De izquierda a derecha, Wenceslao Serra, Ramón Felipe Medina, Reynaldo Marcos Padua, Antonio Cabán El Topo (atrás), Carlos Noriega, Vicente Rodríguez Nietzsche al centro, tras él Juan Mestas, Marcos Rodríguez Frese, Marcos Reyes Dávila (atrás), y Edgardo López Ferrer. Cuadro en acrílico de Hiram Collazo.
jueves, 20 de septiembre de 2012
miércoles, 19 de septiembre de 2012
GUAJANA, cincuenta años después
.
Publicado en EN ROJO (Claridad)
GUAJANA,
cincuenta años después
| Publicado: lunes, 17 de septiembre de 2012 | |
La familia de poetas hermanados que fundó en septiembre de 1962 la
revista GUAJANA está compuesta por un grupo de poetas de la generación
del sesenta. Aunque participaron muchísimos escritores en los veinte
años de publicaciones continuas de la revista, su núcleo fundamental
quedó definido para la historia en el estudio preliminar que incluimos
en la antología de su trigésimo aniversario titulada Hasta el final del
fuego. Guajana: treinta años de poesía, 1962-1992 (1992). En
ese estudio, que titulamos “Guajana: las líneas de su mano” y que abarcó
la obra publicada en la revista, en libros y en otras publicaciones,
limitamos a doce poetas el núcleo fundamental –de poetas de la revista– a
partir de un caudal mucho más amplio, tras conversaciones con los
poetas mismos y el estudio del registro histórico de las publicaciones.
Éstos son, como se sabe ya, pues se ha repetido muchísimo desde
entonces: Marina Arzola, Antonio Cabán Vale, Andrés Castro Ríos, Ángela
María Dávila, Edgardo López Ferrer, Ramón Felipe Medina, Edwin Reyes,
Marcos Rodríguez Frese, Vicente Rodríguez Nietzsche, Juan Sáez Burgos,
Wenceslao Serra Deliz y José Manuel Torres Santiago. Seis de ellos, han
ido a morar con los dioses de la poesía. Sus fechas de nacimiento giran
alrededor del 1940. En ese estudio, decíamos entonces para comenzar, y
“a modo de armisticio”, lo siguiente:
“Pocos periodos de nuestra historia literaria han generado la acritud o la exultación, la vehemente adhesión o el vehemente enfado, como la llamada generación del sesenta. Su aparición fue la célebre irrupción de una juventud transida de una agonía apasionada y de una vocación ígnea tal vez sin parangón. Lejos de atrincherarse en la cómoda modalidad del testimonio, su discurso osciló entre el desafío y la predicación a viva voz. Y lejos de difundir un rostro unívoco, las luces de sus teas y sus jachos incendiaron variados bosques, abrigaron innumerables desamparos, orientaron a más de una generación de persistentes nómadas y alertaron a los más ateridos sonámbulos con su decidida voluntad de simiente.”
Y eso, que afirmamos con la vista puesta en la fundadora Generación del
Treinta, sigue siendo aún más cierto hoy, veinte años después.
En esta ocasión, más que repasar otra vez la historia de este grupo –que asume su identidad definitiva ante la historia en su “segunda época, justo tras la muerte de Pedro Albizu Campos, y que goza de una extensa bibliografía crítica–, me parece pertinente hacer unas breves reflexiones sobre Guajana, cincuenta años después de su comienzo, toda vez que en Puerto Rico algunos poetas de las generaciones más jóvenes tienden a subestimar y devaluar las aportaciones de las generaciones anteriores –“adanismo”, lo llamaba Francisco Matos Paoli– y a descalificar la producción de los escritores de mayor edad, olvidando, quizás, que Cervantes, por ejemplo sublime, escribió la primera parte de El Quijote a los 58 años, y publicó la segunda, superior a la primera, a los 68 años, poco antes de morir. Aparte de la sospecha de que algunas expresiones ofensivas son exabruptos de un país que se descompone en el ejercicio de una violencia suicida que no se detiene siquiera ante íconos como Betances, Hostos y Albizu, pensamos que pueda existir en algunos una posible brecha o ruptura generacional que, sino es pura soberbia cainita de adolescente, podría esconder discrepancias tanto estéticas como ideológicas que deberían pensarse. A ello van dirigidas estas líneas.
La Guajana cincuentenaria
En esta ocasión, más que repasar otra vez la historia de este grupo –que asume su identidad definitiva ante la historia en su “segunda época, justo tras la muerte de Pedro Albizu Campos, y que goza de una extensa bibliografía crítica–, me parece pertinente hacer unas breves reflexiones sobre Guajana, cincuenta años después de su comienzo, toda vez que en Puerto Rico algunos poetas de las generaciones más jóvenes tienden a subestimar y devaluar las aportaciones de las generaciones anteriores –“adanismo”, lo llamaba Francisco Matos Paoli– y a descalificar la producción de los escritores de mayor edad, olvidando, quizás, que Cervantes, por ejemplo sublime, escribió la primera parte de El Quijote a los 58 años, y publicó la segunda, superior a la primera, a los 68 años, poco antes de morir. Aparte de la sospecha de que algunas expresiones ofensivas son exabruptos de un país que se descompone en el ejercicio de una violencia suicida que no se detiene siquiera ante íconos como Betances, Hostos y Albizu, pensamos que pueda existir en algunos una posible brecha o ruptura generacional que, sino es pura soberbia cainita de adolescente, podría esconder discrepancias tanto estéticas como ideológicas que deberían pensarse. A ello van dirigidas estas líneas.
La Guajana cincuentenaria
Lo primero que debe observarse es que la obra de Guajana excede, con
mucho, a la revista. Si bien la importancia de la misma quedó registrada
desde sus inicios por la crítica, unánime, más autorizada, los poetas
comenzaron a producir los primeros libros desde fechas tempranas en esa
primera década de los sesenta, ya fuera en su carácter individual, en
ediciones compartidas, o ya fuera en “antologías”. El número total de
publicaciones no lo conocemos, aunque sí sabemos que son muchas docenas.
Más de una treintena se publicaron tan sólo en la Colección Guajana,
pero muchos otros, por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, Huracán,
Edil, la Editorial de la UPR, Cordillera, y muchas más, dentro y fuera
de Puerto Rico. La legendaria revista ha editado además, a partir del
2000, varios números de manera digital.
Lo segundo, es que el grupo Guajana ha merecido la atención y el aplauso de críticos y creadores de primera línea desde sus inicios. Los reconocimientos en el extranjero y los premios nacionales han llovido sobre mojado, ya fueran, estos últimos, otorgados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Ateneo Puertorriqueño, el PEN Club, y otros. Del mismo modo, los principales diarios del país les han dedicado infinidad de páginas, particularmente, CLARIDAD. Además, los más importantes artistas plásticos del país reconocieron con las aportaciones de sus propias obras la labor creadora del grupo.
