jueves, 16 de octubre de 2014

"Julia de Burgos, poeta maldita" y barroca

Peregrinando al Simposio "Me llamarán poeta" - IV


JULIA DE BURGOS, 
“poeta maldita” y barroca
 A propósito del nuevo libro –póstumo– de José Manuel Torres Santiago, “Julia de Burgos, poeta maldita”, edición de Los Libros de la Iguana –con una aportación de la Colección Guajana– (San Juan, 2014, 202 págs.).

 
1. Introducción
    Julia de Burgos es una poeta barroca. En realidad ella no, que creó una poesía tan transparente, que flotaba sobre el agua el lirio, pero sí sus biógrafos. Esos que se han dado a la tarea de resaltar las partes oscuras de su vida –no de su obra– armados con una ética doméstica, con la especulación y con una imaginación afiebrada. Una “ética” desnaturalizada del amor y la comprensión, y acaso hasta invertida, que se resiste a morir, como la yerba, y que la pinta, en blanco y negro, como esas pinturas que se regodean en lo grotesco del siglo XVII, de reyes y arzobispos cadavéricos envueltos en ropajes de lujo y pintados con un marcado contraste de luz y sombra. Esa es la Julia que acosaron en la vida y en la muerte aquellos que a pesar de admirar las constelaciones admirables de sus versos –música de las estrellas–, se han comportado como enemigos de su lucha política, intolerantes con su práctica de mujer redimida, adoradores de la mujer burguesa doméstica, obediente y callada: “Yo fui la más callada”. Julia se vio forzada a emigrar, a pesar de su éxito como poeta en Puerto Rico, tanto entre las masas del pueblo que la leía en los diarios como en la élite intelectual que la premió repetidamente. Nunca pudo regresar.      

      Anoche me preguntaba Juanito, su sobrino, el poeta de Guajana, Juan Sáez Burgos, por qué su compañero de armas y versos, José Manuel Torres Santiago, había publicado un libro como “Julia de Burgos, poeta maldita”. No supe responderle. Cuando eran jóvenes estudiantes universitarios que recién habían fundado la revista Guajana al lado de Nietzsche y de otros poetas amigos, publicaron un quinto número dedicado a Julia, en un hermoso homenaje. Esa revista incluía un editorial presidido por versos que decían, entre otras cosas: “Julia eterna siempre canto”. Allí se dice en palabras que son poemas, que es “nuestra más grande mujer poeta” y que su “vida fue el poema más intenso”, “un milagro desprendido de la tierra al alba”. Allí se destaca su ser como “amanecida del amor”, y como mujer desafiante y contestataria que denuncia al pueblo esclavo y al arrabal, en defensa de la patria albizuista, y también, de los desamparados del planeta. Pensé que aunque esas palabras, según Vicente Rodríguez Nietzsche, las escribió su sobrino Juan, José Manuel Torres Santiago (JMTS) tuvo mucho que ver con ellas porque el homenaje olía a ensayo literario de poeta y crítico, y Juanito, aunque poeta, estudiaba leyes, pero JMTS letras. Además, es JMTS quien figura como editor de ese número. Entonces ¿por qué de tanta porcelana y amapola escribe después JMTS un libro como este?
    Al reseñar y criticar el libro de JMTS, como antes hicimos con la biografía de Mayra Santos Febres que cojea del mismo mal  (“Julia de Burgos: De la leyenda negra y el cántaro roto de su canto”, en www.lasletrasdelfuergo.com y en 80 GRADOS: http://www.80grados.net/julia-de-burgos-de-la-leyenda-negra-y-el-cantaro-roto-de-su-canto/), no pretendemos defender a Julia a ultranza, irreflexivamente. No nos detiene el hecho de ser JMTS un guajano publicado por una editorial directamente vinculada a
Guajana. Mentir es siempre una indignidad y la verdad está más alta que los afectos personales. Lo pertinente, pues, al caso que nos ocupa, es buscar esa verdad, la Julia verdadera. No se trata de que Josemilio González, por ejemplo, no hubiera oído los rumores tristes: se trata de que al caso y al propósito que lo ocupaba no había espacio, decoro ni pertinencia útil para ocuparse de esas astillas cuando manejaba tanto talento y tanta grandeza. Así lo comprendió también don Pedro Mir, “sin lágrimas”. Y Martí, lo recordamos todos muy bien, decía que los desagradecidos hablan de las manchas del sol, pero los agradecidos hablan de la luz.

