La Biografía de Hostos
y la perspectiva de otra nueva y renovada
Presentación Biografía Para la Biblioteca Nacional*
14 de enero 2026
Buenos días. Deseo agradecer, antes que nada, al personal de la Biblioteca Nacional, y en
particular, a la directora de esta biblioteca, Carmen Pérez González, la invitación para presentar esta biografía de Eugenio María de Hostos en un espacio como este, tan lleno de ecos suyos. Así mismo, desde luego, les agradezco tanto a Pablo como a Santia, y la presencia de todos ustedes.
Estamos en el 2026, y no es con demora que traemos a esta
casa un libro que quizás desde aquí se reclamó primero que nadie. Penosamente
tuvimos entonces que declinar la invitación porque para ese enero –hace dos
años, me parece– no habíamos abrazado aún el libro en nuestras manos, y luego, por
algunas causas fortuitas que lo hicieron imposible, hasta hoy.
Como todo, hay en ello tanto desventajas como ventajas, pues
si bien recibimos oficialmente esta obra aquí hoy, la que llega tal como salió
de imprenta gracias a la Editorial Patria, también llega como anticipo de un
trabajo de revisión y ampliación que estamos trabajando. Es decir, que espero
hablarles un poco del trabajo impreso con fecha del 2023, y también de algunos
aspectos novedosos, a nuestro juicio imprescindibles, que quisiéramos incluir
en una edición próxima, ya sea que la consideremos como una nueva biografía o
una biografía revisada y aumentada.
Sabemos que toda biografía de un personaje histórico
prominente nunca termina. Yo llevo biografiando a Hostos desde 1986, hace
exactamente 40 años, porque Eugenio María de Hostos, a pesar de la inmensa
bibliografía producida en torno suyo, ha debido merecer una atención esmerada
mucho mayor. Hasta hace poco había solo tres, escritas en regla, publicadas
todas hace décadas. Por otra parte, todavía no contamos con un acervo
suficiente de sus obras completas, dado que el último esfuerzo por realizarla,
la del Instituto de Estudios Hostosianos, se malogró, como diría quien lo ama vilmente.
Por la necesidad de rebuscar, investigar y revisar continuamente, sé que hay
que tener cuidado al hacer afirmaciones rotundas y especulaciones sobre cosas que
carezcan de información suficiente y estén sujetas a interpretación. Cada
acción que presenciamos y cada palabra que escuchamos son, fatalmente, objeto
de entendimientos, interpretaciones, reacciones disímiles. Definitivamente, no
hay nada que goce de absoluta unanimidad, totalmente libre de disensiones. Si hasta
existen libros dedicados a señalar parte de la historia de nuestras innumerables
certidumbres milenarias que a la postre resultaron erróneas.
Por eso podemos decir que nuestra biografía no se hizo con
ambición invencible. En realidad, surgió de manera espontánea, casi como
ejercicio de entretenimiento. Pero una vez nos percatamos de que el cuento
deseaba ser novela, y caminaba por sí mismo, pensamos que pudiera ser útil
ofrecerle a un público lector común una visión de conjunto, y al especialista y
al investigador, un marco de referencias accesible.
Para el público lector más numeroso, queríamos ofrecer un
texto relativamente breve que tuviera un lenguaje llano, animado, casi como una
narración. Por eso, inicialmente no deseábamos atiborrarlo de citas y
referencias, pero sí sugerir lecturas de otras fuentes –en calidad de abono– que
pudieran ampliar aspectos de lo narrado para el lector interesado. Deseábamos
también ubicarnos dentro de la perspectiva íntima de Hostos, enfocar al ser
humano, haciendo que se presentara al lector por sí mismo, desnudo y sin pudor,
y como un sujeto vivo.
