viernes, 19 de marzo de 2010

Yo acuso a España


Yo acuso a España:
camisa blanca ensangrentada

                       

    Confieso que me sorprendió la noticia, publicada en El País, que daba cuenta de que Víctor Manuel y Ana Belén se sumaban a la lista encabezada por Mario Vargas Llosa que suscribió una proclama titulada “Yo acuso al gobierno de Cuba” de violar los derechos humanos. Desde hace más de 35 años admiro la carrera musical de Víctor Manuel, y desde hace mucho sigo también la de Ana Belén. El talento artístico y el entendimiento político no tienen que ser parejos, como ocurre en este caso. Y me apena. No me gustaría verme al lado de Vargas. Ni me gusta verme obligado a ripostar con el desagradable título de estas líneas que se expresan con la intención de que se vea lo desagradable --insisto--, injusto y falso de esas maneras. Pues, ¿cómo puede nadie en su sano juicio pretender que Cuba se gobierne y en Cuba se viva como en España? ¡Ay, Martí de "Nuestra América", cuán poco te han oído algunos!
      La acusación sobre la violación de los derechos humanos en Cuba se hace muchas veces
obviando factores de vital consideración, como lo es, por ejemplo, el carácter revolucionario del
gobierno cubano. ¿Terminó la revolución en Cuba? ¿Terminó acaso el día que las fuerzas
rebeldes derrocaron a Batista y entraron en La Habana? ¿Terminó acaso el día que Fidel Castro
asumió el poder político? ¿Terminó
acaso el día que se declaró el carácter socialista de la
revolución? No: la revolución empezaba entonces.
      La revolución tenía como objetivos fundamentales la defensa los derechos nacionales del pueblo de Cuba de la explotación y el domino norteamericano, y la defensa, además, de los derechos de los trabajadores y campesinos de la explotación capitalista.  Toda la gesta bicentenaria por la independencia de Nuestra América da cuenta del primer objetivo: defender los derechos nacionales de nuestrospueblos. Defender los derechos de los trabajadores y de los campesinos dependió de una nueva visión política capaz de entender el engaño oculto detrás de la “igualdad” que proclamaron las revoluciones francesa y estadounidense. La “igualdad” allí no incluía a los esclavos, ni a los indios americanos, ni a los pobres, ni a las mujeres. La burguesía logró el poder en ambas revoluciones, y procedió a la explotación de los trabajadores en todo el planeta. Fue necesario esperar por Lenin para que el proletariado y el campesinado tuvieran por fin la oportunidad de proclamar una igualdad verdadera. Sabemos que ese intento fracasó. Pero el principio sigue siendo válido y deseable.     
      La revolución cubana se desarrolló a pocas millas del imperio que la bloquea, y se planteó, como en su momento le ocurrió a la Revolución Rusa, la posibilidad de desarrollarla en un solo país, esto es, en una situación de aislamiento, sin el apoyo industrial de países con previo desarrollo capitalista. Esa situación se le manifiestó plenamente a Cuba tras la caída del bloque soviético, pero el bloqueo occidental y la agresión perpetua eran hechos patentes desde el comienzo mismo de la revolución. Por esa razón pudo Cuba ser aislada de la comunidad latinoamericana a la que pertenecía por derecho propio.
       La Revolución Cubana ha logrado permanecer por medio siglo a pesar de las infinitas agresiones del imperio y de sus aliados. Entre esos aliados están, de manera destacada y protagónica, los países europeos que  forjaron su riqueza en la colonización y explotación del planeta al calor de imperios de mayor y de menor envergadura. Pena particular da España, “madre” de veinte países del hemisferio americano, y en la que siempre prevaleció, ya fuera bajo Franco, bajo la derecha
política, o el socialismo “light”, el guille imperial a la relación filial. A nadie debe extrañarle el
caso, por más que duela. Porque el imperialismo no duerme: todo lo compra, todo lo corrompe o
todo lo aplasta. Cuba vive en una situación constante de “guerra fría”. Si Cuba baja la guardia,
¿tendrá una oportunidad en un millón de escapar al destino de Manuel Zelaya en Honduras? Si
Cuba se abre a lo que ellos llaman libertad de prensa, ¿tendrá alguna oportunidad de escapar del monopolio de las multinacionales de la comunicación, defensoras del
neocapitalismo? ¿Ignora alguien que la prensa, la televisión, o las noticias, son industrias como, desgraciadamente, y en abierta violación a los derechos humanos, es también industria el negocio de la salud en el mundo capitalista?
    Ahora defienden, contra el gobierno de Cuba, a un grupo de esposas de presos arrestados
por conspirar contra el estado y en favor del imperialismo norteamericano. Defienden contra
Cuba, pero no hablan de los cinco cubanos presos en Estados Unidos por denunciar ante las
autoridades la conspiración terrorista contra Cuba que se organizaba en suelo norteamericano.
Tampoco hablan de la tortura y la violación de todos los derechos humanos, todos, cometidos contra los detenidos en la base de Guantánamo por parte de las autoridades norteamericanas, en algunos casos por meras sospechas o por denuncias anónimas hechas por desconocidos.
    ¿Cómo podrá compararse, me pregunto, a un señor en huelga de hambre y a unas señoras
vestidas de blanco por los yanquis, con la labor revolucionaria desarrollada por medio siglo en
Cuba? Porque la aportación de los Castro y de la pequeña Cuba es gigantesca en la historia de la
humanidad. Nadie puede ignorar la singularidad extraordinaria del caso cubano en el siglo XX y
la manera como esta pequeña antilla, sin grandes recursos económicos, ha impactado sin
embargo la vida y el destino de millones de seres humanos en decenas de países y en varios
continentes. Nadie puede ignorar ese millón de manifestantes que una y otra vez convoca la
revolución en su apoyo y que desfila por el malecón, cara a cara, ante los Castro. Yo lo vi con mis ojos en el 2005.

