a capturarla como botín de guerra en 1898. La definición legal de Puerto Rico hecha por el Congreso de Estados Unidos es la siguiente: Puerto Rico pertenece a, pero no es parte de, Estados Unidos. El hecho fundamental de la historia puertorriqueña a todo lo largo del siglo XX está determinado por esa condición colonial y una explotación de factura muy diferente a la del resto de los países latinoamericanos. La mitad de la población vive en el exilio. La mitad de la población residente recibe ayudas y subsidios directamente del gobierno. La economía está construida en función de la norteamericana y hacia allá se canaliza toda la riqueza producida. El gobierno de Puerto Rico carece de poderes y controles eficaces más allá de lo que parece franco histrionismo y disimulo. Por eso no puede ocupar una silla en la CELAC o en la UNESCO. Puerto Rico es una nación nómada y desterritorializada en la que sus héroes han muerto encarcelados, asesinados o en el exilio. Pero el vernáculo, en Puerto Rico, sigue siendo el español.
(España), Número 46
https://sites.google.com/site/omnibusrevistainterculturaln46/

Poesía de Puerto Rico
Por Marcos Reyes Dávila
Puerto Rico es la Antilla Mayor más oriental del Mar Caribe. Contigua a la antigua isla Española, hoy República Dominicana, donde se estableció el primer enclave de la conquista española de América, Puerto Rico vivió las mismas vicisitudes de los tres siglos coloniales comunes a toda Nuestra América, mas quedó, igual que Cuba, fuera del proceso emancipatorio hasta que Estados Unidos se decidió a capturarla como botín de guerra en 1898. La definición legal de Puerto Rico hecha por el Congreso de Estados Unidos es la siguiente: Puerto Rico pertenece a, pero no es parte de, Estados Unidos. El hecho fundamental de la historia puertorriqueña a todo lo largo del siglo XX está determinado por esa condición colonial y una explotación de factura muy diferente a la del resto de los países latinoamericanos. La mitad de la población vive en el exilio. La mitad de la población residente recibe ayudas y subsidios directamente del gobierno. La economía está construida en función de la norteamericana y hacia allá se canaliza toda la riqueza producida. El gobierno de Puerto Rico carece de poderes y controles eficaces más allá de lo que parece franco histrionismo y disimulo. Por eso no puede ocupar una silla en la CELAC o en la UNESCO. Puerto Rico es una nación nómada y desterritorializada en la que sus héroes han muerto encarcelados, asesinados o en el exilio. Pero el vernáculo, en Puerto Rico, sigue siendo el español.
En la segunda y la tercera décadas del
siglo el pueblo de Puerto Rico se armó con una prédica nacionalista para
enfrentar al gobierno norteamericano. La respuesta fue una intensa represión y
la creación a mediados de siglo de un estatus político ambiguo que cedió a los
puertorriqueños ilusiones de autonomía política. Desde entonces sólo se han
efectuado retrocesos y una penetración cada vez más absorbente con los
instrumentos de la explotación neoliberal.
Dentro de esos parámetros la poesía en
Puerto Rico siguió en el siglo XX derroteros no muy diferentes a los de los países
hermanos del Caribe y Centroamérica. El Modernismo a principios de siglo y los
subsiguientes movimientos de la Vanguardia rescataron los valores tradiciones
de una identidad multicentenaria puesta bajo asedio, el descubrimiento y la
afirmación de nuestras raíces afroamericanas e indígenas, el criollismo, el
tránsito a la urbe cosmopolita, la emigración y los temas metafísicos. En ese
primer medio siglo nombres como José de Diego, Luis Lloréns Torres, Luis Palés
Matos, Julia de Burgos, Juan Antonio Corretjer, Francisco Matos Paoli, Evaristo
Ribera Chevremont, entre otros, son imprescindibles. Ya para los sesentas, la
nueva generación de poetas se vinculó con la fermentación política generada por
la revolución cubana, el golpe de estado a Juan Bosch en la República
Dominicana, la Guerra de Viet Nam. Entonces se fundó la revista Guajana y otras revistas. El último
cuarto de siglo fue una reacción a la militancia política y social,
instrumentada con un regreso a la interioridad, una problematización del sujeto
y de la identidad, muchas veces desde distintas orillas de la marginalidad
social y la profesionalización literaria. Asoma la abulia y la apatía, la
asintonía, el desahucio ideológico, el performance, el sincretismo y el
canibalismo. No obstante, la intensa reacción que a todos los niveles y en
todas partes tiene la celebración del centenario de Julia de Burgos, poeta de
la generación del treinta, nacionalista, socialista, transgresora de los
convencionalismos chatos de la burguesía y la moralidad doméstica, da cuenta de
un espíritu combativo que augura derroteros inéditos para Puerto Rico.