2. De la edición

    Se trata de un edición muy lucida, amorosamente trabajada, de unas 202 páginas acompañadas de numerosas fotografías, algunas prácticamente desconocidas, en formato pequeño, con una tapa encarnada, color vino, en la que aparece una de esas fotos de Julia poco frecuentadas, pero coloreada. Se trata de un biografía escrita con un formato cronológico, que incluye un prefacio elogioso de Edgar Martínez Masdeu y una introducción de JMTS en la que explica el sentido del título de la obra, es decir, el carácter “maldito” de la vida –y también de la obra– de Julia. Sale este libro como parte de una trilogía de Los libros de la Iguana –casa editorial manejada gracias al esfuerzo titánico y el sacrificio abnegado de Reynaldo Marcos Padua y Margarita Maldonado Colón–, trilogía dedicada a Julia, y en su homenaje, con motivo del centenario. Los otros dos libros son el “Diario” de Julia, en una edición de Edgar Martínez Masdeu, y un libro de Carmen Lucila Quiroga sobre “el desarrollo de la conciencia femenina en la expresión poética” de Julia de Burgos.
    Para Martínez Masdeu, el libro de JMTS  “representa una labor minuciosa, iluminadora, contundente, honesta, sincera...”, y aunque no la considera la biografía definitiva, sí la califica como “la biografía más honesta e intelectualmente válida que se ha realizado hasta ahora” (9), incluyendo, desde luego, la de Santos Febres (“Yo misma fui mi ruta”) publicada en febrero pasado por el Municipio de Carolina, pues sus palabras están fechadas en abril de 2014. A juicio de Martínez Masdeu, JMTS no incurre en las mentiras y los subterfugios que han caracterizado las biografías previas, que han mentido mucho, inventado más y especulado demasiado (10). Destaca algunas “revelaciones” –a nuestro juicio muy dudosas– que hace JMTS, como que Julia participó del asalto al Capitolio de 1932, realizado por los nacionalistas, y que “los últimos años de Julia fueron un continuo y fatigoso deambular por las calles de Nueva York” como pareja de los bums y los vagabundos (11). JMTS afirma, además, que Julia fue violada por su padre (43) y que “ya para los primeros años de la adolescencia, la primogénita novia del río era dipsómana” (42). Todo le parece bien al Martínez Masdeu que juró no decir jamás ciertas cosas que se le confiaron (12) y que parece haber leído aquí, según lo sugiere su nota última.
    Lo del carácter “maldito”, expuesto en la mencionada “introducción” de JMTS (13-32), es una de las partes de mayor interés, en mi opinión, en esta biografía. Se trata de la adscripción de Julia al grupo de “poetas malditos” o decadentes, que floreció a fines del siglo XIX en Francia, representados por poetas de gran señorío como Verlaine y Baudelaire, o de otros espacios como Poe, pero de la misma época. JMTS define el malditismo como el de un poeta de vida turbulenta, rechazado por su conducta liberacionista y su alcoholismo, marginado del mundo oficial y la sociedad civil, vagabundo de conducta individual tormentosa, suicida en potencia y de muerte trágica. Se le llama también el “mal del siglo”, y Darío se refirió a ellos como los “raros” (20). No dudo de que algo de esto hay en Julia, a pesar de algún reparo de anacronismo, pero se trata de un modo o estilo con evidentes convergencias en la trayectoria vital de Julia que permiten hacer la extrapolación. Ello, en el fondo, no adelanta gran cosa la comprensión debida a la obra de Julia, solo enmarca una perspectiva comparada dentro de una porción de la modernidad occidental.
     El libro de JMTS me recuerda la historia –quizás de Arreola, quizás de Carlos Fuentes– de una empleada doméstica que, empeñada en conservar la imagen adorada de Porfirio Díaz, la limpió continuamente hasta borrarla. Y es que, a pesar de que dice que pretende defenderla, y aunque nutre el texto con abundantes referencias y testimonios poco conocidos, la “Cronología” de JMTS está repleta de expresiones desafortunadas y, me obligo a decirlo, infundadas. En mi opinión, y a pesar de sus abundantes aciertos, este libro no se sostiene muy bien. No se trata de defender a Julia a ultranza, como alega pretenderlo el propio JMTS, contra sus críticos de moral doméstica y burguesa, sino de mostrar una Julia verdadera hasta donde eso sea posible hacerlo, y siempre en función de estudiar su talento, sus aportaciones, su arte. Lamentablemente JMTS se hace eco de las partes más oscuras de la biografía “en blanco y negro” de Juan Antonio Rodríguez Pagán, solo que magnífica algunos de sus más desafortunados defectos. En lugar de defender a Julia remueve la mugre de la denostación acumulada durante casi un siglo en esta figura que tiene dos rostros: uno de sol y otro de sombra.
    Una cronología suele estar compuesta de hechos y datos comprobados, y nunca por la especulación, el cálculo, la argumentación, la interpretación, modos que predominan en la obra. Puede contribuir a la confusión, tanto del autor como del lector, el hecho de que en esta cronología las consabidas columnas que suele poseer una cronología, ubican en tres columnas separadas los datos biográficos, los hechos históricos del país, y las referencias de acontecimientos internacionales, de manera que el lector pueda establecer correspondencias. Pero en la cronología de JMTS todo se da junto, mezclado. De esta suerte, Julia resulta ser nuevamente mancillada con los mismos viejos reclamos de moral doméstica oídos mil veces, pues en realidad, aparte de las argumentaciones y los “cálculos” erróneos, esta cronología carece en el fondo de datos nuevos, si bien se apoya en testimonios menos conocidos y más rebuscados, y en argumentaciones y teorizaciones muy de Josemanuel. Mas el fondo grueso de su contenido depende mucho, como es razonable que así sea, de las muy conocidas biografías de Yvette Jiménez y de Juan Antonio Rodríguez Pagán, las Actas del Congreso del Ateneo de 1992, y en algunas entrevistas hechas muy a destiempo, treinta, cuarenta años después de los acontecimientos, pues Julia murió en el 1953. Cierto es que aparecen referencias a muchos de los 48 trabajos incluidos en la bibliografía, más de cuatro veces más extensa que la utilizada por Santos Febres: 11. Pero, y esto es muy importante razonarlo, si Julia no hubiese sido una mujer del Caribe, sino Paul Verlaine o Edgar Allan Poe, muchos de los “hechos” que protagonizan esta obra acaso hubieran estado solo en notas al calce.