En tercer lugar, cada poeta de este grupo de doce, ha merecido de manera individual el reconocimiento más espléndido por obras particulares publicadas. En los últimos años, La querencia de Ángela María Dávila, así como las obras póstumas de Marina Arzola, Juan Sáez y Edwin Reyes. Andrés Castro Ríos dejó una enorme obra inédita que pronto saldrá parcialmente a la luz en un volumen enorme, así como saldrán ahora también obras inéditas de Juan Sáez Burgos. José Manuel Torres Santiago, quien publicó en fechas tempranas libros emblemáticos del grupo como La paloma asesinada y En las manos del pueblo, murió recientemente con obras recién publicadas. Los poetas vivos, todos, están publicando nuevas obras, algunas de las cuales han merecido ya reconocimientos, como es el caso de Edgardo López Ferrer. Marcos Rodríguez Frese está dando a la luz un volumen de nuevos poemas para celebrar el cincuentenario del grupo. La obra del grupo desborda el marco nacional, como mencionamos antes, pues los poetas han tenido una presencia persistente en toda el área del Caribe, la América Nuestra y otras partes del mundo. Incluso en Francia se ha recogido de manera antológica parte de la obra de la generación. La antología reciente publicada en Chile con motivo del centenario del Partido Comunista de Chile, por ejemplo, titulada Voces de la memoria, incluye a dos autores puertorriqueños: Vicente Rodríguez Nietzsche y Marcos Reyes Dávila.
Una de las características sobresalientes del grupo es un sentido de solidaridad que no atenúa la muerte. Por eso durante décadas el grupo se ha dedicado a conservar, publicar y redifundir la obra de los que se fueron más temprano, comenzando con Marina Arzola, fallecida en el 1976. La muerte no ha sido lo suficientemente poderosa para apartar a ninguno del grupo. Este factor ha hecho posible, en buena medida, que el grupo se haya mantenido durante más de cincuenta años haciendo un trabajo conjunto. Como no es un grupo cerrado, otros poetas que no están en el núcleo fundamental original de los doce se han integrado al grupo. De esa manera ha podido constituirse el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, y la incorporación, al grupo Guajana, de poetas como Juan Mestas, Carlos Noriega, Reynaldo Marcos Padua, Marcelino Canino y este servidor. El grupo Guajana tiene, en cuanto persistencia y prolongación, el récord olímpico de salto en la literatura de la América Nuestra, cuando menos.
El asunto de la posible brecha generacional
Lo segundo, es que el grupo Guajana ha merecido la atención y el aplauso de críticos y creadores de primera línea desde sus inicios. Los reconocimientos en el extranjero y los premios nacionales han llovido sobre mojado, ya fueran, estos últimos, otorgados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Ateneo Puertorriqueño, el PEN Club, y otros. Del mismo modo, los principales diarios del país les han dedicado infinidad de páginas, particularmente, CLARIDAD. Además, los más importantes artistas plásticos del país reconocieron con las aportaciones de sus propias obras la labor creadora del grupo.
En tercer lugar, cada poeta de este grupo de doce, ha merecido de manera individual el reconocimiento más espléndido por obras particulares publicadas. En los últimos años, La querencia de Ángela María Dávila, así como las obras póstumas de Marina Arzola, Juan Sáez y Edwin Reyes. Andrés Castro Ríos dejó una enorme obra inédita que pronto saldrá parcialmente a la luz en un volumen enorme, así como saldrán ahora también obras inéditas de Juan Sáez Burgos. José Manuel Torres Santiago, quien publicó en fechas tempranas libros emblemáticos del grupo como La paloma asesinada y En las manos del pueblo, murió recientemente con obras recién publicadas. Los poetas vivos, todos, están publicando nuevas obras, algunas de las cuales han merecido ya reconocimientos, como es el caso de Edgardo López Ferrer. Marcos Rodríguez Frese está dando a la luz un volumen de nuevos poemas para celebrar el cincuentenario del grupo. La obra del grupo desborda el marco nacional, como mencionamos antes, pues los poetas han tenido una presencia persistente en toda el área del Caribe, la América Nuestra y otras partes del mundo. Incluso en Francia se ha recogido de manera antológica parte de la obra de la generación. La antología reciente publicada en Chile con motivo del centenario del Partido Comunista de Chile, por ejemplo, titulada Voces de la memoria, incluye a dos autores puertorriqueños: Vicente Rodríguez Nietzsche y Marcos Reyes Dávila.
Una de las características sobresalientes del grupo es un sentido de solidaridad que no atenúa la muerte. Por eso durante décadas el grupo se ha dedicado a conservar, publicar y redifundir la obra de los que se fueron más temprano, comenzando con Marina Arzola, fallecida en el 1976. La muerte no ha sido lo suficientemente poderosa para apartar a ninguno del grupo. Este factor ha hecho posible, en buena medida, que el grupo se haya mantenido durante más de cincuenta años haciendo un trabajo conjunto. Como no es un grupo cerrado, otros poetas que no están en el núcleo fundamental original de los doce se han integrado al grupo. De esa manera ha podido constituirse el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, y la incorporación, al grupo Guajana, de poetas como Juan Mestas, Carlos Noriega, Reynaldo Marcos Padua, Marcelino Canino y este servidor. El grupo Guajana tiene, en cuanto persistencia y prolongación, el récord olímpico de salto en la literatura de la América Nuestra, cuando menos.
El asunto de la posible brecha generacional
En nuestro estudio de 1992 anotamos lo siguiente:
“Josemilio González destacó con acierto hace veinte años que la poesía del sesenta se imponía por su agresividad y su dinamismo. Como hemos visto su estética torció el rumbo y transformó el carácter de la poesía puertorriqueña. Los intensos debates y polémicas que generó particularmente Guajana durante décadas son testigos de que toda la literatura posterior se definió a sí misma en función –en pro o en contra, positiva o negativamente– de sus proclamas generacionales. De algún modo la obra de los sesenta se había convertido en el eje, en las vértebras ocultas, del trabajo posterior.”
Lo anterior es válido, especialmente pero no exclusivamente, para las
promociones siguientes, particularmente la del setenta. En los ochenta
el cuadro ya había evolucionado significativamente. Cualquier estudioso
de la literatura puertorriqueña ha podido comprobar cómo se
desarrollaron los cauces del quehacer literario a partir del sesenta
hasta la obra finisecular y la de la primera década del siglo XXI. Ese
cauce no descarriló al Grupo Guajana, pues los propios poetas del
sesenta participaron del proceso histórico, ya que no podía ser de otra
manera. Nosotros tuvimos la oportunidad de hacer el registro de ese
proceso gracias a la Revista Mairena y a su director Manuel de la
Puebla, cuando éste nos encargó el estudio de la poesía puertorriqueña
publicada en la primera década de esa revista, esto es, entre 1979 y
1989, que titulamos Los lazarillos videntes y que se publicó en la
revista Mairena, número 27. Posteriormente hemos continuado el examen y
la reflexión a partir de las propuestas de autores de estudios y de
antologías prologadas como las de Rubén González (Crónica de tres
décadas [1960-1990], 1989), Ángel Rosado (El rostro y la máscara,1995),
Mayra Santos Febre (Mal(h)ab(l)ar, 1997), Alberto Martínez y Mario
Cancel (El límite volcado, 2000, que reseñamos en Claridad), la
antología antillana en dos volúmenes titulada Los nuevos caníbales
(segundo volumen, 2003, que presentamos en la Librería Borders,
presentación publicada en Cuadrivium 7, 2007), y las reflexiones que nos
impuso hacer en dos ocasiones el Festival Internacional de Poesía en
Puerto Rico al programar una sesión para “jóvenes poetas” (en la
Fundación Nilita Vientós Gastón, 2009) y otra para discutir las
“propuestas y horizontes” de la literatura hispanoamericana del siglo
XXI (en la Casa de España, 2011). En otras oportunidades hemos abordado
también el tema, como lo hicimos en la Conferencia Inaugural del
Encuentro de Escritores celebrado en Chile en el 2002 (Viaje a la
semilla de Vieques, publicado en EXÉGESIS 44), o al examinar la obra de
poetas particulares, como Etnairis Rivera (Cuadrivium 6).