Prensa de hoy:

Exportan equipo para electrocutar y torturar

04:32 p.m. Fábricas en Europa venden los artículos a países como Venezuela y México...

    Seguir hoy en día a la Yoani fabricada por los medios en el extranjero, a las diez señoras
en camisas blancas, a los presos en huelga de hambre, a Mario Vargas Llosa, a El País, es una
vergüenza, comparable a elogiar a Israel, un estado nazi y terrorista. Nada es más evidentemente propaganda mediática orquestada que ese asunto de las "damas de blanco". Quizás sólo lo supere, como propaganda política el burdo y desagradable "Yo acuso a Cuba" que orquesta el imperio desde medios burgueses como El País. Precisamente hoy, como para fortalecer mi argumento, acaba de hacerse pública la noticia de que "alrededor de 150 empresas europeas, con base en países como España, Italia, Francia, Alemania, Hungría y la República Checa, fabrican y venden instrumentos de tortura".  España tiene raíces que parecieran fascistas y que van mucho más allá de la guerra civil y del franquismo. Allá, perdido entre los eventos de fines del siglo XV con la creación de la Santa Inquisición y la conquista y colonización de América, está la persecución de judíos, de musulmanes y de indios americanos que vieron arder sus centros ceremoniales, sus códices y sus ciudades producto de la intolerancia del celo religioso y del ejercicio crudo de un poder rapaz. A Puerto Rico, España lo abandonó a su suerte en el 1898, y lo sigue abandonando hoy. A Irak lo atacó argumentando mentiras y contra la voluntad manifiesta del pueblo español.
    ¿Cuántos millones de vidas tienen en su cuenta tus gobiernos, España?  Tu camisa blanca debe estar manchada de sangre. No lo olvides antes de condenar –¡otra vez!–  a Cuba, hermana nuestra.


Comparemos a Cuba con Estados Unidos. ¿Les parece?

Tómese la siguiente nota de prensa a modo de ejemplo:

Familias de presos de Guantánamo quieren la verdad sobre “suicidios”
WASHINGTON, 18 de marzo.— Las familias de dos hombres muertos en el 2006 en la prisión de la ilegal Base Naval de Guantánamo —en lo que el Ejército estadounidense presentó como suicidios— pidieron a la justicia que reconsidere su demanda a la luz de nuevos testimonios de militares, que estaban allí cuando ocurrieron los hechos, constató la AFP este jueves.
En su solicitud al tribunal federal de Washington, una copia de la cual obtuvo la agencia de prensa francesa, los familiares afirman que se descubrieron "hechos excepcionales y desconcertantes" en relación con las muertes de sus hijos Yasser al-Zahrani (saudita, de 22 años) y Salah al-Salami (yemenita, de 33 años).
Su demanda se basa en las declaraciones de cuatro militares, entre ellos uno de alto rango, Joe Hickman, quien estaba de guardia en el mirador del campo de detención, donde se encontraban las celdas de los dos hombres la noche del 9 al 10 de junio del 2006.
Hickman narró que había visto el traslado de tres hombres desde sus celdas a otro campo, y luego vio cómo regresaba el furgón que descargó algo directamente en la enfermería.
Cuando tres minutos más tarde el campo se encontraba en plena efervescencia, Joe Hickman pidió los detalles de lo ocurrido a uno de los enfermeros, y este respondió, según él, que "tres prisioneros habían sido llevados a la enfermería, ya muertos por as-fixia, porque tenían trapos metidos a la fuerza en sus gargantas". Uno de ellos presentaba marcas de golpes.


O miremos lo que dice la prensa española un par de días después:

"Como cada domingo desde hace siete años, las Damas asistieron primero a una misa en la iglesia de Santa Rita, en el barrio habanero de Miramar. Diplomáticos de una decena de países, incluidos Alemania, Suecia, Italia, Reino Unido, República Checa, Polonia, Hungría, EE UU y el consejero político de la embajada española, Carlos Pérez-Desoy, estuvieron en el oficio religioso, aunque no acompañaron a las mujeres en su marcha posterior por la Quinta Avenida"...