3. La “cronología” de Julia

según José Manuel Torres Santiago
    JMTS comienza su “cronología” hablando de Hostos. Quizás tenía en su mente el libro de Günter Grass, “Mi siglo", que anota pasajes particulares vinculados a cada año del siglo, pues la alusión a Hostos nada tiene que ver con Julia, sino simplemente, con el comienzo del siglo y las profecías de su famoso ensayo “El siglo XX”. Ello pone en evidencia la inclinación, aquí, de JMTS de sentar cátedra sobre muchos asuntos marginales a la biografía, digresiones en algunos casos, aunque de interés y bien fundados. Salta al 1912 con el presidente Taft y su declarado afán de poner algún día la bandera de EUA en el polo norte, Panamá y el polo sur. Entonces, finalmente, el 1914: llegamos a Julia, al hambre familiar y los desmanes de la colonia.
    Tras hablar de las circunstancias familiares en que nace y del “espíritu de las aguas” que según su madre habitaba en en el fondo del río, apunta que el padre la inició en el uso de alcohol, de modo que era “dipsómana”, ya, “en los primeros años de la adolescencia” (42). ¿Y cuál es la fuente que acredita el dato, JMTS, que no sea fruto absoluto de la especulación? Pero el poeta de Guajana no se detiene ahí, pues poco después, producto de un chisme dado a Juan Antonio Rodríguez Pagán por alguien cuyo nombre prometió no revelar, dice, citando a Pagán, que su padre “la inicia en las experiencias eróticas”. Por algún motivo extraño y transfigurador, JMTS lee en ello muchísimo más: que “Julia fue víctima de incesto” y que “fue abusada sexualmente por el padre” (43), tras de lo cual añade, una larga lista de preguntas retóricas que remiten, a este dato revelado, los infortunios todos de su vida “maldita”. De este modo se da como fatalidad la vida futura de Julia, y da por ciertas las cosas antes de referirlas.
    Usted puede especular a partir de datos y expresiones aquellas cosas que la entrelínea sugiere, pero no puede hacer pasar la especulación como hecho. La especulación pertenece al mundo de las hipótesis y a la ensayística estética, no al de la tesis y la crítica científica. Contrario a la idea que la vida de Julia de Burgos le define a JMTS, yo pienso en una Julia insumisa, completamente ajena al rencor, fuerte, segura de sí misma, y de una dignidad sin abolladuras, de una sola pieza, sin un ápice de víctima antes de su rompimiento con Jimenes Grullón. Una mujer al frente de todos y de todas, “con la tea en la mano”, que es una imagen suya de ruptura y de urdimbre revolucionaria.
    JMTS hace muchos más esfuerzos por demostrar el carácter maldito de Julia. Con fecha del 28 de junio (1914) JMTS añade a la “desventura” juliana el haber nacido en el año en que inicia la Segunda Guerra Mundial, pues según él, nace “bajo el terrible signo”.  (¿Incluirá en su fatal horóscopo a todos los nacidos ese año en el planeta?) En el año 1920, JMTS anota la mudanza familiar a Río Grande que JMTS ve como signo de su futura emigración a Nueva York, Cuba, Washington, D. C., y ya, desde los seis años de Julia, ve además en esa mudanza a Río Grande el punto de partida de “su vida de dipsómana y desamparada entre los bums y los homeless.
(¿Josemanuel ve o se alucina?) En el regreso de la familia a Carolina de 1925, JMTS ve el presagio temprano del “destierro radical al que la empujarán más tarde las circunstancias conflictivas de su vida” (51). Luego, la nueva “emigración” al arrabal El Monte de 1927, prefigura ya, para JMTS, que Julia termine sus días en “la desesperación, la depresión, el nomadismo, la miseria de la existencia y su inmerecida muerte en el abandono, la soledad y el anonimato” (52).
    En agosto de 1931, JMTS apunta que según Doel López Velázquez “Julia