En muy resumidas cuentas, observamos un tránsito hacia la interiorización de un sujeto privilegiado y desconectado progresivamente del contexto social y de sus compromisos con la otredad. Ello se dio unido al afán de profesionalizar al escritor que tanto impulsaron revistas como Zona Carga y Descarga. Se construyó una trinchera de resistencia armada de una visión crítica al margen de los llamados “metarrelatos” del nacionalismo y del mesianismo socialista que tanto propulsó una ideología posmoderna en deuda con la tesis del “pensamiento único” que ayudó a consolidar el mundo neoliberal en casi todo Occidente. De modo que se instaló un sentido de renuncia, de ausencia, de “memoria rota”, de nomadismo, dispersión, de desterritorialidad, extrañamiento, y la fragmentación y el aislamiento en un mundo de desencanto, deficitario, con un futuro suspendido que se vive de manera casi virtual por el auge de la nueva cultura massmediática impuesta por las corporaciones multinacionales. Entre la ironía y la parodia, la alegría de sentirse liberada de la responsabilidad de forjar una conciencia nacional y de clase. Santos Febre llegó a hablar de “una ausencia casi total de referentes geográficos y lingüísticos evidentemente puertorriqueños” (Mal(h)ab(l)ar, 1997).
Lo anterior, es lo que dicta, grosso modo, el registro histórico, si colocamos en paréntesis casos excepcionales como el de Iván Silén, y obviamos las dificultades de la obra de la emigración. No obstante, al hablar de la poesía puertorriqueña finisecular y de entresiglos, nos pareció justo expresar lo siguiente:
En muy resumidas cuentas, observamos un tránsito hacia la interiorización de un sujeto privilegiado y desconectado progresivamente del contexto social y de sus compromisos con la otredad. Ello se dio unido al afán de profesionalizar al escritor que tanto impulsaron revistas como Zona Carga y Descarga. Se construyó una trinchera de resistencia armada de una visión crítica al margen de los llamados “metarrelatos” del nacionalismo y del mesianismo socialista que tanto propulsó una ideología posmoderna en deuda con la tesis del “pensamiento único” que ayudó a consolidar el mundo neoliberal en casi todo Occidente. De modo que se instaló un sentido de renuncia, de ausencia, de “memoria rota”, de nomadismo, dispersión, de desterritorialidad, extrañamiento, y la fragmentación y el aislamiento en un mundo de desencanto, deficitario, con un futuro suspendido que se vive de manera casi virtual por el auge de la nueva cultura massmediática impuesta por las corporaciones multinacionales. Entre la ironía y la parodia, la alegría de sentirse liberada de la responsabilidad de forjar una conciencia nacional y de clase. Santos Febre llegó a hablar de “una ausencia casi total de referentes geográficos y lingüísticos evidentemente puertorriqueños” (Mal(h)ab(l)ar, 1997).
Lo anterior, es lo que dicta, grosso modo, el registro histórico, si colocamos en paréntesis casos excepcionales como el de Iván Silén, y obviamos las dificultades de la obra de la emigración. No obstante, al hablar de la poesía puertorriqueña finisecular y de entresiglos, nos pareció justo expresar lo siguiente:
“Tras la lectura de este libro –me refiero a Los nuevos caníbales–, y ante nuestro parecer, la nueva poesía puertorriqueña incorpora como recursos de expresión nuevas perspectivas tanto ante los problemas sociales y políticos como ante los elementos que definen la identidad propia. No vemos que predomine la virtualidad posmoderna al uso por nuestros lares que deshace, deconstruye, disuelve y nadifica tanto las raíces de la tradición como los íconos y emblemas nacionales y las urgencias sociopolíticas del aquí y del ahora, acaso porque no es perentorio hacerlo para ser posmoderno. Creemos que esta nueva poesía explora, crítica, el mundo heredado de sus mayores, tanto en el plano de la calle y de la estructura social como en el plano de las relaciones afectivas y de las contradicciones del sujeto. Confíamos en que, en consecuencia, no ha habido en verdad esa ‘suspensión en la continuidad’ que se ha proclamado, y que los temas y la estética tradicional mantienen, por el contrario, lazos constatables de continuidad, acaso no tan evidentes, pero tan ciertos como los manantiales que corren debajo de la tierra, lazos que hacen, en efecto, sobre la mar, como quería Martí, lo que la cordillera de fuego andino hace debajo de las aguas. Creemos que esta literatura nunca ha sido en verdad, ‘soterrada’ porque bríos y energía creadora ha demostrado y demuestra tener. Y creemos, que aunque acaso haya sido convencida de que su destino era proclamar un individualismo adánico, ciega a sus referentes concretos y al contorno de su nacimiento, desterritorializada, nunca ha dado en verdad la espalda a su país, sencillamente porque no es posible hacerlo, pues la poesía no puede ir contra la naturaleza humana que es, por definición inexcusable, comunitaria, devota de su entorno natural, flor de los suyos.”
Desde el 1962 al 2012 mucho ha cambiado en Puerto Rico (y en el mundo).
En el remoto entonces comenzaba a desmantelarse el aparato económico
que instrumentó el ELA en medio de una “guerra fría” terrible y de un
asedio criminal al nacionalismo. Hoy, vivimos en un país acosado por las
bestias autoritarias de un fascismo sembrado por el neoliberalismo
imperial que se yergue en medio de la ruina y la bancarrota. Esa ruina y
bancarrota gestadas por la empresauriocracia, son, en el plano moral y
espiritual, mucho más profundas. Entonces, me decía Josemilio González,
no eran tiempos de cantarles a “pajaritos preñados”. La “verruga
violácea” en la frente de la que hablaba hace mucho León Felipe nos
impone, a todos, hoy, un compromiso urgente que no puede ser evadido sin
incurrir en conducta criminal. Por eso es imperativo traer a primer
plano el ejemplo sublime de Albizu Campos y su consigna imperecedera del
valor y el sacrificio. Eso hace del legado de GUAJANA una trinchera de
un valor sin precio.
En cuanto al grupo Guajana, señalamos en el 1992 algo que nos parece correcto hoy, veinte años después:
En cuanto al grupo Guajana, señalamos en el 1992 algo que nos parece correcto hoy, veinte años después:
“El discurso de la resistencia que domina la poética de estos últimos años contrasta todavía con cierta contemporización y cierta ideología derrotista –afín con los años cincuenta– de la sobrevivencia que ha reculado entre ahogos en este mismo espacio. No obstante la poesía, para los poetas de Guajana, conserva su valor instrumental de siempre. Lo importante en ellos sigue siendo su conciencia de clase ideologizada, la proclamación a primer plano de una actitud política que se define y proyecta desde el plano de la ética, comprometiendo la poesía y la vida misma. Llevan aún en la sangre una vocación contestataria, una brújula para sus certezas, una certidumbre impermeable contra toda propaganda, un optimismo unívoco, determinado, iterativo, capaz de distinguir lo real en medio del discurso incierto de la fenomenología televisiva. El paso del tiempo le inseminó la perspectiva de lo insondable, y le relativizó las inminencias, pero nunca logró hacerle retroceder un ápice su radical ruptura contra todo avasallamiento. Éste es el legado heroico de Guajana, de pie aún sobre la gesta nacionalizadora del treinta y sobre todo, en la noción del tiempo bolívar que no acaba aprendido en Corretjer.”