Tanto para este lector elegido, como para el especialista,
nuestro texto tenía la ventaja de disponer de la numerosa bibliografía
aparecida desde las biografías canónicas conocidas que aparecieron hace ya décadas,
y de los nuevos textos descubiertos y cotejados, principalmente, por el
Instituto de Estudios Hostosianos en las ediciones críticas de las nuevas Obras
completas que comenzaron a aparecer en 1988 con motivo del
Sesquicentenario. Aquellos primeros biógrafos, los más conocidos –Antonio
Pedreira, Juan Bosch y Carlos Carreras– carecieron hasta del formidable tomo
XXI –así llamado– de las Obras completas. Me refiero a España y
América impreso en 1954, que contenía un inmenso caudal de textos escritos
y publicados, principalmente en España, por el joven Hostos. ¡Hasta toda una
novela, La tela de araña, tuvo que esperar a tener una edición
digna en 1997![1]
He señalado en varias ocasiones que la intención original de
hacer un texto breve y accesible se enfrentó a la adversidad insoslayable de la
magnitud de la biografía a ofrecer, y de que, por otra parte, la vida personal
de Hostos es inseparable de la obra que creó con la acción y con la palabra. De
modo que tuve la necesidad de extender el texto más de lo inicialmente deseado
por ambas razones, y de reseñar brevemente el contenido de sus obras capitales.
Otras dos cosas dificultaban el concepto inicial del texto
breve y llano: la obra extensa e intensa de Hostos, y la necesidad nuestra de
ofrecer, con la menor controversia posible, nuestra manera de entender
numerosos aspectos de su vida/obra que contradicen interpretaciones vigentes tomadas
y repetidas como verdades estipuladas, oficiales, indisputables.
Nuestra biografía de Hostos, a diferencia de todas las otras,
se detiene en la figura del niño, del adolescente y del que llamamos desde hace
mucho, el joven Hostos. Es decir, aquel de su época española. Esta época de su
vida se suele presentar a vuelo de pájaro, minimizándola. Entre otras cosas, las
memorias del padre de Eugenio María, don Eugenio de Hostos, publicadas en el
2013, han permitido nutrir y aclarar numerosos aspectos de una época de su vida
que fue crucial, y que dio origen a numerosas especulaciones infundadas y
equívocos muy repetidos. Téngase en cuenta que Hostos vivió en España dos
décadas, y que salió de ella a los treinta (30) años, casi a la mitad de su
vida.
Por otra parte, nuestras diferencias con diversas
interpretaciones, estipuladas y repetidas, sobre el joven Hostos de la etapa
española, nos aconsejaron presentar en nuestra biografía el devenir de tantos
textos paso a paso, año por año, para no hacer afirmaciones sobre cosas
formuladas en diferentes momentos, con diferentes motivos, con diferentes
personajes, con anacronismos, y en representación de diferentes voces.
En nuestra biografía intentamos ceñirnos a la cronología de
las diferentes etapas de su vida. No está concebida para analizar ni obras ni
temas específicos.[2] Las
obras se mencionan y reseñan brevemente en el momento en que se produjeron
porque el momento concreto ilumina su sentido. Pero sugerimos lecturas para
quien desee saber más. Superada la etapa de formación española, estructuramos
su vida adulta dentro de los moldes de cuatro diferentes estrategias para la
liberación de hombres y pueblos que empleó de una manera sucesiva: la
revolución española; la revolución antillana; la revolución edicativa –en la
República Dominicana y Chile; y la de la revolución martiana de 1895 y la Liga
de Patriotas. Hay una quinta instancia de esfuerzo ampliado que puso en
práctica en los últimos años de su vida en la República Dominicana.
Tras la época española, que caracterizamos como su primera
gestión revolucionaria, pasamos en el capítulo cuarto a la segunda revolución
en la que se insertó con motivo de la guerra cubana del decenio. Este capítulo
abarca su inserción en los organismos que principalmente desde Nueva York sostuvieron
la revolución armada en Cuba y promovían otra en Puerto Rico. Incluye, desde
luego, el célebre viaje por los países de la América del sur, y, además, su
primera presencia en la República Dominicana y luego en Venezuela.
El capítulo quinto explora la época de su tercera revolución,
la del Maestro. Es decir, la emprendida en la República Dominicana, y luego
Chile, a través de la estrategia política que usaba la educación como
instrumento de emancipación.
El sexto capítulo intenta recapitular y redescubrir el
gigantesco esfuerzo, desesperado, dedicado a poner al pueblo de Puerto Rico, dentro
del contexto de la guerra hispano-cubano-norteamericana, en condiciones de desarrollo
y de derecho suficientes para demandar la independencia y la libertad de su
madre isla.
El séptimo capítulo recoge su proyecto político-educativo puesto
en práctica en la República Dominicana, está vez acrecentado y subrepticiamente
dirigido a reconfigurar y prácticamente refundar la república, como lo intentó
en Puerto Rico, hasta su muerte.