milita en el Partido Nacionalista como secretaria, a veces, del Dr. Don Pedro Albizu Campos”. La cita está tomada de una ponencia publicada en las Actas del Congreso del Ateneo de 1992 (49). En ese entonces Julia tenía apenas 17 años, estudiaba en la escuela superior de la Universidad de Puerto Rico y entrenaba para competencias deportivas. Juan Antonio Rodríguez Pagán, autor de una de las biografías más documentadas y extensas sobre Julia, que Torres Santiago usa como fuente, conjetura que Julia se incorpora al Nacionalismo en el 1934, tras graduarse de la Escuela Normal y tras conocer a Albizu durante el ayuno sanjuanero de Clemente Pereda. Juan Antonio Corretjer lo apunta así también, pues indica que es durante el ayuno público de Pereda en la plaza de San Juan que conoce a Julia, y que esta observaba con asombro a Albizu Campos (“Julia en blanco y negro”, San Juan: Sociedad Histórica de Puerto Rico, 2000, 90). 
    El hecho de que en el 1934 Julia llame en un poema “hermano” a un joven nacionalista caído cuando el asalto de este grupo al Capitolio en el 1932, hace afirmar a JMTS, fruto incuestionable de sus “cálculos”, que ¡“Julia participó en el asalto al Capitolio”! (57-59). Según Rodríguez Pagán, en cambio, Julia pasa a formar parte de la Directiva, como secretaria, del Frente Unido Femenino Pro Convención Constituyente de la República de Puerto Rico en el 1936, y luego se integrará en otros instrumentos de lucha política (Ibid, 121).
    En el 1936, como Luis Llorens Torres la elogia enormente, del mismo modo que muy poco después harán muchos más, JMTS afirma que Julia tiene “un affair” con Llorens, y que ello sería un factor en el divorcio de su primer matrimonio. ¿Dónde está el fundamento más allá de la especulación y la maledidencia? JMTS también le adjudica a Julia la práctica indiscriminada del “amor libre” (104), sin señalar tampoco la fuente o el fundamento. Me pregunto cómo puede afirmar o conocer nadie, más allá del morbo, de la conjetura y el quizás, de la vida sexual de otras personas, si esas cosas solo las conocen, o creen conocerlas, los que las realizan en la intimidad compartida. 
    José Antonio Dávila escribe párrafos luminosos y agudos sobre la primera poesía de Julia (112). Nilita, sin embargo, le critica que pueda leerse en su primer libro, de manera tan clara y directa, su ideología política, su credo, cosa que un poeta no debe hacer en su opinión. Pero la opinión de Nilita, según JMTS carece de fundamento, pues, según anota el chisme, lo que está detrás es un ataque de celos contra Julia por haber captado el interés romántico de Juan Isidro Jiménez Grullón (71). El chisme que desacredita las razones de Nilita basado en las motivaciones que se le adjudican, es de Rodríguez Pagán, pero JMTS las reacredita.  Las razones de Nilita no se sopesan: se recurre al ataque del portador de la idea, al argumento ad hominem.
    Las relaciones amorosas que se establecen desde diciembre de 1938 entre Julia y Juan Isidro Jimenes Grullón, no son relaciones amorosas según los biógrafos que ya conocemos: son de “amantes”. Cualquiera conoce la connotación peyorativa inoculada en el significado de esa palabra elegida y que inclina la balanza con el dedo. Pero además, acto seguido, el dato viene otra vez acompañado de la larga secuela de hechos nefastos que “aceleran el alcoholismo” y “conducen a la muerte” (107). De esta suerte, Jimenes es otra vez el culpable de la muerte de Julia una década después. ¿¡Cuántas veces se habla de alcoholismo y se tacha a Julia de dipsómana en un libro que pretende celebrarla y reivindicarla?!
