sábado, 10 de octubre de 2020

Hostos victorioso en el "plebiscito" de 1903

 

 

Hostos 

       victorioso  

                  en el “plebiscito” de 1903

Muchos tendrán la idea errónea de que la prédica de Eugenio María de Hostos en pro de una confederación de las Antillas era producto de la fiebre y de elucubraciones enajenadas de la realidad. No obstante, sabrán esos muchos que personalidades del mayor rango, de las tres Antillas mayores, abogaron por lo mismo. Por ejemplo, Betances, Luperón y Maceo, José Martí. Ninguno de ellos lo hizo, sin embargo, con la vehemencia, la profundidad y la constancia de Eugenio María de Hostos. La moral social, su sentido de justicia y su indispensable vocación por la Libertad, lo llevaron inexorablemente a ese derrotero. Aún lo llevan.

Si bien es cierto que Hostos, como Betances, vio perdida, al finalizar el siglo, la oportunidad de alcanzar la meta mayor de sus esfuerzos, también es cierto que se ilusionó, no sin motivos, con la idea de que la confederación ya estaba izada al aire, sobre el tapete, con la independencia de Cuba y el fin del dominio español sobre Puerto Rico.

Sabido es que Hostos regresa a su patria en 1898 con el propósito de evitar que Puerto Rico fuera tomado como botín de guerra y anexado a Estados Unidos, y para difundir su ideal de la confederación antillana. Sabemos que se sintió derrotado dos años más tarde, tras una intensa campaña de educación política, y que para obedecer a su sentido del deber y de utilidad, se regresó a servir al corazón de la confederación en la República Dominicana, para volver a crear los “auxiliares” que requería su proyecto. Se ha planteado la idea de que, tras un nuevo levantamiento allí, murió abatido pensando derrotado su proyecto.

Sin embargo, en 1903, el periódico “La Correspondencia” auspició un “plebiscito” sobre las preferencias políticas de los puertorriqueños.  Votaron durante 60 días un total de 54,338 personas. Las opciones eran: Independencia, Gobierno Temporal, Confederación Antillana, Territorio y Colonia. Menos de cuatro meses antes de la muerte de Hostos, el 29 de abril de 1903, se publicaron los resultados. Según la “encuesta” solo un 17% prefirió la anexión a EEUU. Por el Territorio votaron 14,414, y por la “Colonia” un ínfimo 62. En cambio, un sólido 73% votó en contra: por la Independencia, 17,025; por el Gobierno Temporal 15,186; por la Confederación Antillana, 7,651. Ganó la Independencia. La palabra “colonia” era estimada claramente como una aberración. En Puerto Rico todos lo dicen --penepés, independfentistas y muchísimos populares--, el ELA es la colonia.

La votación de 1903 a favor de la Confederación Anti


llana significa que, solo en apariencia, el proyecto de Hostos era compartido por un 14%, porcentaje nada despreciable. Es evidente que era conocida y que había calado en una parte numerosa de la población. Pero si se tiene en cuenta que el proyecto de la confederación era la meta última, la aspiración final de Hostos, y si se tiene en cuenta que la confederación tenía que pasar a través de la Independencia, y si se tiene en cuenta, además, que para Hostos era necesario que se llegara a esta última a través de un Gobierno Temporal que preparara al país para alcanzar el destino justo y necesario de los pueblos sin caer en el caos, eludiendo los vicios de la educación colonial y superando la catástrofe económica y social en que la colonia española y la guerra habían hundido el país, el proyecto de Hostos, así consolidado, contaba antes de su muerte, en abril de 1903, con el apoyo de un sólido 73% de los votantes.

¿Fue ilusión afiebrada o estaba muerta su aspiración a la Confederación de las Antillas? Aun cuando pueda alegarse que ese resultado fuese respaldado solo por los simpatizantes de ese periódico, probablemente el más importante de entonces, no puede negarse que el resultado indica la tendencia más certera.

El “plebiscito” de 2020, como el de 1903, no es sino una “encuesta”. Aunque Hostos abogó con insistencia ante el Congreso de EEUU por la celebración de un plebiscito, éste no podía celebrarse sino con los requisitos de una educación política previa. Requería que antes se aceptase que el pueblo puertorriqueño tenía el derecho natural de decidir su propio destino, es decir, que gozaba de su soberanía. Desde 1868 sabía Hostos que las determinaciones no se toman a ciegas, irresponsablemente, y por eso le requirió al gobierno republicano español que no se lanzase a consulta entre república y monarquía sin educar adecuadamente al pueblo de España sobre el significado de sus opciones. El pueblo de Puerto Rico no goza para la “encuesta” de este 2020 de esos requisitos.

Los motivos de Hostos para abogar por la confederación de las Antillas siguen vivos. Esa sigue siendo la opción que aun demanda nuestra coyuntura política. La fragua de Hostos, estaba viva en 1903, lo está en el 2020, y es interminable. Veremos que nos dice la “encuesta” de 2020.

 

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