sábado, 27 de febrero de 2016

Hablan quechua los pájaros


Hablan quechua los pájaros
(Runa chucchu, es decir, con la gente en el pecho)  

         Para el aliento de piedra de un renato de sándalo
 


El Cusco
no tiene apuros

ni Lima
la piel de seda
Es vida que se levanta
    con sol de agua
        con sol de piedra


Los pájaros cantan quechua
en la ola de los cerros
Y en la morada del hambre
alhaja de alas
palomas blancas
                  
Las torrecillas de piedra
las brujas a son de quena
hacen de pizarro arena
coca de sangre

boca de estambre          

El tiempo es flor de arena
caricia dura
en la garúa
Y en los penachos del cóndor
las letras de oro
cántaros rotos  
          
En las ciudades de plata
la sangre arcana
cantera de almas
van enredados en quipus
templo del agua
luna de alpaca

En las campanas del Cusco
susuros duros
lamentos puros
deletrea en cada pecho
del Titicaca
pradera de agua


Por el espacio sin tiempo
puente de piedra
gema de sedas        
va Renato va Vallejo
como va un verso en
cuadros de Rembrandt.


El Cusco no tiene apuros
ni Lima la piel de seda.
Son pueblos
de mar y sierra
que van cantando
por la vereda. 
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

sábado, 13 de febrero de 2016

En busca de Francisco Matos Paoli



Francisco Matos Paoli: 
candor y fuego


Francisco Matos Paoli fue, quizás, el poeta puertorriqueño que más vivió imbuido de poesía. Suya la consagración de un oráculo y demiurgo de la poesía. Otros grandes poetas dedicados en cuerpo y alma al oficio del verso hemos tenido, como Evaristo Ribera Chevremont. Pero don Paco vivió desde la adolescencia en un coto de encantamiento del que apenas salió, pues lo llevaba consigo. Era, más que su sombra, puro halo.
    Yo conocí a don Paco desde los 19 años, aproximadamente. El Bachillerato en Estudios Generales requería la presentación de una tesina para otorgar el grado universitario, y recurrí a don Paco para que me auxiliara. Desde entonces, y hablo de 1971, lo visité con frecuencia. Durante mi residencia en México, a donde me llevó el afán de realizar estudios posgraduados en la UNAM, nos escribimos con muchísima frecuencia. Don Paco era un comunicador incansable y generoso.  Todo libro que le obsequiaban recibía de vuelta una reseña suya. Su día a día era leer una pila de libros en un sillón de madera en el balcón del segundo piso de su casa. Allí escribía en libretas sus poemas diarios que doña Isabelita le pasaba a máquina.
    En esas numerosas visitas y conversaciones lo oí quejarse con frecuencia de que los poetas jóvenes lo rechazaban por su devoción cristiana, su predilección por la Virgen, y su inclinación espiritista al misticismo. Entendí que se refería a los entonces jóvenes poetas del sesenta, dueños entonces del circo de los equilibrios y desequilibrios literarios, y portavoces de una poesía comprometida y militante. Curiosamente un par de ellos se habían casado con sus hijas y le habían dado nietos.
    La Revista “Guajana” publicó varios números en homenaje a poetas puertorriqueños. Julia de Burgos fue uno de esos poetas, así como Palés Matos, Margenat y Llorens Torres, entre otros. Es cierto que nunca publicaron un número en homenaje a don Paco, pero tampoco publicaron nunca un número en homenaje a Juan Antonio Corretjer, entonces el decano de la poesía comprometida y militante en Puerto Rico.
    Don Paco tuvo una época, en la década del cuarenta principalmente, en la que predominó en su quehacer una poesía que se catalogó repetidamente como hermética, en función de su predilección de entonces por el simbolismo francés y la poesía de Mallarmé. Posteriormente vino la represión política contra el nacionalismo y don Paco fue condenado por violar la “ley de la mordaza”, es decir, pronunciar cinco discursos en la tribuna nacionalista. La prisión lo enloqueció. Aunque sufrió pocos años de prisión, los efectos en su espíritu se prolongaron. Entonces nació de la locura un canto iluminado, destilado de candor lírico. Mas ni siquiera entonces don Paco perdió el norte telúrico con que nació al mundo y a la poesía. En el centro de su “Canto a la locura” sigue afincado “Don Pedro, el Dirigente”.
    Aun adolescente, Matos Paoli da a estampa libros de temas labriegos. Su amor a la tierra patria lo encarrilará en su devoción inquebrantable por la figura maestra de Pedro Albizu Campos, líder del nacionalismo. Mágicos, audaces y sobrecogedores son sus libros “Canto a Puerto Rico”, “Luz de los héroes”, “Canto nacional a Puerto Rico”. Aún en su época postrera, en los años noventa, la figura de Betances y, desde luego, la eterna de Albizu, lo hará estremecer.
    Recuerdo que estando en la Universidad de Puerto Rico en Humacao por esos años de los noventa, un empleado vino a mostrarle unas décimas que había escrito en honor a Albizu, alusivas a “el valor y el sacrificio”, tema predilecto del albizuismo. Don Paco se puso de pie,cuando el otro terminó su lectura, y comenzó a improvisar una glosa de varias décimas en respuesta. Como hiciera siempre en sus discursos, su inicio fue lento, como quien agarra energía de los lados, pero poco a poco se enaltece, y vibró terminando en un acelerado estremecimiento como una antena que fuera a quebrarse.
     Durante décadas, las últimas décadas de sus 85 años, se esforzó por desprenderse del hermetismo en un afán de acercarse y abrazar con su palabra a todos. Incluso se nota un desplazamiento de lo meramente nacionalista hacia el socialismo revolucionario con el que creyó no poder comulgar nunca plenamente, pues concebía al socialismo como ateo. No es extraño hallar en sus diez “cancioneros” de los años setenta, compuestos cada uno por 150 sonetos, y en los posteriores diez libros de “antisonetos” de los ochenta, poemas de tema social y político, contra la corrupción y los esbirros, contra el imperialismo y la colonia, la oda al obrero y la utopía redentora. No es extraño hallar en casi todos sus libros poéticos –más de 250– la temática social, el tono de denuncia o de censura, la diatriba amarga y fuerte.
    Para el crítico que pretende estudiar la poesía de don Paco la tarea es titánica, pero nunca ingrata. Luis de Arrigoitia editó en el 2006 una antología –“Raíz y ala”– de la obra poética de don Paco, pero se limitó a la obra publicada. Aún así, le salió la antología en dos tomos y casi mil páginas.
    Por carecer del abundante tiempo para hacer una tarea meritoria y justa indagando sobre el terreno, me concentré en un libro que por fortuna se editó en el 1997. En esa fecha doña Isabelita, su esposa y cómplice, seleccionó más de 100 poemas de Don Paco para componer un volumen poético que tituló “Verbo proletario”. Don Paco dio de este modo muestra inequívoca de una inclinación constante por el tema del obrero. No faltan ni las atribuciones que hace de su propio padre como campesino y proletario. Tampoco la visión del poeta como un obrero. De hecho, en la contratapa del libro dice el propio Matos Paoli lo siguiente:
    “La antología poética Verbo proletario, cuya determinante es la exaltación del trabajo manual en el obrero, se realiza hoy en día a base de la gestión hecha por Isabel Freire, mi esposa, que se inquietó maravillosamente por el tema y luego fue seleccionando de mi obra poética cien utilidades rítmicas. Se ha querido expresar no solamente el fervor del mundo, sino también la vivencia creadora del poeta-obrero que soy yo.
    “Íntimamente entrelazada a un cúmulo de experiencias vitales de primer orden, esta poesía busca la identificación del trabajo explotado para llamar la atención a los capitalistas. Deben entender la urgente necesidad de aclamar al obrero y elevarlo a la categoría justa que se merece como ente civilizador.
    “Tengo que hacer un reclamo público por medio del cual identifiquemos el arte poético como una trasmutación de la justicia social. Al mismo tiempo quiero hacer posible otra identificación que merece reconocimiento por nuestra parte: el hecho tácito de que no hay diferencia alguna entre el trabajo manual y la dedicación perenne del poeta a traer luz de los mundos imposibles”.
    De esta manera Matos Paoli reivindica en la misma plaza de la revolución proletaria su fervor cristiano y espiritual. No ve contradicción entre la fe y el compromiso patriótico y humano que aboga por la redención de los humildes explotados. A pesar de sus rencillas agridulces con los nerudeanos, suya es también la convicción de que la poesía nunca debe “cantar en vano”.
    Curiosamente este libro sale a la luz en el 1997. Para esa fecha la generación de poetas comprometidos y militantes había evolucionado significativamente desde las posturas más intransigentes de la juventud. Pero el 1997 no es la fecha de composición de los poemas. Como se ha dicho, es una selección hecha de libros publicados e inéditos, a partir del inicial “Cardo labriego” de 1937. Sin embargo, de los 49 libros representados, treinta estaban entonces inéditos.
    La poesía proletaria de don Paco se congrega en diferentes formas, a veces las clásicas, a veces el verso libre. La noción de la explotación de que es víctima el obrero en la sociedad capitalista es una constante. De ahí la imperiosidad de las redenciones y la demanda de revolución. Con ello va de la mano la noción de patria esclava de tiranos. Don Paco reivindica conceptos caros al marxismo como el poder creador del trabajo, la plusvalía y la enajenación; caros a la poesía como la imagen del sudor; caros al humanismo socialista como la hermandad de la clase que comparte como camaradas. La mujer proletaria está presente, así como la evocación martiana que alude a la solidaridad “con los pobres de la tierra”. Piquetean en estos versos términos rituales en este tipo de poesía como pan, masa, nuevo hombre y nueva mujer, himno al trabajo, el látigo del campesino, las trabajadoras domésticas, la denuncia del capitalismo, la noción de clase, la idea de que el obrero transforma el mundo, y, naturalmente , un “Cristo proletario”.
         Me consta la enorme simpatía que sentía don Paco tanto por las luchas patrióticas como por las luchas de clase. No era extraño verlo un marchas multitudinarias convocadas en defensa de la patria o en defensa de los derechos de los trabajadores. Su misma queja de abandono expresada hacia el sector más radical y comprometido es evidencia de que en su fuero íntimo don Paco no consideraba incompatible su espiritualidad religiosa y la causa social. Grabadas como estigmas en las palmas de sus manos estuvieron siempre ambas señas de identidad. Eran las semillas heroicas de su tierra natal: las semillas de Lares.