    La visión de JMTS sobre la relación amorosa entre Julia y Jimenes es la usual: Juan Isidro es su amor, y la culpa de la tragedia futura de Julia recae sobre su abandono. Lo cierto es que, al contrario, todo sugiere que es Julia quien rompe con Jimenes por celoso, por estrecho, por pretenderla reducida a la vida doméstica, y por no querer casarse con ella tras culminar el divorcio con su anterior esposa. Durante este periodo según declara Jimenes, logró que Julia no probara una gota de alcohol. Bosch que vivía con ellos o muy cerca, declara maravillas en torno al comportamiento de Julia y le reprocha a Jimenes algunas mentiras y ofensas. Lo de que “ella no podía concentrarse en un amor” (110) no debe leerse en términos de promiscuidad sexual, sino de que no podía reducir su vida a la función de esposa a la sombra del marido... aunque lo intentó. Eso de que la ruptura con Jimenes “significa, sin lugar a dudas, la muerte espiritual de Julia” (palabras de Yvette Jiménez que JMTS hace suyas, 152) es una falacia que desmiente su obra posterior, su obra para “Pueblos Hispanos”, su premio de Periodismo otorgado por el Instituto de Literatura en el 1946, e incluso sus versos de 1953, año de su muerte.
    La leyenda negra se apodera del libro de JMTS a partir de la página 157, es decir, del 1942, cuando Julia regresa de Cuba a Nueva York. En este sentido, el libro de JMTS lamentablemente pertenece al bando oscuro de sus biógrafos más ácidos, incluidos Rodríguez Pagán y Santos Febres. Llamo “leyenda negra” a la visión fatalista, apocalíptica y esperpéntica de una Julia drogada por un alcoholismo severo, sexualmente abusada, deambulante y acosada por el delirium tremens.
    A lo largo de todo su exilio, aún en los años felices de su “verdad sencilla”, Julia se muestra en sus cartas a su hermanita Consuelo muy dolida por la difamación de que era víctima. Si consideramos que Julia era mujer divorciada ya en 1937, a los 23 años, algo puede especularse con base en tierra firme.
            Yo recuerdo que en mi temprana adultez, en los años 70, se presuponía que casi toda divorciada era una mujer fácil, deseosa de ser poseída. Si a eso se le suma su no muy oculta devoción por Juan Isidro, hombre casado, aunque separado y en vías de divorcio; si se le suma su fama como “novia del nacionalismo”, y su militancia política desde el liderato y la tribuna; si se le suma su moral antiburguesa, de clase, encontrada con la fe católica y la aburguesada concepción de la mujer doméstica y domesticada; si consideramos que Julia fue una mujer segura de sí misma, contestataria, retadora, que no le bajaba la vista a nadie y se sentaba a beber junto a los obreros en los cafetines y bares; y si consideramos que hasta el final de sus días Julia fue una simpatizante, al menos, de la revolución comunista, preñada de ardores y utopías, y que se describía a sí misma como “materialista” en el sentido marxista, ¿cómo, entonces, no habría de ser Julia víctima de un escarnio que seguramente fue alentado por los agentes del imperio norteamericano? Esta, seguramente, es la base de su leyenda negra. La misma que anticipó cuando con fingida postración y derrota decía en el primer poema de su primer libro lo siguiente:
        “Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
        en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
        el cura, el modista,, el teatro, el casino,
        el auto, las alhajas, el banquete, el champán,
        el cielo y el infierno, y el qué dirán social”.
Es un poema liminar de autodefinición –“A Julia de Burgos”– que termina con una rotunda rebelión social, más que política, y la “tea en la mano” contra la moral burguesa que la acosó hasta su muerte y la sigue acosando aun hoy. Ese
qué dirán social es justamente lo que persigue a Julia aquí.  