El libro ofrece en un octavo capítulo algunas juicios y datos
póstumos. Termina con una bibliografía mínima y un índice onomástico, temático
y toponímico. 496 páginas.
Como es irrazonable prolongar nuestra exposición más allá de
la gentileza y comodidad de su atención,
y recordando cuando el Arcipreste de Hita elogió la brevedad –lo bueno, si
breve, dos veces bueno– me detengo aquí, pero les ofrezco de postre un
comentario, muy breve, sobre el periódico El Progreso, desconocido hasta
este año, que es una de las novedades que necesariamente incluiría en una nueva
biografía –o biografía revisada y aumentada.
Es de vital importancia hacer el estudio de las numerosas
ediciones del periódico El Progreso que Hostos publicó en Barcelona en
los primeros meses de 1868, no solo porque es un material totalmente
desconocido, sino porque su contenido revela parte inédita de su vida/obra, y
porque impacta de manera contundente la caracterización que se ha hecho, y
repetido, del joven Hostos en España. Muchos saben que si bien a Hostos se le
reconoce como figura cumbre en Puerto Rico y aún más –para vergüenza nuestra–
en otros países, existe un pequeño sector de estudiosos e intelectuales que han
publicado obras menores, y también muy voluminosas, con la intención de menospreciar
y ningunear, en algunos casos, su vida y su obra, y en otras, sencillamente
subestimándolo. Incluso hay quien ha intentado desmerecerlo porque el periódico
se publicó en Barcelona y no en Madrid, como si Barcelona no hubiera sido
durante siglos la única región y ciudad que retó y reta aún la preponderancia y
el liderato de Madrid, al punto de que históricamente ha quedado convenido que
si Barcelona cae, cae también Madrid.
Cuando yo exploré el contenido de las publicaciones
periódicas de la época en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional
Española no hallé nada sobre esta publicación, aunque sí alguno que otro texto
muy temprano, pero de interés mucho menor, mas no insignificante. Me refiero,
particularmente, a “El bello ideal”, publicado en febrero de 1864, y a varios
artículos publicados en Chile en 1874 sobre Estados Unidos, en calidad de
“crónica extranjera”.
El 5 de febrero pasado –2025– Guillermo Morejón Flores
publicó en la revista “En Rojo” de Claridad un artículo en el que daba
noticia de las ediciones de El Progreso publicadas en la Hemeroteca
Digital española, y centraba su atención en una nota de duelo publicada en ese
periódico, por él, sobre el fallecimiento de Segundo Ruiz Belvis. Hostos se
refiere a esta nota de duelo varias veces, pero el texto, tanto de la nota como
de las páginas del periódico, nos eran desconocidas, y ambas fueron objeto de
repetidas especulaciones que ahora se demuestran que infundadas. Nosotros
hicimos un somero examen de este en una ponencia abreviada, dictada a mediados
de octubre pasado, en el contexto del Primer Congreso Internacional Puerto Rico
y España celebrado en el recinto de Bayamón de la Universidad de Puerto Rico,
con el título “Arqueología de lo nuevo: Hostos en 1868”.[3]
Hostos se refiere repetidamente a este periódico en las
páginas del “Diario” y en cartas. Se publicó desde el sábado 15 de febrero en
ediciones diarias, matutinas, que incluían otra, de la tarde, hasta abril y
quizás mayo. En la Hemeroteca aparecen solo 43 ediciones. Manifestó un
propósito de proselitismo político, dirigido principalmente a la juventud, y redactado
en parte considerable por sí mismo. Un formato grande, aproximadamente de 25
por 17 pulgadas, y cuatro páginas: dos doctrinarias con información política y
sociocultural, y otras dos con anuncios e información comercial. Aunque no está
incluido el primer número, el periódico se define como un diario liberal, adscrito
al Partido Progresista. La versión de la doctrina progresista que predicó es lo
que más importa examinar. Porque la doctrina del Partido Progresista no la
constituyó una mole homogénea e invariable.
Hostos predicó en el periódico, entre muchas otras cosas, la
superioridad del gobierno republicano sobre el monárquico, los ideales
liberales que incluían la libertad de prensa, libertad de palabra, de reunión,
de asociación, de fe y religión, los derechos civiles, el sufragio universal y
la democracia, la descentralización del poder, la educación pública, la
federalización, la supremacía de la libertad, la cuestión obrera, la abolición de
la esclavitud, gobierno a cargo de hijos del país, y los derechos de las
Antillas, entre otras cosas.