La selección de poetas pudo haber estado
compuesta por otros tantos. Sin embargo, la mayor parte de los nombres hubiera
estado presente de todos modos.
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Revista Ómnibus
lunes, 24 de marzo de 2014
Julia de Burgos dice
en el Festival Internacional de Poesía:
“Empezaré a vivir como resucitado”.
“Empezaré a vivir como resucitado”.
Juan Sáez Burgos, sobrino de Julia y poeta de Guajana.
La “sombra blanca”, indeleble, de Julia de Burgos, se cierne, más luz y aire y agua y alegría, que otras cosas, sobre toda la nación puertorriqueña. Para ello nos hemos servido de la aportación y el auxilio de todo un país que, aunque hundido en el pesimismo de la chatarra, echa mano de un vigor inusitado que nace de un poderoso corazón al que Julia de Burgos le ha servido de oportunísima bandera. Poco, poquísimo papel, si acaso alguno, ha cumplido la leyenda negra que la deforma y desinforma, pues Julia repercute, reverberante, por todas partes, dentro del territorio nacional usurpado y robado, y fuera de nuestras playas, ya sea en las repúblicas hermanas de Dominicana y de Cuba, ya sea España, ya sea en diversas ciudades de Estados Unidos.
La “sombra blanca” es una imagen de Julia que obviamente no pretende negar su mulatez, pues nadie se sintió más puertorriqueña y mestiza que esta seguidora de Albizu Campos y enemiga acérrima de las dictaduras, desde la franquista hasta la trujillana, pasando por la norteamericana en Puerto Rico. La imagen es una curiosa paradoja que altera, transubstanciándola, la idea misma de ese efecto de luz y sombra, para destacar en ella una idea positiva, una influencia bienhechora producto de esa claridad y transparencia que fue norte de su arte y de su pensamiento amoroso. Eso es lo que hace Julia por todas partes y sobre todas las generaciones. Espontáneamente aplaudida, seguida y recordada como nunca se ha visto en Puerto Rico. A ello ha colaborado notablemente la gestión tras bastidores pero verdaderamente intensa, de la Comisión Nacional del Centenario que preside su sobrina María Consuelo Sáez Burgos, y además, el Municipio de Carolina, la Cofradía de Escritores, el gobierno de Puerto Rico, e innumerables instituciones y personalidades.
El Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico celebra a partir del lunes 31 de marzo su sexta edición dedicada a Julia de Burgos. Las actividades comienzan con una conferencia de Chiqui Vicioso a celebrarse en el Recinto Metropolitano de la Universidad InterAmericana a las dos de la tarde, y sigue con los actos de apertura a las siete de la noche en el teatro de dicha universidad. Hasta el sábado cinco de abril se celebrarán además actividades en UPR-Humacao, UPR-Cayey, UPR-Bayamón, UPR-Ponce, Caguas, San Lorenzo, Manatí, San Juan, Vega Baja, Hato Rey, Carolina, Toa Alta, Aibonito, Arecibo, Bayamón, Dorado, todas libres de costo.
Este año participarán los poetas Blanca Salcedo y Leopoldo Castilla de Argentina, Adriano San Martín de Costa Rica, José Luis Moreno de Cuba, Otoniel Guevarra de El Salvador, Miguel Lluís-Muntané de España, Ralph Nazareth de India, Roberto Arizmendi y Jorge Posada de México, Isolda Hurtado de Nicaragua, Consuelo Tomás de Panamá, Miguel Ángel Meza de Paraguay, Wellington Castillo de Perú, Chiqui Vicioso y Marianela Medrano de Dominicana, Luis Marcelo Pérez de Uruguay y José Millet y Caneo Arguinzones de Venezuela, junto a numerosos
(¡ 95 !) poetas nacionales.