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Presentación de EXÉGESIS 76-78: Las Actas del Simposio a JULIA








Presentación

En primer lugar,  el Simposio, cuya memoria se retiene en estas Actas, tuvo una asistencia récord en nuestro recinto. Varios miles de personas figuran en los registros de asistencia. Fue, además, un simposio que se vertió por cauces múltiples. Acogió la música de Zoraida y el arte teatral de Idalia; acogimos al artista plástico español, José María Sánchez-Darro, a sugerencia de María Consuelo, a quien nosotros invitamos a montar acá las piezas de su exposición de Granada, exposición que le permitió al Museo Casa Roig despertar de un largo letargo. Acogió, acogimos, en sesiones concurrentes y en tres espacios diferentes, alrededor de 40 ponencias, más el beneficio, generoso como un sueño, de la pintura de Dennis Mario y la de Rafy Trelles.

    Aunque fuera imposible, las Actas que presentamos han pretendido englobarlo todo. Ofrecen, esa mirada de 360 grados, de lo que en verdad fue ese Simposio que, vertido por diferentes caminos, ninguno de nosotros podía, ni pudo, apreciar completo. Pero las Actas también nos permiten evocar muchas de las actividades realizadas con motivo del Centenario, en todo Puerto Rico, y fuera de Puerto Rico, tal como intentamos hacer con la proyección, sin pausa, en la pantalla del teatro. La sola presentación, en ausencia por cierto, del libro de las “Cartas a Consuelo”, que no pudieron llegar a tiempo, fue a pesar de eso, uno de los momentos sublimes de la actividad, pues realizada por  “las burgos”, idea también concebida por, y debida a,  María Consuelo, reunió en un haz luminoso la experiencia secreta e inédita de toda una familia. Estoy seguro de que esa presentación, aun con la ausencia del libro, resultó no solo brillante, sino que estimuló marcadamente el interés en el libro.

    En segundo lugar: El libro-revista que presentamos es un híbrido. Mitad libro, mitad revista. Libro, con señas de revista porque revista debía ser una tirada de EXÉGESIS. Revista, con revestimiento de libro porque así nos lo pidió Mercedes López Baralt y otras queridas personas. Libro, mas no un libro lujoso. Porque ni el país, ni la Universidad pueden permitirse ese gasto, como sabemos todos. Pero Sí puedo afirmar que es un libro digno, cuya grandeza emana, más que de su edición, del contenido que ustedes aportaron.

    Creo que es perentorio subrayar, en tercer lugar, que esta edición, triple, de la revista EXÉGESIS, coincide con el trígesimo aniversario de su fundación. Hace tres décadas... en el 1986, 1996, 2006, 2016...  Una revista de la facultad que ya no estaba dirigida a la promoción institucional, ni se reducía tampoco a rincón de biblioteca. Una revista que pretendía algo más que cumplir con un requisito para la acreditación. Un vehículo vivo, y palpitante, de publicaciones académicas, abierto a toda la facultad, que podía entrar en un diálogo digno con los académicos, intelectuales y artistas de todo el planeta, y que tenía, tuvo, algo de relincho y de campana.

    Creo que EXÉGESIS cumplió su tarea. Durante más de dos décadas EXÉGESIS fue, no solo la bandera institucional, sino modelo de otras revistas del sistema. Uno de los cinco simposios organizados por nosotros dio abrigo a, y abrió espacio de diálogo con, todas, TODAS las revistas culturales y académicas, fueran tiradas en papel o cibernéticas, y abarcó un horizonte mayor que el sistema universitario público, e incluso del país.  EXÉGESIS también fue, dentro del sistema de la Universidad de Puerto Rico, la que abrió la puerta para una tirada combinada en papel y en internet. EXÉGESIS hizo ediciones combinadas con instituciones culturales de otros países de Nuestra América, como Paraguay, Cuba, España, Chile y Centro América. EXÉGESIS ha publicado, contra viento y marea, en un recinto pequeño, 78 números en 30 años.

    EXÉGESIS fue una revista que no temió defender algunas causas y principios, ardientemente, como no lo ha hecho ninguna otra revista académica de la UPR. EXÉGESIS no tuvo reparo en defender nuestro español vernáculo, el idioma de nuestros abuelos; EXÉGESIS no tuvo miedo de defender la causa del pueblo de Vieques; EXÉGESIS tuvo el valor de abogar por  nuestros presos políticos; EXÉGESIS clamó por el Instituto de Estudios Hostosianos, entre otras cosas.



     En el cuerpo editor fundador ya estuvo quien escribe, recién nombrado apenas para ocupar una plaza en este recinto. Y aquí estoy todavía, mitad fósil y mitad prehistoria, mas con un pie en el estribo para la jubilación. Creo que cabe decir, sin alocada hipérbole, que llevo a EXÉGESIS en mi sangre. Y EXÉGESIS lleva la mía.

    Para terminar, me abruma entrever que, como una de esas sublimes coincidencias que parecen destino, el trigésimo aniversario de EXÉGESIS se ha fundido con el centenario de Julia. Quizás a nuestra gestión, al frente de esta revista, le esperaba, al final del camino, este encuentro sublime con Julia de Burgos. Hablo de los tres años que llevo francamente anclado, en su memoria.  Pero pienso ahora, además, aunque quizás sea un delirio, que acaso estábamos todos, en la Junta Editora de EXÉGESIS, ungidos, sin saberlo, en la sangre de Julia de Burgos. Hablo... de la Julia rebelde y amante.  Hablo... de una pasión perdidiza. Hablo... de ese ruiseñor que quiso ser pitirre. Hablo... de morir en la eternidad de la palabra. Porque, a diferencia de esa palabra luz, que se apaga con un click, la palabra impresa que se nutre del humus humano, es, como lo aprendí de niño, cómplice secreto de lo perenne. Ese es el linaje, constelado, de Julia de Burgos.