Repetidamente la crítica frecuente da por compartida, más por
eco que por certezas, la caracterización del joven Hostos como autonomista y liberal
reformista. El examen nuestro revela, con certeza para nosotros, que no es así.
Germán Delgado Pasapera (Puerto Rico: sus luchas emancipadoras, 1984) admitió
que el joven Hostos oscilaba entre el autonomismo y el independentismo (275), que
no tenía los “complejos coloniales” de los reformistas-autonomistas (275), y que
sus expresiones tenían un “tono”, tan distinto, que lo hizo exclamar:
“¡Qué diferente era su estilo al de
los tímidos pronunciamientos de otros reformistas! La sinceridad y valentía de
Hostos –añade Pasapera acto seguido– no cabían en los estrechos moldes del
reformismo puertorriqueño”.
Y, ciertamente que no, ni podían caber, porque el “reformismo”
de Hostos era soberanista, no asimilista. Era un testarudo, cerril, pertinaz y
obstinado federalista. Puntualizaba a martillazos que antillanos y españoles
eran pueblos diferentes, con necesidades diferentes, que requerían soluciones
diferentes. Eso está ya en germen observable en La peregrinación Bayoán,
su primera publicación conocida. Y se evidencia de manera documental y
demostrativa, dos años después, en una serie de artículos titulados “Las
reformas de las Antillas”, publicados entre septiembre y diciembre de 1865,
tres años antes de la Revolución Septembrista española contra la reina Isabel Segunda,
y del Grito de Lares. En esa serie de artículos, Hostos debate contra los que
pretendían formular reformas “adjetivas” puramente administrativas y
asimilistas, y no reformas políticas, “sustantivas”, para las que fue llamada por
la reina la Junta Informativa de Reformas en la que participó al año siguiente,
con la anuencia de Betances, Segundo Ruiz Belvis.
En esos artículos Hostos, explícitamente, no convino, incluso
desaconsejó, participar en esta Junta de Reformas porque, a su juicio, no
resolverían las demandas que necesitaban las Antillas. ¿A qué vendrían esos
comisionados?, dijo casi literalmente, subrayando la inutilidad.[4]
¿Por qué, sin embargo, participó Ruiz Belvis en común entendimiento con
Betances? Porque, aunque ambos se dirigían desde entonces a buscar la
independencia, agotaban de esta manera la oportunidad de obtener lo fundamental
sin tener que sufrir las agonías de la lucha armada. Eso que está contenido en
los conocidos “Diez mandamientos de los hombres libres”, la proclama de
noviembre de 1867 –casi siete meses después de finalizadas las reuniones de la
Junta de Reformas–, en la que se demandaban diez derechos y libertades, y que
termina con esta rotunda advertencia: con ellos “seremos españoles, si no, no”:
“seremos españoles”, y si no, no.
El Hostos que retratan estas páginas estuvo atento a las
tensiones políticas de todos los países de Europa, Estados Unidos y otros
países, como México. Se evidenciaban en todas partes sismos entre el Antiguo
régimen de reyes y principados, y la modernidad burguesa y liberal acompañada
con la irrupción de la clase proletaria. Ese era el motivo principal por el que
Estados Unidos, campeón universal de la democracia republicana, los derechos
civiles y la industria, se erguía como aspiración. Lincoln y la Guerra Civil que
culminó en 1865 con la abolición de la esclavitad, coronó la admiración en todo
el mundo de los sectores liberales y revolucionarios que tenían en el corazón más
ardientes de sus demandas la emancipación de los esclavizados. Muchos artículos
muestran el interés por la educación política, y apelan a la juventud con
doctrinas de moral social, no católica.
La nota de duelo dedicada a Segundo Ruiz Belvis constituye
una evidencia inequívoca del temple que arreciaba. Hostos hace en ella una
caracterización que delata, casi como huella digital, al patriota abolicionista
que hizo un apostolado anticolonial, hasta el martirio, por la libertad de las
Antillas. Como corona de evidencias: en el texto Hostos caracteriza a Segundo
como un hermano, “patriota ferviente”, “amigo del esclavo” y… “buen hijo de la
madre-isla”. Creo que esta es la primera vez que Hostos usa el apelativo “madre
isla” para referirse a Puerto Rico, pero mucho más abonará a esta evidencia una
narración que mencionaré próximamente.