Constelación –como los llamó en UPR-Humacao, Félix Córdova Iturregui–
de supernovas, pongo al frente, ante las críticas cainitas y absurdas de
falsos adolescentes, un título de Edwin Reyes, de José Manuel, de
Andrés, de Juan Sáez, de Ángela María, de Marina Arzola, y me acuesto a
dormir. Si a ellos “se les fue la guagua”, ¿cómo han quedado entonces en
la leyenda sublime e imperecedera de la caña brava? ¿Eh?
¡Albizu seas!
¡Albizu seas!
MRD
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Guajana,
Guajana cincuenta años después
martes, 11 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
Voces de la memoria
.
También desde Chile y por toda Nuestra América,
GUAJANA,
en las Voces de la memoria
Se trata del libro Voces de la memoria (Centenario en el Bicentenario. Antología de poetas y narradores latinoamericanos en los 100 años del Partido Comunista de Chile.) , publicado por la Editorial Cuarto Propio (Santiago, 2012, 381 págs.)
Isabel Gómez y Ángel Pizarro han compilado en un volumen entrañable y extraordinario obras de cerca de 150 escritores latinoamericanos para conmemorar el centenario del Partido Comunista de Chile, fundado, cinco años antes de la Revolución Rusa, en el 1912, en Iquique, por Luis Emilio Recabarren junto a un grupo de obreros salitreros. Vinculan el centenario con el bicentenario de la independencia de Chile, porque de los 200 años de vida independiente, cien los ha vivido de manera ininterrumpida y pertinaz el Partido Comunista de Chile, y, acaso también, presumo, porque estos últimos cien años han pretendido hacer realidad vivida por el pueblo de Chile lo que el bicentenario cumplió al nivel formal de la promesa, de la promesa incumplida.
La antología combina el verso y la prosa de alrededor de 115 escritores chilenos a los que acompañan cerca de treinta voces del ¿extranjero? Es decir, españoles, canadienses (en realidad chilenos), mexicanos, cubanos, uruguayos, nicaragüenses, peruanos, brasileños, argentinos, bolivianos, algún nacido en Estados Unidos (en realidad colombiano), y dos curiosos puertorriqueños: Vicente Rodríguez Nietzsche, capitán del Grupo GUAJANA, y Marcos Reyes Dávila.
Está dividida en dos secciones: fallecidos y por fallecer, pero todos igualmente presentes. Incluye un índice de autores que da noticia detallada de cada uno, y una nota de presentación, suscrita por los antólogos, que es una joya.
Gómez y Pizarro, abren su presentación con aquel Marx que afirmaba en sus tesis juveniles la necesidad de “transformar” el mundo, y lo cierra con un Marx poeta que contempla cómo los sueños nacen de la lucha y de la libertad. Entre cita y cita, el registro somero de un caudal de luchas y de esfuerzos que sin ninguna dificultad vincula el dolor con la esperanza, la derrota con el cambio, la ceniza con la vida que brota. Tras remontarse a los orígenes en Iquique, los antólogos contemplan con gratitud la lucha y los relevos que a lo largo de cien años han forjado una tradición de solidaridad derrota pero nunca vencida, renacida, con mayor fuerza y vigor, de las persecuciones, del rehacer de los cuadros, de la restauración de los archivos, de la reconstrucción de las imprentas y las sedes. Y contemplan, con gratitud, según decimos, porque han visto cómo toda esa lucha ha sido acompañada, acuñada en y fraguada por, el arte. El arte de lucha, el arte solidario, el arte que no pudo marginarse de su compromiso con la libertad de los seres humanos, el arte que ha forjado en la trinchera la identidad de un mundo futuro posible, hijo de sus mejores sueños. El arte y la literatura despejan caminos, dispersan la niebla, enfocan, definen, codo a codo y mano a mano con la lucha en la calle, en el sindicato, en el taller.
Se trata del libro Voces de la memoria (Centenario en el Bicentenario. Antología de poetas y narradores latinoamericanos en los 100 años del Partido Comunista de Chile.) , publicado por la Editorial Cuarto Propio (Santiago, 2012, 381 págs.)Isabel Gómez y Ángel Pizarro han compilado en un volumen entrañable y extraordinario obras de cerca de 150 escritores latinoamericanos para conmemorar el centenario del Partido Comunista de Chile, fundado, cinco años antes de la Revolución Rusa, en el 1912, en Iquique, por Luis Emilio Recabarren junto a un grupo de obreros salitreros. Vinculan el centenario con el bicentenario de la independencia de Chile, porque de los 200 años de vida independiente, cien los ha vivido de manera ininterrumpida y pertinaz el Partido Comunista de Chile, y, acaso también, presumo, porque estos últimos cien años han pretendido hacer realidad vivida por el pueblo de Chile lo que el bicentenario cumplió al nivel formal de la promesa, de la promesa incumplida.
La antología combina el verso y la prosa de alrededor de 115 escritores chilenos a los que acompañan cerca de treinta voces del ¿extranjero? Es decir, españoles, canadienses (en realidad chilenos), mexicanos, cubanos, uruguayos, nicaragüenses, peruanos, brasileños, argentinos, bolivianos, algún nacido en Estados Unidos (en realidad colombiano), y dos curiosos puertorriqueños: Vicente Rodríguez Nietzsche, capitán del Grupo GUAJANA, y Marcos Reyes Dávila.
Está dividida en dos secciones: fallecidos y por fallecer, pero todos igualmente presentes. Incluye un índice de autores que da noticia detallada de cada uno, y una nota de presentación, suscrita por los antólogos, que es una joya.
Gómez y Pizarro, abren su presentación con aquel Marx que afirmaba en sus tesis juveniles la necesidad de “transformar” el mundo, y lo cierra con un Marx poeta que contempla cómo los sueños nacen de la lucha y de la libertad. Entre cita y cita, el registro somero de un caudal de luchas y de esfuerzos que sin ninguna dificultad vincula el dolor con la esperanza, la derrota con el cambio, la ceniza con la vida que brota. Tras remontarse a los orígenes en Iquique, los antólogos contemplan con gratitud la lucha y los relevos que a lo largo de cien años han forjado una tradición de solidaridad derrota pero nunca vencida, renacida, con mayor fuerza y vigor, de las persecuciones, del rehacer de los cuadros, de la restauración de los archivos, de la reconstrucción de las imprentas y las sedes. Y contemplan, con gratitud, según decimos, porque han visto cómo toda esa lucha ha sido acompañada, acuñada en y fraguada por, el arte. El arte de lucha, el arte solidario, el arte que no pudo marginarse de su compromiso con la libertad de los seres humanos, el arte que ha forjado en la trinchera la identidad de un mundo futuro posible, hijo de sus mejores sueños. El arte y la literatura despejan caminos, dispersan la niebla, enfocan, definen, codo a codo y mano a mano con la lucha en la calle, en el sindicato, en el taller.