(El presente texto es parte de la Presentación del número.)

Marcos
Reyes Dávila
Director de EXÉGESIS y
Coordinador y Editor del Simposio

viernes, 15 de enero de 2016

Un enigma en la biografía de Hostos


Un enigma 
en la biografía de HOSTOS:
el héroe de los tiempos que no han sido

 
 

Este once enero, cuando me preparaba para asistir a la develación del busto y la plaza de Eugenio María de Hostos ubicada en la Universidad de Puerto Rico en Humacao (UPRH), me sentía ungido por el “espíritu del once de enero” del que escribí hace unos días. Súbitamente germinó en mi mente una nueva mirada. Me refiero a la manera de abordar o de enfocar uno de los enigmas, cruciales para mí, de la vida del mayagüezano.   
    Los enigmas y las lagunas abundan en la biografía de Hostos. Las producen, entre otros factores, el carácter incompleto que tiene la recopilación de la obra de Hostos, mutilada tras la supresión del Instituto de Estudios Hostosianos en UPR-Río Piedras hace unos años,  y esa dificultad de comprender al genio que padecemos los que no lo somos, que somos tantos. (Sobre esto último, me refiero a eso que se le ha achacado al autor de “Las conversaciones con Goethe”, Eckermann.) De ahí que escribir la biografía de Hostos sea una aventura y un riesgo inmensos que pocos han intentado. Dos de ellos (Pedreira y Bosch) alrededor del año del centenario, cuando se recopilaban sus textos. Otro, muchos años más tarde: Carlos Noriega. Aún así, con la aventura y con riesgo, me quisiera intentar escribir otra biografía tan pronto me retire de la UPR-Humacao, lo que será muy pronto.
    El enigma al que me refiero al inicio de estas letras es solo mío. Así me ocurrió antes con otros enigmas. Por ejemplo, con aquella afirmación que era tópico común, es decir, repetido a la saciedad y nunca cuestionado, sobre la alegada “renuncia de Hostos a la literatura” que propagó Adelaida Lugo con su tesis doctoral. No me resultaba compatible esa afirmación al observar los 21 volúmenes de las obras (in)completas. Fue Alfonso Reyes, a través de Retamar, quienes me hicieron comprender el carácter fundamentalmente ancilar de la literatura hispanoamericana, concepto crucial para comprender a su vez la naturaleza ancilar, pero no menos literaria de gran parte de la obra escrita de Hostos. Después pude ver que esa ancilaridad no era una novedad ni una característica intrínseca o crónica de nuestra literatura, sino una que ha estado presente en muchas otras literaturas y en muy diversos tiempos. En el caso de Hostos es muy claro su aprecio por el arte y la literatura. Ahí está su “Hamlet”. Lo que ocurría es que Hostos consideraba un deber ineludible, sobre todo en países coloniales, la creación literaria dentro de los parámetros de la demanda y el ejercicio de la libertad. Imperativamente, había que construir países; había que construir patrias.
    Como me ocurrió con la supuesta renuncia a la literatura, me ocurrió, análogamente, con la afirmación recurrente del alegado “reformismo” del “joven Hostos”, revolucionario sin duda, en su etapa española, si tanto se habla de la Revolución Francesa, por ejemplo, por implicar un cambio de régimen, de la monarquía aristocrática por una parte, al republicanismo burgués subsiguiente.
    En esa lista de desavenencias podría también incluir muchos otros fenómenos. Por ejemplo, el alegado visto bueno de Hostos a la anexión a Estados Unidos ; o la deuda de Martí a Hostos en cuanto este anticipó a Martí en su descripción de lo que es Nuestra América; o el hecho mismo de que Martí leía y sabía de Hostos desde los 16 años, pues lo publicó en “La Patria Libre” en 1869, y aquí nadie lo mencionaba ni consideraba en las comparaciones entre uno y otro; o la conciencia de la supervivencia de la colonia en los países independientes de nuestra América; o la idea de que la libertad es mayor que la independencia, y de que aquella le sigue a esta; o la presencia central de la necesidad de la unidad antillana desde 1863, con “La peregrinación de Bayoán; o la presencia, en el joven Hostos, del convencimiento de la igualdad de los sexos, según se muestra en “La tela de araña”; o la defensa de la revolución e independencia de la República Dominicana oculta con un truco en “La peregrinación de Bayoán”, y tantos otros fenómenos de su predicar peregrino.    
    Todos los estudiosos de Hostos han repetido también, a la saciedad, la idea de que Hostos murió de “asfixia moral” ante la violencia que retornaba a la República Dominicana, país amado, y parte del cuerpo de la patria antillana que fue el centro gravitatorio de su pensamiento. En otras palabras, mas con ese sentido, lo expresó en las honras fúnebres Max Henríquez Ureña, pero fue Pedro Henríquez Ureña quien acuñó la frase.
    La frase tiene base sólida. En la última entrada de su célebre “Diario”, la del seis de agosto (Hostos murió el once), el mayagüezano se desdobla y habla con su propia sombra sobre “el fastidio de la vida”, e, incluso, menciona el “suicidio”. Bosch, tras referir la anécdota sobre ese Sócrates del que escribe Hostos en esas últimas páginas –el que bebió la cicuta, observa Bosch–, vincula su muerte con el fallido empeño de su vida, es decir, esa construcción de la libertad de las Antillas por la que tanto se afanó. Sin duda es un acierto del dominicano. Mas nada de esto hace impugnable la idea en aquel que aborreció su vida y deseo morirse al conocer del fin de la guerra de Cuba en el 1878.
    Desde principios de los años ochenta, desde que escribí el poema en seis partes “En la tumba de Eugenio María de Hostos” (publicado en 1984), y el discurso que leí ante su busto en el Recinto de Río Piedras el once de enero de 1986, “Hostos: las manos y la luz”, me disgusta esa interpretación de la muerte de Hostos, que he repetido muchas veces, porque no se ajusta a mi mirada del hombre que a lo largo de 64 años batalló incansablemente con numerosos enemigos, de diferentes formas, y reinventando su lucha una y otra vez.
    Se enfrentó a la monarquía española con ideas republicanas y federalistas desde la propaganda y las novelas; se enfrentó a los liberales españoles antimonárquicos para defender la libertad de las Antillas con discursos y francos aspavientos; se enfrentó al totalitarismo de los gobernantes españoles en las tres Antillas con las armas de la insurrección y el ardor de la batalla, organizando emigrados, desde la tribuna y con esa tenacidad con la que en la República Dominicana fundaba al otro día un diario con nuevo nombre cuando le cerraban otro; denunció la corrupción en Lima, y defendió a los cholos, y a los incas y los chinos; defendió la imparcialidad del futuro canal de Panamá, todavía sueño; defendió la mujer, la cultura y el derecho en Chile; defendió en Argentina la integración de la América Latina, al gaucho, al inmigrante, y destacó el beneficio de la integración suramericana través de ferrocarriles y de la creación mercado común que le permitiera a Nuestra América defenderse de los imperialismos que la acosaban,  y por Cuba se manifestó en las calles contra el mismo presidente Sarmiento; defendió a los negros esclavizados de Brasil; el derecho al conocimiento, la educación y la libertad en Venezuela y en todas partes; abogó por la creación de confederaciones y la unidad de toda la América nuestra.
    En Dominicana y en Chile utilizó la educación para crear el ejército de auxiliares que necesitaba para cambiar el rumbo de un continente amordazado aún por la herencia colonial. Regresó a Puerto Rico tras la invasión norteamericana para abogar por nuestra autodeterminación con las armas del derecho e instigando la sociedad civil. Regresó a la República Dominicana para reemprender y terminar su obra de libertad. Creó los fundamentos del saber, la teoría y la práctica de una variedad grande de disciplinas. También luchó incansablemente, toda su vida, consigo mismo, en busca del “hombre completo” que anheló ser y forjar en sus discípulos.