¡Ah, Dios mío! ¡Qué transparente eres!
Marcos
Reyes 
Dávila

miércoles, 17 de marzo de 2010


En la tumba de 
Eugenio María de Hostos
                             
                             

                              




A José Ferrer Canales
         
                                      Los momentos pasan; pasan por ellos los hombres; 
pero siempre llega el día de la victoria para la justicia. 
Que no lo vea el que por  ella ha sucumbido, eso ¿qué importa? 
El fin no es gozar de ese día radiante; 
el fin es contribuir  a que llegue el día.   
E.M. de Hostos




1. Por encima del ciclón, tu nombre ronco
 

    Para verte bahía,
océano,
yunque de sol;
para verte coronaria incandescente, formidable farallón contra toda ventisca y torbellino turbión, me interné por las antiguas galerías de la pena,
retorné al inagotable arrecife de tu huella,
te busqué en los arenales de Quisqueya.
Y más acá de Mayagüez, donde trepan tantos riachuelos y poco a poco se puebla un mundo de troncos sufrientes, hojas caídas, temblor de cielos...
Este es el Otoao.
A millares de días de tus días resuena aún en la región caribe
tu nombre ronco
como un campanar de quejas y enjutas esperanzas,
una oda,
un llamado,
un residuo prolongar romances viejos.
    Te he sentido vagar por estos rumbos.
Tus ojos,
de ascua azul,
escondieron sus aguas
por el corazón de cueva de estas tierras cuando se irguió el ciclón que te abatiera, el mismo ciclón rival que te espiara al nacer, el mismo ciclón cerrero que te antagonizara el vivir,
el mismo ciclón...             

2. Los preteridos
 

    Estoy en la tierra madre
de tu patria esfuerzo.
Y este mar embravecido que circunda no está aquí, ni su furia distingue ni separa esta tierra de la otra.
Uno es el ciclón que las advierte y las revierte,
y uno es el amor que las pretende y las enciende.
    Dígame Martí;
        Betances, usted;
    diga Luperón.
Nómbrenme este mar --caribe mar-- de las Antillas.
Desde Ayacucho, tronar anunciador del fin de un exterminio,
la historia de los huasos y los quechuas,
la historia de los gauchos y los indios,
dejó sobre el tejado la negrada mambí,
los preteridos.
Ellos me dicen que, por estos caminos de tierra quemada y estéril,
claréase un cementerio.
Y ellos, ellos,
los que mejor conocen tus restos,
ahora me dicen que pregunte por ti
a los sepultureros.


3. De sueños aterrados
 

    Hostos!   ¡Hostos!
Quien pregunta por ti,
¿por quién pregunta?
El antillano, nos dijiste, es un hombre malogrado.
Busquémosle entre los huesos ya tostados
la sonrisa de café.
¿Cuál sonríe mejor? ¿Cuál sonríe?
Miro hacia allá, y acá.
La patria se te escurre casi arenas, como antes,
mucho antes,
te desterró la tierra.
¿No ha sido todo un errar, una traición,
un sol tronchado?
Y ese siempre sibilino silbo del tiburón procaz,
el águila temible,
ora buitre de oro, ora rapiña de sal.
Nunca dolió más cronometrar su mundo enfermo.
Nunca fue más inconmovible la charca.
Nunca más estúpido y brutal su clínico recuento.
    Sudario colonial --decías.
      Vivir es un naufragio --diremos.
Y mordidos,
y arrugados, y ciegos,
mendigando penurias, enmudeciendo por cálculos.
Más allá, caracoles fueran con la casa a cuestas. Una oscura y obtusa vecindad. Un desahuciar. Un desterrar. Un enterrar de sueños aterrados por imperios cosmonautas.
Que ya le ponen sitio a Villanueva --más allá de la muerte la persiguen --en Villa sin miedo. Que ya nos desocupan de los sueldos. Que guillotinan la Universidad descabezados.
Y encarcelan el pan,
la tierra, la libertad, aquellos que se alegran diariamente
de tener una patria que vender. Y todo es cercenar, todo es enturbiar o legislar la ley o la ceniza, el fraude o el derecho.
Y como irnos de asombro
en los puños van callando los índices,
van cayendo,
va quedando sola la queja negra haití
                             haití  haití  haití
como un tronar lejano.
Haití que fuera el sueño primero de un mundo nuestro,
la bicentenaria ilusión de un sol mulato que abrigara nuestros pueblos trigueños, la ímproba constancia de aquellos sueños chimborazos, sueños de Ayacucho, que se forjan del dolor
e inopinadamente se disipan en las garras de unas alambradas.
¡Qué Haití, Haití, Haití,
en Puerto Rico.
¡Y Puerto Rico tieso,
escarnecido!


4. ¿Dónde, Hostos? ¿Cuándo?
 

    Hostos...          
Para esos negros remordidos
por ese monstruoso cuco blanco en el Caribe,
para los jornaleros timados, los hombres perseguidos de todos nuestros países, fue la voz de antillano de tu deber de iluso,
tu sangre forjadora,
tu fuego saneador.
Hostos. ¡Hostos! ¿En dónde donde,
dónde estás?
¿Dónde allá se confederan los quebrantos?
¿Dónde quiebra Quisqueya su dolor tan suyo, su dolor tan nuestro?
Tras tu largo predicar peregrinante llegaste, ya encanecido, llevando dentro, contigo, muy dentro de tus ojos búhos,
la patria deshilvanada que no quiso ser,
que no pudo ser,
que no fue,
allá por 1903.
    Hostos. ¿Dónde te resguardas, que escucho sólo el ciclón ciclón descarrilando ferrocarriles trasandinos, el ciclón ciclón
que detuvo tus pies locomotoras que buscaban océanos futuros,
el ciclón ciclón,
ese ciclón que está donde no estás,
con su humo y su sombra,
su ceniza sobre tu voz de sol incorruptible.
Tiesas tus piernas
--ya recuerdo--,
muda tu voz:
un aletazo.
Y un refugio remoto en algún rincón de tu sueño,
de tu sueño cuándo cuando,
cuándo América Nuestra,
cuándo!