Asombra la inclusividad, no hija de intenciones gratuitas, sino del reconocimiento de las muy disímiles aportaciones, infinitas casi, que desde muy diversos sectores y acciones, desde una pluralidad de maneras, han contribuido al gran propósito principal de construir un país de ciudadanos verdaderamente libres. Por eso no está ausente Hostos, el Hostos forjador de conciencias libres y el Hostos que reivindicó con su palabra y su ejercicio pedagógico el derecho de la mujer. Tampoco está ausente, como tantas veces ocurre, Puerto Rico, ya sea por Hostos, por los dos poetas del Grupo Guajana incluidos, como por el poema de Ángel Pizarro dedicado a Lolita Lebrón con motivo de su muerte.
Gracias por el compromiso irreductible de Isabel, de Ángel, del PCC, de Chile.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
.
sábado, 1 de septiembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
Don Juan Sereno
.
Don Juan
qué sereno tu paso por la vega!
Encausaste
y encauzaste
todas las aguas del río
para buscar la ruta
en la tormenta
para anunciar un día posible
entre nosotros
para forjar entre las llamas
el nombre encrespado de la patria
Todo tu río pasaste
por el molino de piedra
Tu vida fue tu jornada
la ofrenda diaria de un corazón
presto a bogar albizus
en la palabra y en la galera
Héroe de los tiempos
que aún no han sido
héroe del hierro hecho flor
anunciabas el día claro
y abogabas por la hora
en el grafito turbio de la calle
con esa luz serena
que llevabas
por la secreta escala disfrazada
como una bandera
Decía aquel otro don Juan
sabe el hombre dónde nace
y no dónde va a morir
Pero eso no fue contigo
Sabías muy bien
–ajeno al miedo
y zahorí
como una torre
a dónde te llevaba el río del porvenir
Tu paradero
con su aspa de herrero
y bandera de alba
es tu posada...
qué sereno tu paso por la vega!
Encausaste
y encauzaste
todas las aguas del río
para buscar la ruta
en la tormenta
para anunciar un día posible
entre nosotros
para forjar entre las llamas
el nombre encrespado de la patria
Todo tu río pasaste
por el molino de piedra
Tu vida fue tu jornada
la ofrenda diaria de un corazón
presto a bogar albizus
en la palabra y en la galera

Héroe de los tiempos
que aún no han sido
héroe del hierro hecho flor
anunciabas el día claro
y abogabas por la hora
en el grafito turbio de la calle
con esa luz serena
que llevabas
por la secreta escala disfrazada
como una bandera
Decía aquel otro don Juan
sabe el hombre dónde nace
y no dónde va a morir
Pero eso no fue contigo
Sabías muy bien

–ajeno al miedo
y zahorí
como una torre
a dónde te llevaba el río del porvenir
Tu paradero
con su aspa de herrero
y bandera de alba
es tu posada...
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
.
jueves, 23 de agosto de 2012
El rebrote del Fascismo en Puerto Rico
.
El rebrote del
Fascismo
Cuando hablamos de Fascismo, el pensamiento deriva instintivamente hacia la Alemania nazi y Adolfo Hitler. No muchos recuerdan que se expandió por otras regiones de Europa, como Italia y España, e incluso Asia. Quizás hayamos oído hablar de fascismo en la época de algunas dictaduras latinoamericanas como Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Argentina, entre otras. Casi seguramente se asociará el término con el exterminio de los judíos en los famosos campos de concentración.
Pero el fascismo es un fenómeno mucho mayor que todo ello, y que no quedó aplastado por la historia. Vive, rebrota, de diversas modos, en muchas partes del planeta. Pocos sabrán que existen grupos fascistas en países occidentales como Francia, Inglaterra y Estados Unidos, entre otros.
Sigo para escribir estas líneas el valioso libro de Carlos Rama, La ideología fascista, publicado en España en el 1979 por la Biblioteca Júcar (222 páginas), producto final de numerosos trabajos sobre el tema que Rama publicó desde 1954.
En el libro Rama hace el registro de un fenómeno complejo y variado que brotó a lo largo del siglo XX en numerosas latitudes por todo el planeta. De modo que, aunque las reflexiones parten principalmente de la época nazi en Alemania, y del fascismo italiano de Mussolini, no escapan a su juicio las diversas manifestaciones que se presentaron en muchas otras partes y ocasiones, incluido, como es natural, el fenómeno en la América Latina.
La definición del fascismo, tomado todo lo anterior en cuenta, no es fácil. Con cautela, Rama lo intenta del siguiente modo:
“Es un régimen político de masas fundado sobre el sistema del partido único y de la milicia de partido, realizado por métodos policiales y el control de todas las fuerzas de información y propaganda” (171). Se basa –añade– en una ideología irracionalista y anti-intelectualista; en la demagogia política, el ultranacionalismo y el belicismo; en la apelación a la violencia sistemática, la concepción totalitarista del Estado, la acción eficazmente procapitalista y ultrareaccionaria, y en la destrucción del movimiento obrero y social de izquierda (18). Sobrevive, el fascismo, “en todos los países donde las minorías tengan un precario control de sus privilegios, y vastos sectores de la población sean mantenidos en forma compulsiva en la explotación y la ignorancia” (159).
El fascismo comienza por enfrentar en la calle, violentamente, a las fuerzas de la izquierda política que la prensa burguesa califica de amenazadoras, como los sindicatos, los partidos de izquierda, los intelectuales progresistas. Más tarde populariza esa violencia y atemoriza a las masas (161), se alimenta del terror y la impotencia que genera en las comunidades.
Como se ve, la hostilidad del fascismo hacia la cultura es notoria (162). Se forjó en países con un gran desarrollo capitalista para enfrentar y aplastar los movimientos de reivindicación obrera que estuvieron a punto de tomar el poder para crear estados socialistas. El enemigo principal de los nazis fue la Unión Soviética, el primer estado socialista producto de la revolución de 1917, país que pagó el precio más alto de víctimas en la Segunda Guerra Mundial. En los países de la periferia capitalista, como en el mundo latinoamericano y asiático, se trata de un “fascismo colonial” que se presenta como una fuerza de choque al servicio de las grandes corporaciones internacionales (181).
Es el mismo que desbarata países enteros como intentaron hacer con Viet Nam, con Palestina, con Irak, con Libia, Afganistán y ahora con Siria y el Líbano. Una invasión hecha con mercenarios y un torrente de armas, seguida de bombardeo y de invasión formal, seguida de otro ejército de mercenarios, aún más costoso que el ejército formal, que se encarga de todo lo sucio y de beber sangre a diario, como los vampiros.

El fascismo colonial en Puerto Rico
Puerto Rico es una colonia norteamericana. Se trata de un país concebido en el marco de la colonización, por España, de gran parte de América, y que no alcanzó a forjar su libertad en los años bolivarianos. Tuvo que luchar por esa libertad durante el resto del siglo XIX, hermanado a Cuba.
La guerra de intervención norteamericana (1898) en la guerra antillana que inició Martí en el 1895, le permitió a Estados Unidos tomar a Puerto Rico como botín de guerra. La persecución se inició desde el principio en la forma de “partidas sediciosas”, de “turbas republicanas” que quemaban las sedes de periódicos y obligaron a huir incluso a próceres como Luis Muñoz Rivera, sino terminaban en las cárceles, como otros. Hostos denunciaba al imperialismo de los “bárbaros” que permitían un uso de la violencia en Puerto Rico dirigido al “exterminio” de los puertorriqueños.