De esta suerte, Julia vive, más que nunca, como resucitada, entre nosotros. Visite la página del FIPPR en Facebook, o la página en línea www.festivalpoesiapr.com. Y celebremos a nuestra Julia.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
viernes, 21 de febrero de 2014
Julia de Burgos: De la leyenda negra y el cántaro roto de su canto
(Publicado en 80 GRADOS el 11 de abril, 2014: http://www.80grados.net/julia-de-burgos-de-la-leyenda-negra-y-el-cantaro-roto-de-su-canto/)
A propósito de un libro de Mayra Santos Febres
De la leyenda negra
de Julia de Burgos urge hablar, aunque no lo queramos, y
aunque en principio
sea, además de ingrato, impertinente e innecesario. No lo quería tampoco el
inmenso poeta Pedro Mir a la hora de escribir un hermosísimo opúsculo poético –de
diez poemas– dedicado a Julia que tituló “A Julia sin lágrimas”. Quien escribe
estas líneas desarrolló el tema en octubre de 2014 en la Universidad Autónoma
de Santo Domingo como parte del Gran Homenaje de la UASD a Pedro Mir en su
centenario1. A Julia no hay que llorarla, dice Mir, para
rechazar de manera contundente tanto la actitud, ante Julia, de la censura de
mojigatos como la de la lástima. “Definitivamente
no”, y “por las razones del inconmovible no”, dice. Por eso el título del
poema, que refleja fielmente la concepción central del mismo: “sin lágrimas”.
Ni censura ni lástima: a Julia hay que celebrarla.
A propósito de un libro de Mayra Santos Febres
Julia de Burgos:
De la “leyenda negra”
y el cántaro roto de su canto
1. El cántaro roto de su canto
El centenario de
Julia de Burgos ofrece la espléndida oportunidad de
reencontrarnos con algunas
de las fracturas más ardientes de nuestra historia y de reconstruir el cántaro
roto de nuestras utopías deshechas. Me refiero a que la historia de Julia
remeda en varios sentidos la pasión y la agonía de un país quebrado hasta el
hueso, y aunque caído del pedestal de los sueños truncos, distendió sus pedazos
por el Atlántico, desde España a Cuba, de Dominicana a Nueva York. (Esta esa la
Julia que yo veo hasta en mis sueños.) El cántaro roto de su canto ha tenido
desde entonces algo de aquella seducción de las sirenas griegas: una poderosa
atracción que susurra en lo oscuro por encima de las sombras de la noche como
una constelación insomne, y un toque súbito e inesperado que nos sobrecoge, así,
de pronto, y a pleno sol hiere en el rostro una sonrisa aturdida que no sabe cómo,
de dónde ni por qué.
reencontrarnos con algunas
de las fracturas más ardientes de nuestra historia y de reconstruir el cántaro
roto de nuestras utopías deshechas. Me refiero a que la historia de Julia
remeda en varios sentidos la pasión y la agonía de un país quebrado hasta el
hueso, y aunque caído del pedestal de los sueños truncos, distendió sus pedazos
por el Atlántico, desde España a Cuba, de Dominicana a Nueva York. (Esta esa la
Julia que yo veo hasta en mis sueños.) El cántaro roto de su canto ha tenido
desde entonces algo de aquella seducción de las sirenas griegas: una poderosa
atracción que susurra en lo oscuro por encima de las sombras de la noche como
una constelación insomne, y un toque súbito e inesperado que nos sobrecoge, así,
de pronto, y a pleno sol hiere en el rostro una sonrisa aturdida que no sabe cómo,
de dónde ni por qué.
Nos sorprende la
capacidad de convocatoria que ha mostrado su nombre en este centenario, acaso
solo superado por el centenario y sesquicentenario de Eugenio María de Hostos.