5. Ese sol, que no ceja
 

   Yo ya sé, ya sé,
cuán poco valen los elogios de los hombres que dijeras;
cómo, apagado el sol,
los pájaros se pierden,
la queja cunde
y se funde canto.
Ya sé, tú decías, cómo la tiranía mayor
hace mayores líricos los pueblos,
y en su cantar sangrante dormir es sólo un pozo cerrado y anegante porque España está aún entre nosotros como tromba voraz y victimante.
    Yo he querido buscarte con palabras tuyas que fuesen un poco --sólo un poco-- poesía honrada. La ética, para ti, era fulgor sin fuego, el fuego sin mancha de tus ¿versos?
Dime, ¿no era éste
el mágico ademán para llamarte?
¿No es así,
            así, como despiertas?
¿No llevabas la justicia como un sol,
ese sol,
que no ceja entre las cejas?





 

6. Despertaremos tu lámpara en la tierra
 

    Ya sé que tienes que venir,
que vienes ya,
que estás llegando.
Perdido Merlín entre los bosques,
perdido guanín entre las aguas,
volverás espada o fusil
para decir:
    Con hojas podridas se hace una isla.
Y la harás.
Y se te volverá a oír insistir:
    Con verdades se hace un pueblo.
      Ni mares, ni sirtes, ni ventisqueros,
         ni caos, ni torbellinos
         os arreden;
         más allá de la tempestad está la calma:
         con hojas se hacen tierras,
         con verdades se hacen mundos.

Y los harás.
Aquel fastidio habrá sido sólo una pausa en el deber de tus deberes y tu cabeza vendrá otra vez timón doliente. Te basta con saber que debe hacerse para no dejarte caer en una fosa, para no dejar pasar hora tras hora, para no permitir el exterminio entre cansancios de la utopía patria que hiciste, de tu verdad prematura que nos hace.
    Y para descolonizar el jornal,
el taller,
la patria estrangulada;
para terminar de una vez con los cazadores del ciervo perseguido,
la justicia desarmada y sangrante como una marejada;
para señalar la complicidad
de los que consienten y toleran;
para que cada valle y montaña
sea un rincón de piedras;
y por el miedo y la huelga,
la furia y la pena,
te llevaré aliento,
esfuerzo de pincel y de cincel.
Te cargaré --¡ay Patria,
que no llegas!--
tus sacos.
Modelaré tus platos y tus radios.
Y más allá de la resina y el polvo,
de la insurrección y de la huelga,
de la sangre fértil de un pueblo,
te coseré,
te levantaré un taller,
una escuela,
un compañero.
Y para no olvidar
que no tuviste otra cosecha
que tu propia siembra y tu aliento,
despertaremos tu lámpara en la tierra
como una lluvia tan grande de campanas
y alas
y fuegos
y amor
y marejadas.
Con un poco de pan entre las manos
despertarás ya Patria como un sol,
un sol caribe para estos días densos.
             ¡Y no será la tarde
otra vez
sobre la tierra tierra!


Marcos
Reyes 
Dávila


Una España de arrayán   
Para Myriam Álvarez
Para mi hermano 
Josemanuel Maldonado,  
y para Miguel Hernández,
naturalmente.


Es cierto que los tapices flamencos
han perdido su color
en Madrid y en Sevilla,
y que las paredes de La Alhambra
ya no escuchan lamentos en árabe,
que a la gitanas
se les caen las ramitas de romero
y que a El Ave
se le extraviaron los molinos de viento...
Pero sobre el silencio negro de la noche
inunda el olor de arrayán
que baja de lo alto por toda Granada,
y El Cristo de Velázquez
aún guarda silencio
ante un don Miguel de Unamuno
mohíno y despierto,
y  la catedral de Córdoba
es el corazón palpitante y vivo
de una mezquita laberíntica
que debió gozar Jorge Luis Borges,
y San Juan de la Cruz duerme alto,
sobre mi cabeza,
su sueño que espera afuera de Segovia
y del alcázar
que inspiró el castillo en que nacieron
los sueños del niño que fue Disney.
¿A qué hablar
de una España tan turisteada
–me preguntaba,
después de la hispanofilia del treinta
y la antihispanofilia
que quiso rectificar después nuestro pasado–,
como si Lorca hubiese muerto para el Darro
y no cantase en el observatorio
del Parque de las Ciencias de Granada,
y como si en Sevilla
no sonaran las campanas
para un pueblo entero que se viste
de Domingo de Ramos?
Que no se agota Goya
por más que se le  mire su aquelarre,
ni La Mancha
se desmancha de sus marrones y olivas
por más que lo cepillen los trenes
y lo aplane el silencio de un espacio
tan vasto que no puede despertar.

He cruzado el oceáno por primera vez...
Por primera vez accedí al pozo abierto
del cante hondo que me llamaba desde niño,
seguro de las murallas de Ávila
y del hidalgo,
seguro del siglo de oro
y de la guerra de León Felipe,
seguro de ser preso
por mi romance con Abenámar,
moro de la morería,
que a fines de marzo
y en Granada la roja
    donde los cerros se hacen aguas
me abría para siempre
la Puerta del Sol,
la de Alcalá,
la de La Alhambra,
y las puertas de todas las Españas.