Al día de hoy, 114 años después, Estados Unidos no solo no ha consultado la voluntad soberana del pueblo de Puerto Rico –violando su propia constitución, sus principios republicanos, toda noción de libertad, de derechos humanos y civiles, para convertirse en un imperio– sino que la ha reprimido con el uso letal de la fuerza del estado. Esa fuerza policiaca, militar y la acción encubierta de inteligencia, se vio obligada ante la pujanza del nacionalismo de Albizu Campos, a usar aviones y unidades militares contra el pueblo de Puerto Rico. Más efectivo para ellos, a la larga, fue crear en el país una situación de extrema dependencia con una masiva asistencia de cupones de alimentos, la válvula económica de escape de inscribirse en las fuerzas armadas para obtener ingresos, y un intenso trasiego de drogas. La impunidad de los atropellos efectuados a diario por el FBI y otras agencias coloniales debió instruir y envalentonar a las fuerzas del “orden” puertorriqueñas. Las bandas policiacas asesinas no se hicieron esperar.
El dominio colonial clásico, en el mundo contemporáneo, tiene una estructura fascista, puesto que se trata de la explotación de un país en el que se aplastan las fuerzas propias y se impone una visión, un modo de vida, un orden, una economía dependiente de explotación. El gobierno en Puerto Rico que llaman muchos “federal” –pero que no lo es, puesto que Puerto Rico no es miembro de esa federación–, es en realidad un gobierno colonial que agobiado por las repetidas embestidas del nacionalismo optó en el 1952 por una fórmula de autonomía que llamaron Estado Libre Asociado constituida, como siempre ocurre, por mayordomos del imperio, que se impuso con la utilización de símbolos nacionales –como la bandera– y de algunos reclamos del nacionalismo –“pan, tierra y libertad”– , pero aplicando simultáneamente leyes de mordaza que encarcelaron a los líderes del nacionalismo. Y en el caso de Pedro Albizu Campos, casi casi hasta su muerte. Se redactó una constitución con un orden republicano de gobierno, en apariencia, puesto que los poderes fundamentales no residen en la soberanía del pueblo de Puerto Rico sino en el Congreso de Estados Unidos. Vivimos desde entonces un espectáculo de apariencias que elige un gobernador cada cuatro años, alcaldes y cámaras legislativas.

El gobierno del Partido Nuevo Progresista,
fascismo de autoservicio
Desde su creación en el 1968, el Partido Nuevo Progresista (PNP) coqueteó con las armas más rudas del fascismo tradicional y del neofascismo. (Hacemos abstracción del gobierno del otro partido hegemónico que fundó el ELA, y que bajo su amparo el gobierno colonial norteamericano estableció todos sus programas de carpeteo policiaco, vigilancia y las acciones encubiertas de sabotaje y desestabilización que incluyeron acciones letales.) El gobierno de Luis A. Ferré (1969-1973), fundador del PNP, se caracterizó por los abusos contra el movimiento sindical, las invasiones policiacas a la Universidad de Puerto Rico, y los ataques armados, a pleno sol, de comunidades y organizaciones de izquierda, como hicieron, bajo el mando de algunos senadores y la abstención policiaca, en la plaza pública de Río Piedras. El gobierno de Carlos Romero Barceló (1977-1984) estableció en complicidad con el FBI un programa de acecho y entrampamiento, con agentes encubiertos provocadores, persecución, ataques a bala y bombas. Bajo su mandato se produjeron las muertes a sangre fría de dos jóvenes totalmente inocentes en el Cerro Maravilla, acontecimiento de tal impacto que Hollywood lo llevó al cine (A show of force). Bajo Pedro Rosselló (1993-2000) se privatizaron numerosas corporaciones públicas como la Telefónica y todo el sistema de salud. De la mano de la privatización, se estableció un pacto monumental de corrupción entre el gobierno y los empresaurios que ha dominado la escena política desde entonces y nos trae directamente a los dramáticamente tristes desarrollos del gobierno actual de Luis Fortuño (2009-2012).
Fortuño comenzó a implementar una política neoliberal ultraconservadora que anuló las leyes laborales y los beneficios adquiridos, incluida la permanencia en el empleo. El “Profesor Distinguido” de la Universidad de Puerto Rico, Samuel Silva Gotay, ha hecho una relación más detallada de lo que sigue en un artículo titulado, significativamente, “Hacia una explicación de la destrucción del Estado en Puerto Rico a manos de la dirección del PNP por vía de una política neoliberal” (EXÉGESIS 69).
Apenas asumió el poder, Fortuño declaró una emergencia fiscal, nunca demostrada, para asumir poderes extraordinarios, y despidió de un solo golpe más de 30 mil empleados públicos, a la vez que autorizó la creación de centenares de contratos multimillonarios con empresas creadas de la noche a la mañana y con amigos políticos. Intentó destruir el Colegio de Abogados de Puerto Rico anulando la ley de colegiación compulsoria. Tomó todas las instituciones fundamentales enmendando las leyes o aumentando las juntas de síndicos o directivas. También aumentó los miembros del Tribunal Supremo para crear en el mismo un caucus de mayordomos del partido. Lo mismo hizo con la Universidad de Puerto Rico.
El país vivió durante dos largos años periodos de huelgas estudiantiles en las once unidades universitarias contra las cuales el gobierno lanzó, cada día, todo el poder de la fuerza de choque policiaca y la policía montada violando repetidamente los derechos civiles. El escándalo de esas violaciones creó un cuadro parecido al Guernica de Picasso con monjas gritando a mitad de la calle, mujeres desesperadas en llanto tiradas a la calle, gases lacrimógenos, macanazos y cabezas ensangrentadas de estudiantes. Ello, que fue repetidamente denunciado en el pleno del Congreso norteamericano, obligó al Departamento de Justicia de Estados Unidos a intervenir.
El gobierno del PNP se ha instrumentado a fuerza de decretos, de legislación que se produce sin vistas públicas ni consultas, de manera privada, pues las puertas del Capitolio se cierran incluso para la prensa. En todas las instrumentalidades gobierna un caucus –comité– del partido que se ha abrogado todos los poderes propios de un estado autoritario. El saqueo de los fondos públicos es la orden del día. Durante años se han vetado los aumentos salariales –excepto para sus asociados y amigos–, se ha aumentado dramáticamente la deuda pública, la población emigra desesperadamente, se devaluó la propiedad inmueble, la criminalidad y los asesinatos rompen récords sucesivamente, se le pone mordaza a la expresión de la oposición, se desmantela la universidad y los servicios de salud, se entregan las instrumentalidades públicas a empresas privadas, la mayoría del Tribunal Supremo consulta con el gobernador o con el presidente del Senado sus decisiones, que de ese modo, se pronuncian en cosa de pocas horas.
Recientemente se enmendó el Código Penal para eliminar la discreción judicial y aumentar y fijar las penas, y para crear nuevos delitos que criminalizan, incluso, las protestas y la libertad de expresión. Recientemente, un “contralor electoral” ha impedido a la oposición colocar anuncios contra enmiendas propuestas a la constitución, y la policía le impide a los opositores la colocación de anuncios de campaña en las vías públicas. Los sindicatos han estado, todo el cuatrenio, inusualmente tranquilos: ¿enmudecidos o temerosos?