    La seriedad del asunto de la conducta sexual y la adicción al alcohol debería imponerle a un biógrafo mayor discernimiento y exactitud, puesto que la historia de esa última década de Julia está repleta de acontecimientos de carácter muy diferente. Aparte de su premiado trabajo periodístico en “Pueblos Hispanos”, coincide, el último lustro, con los numerosos internados en hospitales como el Metropolitan Hospital, Mount Sinaí, San Lucas, Harlem, Lincoln, Loeb Memorial, Bellevue Hospital, New York Hospital–, finalmente en el Goldwater Memorial Hospital en Welfare Island. Lo cierto es que la cirrosis que padece desde el 1947 pudo ser causada, además del alcoholismo, por la hepatitis B o C, trastornos autoinmunitarios, trastornos de las vías biliares, medicamentos y otras causas. No obstante, Julia trabaja también con la Junta Nacionalista de Nueva York, contrae matrimonio (con Armando Marín) en el 1943, trabaja en Washington, D,C., aun en 1951 trabaja como directora del “Álbum Literario Puertorriqueño 1950-51" de la ciudad de Nueva York (“Cronología”, Actas del Congreso del Ateneo de 1992). Además, Julia participa en un programa radial dedicado a Luis Llorens Torres, ya fallecido, poeta y amigo al que Julia alentó en Nueva York (en el 1944) antes de su muerte. Poco antes de la muerte de Julia, en el 1953, aun escribe versos, algunos en inglés, y participa en el hospital de las reuniones con Alcohólicos Anónimos. Es indiscutiblemente que una aureola de muerte la rodea como a una heroína de tragedia griega. Pero esa aureola está presente desde su primer libro, ciertamente, como una fatalidad que solo puede explicar razonablemente su conciencia de sí misma, en choque abierto y franco con el mundo colonial y burgués que su dignidad rechaza.
    Aparte de la adscripción de Julia como poeta maldita, muchos otros comentarios de JMTS, como estudioso de raíz marxista de la historia y de la literatura puertorriqueña, tienen interés. Hay una fotografía de Julia (101) en la que aparece en ropa de montar a caballo –con pantalones, por tanto– al lado de Llorens y otras mujeres, lo que nos recuerda que JMTS vincula a Julia al principio del libro con la tradición feminista y proletaria de Luisa Capetillo (19). El temprano elogio, en toda su extensión, de Trina Padilla de Sanz (103), hecho en el 1938, contrasta con los inútiles chismes en torno a Nilita Vientós Gastón (116-117). La bifurcación ocurrida en Nueva York dentro de las filas del Partido Nacionalista, por la acción divergente del grupo marxista de Corretjer y Soto Vélez, al que Julia pertenece (133). La visión de Julia como precursora de la poesía comprometida (134) de los años sesenta es muy importante. JMTS piensa que nadie en Puerto Rico, ni siquiera Corretjer, hace en Puerto Rico una poesía nacionalista de inclinaciones proletarias a mediados de la década de 1930 como la hizo Julia. (En esa época, añado, tampoco la hacía Pablo Neruda en Chile.)
    Me preguntaba yo hace unas semanas cómo habría impactado a Julia la excarcelación de Albizu en el 1943, que vino a coincidir con su regreso a Nueva York donde viven ambos (“Julia de Burgos: Más allá de su pausa para e amor”, www.lasletrasdelfuego.com). JMTS se pregunta más: ¿cómo impactó a Julia la revolución nacionalista de 1950? Especula el poeta, con relativa certidumbre esta vez, que quizás no
hay registro de ello porque para esa época ya Julia se hallaba en un estado de salud muy comprometido, de desamparo y errancia (180).
    La recapitulación, muy breve, que JMTS hace al final de la obra, no alcanza a dejar en el ánimo del lector otra cosa sino una imagen polémica, contrariada, lastimosa, y barroca. De desear hubiera sido que JMTS dejara en el ánimo del lector el hálito de grandeza que deja Octavio Paz en su biografía “Sor Juana Inés de la Cruz, o las trampas de la fe”. En este libro Sor Juana cae vencida, pero sin embargo triunfa por la fuerza de su creatividad, y porque sus enemigos aparecen en el libro como fuerzas oscurantistas. Otro caso de comparación a desear hubiese sido la trágica vida de Frida Khalo.