No obstante, vemos en el centenario de Julia un repicar de campanas que se
activan espontáneas al llamado de Julia por todas partes, como nunca antes en
la historia de Puerto Rico. Se diría que para muchos puertorriqueños Julia nos
ubica de frente con el “recuerdo de un amor profundo”, como decía Gautier. De
modo que este centenario se está constituyendo en un acontecimiento histórico
memorable. Y si esos pedazos del cántaro roto de su canto han llegado a playas
lejanas, es porque la voz de Julia enhebró sus tonos allá en lo hondo, donde se
fraguan los sentires de lo entrañable y donde, de playa a playa, nos
reconocemos hermanos. En primer lugar por la universalidad indefectiblemente
solidaria de su “verdad sencilla”, tomada por su propia mano de los surcos
heridos de la patria, y de la acción militante y combatiente que caracterizó su
vida entera.
En Julia hay una poda
de máscaras caídas en la brecha, de grito de trinchera y de clamor de surcos,
de revelación del rostro verdadero de la vida desgarrada por las fuerzas del
imperio y por las fuerzas de esa burguesía voraz que intentamos ignorar como
avestruces mientras no nos robe el retiro y el empleo. Esa actitud de
reconocimiento la sacó de la caverna de las sombras y la expuso a la luz. Allí
sucumbió como una campana quebrada. No es casualidad que la Julia del
nacionalismo albizuista y de la patria irredenta, esa Julia que simpatizó
incluso con el comunismo y con las redenciones obreras tiznadas de colores
oscuros en todo el Caribe, sintiera en su alma los desgarros de la España
comida por los buitres del fascismo durante la guerra civil, y de la dictadura
trujillista en la hermana República Dominicana. Ni es casualidad que esa Julia
con la quilla armada de proa a popa se lanzara a amar, desatada y absolutamente
libre y segura de su fuerza, en el mundo patriarcal, con la misma libertad de
los pájaros de la vega y con el líbido desinhibido de las aguas de su río.
Julia desató con su
vuelo su propio vendaval de murmullos de incomprensión en la colonia, esa “bandada
de la comida” atada a tierra de la que hablaba Richard Back en “Juan Salvador
Gaviota”. Con lo que no contó Julia fue con la fuerza centrífuga de sus propias
pasiones, ni con un pecado original, embotellado, acaso heredado de su padre.
2. La leyenda negra
aunque en principio
sea, además de ingrato, impertinente e innecesario. No lo quería tampoco el
inmenso poeta Pedro Mir a la hora de escribir un hermosísimo opúsculo poético –de
diez poemas– dedicado a Julia que tituló “A Julia sin lágrimas”. Quien escribe
estas líneas desarrolló el tema en octubre de 2014 en la Universidad Autónoma
de Santo Domingo como parte del Gran Homenaje de la UASD a Pedro Mir en su
centenario1. A Julia no hay que llorarla, dice Mir, para
rechazar de manera contundente tanto la actitud, ante Julia, de la censura de
mojigatos como la de la lástima. “Definitivamente
no”, y “por las razones del inconmovible no”, dice. Por eso el título del
poema, que refleja fielmente la concepción central del mismo: “sin lágrimas”.
Ni censura ni lástima: a Julia hay que celebrarla.
Las actividades
conmemorativas del centenario de Julia de Burgos que se celebran en la República
Dominicana han reproducido nuestro enfoque, de modo que oficialmente, se
celebra a Julia “sin lágrimas”. Otro tanto hizo ya antes y rehace desde España,
La Discreta Academia. Creemos que no es sólo en atención a Pedro Mir, cuyo
centenario se celebró el año anterior. El Dúo Darias nos descubre el mar de La
Habana que brilla sus claroscuros en El mar y tú.
Pero Mir nos dio una
lección de dignidad con una corrección de enfoque que es racional y asertiva.
La biografía de un autor es un asunto marginal a la obra, que es, en última y
en primera instancia, lo que debe importarnos como herederos del legado
cultural. Lo contrario transita en la práctica de manera paralela a la falacia ad
hominem, esa que pretende cancelar un argumento, no en sus méritos
racionales, sino a partir de la persona que los formula. Si se hiciera con
otros autores lo que se hace con Julia, ¿qué quedaría de ellos, aún cuando sean
hombres?