    De acuerdo con sus propias palabras, “quiso serlo todo a un mismo tiempo”: “sentir y pensar y querer en Colombia, en Perú, en Chile, en Argentina, como sintiera y pensara y quisiera el mejor de sus patriotas”. “Antillano por la América latina, latinoamericano por las Antillas (...), y además, ecuatoriano con los expatriados del Ecuador, boliviano con los patriotas perseguidos, paraguayo con el pueblo aniquilado”. “Indio con el indio maltratado,; chino con el chino esclavizado del Perú; huaso y roto con el roto y huaso que diezmaban las enfermedades de la Oroya; gaucho con el gaucho argentino mal apreciado...” Tan inmensa inmensa era su abnegación revolucionaria, que no dejó de trasladarse “mentalmente” a la época de la conquista en cualquier parte de América, para sentirse ¡“Bayoán, Caonabo. Hatuey, Guatimozón, Atahualpa, Colocolo”!             
    La peregrinación de Hostos no es, según vemos, la mera novela de un deicida. Es, además, ineludible y fatalmente la encarnación del mito de Sísifo. La epifanía de aquel condenado eternamente a subir una roca por una ladera empinada que volvía a caer, para volver a subirla una y otra vez. Los batallas, como se ve, se desarrollaron en áreas muy disímiles, como los enemigos que enfrentó: desde el imperio español en las Antillas, hasta el imperio americano que desataba su minotauro.
    Un detalle me salta a la vista: la continua mudanza de escenarios, la búsqueda incesante de modos de adelantar el deber de los deberes. “Serlo todo a un mismo tiempo.” Cada mudanza fija un cambio de rumbo. Cada mudanza ata un embarco con un desembarco.
    ¿Por qué se fue Hostos de España? Porque no pudo luchar dentro de ella
contra el imperio español. ¿Por qué se fue de Venezuela, país donde conoció a su amada Belinda? Porque un dictador quiso imponerle condiciones. ¿Por qué abandonó la  organización de la emigración antillana en Nueva York? Porque en ella dominaban los independentistas anexionistas. ¿Por qué abandona sus intentos con la lucha armada? Porque termina la guerra en Cuba y la posibilidad de adelantar esa lucha. ¿Por qué se retira en 1888 de la República Dominicana donde fundaba escuelas sin precedentes? Porque otro dictador le impidió continuar la tarea. ¿Por qué abandona la reforma educativa en Chile donde era rector de un liceo y profesor de Derecho en la Universidad de Santiago? Porque le fue más importante, le urgía sin poder contenerlo, intervenir en el destino de su patria natal tras la ocupación norteamericana. ¿Por qué abandona nuevamente a Puerto Rico? Porque no consiguió despertar el deseo de libertad en nuestro pueblo. ¿Por qué muere en la República Dominicana cuyo pueblo tanto lo quiso? A eso vamos.
    Ya se ha observado que la vida de Hostos parece haber estado predestinada desde que escribió “La peregrinación de Bayoán”. Que esa novela no solo contiene sus ideas revolucionarias –el germen iluminado de la libertad y la confederación de las Antillas–, sino que predice su vida. Y, en efecto, eso fue su vida: el pregón peregrino, la peregrinación de un deicida que perseguía incansablemente una utopía de redenciones humanas. Un continuo y necesario exilio en busca de una nueva y diferente forma de lucha, adecuándolas según el enemigo, el escenario y la época. Esa es la razón por la que varios estudiosos de la obra de Hostos han visto, en la vida que se forjó, su mayor obra.
    Pero es perentorio establecer que Hostos fue quizás, antes que nada, un espíritu creador y forjador. Ante la infinita pampa argentina lo conmovió la idea de que nacer americano era “recibir al nacer una beneficio” porque significaba la oportunidad de crear un mundo. Esa fue su actitud ante la vida, sin desvíos ni pausas. Así vivió: fundando y creando por doquier y en todo. Esta es una de las razones que explica algo que comprenden pocos: que Hostos se niegue en ocasiones a mirar o sentir a Puerto Rico como su patria. Y es que en Puerto Rico la colonia le veda la oportunidad de forjar vida y de vivir en libertad. (¿No es eso lo que le ocurrió a Betances?) En ese sentido Hostos puede sentir y entender a la República Dominicana como su patria, pues allí está fundando. Y su accionar incesante por toda América Latina le permite sentirla bolivarianamente como su patria grande. Es en este sentido que pudo decir a su paso por Brasil, respondiendo en la aduana, que no tenía patria: que estaba creándola. Y por eso mismo no quiso ser enterrado en Puerto Rico, mientras no fuera libre.
    Entonces, cuando se habla de la “asfixia moral” como la causa de su muerte, pienso, siento y creo que se enfoca el hecho por el lado negativo. Esa asfixia de la que se habla me huele a derrota, me apesta a tirar la toalla, a rendimiento. Yo no creo, nunca he creído, no lo he visto, a ese alegado Hostos que se rinde. Su muerte, por el contrario, la veo mejor, por el otro lado de la moneda, como el exilio de quien comprende que sus aspiraciones no tienen posibilidad de adelanto en el término de su vida, tal como le ocurrió a Alonso Quijano. Es el exilio de aquel que nos aconsejó ser pacientes y ardientes, porque lo importante –“el fin”– no es, según lo expresó claramente en su “Plácido”, disfrutar del día de la victoria, sino “contribuir” a que llegue el día. ¿Contribuyó Hostos? ¡Válgame que sí! ¡Y cuánto! Y en tantos frentes, con tanta obra, con un aliento e impulso que nunca acaba.
    La “sombra” que se cierne sobre él poco antes de su muerte solo da testimonio de su profundo amor luminoso por el pueblo dominicano. Pues solo un amor muy grande puede causar una angustia tan grande. Por eso, en agosto de 1903, Hostos debió recordar, agobiado por la violencia que estallaba en su país, aquella “lúgubre profecía” que por carta intercambió con su padre muchos años atrás.  Su padre le escribió con respecto a la agonía ardiente de su hijo aun joven lo siguiente:
        “Hijo, amaneciste muy temprano”.
En esas palabras Hostos se percató de que, en efecto, “cuanto más llego a donde debo, más temprano llego”. El huracán que azotaba, literal y metafóricamente a la República Dominicana justo en ese momento, bien pudo inclinarlo a recordar en el lecho donde yace estas viejas palabras suyas:
    “Héroe de los tiempos que no han sido, llegué a la revolución de las Antillas en 1863, cuando nadie se acordaba de ellas: llegué muy temprano. Héroe de los tiempos que no serán jamás, llegué aquí (Nueva York) en 1869 a buscar revolucionarios que no había...”
    Quizás la muerte de Hostos nunca debió ser objeto de esa impresionante “ofrenda lírica” que le ofreció doliente el pueblo dominicano. El Simposio que celebramos en Humacao con motivo del centenario de su muerte lo realizamos para “el Hostos vivo”, ese que es germen y semilla, que brota manantial y alecciona, ese que indica nuestro punto de partida y señala la ruta. Justamente por eso, entregamos la “Medalla de la Solidaridad Eugenio María de Hostos” al sufrido y luchador pueblo de Vieques. Y es que la muerte de Hostos se proyecta al porvenir. Es decir, a “los tiempos que no han sido”. La muerte de Hostos puede concebirse, y así debemos, como un nuevo exilio, pero esta vez hacia el porvenir, repito, hacia los hijos de estos suelos, de esa augusta herencia. Al morir, según lo siento y lo entiendo, Hostos destelló como la epifanía mencionada: la certidumbre de que se había convertido en el héroe de los tiempos que no han sido.