No solo este servidor, abogados, ex presidentes del Colegio de Abogados, ex
presidentes del principal partido de oposición, ex presidentes del Senado de Puerto Rico, también, y muchas otras voces, denuncian la instrumentación de un estado fascista en Puerto Rico, y bajo la presidencia de Barack Obama.En conclusión
En los países fascistas por excelencia no sufrió todo el mundo el impacto directo de la intolerancia. Pero sentían la crisis, supieron de los atropellos a otros, vieron reducir paso a paso el margen de libertad social y de tranquilidad. Los fascistas se instalaron poco a poco, aplastando primero a unos aquí, luego a otros allá, para ocupar paso a paso todos los espacios del poder desplazando a la oposición, e invalidando las garantías de los derechos civiles. Todos supieron que no era aceptable apoyar a medias al sistema. A callar y a mirar al otro lado. Sobrevivir. Naturalmente, dado nuestro carácter colonial, y dadas nuestra pobreza y pequeñez, hay manifestaciones del fascismo europeo que no se pueden dar en Puerto Rico.
Aunque el gobierno colonial de Estados Unidos en Puerto Rico tenga un carácter fascista inmanente, la vida política en Estados Unidos mantiene un margen de juego político que nominalmente, al menos, permite reclamar los derechos constitucionales en el plano personal. Esa posibilidad, de la esfera judicial, es un freno al juego hostil del fascismo puertorriqueño. Pero esa garantía ya no existe en los tribunales de Puerto Rico.
No es posible predecir hasta dónde podrá llegar la práctica del fascismo en la élite del poder político en Puerto Rico. Pero la bestia está viva, “azota” y muerde donde y cuando puede. El temor de vivir se incrementa, y el acorralamiento. Y la calidad de vida se asfixia. Este es el mundo que construimos y heredamos a nuestros hijos.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
sábado, 18 de agosto de 2012
lunes, 6 de agosto de 2012
Historias de Caín
.
Las ramas toman el alma
de la tierra y del agua
y la ofrecen despierta
a la transparencia del cielo
Raíz
y luego flor
delinearon la puerta
en la cocina de un cogito
que acogió descalzo al colibrí
Nada hay en ello
de la turbia soledad de muladar
del que roe
su propio escupitajo
Acaso soy yo el custodio de mi hermano
preguntó Caín aquella tarde
sin saber que sí lo era
que sí lo somos
inexcusable
e inexorablemente.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
.
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Caín,
Historias de Caín,
Poesía de Marcos Reyes Dávila
viernes, 3 de agosto de 2012
Recuerdos de un revolucionario: Hostos y Betances
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Recuerdos de un revolucionario,
a propósito de la
a propósito de la
alegada rivalidad
entre Betances y Hostos
Para Carlos Gallisá
I. Una sombra efímera
Eugenio María de Hostos murió un once de agosto, hace 105 años. [Este trabajo se publicó en CLARIDAD en el 2008.] Así como esta ocasión nos permite recordar que la Universidad de Puerto Rico aún no restaura la integridad de la obra escultórica de Victorino Macho –instalada en homenaje a Hostos en el Recinto Río Piedras– a la cual se le amputaron las partes que contenían las palabras “Patria” y “Sociología”, recordamos también que uno de los fenómenos nuestros que más nos asombran, desde hace muchos años, es el persistente empeño por enemistar, rivalizar, o enfrentar a Ramón Emeterio Betances y a Eugenio María de Hostos. Aquí y allá hemos tenido la desventura de oír durante décadas, incluso en el seno de organizaciones patrióticas, las voces que alegan con celo destemplado e irracional que uno de ellos es primero o superior al otro. Sabemos, porque lo señala el propio Federico Henríquez y Carvajal, que Manuel Guzmán Rodríguez –editor de Betances– andaba ya en ésas en 1926, cuando aquél –Henríquez y Carvajal– le sale al paso con la autoridad indiscutible de su conocimiento extenso, cercano e íntimo de ambos próceres.
Para Carlos Gallisá
I. Una sombra efímera

Eugenio María de Hostos murió un once de agosto, hace 105 años. [Este trabajo se publicó en CLARIDAD en el 2008.] Así como esta ocasión nos permite recordar que la Universidad de Puerto Rico aún no restaura la integridad de la obra escultórica de Victorino Macho –instalada en homenaje a Hostos en el Recinto Río Piedras– a la cual se le amputaron las partes que contenían las palabras “Patria” y “Sociología”, recordamos también que uno de los fenómenos nuestros que más nos asombran, desde hace muchos años, es el persistente empeño por enemistar, rivalizar, o enfrentar a Ramón Emeterio Betances y a Eugenio María de Hostos. Aquí y allá hemos tenido la desventura de oír durante décadas, incluso en el seno de organizaciones patrióticas, las voces que alegan con celo destemplado e irracional que uno de ellos es primero o superior al otro. Sabemos, porque lo señala el propio Federico Henríquez y Carvajal, que Manuel Guzmán Rodríguez –editor de Betances– andaba ya en ésas en 1926, cuando aquél –Henríquez y Carvajal– le sale al paso con la autoridad indiscutible de su conocimiento extenso, cercano e íntimo de ambos próceres.
La controversia, sin embargo, tiene una raíz mucho más larga. El propio Hostos alega que en la emigración neoyorkina los enemistaron innecesariamente cuando se encontró con Betances en el 1869. Tal parece que los chismes malintencionados que brotaron hace casi 140 años reproducen sus ecos con persistencia insana hasta el día de hoy.
Carlos Rama (1972) desecha el tema de la alegada “rivalidad” entre Hostos y Betances en el estudio preliminar a la recopilación de los textos de Betances que titula Las antillas para los antillanos (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975, XLIX-LIII). Allí observa que la discrepancia entre ellos ocurrió en esa sola ocasión, a la llegada de Hostos a Nueva York en 1869, y en torno a un “tema preciso”: el modo de libertar a las Antillas (pág. XLIX). Recuerda Rama que Hostos le cede el espacio a Betances al emprender su viaje al sur ya en el 1870, y que a su regreso en 1874 culmina, junto a Betances, lo que Andrés Ramos Mattei llamó el “ciclo revolucionario antillano”, ciclo que completa en el 1875. Recuerda Rama, además, como, en 1898, Betances confía en Hostos más que en el Directorio de Nueva York, y le traspasa a Hostos, en vísperas de su muerte, su “legado” y su “bandera”. Recuerda Rama, finalmente, que sus contemporáneos, no sólo Henríquez y Carvajal, sino Sotero Figueroa, y el mismo Martí, unieron los nombres de ambos sin vacilar (pág. L).
Las cartas de Betances publicadas por Rama ponen a descubierto la
colaboración franca que existía entre ambos antillanos desde el 1870
(249), y cómo crece la admiración de Betances hacia Hostos con el paso
de los años. Que la “sombra de verano”, “leve y efímera”, de esa
rivalidad, que a juicio de Henríquez y Carvajal parece que nunca
existió, desapareció pronto, lo constata éste en el tratamiento efusivo y mutuo entre ellos que
tuvo ocasión de ver tanto en su encuentro de Puerto Plata en 1875, como
durante la estancia de Betances en Santo Domingo de 1881 a 1883, época
de la Escuela Normal de Hostos (265-268).