No se trata de negar
los hechos que desembocaron en la muerte de Julia de Burgos, una poeta “malograda”,
como se decía antes, para aludir a una muerte prematura ocurrida de manera
imprevista quizás, tras sucesivas hospitalizaciones. Julia murió a los 39 años.
Julia murió agobiada por una cirrosis hepática y otras dolencias provocadas por
el alcoholismo. (Una autopsia podría despejar dudas e inquietudes.) La leyenda
negra, que es una tergiversación que distrae con sus engaños, se ciñe mórbida
sobre ella, como los buitres, para juzgar en términos de una moralidad caduca y
doméstica los derroteros de sus últimos años. Que eso se hiciera a mediados del
siglo pasado es, quizás, comprensible. Pero que se haga hoy, por una profesora
universitaria, mujer y poeta, revela una ausencia de juicio que me parece
insostenible. Me refiero al libro de Mayra Santos Febres, “Yo misma fui mi
ruta. La maravillosa vida de Julia de Burgos”2.
Para empezar, Julia
fue y no fue una mujer de su época. Con ello quiero significar que si bien fue
por necesidad una mujer de su tiempo, vivió y luchó de manera contestataria, en
reto a la doble moral de pueblo chico que juzga a la mujer de manera diferente
al varón, y en reto a los convencionalismos sociales incapaces de apreciar
positivamente toda heterodoxia. No fue mujer a la que un señorito o un
cualquiera pudiera poner en huida la mirada o hacerla bajar la cabeza. No fue
una creación decorativa de una burguesía rancia, sino compañera de mesa de trabajadores
y braceras. Además, Julia fue una mujer ideológicamente de vanguardia, políticamente
comprometida, primero con el nacionalismo albizuista y luego con las luchas del
movimiento comunista internacional. Ello hace de Julia no solo la poeta
nacional, la "novia del nacionalismo", sino también la poeta de las Antillas, y parte de una grandeza de carácter
que sólo pueden sostener, contra la marea de innumerables oposiciones, las
almas más recias. Esa fortaleza está paradójicamente presente incluso en los
desamparados versos de su testamento poético, despedida escrita con ironía
conmovedora y en inglés: “Farewell from Welfare Island”. Sin embargo, esa
grandeza se utiliza para juzgarla negativamente por quienes la desearon, y aun
desean verla, sometida y humillada, desde el mullido confor encadenado de sus
refugios de celda.
Los biógrafos dan crédito
a evidentes falacias en torno a Julia. Abunda el chisme en sus páginas en la
manera clásica de “hay quien dice”, “hay quien cuenta”, pero “no puedo revelar
su nombre” ¿abochornado? Hay quien afirma que de niña fue abusada por su padre,
o iniciada “en las experiencias eróticas”, aunque su conducta y su obra
no refleje un ápice de ello, y el tajo del comentario en el discurso biográfico
resulte incoherente. Hay quien afirma que el doctor Juan Isidro Jimenes Grullón
la drogaba con morfina para someterla a abusos sexuales (Santos, 149), cosa
verdaderamente inverosímil en una mujer de tanta categoría y dignidad, ajena
por completo a la conducta pusilánime.