Aunque muy pocos de estos textos están firmados, la autoría
de Hostos se puede confirmar y adjudicar con certidumbre, tal como él mismo lo
reclamó varias veces luego. En algunos de ellos se pueden percibir con nitidez
las ideas expuestas en otros espacios con su firma, así como el modo dialéctico
o dialógico, y las modalidades típicas de su lenguaje.
Otra importantísima novedad del periódico es la inclusión, a
modo de folletín, de dos extensas narraciones de alrededor de 4 mil palabras.
La primera de ellas, titulada “Mis infortunios, memorias de un proscripto” es
atribuible, con certeza a Hostos. El nombre del personaje principal, Augusto,
es, como Bayoán, una herramienta o mediador de otro, el verdadero protagonista,
llamado Néumatos, nombre que es una especie de anagrama de Eugenio María
Hostos: eu de Eugenio, ma de María, y tos de Hostos. Este es un escritor de
cuentos y novelas, ya desahuciado, que aspira a escribir para un periódico
político de oposición, y que ha redactado unos cuadernos con sus memorias,
exteriorización de su vida interna, que cree que envuelve una enseñanza, y
desea que Augusto las dé a conocer, así como hizo Hostos con Bayoán. Sobre la
carpeta se lee como título “Memorias de un expatriado”, que nació en “un país
esclavo” –también dice “patria”– y que a los catorce años fue enviado a Europa
por su madre para educarse y prepararse, con las armas del derecho, con el fin
de cumplir con su deber para con la “patria embrutecida” por la esclavitud, la
tiranía, y la opresión del gobierno de la metrópoli. Lamentablemente, el texto está
incompleto, de modo que solo cabe especular con mayor o menor tino, porque se
describe a Néumatos como expatriado y proscrito. Un aspecto particular,
y de especial interés, al menos para este biógrafo, es la inmensa devoción que se
comprueba entre madre e hijo, igual a la manifestada toda su vida por Hostos hacia
su madre, y el relato de la intensa ansiedad que sufre el joven adolescente en la
víspera de su exilio.
Es una pena que en Puerto Rico se haya reducido a Hostos,
para la mayoría de la población, al nombre de una calle, porque es la
convivencia, la solidaridad, la comunión con nuestros abuelos, hijos de otros
abuelos que nos dieron el ser, lo que construye una comunidad de afectos, sin
la cual no hay país. En ella y para ella Hostos es insignia y brújula
fundamental y paradigma sublime. Algunas de las personas que etiquetan a Hostos
como simple idealista utópico, moralista inofensivo y de ingenuidad supina,
pudieran decir que nadie en la historia ha conseguido nunca libertad apelando
al sentido moral de sus opresores, (Assata Shakur), pero todo comienza en una
idea, una enseñanza, un pensamiento que se transforma (metamorfosis) en fuerza
con la pasión, una prédica combinada con un esfuerzo concreto y real. Hostos,
el Maestro, no dijo que todo se reducía enseñar ideas y moral, sino que de esas
ideas germinaría la fuerza, porque la patria no es un terruño que se hereda
sino que se forja, porque la verdadera la moral se vive, la libertad se
practica, y porque los derechos humanos son connaturales, es decir de todos, aun
si para ello haya que romper muros y destronar tiranos.
[1] Otras
dos biografías podrían mencionarse. La Biografía de Hostos de Argimiro
Ramos, publicada en varios tomos y en etapas sucesivas en la década del
noventa, recoge novedosa información aunque ceñida a la etapa del joven Hostos,
pero explícitamente dedicada a ningunear al biografiado; y la Biografía
Jurídica de Eugenio María de Hostos, de Carmelo Delgado Cintrón, antes
mencionada, publicada en tres tomos por la Escuela de Derecho de la Universidad
de Puerto Rico en el 2012, y ampliada y reeditada por la Editorial Gaviota en
el 2024, es una exégesis erudita que aborda en separados departamentos
elementos de la biografía y de historia de manera hermenéutica proyectada hasta
2024, inclusive.
[2] Eso lo hemos hecho en centenares de artículos y
ensayos publicados en diversos medios.
[3]
Publicamos la versión completa de la ponencia abreviada que dictamos en
noviembre pasado, tanto en la revista digital Ochenta grados, como en “En
Rojo”, de Claridad. Aparece también en mi página digital:
www.lasletrasdelduego.com.
[4] EyA, 115-120.