                                                     

Marcos Reyes Dávila, 
                                                         enero de 2016.
                                                          ¡Albizu seas!

viernes, 8 de enero de 2016

Hostos sobre Bolívar


jueves, 7 de enero de 2016

El huracán Eugenio María de Hostos



El huracán

Eugenio María de Hostos



La primera vez que oí la imagen del “huracán”, aludida en el sentido de fuerza revolucionaria y reconstructora, fue en el teatro de la universidad en la voz de Juan Antonio Corretjer. “El que viene –o vino– como un huracán”, clamó, refiriéndose a la energía sísmica que proyectó, y aún proyecta en cuanto mito redentor, Pedro Albizu Campos. Quisiera emplear esa imagen para dirigirla esta vez a otra figura histórica de semilla y flor, de esas que emergieron de la luz de los relámpagos: Eugenio María de Hostos. Porque, de los próceres de América de la segunda mitad del siglo XIX, Hostos fue, sin duda, uno de los más grandes reconstructores.
    La razones que podemos enumerar para demostrar esa grandeza recreadora en Hostos son múltiples. En primer lugar, su construcción de la idea misma de la unidad de las Antillas que se amasó como el pan entre los revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX y que alimentó los ímpetus de la emigración y los exiliados, abonando y robusteciendo incluso las armas sublimes de una figura histórica inmensa como lo fue y es José Martí. Segundo, la reconfirmación de la imborrable e insuperable gesta de Bolívar que, como canción de gesta proclamó Hostos al apenas llegar a tierra colombiana en su prolongada travesía al sur americano. También podemos incluir entre estas razones esa consagración de toda su vida a la causa de la independencia de las Antillas, y de toda América. Y su clara concepción de que la independencia de las Antillas era más un medio que un fin, al que tenía que seguirle la construcción de sociedades de ciudadanos y países libres. Además, cabe incluir su temprana conclusión formulada en Lima, de que la segunda independencia de los países todos de América era perentoria e inaplazable, ya que observó allí, rodeado de la ortodoxia regurgitada de las iglesias y conventos, de la explotación del inca marginado y del desprecio y esclavitud del chino, cómo la colonia había logrado sobrevivir a la independencia.
    No tuvo pausa ni hizo concesiones en su búsqueda incesante y reconstructiva de los medios e instrumentos para alcanzar esa libertad continental, la de Nuestra América, ya fuera por asociación con instrumentos políticos afines, ya fuera por las armas, ya fuera a través de la educación, ya fuera a través del derecho que apenas se erigía y clarificaba entonces, ya fuera despertando la fuerza viva de la sociedad civil. Su desarrollo de una filosofía americana y de un pensamiento científico dirigido a la comprensión de nuestra realidad y a la edificación de los cimientos que hicieran posible, en todas partes, la construcción de sociedades libres, fue el norte de su brújula. Del mismo modo, el paciente y constante examen crítico de sí mismo dirigido a la incaudicable e insobornable dedicación al deber de los deberes.

     Hostos puso su vida al servicio de esos objetivos con la más completa abnegación. Toleró la indigencia; el rigor inmutable del frío nevado en Nueva York; la falta de recursos para transportarse del puerto de El Callao a la ciudad de Lima; el pobre alojamiento; el hambre; la dignidad con la que rechazó auxilios; la navegación en tercera clase,  junto a los animales y los indios con los cuales compartió y con los que fue capaz de regocijarse en sus fiestas; los ataques incesantes de los poderosos; la tentación de almohada mullida de los amores; los atentados; los fracasos; la lucha contra el resentimiento... A todo respondió con la claridad visionaria de su pensamiento y de su dedicación.
    Denunció todas las injusticias: se convirtió, a sí mismo, en el más colombiano de los colombianos malheridos, en el más peruano de los peruanos colonizados, en el más cholo de los cholos empobrecidos, en el más inca de los incas explotados, en el más gaucho de los gauchos marginados, en el más esclavo de los esclavos oprimidos, en el más antillano de los antillanos desposeídos. A los colombianos les urgió a proclamar y mantener la necesidad de independencia de un canal aun dormido en el sueño. A los peruanos, trenes que fueran de los Andes a la costa. A los cholos la incorporación del hombre natural de nuestros pueblos para participar de la riqueza. A los incas su agenda en el derecho. Al gaucho el reconocimiento de su dignidad. Al esclavo, su derecho a la libertad. Al antillano la construcción de los puentes de una nacionalidad compartida y libre de opresiones.
    A la mujer chilena, y a la de todas partes, Hostos reclamó la absoluta igualdad de los sexos. A los pueblos del continente Hostos propuso la integración a través de trenes trasandinos, la navegación de los ríos, la concertación de acuerdos comerciales y políticos, la defensa común contra las agresiones imperialistas, la hermandad que impidiera el azote de pueblos como el de Paraguay, la gestación de pueblos que partieran de ellos mismos para forjar un porvenir. Por eso, plantado en suelo de Argentina, Hostos pudo vislumbrar el beneficio providencial del que gozan los pueblos que tienen tareas y mundos por crear. Acosado por una moral diariamente encendida y demandante, Hostos fue capaz de expandir su energía sembradora por todo un continente.

    Cuentan que a su regreso a Puerto Rico en el 1898, cuando intentó, incentivado por Betances, influir en los acontecimientos para dirigir las marejadas hacia el reconocimiento del derecho de autodeterminación y de la libertad inalienable de nuestro pueblo, Hostos se expuso, en una ocasión, a descubierto, ante las fuerzas de un huracán que azotaba al país. A las reconvenciones de su esposa Inda, que clamaba porque se pusiera a resguardo del peligro, Hostos le respondió que le permitiera disfrutar el espectáculo. Pocos seres humanos pasan por la vida con la herencia y la unción del huracán.



                                                  Marcos Reyes Dávila
                                                          ¡Albizu seas!

Publicado en "80 Grados" el 8 de enero de 2015:
http://www.80grados.net/el-huracan-eugenio-maria-de-hostos/