II. Hostos, apóstol de la libertad
II. Hostos, apóstol de la libertad
Es un hecho histórico que el joven Hostos vivía y estudiaba en España en el momento de su despertar político. Fue por lo tanto desde España, y de frente a los españoles, que Hostos fraguó las premisas y maneras de sus primeras urgencias políticas. En primer término, intentó persuadir a los españoles con su novela, La peregrinación de Bayoán, de 1863. Es ésta una novela de denuncia política que contempla ya la hermandad antillana que predicará Hostos toda su vida. Luego buscó cómo denunciar ante los españoles la mala política española en las Antillas y cómo hacerles comprender las inequidades de su política a través de una avalancha de artículos publicados en numerosos medios. Ideó, además, una forma de soberanía para “sus islas” a través de una confederación entre las provincias peninsulares y las Antillas, soberanía que requería antes de una revolución en la península que diera al traste con su régimen monárquico e instaurara una república federal, de modo que vemos a Hostos integrándose en las organizaciones políticas españolas y conspirando contra la monarquía. Finalmente, defendió a brazo partido los derechos de las Antillas, incluso tras los gritos de Lares y de Yara de 1868, alegando con todo valor que en las islas se prohibía celebrar la victoria del nuevo régimen español republicano encerrando las islas en el antiguo régimen monárquico depuesto en septiembre de ese año. Cuando constató que la nueva república española no reconocería la soberanía ni la libertad de Cuba ni de Puerto Rico, optó por buscarlas desde 1869 a través de las armas.
En Nueva York, Hostos intentó acoplarse con la emigración antillana organizada en clubes, pero desistió cuando vio que ésta estaba dominada por el afán de buscar la anexión a Estados Unidos, tras la independencia de España. Hostos siempre ambicionó la Confederación de las Antillas: ésa es su idea matriz, la médula solar de su lucha y su pensamiento. Para contrarrestar el peso de esa emigración anexionista, y atajar el peligro de la anexión, viaja a buscar apoyo por los países de la América nuestra reclamando en cada parada la necesidad apremiante de completar la tarea del Libertador, la obra de Ayacucho. De paso, en Panamá (1870), Hostos advierte sobre la tendencia expansionista de los Estados Unidos y el peligro que corre Panamá con las inclinaciones “imperialistas” norteamericanas.
Ya en 1898, Hostos, al igual que Betances, se percata de que es inútil pretender resistir por las armas en Puerto Rico a las tropas norteamericanas, de modo que idea, como Catedrático de Derecho que era, una nueva forma de lucha política, despertando el poder de la “sociedad civil” y reclamando el derecho a plebiscito que nos garantizaba no sólo la Constitución de Estados Unidos, sino el derecho natural y el derecho internacional. El presidente Mackinley, en persona, había acordado con Julio Henna realizar este plebiscito, a cambio de la cooperación del Directorio y de sus planes de invasión de Puerto Rico, mas, sin embargo, faltó a su compromiso. Hostos, por su parte, vio que no podía depender tampoco de los partidos políticos puertorriqueños cegados por el colonialismo servil, incluyendo a Muñoz Rivera, y apeló directamente al pueblo.
Aunque se mostró dispuesto a aceptar el resultado del plebiscito, cualquiera que éste fuera, Hostos sabía que el derecho a la independencia era el destino final, inevitable e irrenunciable de los puertorriqueños. Y aunque habló de “americanizar” a los puertorriqueños, no quiso decir con esa palabra que buscaba la asimiliación y la entrega a los conquistadores, cosa que censuró siempre, y de lo cual habló con toda transparencia en su Moral social. Lo que quiso significar con eso de “americanizar” –y lo dice en blanco y negro– era que había que educar al pueblo de Puerto Rico en los modos de vida republicana, educarlo para la vida independiente y soberana. Ése era el propósito, justamente, de la Liga de Patriotas, proyecto suyo completamente acorde con El programa de los independientes de 1875 que elogió José Martí. Sobre antillanismo y política de la libertad, Hostos se le adelantó a Martí por décadas.
III. Recuerdos de Betances: la ofrenda
En las Obras completas de Hostos encontramos un texto que, a modo de
ofrenda fúnebre, escribió en fecha incierta para Ramón Emeterio
Betances. Se titula “Recuerdos de Betances”, y parece estar íntegro y
sin errores en la edición de 1969, tomo XIV, páginas 69-72. (En la
edición crítica del 2001, páginas 283-285, hay frases omitidas que hacen
incomprensibles algunos pasajes.)El homenaje fúnebre de Hostos comienza desde el título mismo. “Recuerdos de Betances” alude sin decirlo a un texto de Betances escrito en febrero de 1898, con el título de “Recuerdos de un revolucionario” (Rama, Op. cit., 150-155). Este texto es un homenaje a José Martí, muerto en combate hacía, en ese entonces, tres años. En el mismo, Betances resume en tres fragmentos toda su lucha anticolonial, y lo que llama sus “bodas de diamante con la revolución”. Esto es, según puede inferirse, un largo trajinar de 50 años, los que van desde el 24 de febrero de 1848, día de la “revuelta” de París, en la que participó Betances [que, como se ve, también se involucró en las luchas políticas de la metrópoli donde estudiaba], que depuso la monarquía borbónica e instauró la Segunda República Francesa, hasta el 24 de febrero de 1898. En 1895, un 24 de febrero, se dio el Grito de Baire, grito que reinició la guerra de independencia en Cuba a cargo del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí.
Hostos evoca, por su parte, a Betances, con evidente emoción, en algún momento cercano a su muerte ocurrida el 18 de septiembre de 1898, a sólo cinco días del trigésimo aniversario del Grito de Lares, y casi dos meses después de la invasión norteamericana de Puerto Rico. Recuerda que conoció a Betances a los 23 años, cuando ambos coincidieron en Puerto Rico. Anota la “atracción” que ejercía la figura de Betances entre los enemigos de la esclavitud y los del coloniaje. Revela que recibió con sorpresa en Madrid, un año después –esto debe ser en 1863–, una carta de Betances desde París, escrita a propósito del más antiguo texto de Hostos que conocemos: su novela La peregrinación de Bayóan. Hostos confiesa que su novela fue “un grito sofocado de independencia” pues creía entonces posible, según lo señalamos antes, alcanzar la soberanía antillana a través de la constitución de una república federal en España. Recuerda no volver a saber de Betances hasta encontrarlo en Nueva York en el 1869. Entonces se refiere al famoso episodio de esa desavenencia entre ambos que atribuye a su desesperación por apurar el inicio de la lucha armada en Puerto Rico. En ese momento, intentó hacer de “jefe de bando”, cosa que lamentó más tarde.
En defensa de Hostos hay que señalar que Betances admite haber recelado de él pues al que conocía era al joven Hostos de la época española, de modo que, en su recelo, ocultó a Hostos sus planes y lo dejó al margen. La emigración trabajaba mano a mano con los cubanos, que eran más, y entre los cuales dominaba la ambición de buscar la anexión a Estados Unidos. Hostos rechazaba esta pretensión entre los cubanos y no pudo articular su lucha y prédica con ellos en ese entonces. Es por eso que opta, como ya señalamos, por intentar otro camino con su viaje al sur.
Finalmente, se refiere Hostos a la época siguiente, que se inicia a su regreso del viaje en el 1974, y a partir de la cual fueron por completo hermanos del “ideal”. “Recuerdos de Betances” es, de esta suerte, un réquiem estremecedor inolvidable.
No los enemistemos más. Unámonos.
Marcos
Reyes Dávila
¡Albizu seas!
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