 4. Consideraciones finales        
     “Julia de Burgos, poeta maldita” es un libro que pone de relieve una dedicación muy intensa. Si pensamos que JMTS vivió también sus últimos años acosado por el Parkinson, e intentando tratamientos diversos en varios centros hospitalarios, incluyendo alguno de Cuba, entonces, quizás, pensó o sintióse, él mismo, poeta maldito, en la misma brecha de Julia.
    Sin embargo, Juan Bosch le reprocha a Jimenes su falta de delicadeza al hablar de Julia, recordándole que Martí aleccionaba, como norma moral inquebrantable, que no manchemos nuestra vida “diciendo mal de mujer”. Y que si hemos de hablar mal de una de ellas, nunca sea en cuanto mujer. Hablar de Martí, y recordar nuevamente de inmediato su lección sobre los desagradecidos con el sol que hablan sólo de sus manchas en lugar e hablar, agradecidos, de su luz, está a solo un paso.   
    Juan Sáez Burgos me preguntaba anoche, repito, cómo el “milagro desprendido de la tierra al alba” que era Julia para Guajana en el 1964 vino a reducirse a esta alegada dipsómana deambulante que nutre su leyenda negra... Yo no lo sé, Juan. Yo no sé. El editor me recuerda, con razón, que JMTS se caracterizó toda su vida por una visión muy particular de las cosas, siempre polémico y controversial. Pero me duele que un siglo después aun sea víctima de todos nosotros. Mas a la larga y a la corta, lo verdaderamente indefectible y exacto, es que unos y otros, en la luz y en la sombra, la llamamos, entrañablemente, poeta. 
                                                                                     
                                                                                     Marcos
                                                                                     Reyes Dávila
                                                                                     ¡Albizu seas!

PUBLICADO EN  80 GRADOS: http://www.80grados.net/julia-de-burgos-poeta-maldita-y-barroca/
y también en EL PostANTILLANO: http://www.elpostantillano.com/pagina-0/316-resena/12287-jose-manuel-torres-santiago.html

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