lunes, 23 de mayo de 2011

"El asedio" de Pérez Reverte

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"El asedio" 
de Pérez Reverte


No le haré asedios a “El asedio”, la novela de Arturo Pérez Reverte. No hago aquí siquiera reseñas: sólo apalabro las primeras impresiones de lecturas recién terminadas, y anoche terminé la novela.
    “El asedio” es una muy extensa novela –histórica– de 725 páginas, que quizás debió quedar en la mitad. No insulto la novela. Pretendo señalar que la novela no logra resolver un problema de identidad que entabla conflicto entre lo que aconseja la buena ficción y lo que aconseja la historia. Pérez Reverte dedica un espacio demasiado generoso al adjetivo en detrimento del verbo. Se atraganta en la descripción de personajes y ambientes, y pormenoriza tanto los trajines –por ejemplo, los de la vida y las luchas marítimas–  que deja al lector perdido en laberintos que no alcanza a comprender. El lado positivo de este aspecto es la pintura detallada del mundo marítimo-terrestre de Cádiz, a principios del siglo XIX, con la vida de sus calles y salones, las luchas de la guerra, los conflictos políticos y económicos, y las actividades de los corsarios.
    Llegué a la novela incentivado por la lectura de “El pintor de batallas” y por mi interés particular hacia ese periodo de fogonazos intensos que torció el rumbo de la historia del mundo americano-español. Entre las murallas blancas de Cádiz halló refugió la España de alientos ilustrados y con posibilidades de futuro que se distancia de la soberanía real para abrazar por vez primera la soberanía popular y promulgar una primera constitución española al margen de los reyes.
    En esa España reducida a la resistencia heroica, se dieron cita los representantes de las provincias y cabildos del antiguo imperio. De las Cortes de Cádiz llegó a ser Vicepresidente el puertorriqueño Ramón Power y Giralt, teniente de fragata que bloqueó la ciudad de Santo Domingo para rescatarla de las manos francesas.  Esas Cortes abolieron las facultades omnímodas del rey, crearon la Intendencia de Puerto Rico, propusieron sin éxito la abolición de la esclavitud, y la igualdad de derechos de americanos y españoles, mas no pudieron detener el proceso de emancipación iniciado en América. Pérez Reverte, para mi decepción personal, no menciona a Power.
    La novela desarrolla varias líneas de acción, entre las que destacan, principalmente, la guerra y el prolongado asedio a Cádiz de las tropas francesas, y la investigación de crímenes brutales contra muchachas adolescentes. El autor vincula ambas tramas, de manera a veces misteriosa y a veces fantástica, como vinculará también, muy poco a poco, la vida social y comercial de la ciudad a través, fundamentalmente, del personaje de Lolita Palma, y las aventuras y luchas de los corsarios. El desarrollo lento y desconectado de las historias no logra alcanzar intensidad ni velocidad hasta la mitad de la novela. No obstante, ello no logra desalentar la lectura de un lector de placer. Algunos personajes –particularmente el jefe policiaco Rogelio Tizón– se yerguen de manera imborrable.
    Los desenlaces, que son varios, dejan algo que desear. En general se reitera la visión oscura, semi naturalista, de la condición humana que ha presentado antes el ex reportero de guerra que es su autor. El mundo de Cádiz que presenta la novela es uno complejo, torcido, asediado, que sube del mundo más oscuro y hostil a salones que pintan, a media luz, vida, ideas y costumbres de otra época. A pesar de los pesares, su lectura impacta el espíritu y la conciencia.
 
Marcos 
Reyes 
Dávila

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