Marcos Reyes Dávila

Campana libertad


Campana libertad
               

I.

Pensemos que el canto
viene de lo alto
porque viene desde adentro.

Pensemos en la panza de mi madre
y el badajo de mi padre.

Un gong
y fui nacido para el canto.

Un gong,
y nacimos para la sorpresa
y la palabra.



II.
                     Cernobbio, Lago Como

Cómo despierta el día
esa campana
cómo sacude el polvo
de todas las morriñas
Y a galope,
corriendo como una niña
tras el viento,
sacude los reposos,
se expande por lo inmenso
recoge lo disperso
y eleva la vida.
Ya lo dijiste tú,
querido Pablo:
¡el mar y las campanas!



III.

Una campana
      hilvana la costura de las horas
    que aún no se han ido
abre los espacios vacilantes
    pone minutos como huevos
y compone los días como una sinfonía.
Una campana compunge las almas
    que acuden al encuentro de su dios
anuncia como los heraldos negros
    los azotes de un peligro
celebra las lluvias
    advierte del fuego de los campos
alegra las uvas y el trigo
y el tiempo recobrado de las clases.
Una campana
    enloquece en cada casamiento
se cae y hunde
    en los funerales de las mamás grandes
flota en la tristeza de cada alegría
    enarbola la victoria de cada derrota
como llama a comer
    llama a cesar y descansar
resuena como los golpes de una sentencia
o como esa algarabía
    que me aturde en medio de tus senos.
Una campana
    llama como un hijo
    en las noches apagadas
o se expande y se extiende
    como un mar de banderas.
Una campana
    sencilla y llanamente
celebra como nadie la libertad.




 

IV.
              Vieques, la Isla Nena

Pensemos que la nena
aún no ha nacido.

Pensemos que la nena
conjura el porvenir de la isla grande...

Cómo llaman las campanas!
Cómo llaman!

Marcos 
Reyes 
Dávila

martes, 9 de marzo de 2010

Puerto Rico, nuestra tierra prometida

Puerto Rico, 
nuestra tierra prometida


                           
                            “No des tu tierra al extraño,
                                                           por más que te pague bien”...
                                                                            Virgilio Dávila

    Todos los partidos políticos de Puerto Rico, y más aún, todos los puertorriqueños, quieren negociar con Wáshington distintos asuntos. Probablemente pueda decirse lo mismo sobre diversos temas que se desean discutir y negociar con organismos internacionales y con otros países. Sin embargo, y contradictoriamente, se alega que la mayor parte del pueblo de Puerto Rico le huye a la idea de acreditarse como negociador, de adquirir la categoría, la personalidad jurídica necesaria para representar los intereses de un pueblo, es decir, los intereses soberanos de un pueblo.

    En resumen: queremos negociar, pero no queremos negociar.

    El poder para negociar con otros acerca de los intereses de Puerto Rico, es decir, los intereses nacionales de Puerto Rico, lo da la soberanía. La soberanía es un derecho natural de los pueblos directamente vinculado con los derechos humanos. Cuando no se le reconoce a un pueblo, como el nuestro, su soberanía, se le viola un derecho humano y un derecho natural, se le usurpa, o se le “roba”, como dijo Hostos.

    ¿Y para qué sirve la soberanía? Pues un pueblo sin soberanía es un pueblo que construye su porvenir con herramientas de plástico, de juguete, o sin las herramientas fundamentales. Podría compararse con la imagen de construir una casa con instrumentos de cocina en lugar de instrumentos de construcción. La soberanía sería, en consecuencia, la posibilidad de adquirir todas las herramientas necesarias para construir, ya no casas, sino rascacielos.

    La falta de soberanía y la ausencia de identidad jurídica del pueblo de Puerto Rico ha llevado al imperio a hablar de Puerto Rico en términos de “territorio”. Puerto Rico es un territorio norteamericano adquirido como botín de guerra. La gente, el pueblo, no cuenta. Puerto Rico no es el pueblo de Puerto Rico. Porque si lo fuera, ¿cómo podría la claúsula territorial decir que le pertenece a Estados Unidos? ¿En qué sentido, como no sea justamente en términos de esclavitud --que eso es una colonia--, un pueblo le pertenece a otro pueblo?

    Sobre este asunto algunos hablan de Puerto Rico como un pueblo o una nación desterritorializada. Un pueblo nómada, sin tierra. Pero esa idea es una aberración absoluta que no tolera la razón. La carencia del vínculo entre la tierra y el pueblo de Puerto Rico sólo puede remitirnos al concepto de la “tierra prometida”, por Dios, a su pueblo.  Habrá que esperar a ver cuándo, y quiénes serán capaces de reunir a este pueblo con su madre-tierra.


Marcos Reyes Dávila,
"Otro mundo es posible."

sábado, 6 de marzo de 2010

Los presidentes ciegos, mudos y sordos de Puerto Rico


Los presidentes ciegos,
mudos y sordos de Puerto Rico



    Es necesario dejar de legitimar la estadidad como un estatus descolonizador. Barack Obama no es presidente de Puerto Rico del mismo modo que el Congreso de Wáshington no es nuestro. La única fórmula descolonizadora está en el ejercicio de la soberanía, que es un derecho de todos los pueblos. Y Hostos señaló con toda claridad, que “derecho no ejercido no es derecho”.