miércoles, 6 de enero de 2016

Hostos: El espíritu del once de enero



HOSTOS:
El espíritu del once enero

Oigo hablar del “espíritu del once de enero” y pienso en Hostos. Hostos es, fundamentalmente, un espíritu fundador y libertario. Por fundador, un espíritu creador y heterodoxo. Por libertario, un espíritu luchador, ético y forjador que celebró desde la pampa argentina el beneficio de nacer americano porque tenemos todo un mundo por crear.
    La América Nuestra, en general, hoy lo desconoce. Puerto Rico, también. Nada ha cambiado en realidad desde que Pedreira lo calificara en los años treinta del pasado siglo con la paradójica expresión de “ilustre desconocido”. Mas resuena su nombre en la hermana República Dominicana donde descansa junto a los forjadores de la patria. Algo menos, me parece, en Cuba, incluso en la revolucionaria.
    La razón de ese desconocimiento está en el carácter colonial del gobierno de Puerto Rico que, por su propia naturaleza, y en cuanto vasallo del imperio que nos posee, niega y reniega de sus valores por más altos que sean. Algunas altas figuras asimilistas, no obstante, tuvieron que reconocer su inmensidad. Hablo, fuera de los límites de la ciudad letrada, de destacadas personalidades políticas de la primera mitad del siglo XX que celebraron el natalicio de su centenario y se ocuparon de agrupar y editar sus “obras completas”. Incluso el líder del movimiento estadista de la segunda mitad del siglo y fundador del partido varias veces gobernante, Luis A. Ferré, llevó entre sus manos, de alguna forma, su texto de la “Moral social”, e impulsó, personalmente, la edición crítica del volumen del “Tratado de moral”.
    Más tarde el gobierno sufragó los costos de un enorme sesquicentenario, levantado por impulsos de Manuel Maldonado Denis, que culminó con la creación del Instituto de Estudios Hostosianos en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y la creación de la Cátedra que llevaba su nombre. Hablo en tiempo pasado porque tanto el instituto como la cátedra pasaron a mejor vida hace años hundiendo la tarea inconclusa como el Titanic. Otro centro de estudios hostosianos se ha fundado en la República Dominicana recientemente. En el recinto de Humacao de la Universidad de Puerto Rico se devela este año un nuevo busto. 
    Figuras sublimes como Manrique Cabrera y Ferrer Canales mantuvieron vivo
el fuego de su grandeza durante décadas. El sesquicentenario mostró que el fuego de su nombre aún tenía ecos en otros espacios dispersos del planeta, como Cuba, Costa Rica, Argentina, Chile, Venezuela y España, entre otros. Pero no ocurrió otro tanto con el Centenario de su muerte que solo halló eco, en Puerto Rico, en su pueblo natal de Mayagüez y en el Recinto de Humacao de la Universidad de Puerto Rico donde celebramos un simposio de tres agotadores días. Antes y después, el maniático afán de una alegada “desmitificación”, con epicentro precisamente en Mayagüez, que tanto daño le hace a la unidad de este pueblo agobiado por la oscuridad de la colonia.
    En el 1938, en vísperas del centenario de su natalicio, la Sociedad de Estados Americanos aprobó en Lima una resolución que proclamaba a Hostos “Ciudadano Eminente de América”. La resolución reconocía la inmensa aportación de Hostos en muy diversos terrenos de la vida de la América toda, de España y del mundo. Académicos expertos lo reconocen como uno de los 50 educadores más significativos en toda la historia de la humanidad por su innovadora pedagogía, producto de su incesante estudio de la naturaleza humana, comenzando consigo mismo. Mas las aportaciones de Hostos desbordan la pedagogía, la moral y la filosofía. Hostos fue también un espíritu científico en diversas disciplinas. Se le reconoce su aportación en la creación de la sociología latinoamericana y en la fragua de un nuevo espíritu del derecho.
     En el campo político Hostos fue un luchador de la libertad, no solo antillana, sino también de la española y de la América Nuestra. Defendió la creación de instrumentos de unidad política y de integración económica; reconoció y combatió el espíritu colonial que sobrevivió a la independencia del continente; y denunció la marginación y la opresión de las sociedades diversas que constituyen nuestros pueblos, como los habitantes originarios de todas las naciones y los negros esclavizados. Además, reconoció y defendió la igualdad de géneros y el derecho de la mujer a una vida plena e independiente. Escribió los principios que se deben considerar para construir sociedades libres, después de la independencia, en las antillas principalmente, pero también en los países abatidos por la herencia colonial. Suyo fue, más allá del sueño y la ambición, establecer la necesidad, el fundamento y las bases de la Confederación de las Antillas. Defendió el derecho a la guerra que libera, pero
denunció y aborreció las guerras de conquista y de despojo imperialistas.
    Ese espíritu del once de enero, saturado de la compasión irresistible por el dolor de la humanidad, debería presidir todas las aspiraciones de renovación y esperanza de cada inicio de año. Tanto, mucho, pudiera ayudarnos a superar las crisis y viacrucis que nos agobiaban ayer, agobian hoy, y lamentable, nos agobiarán mañana.



Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
 
    

miércoles, 30 de diciembre de 2015

#Albizu seas


#Albizu seas

y Eugenio María de Hostos
     

Hace muchos años, Francisco Matos Paoli, devoto eterno de don Pedro Albizu Campos, me obsequió un peso de la República de Puerto Rico que, en forma de moneda del tamaño usual de un peso o un dólar, se llamaba y se llama “un albizu”. Conservo la moneda, y durante años la llevé en mi bolsillo para frotarla con mis manos en momentos difíciles. Fui tímido para hablar en público, pero esa moneda me sirvió para sobreponerme a esa pena y conferenciar, en la sala solemne de la Universidad de Chile, y dentro del contexto de un encuentro latinoamericano de escritores, con absoluta naturalidad y dominio de mí mismo.  Así desde entonces.
    “Albizu seas” es un lema que uso desde hace varios años. Corresponde a mi admiración a, y mi respeto por,  la figura histórica del puertorriqueño más significativo en la historia del siglo XX en Puerto Rico, al nivel de lo que, en mi alma, son Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos respecto a nuestro siglo XIX.
    Tanto Betances como Hostos encarnaron figuras cenitales y de absoluta abnegación en la lucha por la libertad de Puerto Rico y de las Antillas todas. Su proyecto fue, además, y necesariamente, anti imperialista. Trabajaron juntos y también de forma paralela utilizando medios a veces convergentes y a veces sencillamente diferentes. Betances surcó las rutas del levantamiento y de la lucha armada desde poco antes de la gesta que inspirara, y que la historia ha llamado, el “Grito de Lares”, hermano del Grito de Yara en Cuba. Ambos de 1868. El de Yara inició una guerra que se sostuvo durante diez años. El de Puerto Rico unos días, aunque no su secuela. Tanto Betances  como Hostos fueron sus incondicionales paladines desde el
extranjero acopiando recursos y armas, defendiendo en tribunas y en la prensa de numerosos países la guerra en curso, y prestos a tomar las armas tanto en defensa de Puerto Rico como de Cuba. Esa guerra fue el motivo de la célebre peregrinación de Hostos de varios años por diversos países de la América del sur, peregrinación que lo impactó y transformó a él mismo, tanto como tuvo impacto en muchos países del continente nuestro y de la emigración antillana en Nueva York. De ahí que lo proclamara  la Sociedad de Estados Americanos “Ciudadano de América” en el 1938.
    La guerra del 68 no provocó solo eso. Betances y Hostos persistieron en su intento por reanimar el levantamiento en Puerto Rico y apoyaron la restauración de la independencia de la República Dominicana defendiendo las causas de la libertad en esa isla hermana. De ahí el renombrado antillanismo que caracterizó a ambos. Betances, reconocido como “el Antillano”; Hostos, como el paladín y máximo teorizador de la “Confederación de las Antillas”. (Martí vendría luego.)
    Tras la muerte de ambos próceres, una ocurrida en el 1898 y la otra en el 1903, el ímpetu de la lucha cedió tras la intervención imperialista de Estados Unidos en el Caribe. De modo que la lucha tuvo que reorientarse de una lucha contra el dominio español a una lucha contra el dominio norteamericano. Es entonces que emerge de las sombras la figura luminosa de Pedro Albizu Campos.
    Albizu Campos,  fue un “tiznado” como Betances, graduado en la exclusiva Universidad de Harvard, sede mayor de la inteligencia de Estados Unidos, país famoso por su incurable racismo. Fue poseedor de varios títulos académicos, incluyendo las leyes. No obstante, a su regreso a Puerto Rico se identificó con el nacionalismo puertorriqueño que presidió de manera incuestionable desde el 1930. Reanimó las causas reivindicadoras de Betances y de Hostos, y en indudable medida la peregrinación y proyección del inalienable derecho a la libertad de Puerto Rico que caracterizó a Hostos. Su personalidad fue tan atrayente que motivó al FBI a seguirle los pasos y sabotear su proyecto histórico y su imagen, pues la inteligencia norteamericana tomó conciencia de su capacidad para poner en jaque su dominio colonial de Puerto Rico. "Un loco", decía el sistema. Y en todo caso fue, en efecto, todo un "Canto de la locura" más sublime. “La patria es valor y sacrificio”, sentenció olímpicamente don Pedro, “el Dirigente”, como lo llamó de manera desnuda y transparente el inmenso poeta puertorriqueño Francisco Matos Paoli. Acosado por el poder imperial con la ayuda de los mayordomos de la colonia en Puerto Rico, don Pedro fue encarcelado casi toda su vida restante, apagada en el 1965, y relumbrante como una epifanía legendaria e imborrable en la cultura de la resistencia puertorriqueña.
    La figura de don Pedro fue una de tal impacto que no solo se inmoló a sí mismo sino que incitó a muchos a inmolarse en defensa  de la libertad y nuestros derechos humanos. Hubo muchas batallas y muchas muertes. Incluso masacres. Se atacó con armas desde el hemiciclo al mismo Congreso de Estados Unidos. Estalló un nuevo grito de rebeldía armada en Jayuya, al sur de Lares, que tuvo que ser sofocado utilizando las fuezas armadas y la aviación militar.