Mas el lenguaje mismo
que utilizan los biógrafos está cargado previamente de pecado y de ese murmullo
de convento que le huye a la luz de la verdad. Así se habla de la “amante de
Bosch” con la que compartía un cuarto en La Habana, o de que Julia no fue sino “la
amante de turno” de Jimenes Grullón, porque no se piensa que una mujer tenga
sexo sino que entrega su cuerpo. Así se dice como chisme de barrio, el de “las
malas lenguas” a lo Mirta Silva, el de la especulación arriesgada con un “quizás”
de cuello blanco y oficina de academia, que Julia se bañaba “desnuda” en el río,
como hizo, junto a su madre, durante toda su niñez y como hacían miles de
puertorriqueños en ese entonces –incluyendo mi padre– cuando se carecía de agua potable en los
hogares y se lavaba la ropa en el río. “O bajo cualquier chorro de agua que
cayera de un zaguán” (102), se añade. Así, dice también, se “rumoraba” que en
su relación con escritores tenía que haber más intimidades de las que
aparentaban (92). Se hablaba –y aún se habla– de Julia, además, en términos
como “las cortejas” (149), de “la querida” (150), o que “se dio al alcohol como
si bebiera desde el mismísimo Leteo” (142). Toda la vida de Julia a su regreso
a Nueva York, la reduce a la embriaguez y la postración: “Así pasó los últimos
once años de su vida en la ciudad de Nueva York” (162), aunque unos párrafos
adelante se reseñe la intensa actividad que como escritora y periodista desempeña
en el 1943 en Pueblos Hispanos (163), la estadía en Washington, casada
con Armando Marín y trabajando la oficina del Coordinador de Asuntos
Interamericanos (165), la publicación premiada en el 1945 de su ensayo “Ser o
no ser es la divisa”, publicada en el Seminario Hispano de Nueva York, y,
aunque Santos no lo menciona, participó también, en el 1951, en un programa
radial en homenaje a Luis Lloréns Torres (Rodríguez 386).
La estrechez de
enfoque de muchos biógrafos acechó, y acecha aún, a Julia, quizás por el hábito
de repetir sin reflexión y estudio, o quizás porque la moral doméstica y
provinciana todavía es muy fuerte entre nosotros. Mas me parece que la causa
principal de este acecho es que Julia vivió de manera contestataria, y que
eligió llevar una vida auténticamente decorosa e independiente, consciente de
su valer como ser humano.
Las experiencias
vividas, las penas amorosas, el desenlace de su romance con Juan Isidro, no
explican ni justifican su tragedia. Su tragedia estaba en su sangre, en su
biología: la propensión al alcoholismo, probablemente heredado de su padre. Ese
hecho, que sí es importante registrar para un biógrafo, el único verdaderamente
significativo, fue sistemáticamente enterrado para hacerlo emerger justo a su
regreso a Nueva York y vincularlo así con el fracaso romántico con el
intelectual y político dominicano en un charco de lástima.
Una lectura de las
biografías sugiere que Julia se intoxica con la bebida al menos desde su salida
de Puerto Rico, y que el enigmático episodio sufrido cuando viaja desde Nueva
York a Florida para dirigirse a La Habana podría haberse debido precisamente a
eso. Jimenes Grullón le reprocha a Julia su uso de la bebida en La Habana.
Entonces las razones que explican el rompimiento quizás deben reformularse,
porque el alcoholismo no es uso accidental ni súbito, sino visceral e
incontenible, de larga incubación, que va erosionando lentamente el cuerpo si
no media una férrea voluntad.
Pero creemos que no
debería haber espacio para eso en una biografía que fue escrita “en lenguaje de
pueblo” (22), y que se deseaba “seria y bien documentada” (11). La investigación
en esta obra no se aleja del eco de aquellas voces que vienen arrastrando por más
de medio siglo, ya sea la censura enmascarada de su moral doméstica y machista,
o ya sea la lástima, las mismas voces que rechaza Mir. Los “trabajos
consultados” se limitan a ocho autores y once títulos. Cuando se habla, por
ejemplo, sobre el expediente académico de Julia y se citan expresiones de
profesores (54), las citas están tomadas del libro de Juan Antonio Rodríguez
Pagán, “Julia en blanco y negro”3, no de las
fuentes originales, y están atribuidas erróneamente4. Si Santos se
propone contar la biografía de Julia, “sin pretensiones académicas”, de manera
novelada, algo hace, y ello podría justificar la ficción. Incluyo en este renglón
de ficción el alegado espiritismo en Julia, que en mi opinión era bastante
materialista, tal como corresponde con una simpatizante del materialismo dialéctico.