    La estadidad significa la disolución o el desplazamiento pleno de la nación puertorriqueña, igual al anillo de oro que se disuelve en el magma. Un genocidio, Ignacio Rivera. Uno no puede renunciar a ser quien es, primero porque –parafraseando a Hostos– no puede, y segundo, porque no puede renunciar por su descendencia, no puede renunciar la patria de los que vendrán. La patria no es sólo de los estamos aquí, sino de los vienen ya y de los que vendrán. Puerto Rico es una nación. Y las naciones sólo se descolonizan a través del ejercicio de la autodeterminación.

    En las “vistas” del grupo interagencial hubo quien arguyó con verdad –Orellana– que aquí se habla español. Otro ripostó que hablaría en inglés, porque es uno de los dos idiomas oficiales. El inglés será idioma oficial, porque así lo dispone una ley, pero no es vernáculo en Puerto Rico. Ayer se celebró una reunión de claustro en la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Hubiera sido extraordinario que alguien quisiera imponer que la reunión se celebrara en inglés, porque es un idioma oficial. Yo me hubiera retirado, en primer lugar, en protesta, y en segundo lugar, porque no podría participar adecuadamente. Y creo que la reunión se hubiera quedado con muy pocos, muy pocos participantes. La dominación colonial multicentenaria nos enajena de nosotros mismos, nos desestima, nos inunda con la sobreestimación del colonizador que nos agringola y no nos permite apreciar la riqueza del mundo ni la propia, nos desarma, nos postra y hace tolerantes al abuso. Mas, no somos colonia por ser sumisos: somos sumisos por ser colonia.

    Carmen Dolores Hernández llamó recientemente “adefesios” –siguiendo en ello a don José Buscaglia, nuestro insigne escultor– a las esculturas de presidentes estadounidenses que se colocaron cerca del Capitolio en lugar del “Altar de la Patria” que una legislatura anterior le comisionó a Buscaglia. No he visto los presidentes de piedra. No me llaman la atención porque esas figuras no dicen nada sobre mí mismo o sobre mi país. Serán presidentes norteamericanos que pisaron tierra puertorriqueña, pero no son presidentes puertorriqueños, ni tampoco, presidentes de Puerto Rico. Es importante entender esto.

    Así como las autoridades norteamericanas en Puerto Rico no son autoridades “federales” porque Puerto Rico no forma parte de la federación, los susodichos presidentes tampoco son presidentes de Puerto Rico. Son los presidentes del imperio que invadió y sometió al Pueblo de Puerto Rico. Son autoridades coloniales y colonizantes. El pueblo de Puerto Rico no vota por ellos, por lo tanto ellos no representan a Puerto Rico ni le responden de manera alguna al pueblo de Puerto Rico. Si así fuera, hace mucho que la Oficina Oval hubiera tenido que responder a los reclamos casi unánimes de los puertorriqueños, y no lo ha hecho porque no tiene por qué. Somos para ellos sólo un “territorio”, pura tierra, animales e insectos. Por eso pudo el representante de Casa Blanca en los tiempos de Bush hijo, decir dos veces en el Congreso que, en principio, EUA podría “ceder” a Puerto Rico, entregarlo en pago, a otra potencia.

    ¿Por qué la legislatura de Puerto Rico honra a presidentes que han gobernado a Puerto Rico mudos, ciegos, y con oídos sordos, sin hacer nunca ni siquiera el gesto, el aguaje, de resolver una situación colonial anómala, violatoria del derecho internacional y de los derechos humanos básicos, elementales, primarios, del pueblo puertorriqueño? ¿Por qué la legislatura colonial de Puerto Rico honra a presidentes extranjeros que nunca, en atención a la democracia en la que dicen creer, o en atención a la declaración de independencia que declara que somos todos iguales y libres, nunca, repito, han aceptado realizar un plebiscito, o consultarnos? ¿Será por la misma razón que abundaron estatuas del dictador Trujillo en Dominicana durante su reinado? ¿O las de Stroessner en Paraguay y las de Batista en Cuba? (No puedo decir que las de Fidel, porque no hay ninguna.)

    La legislatura de Puerto Rico honra a estos presidentes extranjeros por pura sumisión, puro servilismo, para vergüenza del pueblo de Puerto Rico.  


Marcos Reyes Dávila,
"Otro mundo es posible."


A la izquierda, J. Buscaglia
al lado de sólo una de las piezas 
de su ingente "Altar de la Patria" puertorriqueña.

¡¡Cuán incomparable 
la obra sublime de Buscaglia 
contra esos presidentes de piedra!!

jueves, 4 de marzo de 2010

El Navy me visita cada día


El Navy 
me visita cada día

Me regalé un blog para mi cumpleaños 58 a fines de enero de este año. La idea era reunir en un sólo espacio mi obra, demasiado dispersa porque apenas publico libros, de manera que el interesado en mis temas --mis banderas-- pudiera descubrir todo en un mismo espacio. Además, era una manera de dejar archivada la impronta de mis días en la tierra.

Desembarqué ayer, inesperadamente, en la idea del "desaparecido", al hablar sobre las vistas del gobierno de Estados Unidos en San Juan. El "desaparecido" es Puerto Rico, naturalmente. Este país al que no se le ha permitido nunca nacer, y que en virtud del trabalenguas del congreso y de la sumisión de los colonialistas del patio, "es parte de - pero no es parte de", y punto. Pues ni aún como parte de EUA existiríamos.