    La historia de Puerto Rico no puede ocultar el poder revolucionario de Albizu Campos. Seguramente no habría habido una transformación, ilusoria ciertamente, como la que dirigió Luis Muñoz Marín, segundo gobernador puertorriqueño y el primero electo con la venia imperial, con el establecimiento en el 1952 del Estado Libre Asociado, el rescate de la bandera nacional, y el himno, reletrado y aguado, que se fraguó en el siglo XIX con la letra combativa de Lola Rodríguez de Tió. 
     Es cierto que el nacionalismo y el socialismo marxista son armas diferentes y en algunas formulaciones antagónicas. Pero ese antagonismo se hace sal y agua en países coloniales. Así lo ha demostrado la experiencia histórica en numerosísimas regiones del planeta. Así lo vivió Juan Antonio Corretjer, secretario general del Partido Nacionalista que presidió Albizu y fundador de la Liga Socialista.
    No hay libertad sin el ejercicio del derecho a ser libre. Hostos lo proclamó como un prolegómeno incuestionable. “Derecho no practicado no es derecho”, sentenció el Maestro de la “Moral social” y el catedrático del Derecho. El libertador. Albizu, por su parte y luego, que contaba con siete y ocho años cuando regresó Hostos a Puerto Rico para tratar de impedir la ocupación indefinida de Puerto Rico que realizó el imperio norteamericano, y doce años cuando este murió, lo lanzó al ruedo político armado del “valor y sacrifico” que constituyó su propio principio libertario.
    Repito: no hay libertad sin el ejercicio, concreto y practicado, del derecho a ser libre. Por eso desde hace años he acuñado, como máxima y apotegma, derivado del prolegómeno hostosiano, esa y ese que reza, sencillamente, “albizu seas”. 


                                       
                              Marcos Reyes Dávila 
                                                                               ¡Albizu seas!


viernes, 27 de noviembre de 2015

Salvemos el FIPPR


SALVEMOS
                       el FESTIVAL
         INTERNACIONAL
                       de POESÍA
                                            en PUERTO RICO











Me siento segura y confiada de que continuaremos poco a poco recaudando el dinero que falta para poder continuar adelante con nuestro Festival. Haz tu donativo hoy: $5.00, $10.00, $15.00, $20.00, $25.00, $50.00 o la cantidad que puedas. Todo ayuda a sumar hacia la meta. Gracias por ser parte de los que hacemos algo más que sentarnos a observar. Cuento con todos y todas ustedes, amigos, amigas, poetas de Puerto Rico, de otros países.

El Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico es una organización sin fines de lucro que, desde 2007, se ha dedicado a llevar, de forma gratuita, recitales, talleres, charlas, conferencias, diálogos, lecturas, libros, presentaciones, espectáculos, publicaciones, certámenes y mucho más.

Creemos en que la poesía debe llegar a toda la población y por ello visitamos igualmente comunidades pobres y marginadas como escuelas y centros de estudios universitarios.

En todos estos años de arduo y trabajo voluntario hemos beneficiado a personas de todas las edades y estatus social, sobre todo a muchos jóvenes. Un joven con un libro de poesía en sus manos, será más propenso a una vida productiva y de profunda reflexión donde no cabe la violencia ni los vicios destructivos de la humanidad.

Si hoy hay un libro de poesía en un hogar donde antes no lo hubo, mucho se le debe a nuestro Festival. La obra de nuestros artistas y poetas también se ha dado a conocer mucho más desde nuestra fundación.

Desde la existencia de nuestro Festival, hemos observado además un resurgir poético que abarca todos los rincones de nuestro país.

Han sido muchas las bondades de este grandioso festival de poesía, pero, para poder continuar ofreciendo de forma gratuita nuestros servicios, necesitamos de tu generosa aportación.

Sabemos que contamos contigo.

¡Muchas gracias!

Vilma Reyes
Presidenta 

Donativos directos pueden ser enviados a: 
Calle 2 D25 Urb. Terranova, Guaynabo, P.R. 00969 
O en la siguiente página de internet:
https://www.gofundme.com/salvemosalfestival 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Mujer bisiesta


“Mujer bisiesta” 