Según Santos Febres, Julia, como los grandes poetas que “se conectan con otros
planos de la vida”, cree en “otras formas de vida que conviven con nosotros”
(47). Rodríguez Pagán, en cambio, que es la fuente de Santos, cuando se refiere
a la colaboración de Julia con un centro espiritista de Hato Rey, dice que lo
hace “con el propósito de disfrutar del chocolate, las galletas y el queso que
reparten”, del mismo modo que visita
regularmente la panadería “La Euskalduna”
porque regalan “el pan que sobra” (59). Lo que sí es un monstruo que la
persigue y convive con ella, constantemente, es el hambre y la pobreza. El
libro de Santos no es sino un resumen, fundamentalmente, del libro Julia en
blanco y negro, de Rodríguez Pagán, con breves comentarios de otras fuentes y propios. Su mérito
mayor es, pues, la brevedad, útil para quien se apura.
regularmente la panadería “La Euskalduna”
porque regalan “el pan que sobra” (59). Lo que sí es un monstruo que la
persigue y convive con ella, constantemente, es el hambre y la pobreza. El
libro de Santos no es sino un resumen, fundamentalmente, del libro Julia en
blanco y negro, de Rodríguez Pagán, con breves comentarios de otras fuentes y propios. Su mérito
mayor es, pues, la brevedad, útil para quien se apura.
Lo que no cabe leer
sin atolondramiento y confusión, es que Santos Febres diga, ya al finalizar su
libro, que la obra de Julia responde a vertientes de otros “saberes y
bellezas populares como lo son la del espiritismo”, ni, mucho menos, que se
sostenga que al celebrar el centenario de Julia “celebramos la ruta que hemos
elegido como país” (189). Esta última afirmación, particularmente, es una
negación radical de la obra toda de Julia y de sus sueños y luchas
nacionalistas y anticoloniales, libertarias y proletarias.
Tengo la esperanza de
que la manera como se enciende en todas partes el nombre de Julia en este
centenario sea el desenmascaramiento que nos la dé plena de vida, finalmente. Pero más que ello, me parece que la convergencia de este centenario con la degradación de la economía de Puerto Rico decretada por los Standard y los Moodys es feliz, pues, si bien por una parte se deprime el espíritu con la economía achatada a chatarra del gobierno, por el otro, el centenario de Julia demuestra cuán vivo, espontáneo y presto a levantar bandera está en cambio el espíritu de este pueblo. A
ello contribuyen, en convergencia con las iniciativas de tantos sectores y
personas, las de la Comisión Nacional del Centenario y Festival Internacional
de Poesía en Puerto Rico y el Municipio de Carolina. El Municipio de San Juan
promete organizar un extraordinario cierre del año juliano. Predomina en el
discurso público que oímos, me parece, la imagen de una Julia recia,
combatiente y creadora: “sin lágrimas”. Sorprende su ascenso dramático y célere,
como luz de bengala en la oscuridad de la noche, así como la penosa caída de un
ser prematuramente consumido por su propia luz.
Tal como parece, la
propensión de Julia al alcohol fue en su tiempo motivo de un mutismo ciego. Era
algo de lo que no se hablaba, quizás porque así suele suceder mientras no hace
crisis. Alcohólicos Anónimos se fundó en el 1935, precisamente en Nueva York,
pero no tenía entonces una divulgación que pudiera alcanzar a Julia a tiempo
para salvarla de sí misma, no de Jimenes Grullón. Pero ello no afectó la
grandiosidad de su vuelo lírico, aún presente en las atolondradas cenizas de su
póstumo “Farewell from Welfare Island”.
Su verso sigue intacto en el río abonando surcos y peregrinando mares.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
Notas
1. Véase el trabajo publicado en 80
GRADOS, el 15 de noviembre de 2013; también en el portal
www.lasletrasdelfuego.com.
2. Carolina: Municipio de Carolina,
2014, 198 págs.
3. San Juan: Sociedad Histórica de Puerto
Rico, 2000, 479 págs.
4. En la página 54 santos Febres
atribuye a los profesores de Julia, Milán y Rosario, unas expresiones que
pertenecen a Rodríguez Pagán. La cita imaginada: “demasiado huraña y poco
comunicativa, ensimismada, encerrada, que rehúye el trato social”, yuxtapone
dos expresiones separadas de Rodríguez Pagán, hechas en las páginas 53 y 54 de
su libro “Julia en blanco y negro”.
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