Mi esposa me instó a colocar un marcador de visitas, y uso el Analytics de Google. De pronto comencé a ver cada día visitas continuas desde Washington DC, y otras de esa región. Busqué, y el sistema identifica al navy network information center (nnic) como mi visitante asiduo de Washington.

¿Por qué me visitan?, me pregunto. Yo no escribo para ellos. ¿Será porque abrí una página sobre la "Antillanía Armada"? Hace mucho escribí una sección de poemas sobre el "Amor Armado". ¿Será porque escribo artículos sobre la descolonización de Puerto Rico, o porque cito y visito páginas cubanas, venezolanas, bolivianas? También visito chilenas, españolas, mexicanas y otras. ¿Son peligrosos los periódicos de estos países? 

Hace unos pocos años me llamó a mi oficina de UPR-Humacao un agente del FBI, dijo ser, si no

era del Home Security, que amablemente dijo estar preocupado por el origen y la naturaleza de nuestras publicaciones en EXÉGESIS. Yo le respondí que lo que se publica lo determina una Junta Editora de diferentes especialistas y tiene una naturaleza exclusivamente académica o artística.

Están por ahí con los ojos abiertos y los oidos insomnes, concluyo. Y no están lejos. ¿Libertad de expresión?  ¡Ja!


Navegadores y sistemas operativos


 Visitas




VisitasContribución de Navegador y sistema operativo al total: Visitas Páginas vistas Tiempo en el sitio Nuevas visitas Rebotes
1.
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4.
psinet inc.
1 25,00%

miércoles, 3 de marzo de 2010

¡U R G E N T E ! Desaparecido el benjamín de América

¡U R G E N T E !


Desaparecido
el benjamín de América



Cuando niño mis hermanos me alertaban
contra los indios escondidos en el campo
y los piratas en las playas
                       
Indios no había
–lo supe más tarde–
mas los rubios piratas
nunca han dejado de azotar
como huracanes
las costas del Caribe

Los fantasmas que de noche
me amenazaban cuando niño
siguen por aquí
en pleno día
en los espejos del periódico
de las estadísticas mundiales
de los organismos internacionales
donde a veces
veo el rostro de mi patria
y a veces no me veo

Puerto Rico es una posesión
de tierra   animales   insectos
y algunos seres humanos que pastan
apaciblemente sus desganos
en un español transparente como el agua

Puerto Rico no es un pueblo
No son hombres y mujeres


que estudian y trabajan
sino tres simios que no oyen
no miran y no hablan

El cadáver de un país
que nunca ha sido

Un grito en lares y en jayuya

enmudecido de olvido

Una estrella que no encuentra 

un lugar en el cielo
de sí mismo

Desaparecido 

como los niños que buscan en las plazas
de casi toda américa
me quise Ramón         Eugenio
Pedro Albizu o Pedro Páramo
Me llamé a mí mismo Zenón de Vieques
en el salón de honor
de la Universidad de Chile
porque sé que soy más importante que mí mismo
cuando hablo por mi país comala
ese pueblo habitado por muertos
donde mi pobre gente
   como dijo Palés
muere sobre el páramo de nada.

Búsquennos las madres de la plaza de mayo
en argentina   chile   guatemala
Búsquennos las madres de la américa nuestra
todas las madres de américa
en asunción   chihuahua y caracas
Búsquennos
hasta encontrarnos
y antes de cantar vivas a la libertad
fracturada en Puerto Rico
benjamín de Nuestra América.



Marcos Reyes Dávila, 
desaparecido




El cadáver de un país que no ha nacido

El problema colonial de Puerto Rico
 

El cadáver de un país que no ha nacido


    El gobierno estadounidense de Barack Obama ordenó vistas públicas en Puerto Rico como producto de una iniciativa suya que intenta de esta suerte cumplir las promesas de campaña que hizo en Puerto Rico mientras bailaba salsa en el Viejo San Juan. Las vistas públicas se celebran sin consulta ni participación de los líderes de origen puertorriqueño en el Congreso, y en inglés, idioma que no domina ni siquiera el presidente del Partido Popular Democrático (PPD), partido que fundó la máscara política del régimen colonial de Puerto Rico bajo el nombre inexplicable de “Estado Libre Asociado”.
    Aunque en reiteradas ocasiones este partido ha aprobado programas políticos defendiendo el reclamo de nuevas dimensiones de una soberanía que, mínima en su inicio, si soberanía pudiera llamarse, década tras década se ha ido reduciendo, se anticipaba que el delegado oficial del PPD que depondría en esas vistas, que sí habla inglés, defendería la colonia tradicional en abierta rebeldía al programa de gobierno de ese partido. Me refiero al nunca electo, para nada, José Alfredo Hernández Mayoral. Él me hace pensar en lo siguiente:

       (No somos colonizados
       porque seamos flojos y sumisos:
       somos flojos y sumisos
       porque estamos colonizados 
       desde niños.)
    Cuestiono llamar soberanía al margen de acción mínima que tiene el Estado Libre Asociado, pues la supuesta constitución “autonómica” del ELA fue enmendada y aprobada por el Congreso norteamericano antes de entrar en vigor, con cortes “federales”, dominio “federal” sobre los puertos, las comunicaciones, el comercio, la participación en guerras, la inmigración, las relaciones internacionales, y todo aspecto vital del gobierno. Los líderes del PPD dicen sin vergüenza alguna que “delegaron” esos poderes que nunca fueron suyos o nuestros. El nuevo liderato del partido, dice a expensas de un sector “soberanista” cada vez mayor, que no quiere la soberanía, que desea –palabras del ex gobernador Rafael Hernández Colón– que el Congreso norteamericano retenga la soberanía sobre Puerto Rico. Además, como suelo explicar, dentro de un campo militar de concentración, en tiempos de guerra, como ocurre en muchas prisiones, se organizan los presos que carecen por completo de libertad.
    Escuché por radio hace unos días al profesor Ángel Rosa, decir que la verdadera soberanía está en Wall Street. Por supuesto que Rosa no hablaba en serio. Quería decir sencillamente que, en el mundo, los poderosos de la tierra –aquellos que controlan el mundo financiero, industrial y comercial– tienen el poder, lo que es una perogrullada no tan evidente para demasiadas personas. La soberanía es, como muy bien lo señalaba Eugenio María de Hostos entre 1898 y el 1900, un derecho de los pueblos, que no existe si no se ejerce, por más que se proclame. Por eso, insistió, Puerto Rico “ha sido robado de lo suyo” por el gobierno de Estados Unidos, en abierta contradicción con su constitución y sus principios de gobierno. A esa acción del gobierno norteamericano la llamó, reiteradamente, “imperialismo”, tal como la denominaba entonces el propio Partido Demócrata norteamericano y su célebre escritor Mark Twain en la Liga Antiimperialista. Imperialismo sigue siendo con Barack Obama, Premio Nóbel de la Paz, para vergüenza de los suecos.
    Siguiendo a Hostos, y asumiendo el trabalenguas de la Corte Suprema norteamericana que dispone que Puerto Rico es, y no es, parte de Estados Unidos, o a toda esa legislación y política pública que a veces trata a Puerto Rico como parte de Estados Unidos y a veces como país extranjero, lo indudable es que Puerto Rico no es parte integrante de la federación de estados, ni participa en la toma de decisiones. Para esas autoridades norteamericanas Puerto Rico es un “territorio”, “no incorporado”, de Estados Unidos: una posesión norteamericana. (Tal parece que tierra, animales e insectos: Puerto Rico no son personas, no constituimos una comunidad, no somos un pueblo. PUERTO RICO ENTERO, LA NACIÓN COMPLETA, DEBERÍA AÑADIRSE A LA LISTA DE LOS DESAPARECIDOS EN LA PLAZA MAYO, Y EN CADA CAPITAL DE LA AMÉRICA NUESTRA, HASTA ENCONTRARLO EN LA LISTA DE PAÍSES LIBRES DE AMÉRICA.) Por lo tanto, las supuestas “autoridades federales” no lo son en Puerto Rico. Son, y lo han sido siempre, “autoridades coloniales”.
    Empecemos a descolonizarnos corrigiendo los equívocos de nuestro lenguaje político. A fin de cuentas, Puerto Rico no tiene un “problema de status”: tiene un problema colonial que le impide autodeterminarse. La solución del problema del estatus, en Puerto Rico es muy simple, como lo expresó Hostos hace 110 años: déjennos decidir, permítasenos actuar sin FBI, represión ni cárcel colonial. Eso nada más. La soberanía es el derecho de decidir por nosotros mismos.
    Estamos celebrando en Nuestra América el bicentenario de la proclamación de libertad. Ya es tiempo, países de la América Nuestra, de que Puerto Rico dejé de ser “el cadáver de un país que no ha nacido”.  La agenda de Bolívar, y de Ayacucho –como se lo recordó Hostos hace casi 140 años a los países hermanos–  no ha concluido.


Firma:
Marcos Reyes Dávila,
Un Desaparecido.

lunes, 1 de marzo de 2010

Elegidos para la elegía

Elegidos para la elegía

       
Ante el terremoto de Chile



En el mismo centro del pecho
llevas el alma rota
y un reclamo mudo de auxilio
que va más allá del jazmín
encendido de sangre
de tu mala hora

Que el cielo te apretó desnudo anoche
me decían llorando las sombras

Que la tierra te abrió las fauces de sus fosas
desaparecidas por siglos
y elegidas ahora para esta elegía

Que el mar te lanzó un zarpazo salado
para avinagrarte el vino de tus bienvenidas

Que te sorprendieron desnudo
cuando acariciabas el sueño
de una mañana nuevecita

Mas un hombre de Pelluhue
levanta tu bandera
sucia de golpes y de luchas
Con el pecho desgarrado por el medio
yergue otra vez tu corazón partido

Por el gesto ceñudo de ese hermano sé
que el esteban del gabo era chileno
y que no hay mal que pueda desprender
la altivez invicta de tus eucaliptos y tus álamos
Seguro de resistir y persistir
con aquella ardiente paciencia
de quien sabe que 

en verdad no hay ausencia
y que un buen bicentenario
se lucha otra vez
y cada día
Y de la misma manera

En el mismo centro del pecho
llevamos, sí, el alma rota.
Pero sigue amando y trabajando.

Los ríos del amor
corren como tsunamis 
para arriba!


(Borrador: acabo de redactarlo hace unos minutos.)



Marcos
Reyes
Dávila
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