            de Vilma Reyes
 

Vilma Reyes Díaz ha publicado en la Colección Habitante del Bosque, de Palabra Pórtico Editores, un poemario de 76 páginas, de formato más ancho que alto, espacioso, que incluye 33 títulos, es decir, 33 poemas. Su título: “Mujer bisiesta”. El índice ya revela algo del conjunto, pues encima de la palabra “índice” trae un subtítulo que reza “Los días del calendario”. El subtítulo nos encarrila, pues, no a un conjunto definido por una temática particular, sino a un conjunto que recoge... una experiencia personal de vida.
    Una nota biográfica, incluida en la página 71, viene con otro título alusivo, que coincide con el del índice, y también con el título del poemario. Esa nota biográfica la llama “Carta de viaje”. En ella se le informa al lector que la poeta es natural del río, como Julia de Burgos, pero no del Grande de Loíza sino del Río Piedras. Poeta, narradora y docente, fundadora y presidenta del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, viajadora de festivales, autora de textos escolares y de otros libros como “Versos para la lluvia insomne” y “Desacordes”, la novela “El señor de los bolsillos de lluvia”, “Las galletas de chocolate y otros cuentos”, todos inéditos, a excepción del primero que es del 2010. Aunque lo publicado antes sea corto, los diversos títulos evidencian un quehacer constante, así como lo evidencian las numerosas publicaciones en revistas y antologías.
    El libro lleva una dedicatoria: “A los amores de mi vida”, dice, incluyendo en ellos al esposo, los hijos, el nieto, la madre y las hermanas, y a su padre. (No me encontré por ninguna parte, quizás porque me reservó para esta noche: honor que me hace.)
    Lleva el cuaderno un epígrafe de Jorge Luis Borges que dice: “El tiempo es el mejor antologista”. Con ello no se refiere Vilma, seguramente, a que el tiempo determinará si algunos poemas suyos la sobreviven, sino a que el conjunto de poemas es una antología de experiencias (vividas).
    Paso de inmediato al enigmático título: “Mujer bisiesta”, cuyo “acertijo” invitan a descifrar los editores. En mi examen de la obra no puedo eludir el planteamiento. Afirmemos, pues, en primer lugar, que no, no es la mujer que toma doble la siesta. Sin el artículo indefinido “una” o el artículo definido “la”, antepuesto a “mujer”, la mujer bisiesta no sugiere ya un tema objetivo y ajeno. Eso mueve al lector a deducir que la mujer bisiesta se trata de ella misma.
    Bisiesta, por su parte, es un término que proviene del latín “bisextus”, que significa dos veces sexta, es decir, la docena, doce, el tiempo completo, el giro acabado de las manecillas del reló, la órbita total. Pero también significa “día intercalado”, es decir, añadido en el medio. El diccionario de la Academia asocia “bisiesto” con cambio, con mudanza. Y también lo asocia con variar el lenguaje o la conducta. También, claro está, nos remite al concepto específico al que arribamos todos, en primera instancia, del “año bisiesto”, es decir, de aquel que tiene un día más que el año común, añadido en febrero. Un día más. Un tiempo añadido. Otro tiempo. Ese otro tiempo implícito o sugerido en las imágenes de la carta de viaje y en los días del calendario. Pues sí algo enfatizan estas imágenes es que no se ve la vida como un museo detenido, fijo en el tiempo, sino como un discurrir, cambio, transformación.
    Por fortuna, el libro abre con un poema del mismo título, que nos permite empezar a despejar y atinar la incertidumbre. Desde luego,  el texto se llama “Mujer bisiesta”. Es un poema de 23 versos que reflejará las características del conjunto. Por él sabemos que encontraremos a lo largo de este cuaderno poemas más espaciados que estrofiados, de verso libre, sin metro uniforme clásico, ni rima oportuna o forzada, pero, eso sí, con un ritmo libre, producto de oraciones generalmente cortas, con un discurso recogido y libre de elementos innecesarios, y un discurrir bastante transparente.
    El lenguaje lírico de Vilma no es impetuoso ni salvaje, sino contenido y atractivo. Viene muy bien prendido de imágenes interesantes que han sido tomadas fuera del campo de lo común y trillado, como lo es el título mismo del libro, desconcertante, y del poema. Manifiesta una voluntad de revelar su propio ser, de poner al descubierto quién se es. Y para ello parte de la naturaleza de su ser doble, o bisiesto. Es decir, de la dualidad de haber nacido al mundo natural anegada con las lluvias de septiembre –y en septiembre estamos ahora justamente, asistiendo, en el sentido de asistir o ayudar al nacimiento de este libro. Pero hablamos de dualidad porque el poema alude también a otro nacer, que se ubica en febrero, precisamente, mes de una transformación que la convierte, ya sea en escritora y poeta, o quizás en mujer, en el sentido de incursionar en el terreno siempre incierto del amor. Esta idea me la sugiere la referencia a la cámara, la foto... y la sonrisa. Ya sea, pues, la transformación en poeta, o la transformación que en nuestro espíritu opera el amor, Vilma se digitalizó –dice ella– “entre el dos y el nueve”, es decir, entre febrero y septiembre. Un doble nacer, un tiempo añadido por sustitución de otro perdido, según veremos más tarde: mujer bisiesta.
    El “Poema en el SXXI a la rosa” –SXXI es siglo 21– desarrolla de manera novedosa un tema que es un tópico común desde hace muchísimo tiempo, aunque se revitalizara con originalidad hace unas décadas: el de la simbólica rosa. Pero Vilma no verborrea, elude el retoricismo, el narcisismo verbal, los elementos sintácticos y morfológicos innecesarios que distraen el discurso de un fluir natural, y tampoco se remite a los símbolos y textos previos de la rosa. En su lugar, la poeta vincula curiosamente la rosa con el hombre. Quizás con el esposo de apellido Rosa, nos parece, y maravillosamente, ya al finalizar, con el atardecer y con la ternura del amor ausente. Esta interpretación nos la confirma el poema que sigue.
    En “La voz de la mujer”, en efecto, la mujer toma la palabra para afirmar la dualidad vital del amor que une fatalmente al hombre y la mujer. “Desacordes”, el siguiente texto, nos confirma la impresión de hallarnos ante composiciones de finales inesperados, de sorpresa. Nos llama la atención el uso frecuente de un lenguaje en el que abundan vocablos modernos, menos comunes. Así, por ejemplo, “electrodoméstico” se utiliza para significar un regreso al mundo común, cotidiano y hogareño. Por otra parte, las voces “ilegible” e “ilegibilidad” se utilizan para sugerir cierto nivel de ruptura que se desea temporeramente, es decir, esa situación de la mujer que se retira, incomunicada, cuando lo desea o necesita. 
    Abundan también las imágenes marinas. Es muy hermosa la imagen de los “rostros encallados” en el mar. En un poema que titula “El silencio me tornó ancla”, fragua otra imagen maravillosa: las escamas de salitre en el hierro oxidado en las anclas, nos remiten al paso inexorable del tiempo que le permite a la poeta vislumbrar cómo –y cito: “El ancla guardará con sigilo el recuerdo”, pues el oxido, que se fragua a lo largo del tiempo, cubre y encubre el metal. De ese modo, el recuerdo, “ocre oxidado de su anzuelo / será un plan de contingencia / en la tormenta”.
    Con la “Muchacha de falda corta”, la temática del libro comienza a desplazarse del lirismo subjetivo a la otredad. No es un desplazamiento brusco, sino un giro en la dirección del viento que comienza a tomar en cuenta los mosaicos de los asuntos sociales, comenzando en el plano individual, y expandiéndose hacia temas más netamente sociales, e incluso políticos.  El tema de “Muchacha de falda corta”, con el que inicia el giro mencionado, trabaja la imagen de la mujer que se “encoge”, se reduce, se desvaloriza en cuanto ser humano. En “Por la puerta”, la poeta retrata, en una viñeta que mezcla la descripción de etopeya –es decir del carácter– y la prosopografía –es decir, la física– una víctima femenina que bien pudiera ser masculina. “Vestidos”, por su parte, traza la diferencia entre el vivir y el tener. “Detrás del altar” regresa al tema del otro, interrumpido por un poema que comentaremos en un momento. Este poema se refiere al trabajador explotado, en su conjunto, y lo continua con poemas dedicados a las estreches de vida en el barrio Caimito de la capital. Así, por ejemplo, “Acceso controlado” evoca los desahucios, el borrón inmisericorde de una vida hace mucho tiempo coloreada de canciones infantiles felices, desplazada por un progreso que nos margina y nos expropia.
    Esta puerta abierta a la otredad y a la solidaridad, le permite a la poeta hablar de la “libertad en puertorriqueño”, un texto brillante que se refiere a nuestra “encía sangrante”. Ese “incisivo  molar con múltiples caries” que es el tema fraudulento de la libertad en Puerto Rico. Como se ve, la poeta logra tratar el tema político lejos de la propensión usual al panfleto. De ese modo puede terminar un poema que, repito, habla de la libertad en puertorriqueño, diciendo: “La libertad /tres sílabas, ocho letras / palabra aguda / sin tilde / sin sentido humano”. Y aun añade: “sin inteligencia / acorralada en libros eruditos / en los centros comerciales / en el deterioro sin regreso / de una conciencia manipulada”.
    El poema que interrumpe este tránsito que hemos visto a los temas sociales, es “Pronóstico de lluvia en un cumpleaños”. Con este poema regresamos al tema de la “mujer bisiesta”, pero asociado, esta vez, al sentido del día añadido, mirándolo dialécticamente, por su sentido opuesto. Es decir, así como frío nos remite a calor, y lo alto nos remite a lo bajo, así el día añadido saca a flote, por defección, defectiblemente, lo perdido. En este caso, un helado de chocolate, es decir, un sueño que se evade y desvanece como una guagua de helado. Yo comprendo bien la idea que trae implícita... Vilmita, porque tengo un hijo nacido casi en septiembre, hijo que también fue víctima de lluvias torrenciales y huracanes en su cumpleaños, es decir, de celebraciones canceladas y pospuestas.
    El conjunto se ha nutrido de diversidad de tonos, pues no faltado la ironía, ni ha estado ausente el juego lúdico ni la locura. Otro detalle llama la atención, y es que la edición tiene particularidades tipográficas, consistentes en letras, palabras y hasta frases en fuentes gigantes o fuentes diferentes, ya sea para enfatizar términos o giros, para decorar la página, o para añadirle al signo fónico un signo visual cargado de sugerencias. Por ejemplo, en el poema “Lápices de punta ROTA”, esta última palabra aparece escrita, toda, en mayúsculas. Y la palabra “detienen”, aparece escrita en el poema con un punto intercalado, detenido, entre cada una de sus letras.
    Para terminar, comento la foto de la autora incluida en su presentación. Vilma aparece de lado, casi de espalda, mirando con una sonrisa recogida o apocada, y los dedos de una mano en el mentón. Se diría que mira de soslayo, de reojo, pero no es así, porque, respecto de sí misma, mira de frente. En la foto está de soslayo respecto al lector, o a quien la mira.
    Soslayar es ponerse de lado, de través; pasar por una estrechura, dejando de lado alguna dificultad. ¡Qué bien has pasado, Vilmita, por los laberintos y abismos de la vida, de la vida tuya que es en gran medida la de todos nosotros. ¡Qué bien llegas a nosotros!
    La Colección Habitante del Bosque, de Palabra Pórtico Editores, puede sentirse feliz y orgullosa de este libro que constituye una gran aportación, y un gran momento. Enhorabuena, y... ¡Albizu sean! 


Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!

Related Posts with Thumbnails